Enlazando reinos


Hace unos días de primavera preciosos aquí en Andalucía. Está toda Sierra Morena verde, con ese manto de flores que anuncian un tiempo extraño y que empieza a sortear la caída inevitable de algunas hojas en riberas y aledaños. Dejándome llevar por el esplendor de estos días, ayer hice alguna poda en el jardín. Dicen que el reino vegetal carece de cuerpo mental y emocional. Qué simplemente se deja llevar por los estímulos de la vida y crece hacia abajo, buscando agua y oscuridad, y hacia arriba, buscando luz y aire. Es lo más parecido al quinto reino, ese que alza el espíritu hacia arriba, hacia lo más puro, buscando luz, para luego derramarla hacia abajo, a la oscuridad. Son pura energía que busca energía. Por eso cuando llega la otoñada y empiezo a podar sus ramas para que ese arrebato de búsqueda tenga algún sentido me siento extraño. ¿Por qué la mente desea siempre ordenar las cosas?

Mientras podaba jóvenes lentiscos y acebuches, cipreses y encinas, los perros jugaban entre la hierba. Veía sus caras de felicidad por poder compartir ese momento juntos. Dicen que el reino animal se caracteriza porque está desarrollando su cuerpo emocional. Son capaces de dirigirse de un lugar a otro impulsados por cierta voluntad. Pero de nuevo mi mente organizando los eventos, guiando sus juegos. Ahora aquí, ahora allá…

Observaba todo eso y me daba cuenta de lo poco que está desarrollada nuestra mente. Vive en una especie de adolescencia que desea autoafirmarse, autodeterminarse, autoimponerse normas y leyes ignorando las normas y las leyes universales. Una especie de adolescencia que necesita rebelarse contra el orden establecido para poder adquirir personalidad, identidad e independencia. Realmente somos así desde un punto de vista orgánico. Una raza mentalmente adolescente. De ahí la necesidad de patrias, de naciones, de independentismos y nacionalismos. Somos una especie adolescente, desconectada de la familia grupal, de todo aquello que nos envuelve de forma armónica. Por eso necesitamos fronteras, palacios, castillos que nos den seguridad contra el enemigo… Nos empeñamos en alejarnos de los campos anchos y amables para refugiarnos en nuestros miedos, en nuestras inseguridades. Tememos a la poesía porque es libre, y preferimos comprar un kilo de garbanzos para almacenarlos rechazando la idea de que el espíritu también necesita alimentarse.

Renegamos de nuestra madre Tierra y de nuestro padre Sol intentando resolver una especie de complejo de Edipo grupal. Un conflicto demasiado profundo para ser desenredado en poco tiempo.

Pasaba hoy un nuevo rato en el jardín y pensaba en estas cosas mientras jugaba con las emociones de los perros y la energía vital de las plantas, esta vez sin razonar sobre ese momento, simplemente fluyendo con los deseos amables de saberme partícipe de la Vida y conectado, humildemente, con todos sus hilos y lazos vitales. Me sentía conquistado por la compleja sencillez de la existencia…

2 respuestas a «Enlazando reinos»

  1. Tenemos la misma percepción de los vegetales que ellos de nosotros: muy lejana.
    Te aseguro que cada árbol ha sufrido más con la aproximación de tus tijeras que con el propio corte, que también.
    Puestos a manejar abstractos, apuesto por la consciencia colectiva de la arboleda y no tengo dudas. Los he visto llamarse entre ellos; mandar exploradores del crecimiento que tantean posibilidades en terreno hostil; ampararse; tocarse con delicado placer.
    El reino vegetal no es sólo esa fuente de hidratos de carbono y vitaminas que queremos ver. Para ser de recta y justa conciencia, deberíamos comer sólo sus frutos, cuidandonos mucho de depositar las semillas en tierra fértil.

    Un abrazo.

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