En los aledaños de la fugacidad


La casa ya se quedó vacía pero paradójicamente llena. En el rellano siguen los dos guardianes, fieles, amables, esperando una onza de caricia. Y todo en silencio, un silencio extraño, muy extraño.

Hay algo irremediable que me ata a este lugar. No se sabe hasta cuando ni porqué. Pero aquí sigo, solo, solitario, solícito, desierto, deshabitado, despoblado, desolado, desguarnecido, peregrino.

Es todo extraño, muy extraño. Y me interrogo sobre esa extrañeza. Sobre esos versos que ya no se escuchan ni esa poesía amable que susurraba promesas al atardecer. De nuevo me pregunto, me interrogo sobre las cuestiones del corazón, sobre sus laberintos, sobre sus infinitos misterios, sobre esos anhelos insólitos que deambulan en la emoción concita. Lo escucho con atención, pero no logro entrever entre sus deseos cual es el camino noble, el camino correcto y correspondido.

Todo resulta ser una larga espera. Sentarse en algún rincón, mirar el paisaje, prever algún destino incierto, sosegar la vida, perderse en las veredas del llanto. ¿Por qué estamos tan solos? Impregnados de redes sociales, de llamadas de teléfono, de encuentros ocasionales para recordar algo de nuestra humanidad perdida, pero solos, siempre solos. ¿Por qué la complicidad dura tan poco? ¿Por qué los alaridos del alma resuenan de tanto en tanto?

No quiero aprisionar el milagro ocurrido, ni desviar la atención del canon estético que nace sublime ante la semilla plantada. Solo deseo lo que desea cualquier hombre cabal, que el encanto que estriba en el misterio perdure por siempre. Que el abrazo sentido y la llama no se extingan, que el cúmulo de vida pueda ser compartida, siempre. Solo deseo dejar de sentirme huérfano en este reino disoluto. Solo deseo que el alarido profundo impregne siempre la metáfora de lo real. ¡Ay profundo suspiro! ¡Ay alma perdida en los aledaños de la fugacidad!

4 respuestas a «En los aledaños de la fugacidad»

  1. Cuentan por ahí que nacemos y morimos solos. Estoy segura que a posta nos ocultaron que nuestra fiel compañera en el devenir de nuestra vida seria la soledad. No alcanzo a comprender el porque y el para que. ¿Qué podemos aprender de la soledad?
    Las nuevas tecnologías, redes sociales, teléfonos, etc. son un invento maravilloso que nos “acerca” virtualmente. ¿Nos percataremos que se esta convirtiendo en nuestro peor enemigo alejándonos de la vida?
    Hay momentos de soledad que dibujan en el rostro la felicidad como también es cierto, que la felicidad es plena si es compartida.

    Me gusta

  2. Y Xavier Boix dijo:

    «El ruido ha sido más poderoso que el silencio. El movimiento ha vencido a la quietud…

    Algo se mueve, pero desde la quietud. Algo asoma de nuevo, pero desde el profundo silencio de la no acción. Tengo ganas de despertar a la Quietud, y quizás esté empezando a descubrir la forma de hacerlo…

    Mientras, seguiremos en las vivencias del caminante».

    Me gusta

Replica a Naïf Cancelar la respuesta