La Deuda y el afán de cada día


Llevo tiempo pensando sobre la deuda, la propia, la del país, la del mundo. Hace seis años entendí que andábamos caminando en una macabra senda y decidí romper con eso que en el librito “Creando Utopías” llamé “estructura”. Desde Escocia intentaba comprender porqué, siendo tan claro el camino al que abandonar, volví de nuevo, casi de forma automática, a caminar por sus sendas. La claridad era meridiana: vender todo lo que teníamos, pagar todas las deudas acumuladas y volver a empezar desde el esfuerzo diario y el afán de cada día, sin crear más deuda. Lo hicimos, al menos durante un tiempo. Vivíamos el “hoy” con plenitud y sin agobios. Confiando y abandonándonos a nuestros sueños, con nuestras manos trabajando en lo que deseábamos, sin preocupaciones estériles, siendo fieles a nuestros ideales y anhelos. Teníamos muy presente ese potente mantra cristiano que sentíamos con fuerza en medio de ese mar de incertidumbre aparente: “no andéis agobiados por el día de mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. Le basta ya a cada día su propia preocupación”.
En las páginas finales del librito en cuestión decía algo así: “Podría desnudarme a mí mismo, como ahora hago, en alegría, y compartir con el otro este atisbo de vigilia. Sólo así me aseguro que cuando vuelva a caer en la red, alguien que haya podido leer estas palabras pueda de nuevo zarandearme, sacudirme, agitarme y recordarme aquello de volver a respirar con cierta urgencia, fuera y lejos del ensueño”.
La solución, mucho antes de que estallara la crisis, la daba de forma clara, rotunda y directa: “La distribución inteligente de las formas debe alinearnos con el propósito de nuestro más profundo interior y hacer explotar de una vez por todas la más increíble de las revoluciones”.
No podemos seguir creciendo desmesuradamente. No podemos seguir alineados a la competencia despreciando la cooperación, la generosidad y los altos valores que nos distinguen como raza humana. Esta crisis debería desprendernos de nuestros instintos animales de supervivencia competitiva para adentrarnos en la profunda vivencia del compartir, del mostrar ese apoyo mutuo que tanto observamos en la naturaleza más elevada.
No podemos seguir acumulando deuda y generando deuda. Debemos estar en paz con nosotros mismos, con el otro y con el entorno. Y comprender que la única riqueza posible es vivir el día a día con plenitud y sin agobios.
Deus meus es tu, in manibus tuis sortes meae: Tú eres mi Dios y en tus manos están mis días.

2 respuestas a «La Deuda y el afán de cada día»

  1. Illo. Que te juro que me quiero quitar de escribirte pero ver este interesante post sin comentarios me está poniendo de los nervios.

    Es impecable lo que dices. Ahora debemos preguntarnos cuántos, e incluso quiénes, estarían dispuestos al ejercicio. Lo digo mayormente por saber si transitamos veredas de cabras locas, y sus sentidos cabrones, o si hay remota posibilidad de masa crítica.

    Respecto a la foto, tan expresiva, refleja un momento extraordinario. Después de la meditación en la pradera minimalista, todo trebol de cuatro hojas, fue ahí donde decidimos alzar la cruz de la convivencia entre nosotros.

    La evidente cara de bobucio que se me observa responde al siguiente pensamiento, que ahora te confieso.

    «Estos dos gnósticos orientalistas están haciendo en público lo que yo sólo haré en privado. ¿Dónde está mi Fe Xtiana?».

    Luego mucho Gran Poder y mucha música pero, la Stª Cruz la alzasteis vosotros, mientras yo miraba.

    Incoherencias, cobardías, inseguridades que convendrá ir corrigiendo.

    Un fuerte abrazo.

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  2. Jajajaaj, yo también habia decidido no poner nada para no ser «pesá», pero ahora al leer a Manuel no me resisto jajajaja.

    Si escucháramos a nuestro interior verdader, seguramente esa Estructura material sería bien diferente.

    Los tres últimos párrafos de MJ… a pensar

    Feliz fin de semana a todos 🙂

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