Consolamentum


Estoy haciendo una tesis doctoral sobre el apoyo mutuo. Pensaba que ese es el principio que debe regir en las sociedades, en las culturas, en los humanos, en las relaciones… apoyarse mutuamente en los momentos buenos y en los menos buenos para seguir adelante…
Me gustaba escucharlos… me gustaba estar ahí cuando los más pequeños pasaban el mal trago de sus crisis, de sus sacudidas interiores… Me sentía bien a sabiendas que de alguna forma podía darles cierta seguridad o apoyo o lo que hiciera falta… No me aburría el que siempre estuvieran hablando de si mismos, de sus problemas, de sus crisis, de su ombligo, de sus trabajos, siempre sus trabajos… Intentaba conocerlos escuchando y estando ahí era la mejor forma de hacerlo…
Cuando tocó estar en la encrucijada la respuesta fue diferente. Primero fue el reproche, luego la espalda y luego el ánimo de abrir un conflicto que ya estaba resuelto, o al menos un conflicto que no tocaba en ese momento. Pensé que me abrazarían y que todo terminaría ahí. Pero sus respuestas me sorprendió. Ya me lo habían advertido antes: «que cada uno resuelva su conflicto»… Me pareció contradictoria esa respuesta para la cosmovisión que me habíais enseñado, para esa peculiar forma de ver las cosas. Simplemente veíamos el mundo de forma diferente. Ellos preferían no intervenir para que cada uno se gestionara sus crisis y sus problemas… Cosa paradójica, sin embargo, con sus trabajos. Pero son pequeños… tan pequeños que les cuesta aún mirar un poco hacia delante…

Siempre me he regido por el mágico principio que me enseñasteis: «solo no puedes, con amigos sí»… Por eso me enfurecí en cierta manera y por eso quería marcharme lejos de esos pequeños desagradecidos. Si ellos estaban pasando por una crisis y nos habíamos encontrado y cruzado los caminos quizás sería para aprender precisamente que con generosidad y apoyo se puede salir adelante. Pero eso solo fue una interpretación mía. Una visión equivocada y sesgada por mi parte.
Lo que ocurrió aquel día no tiene perdón. Me comporté como un auténtico hombre débil. Hicisteis bien cuando os pusisteis delante de la puerta y no me dejasteis marchar. Admiré ese gesto valiente y decidido, enérgico y arriesgado. Pensé que aquel día debería haber sido igual. No fui capaz de ver que no estaba preparado para esa prueba, que seguía débil, que seguía frágil y que cualquier cosa podría desmoronarlo todo. Es cierto que no había ninguna base porque solo nos habíamos visto tres veces, es cierto que me enfrentaba a algo que había removido toda mi vida, es cierto que aquel día no era el más propicio para salir ahí fuera. Pero las pruebas siempre están ahí para hacernos grandes. Eso me enseñasteis con vuestro silencio y sabiduría, con vuestra decisión.
Pero de nuevo la misma sensación. De nuevo la sombra de mi propia ignorancia… De nuevo mirar a otro lado… De nuevo solo…

No penséis que estoy intentando hacer un análisis para culpabilizar a esos pequeños o cargaros con todo lo que ha pasado y así quitarme esta culpa mía. Solo expreso esto en voz alta porque deseo compartirlo con vosotros. Porque os aprecio y deseo lo mejor, y a veces lo mejor es compartir las cosas, lo que se piensa, lo que se siente, sea bueno o malo.

Sé que no tengo derecho a decir todas estas cosas, pero me habéis pedido que no os halagara, que fuera honesto y sincero y claro… Antes lo había sido, y no tengo palabras para describir lo que ha supuesto el conoceros de forma tan intensa y hermosa. Me habéis aceptado en tan solo tres encuentros, he recibido vuestro bautismo en fuego y liberado por vuestra gracia de las aguas que turbian… En tan solo tres momentos se ha abierto ante mí todo un universo increíble… No son halagos queridos Hermanos del Espíritu Libre… es lo que siento… Habéis sido para mí algo muy, muy, muy especial… No puedo describirlo con palabras físicas… Quizás deba recurrir a las energías, a la metafísica, a la mística o a lo que sea para entender que lo que nos ha unido ha sido algo muy especial que solo con el tiempo lograré entender…

Aún así intuíais que había algo que no estaba resuelto… incluso me pautasteis aquellos remedios para que salieran todos los conflictos, todos los fantasmas… Pero luego me dejasteis frágil, me dejasteis absolutamente sin advertirme de lo que podría ocurrir… Me disteis la espada protegiéndome con ello, quizás porque como bien me habéis dicho, la prueba consiste en vencer en el desierto al dragón… No me hubiera importado ayudar a esos pequeños, abrazarlos fuerte, muy fuerte para no dejarlos caer… Pero ahora descubro con cierto horror que no estaba preparado para enfrentarme a esos demonios, a mis dragones, a todo lo que tan solo hacía pocos meses me había enterrado en los abismos… No estaba preparado y no era el momento para ir por ese camino… Debía recuperarme… y con vosotros lo estaba haciendo… con vosotros me empezaba a sentir mejor… la alegría empezaba a asomar de nuevo… Por eso os llaman «los magos»… Habéis obrado cierto milagro en mí… Y no penséis que os quería por eso… No penséis que había nacido en mí ningún tipo de agradecimiento bondadoso y lastimoso… Hay algo mucho más poderoso que todo eso… Hay algo mayor que aún no logro entender… No se trata de ilusionarme o no con esta historia… No se trata de que empecemos a pensar en ese propósito mayor que conocéis y servís en silencio… es algo diferente… muy diferente para lo que aún no estoy preparado.

Sé que después de lo que ocurrió aquel día ya no tengo derecho a nada… no tengo réplica ni derecho a decir nada porque todo carece de sentido… Todo lo que os decía no eran promesas… Pero comprendo que no queráis luchar por esos pequeños, que no queráis estar ahí… Comprendo que no puedo pediros absolutamente nada… Comprendo que he sido un ignorante navegando entre sombras… o quizás tan solo un pobre hombre débil incapaz de alejarme del peligro en cuanto lo veía… No podemos pedirle a esos pequeños que se enfrenten a sus demonios si están frágiles, si están débiles, si están recuperándose de un año duro, muy duro. Primero deben recuperar la confianza, deben madurar, deben hacerse hombres… Y cuando estén fuertes, deben enfrentarse a sus demonios. No antes… Jamás antes… Vosotros lo intuíais, pero no supe verlo… Solo la vida nos lo mostró porque era necesario enfrentarnos a eso para… ¿para qué? Aún no lo sé… aún no lo sabemos… El tiempo lo dirá…

Sed compasivos, porque en el fondo, solo somos humanos… humanos tan cargados de errores y fallos… humanamente nacidos con defectos de fabricación, pequeños humanos cargados de grandeza anónima… Cuando veáis a esos pequeños no mostréis sus corazas… Quizás solo necesiten un abrazo… Llevadles galletas para compartir… les ayudará más el amor que el aprendizaje… Sois sus hermanos… Quizás solo necesiten un abrazo… Ese que nadie nos da cuando estamos en peligro… Ese abrazo que nos ilumina y nos arranca de aquellos abismos… Ese abrazo que tanto reclamamos… Como el abrazo que me disteis en la puerta de vuestro templo y que jamás olvidaré… Abrazad a vuestro pequeño hermano y decidle que le queréis… No deseamos repetir los patrones de nuestros antepasados… Rompamos con ellos ahora, en este instante feliz… Ofreced amor y compasión… llevadle galletas a esos pequeños…

Siento estas palabras… Siento de veras todo lo que ha pasado… Esos pequeños están débiles, están frágiles, están mal, muy mal… No pueden ofrecer nada estando así… No se ven con fuerzas de hacer nada y ahora sé que el apoyo mutuo es más que nunca necesario…

Tengo conciencia de que con las últimas acciones se ha abierto la caja de Pandora y deseo con grito solitario llegar hasta el final… No me importa lo que ocurra ni en cuanto tiempo ocurra… Lo voy a hacer… Y cuando salga de esta, os buscaré de nuevo… Mientras, os pido, como último deseo, que cuidéis de esos pequeños inocentes…

5 respuestas a «Consolamentum»

  1. Nunca agradeceremos lo suficiente la buena sinceridad, la esencia de la verdad, de nuestra verdad.

    Un abrazo dulce (con sabor a galleta) y fuerte como un roble, Javier.

    🙂

    Me gusta

  2. Precioso y sincero, Javier.
    Ante determinadas circunstancias, nunca estamos preparados, siempre pensamos y podemos aconsejar a los demás (si es que nos piden ese consejo) lo que «deberían hacer», pero cuando nos «toca» a nosotros, nos damos cuenta que no somos distintos a los demás, que nos ocurren las mismas cosas, y casi reaccionamos exactamente igual, pero eso no es malo, somos humanos y por tanto nos equivocamos.
    Si me permites que te llame querido amigo, te diré que aquí estoy, que aunque no te conozca mucho, en Hornachueloas descubrí a un ser humano,a un gran hombre, lleno de sentimientos, limpios y sinceros. Gracias por dejarme c ompartir contigo esos momentos. Siempre estaré aquí, si tú quieres. Un abrazo apetuñado querido amigo…

    Me gusta

  3. Querido Javier
    Todo es una enseñanza en la vida y a veces los golpes más duros y más fuertes y de forma repetitiva son un toque de atención a gritos de que aprendamos de una vez por todas, para no repetir sistemáticamente las mismas situaciones.
    Amigo Javier eres un ser humano sensible y tremendamente bello, simplemente camina del mejor modo que puedas hacerlo, no esperes nada y sin esperar nada todo te será dado simplemente lo que te corresponde por derecho de conciencia, solo decirte que aquí tienes una amiga, una hermana y una madre que responde a los cánones de estas tres figuras desde hace mucho tiempo en mi transitar por la vida.
    Un besito amigo, estoy a tu disposición para cualquier cosa que yo pudiera hacer por ti, solo tienes que pedirlo, aunque desearía adivinar que les sucede a mis semejantes antes de llegar a la petición.
    Krista

    Me gusta

Replica a Krista Cancelar la respuesta