Simplificando la vida


Hay cinco millones de personas en España que desde hace unos meses están aprendiendo a simplificar la vida.

Hasta hace poco tiempo tenían hasta cuatro televisores de plasma en la casa: uno en el salón, otro en la cocina, en las habitaciones y hasta en los lavabos.

Han simplificado tanto la vida que toda la ropa de moda que compraban cada semana la están donando a Cáritas, porque ya no la necesitan, porque ya no tienen esos inmensos armarios donde guardarla.

Y ya no tienen dos o tres coches en el núcleo familiar. Ya no pueden usarlo para ir al trabajo. Ni siquiera pueden pagar sus seguros. Así que un gasto menos, y de paso, menos contaminación para el planeta.

Están simplificando tanto la vida que ya no comen todos los días en caros restaurantes. Ahora lo hacen en familia. Comen guisos de habichuelas, de garbanzos, de lentejas, y resulta divertido, y sobre todo, familiar, compartir ese tiempo juntos.

Y ya no viven en casas grandes. Ahora, en vez de pagar mil o dos mil euros de hipoteca, pagan cuatrocientos euros de alquiler, lo que ayuda a sostener la economía.

Ahora todos parecen tener menos dependencia hacia lo superficial, hacia lo material y les permite pasar más tiempo reflexionando sobre las cosas verdaderamente esenciales, importantes. La familia, el hogar, los amigos… ¿Qué pasó con las necesidades del alma? ¿Quién las atiende ahora? ¿Quién podrá ahora comprar el amor, la compañía y la amistad con dinero? Quizás algo revolucionario esté pasando. Quizás la vida nos esté dando una nueva oportunidad para abrazar el sentido de las cosas verdaderas.

(Foto: Paseando por palacio hace unos días).

7 respuestas a «Simplificando la vida»

  1. Javier, totalmente de acuerdo contigo. Esta crisis tremenda, que sin duda causa mucho dolor a mucha gente, ha de tener tambien consecuencias muy positivas, en el sentido del post que has escrito. Un reencuentro con el sentido común y el justo valor de las cosas, incluidas las más valiosas que además son gratis. Que así sea. Carmen

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  2. Perdón por mi abandono amigo Javier. No creas que no me acuerdo de ti. Los buenos maestros no se olvidan. Pero quiero hacer un comentario que en alguna ocasión ya comenté. Me gustaría vivir en un mundo en el que no exista el dinero, ni físico ni de plástico. Un mundo en el que el oro valga lo mismo que una anilla de lata de cerveza. Un mundo en el que no exista el derecho a la herencia para que nadie pueda tener más y más posesiones y acumular más y más riqueza. Un mundo en el que el agua, la luz, la vivienda, la comida y la ropa estén garantizados para cada uno de los habitantes de este planeta. Un mundo humanizado en el que cada uno comprenda que su trabajo es intercambiado por el trabajo de otros, y en el que no existan bancos que pagan armas para matarnos, sino bancos para sentarnos en el parque y ver que de este único modo la raza humana podrá sobrevivir. Deberían existir ya partidos políticos sin animo de lucro para defender estas ideas.
    Otro mundo es posible.

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    1. Yo me apunto a ese mundo postlibris. Lo que ocurre es que para que ese cambio suceda, tenemos que hacerlo entre todos, no basta con desearlo. Tenemos que ser parte del cambio. Si comenzamos con pequeños gestos, consumiendo con moderacion, reduciendo nuestras necesidades, compartiendo todo con los demas, ayudando con generosidad a quien lo necesita, fomentaremos el principio del cambio.
      Un fuerte abrazo
      Jaime

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  3. ¿Desde hace unos meses?
    Yo conozco gente soltando lastre y gastos, ó simplificando, desde hace años.
    Conozco mucha gente que «pagaría» porque fuera, solamente, desde hace unos meses.
    Conozco gente que no tiene televisores de plasma y, mucho menos, uno en cada habitación de la casa (incluidos los lavabos).
    Conozco gente que ya no puede simplificar más sus gastos o sus vidas.
    Conozco gente con los armarios vacíos.
    Conozco gente que nunga pagó 1.000 ó 2.000 euros por una casa.
    Conozco gente que si paga 400 € de alquiler, no puede comer.
    Conozco gente trabajando, contratada con mentiras, con salarios que parecen limosnas, que se siente estafada y que no puede decir «ni mú», ni independizarse.
    Conozco gente que nunca vivió en palacios ni tuvo la oportunidad de pasear por posesiones durante horas…
    Conozco gente que solo quería vivir en paz, con una casa pequeña y un trabajo y salario digno.
    Conozco gente que no ve la luz al final del túnel, que se está acostumbrando a la oscuridad y que, a pesar de eso, procura sonreir…

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  4. Eres muy amable, Luna. Y muy valiente. Y no he querido dejar de decirlo.
    Por cierto, desde aquí autorizo a Javier a que te de mi correo.
    Lo he pensado muchas veces. Sin ánimo de nada. Sólo de compartir… o no…
    Al azar lo dejo, como tantas otras cosas.
    Feliz domingo. 🙂

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