Primer día en Madrid


Mientras paseaba por las calles de Madrid con Joaquin hablando sobre lo divino y lo humano nos cruzamos cerca de las puertas del Congreso de los Diputados con su presidente. Iba rodeado de guardaespaldas y fumaba un enorme puro. Jesús Posada caminaba tranquilo, cabizbajo. Tuvo tiempo de levantar la cabeza y observar con cierta incredulidad a la extraña pareja. Un señor elegante acompañado de un joven con la nariz y la ceja partida. La imagen del político me ha recordado al Napoleón del libro de Orwell “Rebelión en la Granja”. Decía el escritor que el poder produce corrupción y despotismo en cualquier nivel. Cuando veía el gran puro del gran político, recordaba uno de los mandamientos de la granja Manor: «Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros«.

Momentos antes habíamos pasado un rato agradable en el Hub de Madrid. Allí, la cineasta Sholeh Hejazi nos presentaba su proyecto “Ciudadanos del mundo” compartiendo un rico almuerzo vegetariano cortesía de Pablo Sánchez y su tienda Bioplanet en un ambiente agradable y lleno de reflexiones en torno a la idea de ciudadanos y súbditos. Paradójica reflexión sobre el concepto de súbditos del despotismo y la política en la que vivimos hoy día, política de caciques de grandes puros y ademanes de Napoleones nacidos en granjas Manor.

Luego tocó paseo intenso con Carlos por el barrio Lavapies, por la plaza Santa Ana y por las calles de un Madrid que ya me resulta familiar, íntimo, cercano. Así que mi primer día en esta ciudad ha sido de vértigo, sin parar, sin detenerme, como si lo que ocurriera ayer fuera algo que ocurre todos los días y como si lo más natural del mundo fuera afrontarlo con sincera lejanía.

Estoy fluyendo en esta ola del Zubuya, en este cuarto creciente que parece de vértigo, como si una corriente inmensa tuviera mucho que decir y expresar, como si lo que ayer pasó tuviera que haber pasado hace mucho tiempo y ahora toca recuperar el tiempo perdido. Estoy en Madrid buscando casa nueva, con la esperanza de que esa casa se convierta pronto en hogar. La vida corre… no se detiene. La cojo, la abrazo fuerte, y danzo con ella.

9 respuestas a «Primer día en Madrid»

  1. Hace ya más de un año que le hice a Joaqúín Tamames un comentario sobre una de sus reflexiones en el blog de M.C. en donde nos conocimos… Leyendo tus últimos testimonios (heroicos, sin duda) me viene a la memoria aquello que escribí a Joaquín y ahora quiero compartir contigo… Hasta cierto punto interpreto tu estado actual (y seguramente en otras etapas de tu vida) como un estado cercano al misticismo existencial, lo que te envidio y felicito… Te trascribo algunos párrafos de mi reflexión hace meses, ojala su lectura dibuje una hermosa sonrisa en tu rostro (malherido). Ah… también te dejo unos aforismos sobre algunos sucesos que relatabas en tus post anteriores y que no leí hasta hoy:

    «Un hombre rebelde es un hombre que dice no»… Y un hombre libre es quien se pregunta y contesta «¿por qué no?»…

    El golpe: ¿O crees que te ibas a ir así, de rositas, dejando tu casa, tus cosas, como si nada? Las cosas participan del alma del mundo también, Javier. Imantamos nuestros afectos en ellas, las tratamos a nuestra voluntad, las manejamos a nuestra voluntad y se dejan hacer… se acomodan a nuestros modos de vivir, a nuestros caprichos… Y un día, zash, plash: te abandono, te regalo, te dejo en otras manos… Pues no, no es tan sencillo, Javier… Hay que entender sus reacciones, sus respuestas, su enojo… Es lo menos que te podría haber pasado, Javier. Hay que aprender a abandonar, Javier… ¿Recuerdas Samsara? En fin… Te dejo los párrafos prometidos»

    «Esta actitud supone alcanzar un estado (místico) que Zhuangzi identificaba como de pérdida del ego —“me he perdido a mí mismo”— y que con una afortunada metáfora consideraba se trataba de un “olvidar sentado”. Zhuangzi denomina el resultado de este “olvido” de lo interior y exterior del ego con una palabra poderosa en la lengua china, de múltiples significados posibles: “Xu”, el Vacío… El Vacío debe ser entendido y relacionado con lo “Omnipresente”. Una vez unificado e identificado por completo con la “Vía” (el Dao), el hombre llega a un estado espiritual en el que trasciende las nociones distintivas corrientes de “lo bueno” y “lo malo”, “lo correcto” y “lo erróneo”… y él mismo se trasmuta de una cosa en otra, sin obstrucción alguna, como si se moviera en el gran “Vacío”…

    Cuando uno vacía la mente se encuentra en medio de este gran “Vacío”. Cuando un hombre se encuentra “sentado en el olvido”, con la mente completamente vacía, las cosas van a “su vacío” carentes de ego, tal como son, van y vienen sin obstáculo ni miedo en el proceso cósmico de la Transmutación. Su actitud de observador tranquilo de las cosas le lleva a aceptar que nada merece ser rechazado ni nada es digno de ser perseguido, es un hombre imperturbable. Un paso más allá y alcanzará la fase más elevada de la “indiferenciación”, en donde las cosas se disuelven unas con otras, pierden sus limites, se “caotizan”… —concepto éste que creo tiene mucho que ver con la experiencia del hombre nuevo “más allá del bien y del mal” que anuncia y reclama Nietzsche… En palabras de Zhuangzi: “Morir y vivir, subsistir y perecer, verse en apuros y cubrirse de gloria, ser pobre y ser rico, ser hábil y ser incompetente, caer en desgracia y recibir honores, tener hambre y sed, sufrir de frío y de calor, no son sino cambios constantes de las cosas y resultado del incesante funcionamiento del Destino. Todas esas cosas se substituyen unas a otras ante nuestros ojos, pero nadie puede seguirlas, mediante su intelecto, hasta su origen real. Sin embargo, estos cambios no poseen poder bastante para perturbar al hombre “sentado en el olvido”, ni pueden entrar en su “tesoro más secreto”… Un hombre así, para Zhuangzi, es un “hombre perfecto”… alguien que ha tenido la experiencia de la “Verdad”: entender y sentir la común realidad de las cosas, su indiferenciada indeterminación»…

    Te deseo confianza…

    Saludos. Pau Llanes

    Me gusta

  2. Al leer tu escrito me he dado cuenta, o más cuenta todavía, de lo encantada que estoy de pertenecer a esa «especie» que es la llamada El Pueblo. No quiero puros, no quiero guardaespaldas ni tentaciones de volverme corrupta envuelta de un poder ficticio que en esta vida se vuelve real, no quiero creerme estar por encima de nadie, de nada y sí quiero formar parte de Todo lo que es El Pueblo.

    Imagino que esa cola de personas que hay en la foto tiene un por qué…

    Que seas muy requete feliz en Madrid, Javier.

    Me gusta

    1. Es la cola para ver al Cristo de Medinaceli, algunas personas pasan dos días en la calle para coger sitio… pasa todos los años.

      Muy curioso (y muy cansado dormir en la calle).

      Hay gente para todo!

      🙂

      Me gusta

      1. Justo ayer noche hablaba con uno de mis sobrinos sobre las diferentes Vírgenes y Cristos que había en imagen. Fue interesante su perspectiva y sus preguntas.

        Imagino Joaquín que en tu poder debes tener el Cum Laude más espléndido en amabilidad y atención. Muchas gracia, siempre 🙂

        Me gusta

  3. Querido Javier, la Montaña debía tener muchos encantos y ahí seguira para cuando quieras visitarla, y Madrid también tiene encantos y tu estarás ahí, para saber recibirlos :))

    Un abrazo fuerte en la nueva etapa

    María

    Me gusta

Replica a Luna Cancelar la respuesta