Cien mil olas de deseos nos rodean


Cien mil olas de deseos nos rodean. El vasto océano astral es implacable. Podemos fácilmente dejarnos arrastrar si no conseguimos mantener nuestro centro, nuestro inmóvil tálamo de impermanencia fijado en lo más profundo del nosotros mismos. Hay cavidades por donde la luz se cuela. Pero a veces solo es capaz de centellear entre tímidos azotes de inconsciencia. ¿Dónde estamos en esos momentos de plácido deseo?
Fijamos la atención en las distracciones diarias, olvidando que la pura belleza es tan sencilla como el propio respirar. En el conjunto del respirar está la memoria que nos hace seres con imagen y semejanza, con rostro y perfil aliñado por las reglas del pasado.
Es evidente que se nos arroja al mundo con algún propósito que no siempre somos capaces de percibir. Pero detrás de todo cuanto ocurre siempre hay una causa suprema que maneja el concierto cósmico con algún tipo de perfección que se nos escapa. Todo tiene un sentido, incluso cuando tan solo somos capaces de percibir el sinsentido.
La confusión del mundo nos sirve para sentir esa inquietud extraña de desplome ante la evidencia. Sí, estamos vivos, pero somos huérfanos provisionales del empeño vital. Mañana nadie sabe lo que ocurrirá. Mañana, en algún mañana, ya no estaremos, al menos, durante un tiempo, en este maravilloso circulonosepasa que los místicos de todos los tiempos han descrito y sentido con mayor o menor visión.
Hoy paseaba por las calles de Madrid y había tanto ruido… Uno puede intoxicarse de murmullos ancestrales, de vivencias cruzadas, de árboles genealógicos torcidos o podridos desde la misma raíz. Pero el ruido… ese ruido interior y exterior, siempre ensordece nuestras vidas. ¿Queremos escuchar? ¿O quizás vivimos felices con esos ruidos, con esas cien mil olas con sus diez mil cosas? ¿Dónde está el Silencio? ¿Dónde está su Voz? Estoy bien, porque mientras paseaba entre tanto ajetreo, he podido respirar y rasgar el velo y recordar que en la luna llena siempre hay un hueco para subir a la Montaña.

4 respuestas a «Cien mil olas de deseos nos rodean»

  1. Me llega este precioso mensaje desde el bosque de la miel:

    «… Aqui en Madhuban, la mente se calma hasta tal punto que parece que el mundo se ha detenido. Todo deja de tener tanta importancia y el alma permanece en silencio, conversando con Dios, reflexionando en el mundo de Dios y en la tarea de Dios.

    Ahora mi reflexion es cómo no dejar que esta tranquilidad se convierta en descuido, como mantener atencion en los esfuerzos pero a la vez no crear ningun tipo de tension. Dadi me dijo que no había que permitir que quedara ninguna debilidad ya que entonces se pierde la paz y hay tensión.

    Cuando estoy aqui me acuerdo de los buenos momentos que pasamos juntos, y me llenan de felicidad….»

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  2. Recuerdo la primera vez que fui a Madrid. Me pareció una ciudad bellísima y sus gentes también, pero al ruido tardé en acostumbrarme tres o cuatro días, me parecía algo insoportable.

    La adaptación en el ser humano es algo digno a tener en cuenta, tanto para lo bueno como para lo malo.

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