El tren de Joaquin llegó puntual a la estación de Córdoba. Cogimos el híbrido y nos deslizamos por la campiña hasta La Montaña. Allí dimos un bonito paseo, cogimos agua en la fuente de Caño de Hierro para dar de beber al sediento, admiramos las vistas desde la colina, fuimos a visitar la biblioteca, nos adentramos en el bosque y paseamos por la casa de la luz. No sentí nada extraño ni particular cuando le contaba como había construido la casa, con tierra traída desde el desierto del Gobi, con la proporción aurea, totalmente orientada siguiendo la luz del sol, cubierta por las entrañas de la tierra y a cubierto de los vientos del mediodía. Mucha emoción, pero nada de extraña añoranza ni pena. Solo alegría, mucha alegría.
Pasamos por la casa pequeña, por la cueva del retiro, admirando los libros de El Tibetano mientras jugábamos un rato con los perros y bebíamos sedientos el agua de Los Ángeles.
Continuamos la ruta por la campiña andaluza, por el mágico margen derecho del Guadalquivir, el Gran Río de Tharsis según las crónicas fenicias. Hablamos de lo humano y de lo divino, del Kailash y su influencia con el Primer Rayo, de viajes, de amigos, de proyectos, de vivencias sentidas.
Al poco, casi sin darnos cuenta, ya estábamos en Sevilla, de nuevo en el restaurante Gaia, compartiendo un buen rato con Jaime. De repente me quedé callado y empecé a escuchar y sentir la escena. Me hallaba sentado junto a dos grandes hombres, hombres notables, de gran corazón y abiertos al mundo con pasión, con amor, con humildad, con sencillez, con ganas de hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Me sentí afortunado por compartir ese buen rato, ese momento único, ese instante de alma a alma, de ser a ser. Sentimos la presencia de la amistad compartida, aunque fuera por unas horas, aunque fuera por un instante. Salir de la cueva, de nuevo, y compartir esos momentos es el mejor regalo para el alma. Una riqueza indispensable para seguir adelante. Así que, gracias de corazón a Joaquin y Jaime por este día tan especial, por este compartir tan generoso. Seguimos, de nuevo, caminando por la senda…

Nobles.
Biquiños
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Se ve mucho dolor en el rostro de Jaime.
Un amiga me envió hace poco unos vídeos de Fran Gutiérrez en los que dice que se curó visualizando que andaba, corría… Supongo que Jaime ya habrá hecho todas esas cosas y muchas otras, pero… ahí va la sugerencia.
Un abrazo.
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Tenemos una prueba… mejor aún tenemos una foto!!!
…Los ángeles existen, lo hombres de buena voluntad se unen y la magia se propaga por la tierra…
😉
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Siempre digo que los seres de luz existen y los ángeles también, al final es lo mismo y en está foto se refleja claramente…
Me ha encantado ver a Jaime, espero que se recupere pronto…
Besos… muchos a los tres con todo mi cariño
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