Esta mañana eran las siete cuando los perros, que encontraron donde estaba establecido y hacen guardia en la entrada de la casa las veinticuatro horas, llegaron conla desaparecida Luna.Laemoción fue increíble. Luna había vuelto y los otros dos estaban como locos. Ha sido un buen regalo de primavera. Un buen despertar al nacimiento del estallido y la expresión de la vida mientras apuro los últimos días en La Montaña antes de emprender un doble viaje hacia Madrid y con visos de hacer realidad el viejo sueño de visitar las montañas sagradas del Tíbet. El Kailash espera impaciente la visita y nosotros atentos, muy atentos, para emprender el Sendero del Silencio.

No veas como miran a la cámara… artistazos.
Qué bello viaje 🙂
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Y apareció Luna,qué bien.Estoy contigo son unos artistazos.U.a.g.g.
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🙂
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🙂
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