“Ahí radica el verdadero poder de los medios masivos: son capaces de redefinir la normalidad”.
(Michael Medved)
El miedo a la rebelión siempre ha estado latente. Los espartanos (éforos, magistrados custodios de la Ley) empleaban la guerra y la coacción contra sus siervos (Ilotas, esclavos públicos propiedad del Estado) para tenerlos controlados. Los romanos inventaron el senado, las magistraturas y el ejército organizado para mantener controlados los unos (patricios, «los superiores al resto de las gentes») a los otros (plebeyos, «los que no forman parte de la gente»).
Y nada ha cambiado desde el origen de esos tiempos. Hace un par de años tomaba algo en una solitaria terraza con un agente del centro nacional de inteligencia. Como buen agente de la inteligencia era un hombre culto que se había interesado sobre mis trabajos de las utopías y me proponía desviar mi tesis doctoral hacia el estudio de las comunidades islámicas afincadas en España. La propuesta, tal y como la dibujó, parecía tentadora. Incluso hice algunos “trabajitos” de “observación” en alguna de ellas. Las películas siempre te dibujan el trabajo de espía como algo fascinante e increíble. Pero simplemente consiste en algo tan vulgar y desagradable como el de ser chivatos del Gran Hermano. De dar señales de alarma si eso que ellos llaman “el marco de referencia” se escapa sutilmente de lo que debería ser normal. Y ese marco es la Ley, una ley ambigua y moldeable según los intereses del momento. Ya lo hemos visto con el caso Garzón.
Si algo afectaba a ese marco, los agentes lo llaman automáticamente “enemigos”. Y enemigo es cualquiera que vaya en contra de la seguridad y protección de esa “ley”, de ese status quo.
Hablamos largo rato sobre la importancia de la seguridad en los momentos de crisis. ¿Cuál es la prioridad en seguridad en estos momentos? Por un momento pensé que sería ETA o el terrorismo o el tráfico de armas o… Pero me quedé boquiabierto cuando me dijo que lo que más peligraba en estos momentos la seguridad del Estado era el desempleo. Y que la mayor prioridad era que esa masa de desempleados no despertara a ningún tipo de impulso incontrolable. Lo demostraron cuando de forma muy sutil desarticularon todo el movimiento 15M.
¿Y como se controla a cinco millones de desempleados? La respuesta aún fue más sorprendente. “Les dejamos hacer”. “Si viene un mafioso ruso a blanquear dinero, y lo sabemos, porque nosotros lo sabemos todo, lo dejamos que lo haga. Porque con ese dinero va a crear puestos de trabajo y va a inyectar dinero a la gente”. “Hacemos la vista gorda en este tipo de operaciones para que vayan haciendo operaciones económicas, legales o ilegales, hasta que esta situación se regularice”.
Ellos controlan todos nuestros correos, todos nuestros movimientos, todas nuestras llamadas. Lo saben todo de nosotros y solo es cuestión de tiempo que a unos y a otros, dependiendo de qué tipo de actividad ilegal tenga, sea o no molestado.
Todo esta conversación me ha venido a la cabeza cuando estos días veíamos las noticias con cierta incredulidad: “amnistía fiscal para el defraudador”. Esto que decía un espía en secreto ahora lo confirma el gobierno con la boca ancha. Y lo increíble es que a todos nos parece lo más normal del mundo. ¿Qué es la normalidad? ¿Qué será lo próximo?

Urge cortar esos hilos manipuladores:
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Querido amigo.
Esto de la amnistía fiscal no es nada nuevo, lo que ocurre es que se le ha ocurrido a un gobierno de derechas y los medios afines a la izquierda han decidido darle mucha repercusión.
¿Recuerdas la amnistía del anterior gobierno de «papeles para todos»?
¿Recuerdas la amnistía del anterior gobierno con ETA, liberando a terrorista y tratando a otros como «gente de paz»?
¿Recuerdas la amnistía que el anterior gobierno puso sobre la mesa para que se regularizaran en las empresas los trabajadores que lo hacían en negro?
bueno y así podemos seguir y seguir…
En este caso veo bien que se intente regularizar una situación y que de paso el estado español saque un beneficio que se puede traducir en menos déficit y creación de empleo. Yo conozco a una persona que le tocó una participación del gordo de navidad (hace ya muchos años), en concreto el premio era 1.600.000 pesetas, y hubo gente que le ofrecia comprarle la papeleta por 2.000.000 pesetas. Eso es una rentabilidad del 25%. Imaginaté el dinero que puede aflorar, cuando el gobierno creo que está pidiendo un 10% solamente.
Ojalá esta medida y todas las que se están tomando lleven a que lo antes posible empecemos a ver la luz al final del tunel.
Un abrazo.
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