Nunca se da tanto como cuando se da apoyo y confianza


Nunca se da tanto como cuando se da apoyo y confianza. Lo mismo ocurre cuando te quitan ambas cosas. La crisis, esta bendita crisis, nos está ayudando a comprender ciertas verdades, a ver quién está ahí en los buenos y en los malos momentos y quién desaparece, o incluso te llega a robar en nombre de la amistad, bendita amistad esa que se empaña con actos oscuros y desagradables. Me gustaría hablar de ello. Pero algo me lo impide, no sé si la educación o la cara de pasmado que aún tengo cuando ves como una persona con un patrimonio de más de quinientos millones de euros es capaz de robarle unos cuantos puñados de euros a un ingenuo e iluso muchacho. Y no una vez, sino hasta tres veces. Y a la tercera va la vencida, dicen, por eso uno prefiere cargarse a la espalda la mucha o poca dignidad que le quede y desaparecer de esos submundos extraños donde los valores se cuecen a un fuego lento incomprensible y con demora. No me importa si ese puñado de euros trataba de una cantidad que puede rondar una buena suma de dinero. Lo que me confunde y aturda es quién lo ha hecho y cómo lo ha hecho. Dice un amigo que vivimos en un país de chapuzas. Cuando la chapuza se entremezcla con lo personal, entonces nada tiene sentido.

Me cuesta encontrar alguna palabra que defina todo este sentimiento. La profunda decepción quizás sea lo que más se aproxime, aunque según un buen amigo, se trata de un claro asunto de pichirris y tracaleros. Lo intentaba describir en una carta que no supe afinar:

 

“No es una cuestión de dinero, ni de ver que hemos aportado cada uno en esta carrera. 

No se trata de valorar si tu has aportado cien o un millón de euros y yo por el camino he dejado mi carrera académica, doscientos mil euros de ahorro, una casa y otras cosas difíciles de valorar por seguir un sueño que en algún momento se volvió común. No se trata de nada de eso, si no de cómo se hacen las cosas. Si lo que necesitas eran esos miserables euros se piden o demandan de forma amable pero sin ningún tipo de trapicheo ni ninguneando la dignidad de nadie. Porque no ha sido una vez, sino muchas, y con este expediente ya no se puede defender lo indefendible. Sabes de sobra que nunca he querido nada que no fuera mío, y a esa libertad me debo. Todo lo demás me parece de muy poca calidad humana. En fin, no me cabrea las formas, sino que las mismas, pensaba yo, estaban sujetas al pacto invisible del buen hacer entre amigos y hermanos del espíritu libre.

Seguimos, con o sin cabreo, con las cosas del camino”.

 

Una respuesta a «»

  1. Jolín Javier, no me gustaría pensar quién es el que te ha hecho eso porque si es así, más de uno nos sentiremos profundamente engañados.

    Siempre digo que en las relaciones; sean de amistad, amor, negocios… siempre hay uno que sufre más que otro, pero dentro de ese mal paso las cosas se pueden hacer mejor o peor y causar más o menos daño.

    ¿Tanto cuesta hacerlo lo mejor posible, aun dentro de lo malo?

    Será que somos demasiado humanos.

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