El río de la vida y los falsos profetas


«Muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos» (Mateo 24:11)

A pesar de que ganó merecidamente el premio Nobel, a Hermann Hesse siempre se le consideró un escritor de adolescencia. Quizás por ello es en ese momento de nuestras vidas cuando todos disfrutamos con sus obras y nos sumergimos en sus sueños y avatares. Cuando eres adolescente buscas referentes, guías, maestros que nos aporten conocimiento y sabiduría, luz para reconstruir nuestro propio yo individual. Pero hay maestros buenos, que te enseñan valores como la honestidad, la sinceridad, la justicia, la equidad, y otros, que con una exquisita sangre fría, te enseñan las artimañas del engaño y la mentira. Hace unos meses, bajo el abrasador calor caribeño, le decía a un amigo: “debemos beber de las cosas buenas de nuestros maestros, no de las malas”. La virtud siempre debe despejar el camino de la duda.

Hesse era un buen maestro. En 1925 escribió un pequeño libro que tituló “El Balneario”. Era una historia autobiográfica donde describía su propia experiencia en el balneario de Baden, junto a Zúrich y el lago Constanza, en Suiza. He viajado muchas veces a ese pequeño y peculiar país, y cada vez que lo hago, algo extraño resuena dentro de mí, algo que me identifica con él. Quizás porque me parezca un país virtuoso, y quizás porque eso es lo que cualquier hombre bueno desea para su vida.  O quizás sea porque mañana estaré paseando por las calles de Ginebra, introduciendo mi propia sombra en la luz de la logia alpina, a la espera de las singularidades del momento. Llevo muchos años apuntando en sobres de mil tamaños y colores la dirección de la Rue de Varembé. Allí enviaba puntualmente todos mis informes desde la más remota adolescencia, dando explicación detallada de todo cuanto ocurría en el mundo de los arquetipos. Y siempre que lo hacía recordaba a Hesse, y su peculiar balneario, y su particular bondad a la hora de describir hechos cotidianos cargados de valores increíbles. El hotel que me hospeda está frente el lago Lemán, uno de los más grandes de Europa, así que me sentaré allí a contemplar el río de la vida fluir hacia lo verdadero y lo honesto.

Y eso requiere desprenderse del mundo mentiroso, el cual hoy ha dado un nuevo giro con más mentiras y engaños. Uno siempre cree estar curado de cierto espanto, pero la vida a veces supera los límites soportables de la realidad.  Tras la noticia de hoy, el susto asciende a casi veinte mil euros de robo a mano armada, eso sí, con mucho guante blanco y finura, porque hay muchas formas de robar y engañar. Qué le vamos a hacer. Con los tiempos que corren, uno podría cabrearse por estos asuntos. Pero ya no merece la pena. Es mejor entrar al río de la vida con alegría y humor, y no con torbellinos de dolencias astrales. Mejor saborear el paso a la libertad y desprenderse del maya, la ilusión y la mentira de ese mundo falso que hemos inventado. Así que el viaje a Suiza será como un réquiem donde cantaremos juntos alabanzas hacia lo alto, dejando que los gusanos de la tierra busquen su propia rama para convertirse, algún día, en bellas crisálidas.

Sí, podría por muchos motivos estar enfadado, pero me siento sanamente curado, y por lo tanto, aliviado tras ver las cosas claras. Así que deseo más que nunca alejarme del mundo plano y materializado y de los encargados de vender las oscuras artimañas que les mantienen en la mentira, esos personajes rústicos e inocuos que Hesse describía en sus novelas con cierta crítica y severidad. Deseo alejarme de los falsos maestros y seguir el camino de la vida, y su río.

Luz, más luz, gritaremos mañana al amanecer.

7 respuestas a «El río de la vida y los falsos profetas»

  1. No te preocupes por los veinte mil euros, Javier. El dinero es lo que más fácilmente se materializa en este mundo, así que, tranquilo, siempre te sobrará. 😉

    ¡Buen viaje!

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    1. Realmente no me preocupa nada los veinte mil ni los setenta mil anteriores y ni los veinte mil anteriores… Realmente eso no me preocupa, sino que me preocupa la gente que no cumple su palabra, el mundo mentiroso y los chapuzas y chorizos de este país. Así nos va… qué le vamos a hacer…

      El 25/05/2012, a las 22:56,

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      1. Déjalos, no los alimentes con tu energía. Tu mundo es otro, mucho más armonioso y agradable, para tu gozo y tu alegría, y la de todos/as los que te hemos conocido, aunque sea solo a través de tu blog y tus libros.

        Gracias, Javier, por ser como eres.

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  2. Pues es muy «feo» que alguien pueda hacerte algo así. Si además es alguien a quien tú considerabas maestro ya es…

    Pero bueno, recomponerse del golpe y a seguir con más ganas y ahora… a tu menera 🙂

    Bonito viaje!!!

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