La mente anónima


«Es mía la sombra que empaña este mundo de luz»

Uno cree que la verdadera amistad requiere de ciega obediencia, de ciega conducta, de ciega adulación constante, de ciega sumisión hacia los deseos del otro. Pero la verdadera amistad se teje en los anales de la propia libertad. Si tengo un amigo carcelero no puedo pretender vivir en la cárcel para estar más cerca de él. Si tengo un amigo embustero no puedo pretender vivir en la mentira para ganarme su favor. Si tengo un amigo ladrón, no puedo permitir que me robe en nombre de la confianza, o en nombre del chantaje emocional que ello implica. Si obra mal, si creo que está errado, es mi deber decirle cuanto pienso. Y si al hacerlo deja de ser mi amigo, es que nunca lo fue, simplemente utilizó esa amistad para sus fines propios y egoístas. Por ello me siento libre de decir cuanto creo y pienso, aunque yo mismo esté errado en ello, aunque por esa causa se ajusticie y se demoren algunos propósitos. Mi única lealtad debe ser al deseo íntimo de engendrar en mis entrañas un mundo mejor, y con ello, ser tierra fértil para que la verdad y la luz acoja sus semillas. Pero a veces hay que labrar la tierra y arrancar sus malas hierbas, y este siempre puede ser un acto doloroso para aquel que lo haga bajo el sol del mediodía, a plena luz, sin esconderse de nada ni de nadie.

Os dejo este hermoso texto que recibí ayer y que espero que os guste. Feliz domingo.

Si hemos de crear un mundo nuevo, una nueva civilización, un arte nuevo, no contaminado por la tradición, el miedo, las ambiciones, si hemos de originar juntos una nueva sociedad en la que no existan el «tú» y el «yo», sino lo nuestro, ¿no tiene que haber una mente que sea por completo anónima y que, por lo tanto, esté creativamente sola? Esto implica, ¿no es así?, que tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre, debido a que siempre desea algo; porque su felicidad depende de la influencia, o de lo que piensa su prójimo, su gurú, de lo que dice el Bagavad Gita o los Upanishads o la Biblia o Cristo. Su mente jamás está sola. Ese hombre nunca camina solo, sino que siempre lo hace con un acompañante, el acompañante de sus ideas. ¿No es, acaso, importante descubrir, ver todo el significado de la interferencia, de la influencia, ver la afirmación del «yo», que es lo opuesto de lo anónimo? Viendo todo eso, surge inevitablemente la pregunta: ¿Es posible originar de inmediato ese estado de la mente libre de influencias, el cual no puede ser afectado por su propia experiencia ni por la experiencia de otros, ese estado de la mente incorruptible, sola? Únicamente entonces es posible dar origen a un mundo diferente, a una cultura y una sociedad diferentes donde puede existir la felicidad.

El libro de la vida de Khrishnamurti.

4 respuestas a «La mente anónima»

  1. Precioso texto el que te enviaron ayer; debió ser una persona muy especial con una calidad humana a tener en cuenta 😉

    En cuanto a la lealtad no sé qué decir porque es una palabra que no suelo utilizar, ni siquiera plantearme y menos aun con las connotaciones que veo que muchos la hacen servir.

    ¿Realmente qué es ser leal?
    Personalmente la lealtad que más pura puedo ver es la de unos padres con respecto a sus hijos y digo las más pura porque es la que abarca más desinteresadamente al Amor.
    Sin embargo, siempre digo que unos padres que son padres de pies a cabeza, haciendo incapie en el corazón, nunca dirán que si a todo lo que su hijo diga o haga.
    Unos padres, desde su Amor y lealtad, saben que sus hijos se equivocan y que pueden actuar mal y hacer daño. No son ciegos seguidores de cualquier acción o actitud de un hijo porque saben que no le hacen bien.
    Entonces, unos padres estarán simepre al lado o detrás ( incluso en secreto) de sus hijos y no defenderán lo indefendible porque eso no es verdadera lealtad ni verdadero amor o cariño.

    Javier nos estás apretando las neuronas,,, y enseñando.

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