«El nuevo mundo esta todavía
detrás del velo del destino.
En mis ojos, sin embargo,
es el amanecer que ha sido revelado»
– Allama Mohamed Iqbal
En 1675 el místico español Miguel de Molinos escribió su Guía espiritual que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la paz interior. Fue uno de los padres del Quietismo místico como vía para alcanzar la perfección y el contacto con lo divino.
La cruz culta atiende al mismo compendio: al saber, al osar, al querer y al callar. Porque no se puede querer osar sin saber, mediante el silencio, el camino adecuado. El callar como una herramienta imprescindible para conectar con la Quietud y la voz interior pues, dicen los que entienden, que sólo en la calma de un océano tranquilo se puede saborear las mieles de los abismos profundos. Sin embargo, hay muchas clases de Silencio.
Está el silencio del sabio, que calla porque entiende que todo ya está dicho y lo único que hay que hacer es saber escuchar, repasar lo ya explicado, RECORDAR. (Reminiscencia: conocer es recordar).
Está el silencio del ignorante, que calla por no saber, (ignorancia es ausencia de conocimiento, de logos, de alma).
El silencio del egoísta que ignora totalmente la realidad ajena (falso sentido del yo como algo dividido y aislado).
El silencio del prudente, que prefiere no arriesgar en el equívoco.
El silencio del cobarde, que se esconde tras cualquier verdad aunque sea mentira.
El silencio del héroe, que llega de la batalla cargado de experiencias que guarda en su interior.
El silencio místico, que conecta con las entrañas de lo más profundo.
El silencio natural, que nos deleita con la sinfonía cósmica.
El silencio administrativo, tan cargado de sugerentes jurisdicciones.
Y luego está la Voz del Silencio, que es de naturaleza más difícil y entraña en su interior un séquito de interpretaciones y arquetipos increíbles. Y ocurre la paradoja de que cuando conectas con esa voz sigilosa, algo te empuja a utilizar la Palabra y el Verbo, y reencontrarte con lo que los antiguos llamaban la “palabra perdida”.
Entonces la Quietud necesaria es transformada en Acción, porque nada hay en la naturaleza humana que prevalezca si no ha sido forjada mediante los atributos del movimiento. Así pensaban los existencialistas como Sartre, que expresaba la urgencia de la acción con estas sugerentes palabras:
“El quietismo es la actitud de la gente que dice: los demás pueden hacer lo que yo no puedo hacer. La doctrina que yo les presento es justamente la opuesta al quietismo, porque declara: sólo hay realidad en la acción, y va más lejos todavía, porque agrega: el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida. De acuerdo con esto, podemos comprender por qué nuestra doctrina horroriza a algunas personas. Porque a menudo no tienen más que una forma de soportar su miseria, y es pensar así: las circunstancias me han sido adversas; yo valía mucho más de lo que he sido; evidentemente no he tenido un gran amor o una gran amistad, pero es porque no he encontrado ni un hombre ni una mujer que lo mereciesen; no he escrito buenos libros porque no he tenido tiempo para hacerlos; no he tenido hijos a quienes dedicarme porque no he encontrado al hombre con el que podría haber realizado mi vida. Han quedado pues, en mí, sin empleo, y enteramente viables, un conjunto de disposiciones, de inclinaciones, de posibilidades que me dan un valor que la simple serie de mis actos no permite interferir. Ahora bien, en realidad, para el existencialismo, no hay otro amor que el que se constituye, no hay otra posibilidad de amor que la que se manifiesta en el amor; no hay otro genio que el que se manifiesta en las obras de arte.”
Es por ello que existe un camino medio necesario que consiste en poder hacer de la Quietud una virtud imprescindible para reconducir nuestras vidas desde el silencio y de la Acción una música inquietante que nos une misteriosamente al otro, a la Unidad ante el trono del nosotros mismos. Quietud y Acción unidos de la mano para crear la realidad apropiada.

Al leerte asocié tu escrito apareció en mi mente la imagen de un junco, aparentemente frágil, expuesto al viento, al agua, a lo factores externos… y sin embargo manteniendo intacta su rectitud…
Muchas gracias, es un texto muy hermoso!
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Tal como dice Carmen, es un texto muy bello.
Y me hace sentir culpable porque seguro que cayo más de lo debido y no actúo lo debido.
Me he hecho la prueba para saber a cual de los silencios pertenezco y no he aprobado por estar en una mezcla poco definida.
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Dios, he puesto callo con Y. Me ve mi sobrino y me pela 😉
Bueno dice mi hermana que lo he puesto porque me estoy «obsesionando» con tanto «cayo humano» diseminado por ahí 🙂 🙂
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Un texto para reflexionar detenidamente.
Muy hermoso. Gracias.
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La metáfora «cruz culta» es preciosa.
Sabes que a Sartre se le cortó la acción el día que recorría un puente del Sena y se supo incapaz de arriesgar su vida para salvar a un hombre que se estaba ahogando. Esta paradoja la resolvió Camus diciendo que la diferencia entre un existencialista y él (que lo había sido) era Cristo. Era Cristo quien le daba la voluntad para arriesgar su vida por quien se ahoga -o muere de silicosis en la mina-.
Es ésta figura, a menudo asociada con el G.P. aunque es falso, la que me incomoda porque lleva las cosas a un extremo incompatible con el buen vivir.
El primer usuario de la cruz culta pasó sus años malviviendo salvo un par de banquetes y, la verdad, para eso, mejor se está en casa.
Pero lo tenemos muy arraigado en nuestro entorno de forma que, aunque lo descontextualicemos, cuando estamos alzando la cruz lo elevamos a él.
Yo sé que me gusta la buena vida y no me pierdo en disculpas. Por ello, al repasar mi ética -porque no encuentro mi alma- siempre me topo con el estilo tremendista del galileo y me hace sentir en falta. Es incómodo.
Muy bueno el artículo, Javier.
Un fuerte abrazo.
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Hoy me apetece dedicaros esta canción, de autor extremadamente peculiar, que con un toque singular de humor dice cosas muy bonitas:
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Gracias Luna. 🙂
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😉
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Precioso texto para guardar y releer…
Gracias Javier.
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