Algunas esencias del independentismo


Hoy la nación española es UNA: porque no admite desgarraduras geográficas ni morales que destruyan su único cuerpo y su única alma.

Es GRANDE: porque se ha impuesto al mundo por el sacrificio heroico de sus hijos que han demostrado que la dignidad es superior a la vida.

Es LIBRE: porque se ha sacudido la servidumbre de los pueblos extraños que quisieron arrebatarle las esencias de su personalidad histórica.

 

Seguramente a más de un nostálgico les sonará estas tres sentencias aparecidas en regímenes anteriores. Lo paradójico de la historia es que los nacionalismos de nuevo cuño buscan en estas mismas esencias la racionalidad de sus deseos.

Pongamos el ejemplo de Cataluña o del País Vasco, que desean ser UNA, porque no admiten desgarraduras geográficas como las de algunos partidarios que pretenden la independencia de la Vall D’Aran sobre la propia Cataluña, o aquellos otros que solo pueden entender su identidad englobando unidades imaginarias en lo cultural como els Països Catalans o Euskal Herria.

Es GRANDE, porque para algunos, el sacrificio heroico de sus hijos etarras, por ejemplo, constituyen la esencia de su grandeza.

Y desean ser LIBRES, porque desean sacudirse de la servidumbre de España, la cual desea arrebatarle la esencia de su personalidad histórica.

Realmente siempre he estado a favor de la independencia de unos sobre otros, porque creo que es el único camino para poder entender la vía trascendente de la interdependencia, el apoyo mutuo y la cooperación entre las personas y los pueblos. Pero no puedo estar a favor de los fanatismos, los nacionalismos excluyentes y la xenofobia que nace de unas culturas sobre otras gracias a la a veces visceral manipulación política, el chantaje económico y el egoísmo cultural.

Una respuesta a «»

  1. He votado una sola vez a un partido nacionalista (nacionalista catalán) De las pocas veces que he votado en mi vida, esta fue un error más.

    Me encanta que las personas luchen por su idioma, por sus derechos, por su historia, en definitiva por su identidad.
    No me gusta nada la manipuladora lucha política que, generalmente, demasiados nacionalistas utilizan.

    Con lo cual, creo no errar si digo que no me gusta ningún tipo de nacionalismo que intente crear fronteras impuestas, ni unidades como nación también impuestas, ni diferencias llevadas al grado de superioridades pueriles.

    El nacionalismo español mal llevado es tan desquiciante como cualquier otro, sea gallego, vasco, catalán… es exactamente lo mismo.

    Me encantaría vivir en un mundo sin fronteras en el que se respetaran las diferencias naturales de cada uno y en el que al otro lo viéramos como un regalo para crecer, aprender, vivir…

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