Rozando cielos


Nunca sabemos donde nos cruzaremos con el reino de los cielos. Estos cuatro días de familia en la Montaña han estado plagados de interrogantes, de recuerdos, de dudas, de supuestos, de remolinos que nacían en el estómago y revolvían todo aquello que no se supo recolocar. Y en esa pequeña tempestad con sus pequeños oleajes siempre había momentos para mirar hacia arriba, dejando zambullir la mirada en tiernas promesas, o para pasear por bosques y playas. Y eso hicimos.

En la comarca del Campo de Gibraltar, en Cádiz, muy cerca de Tarifa y bordeada por la Sierra de la Plata hay una hermosa playa, unas de las pocas playas vírgenes de nuestro país, llamada Bolonia. En la misma playa, un gran maremoto sepultó en el siglo II d.C. la próspera ciudad romana de Baelo Claudia, cuyos restos aún son visibles desde la inmensa y viva duna que allí crece. Lo que más impresiona de aquel lugar son las increíbles vistas de África, la cual casi se puede tocar a pocos kilómetros hacia el sur. No puedes marcharte de allí sin cerrar antes los ojos e imaginar cientos y cientos de historias sobre sus orígenes.

Y también sobre los orígenes más remotos de nuestra historia humana. Aficionado a la ciencia y a las creencias, hoy, ya en la solitaria Madrid, me he dejado invitar por el poeta Carlos Ramos a una sesión de cine para ver una terrible película de extraterrestres. Disfruto mucho con este tipo de películas hasta que al director de turno se le ocurre sacar bichos y hacer de los pobres ETs una panda de crueles y reptilianos seres xenomorfos. La película iba bien, al menos en el aspecto filosófico, hasta que destruyeron el argumento con ese tipo de marcianos sin sentido. Y digo sin sentido porque, siguiendo el argumento de la película, si existen o existieron civilizaciones más avanzadas que las nuestras, más inteligentes y más evolucionadas, estoy casi completamente seguro de que no tendrán o tendrían rasgo alguno de violencia. Creo que la sabiduría tiene que ir siempre acompañada de cierta compasión para que sea posible, o viceversa. El caso es que el reino de los cielos, desde un punto de vista antropológico, siempre se me antoja diverso e increíble, y plagado de interrogantes que siguen palpitando en mi corazón inquieto. Por eso he disfrutado estos días viendo África tan cerca, y hoy viendo que el universo humano está plagado de extrañas creencias.

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