Samia y su doble visión


Hay personas que en su inmenso desarrollo personal tienen la capacidad de ver doble. Se acercan con claridad a la visión de la forma, del mundo de la materia y la manifestación, al mismo tiempo que, en una doblez hacia el infinito, son capaces de percibir los asuntos del alma, de lo intangible, de las fuerzas invisibles que nos rodean e influyen. Vibra en dos mundos de percepciones diferentes y es capaz de sustraerse desde lo irreal a lo real, desde lo tosco hasta lo más sutil. Eso le crea un doble sufrimiento, pero también una doble satisfacción.

Samia disponía de esa doble visión. Era capaz de sacrificarse, inclusive de arriesgar su vida por rozar un ápice de realidad. Surcó con su esfuerzo esas etapas de la transición entre lo viejo y caduco y lo nuevo y bueno. En su doble visión, se había saciado de lo añejo y aspiraba a un mundo nuevo y mejor. Y no temió arriesgarlo todo para conseguir algo. Y ahora que el mar la ha engullido y sesgado su vida, ha conseguido parte de su propósito, quizás sin ella saberlo.

Cuando veo su rostro en las carroñeras noticias algo horrible me perturba. Algo que tiene que ver con la sensibilidad humana (para quién la tenga), con el horror de ver como una vida bella, luchadora, libre e infatigable ha muerto de forma atroz, sesgando sueños y promesas, pero sobre todo, sesgando la esperanza en una humanidad cada día más opresora y esclava.

He visto muchas Samia en mi vida. He podido abrazar en el cuerno de África a muchas de ellas, sintiendo su necesidad de meterse en alguno de mis bolsillos para poder atravesar el estrecho que separa un mundo atroz de otro cargado de esperanza. Pero la esperanza a veces es truncada incluso aquí. Un modelo en quiebra donde personas que antes lo tenían todo se quedan sin nada, contando los años que según las estadísticas les queda por vivir y pensando como hacerlo de la forma más digna y humana posible.

Por eso decía que Samia ha cumplido con parte de su sueño. Ha sido capaz, con su sacrificio, de dotarnos de su doble visión, de su capacidad de lucha hasta el final. Ahora ya no tenemos excusa para no saber mirar, para no poder mirar despiertos, atentos, con ganas de lucha y esperanza. Samia nos ha enseñado muchas cosas, y deberemos reflexionarlas en nuestras oscuras noches, cuando un inmenso océano de miedos y frustraciones desee engullir nuestras vidas.

Una respuesta a «»

  1. Un desenlace cruel, un final dramático en nuestra forma de ver la realidad aquí y ahora…No sé si un paso de gigante para lograr el sueño de las estrellas…
    Este verano, navegué por las aguas del estrecho de Gibraltar en busca de delfines y ballenas…durante la travesía clara y con un mar apacible, reflexionabamos sobre la fuerza y la valentía, la necesidad y la esperanza que impulsaba a las personas que se lanzaban al mar en un cascarón de palos jugándose a doble o nada la propia vida… 😦

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