¿Acaso la noche se separa del día?


Es hermoso mirar al cielo y ver como las aves migratorias vuelan libres sin ser entorpecidas por ningún tipo de barrera. Van de un lado para otro surcando océanos y continentes enteros y nada ni nadie las ha detenido en miles de años. Esa es la razón por la que las cosas se mueven. La sencillez de un vuelo mágico, de un torbellino de vida que va y viene y sobrevive a lo funesto. Siendo humanos hemos tenido la facilidad de desvirtuar las cosas, o de sofisticarlas de tal modo que hemos creado un mundo plagado de barreras, de símbolos, de clasificaciones, de metáforas que pretenden, quizás de forma camuflada, someternos unos a otros, olvidando el simple y llano vuelo libre.

Pero hay un rocío que sobrevive todas las mañanas. Una rosa que se levanta complaciente. Un río que sigue su curso y un ave que canta antes de que las primeras luces empiecen a empañar la oscuridad de brillantez. El alba anuncia el enigma del matiz, la sutileza que perdura en todas las vidas, la grandeza que a través del tiempo sin tiempo perdura en cada mudanza. Pero sin duda hay algo que no muda, que nos trasciende y permanece en la quietud de lo eterno. Algo que atraviesa el amor por las cosas bellas y que nos permite comprender las cosas desde su eternidad, es decir, desde su matiz divino. Cada arte, cada artesano, cada místico, cada ciencia, cada poeta y cada hechicero ha querido encontrar ese sentido de eternidad. Y al descubrirlo comprende la grandeza del secreto de vivir para la especie, para los demás, para la entrega consciente de todo aquello que está fuera y dentro de nosotros.

Nuestro sentido no es vivir para nosotros mismos. Somos solo un acorde que se escapa de la música vital. Y vuelve, una y otra vez para reencontrarse con el sentido de amar a todas las cosas, de sentirlas unidas y fusionadas en los arquetipos que crearon el movimiento y la trascendencia. No hay fronteras que nos separan, excepto la de la ceguera de no ver en la perpetuidad el sentido unido de todas las cosas. ¿Acaso la noche se separa del día? No, danzan unidas en un eterno coqueteo de invisibles formas.

2 respuestas a «¿Acaso la noche se separa del día?»

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