Cuando el populismo triunfa


  

«Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia… Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión… Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho»  Miguel de Unamuno

Es evidente que las ideas han muerto. Ya no existen intelectuales, al menos esa calaña de intelectuales valientes capaces de llamar las cosas por su nombre como lo hacía Unamuno en el paraninfo de la universidad de Salamanca en el año 1936. Ahora estamos rodeados de conveniencia y populismo, de intereses y egoísmo, de mentira y vanidad. Por eso no hay ideas, porque han sido secuestradas. Y por eso no hay intelectuales, porque han sido arrinconados ante el temor de decir o pensar algo que pudiera escaldar un ápice de su seguridad social o material. Por eso vivimos en la sociedad del miedo, de la vagancia, de la ignorancia apaciguada con canciones de cuna. ¿Dónde están los valientes? ¿Dónde está la seducción de las ideas?

Cuando hoy veía la fiesta patriótica, con sus dogmas, sus ritos, sus mitos, sus propios dioses y creencias, sus abanderados y sus tótems plagados de ídolos y talismanes me llevaba las manos a la cabeza. Siempre he defendido que estoy a favor de cualquier tipo de independencia, pero no de la que surge de la ignorancia y la confrontación con el otro, del insulto o de la desmedida mezquindad que surge del orgullo patrio y tribal de la ignorancia. Es demente querer separarse en un mundo que no necesita más competencia, sino cooperación y apoyo mutuo. Es demente querer buscar enemigos en un mundo donde la amistad es más demandada. Es demente querer independizarse en vez de intentar interrelacionarnos aún más, especialmente en los momentos tan delicados que estamos atravesando. Demente y populista, de ahí su triunfo. En una sociedad enferma solo pueden triunfar ideas enfermas, caducas, obsoletas, alejadas del bien común.

Pero estamos en tiempos de populismo, y a la solidaridad le llaman expolio y al compañero de camino lo llaman enemigo. Intelectualmente hablar de patrias y naciones parece una entelequia que solo puede pervivir ante un sentimiento manipulado e interesado anclado en el romanticismo de tiempos pasados.

Populismo también es buscar en Europa el causante de la conjura mundial y pensar que lo mejor es volver a las cavernas de la peseta o a la oscuridad ambiental de nuestra piel de toro.

Pero el verdadero problema no es Europa, sino la falta de democracia, o mejor aún, la aún inmadura puesta en marcha de un ideal que debe desarrollarse en los próximos doscientos años. Estamos aprendiendo a ser demócratas, pero la democracia aún no existe. Está por nacer. Y no hay mayor base para desarrollar esa democracia que la interrelación, la relación, el apoyo mutuo y la cooperación entre los pueblos de buena voluntad.

No nos estamos dando cuenta, en nombre del populismo, de que errores de antaño empañan de nuevo nuestra realidad social. Ahora no toca la independencia de unos contra otros. Ni de España contra Europa ni de Cataluña o País Vasco contra España. Toca la interdependencia, el apoyo mutuo y la cooperación. He dicho.

12 respuestas a «Cuando el populismo triunfa»

  1. Me gusta que las personas defiendan lo que creen que deben defender y si esto es su cultura, más todavía. Jamás debería una cultura imponerse a otra puesto que hay espacio de sobras para todas, sólo hay que tener ganas para ello. Por tanto, toda aquella defensión desde el respeto, la dignidad y la verdad, bienvenidas sean.

    En cuanto a la independencia he de decir que no comparto esa idea y, además, desde una idea muy simple: no me gusta que se creen fronteras, sí que se deshagan.

    Ayer fue un día especial para muchas personas, parece ser que un millón y medio, y esa cifra dice algo más que un capricho.
    Sin embargo, no son buenas las mentiras para defender nada, tampoco los privilegios según lo que defiendas. Y esto lo digo por:
    – Se dijo en algún canal de TV que en todo balcón de Catalunya había una estelada. No es verdad ni de lejos.
    – Se hizo un gasto bestial (trenes, autobuses, esteladas para regalar…) amparado en que se realizaba desde entidades privadas.
    – Se permitió desde la Generalitat que se aparcara en sitios prohibidos debido a la gran afluencia de automóviles. Está bien que así fuera puesto que la organización es esencial. Y por eso, también me gustaría que cuando otras personas se manifiesten, aun siendo en contra de la política, políticos en el poder, en definitiva del sistema (ejem. 15M) también se les ofrezca esa oportunidad para llevar así un acto controlado/organizado.
    – Se dijo que es inaudito que a estas alturas todavía en la misma Catalunya se tenga que estar defendiendo su lengua madre. No es cierto, la hermosa lengua catalana, ahora sí, tiene su sitio de forma contundente y clara y en algún caso puntual en detrimento de la lengua española donde no debería producirse este hecho.
    – Manipulación de un sector especial que no debió producirse.

    Todo lo que se lleve a cabo desde una perspectiva más política que social, dejará de ser algo en lo que se pueda poner toda la confianza del ciudadano. Lo más oído, al menos en mi entorno, era la defensión de la independencia «porque estaríamos mejor». No deberíamos olvidar la política llevada a cabo por el señor Artur Mas. Sus recortes se deben a una ideología política que no cambiaría, más bien al contrario, si se tuviese esa independencia.

    Con lo cual, creo, que la gran afluencia ayer en la manifestación fue debida a la situación actual (aun siendo un sentimiento del pueblo catalán desde hace siglos y esto no hay que obviarlo) y a las facilidades otorgadas para pasar a la acción por parte de Instituciones políticas privadas y desde la administración de forma soterrada, aun viniendo de voces expertas la sentencia de que Catalunya no podría susbsistir, económicamente, desde una independencia buscada y deseada.

    Y esto mismo que he escrito me serviría para cualquier otro tipo de nacionalismo, incluído el español, que mal llevado-publicitado puede ser el peor de todos.

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    1. Ahí está la clave: «sin España viviríamos mejor». ¿Quiénes vivirían mejor? Pues lo de siempre, la casta política que desea poder tener el absoluto dominio sobre las arcas de los ciudadanos para poder así seguir enchufando a los suyos en nuevas embajadas, en nuevos puestos, en nuevos y necesarios ministerios… La endogamia política solo ha deseado eso, independientemente, y esto es lo triste, de la cultura. Por eso opino como tú, abajo las fronteras, arriba la unidad de todos los pueblos…

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  2. Javier
    te aporto un escrito de un maestro de nuestra Fraternidad que a principios del Siglo XX dij o:
    «A los masones se les enseña que un masón es un hermano cualquiera que sea su país, color o religión, donde el Arte trasciende todas las fronteras y prejuicios, pero en la frase anterior se reconoce el hecho de cada hombre tiene un particular afecto por su tierra natal. En esto es tanto más sabio y más humano que los idealistas que creen que el hombre en su estado actual de evolución puede dejar de lado el afecto a su patria y sustituirlo por una especie de ciudadanía mundial. De hecho, muchos de estos idealistas van más allá y sugieren que el hombre no puede ser buen patriota y un buen ciudadano del mundo. Ningún punto de vista puede estar más equivocado. Si no podemos amar a nuestros propios conciudadanos, cuya lengua hablamos y cuyos ideales podemos entender, ¿como podemos esperar comprender las aspiraciones de los hombres de otra raza o religión?. Ofender a nuestro país y condenarlo por los supuestos intereses del internacionalismo, solo demuestra ignorancia de los fundamentos de la vida humana» (J.S.M.Ward)
    Perdona la parrafada.
    Con afecto.
    JRC

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    1. Estimado Josep Ramón, discrepo totalmente con el sabio Ward. Los ciudadanos del mundo haberlos haylos, y nadie ama más a su pueblo que un ciudadano del mundo, el cual piensa que somos una humanidad unida por el lazo místico del misterio y que, además, tiene el deber moral de proteger ante los envites de la ignorancia y la ceguera de cada época. No hay ningún interés internacionalista en un ciudadano del mundo, excepto el interés de ver a la raza humana en paz y armonía, en pleno servicio hacia los intereses que nos harán progresar como ciudadanos libres ( y no vasallos de un estado, o de cien estados)… un sentido TAF…

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  3. Los pueblos tienen derecho a su independencia, ¡faltaría más! Otra cosa es que los demás tengamos que financiar esa independencia. Si quieres ser independiente es perfecto, pero te lo pagas tú. Esto vale tanto para personas como para pueblos.

    Creo que la independencia y la solidaridad y el apoyo mutuo no necesariamente tienen que ser excluyentes.

    Saludos.

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    1. No te preocupes, cuando podamos dejar de pagar la dependencia nos podremos costear la independencia. Y hasta igual nos sobra algo para evitar hundirnos en la miseria, que es a donde nos lleva eso que algunos llaman solidaridad y otros (medios tan «sospechosos» como el Financial Times por ejemplo), sencillamente asfixia o expolio. De vez en cuando está bien leer algo más que La Razón.

      Solidaridad y apoyo mutuo? Por supuesto, pero desde cuando la solidaridad puede ser forzada? Es muy bonito el discurso de ir todos juntos, de no poner fronteras…. pero de vez en cuando está bien bajar al mundo real, donde existen relaciones de explotación, sumisión, leyes injustas y demás. El esclavo debe seguir siéndolo para no dejar de ser «solidario» con su amo?

      Te costará creerlo, pero se puede ser independentista sin odiar a España, incluso amándola sinceramente. A caso nos vamos de casa de nuestros padres porque les odiamos, por egoísmo, porque nos creemos superiores a ellos?

      A estas alturas creo que la separación ya es inevitable pero confío en que más pronto que tarde podamos, finalmente, abrazarnos. Pero para abrazarse hay que ser dos.

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      1. Hola Jordi,

        No creas que a los que nos gustaría un mundo sin fronteras no tenemos agarrados los pies en el suelo, nada más lejos de la realidad. Por eso sabemos que nuestro ideal está más lejos que el tuyo. Incluso sabemos que para lograrlo, seguramente, se deberán conseguir muchas independencias de países que así lo desean, sencillamente porque hay pasos que no es, hoy por hoy, entendible el saltárselos.

        No es justo hablar de esclavitud en el sentido que lo haces porque no es verdad. Conseguir las cosas desde la verdad y la honestidad os hará más fuertes, más creíbles, sabiendo vosostros y los demás que contáis con todo el derecho de defender lo que creéis justo.

        Y desterrar la palabra odio es esencial para todas las partes. Ese odio que algunos enfatizan (de ambos lados) no es real, no al menos en la inmensa mayoría.

        Un saludo desde la Catalunya Nord 🙂

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  4. Hola Luna,

    Gracias por tus comentarios, estamos más de acuerdo de lo que parece. Mi ideal último no es la independencia de Catalunya sino la cooperación, el entendimiento, la fraternidad… Y no veo que ambos ideales sean incompatibles, sino todo lo contrario. La autodeterminación es un derecho irrenunciable de los pueblos y los catalanes queremos ejercerlo pacíficamente para ser quienes decidamos ser y tomar nuestras propias decisiones. Es una simple cuestión de dignidad. La solidaridad no puede imponerse, solo merece ese nombre cuando se ejerce desde la libertad.

    El odio no es real, tienes razón. Por eso me indigna tanto que se insista en que los independentistas odiamos España. Muchos de nosotros tenemos raíces andaluzas, extremeñas… Los lazos están ahí y no van a desaparecer con la independencia, tal vez se refuercen cuando desaparezcan los actuales agravios y recelos.

    Un abrazo.

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  5. He leído con mucha atención todo lo que dices, Jordi, y también lo que dice Luna. Estoy de acuerdo en que la solidaridad no puede imponerse, y también en que los pueblos tienen derecho a la autodeterminación. Lo que no pueden pretender, como creo que quieren algunos, es ser independientes solo para lo que les conviene. Si uno es independiente tiene que serlo con todas las consecuencias.

    Un mayor esfuerzo de verdad y honestidad por parte de todos, como sugiere Luna, sería lo ideal. Por mi parte, sigo reflexionando con todas vuestras aportaciones.

    Un abrazo.

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