¿Cómo defendernos de Leviatán?


Los ingenieros del Estado lo vieron claro. Quitemos los grilletes, demos algunos derechos a los trabajadores, quizás treinta días de descanso al año, alguna paga extra en Navidad y un poco de educación y sanidad para que la esclavitud del trabajo les haga algo más aparentemente libres. Así consiguieron trabajadores sanos y educados que en vez de morir a los cuarenta por inanición podrían superar los sesenta sin problemas. Una edad ideal para jubilarlos y que mueran en paz inmediatamente. Añadieron el ingrediente y el contenido emocional de la patria y la nación para aglomerar en un mismo sentimiento ilusorio cualquier atisbo de rebeldía. La patria eliminó al pueblo, a la comunidad, y se convirtió en la entelequia por la que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

Con esta idea se consiguió la conocida paz social. Un complejo y macabro estímulo que permitiría amasar las consciencias en nombre del orden y el progreso. La dádiva con la que mecían la cuna era y es el mantra del “crecimiento”. Hay que crecer, hasta el infinito y más allá, por todas las tierras (colonialismo) y por todos los espacios estelares (carrera espacial). Ese es el virus macabro que Leviatán nos inyectó: la expansión, el crecimiento, el egoísmo irracional, la territorialidad. En su macabra inversión nacen los nacionalismos, hijos bastardos del mismísimo Leviatán que pretenden emular a su padre.

Por suerte Lucifer cayó del cielo con un mensaje claro: “ustedes son libres e inteligentes, y tienen capacidad de pensar y de decidir, de emanciparse de todo yugo”. Fue ahí cuando llegaron nuestros problemas, porque al rebelarnos al orden establecido cabía la posibilidad, como bien ocurrió, de que nos expulsaran del paraíso de la ignorancia y la servidumbre.

Pero Leviatán fue aún más inteligente y consolidó un conocido y pragmático paraíso en la tierra basado en la tenencia ilícita de las aguas, de las tierras, del cielo y de los aires. A eso lo llamó primero reinos y luego estados y luego propiedad privada, y esos estados fue la causa de todos los males. Su agudeza fue tal que logró confundir a los que aún parecían pensantes, señalando a Lucifer, el portador de luz, como al auténtico enemigo. Los lugares y las cosas dejaron de usarse y pasaron a ser poseídos. Se rompió el equilibrio natural del círculo y empezaron a crearse las pirámides, las jerarquías, los privilegios de unos sobre otros, la estructura.

Y fue así como poco a poco Leviatán se apoderó de los mensajes, de sus contenidos. Primero creó grandes iglesias gracias a la vanidad de los poderosos. Grandes templos, grandes partidos políticos donde aglutinar el egoísmo y la competencia, secuestrando con ello las ideas y relegándolas a lo anecdótico. Creó instituciones que secuestraron cualquier tipo de libertad y creó la ciencia como abanderada de la única y posible verdad. Las iglesias hablaban del mensaje de amor pero sin saber su significado. En las escuelas pasaban rápidamente por el capítulo de la revolución francesa porque el temario de la libertad, la fraternidad y la igualdad no era digno de estudio. La sanidad olvidó la curación y se centró en la enfermedad como vía de enriquecimiento. Y luego el ejército robó vidas y secuestró tierras y poseyó al hombre de la legitimidad para vencer cualquier promesa: la violencia organizada y la coerción en manos de unos pocos.

Ya Platón abanderó su «comunismo platónico» advirtiéndonos de la corrupción de los poderosos. Pero no fue suficiente. MIles de años más tarde seguimos padeciendo sus miserias. Con todo ello se secuestró la libertad de pensamiento y la libertad de movimiento y creó la más terrible de las armas: la normalidad, lo común y lo esencialmente sistematizado. Y fue así como Leviatán, disfrazado e invisible, creó la compleja maquinaria en la que estamos envueltos…

Y por eso ahora, en los tiempos que corren, nace la pregunta que a todo hombre libre le asfixia por dentro: ¿cómo defendernos de Leviatán? La magia del espíritu libre murió, fue enterrada o quemada en la hoguera en tiempos pasados. Pero ahora renace con fuerza ante el inevitable y poderoso despertar de la ardiente llama.

(Fragmento de capítulo de la segunda edición de «Creando Utopías»).

17 respuestas a «¿Cómo defendernos de Leviatán?»

    1. Pero por mucho que queramos o no ser más o menos seres espirituales, no podemos negar que somos hombres/mujeres físicos y que estamos dentro de lo denominado humano. Podemos trascender a ello, o intentarlo, pero no podemos dejar de pensar como humanos, al menos no la mayoría, entre los que me encuentro.
      Es en ese proceso de aprendizaje en el que vamos errando o acertando, si es que erramos y acertamos por nosotros mismos porque si realmente existe ese marionetista que mencionas… qué frustrante ¿no?

      No sé yo prefiero pensar, de momento, que existe el primer día y el último de forma más o menos impuesta, pero que el relleno entre esos días lo ponemos nosotros, eso sí, siempre influenciados por el ambiente/experiencias que nos rodean.

      Abrazos 🙂

      Me gusta

  1. Así es como lo siento yo:
    Sí reproducimos incesantemente desde que el hombre se puso de pié, organizaciones de poder, si hemos ido a lo largo de la historia de la humanidad sofisticando nuestra capacidad de supervivencia basada primero en la necesidad básica de la subsistencia y después de la ambición, alimentando la semilla del Lebiatán que todos llevamos dentro en lugar de la «Luz amorosa», «Dios», «Alma»…que también todos llevamos dentro y seamos capaces de despertarla animarla, alimentarla y hacerla evolucionar y reproducirse como se reproducen todas la células de nuestro ser…
    Nos queda un camino largo para domar al Leviatán de nuestro interior, pero creo que lo importante después de siglos de alimentarlo continuadamente es que ahora cada vez más, – y no unos pocos iluminados tocados por la magia natural e instintiva de de la bondad- somos capaces de discernir que el camino de supervivencia es el del corazón…

    Feliz día!

    Me gusta

  2. El problema es que aún no pensamos ni actuamos como humanos, sino como meros animales.
    Una prueba: los nacionalismos y los patriotismo. Un órdago primitivo-animal que pretende organizar y delimitar los territorios, como cuando vamos a sacar al perro y este mea en las esquinas.
    Otra prueba: nuestra sociedad capitalista está basada en la supervivencia física y material, y para ello, hay dos lemas imprescindible: competencia y crecimiento. Igualito que los animales.

    Los seres humanos (seres humanos no animalizados) no compiten, se ayudan (véase lo que ocurrió con el último terremoto en Japón), y no buscan el crecimiento exterior, sino el interior, porque los seres humanos no aspiran a ser animales (crecer, crecer, crecer) sino a sentirse cada día más cerca del quinto reino, no del tercero.

    Me gusta

  3. Siguiendo tu razonamiento sobre como los seres humanos reaccionan ante grandes catástrofes; tengo una hipótesis:
    Acaso no estamos abocándonos al cataclismo, acaso ésta crisis, el terremoto de Japón, el de Haíti, el tsunami de Indonesia, la caída de la torres gemelas… y un montón de conflictos por todo el mundo que ponen la piel de gallina sólo recordar, no son señales inequívocas del fin de una era, que ésta catarsis es necesaria para poder llegar a ese quinto reino del que nos hablas?

    Creo que nuestra consciencia colectiva está actuando y que nos estamos llevando a ese abismo de evolución!

    Hoy me he levantado un poco loca… no?

    Me gusta

  4. Para llegar al quinto reino quedan miles de años… No hay que ser impacientes… Ahora simplemente estamos entrando en la que llaman la Era del Saber, la Era de Acuario, la Era del Conocimiento, es decir, la verdadera era Humana… Vamos a pasar poco a poco al aprendizaje de ser humanos, para dejar de convertirnos en animales. Vamos a dejar de pensar con el bajo vientre y vamos a empezar a utilizar la mente no solo como instrumento de tortura mental, sino como abanderada de la verdadera guía interior… La mente es una lámpara poderosa y maravillosa, pero dentro tiene que nacer la luz interior para que el instrumento funcione. Ahora la mente está empañada, pero poco a poco estamos quitando los residuos de eras pasadas y poco a poco estamos entrando en la era de la claridad y la conexión. Las torres gemelas y todo lo demás son solo símbolos desgraciados de la caída de nuestra particular Roma.

    Me gusta

  5. Y llegados a este punto, qué hacer, sabiendo que estoy / estamos en un punto transitorio…
    Todos entramos en esta dimensión al mismo tiempo? Hay seres humanos que ya transitan en esa trascendencia del conocimiento? No hubo siempre a lo largo de la historia de la humanidad, seres iluminados por la «Era de Acuario», por ejemplo «Cristo», «Buda», «Platón», «Aristóteles», «Ghandi»……….? Y que promovieron grandes movimientos de consciencia. Cual es la diferencia de ahora?

    Me gusta

  6. Para llegar al quinto reino por ese camino no hacen falta cataclismos. Ampliamos un poco la potencia emisora de Tele5 y, en unos días, estamos todos junto al Padre… 🙂
    Pero estoy de acuerdo en que estamos produciendo un incremento de entropía desmesurado que puede estar afectando al planeta. Puede que hayamos llegado a una masa crítica de densidad de población y angustia vital que sea suficiente para que ese subconsciente colectivo (¿consciencia o subconsciencia?) influya en el clima o en los actos de violencia. Confío en que sea reversible, y no un destino necesario para la humanidad.
    Sobre lo que dice Luna, hay un majara que conoceréis, Isaac Asimov, que escribía novelitas de ciencia ficción verdaderamente locas, o no tanto. En ellas aseguraba que es tal la predisposición del individuo a actuar en función de su composición atómica (somos «polvo de estrellas») que el futuro de cualquier grupo social es perfectamente vaticinable por estadísticas, en función de los elementos que lo componen. Esta hipotesis me parece cada día más real. Según ella, el margen de maniobra que nos queda, entre nuestro «primer y último» día, es limitadísimo. De hecho, Luna, está conversación no tenía más remedio que producirse. Es duro ¿verdad? 🙂
    Sobre la necesidad, y realidad, del espíritu colaborativo que invoca Javier, no tengo ninguna duda. De hecho por akí seguimos vivos gracias a eso. Por poneros un ejemplo sencillo, entre que comencé a escribir el comentario, y éste punto, me han sorprendido por tlf. ofreciendome una colaboración que no he solicitado; el lunes me ocurrió igual. Supongo que hay una conexión directa entre «coyuntura social» y «subconsciente colectivo» que nos impulsa a colaborar.
    Pero, después de tanto rollo, sigo sin tener claro lo siguiente: «¿Somos seres manipulados por un Leviatán y debemos quitarnos la venda de los ojos? versus ¿Somos consustanciales con Leviatán y debemos trabajar nuestro interior? En el primer caso sería urgente salir de la cueva a «Sol»; en el siguiente, buscar conocimiento en lo más profundo de la cueva.

    Pero fijaos que os digo como reflexión a mi mismo. Un acto simple, puede generar una conversación compleja. ¡Qué no podrán hacer actos conscientes colectivos!

    Me gusta

    1. Pues yo llevo un rato pensando «contesto o no contesto, contesto o no contesto…» y ¿sabes para qué? Para hacer trabajar un ratillo al marionetista que mueve mis hilos jajajaja, porque no se lo vamos a poner tan fácil ¿no?

      Por poner una notita de humor que sino la trascendencia se puede llegar a poner de un color feíllo por aquello de no poder alcanzar, nosostros
      mismos, una verdad demostrable o en su defecto alcanzable y nos llenamos de dudas y dudas…

      Bonitos sueños a todos 🙂

      Me gusta

  7. Para mí es muy evidente que los seres humanos actuales tenemos poco de humanos y mucho de animales, y una de las cosas que deberían dejar de existir ya son las guerras. No creo que a estas alturas haya ninguna persona cuerda que crea que la solución a los problemas es ir por ahí matando gente. ¿Por qué se hace entonces? Se han manipulado nuestras emociones y se nos ha lavado bien el cerebro durante siglos con todo eso de «nuestro país», «nuestra patria», «los nuestros»… (Javier lo expresa muy bien en un comentario más arriba) y encima se nos dice que tenemos derecho a la justicia (venganza), cuando la única justicia verdadera es el perdón.

    En cuanto a si Leviatán está dentro o fuera, no sé muy bien qué es eso de Leviatán, lo que yo pienso es que «el sistema» está también dentro e incluso hunde sus raíces en el código genético. Ignoro si hay que desenraizarlo ahí o si se trata simplemente de unir nuestra luz y nuestra oscuridad para que nazca la conciencia crística.

    Difícil y complicado tema.
    Un abrazo a todos/as.

    Me gusta

Replica a Agripina Cancelar la respuesta