Entre iguales


Acabo de llegar a casa. Me he puesto el pantalón de yogui que compré en Calcuta por un euro. Hace unas horas pasaba por el Congreso y la policía que hace tan solo unos días nos aporreaba con la porra, ahora se mostraba amable y complaciente. Llevaba una credencial que me permitía acceder hasta el teatro de la Zarzuela y con el traje gris comprado en el barrio de Salamanca no daba la sensación de que fuera un “antisistema”. Así que entré, y con la suerte de ser “invisible”, pude entrar al palco que estaba justo a cien metros de las personalidades. Así que a menos de cien metros tenía al presidente de la república italiana, al presidente de la república portuguesa, al presidente del Congreso y al rey de España. Todos ellos rodeados de personalidades, de ministros, de exministros, de personas relevantes de la economía y la política. Había un ambiente cordial y respetuoso, lleno de elocuentes discursos en pro de la concordia y la unión de los pueblos del mundo.

Ayer había un sentimiento de horizontalidad. Me gustó esa constante premisa entre los amigos que intentan poner en marcha la iniciativa de One Calendar. Llevé unos libros para donarlos a la sede del WTT de plaza Castilla y así celebrar el encuentro. Alguien creó una estrella con los cinco libros. Me gustó como entre los nueve se creaban sinergias entre Urano y Neptuno, la conjunción que según el profundo astrólogo que nos acompañaba, estamos viviendo en estos tiempos. El amigo K. se quedó dos noches en casa y ayer nos deleitó con una ensalada para cenar.

Mañana voy a conocer a un famoso chamán mexicano que viene a España de la mano de L., el empresario amigo que nos acogió en su casa de República Dominicana. Será un grato reencuentro y será hermoso compartir un rato agradable con gente bonita.

En uno y otro sitio podía ver personas, puntos de luz en la mente de Dios, luminarias vivientes que intentaban comunicarse los unos a los otros utilizando códigos, engranajes simbólicos y a veces arto complicados pero de una sencillez irreductible a los ojos del alma. Por eso en todos los escenarios era capaz de sentirme a gusto, entre iguales. Con o sin corbata, con ricos o pobres, con altos o bajos… No importa si somos capaces de ver al otro como un igual, en la mágica horizontalidad de la visión profunda.

4 respuestas a «Entre iguales»

  1. Pero no habías donado todos los trajes comprados en el barrio de Salamanca?
    Mira que no te gusta a ti ese barrio…
    Todos somos guenos, hasta el más malo de los malos tiene su alma particular.

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    1. Me quedé con tres: uno negro, uno gris y otro índigo para el trabajo… los demás los doné todos al párroco de la iglesia del pueblo y a Cáritas… Había un juego sutil de palabras entre «traje gris» y «pantalón de yoga», entre «barrio Salamanca» y «Calcuta»… 🙂

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