La Ley


A veces podemos oír los pasos y evocar la sombra del desconocido que va con nosotros. En algunos destellos de luz, podemos observar con cierta incredulidad el universo y extrañarnos ante sus misterios. Observamos las fuerzas que operan en todo cuanto ocurre y a veces caemos en la tentación de pensar, de imaginar o de intuir que quizás esas fuerzas estén reguladas por alguna Ley. Y que esa Ley lo impregna todo, y a todos sin excepción. Nos resulta sencillo como humanidad pensante medir, pesar y buscar la profundidad de las cosas que podemos tocar. A sus resultados les llamamos leyes naturales, leyes de la física y leyes cósmicas. ¿Pero qué ocurre con esas cosas intangibles que resultan difíciles de medir con aparatos y teorías elaboradas? ¿Como se puede medir la emoción sentida al escuchar el canto del ruiseñor? ¿Y qué leyes operan en esa emoción que nos hace sentir plenos y dichosos?

A veces tengo la sensación de estar frente a personas que conocen esa Ley Universal. Las distingo porque son silenciosas, observadoras, de ojos abiertos al mundo, observantes y atentos, generosos. Hoy el chamán mexicano hablaba de la ley sin pronunciar palabra. Gesticulaba con sus manos, miraba profundamente al alma del otro. El organizador del evento dijo que el sanador no pedía nada a cambio, excepto que hiciéramos, en su nombre, algún bien al otro en los próximos tres días. También nos advirtió que el noventa y nueve por ciento de las enfermedades y dolencias físicas tenían que ver con nuestra dieta. Aconsejó una dieta vegana, donde no hubiera alcohol, ni tabaco, ni nada de origen animal excepto la miel. Esa Ley que hablaba de generosidad ya no solo con nosotros mismos y con nuestro prójimo sino también con los otros reinos me sonaba y me resonaba. El encanto estribaba en el misterio con que se produce.

La experiencia no ha tenido desperdicio desde un punto de vista antropológico, pero también desde un punto de vista humano. Y digo lo de humano porque hoy comprendía que poseemos en nuestras entrañas un noventa por ciento de animal y tan solo un diez por ciento de humanidad. Por eso aún desconocemos la Ley, y por eso aún nos comportamos como auténticos animales. Con una diferencia: los animales conocen perfectamente las leyes que les rigen y actúan de forma juiciosa. Nosotros, sin embargo, desconocemos totalmente las leyes que han de regir nuestra humanidad y vivimos ciegos y perdidos. Así pues, gran enseñanza la del chamán Constantino. Un hombre que conoce la Ley y la aplica.

2 respuestas a «La Ley»

  1. Yo también fui, acompañando a una amiga, a una supuesta chamana. No entré con ella a la «visita» pero como la puerta estaba abierta se oía y la verdad es que parecía, cuando menos, alguien agradabe. Así me lo confirmó después mi amiga, que salió encantada y con hora para otro día…
    En la segunda «visita» también me quedé fuera pero al oír como hablaba a mi amiga no me quedó más remedio que entrar y preguntar qué pasaba y qué pretendía hablando en ese tono (debía tener mal día).
    Sólo puedo decir que no era una persona razonable, por no decir algo peor. Si realmente era chamana era de la peor cosecha que se dio en aquellos tiempos 😉

    Me gusta

  2. «Los animales conocen perfectamente las leyes que les rigen y actúan de forma juiciosa». Yo creo que no conocen ninguna ley, actúan por instinto. No quisiera ser una mosca en una telaraña, por ejemplo. Te aseguro que el otro día salve a una que emitía unos chillidos horribles. Las leyes que rigen a los animales son crueles, y nosotros -como bien dices- seguimos siendo animales, así que nuestro mundo es cruel, brutal, absurdo y lleno de sufrimientos intolerables. Cuando desde el fondo de todas y cada una de nuestras células gritemos por algo mejor, quizás podamos empezar a tenerlo.

    Me gusta

Replica a Luna Cancelar la respuesta