La vida salvaje


Estaba leyendo, buscando inspiración, el libro de Thoreau donde describía su experiencia de dos años, dos meses y dos días de vida eremítica en los bosques. Quería ejemplarizar que era posible vivir una vida sin cosas. Una especie de aritmética entre la pura supervivencia, la profunda existencia y el saber vivir.

Cuando terminas el ciclo de un proceso, de repente se abren ante la imaginación abstracta una infinitud de posibilidades. Y quiero matizar lo de abstracto, porque la realidad, que siempre se impone, es posible transformarla.

Y en esas ando, reflexionando durante los próximos dos meses, qué camino de mi vida tomar. Lo bonito de mi situación, diría casi lo privilegiado de la misma, es que puedo elegir entre una infinitud de posibilidades. Las más reales pasaban por volver a la Montaña donde allí encontraría refugio durante un tiempo, o compartir piso con alguien que ya se ha ofrecido a ello o alquilar un local y montar un viejo sueño que tiene que ver con librerías, y dormir y vivir de paso allí, al estilo mandarín… También podría viajar al extranjero… Tengo amigos por todas partes del mundo que seguro me darían refugio por un tiempo, o permitirme la libertad y licencia de vagabundear por países lejanos, ya fuera trabajando de camarero o de paje o lo que fuese con tal de experimentar los confines de la tierra.

No le tengo miedo a la aventura, así que también surge con fuerza la idea de marcharme a un pueblo abandonado y terminar mi tesis doctoral entre bosques, montañas y supervivencia pura y dura, intentando recrear la utopía de Walden y seguir las enseñanzas del maestro Thoreau.

Por suerte no debo obediencia ciega a ningún oráculo, de esos que hacen lanzar piedras sin reparar en donde caen. Tampoco debo grillete a ningún amo, más que el sustento diario y la deuda pasada. Y mi Dios, porque todos tenemos un Dios, me abre las puertas del campo para que sea capaz de seguir el curso del fruto que debo dar, sin temor a perder en el camino aquella mala hierba que no crece más que en los bastos dominios de la insensatez. Me atrevo a decir, pues, que estando en un momento privilegiado, debo bucear en el abstracto aquellas realidades que haré caer desde el mundo de los arquetipos. Ensoñaciones decían los antiguos. Posibilidades prefiero sostener. En todo caso, seguir la llamada de la selva, y vivir completamente la vida salvaje de nuestro interior.

4 respuestas a «La vida salvaje»

  1. Yo creo que a ti no te va la vida de una familia «típica», pienso que lo tuyo es la vida comunitaria; una comunidad en la que puedas ir y venir, entrar y salir… , pues también eres una espíritu libre. 🙂

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  2. Creo que lo que decidas hacer debe estar cerca de gente que te quiere.
    Entrar y salir libremente, tal y como apunta mapef, pero cerca de la buena gente que tienes a tu alrededor.

    Necesitas libertad pero a la vez arropamiento.

    Un abrazo 🙂

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