Desde Ginebra


Día intenso. A las tres de la tarde ya estábamos en la sedes de la fundación en la rue de Varembe de Ginebra descargando los doscientos libros que como cada año donamos desde Nous a alguna institución con el propósito de practicar desde la consciencia el apoyo mutuo y la cooperación. La vida, que es justa y compasiva, ha querido regalar a estos peregrinos una noche de hotel que disfrutaremos con sumo agradecimiento. Es lo bueno de sumar fuerzas. El modesto bote de Carlos sumado a la fortuna de haber podido vender estos días algunos libros han podido obrar el milagro de este viaje. Y sumados ambos «troncos de la viuda» nos permiten hacer este tipo de cosas. A algunos les cuesta entender esta forma de viajar basada en comidas a base de frutos secos y hoteles ambulantes con vistas a las estrellas. A veces parece un poco duro, pero con el tiempo, las cosas las recordamos con cariño y diciendo siempre esa frase tan antropológica de «yo estuve allí y vi esas cosas». Es cierto que no todo el mundo es capaz de hacer estas extrañas cosas. Pero si queréis verdadera aventura, no dejéis de viajar por falta de recursos. Juntaros dos o tres amigos y veréis cuan milagrosos resultan los viajes. En todo caso, tras tres horas de intensa conversación con los responsables de la fundación y bonito paseo por Ginebra podemos decir eso de misión cumplida. Mañana, ya sin las comodidades presentes, viaje a Zurich, a la casa de Carl Jung.

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