Huyendo del panóptico


Qué sensación más extraña. Acabo de llegar a casa. He saludado al vigilante de la garita, he contemplado los jardines del residencial con su césped, sus madre selvas y sus grandes árboles, sus pistas de tenis, de pádel, su piscina, la cancha de baloncesto y todas las comodidades y lujos de vivir en un lugar privilegiado. He aparcado el coche en nuestra plaza de parking y he subido hasta un tranquilo segundo y amplio piso en ascensor. Aquí tenemos amplias estancias, grandes armarios por todas partes, calefacción central, dos cuartos de baño preciosos, una cocina amplia, un salón grandioso, habitaciones enormes, luz, una terraza, lavavajillas… Cuando he entrado me he empezado a fijar en esos pequeños detalles tras mi primera incursión en el centro de Madrid, donde la oferta inmobiliaria es de lo más penosa. Por casi el doble de lo que pago aquí lo único que he podido ver han sido auténticos zulos claustrofóbicos, estrechos y sucios, sin un lugar para poder respirar algo que no sea aire rancio. Una auténtica cárcel para alguien que se estaba acostumbrando a los grandes espacios y las vistas privilegiadas. Recordaba mi casa de más de cuatrocientos metros de acristaladas vistas al bosque y a la campiña, a ríos y montañas, con sus tres plantas y sus cuatro lavabos y sus siete habitaciones y sus dos salones y su chimenea y su inmenso jardín y… Y he sentido cierta pena interior… No por lo que uno va perdiendo en el camino, sino porque parece como si todo fuera a peor, como si hubiera renunciado expresamente a un mundo de libertades para ir poco a poco encerrándome en un panóptico escalofriante. Creo que no me puedo permitir ese lujo, creo que debo recapitular qué hacer y cómo hacerlo y hacia donde ir sin terminar desquiciado en veinte metros de cárcel oscura. Un pájaro encerrado en esa jaula de hierro no puede más que sucumbir… Veremos qué hacemos… Lo que es evidente es que no apreciamos las cosas en su máxima delicadeza y amplitud hasta que no las perdemos…

2 respuestas a «Huyendo del panóptico»

  1. No decaer es lo primero…has de seguir con empeño e ilusión la búsqueda de ése lugar que seguro espera tu llegada. Ya verás como el cielo conspira para mostrarte el camino…persiste Javier.
    Mucha fuerza y energía te mando desde la montaña morena.
    Abrazo fuerte

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  2. Solo sobrevive -en tu caso vive- quien se adapta.

    ‘Todo el que disfruta cree que lo que importa del arbol es el fruto, cuando en realidad es la semilla. He aqui la diferencia entre los que creen y los que disfrutan’ Nietzche

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