Sobre las canillas del llanto


Hay esferas de luz ahí fuera, estrellas, luminarias, espejos, farolas, tenues lucecillas que intentan aportar algo de lucidez en un mundo tan oscuro. También aquí dentro, junto con sonidos que golpean las canillas del llanto, amapolas que nos arrastran hacia un lugar plagado de flores. Voces y trampolines que giran hacia el abismo que susurra en los adentros.

Cuando veo los cadáveres de los niños palestinos, algo se conmueve dentro de mí, algo espantoso y terrible, detestable. Algo horrible por pertenecer a esta raza de malditos, algo que me aleja de mis propias penas, de mi propia injerencia en el mundo marchito. ¿Dónde está el cantar del ruiseñor? ¿Dónde la fragancia de la rosa? Son imágenes duras que intentan parchear los momentos de incertidumbre, de pena y de dolor. Cuesta entender porqué ocurren ciertas cosas. Cuesta entender porqué el ser humano muestra su peor rostro. Cuesta entender tantas y tantas cosas… Dolor… hay mucho dolor ahí fuera… y también aquí dentro…

Necesitamos amaneceres, necesitamos luminarias, necesitamos luz, más luz, para llenar de claridad todos nuestros sombríos pavimentos. Lucecillas, amapolas, ruiseñores, abrazos, ternura, calor, amor… mucho amor…

3 respuestas a «Sobre las canillas del llanto»

  1. Mi querido Javier…siempre me revuelves los adentros…que suerte poder leerte. Venga, que tenemos que seguir caminando y mis amaneceres son más despiertos y humanos gracias a tus escritos 🙂
    Abrazo

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