Un día de no-dualidad


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Llevaba días escribiéndome con autores especializados en la no dualidad y en el advaita para poder editar un libro sobre este interesante tema en los próximos meses. Sentía esa emoción del descubrimiento y la revelación cuando ayer, a eso de las cuatro de la madrugada, me desperté tras una corta pero intensa actividad onírica. Lo hice pensando en la no-dualidad y en lo hermoso que resultaría poder poseer constantemente esa experiencia de Unidad con todas las cosas creadas.

Dicen los místicos experimentados que esa Unidad es uno de los eslabones a los que se aspira cuando en el sendero de iniciación has consagrado tu vida a cierto propósito mayor. La rebelión de la consciencia pasa inevitablemente por esa nueva emoción de integración. Se penetra en una interpretación desidentificada, donde no hay método ni paradigma que guíe nuestros pasos, sino una absoluta integración, no tan solo intelectual, sino total, con la realidad Una. Esto se puede traducir, según algunos expertos como “la destrucción y transcendencia de la identificación con el ego separativo y con la mente personal y sus pasiones, en la unidad de consciencia transmutadora de cualquier oposición o resistencia egótica”. Dicho en pocas palabras, se transciende al ego y la personalidad y se abraza al alma y el espíritu de todas las cosas.

En esas cosas pensaba mientras abrazaba al nuevo día tan de madrugada, en un silencio impecable y donde las sensaciones son diferentes si se está al margen de las necesidades y los temores. Tras hacer alguna meditación y lectura obligada, me puse a trabajar hasta las siete de la mañana. Pude avanzar mucho trabajo de tal forma que luego el día entero transcurrió de forma extraña y diferente.

A las doce del mediodía, tras una segunda mañana intensa, un tal Moisés de Sevilla, había comprado uno de mis libros, “Apoyo Mutuo y Cooperación en las Comunidades Utópicas”. Justo unos minutos antes de que saliera corriendo hacia esa ciudad, donde debía dejar una caja de libros urgente en la Consejería de Cultura. Cuando llegué al centro, quiso la vida que la calle principal estuviera cortada y tuviera que perderme por un laberinto de calles hasta llegar a la céntrica Conde de Ibarra. La pérdida provocó un hermoso e increíble descubrimiento por esas calles de la Sevilla antigua que no conocía, y también provocó que llegara media hora tarde al encuentro que tendría con un hombre bueno y excepcional, con el exquisito J., con el que disfruté de un entrañable almuerzo en el restaurante vegetariano Gaia.

Cuando terminamos, aproveché para llevar, dos calles más arriba, el libro a Moisés. Casualmente él salía del portal de su casa cuando llamaba al timbre. Me miró a la cara asombrado mientras le entregaba el paquete porque tan solo hacía unas horas que lo había comprado. Y lo hizo con incredulidad absoluta porque además, era el propio autor quién le hacía entrega del libro. Antes de que pudiera reaccionar me fui corriendo al coche y me dejé llevar por los pensamientos hermosos de la no-dualidad que había tenido por la mañana.

Así, fluyendo, terminé en el Aljarafe sevillano, tierra antigua de Tartesos y romanos, donde vive un amigo que por motivos de una ruptura sentimental lo está pasando mal. No pude localizarlo, pero cuando salía del Aljarafe, había unos chicos pidiendo autostop. De repente paré sin saber donde iban y me dijeron que a Portugal. Respiré por un segundo y me dije: “Pues vamos a Portugal”. Llevaban todo el día esperando y no habían conseguido que nadie les subiera. Les dije de broma: «es porque me estabais esperando». Rieron mientras comentaban lo difícil que resulta viajar a dedo en España debido al miedo de la gente y la desconfianza, cosa que no ocurre en el resto de Europa. «¿Por qué tú nos has parado?» Preguntaron algo incrédulos. Y les dije: «Porque no tengo miedo». Y porque también he sido estudiante y sé a la perfección lo que significa eso del apoyo mutuo y la cooperación que tanto se destila en los pisos de estudiantes, donde todo es de todos y donde el compartir forma la base de cualquier relación. Es lo bonito de ver mundo, comentábamos.

Eran estudiantes de Erasmus, dos hermosas chicas, una polaca y otra francesa y un chico alemán casualmente de Kassel, una población que conozco bien porque estuve allí en una comunidad utópica (Lokomuna) cuando vivía en la universitaria ciudad de Göttingen. Así que tuvimos muchas cosas que compartir durante el trayecto improvisado que duró hasta cerca de Faro, en el sur de Portugal. Allí los dejé tras un bonito viaje por el increíble y hermoso Argarve portugués, aprovechando la no dualidad para visitar lugares como la espectacular Tavira.

Estando tan cerca de Ayamonte, no podía dejar la pasar la oportunidad de parar y autoinvitarme a cenar en la casa del amigo MJ, donde, casualmente, también estaba la común amiga M. Me recibieron con alegría y emoción compartida por la sorpresa. Pasamos una bonita velada hasta que me marché, llegué a casa tarde, tarde, tarde y me fui a dormir cerca de las cuatro de la madrugada, justo a la misma hora en la que 24 horas antes me había despertado. Estaba tan cansado que paré durante una hora a dormir en alguna parte de la campiña sevillana, viendo la inmensidad del cielo estrellado en la fría noche andaluza.

Así que me acosté impresionado por la enseñanza de la no-dualidad, donde el fluir me llevó mucho más lejos de lo que había “programado” en mi propia y limitada mente. Me imaginé viviendo constantemente en esa no-dualidad y en fluir constantemente con la vida y su misterioso propósito, sin resistencias, sin miedos, sin ataduras, sin muros infranqueables… Solo tendiendo puentes a la realidad y superando con ello todas nuestras limitaciones.

Mágico… porque de alguna forma, todo está unido. Ayer había una unión extraña con el anónimo Moisés, con el amigo J., con el Aljarafe, con los jóvenes estudiantes, con Portugal, con los amigos MJ y M., con el viaje, con la propia vida, con la noche estrellada. Extraña porque no somos capaces de entenderla, y no somos lo suficientemente valientes para dejarnos constantemente llevar por ella. Me di cuenta cuando la hermosa chica polaca me miró a los ojos y dijo: “vente con nosotros a Lisboa”. ¿Qué hubiera pasado si hubiera seguido fluyendo? ¿Hasta dónde nos hubiera llevado la vida? Sin duda, hacia el vasto campo de la experiencia…

(Pd. Y mientras escribía todo esto y reflexionaba sobre el fluir de la No Dualidad, un entrañable compañero de viajes y aventuras me llamaba emocionado diciendo: nuevo destino para Kili-Kili & Kolo-Kolo: El Salvador en febrero… Así que a fluir y a trabajar duro para preparar la nueva aventura no-dual).

4 respuestas a «Un día de no-dualidad»

  1. Querido Javier, os hago una pregunta sincera y que me interesa mucho saber vuestra opinión;
    Crees que con las obligaciones que conllevan la familia, el cuidado del hogar o un trabajo absorbente ¿puede dejarse fluir una persona por esa NO Dualidad??
    De que forma se hace?
    Solo te dejas hasta cierto punto?
    Parecerá extraña la pregunta, pero para mí tiene su por qué…también andamos por tiempos revueltos 😦
    Gracias y abrazo fuerte

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  2. Me pone contento ver, que te estas adelantando a la nueva conciencia que viene. Vivir en la UNIDAD de todo lo percibido.

    Esa conciencia sera natural y real a partir de ahora en mucha gente. Y va a transformar todo, todo, absolutamente todo.

    Sera vivir sin ego, limitaciones, miedos etc.

    Felicidades y sigue experimentando….

    Y crea frecuencias para que otros sintonicen, a traves de ti, con esos estados, asi les ayudas a subir a ese maravilloso lugar que es LA UNIDAD.

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