El Camino del Loco


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«Ecce nunc patiemur philosophantem nobis asinum?» (¿Es que vamos a sufrir que un loco nos venga con filosofías?) Lucio Apuleyo, El Asno de Oro, Libro X.

Fue a finales de febrero, a la altura del 400 del Lincoln Road, comiendo un bocadillo de setas con cebolla y queso fundido en el Paul, un agradable restaurante de Miami Beach donde recibí, tras nuestro loco viaje por República Dominicana, la noticia de que el banco había aceptado la compleja operación de la dación en pago a cambio de la condonación de la deuda de la que hasta ese día había sido mi casa, mi hogar, mi refugio. A partir de ese día todo fue muy rápido. A veces pienso que demasiado rápido porque casi no da tiempo a digerir las noticias.

Lo cierto es que nada más pisar España, procuré que la pérdida fuera lo menos dolorosa posible para mí y los míos, así que hice de tripas corazón y procuré inyectar dosis de alegría por la “buena” noticia”. Mudé mis libros y algo de ropa al pequeño refugio que la familia conserva unas calles más abajo y el resto prácticamente lo regalé. A las pocas semanas ya estaba de nuevo haciendo maletas y trasladándome a Madrid hasta que encontramos La Sacedilla y allí nos quedamos.

Como digo, todo muy rápido, porque a los pocos meses, y de esto hace dos semanas, mudé de nuevo los libros y algo de ropa al pequeño refugio que la familia conserva en la Montaña, y el resto lo regalé. Mi tercera mudanza en un solo año parecía provisional porque por dentro crecía la semilla de volver de nuevo a Madrid sin saber cómo ni con qué pretexto. Pensé espaciarlo en el tiempo, al menos hasta la próxima primavera, un momento propicio para cambios y vueltas a empezar, pero la vida corre y corre, y tan solo hace unos días, me llama un amigo para decirme que se le ha quedado libre un apartamento en el mismo centro de Madrid, lugar al que, por intuición, deseaba volver lejos ya de periferias y experimentos.

Así que hoy, víspera del fin del mundo y del solsticio de invierno, me veo de nuevo envuelto entre maletas y paquetes que albergan, al menos, dos unidades de los más de cien libros editados hasta ahora. Mañana toca cargar de nuevo el coche en la que será mi cuarta mudanza este año para enfrentarme al nuevo reto. Y el reto, aunque estoy cansado, para que vamos a mentir, requiere disciplina y movimiento. Un movimiento que mañana se verá culminado con mi nueva serie de viajes hasta que de nuevo estén todos los libros otra vez en la capital del reino.

Quizás todo esto tenga que ver porque hace unos días que agoté mi última dosis de Sulphur a la 30CH y esto provoque cambios inmediatos en mi ya agitada vida. Aunque quizás tenga más que ver con lo que Mark Hedsel describe en su fabuloso libro El Celador (libro que editaremos próximamente en Nous) con respecto a esa agitada vida que todo Loco lleva por antonomasia. Una vida, por cierto, acorde con los signos de los tiempos que nos ha tocado vivir.

Decía Mark que el camino del Loco es el del peregrino independiente que recorre la senda del espíritu. Es el camino del Ego en desarrollo, el camino de la experiencia o pathein, en griego antiguo. El Loco es un errante que persigue la vía secreta a costa de perderlo todo sin ningún tipo de remordimiento. Al igual que la esencia espiritual del reino vegetal es el perfume de sus flores, el Loco entiende que existe una esencia de igual valor en el reino humano, y su fijación es perseguirla y alcanzarla. Por eso cuando estaba en el Lincoln Road suspiré agradecido, como lo hago ahora, ante el nuevo devenir. Sólo el Universo sabe porqué se tejen este tipo de experiencias para el alma, y solo ante él podremos ser juzgados el día del juicio final, es decir, mañana. Así que hoy, en la magia de un día singular con una fecha única (20-12-2012), volvemos al Camino…

Firma: El Loco de la Montaña…

(Foto: Despidiéndome, una vez más, de mi siempre provisional refugio en la Montaña…)

5 respuestas a «El Camino del Loco»

  1. ¡Hola Javier!; ¡¡guuuau!!; es impresionante. Tengo que agradecerte de todo corazón el hecho de que hayas publicado este magnífico y maravilloso libro indescriptible. Lo compré de sorpresa el pasado 20 de marzo de 2015, dado que él me encontró a mí (y no yo a él) en la librería de una población alicantina. A pesar de llevar bastante tiempo metido en todos los temas herméticos, nunca había leído nada tan sincero y verdadero. Estoy ya en la segunda lectura y tengo para rato, pues he iniciado una ruta mistérica de exploración interior gracias a Hedsel. Eterno e infinito agradecimiento hacia ti, ya que desconocía su existencia, a pesar de la anterior edición de Martínez Roca, en 1999, que jamás se cruzó en mi Camino y teniendo en cuenta que en aquella época estaba muy metido en el esoterismo iniciático; pero claramente no era el momento ni tampoco yo estaba preparado. ¡Ah! y espectacular el título que le habéis puesto. Me gusta y me conecta mucho más «El Camino del Loco». Gracias. Gracias. Gracias.

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    1. Gracias querido Pedro. Me alegro que ese libro llegara a tus manos y me alegro que hayas disfrutado con su lectura. Fue un gran esfuerzo por nuestra parte poder editarlo. Pero sólo porque a una persona le haya servido ya mereció la pena. Así que gracias por tu testimonio y gracias por tu aventura.

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