Día uno en Malasaña


Me he despertado antes que el sol en un día gris, el primero de invierno, pero de agradable temperatura. Un domingo por la mañana la ciudad está dormida excepto para borrachos vomitando en las aceras, algunas prostitutas que apuran las primeras horas del alba y el regimiento de barrenderos que limpian a toda prisa los restos de la movida madrileña. Malasaña, a estas horas, es un lugar tranquilo.
Como la casa aun está inhabitable, he paseado hasta la calle San Marcos esquina con Hortaleza donde hacen unos riquísimos desayunos por tan solo dos euros. Y ahora ando en la Gran Vía buscando entre los grandes almacenes algún lugar donde vendan pintura y mil enseres necesarios para la pronta supervivencia. Empieza de nuevo, y otra vez, la lucha.

2 respuestas a «Día uno en Malasaña»

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