Cena de Navidad


la foto

He aquí que viene tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un asno. Él suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén, será suprimido el arco del combate y él proclamará la paz a las naciones” (Zacarías, 9,9).

Nadie podría imaginar que en un perdido establo cerca de Belén naciera la luz del mundo. La humildad elegida no entraña misterio, sino que nos abre las puertas al verdadero Misterio. La Luz del Mundo, nacida entre humildad y pobreza, el alma que busca manifestarse en las pequeñas cosas, en lo rudimentario, en la más absoluta discreción, en silencio, sin nada más que llevar al mundo excepto esa enseñanza humilde. Esa fue la gran enseñanza: “aprendan de mí a ser mansos y humildes de corazón” (Mt 11, 25-30). Dijo Jesús: “Yo te bendigo, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los sencillos y a los pequeños”.

No podría ser de otra forma que honrar el advenimiento de ese entrañable espíritu con humildad, siguiendo su ejemplo, en silencio, aprovechando la rebeldía cósmica para instaurar ese nuevo orden que reclama volver a las esencias del mensaje primigenio, alejándonos del ruido y penetrando en la belleza de este acontecimiento. Ya sea desde el culto pagano, desde la sencillez del rito cristiano o desde el recogimiento interior, estos días nace la Luz del Mundo, y honrarla forma parte de nuestra propia honra y dignidad. Aprovechad y amémosnos los unos a los otros como él nos amó, y haced de esta fiesta un profundo homenaje a la Vida que nos recorre. Feliz nacimiento de la Luz en vuestra cueva interior.

(Foto: Cuando era adolescente solía rebelarme ante la hipocresía y la perturbación de un momento especial y cuyo sentido se ha pervertido y desvirtualizado. Y solía hacerlo alejado del mundo, con un plátano como manjar a modo de protesta en la cena de Navidad. Ha querido la vida que me haya encontrado de nuevo aislado, con ese plátano como cena navideña, recordándome una y otra vez la grandeza de las pequeñas cosas, de los pequeños gestos, la lucidez del rito y el ritual consagrado a la vida y sus misterios. Este es mi humilde testimonio: no es desdeñable esa luz encendida junto a un humilde plátano, incienso y la Palabra Perdida presidiendo la mesa. Y la Luz, que no conoce de caminos, busca en la oscuridad cualquier oportunidad para manifestarse. Que así sea, por siempre.)

8 respuestas a «Cena de Navidad»

  1. Bonita rebeldía, pero… teniendo padres, no entiendo que no pases este día con ellos.
    Hoy siento especialmente tu soledad porque mi hermano también está solo esta noche, por motivos de trabajo, a pesar de tener mujer e hijos. Ya ves, tener pareja no siempre garantiza la compañía.

    Un cariñoso abrazo.

    Me gusta

        1. Te cuento, me cai por aquí a traves del blog de M.C.
          Creo que en un comentario te pregunte si vivias en Marte.
          Te deseo que los vientos te sean propicios para el año que entra.
          Angel César.

          Me gusta

Replica a mapef Cancelar la respuesta