¿Miedo o amor?


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Cuando trabajaba en mi árbol genealógico, entendí la extraña comunión del destino que me une a mis antepasados. Tuve el fuerte presentimiento de que estaba bajo la influencia de actos y problemas que quedaron incompletos, no resueltos por mis padres, mis abuelos, y mis otros antepasados. Tuve la impresión de que a menudo en la familia hay un Karma impersonal transmitido de padres a hijos. Siempre pensé que tenía que responder preguntas ya hechas a mis antepasados o que tenía que concluir, o continuar los problemas no resueltos previamente” C. G. Jung

Jung tenía razón, tenemos deudas pendientes con nuestro árbol genealógico. Deudas que de alguna forma nos corresponde pagar, ya sea a modo de karma filial o compromiso con aquellos que permitieron que hoy estuviéramos aquí. Es una cuestión difícil porque nunca sabemos como afrontar algo que no nos pertenece excepto a oscuros apartados de nuestra consciencia. Creo, como Jung, que no solo heredamos genes físicos, rasgos de caracteres indefinidos, sino, además, algo de alma familiar.

Esa es sin duda nuestra lucha, porque si observamos bien nuestras vidas, un noventa por ciento de nuestras decisiones no son realmente nuestras, sino que están impuestas desde algún “yo” antepasado. ¿Cuántas cosas decidimos realmente por nosotros mismos?

Eso se ve claramente en las relaciones de pareja. El noventa por ciento de las cosas que hacemos y decimos cuando estamos ante nuestra pareja no corresponde con lo que verdaderamente sentimos por ella, sino por lo que nuestro subconsciente e inconsciente perciben de la amenazante realidad. Y normalmente esa percepción está basada en un solo requisito: el miedo. Miedo al compromiso, miedo al qué dirán, miedo al error, miedo a la entrega, miedo, en definitiva, al amor. Y cuando el miedo vence, buscamos quejas, cosas que nos separan, excusas, diferencias, pretextos, exigencias y un largo etcétera de exquisitas bombas de nitrógeno capaces de dinamitar cualquier tipo de relación. En cambio el amor, el verdadero amor, solo alza puentes indestructibles, alianzas y arco iris multicolor allí donde antes había tormenta y rencor.

Por eso es necesario resolver esa extraña comunión de la que nos habla Jung, y solo se me ocurre hacerlo de una forma: amando. Entregarte al otro sin esperar nada a cambio, dar todo lo que puedas, hasta que duela, con tal de crear espacios comunes y relación. Porque amor es relación, no es miedo, ni evolución, ni reflexión, ni autismo, ni soledad. Así que vamos todos al fango, relacionémonos los unos a los otros, sin miedo, con amor, entregándolo todo, dándolo todo, y disfrutando con todo… Lo demás, si tiene que venir, ya vendrá por añadidura.

6 respuestas a «¿Miedo o amor?»

  1. Me encanta que lo escribas. y creeme cuando te digo que lo intento cada dia, no esperar, no tener miedo, ser feliz dando… pero el miedo es como el agua, no lo ves y en un instante sientes el pie mojado….

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    1. Cuando sientas que el agua del miedo empieza a mojarte, lánzate a su piscina y chapotea, nada y canta todo lo fuerte que puedas… ¿no hacemos eso cuando tenemos mucho miedo? Y entonces, algo nos dice que no estamos solos, y que el amor, aún es posible… 🙂

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      1. Me gustaria, cuando el miedo es mas grande que yo me encoge y limita, como es posible que siempre parezca invencible aun cuando siempre estas luchando con el.
        quizas me falta el cantar.. lo mismo asusto yo al miedo¡¡

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  2. Qué bonita la frase de «la pintada».
    En mis relaciones, yo nunca he tenido miedo a lanzarme al vacio,las he vivido intensamente , no todos los recuerdos son agradabels, pero todo forma parte de mi bagaje emocional, ahí está.
    eva

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  3. Entre las cosas que me hacen ser de este mundo,destella el amor en que creo…el amor real.
    Nadie ama si en tal amor no satisface grietas de su existencia personal.

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