Tener algo que decir y decirlo, únicas reglas para escribir


la foto

«Siempre demos ,sin esperar nada a cambio, el gozo de saber que hicimos lo debido será nuestra mayor recompensa«. Kalil Gibran

Decía Oscar Wilde que solo existen dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Realmente ese es mi único afán cuando escribo. No busco honores ni palmaditas en la espalda ni ningún otro tipo de recompensa anímica. Escribo desde que tengo uso de razón y me enseñaron a hacerlo. Y desde entonces no he podido parar. Cuando mis parejas se enfadaban porque me pasaba mucho tiempo escribiendo, me costaba hacerles entender que mi pasión siempre había sido esa, y que no podía renunciar a la misma. Además, la escritura es terapéutica y ayuda a clarificar mucha sintomatología emocional y espiritual. Es el mejor vaso conductor de ideas y emociones, de experiencias y arquetipos, y su poder es tal que puede transformar naciones enteras. Sin embargo, mi modesta aportación al mundo literario no pretende nada en especial, ni cambiar nada ni a nadie, excepto eso, el compartir, el dar…

Antes escribía cientos de epístolas al mes. No paraba de escribir cartas a unos y a otros todas a manos y redecoradas con algún artilugio o dibujo. También artículos de opinión que me publicaban en diarios y periódicos provinciales. Aún recuerdo la emoción de mi primer artículo publicado. Lo titulé “La Nausea”. Recuerdo que paseaba por todas los quioscos y librerías de la ciudad para ojear la página número cinco donde estaba en primera plana y a toda página mi primer artículo con foto incluida. Sentí una emoción extraña. La misma que sentí cuando terminé mi primer libro y la misma que ahora siento cada vez que me pongo frente al ordenador y me dejo llevar, como hipnotizado, por el arte de la escritura.

Las tecnologías han creado cierta magia. Ahora no hace falta editar artículos encorsetados en periódicos o revistas, intentando ajustar tu pluma y estilo al formato de turno. Ahora puedes hablar de lo que quieras sin miedo al tabú o al qué dirán. Sin importarte si agradarás a unos u otros o si te publicarán o no ese dichoso artículo. La libertad es máxima y solo la esclavitud de nuestros complejos nos impiden, pocas veces, a hablar con cierto pudor.

Dice un viejo adagio que la misma mente que te ata es la que puede ayudarte a liberarte. Estos días de encierro en el zulito sentía cierta sensación extraña. No hago más que mirar este lugar e interrogarme sobre muchas cosas. Siguiendo el viejo adagio, tras zamparme un bocadillo de tortilla de patatas (las patatas eran de bolsa, chips al punto de sal) he cogido mis mallas de invierno, he marcado el paquete oportuno (mejor dicho, le paquete o el paquetillo, tan atrofiado el pobre de no darle uso), he alzado mis pantorrillas sobre el caballo-bici y me he dado una vuelta por el parque del Retiro. Necesitaba un chute de luz, y allí había mucha a media tarde. También recuerdos, muchos recuerdos, de cuando iba con el niño a jugar a la pelota y hablábamos de cómo ayudar a los pobres de África. ¡Qué gran hombrecillo ese generoso y despierto ser!

Al enfundarme en las mallas de invierno he notado que mi cuerpo se ha atrofiado algo porque enseguida mi curvada espalda ha empezado a quejarse y mi abultada barriga (ay mis galletas) ha empezado a crujir extraña y perezosa. Cuando descuidas al cuerpo un tiempo se vuelve atrozmente amorfo y requiere de disciplina para volverlo a su posición normal. Pero lo importante era salir a la luz, y hacerlo en Madrid siempre es un lujo.

El amigo J. me preguntaba esta mañana porqué he elegido venir a Madrid en estas condiciones de “oscuridad”. Mi respuesta ha sido la siguiente: “venir a este zulo era el umbral necesario para volver a Madrid. Soy consciente de que es un lugar de paso, sólo tengo que disciplinar mi realidad y afrontarla con fortaleza. Eso no quita la marea emocional (agua, río es un río, fluir con el instante… hay un doble juego de palabras y mucho símbolo en todo lo que escribo), la cual tengo que ir manejando con la soltura que reclama el momento. Es cierto que esto es como encerrar una flor en una caja de zapatos. Solo puede marchitarse… o buscar una raja por donde pueda rebrotar hacia la luz. En esas estamos, sólo necesito algo de paciencia y todo llegará, estoy convencido. La caverna es donde nace la luz en la primera iniciación. Y en el plano de la manifestación tocaba caverna, cueva, y ahora, por un tiempo, el umbral para afrontar la segunda, el bautismo”…

Sin duda, hay una escritura dentro de cada escritura. Cuando hablaba el otro día sobre el río quería decir muchas más cosas. El lenguaje es capaz de obedecer a códigos ocultos, a mensajes que nos pueden revelar mucha más vida de la que en apariencia brota negro sobre blanco. Hay señales, guiños y cierto hermetismo simbólico en cada palabra y en cada gesto. Los arquetipos siempre son aliados que nos ayudan a entablar un doble diálogo entre lo aparente y lo profundo. Las parábolas siempre han encerrado un gran conocimiento arcano sobre hechos que a simple vista puedan resultar sencillos. Por eso un río siempre es un río… Palabra perdida, verbo creador, o la palabra no es la cosa, del querido Krishnamurti.

Pero escribir es ante todo un acto de generosidad, porque en el fondo, dedicar un tiempo a la escritura no solo sirve para practicar apasionadamente lo que más me gusta, sino, además, el poder hacerlo en un formato que permita que todos cuantos quieran puedan leer estas vomiteras y si es su deseo, de forma libre, comentarlas. No hay más pretensión que esa. Siempre dar sin esperar ninguna recompensa. Y que cada uno de lo que más le apasiona y gusta. Bueno, pues sirva este como mi regalo de Reyes… Un poco de incienso, un poco de mirra y el oro de estas letras.

5 respuestas a «Tener algo que decir y decirlo, únicas reglas para escribir»

  1. Pues gracias por la parte que me toca 🙂
    Verás Javier, yo creo que el zulito es una acampada de paso y que no te vas a mustiar en él…Mas bien creo que vas a salir de la cueva mucho más brillante e iluminado…porque toda la luz que te falta en la cueva, la estas irradiando a tu interior 🙂 estas sembradito je je

    Me gusta

  2. ¡Cuánto humor! 🙂 Creo, no obstante, que deberías cambiar un poco la parte culinaria, ¿qué es eso de hacer una tortilla con patatas de bolsa? Si es lo que ofreces a tus novias, no me extraña que terminen marchándose, jeje…

    En cuanto al «zulito», lo puedes mejorar abriendo de par en par las ventanas (supongo que tendrá alguna exterior), comprando un ionizador de aire, colocando jarrones con flores blancas, muchas plantas que te gusten, y luces (lámparas de todo tipo). Utilizar ropa de casa blanca (fundas de sofás…) también ayuda.

    Gracias por el regalo de Reyes, me he reído mucho. 🙂

    Me gusta

Replica a Isabel Cancelar la respuesta