Entre bandas sonoras


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«El hombre loco busca la felicidad en la distancia, el sabio la halla bajo sus pies» James Oppenheim

«Podemos ir danzando según pasan los momentos… con o sin reflexión, el momento Es… así que la música será como un gerundio imprescindible… y si no llega…siempre nos quedará Stay Still… la que ahora escucho mientras me visto para salir a una reunión de trabajo»…

Acabo de llegar a casa mientras recordaba las últimas frases antes de marcharme. Lo primero que he hecho ha sido quemar una barrita de incienso y poner la música que resultó ser la banda sonora del vuelo mágico. Anna Scott y su chelo me han adumbrado y mecido toda la tarde, quizás porque cuando la escucho me transporta a lugares lejanos y a momentos aún no escritos, pero ya registrados en alguna memoria.

Así que con el susurro de ese viento misterioso, de esa letanía de lo cercano, marché andando hasta la Glorieta de Bilbao. Allí había quedado con Vicenta, excelente persona y escritora del libro “Abogados autoresponsables”. Abogada de larga experiencia, y atípica soñadora que durante más de dos horas me ha mostrado su mundo de esperanza, utopía y caminos. Da gusto editar a gente bonita, gente generosa, apartadas de la necesidad imperiosa de vanidades, recompensas y éxitos. La escasez de ego y la grandeza de esa necesidad por compartir iluminan a seres como Vicenta. Y cada vez siento más la necesidad de acercarme a este tipo de personas que se esfuerzan por aportar alegría y luz al mundo. Últimamente disfruto más con aquellos que son capaces de ver en la pobreza una oportunidad y en la riqueza un camino para compartir. Personas que lo han tenido todo o lo han perdido todo, qué más da, porque por dentro, su integridad y sus valores siguen intactos.

Me hablaba Vicenta de lo hermoso que es aprender en pareja. De la majestuosidad de ver en el otro tu propio espejo donde poder ver todo tu lado oscuro y sanarlo. Apreciaba, por su oficio de abogada, esas inevitables rupturas que durante años no hacían más que condenar al otro, criticarlo y amordazarlo en sus errores, sin ver en todo ello una oportunidad, una prueba que la vida nos pone de frente sobre todo aquello que no nos gusta de nosotros mismos.

Da gusto conocer a gente bonita. Da gusto poder ver que ahí fuera hay un mundo por explorar y conocer, y una oportunidad increíble para hacernos más humanos. Me he despedido de Vicenta alegre y feliz, deseándole el mayor de los éxitos literarios, pero sobre todo, deseándole el mayor de los éxitos humanos. El segundo ya lo consiguió. El primero será cuestión de tiempo. Todo se andará… Mientras… seguiré escuchando la música de las estrellas, hasta la saciedad…

Pd.- «Estoy convencido de ello… los sonidos son como mantrans, como poderosas armas invisibles capaces de derrumbar Jericó entera… primero fue el verbo… la palabra perdida de los ritos iniciáticos… el sonido es mágico, la palabra es poderosa… y siempre nos transforma, creando nuevas redes o desarmando lo caduco… ¿qué muro derrumbaremos hoy? ¿qué cielo conquistaremos? nada nos turba si conspiramos…»

2 respuestas a «Entre bandas sonoras»

  1. Por suerte, hay gente bonita por todas partes y a cada paso que damos. Sin embargo, creo que existe cierto pudor a darse a conocer, a abrirse al desconocido; pero también es verdad que, en la mayoría de las ocasiones, una sonrisa o un gesto les delata. Entonces piensas: aquí hay buena pasta humana 😉

    Es tan bueno estar atentos…

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