Lo cotidiano profundo: hacia las puertas de la belleza


vuelo

Que alguien te haga sentir cosas sin ponerte un dedo encima, eso es admirable”. Mario Benedetti.

Ayer una hermosa dama me abrió las puertas de su alma. Surgió de repente una hermosa conversación. Empezamos a respirar y de repente andábamos conspirando, que es la acción de respirar juntos. Realmente fue emocionante, porque cuando menos te lo esperas encuentras a alguien que habla un mismo idioma, o si me permiten la licencia, vibra en una misma onda. Es una onda invisible y transparente, silenciosa, que se respira, y según estés conectado, la captas y la absorbes. Y entonces se crea una especie de comunión, de diálogo entre esferas que palpitan al mismo tiempo, de almas peregrinas que se reencuentran en el no tiempo y en el no espacio. Y ocurre que se puede sentir la sangre del otro recorrer cada ápice de piel, y el aliento vital que transporta la memoria de los tiempos, y el rugido silencioso de la vida que le atraviesa.

Ya no recuerdo su nombre, ni su país lejano, pero su vibración aún pestañea y aletea en la música de este espejismo, de esta ficción. Y ella me habló de la belleza que hay en lo cotidiano profundo, y entonces hablamos de uvas, y de espirales, y de libros de agua, donde podían leerse las promesas de la vida eterna. Y allí aparecieron de repente los Misterios menores, y sus hermanos mayores buceando entre mares y mamparas de algodón.  Y la memoria suspirante, la akásica, sentida y escrita con el fuego vital, el aire de los reinos azules y las fuentes de la vida, que al fin y al cabo, es lo que nos recuerda todo. Dicen que eso es la vida, recordar… recordar lo que somos, de donde venimos, y adonde vamos… mares de misterios… mares de memoria.

Y fue ahí, en ese instante, que aparecieron las espirales, y la red de agua, y esa memoria que está en el aire. Y respiramos, esta vez juntos, sin miedo a lo desconocido, y al hacerlo con profundidad y sentido recordamos todo lo que somos, porque todo el universo, a cual holograma, entra dentro de nosotros, nos posee y sentimos toda la vida que nos recorre. Esa red de luz y aire que entra en nosotros y que nos rodea silenciosa e invisible.

Qué hermoso fue conspirar con esa desconocida anónima, sentados en un banco galáctico, compartiendo un momento mágico entre las estrellas de oriente y las profundidades oceánicas de los mundos angélicos. Platicando sobre la mística cotidiana, de lo simple, condensada en galaxias que se comparten sin mayor recompensa que la de sentir la vida y experimentarla desde el latido acelerado. Así que gracias por el vuelo mágico, que diría Eliade. Me quedo sentado en la plaza, esperando, hasta el próximo encuentro, que será bello, cotidiano y profundo.

Pd.- La espera en la plaza tuvo recompensa, y las llamas del abismo se llenaron de música celeste: https://soundcloud.com/annascottcello-1/anna-stay-still

3 respuestas a «Lo cotidiano profundo: hacia las puertas de la belleza»

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