Lo decía un poeta querido que ya murió, pero que nos dejó mil versos y mil enseñanzas. Y hoy salía la anécdota en una conversación con un buen amigo. El me preguntaba con cierta extrañeza como podía acostarme con mujeres sin acostarme con ellas. Es decir, compartir una cama, a veces incluso desnudo, sin practicar sexo. Para un hombre que no se masturba y que practica en su vida diaria cierto celibato voluntario no resulta nada complejo.
Hace unos años una bellísima mujer aspirante por su belleza física e intelectual a modelo ejemplar vino a mi casa y al llegar la taciturna noche, valiente y deseosa, me preguntó si podía acostarse conmigo. Era verano y hacía mucho calor así que nos acostamos desnudos abrigados ante las vistas del ventanal que daba a la inmensidad del universo nocturno. Dormimos abrazados sin que ocurriera nada. Por la mañana se levantó y me preguntó porqué no le había hecho el amor. Y simplemente le contesté que para hacer el amor con una mujer primero debía amarla. También nos duchamos juntos y cuando mi miembro reaccionó en la ducha ante el estímulo de su belleza envolvente me volvió a preguntar: “¿Y ahora no me vas a penetrar?” Y le contesté: “para penetrarte primero tenemos que estar compenetrados”. Esa anécdota se ha ido repitiendo durante años con diferentes amigas que han podido dormir a mi lado o incluso ducharnos juntos sin que pasara nada más allá de eso. Al principio les extraña, e incluso algunas lo ven como un rechazo. Pero luego entienden la naturaleza de mi actitud y la respetan.
No se trata de una asexualidad extrema y autoobligada. Se trata de una filosofía de vida. No es una castración, ni una condena, ni una perversión, ni una obligación que me perturbe. Se trata de una opción. Hacer el amor y penetrar a una mujer es una de las experiencias más bellas que existen en este planeta. Pero es mucho más bello e increíble cuando realmente hay amor y compenetración en el acto. Cuando alguien viene a mi casa con la intención de pasar una noche de sexo sin más terminan decepcionadas, a veces incluso cabreadas y violentas por ese ancestral temor al rechazo, inclusive al rechazo sexual. Pero si tienen paciencia comprenden que hay formas mayores de hacer el amor. Una mirada o un abrazo intenso, una amistad verdadera y perpetua, una confianza extrema pueden ser mucho más poderosas que un orgasmo nocturno y casual. Y cuando puedo elegir, elijo siempre lo primero.

Con tu permiso Javier, voy a patentarte.
Me gustaMe gusta
Reblogged this on Líos y Deslíos and commented:
Fantástico este punto de vista, ya que parece que hoy en día se desvirtúan los valores, y resulta casi imposible creer que haya gente que aun piense así.
Me gustaMe gusta
¡Que preciosidad de texto! y que desesperanza, porque veo tan lejana esta comprensión de las cosas. Es la diferencia entre el instinto y el alma.
Me gustaMe gusta
El texto es tan natural como la propia naturaleza,
Me gustaMe gusta
Digamos que mi experiencia es casi idéntica misma: He vivido situaciones similares, siendo yo mujer, y quien buscaba el calor y el abrazo, otra forma de expresar amistad entre un hombre y una mujer, sin más. Y me he topado igualmente con reacciones de todo tipo, aunque siempre mis compañeros de cama eran cuidadosamente seleccionados entre personas con inquietud espiritual. Lo más importante, de todos modos, es que cada uno sea honesto consigo mismo, y la reacción del otro no importará demasiado.
Me gustaMe gusta
Precioso, pones palabras a lo que siento. Remueves…das luz. Leer tu blog …es crecer. Gracias
Me gustaMe gusta