Un año después de haber cerrado el proyecto aún hay gente que pregunta por él, si pueden ir de voluntarios, si los podemos apuntar en la nueva lista de difusión para informar sobre los avances del nuevo proyecto, etc… El otro día soñaba que volvía a O Couso después de un tiempo y había mucha gente, una comunidad establecida y alguien con un montón de dinero en la mano. Le pregunté qué hacía con ese dinero y decía que era lo facturado en ese día. Yo, extrañado, le decía que en O Couso nunca hemos cobrado dinero, que todo era voluntario y que siempre nos hemos regido por la economía del don. Todos me miraban como si hubiera venido de otro planeta.
Cuando desperté recordé que O Couso como proyecto alternativo ya no existía, al menos materialmente.
Hoy repasaba todas las carpetas del proyecto para regalar todo el trabajo intangible realizado a un puñado de amigos. Pensaba que quizás alguien podría continuar con el trabajo allí emprendido si en los años de vida útil que aún me quedan no lograba hacerme rico para volver a empezarlo de nuevo. Lo de la riqueza lo veo primordial para no vivir de nuevo en un tiempo empantanado siguiendo con los ideales de la economía del don. Tampoco deseo que me pasé como a otros utópicos que se arruinaron una y otra vez por emprender proyectos que estaban excesivamente avanzados en su tiempo. Ya les pasó a Fourier, Owen, Saint-Simon o Cabet, pioneros de una utopía excesivamente adelantada y por ello, destinadas irremediablemente al fracaso.
Por ello, uno de los propósitos de este año es asentar las bases de cierta riqueza material. Terminar de pagar esas deudas interminables que parece que nunca se acaban, consolidar la empresa editorial en el complejo mundo de los libros y seguir mejorando la futura sede de la editorial y la fundación, creando un lugar acogedor para crear las bases de un futuro proyecto más ambicioso.
En lo personal seguiré soñando con crear familia, a pesar de que el año pasado fue un duro golpe al tener que atravesar cinco abortos de repetición. Este año seguiremos con mil pruebas más en hospitales públicos y privados hasta que encontremos la causa de lo que ocurre. Ojalá sea un año tranquilo interiormente para que podamos afrontar esa realidad hermosa.
Intelectualmente estoy despertando a mis antiguas inquietudes. Deseo leer más para seguir aprendiendo. Deseo ser más activista después de un año de escasa o nula actividad grupal y colectiva. Deseo implicarme aún más en los problemas de la humanidad, por si pudiera aportar algo, por eso de cumplir cada uno con nuestra parte. También me gustaría volver a escribir libros, después de diez años de sequía tras editar una docena de ellos. Debo compartir el elixir de estos diez años, y qué mejor manera que hacerlo con la escritura. Ya tengo un par empezados, a ver si logro terminarlos pronto.
Mi propósito místico-espiritual para el nuevo año, que de todo tiene que haber en la viña del Señor, es seguir interiorizando en el silencio, la quietud y la inevitable meditación. De momento sin acciones grupales, porque debo aún recuperarme de estos diez años de entrega excesiva, pero con la idea de recobrar fuerza y vigor para poder seguir experimentando el vasto mundo de la experiencia espiritual.
Así que tras un año de muchos cambios, ahora toca cimentar las bases de todo lo que vayamos a construir. Muerte y resurrección para poder seguir aportando alguna melodía en esta estrofa musical.

Como me alegra oír que te vuelves a conectar con tu espíritu guerrero, ese que nunca para, que nunca renuncia a aportar tu granito para que este sea un mundo mejor, excepto para pensar y repensar el siguiente paso. Un gran abrazo Javier
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