Ayúdanos a dar de comer al mundo: alimentemos su alma con libros


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Estimados amigos,

Desde los sellos Séneca, Nous, Dharana y Phylira queremos felicitarte la Navidad y desearte un próspero y feliz 2017 aunque sea de forma adelantada. Como ya sabes, desde hace diez años apostamos por la cultura así como por las jóvenes promesas las cuales tienen mucho que ofrecer a la misma. Al mismo tiempo estamos impulsando el proyecto O Couso que está trabajando en la creación de una Escuela de Dones y Talentos para que futuras generaciones puedan otorgar valor a nuestro patrimonio cultural y espiritual común. Con el deseo de seguir impulsando conjuntamente estos valores, nos atrevemos a realizarte la siguiente propuesta:

Te proponemos que estas Navidades puedas regalar alimento para el alma y el espíritu. Es algo original el poder ofrecer a nuestros seres queridos otro tipo de alimentos más allá de los tradicionales: regalar un libro, sustento del conocimiento y el espíritu de nuestro tiempo. Se trata de un detalle diferente, cargado de simbolismo y siempre más económico que los tradicionales regalos.

En nuestra web puedes encontrar un amplio catálogo y selección del cual haremos un 25% de descuento para cantidades superiores a 10 ejemplares. Es un regalo ideal para equipos de empresa, familias o amigos. Nos comprometemos, asímismo, a realizar un envío personalizado a clientes y amigos a las direcciones que nos indiques, acompañadas de una carta de felicitación.

Es un hermoso gesto de ayuda mutua y cooperación para apostar por la paz en el mundo, por la buena voluntad de una humanidad unida mediante la luz del conocimiento y la amistad.

Siempre agradecidos, recibe un abrazo deseándote lo mejor para estas fechas tan especiales que ya llegan…

www.editorialdharana.com

 

La matanza. Algunas reflexiones sobre el poder y lo civilizado


 

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“Creo que existe una inclinación general en todo el género humano, un perpetuo y desazonador deseo de poder por el poder, que sólo cesa con la muerte”. Hobbes

Cuando vives en la ciudad hay muchas vicisitudes que se ignoran con respecto al origen de algunas cosas que están ahí, muy cerca de nosotros, entre nosotros, dentro de nosotros. El poder es un intangible que nos acompaña desde la más primitiva edad y lo utilizamos a discreción no solo contra nosotros mismos, sino también contra los otros reinos de la naturaleza. Tenemos muchas formas de ejercerlo, pero es cuando vienes a vivir a los bosques cuando observas esa necesidad de potestad de forma diferente, sensible.

En estos días de diciembre, en muchos ámbitos rurales existe una práctica ancestral que dan por llamar “la matanza”. Para que nos hagamos un dibujo y una idea, se trata de engordar durante un año uno o varios cerdos para más tarde ser degollados y consumidos. Aquí en Galicia, donde se realiza la matanza mediante el degüello, una fina sección de la arteria carótida, es costumbre usar la sangre para elaborar un postre típico, “las filloas de sangue”, una especie de crêpe que tiene la sangre como ingrediente principal. Este manjar vendrá acompañado de embutidos de toda clase, cortes de carne, sangre, tripas y todo tipo de desperdicio que pueda resultar ingerido por el «homo carnivurus».

En la ciudad todo parece más civilizado, cínico, hipócrita. La carne ya viene cortada y estrangulada en bonitas bandejas termosellables de polipropileno o poliéster. Su presentación es tan elegante que nunca nos paramos a pensar, y menos aún a filosofar, sobre el origen de la misma. Simplemente la cocinamos con cientos de especias que disimulan su verdadero sabor y todo nos parece agradable, armónico, exquisito. Siempre se ha hecho así, es la costumbre, la norma. En la ciudad somos muy limpios, ordenados y civilizados y no tenemos tiempo para ese tipo de prácticas ancestrales. Preferimos pagar a otros para que en limpios y civilizados mataderos se consuma toda la cadena de atrocidades animales.

Tanto en el mundo rural como en las ciudades, ejercemos un aparente civilizado acto de poder en contra de unos dóciles e indefensos animales que ignoran su futuro más inmediato. Mientras gastamos millones en cuidar a esas privilegiadas mascotas -perros, gatos  y demás-, sus congéneres, los animales de segunda clase, pasan por la guillotina moderna para ser consumidos por esa inconsciente masa homo animal sin escrúpulos ni sentimientos.

Este es un tema peliagudo y mis amigos se empeñan en silenciar mi voz contra lo que yo considero una civilizada atrocidad. Pero evidentemente, no soy una persona caracterizada por mi sumisión a lo que la norma, la costumbre o la tradición impera. Es decir, no subyugo mi pensamiento libre al poder de la norma. Prefiero exigir una explicación a las consciencias que me rodean y hacerles pensar sobre un acto cruel en su naturaleza e inadmisible ética y filosóficamente en los tiempos que corren.

Si hace veinte siglos hubiera opinado algo parecido sobre el canibalismo o la esclavitud seguramente me hubieran como mínimo quemado en la hoguera. Esa era la norma y la costumbre en esos tiempos de civilización y poder. Hoy día eso no lo harán. Ese tipo de atrocidades, por suerte, ya no ocurren. Quizás sea porque somos más civilizados.

 

Hacia un mundo lejano


 

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«Hijos míos, hijos míos, queridos hijos. No creáis que Nuestra Comunidad está oculta para la humanidad por un muro impenetrable. Las nieves del Himalaya que nos ocultan, no son obstáculo para los verdaderos buscadores, sino sólo para los curiosos. Observa la diferencia entre el buscador sincero y el árido y escéptico investigador. Conságrate a Nuestro trabajo, y te guiaré hacia el sendero del éxito, en el Mundo Lejano”. Las hojas del Jardín de Moya I, sutra 313, Agni Yoga Society, 1924.

Resulta complejo describir de forma profunda la belleza singular de los aledaños y profundos paisajes espirituales cuando el mundo solo alcanza a escudriñar los áridos pastos que acechan a nuestra siempre corta mirada. Hay personas, sin embargo, que se regocijan por el relato, a veces escueto, pero siempre misterioso, de aquellos que alcanzaron las tierras lejanas y pudieron volver para compartir la visión. Su mochila desprendida siempre es frágil, porque allí atesoran tan sólo lo necesario para seguir caminando. Y lo hacen, con paso firme, parando a veces en las moradas que el Camino, siempre protegido por sus guardianes, aguarda impaciente.

La creación de esas moradas siempre es complejo. El refugio en el Camino, el hospital para peregrinos del alma, la posada para el descanso necesario. Es una visión que no puede ser observada desde una visión plana, sino que recorre toda la necesaria perspectiva de los mundos invisibles. Dar de comer al hambriento y de beber al sediento no es tan sólo un estímulo para el guardián, sino, además, un sentido de vida necesario para que otros alcancen ese mundo lejano.

De ahí la complejidad de la visión, de la mirada multidimensional que necesita renovarse para seguir cumpliendo su misión, su propósito esencial en un tiempo y espacio recluidos pero estrechamente relacionados con el resto de tiempos y espacios.

El haz de luz que ilumina nuestro Camino es siempre necesario. Esa captación universal donde desaparece el sentido de separatividad, esa clara concepción del todo a la vez.

El filósofo griego Plotinus decía que el conocimiento tiene tres grados: opinión, ciencia e iluminación. Los instrumentos para alcanzar cada uno de los mismos es el sentido, la dialéctica y la intuición. Esta última, nos decía, es el conocimiento absoluto cimentado en la identificación de la mente conocedora con el objeto conocido. Por eso la visión se ensancha cuando nos identificamos con el propósito de nuestras vidas, con la transversalidad de todo cuanto hacemos.

Todo es complejo, de ahí que la triada silencio-conocimiento-acción sean imprescindibles para completar el proceso de toda voluntad. El sendero que nos lleva a ese mundo lejano descrito en el jardín del Morya y que Plotinus, avanzando su visión sobre la unidad llamaba Nous, es un viaje apasionante de máxima consagración. Es complejo, es difícil, pero tarde o temprano todos seremos llamados a guiar nuestros primeros pasos hacia ese valle donde las hojas otoñales se convierten en un mismo día en fructíferas flores de primavera.

Que la armonía interna nos conduzca hacia esa luz. Que el Camino se desvele ante el deseo ardiente y noble de nuestro corazón. Que los guardianes y moradores protejan y alimenten nuestros pasos. Feliz día, feliz jornada.

La dictadura de la burguesía. El Manifiesto Consumista


 

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Acaba de llegar de la imprenta una edición que hemos hecho en la editorial Dharana sobre el Manifiesto Comunista. Su lectura es muy recomendable hoy día porque nos hace ver las contradicciones históricas en las que nos encontramos, y de cómo aquello que antes parecía algo extremo ahora se ha normalizado por completo. No deja de ser paradójico que el librito haya llegado hoy, el día que han bautizado como el blackfriday, un día de compulsión consumista donde lo que importa es comprar cualquier cosa.

Un editor que vive aislado en los bosques tiene tres herramientas imprescindibles para poder trabajar: un coche, un ordenador y un móvil. Como ayer se estropeó una de ellas, el móvil, aproveché la ocasión para imbuir mi psique en un gran centro comercial y observar con detenimiento qué ocurría. Cuando vives en los bosques, alejado aparentemente de los impulsos consumistas, te sientes un poco extraño en esa maleza de trazos inconscientes. Miré con detalle todos los móviles porque siempre he sido un friki de la tecnología. Me asombró ver la decadencia de los grandes. Nokia no estaba por ningún lado. Marcas como Motorola o BlackBerry desaparecidas. Samsumg en caída libre dando paso a nuevas marcas como Huawei. Apple parecía entrañable pero desorbitada en precio. Miré con atención y me decanté por un móvil barato, un Huawei que no llegaba a 150 € asombrándome de paso de todo lo que ofrece a tan poco precio. Durante muchos años fui bastante fiel a las marcas de moda, a la tecnología revolucionaria y por ende, bastante cara. Desde que estoy en los bosques, me doy cuenta de que se puede consumir, pero equitativamente, con cierto juicio y criterio. Me refiero que hace unos años me hubiera gastado mil euros en un móvil y ahora prefiero gastarme diez veces menos y disfrutar de la última tecnología a un precio razonable, sin excesos. Tras probar todas las marcas llegas a la conclusión de que todo se fabrica en China. Entonces, ¿por qué despreciar una marca totalmente China?

Todo esto tiene que ver con aquella dictadura del proletariado que Marx y Engels describían ingenuamente a nuestros ojos actuales, pero con atisbos de impredecibles consecuencias para la época. Quién les iba a decir que el proletariado de antaño se iba a convertir unos siglos después en auténticos burgueses, con sus buenos coches, sus buenos móviles y todos conectados a una nueva “Internacional” llamada Facebook.

Los tiempos han cambiado, es evidente. La esclavitud de la que hablaban en el Manifiesto se ha sofisticado. Realmente no nos damos cuenta de que los grilletes siguen estando ahí, pero ahora no importa porque tenemos el blackfriday y todas esas cosas que compensan nuestra existencia. Por eso de alguna forma el Manifiesto sigue estando de actualidad. Nos ofrece una visión aberrante de una sociedad decadente cuyas revoluciones aún están pendientes.

Y no porque consumamos, cuidado. Como digo, está bien que consumamos para que el mundo siga funcionando. No podemos marcharnos todos de repente a la montaña y volvernos unos monjes austeros y alejados de las modas y los placeres mundanos. Es el cómo lo hacemos, el por qué lo hacemos y donde ponemos la atención, el propósito.

Consumir para acumular cosas que luego tiramos al estercolero de turno está acabando con nuestro planeta. Dirigir nuestros escasos recursos en tener el último artilugio de moda, simplemente porque es eso, una moda, es un pozo cargado de vacío. Nuestro proletariado burgués tiene un reto por delante en las próximas décadas: aprender a vivir materialmente mejor, pero también emocional, mental y espiritualmente. Sí, se puede vivir bien, con buenas cosas materiales que nos hagan la vida mejor, más sencilla y hermosa. Pero también tenemos que amueblar nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestro espíritu para darnos cuenta de que la vida, más allá de esas revoluciones pendientes y ese materialismo a ultranza tiene muchos más matices.

Dicho esto, por favor, consumid libros, que nos hacen más libres y más cercanos. Y de paso, os invito a darle un repaso al Manifiesto Consumista, perdón, Comunista.

Lo podéis comprar aquí a un módico precio:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/manifiesto-comunista?sello=dharana

 

El calor de la manada


 

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No deja de ser paradójico que este mismo año fuera protagonista en un anuncio de televisión que publicita colchones y que al mismo tiempo llevara casi tres años sin dormir en uno de ellos. Hoy por fin llegaba el colchón nuevo. Si miro hacia atrás me doy cuenta de que llevaba mucho tiempo sin estrenar uno.

Ayer, tras unas semanas fuera, volvía a la cabaña. Coincidió mi llegada con el retorno del frío propio de estas fechas. No estaba preparado para el cambio y no pude dormir en toda la noche. El frío calaba de tal modo que no podía encontrar la forma para poder descansar.

Así que hoy preparé bien el nuevo hogar. Aproveché la llegada del nuevo colchón para poner sobre él cuatro mantas y un edredón polar. Puse la estufa durante varias horas funcionando porque a pesar de que la nueva chimenea también ha llegado, no tuve tiempo de instalarla con todo el entramado de tubos.

Y mientras me preparaba para meterme entre mantas calientes por la acción de la estufa en esta pequeña cabaña en mitad de este solemne bosquecillo, me daba cuenta de algo hermoso y profundo a la vez: todo lo que me rodea, todo lo que provoca el que ahora pueda disponer de una vivienda y un pequeño hogar ha sido gracias a la generosidad de mucha gente.

El colchón sobre el que ahora escribo ha sido un regalo hermoso al igual que la chimenea que mañana me dará aún más calor.Las sábanas de franela han sido regaladas por un ser especial así como el pijama que ahora me acompaña. También las ventanas y parte de la madera que pudimos comprar gracias a la venta de algunos libros. Las mantas que ahora tengo las donaron unos amigos que regentan un hotel en Madrid y la construcción entera de la cabaña ha sido gracias al esfuerzo y generosidad de decenas de voluntarios que han puesto su grano de arena.  Resultaría difícil mencionarlos a todos, pero cada clavo, cada madera, cada detalle tiene la marca, la fuerza y la energía de aquellos que lo hicieron posible.

Ahora que ha llegado el frío, puedo sentir y comprender el significado profundo que nace del calor de la manada. De aquellos que te protegen, que te acompañan, que te animan, que te escuchan, que te atienden, que te alimentan, que te guían, que te miman, que te abrazan, que te respetan, que te admiran, que te ayudan en el proceso vital de la existencia. Admito que ha merecido la pena arriesgar toda una vida para comprender que el sentido profundo de todo es y siempre será la generosidad, el amor incondicional y la entrega a uno mismo, pero también al otro y a los otros. Quizás si no hubiera arriesgado en todo este proceso, si no hubiera sacudido mi vida cómoda y fácil en la gran ciudad para aventurarme a la búsqueda del sentido humano, no hubiera captado la sutileza de esta gran enseñanza. El ser humano ha logrado subsistir en este incomparable marco de vida gracias al apoyo mutuo, la cooperación y la generosidad de muchas generaciones que sacrificaron su vida por levantar la bandera de la esperanza.

No me arrepiento nada de lo que hasta ahora he vivido. Los sacrificios, las pérdidas, las renuncias, lo doloroso de muchas cosas, los desengaños, los abandonos, las decepciones, el frío, la soledad. Nada de todo eso ha podido mancillar la esperanza en el ser humano. La prueba está en esta cama, en estas mantas, en esta cabaña. Decidí empezar de nuevo y ver qué pasaba. Y lo que ha ocurrido es milagroso. Gracias de corazón a todos los que han obrado el milagro. Gracias de corazón a todos aquellos que dentro de sí están gestando el nuevo mundo.

(Foto: el fiel amigo Geo al inicio de la construcción de la pequeña cabaña, ahora nuestro nuevo hogar)

Aldeas abandonadas


 

Estamos dedicando estos meses algo de tiempo a conocer en profundidad los secretos de esta tierra celta que tanto nos enamora. Hace unos días tuvimos la suerte de descubrir dos pueblos abandonados: Arufe y Vichocuntín, en la gallega provincia de Pontevedra.

Resultaba increíble descubrir entre frondosos bosques piedras totalmente pulidas y edificios enteros de gran nobleza y belleza totalmente asfixiados por la vegetación. Sentíamos cierta pena por ver casas tan perfectas y hermosas totalmente abandonadas, pueblos enteros perdidos entre la niebla y el musgo que resbalaba por todos esos impenetrables caminos. Allí había, en cada piedra, en cada rincón, en cada plaza ya inexistente, una historia, cientos de relatos, de vidas, de hombres y mujeres, de ancianos, de niños que ya no juegan ni viven allí. Sólo la poderosa presencia de los fantasmas del tiempo nos hacía poner la carne de gallina, los recuerdos allí encerrados, las visiones de vidas pasadas, de relatos, de historias que quedaron atrapadas en un tiempo ya inexistente. Solo en lo akásico, en sus archivos, podíamos comprender algo de tan impresionante soledad.

No entendíamos como el “feísmo” de nuestro tiempo había podido perdurar dejando atrás esas impresionantes ciudades de piedra, bellas, tan bien esculpidas, resistentes, esbeltas. Los árboles habían crecido entre las habitaciones, las cocinas y los antiguos salones de auténticos palacios abandonados. Los tejados se habían caído en su mayoría pero aún quedaban perfectas paredes que no cedían al tiempo, cobijos que hacían de hogar a musgos, hongos y helechos.

Nos preguntábamos porqué en los tiempos que corren preferimos vivir en auténticas conejeras oscuras, inertes, apagadas, mientras que esos preciosos edificios permanecen abandonados. Nos preguntábamos porqué el ser humano se ha alejado tanto de la naturaleza para abrazar la frialdad del asfalto, de lo gris, del ruido.

Los más sensibles a este mundo de abandono se sienten tristes, apenados, cargados de angustia. Muchos hombres y mujeres renunciaron a estas verdes y hermosas tierras. Sus nietos se quejan de que muchos no supieron apreciar el impresionante esplendor de estos lugares. Ellos, en una época difícil, buscaban nuevas vidas en sitios lejanos donde pudieran dar de comer a sus familias. Eran otros tiempos, y ahora, cuando intentan regresar, ya es demasiado tarde para todo. Los ancestros que protegían esos lugares ya no están. Los guardianes fueron desterrados.

Las casas, las aldeas encerradas entre perdidos valles y montañas esperan ser de nuevo habitadas. Nos sentimos orgullosos de poder ser partícipes de esa reconquista, de poder dar vida de nuevo a un edificio emblemático del siglo XVI que estaba totalmente abandonado, de poder calentar de nuevo sus piedras, tejer un nuevo tejado, llenarlo de vida agradecida y amable, dotarlo de nuevo de esplendor al mismo tiempo que animamos a otros a que den ese paso. Volver al campo, a los bosques, a los valles, nos humaniza, nos hace más sensibles, nos vuelve más amables.

Ojalá algún día esos pueblos vuelvan a la vida. Sus piedras lo anhelan. Sus valles y bosques recuperarán una vida plena y un nuevo sentido humano. Rehabilitar estos lugares responde a un sentido profundo: el sentido de la vida compartida, llena, profunda. El propósito esencial de reconciliarnos con la naturaleza nuestro palpitar humano.

¿Cómo montar una instalación de energía libre?


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Alguien nos preguntaba estos días como habíamos sobrevivido con nuestra pobreza energética en medio de los bosques. La verdad es que el secreto ha sido una gran renuncia, una perfecta austeridad y un abuso constante de ciertas alternativas como la carga de las baterías de nuestros coches o el ir a lavar la ropa y ducharnos especialmente en invierno a un apartamento que tenemos de soporte.

Una de las cosas que no quieren que pensemos, hasta el punto de que puede estar penalizado, es que la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Estamos hablando de la ley de la conservación de la energía, la cual afirma que la cantidad total de energía en cualquier sistema físico aislado permanece invariable con el tiempo, aunque dicha energía puede transformarse en otra forma de energía. En resumen, la ley de la conservación de la energía afirma que la energía no puede crearse ni destruirse, sólo se puede cambiar de una forma a otra. Ya sabemos que el universo entero, el tangible y el intangible, parten de energías y un concepto que aún no se ha investigado del todo en conexión plena con la misma: la fuerza. Fuerza y energía son dos elementos que están ahí para provocar algo tan insólito como las galaxias, como la vida, la inteligencia o la plena consciencia.

La energía siempre ha sido un asunto importante en la evolución humana. La energía nos da fuerzas para vivir mediante la ingesta de alimentos. La energía nos mueve y conmueve y nos da calor para soportar la propia subsistencia.

En los tiempos en los que vivimos, el asunto energético es apasionante pues cada día estamos siendo más conscientes de la posibilidad de generar energía libre y limpia. Esto significa un diálogo directo entre la energía y nosotros, sin que existan intermediarios. Uno de los avances más impresionantes de nuestro tiempo ha sido la conexión directa con el sol, el viento y el agua mediante las energías renovables. Algo inaccesible hasta hace muy poco, ahora resulta que puede estar al alcance de cualquiera que quiera invertir un poco en libertad y autonomía.

Nuestra experiencia ha sido bastante positiva aquí en los bosques. Empezamos con una instalación muy sencilla para encender alguna bombilla, cargar los móviles y poder trabajar con el ordenador. La instalación estaba compuesta por lo siguiente:

1 placa solar de unos 5W a 12V con un importe de 30 €

1 inversor de 180W a 12V con un importe de 120 €

1 batería de 8Ah a 12V con un importe de 20 €

1 regulador de carga de 4Ah con un importe de 10€

Es decir, por menos de doscientos euros habíamos conseguido una cierta, aunque pequeña y anecdótica, solución a nuestros problemas más inmediatos. La pequeña batería de 8Ah la cambiamos por una vieja y reciclada batería de coche que aún funciona y el regulador pudimos comprar uno que incluye unas salidas de USB, evitando así tener que conectar el inversor, conectado bombillas led y móviles directamente desde el regulador. Eso quiere decir que para una bombilla led y recargar el móvil con una pequeña placa, una batería reciclada y un pequeño y barato regulador con USB es suficiente. Esta es la instalación que ahora tenemos en una de las cabañas.

El segundo año, dado el número de gente que venía todos los veranos a visitarnos, decidimos ampliar la pequeña instalación con lo siguiente:

1 placa solar de 165W a 12V con un importe de 200€

1 batería de 60Ah a 12V con un importe de 170€

Esta segunda instalación nos ha permitido durante este último año atender la demanda de carga de móviles de todos nuestros visitantes, algún ordenador en verano y dos bombillas en la gran casa de piedra. A pesar de las mejoras, aún estamos muy lejos de un producto ideal para cada unidad familiar que además pueda funcionar en invierno al menos para cargar un ordenador y tener algo de luz eléctrica. Así que para alcanzar nuestro próximo objetivo, la suficiencia energética para cada unidad familiar, hemos calculado que debería constar al menos de los siguientes elementos:

3 placas solares de 300W a 24V con un importe de 230€ unidad.

1 inversor de 3000W a 24V a MPPT de onda pura con un importe de 690€.

2 baterías de 240Ah a 12V con un importe de 290€ cada una.

Es decir, por un importe cercano a los 1500 € podemos decir que podremos disponer de energía suficiente para ser más o menos libres sin muchas exigencias. A partir de aquí es simplemente ir sumando posibilidades como más placas, más baterías, más inversores o incluso un aerogenerador. Hay inversores de onda modificada por menos de 200€ y también placas y baterías más baratas.

De momento son tres pequeñas instalaciones las que deseamos realizar hasta que en un futuro podamos realizar una instalación global, la cual hemos calculado en unos diez mil euros. Si os animáis a participar en la adquisición de estos materiales para apoyar nuestra pobreza energética no dudéis en hacerlo en la cuenta de la fundación con el concepto «instalación fotovoltaica».

Fundación Dharana. Triodos Bank: ES54 1491 0001 2121 2237 2325

Apaga y vámonos


 

a2Una pequeña placa de no más de treinta euros conectada a una batería reciclada de coche es lo que alumbra la pequeña cabaña. En verano da para conectar incluso el ordenador. En invierno se conforma con proyectar una tenue luz de esta maravillosa tecnología llamada led. Esta pequeña luz es lo más parecido a la libertad y emancipación energética. Si tuviéramos algo más de recursos compraríamos una instalación completa. Hemos calculado que con mil euros podemos satisfacer cada una de las caravanas o cabañas y así poder trabajar con nuestros ordenadores sin recurrir de momento a argucias extrañas como la de tener que conectar el ordenador de noche a la batería del coche híbrido. Con algo más de presupuesto, algún día toda la casa de piedra entera será totalmente autónoma y podremos ducharnos con agua caliente y tener luz eléctrica sin tener que trasladarnos a otros lugares. Sin necesidad de estar conectados a la red, pues así llevamos casi tres años, y sin ánimo de conectarnos en un futuro.

Sin embargo, estas condiciones de austeridad no se pueden aplicar a todo el mundo. Lo ocurrido en Reus con la pobre anciana muerta en un incendio provocado por la falta de luz eléctrica es un atentado criminal. Ahora todo el mundo se lava las manos, pero la injusticia de que una gran empresa eléctrica ofrezca suculentos resultados a unos pocos a costa incluso de la muerte de otros es terrorismo económico y social. Lo cierto es que lo disparatado de todo esto es ese juego que seguimos, los votantes económicos, políticos y sociales, haciendo a estas grandes compañías poderosas e intocables. Entre la indiferencia y la indignación, pocos, por no decir nadie, busca alternativas a este tipo de crímenes. De alguna forma, todos seguimos siendo cómplices de este juego macabro. Incluso, lo siento, de la muerte de esa pobre mujer.

Pobre anciana, sí, claro, pobre anciana. Pero sigamos conectados a esos leviatanes que miran para otro lado, sigamos votando a esos que incitan este tipo de provocaciones indecentes.

No digo con esta rabieta que vayamos todos a la montaña y nos hagamos unos utópicos de la nueva era. No hace falta que radicalicemos nuestras vidas hasta tal extremo. Pero al menos actuad con cierta diligencia, compasión y justicia. Buscad alternativas para que las mismas hagan presión sobre el conjunto de la sociedad.

Sí, apaga la luz y vámonos, pero sin necesidad de tirarnos todos al monte, no vaya a que ahora todos queramos vivir utópicamente y también nos quedemos sin montes. Pero al menos cambiad de compañías a unas cuya ética sea de grado superior. Cambiad por favor a entidades que tienen otros valores, no solo el de lucro, para crear una sociedad más justa, limpia, ecológica y equilibrada, donde la prioridad sean las personas y lo demás, incluso el lucro, venga por añadidura.

Os pongo tan solo un ejemplo de que esto es posible. No cuesta nada, solo hacerlo.

https://www.somenergia.coop/es/

 

Foto: Pequeña placa solar en O Couso. La libertad y emancipación energética solo es una cuestión de voluntad, de apoyo mutuo y cooperación.

Cena solidaria para apoyar el Proyecto O Couso


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Queridos amigos,

Estáis todos invitados a la cena de Navidad que se está organizando en Madrid para apoyar el Proyecto O Couso y su Escuela de Dones y Talentos. 

Será un momento único para reencontrarnos todos los que de alguna forma hemos apoyado el proyecto y hemos participado en su construcción.

Nos pondremos al día de todas las iniciativas que hay hasta ahora, de los avances y de los resultados.

También será una oportunidad para abrazarnos, especialmente aquellos que habéis estado en O Couso pero nunca habéis coincidido.

Por favor, no olvidéis abonar la cena en la cuenta de la fundación y apuntaros en el mail del proyecto: info@dharana.org   ya que hay plazas limitadas.

Un abrazo sentido y nos vemos todos allí…

La luz del verdadero hogar


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Cuando tras cenar algo volvía a la pequeña cabaña recién estrenada al borde del bosque sentía como la nueva distancia a recorrer se hacía apabullante y misteriosa entre la niebla. Dejaba atrás la gran casa de piedra y las pequeñas caravanas que apenas ya se distinguían entre la oscuridad otoñal mientras me adentraba sigiloso, con miedo a molestar a las criaturas nocturnas, entre los árboles. Al fondo se veía la tenue luz alimentada por las baterías solares. Parecía, con esa cúpula ovoide que todo lo refleja, como si una nave extraterrestre hubiera aterrizado en el bosquecillo. Es hermosa y profunda la sensación de andar hasta tu propio hogar, ser recibido como un importante huésped por tu propia cama, la mesa de trabajo y los libros por doquier. No recordaba, tras una vida de peregrinaje sin hogar, lo que significaba eso de volver a casa. Es cierto que es una casa humilde, pero tiene paredes, suelo, tejado, ventanas y una puerta sin cerrojo que se abre milagrosamente para dar cabida al recinto.

Mientras esta tarde corregíamos las galeradas del Manifiesto profesaba cierta pena por la aberración que Marx y Engels sentían por eso a los que despectivamente llamaban socialistas utópicos. Incluso llegaron a asimilarlos con sectas agonizantes que no tuvieron ningún tipo de éxito en cuanto a la transformación social. Para mí esos utópicos son, sin embargo, el ejemplo vivo e inspirador de que es posible hacer las cosas de forma diferente en este mundo convulso, en este idolatrado paraíso de las cosas y el tener.

Hoy la generosa mano de alguien a quien aprecio considerablemente ha hecho posible que esta cabaña sea el vivo ejemplo de que se puede vivir cómodamente, felizmente, con poco. Esta mano amiga ha tendido sobre estas ocho peculiares paredes la posibilidad de que el fuego arda, no solo para calentar el recinto, sino también para esparcir en la memoria colectiva la necesaria esperanza de que otro mundo siempre es posible. No hacen falta grandes revoluciones como reclamaban Engels y Marx. No hace falta grandes transformaciones en los sistemas de opresión que se han ido repitiendo a lo largo de la historia como un mantra circundante. Los siervos de la gleba, los esclavos, los villanos de las ciudades, la clase obrera… No importa como entendamos el curso de la historia y sus dualidades si no somos capaces de comprender los cambios que debemos hacer, humano por humano, dentro de nosotros mismos.

Abrazar al ser desde la vida verdadera no requiere de grandes logros, sino de una respuesta humilde ante los acontecimientos de la vida. En el mundo de las causas existe un remedio eficaz ante la pérdida de sentido: la entrega, la renuncia, la voluntad de obrar ya no según un instinto primitivo y egoísta, sino tras una sublime aproximación al dar como respuesta interior al inexorable propósito vital.

Cuando no esperamos nada de la vida excepto aquello que yace profundo en los anales del misterio, algo nos transforma hacia un cambio inexorable. Ese cambio, esa transformación puede ocurrir en cualquier momento. En una conversación, en un paseo, con la lectura de un libro (por favor leed, leed, leed), bajo el calor de una chimenea que ya llega. Esa transformación que nos llevará de la mano hacia una vida plena, sencilla, humilde, carente de necesidades y cargada de experiencias inolvidables, milagros constantes que nos llevarán a fundirnos con la realidad una.

Sí, estoy feliz, por fin tengo un lugar donde poder sentirme en casa. Este instante, este paseo entre la niebla hasta llegar aquí, es resultado inequívoco de un cambio posible hecho por muchos. No es mejor ni peor que los otros cambios, ha sido tan solo un cambio, una reorientación necesaria para alejarnos un poco más de las sombras y aproximar la necesidad del ser a la vida del ser. El ego, pobre, seguirá su camino de sostén al trabajo de servicio. Pero el ser se agitará irremediablemente para provocar más cambios, más paseos otoñales entre árboles y niebla hasta encontrar la luz del verdadero hogar.

Gracias querida C. por el regalo de hoy. El fuego avivará muchas noches como esta y serán recordados los hechos que encerrarán todo lo que desde aquí se produzca. Por siempre, tuyo.

Algunas palabras sobre la autoedición


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«Hay una grieta en todo, así es como entra la luz».
Leonard Cohen (1934-2016)

El mundo del libro está sufriendo una triple crisis debido al cambio de hábitos, a las nuevas tecnologías y a la propia crisis financiera.

Es por eso que muchas editoriales, viendo lo costoso y dificultoso que resulta mantener el sistema tradicional de edición, están lanzando sellos editoriales que pretenden seguir editando libros pero sin que con ello la propia empresa termine en quiebra. Es algo que nosotros, siendo sinceros, hemos asumido un poco tarde. Pero muchas empresas editoriales, incluso algunas de las grandes, empiezan a ofrecer este sistema de edición.

Nosotros no lo vemos como algo negativo, es simplemente algo que ayuda a que el libro vea la luz y pueda tener vida propia. Al final, son los lectores los que juzgan si un libro es bueno o no, pero si el libro no existe, es complejo llegar a ese juicio. Por eso la autoedición y la coedición son sistemas que ayudan y facilitan que el libro exista y pueda crecer en el complejo mundo de los libros. En el sistema tradicional, es el editor el que asume todo el riesgo financiero de la edición de un libro. Ahora, ese riesgo puede ser compartido con el propio autor o con terceros que deseen apostar por una obra. Y si la obra es buena, prosperará.

Cada día resulta más difícil poder editar de forma tradicional a no ser que de alguna manera las obras anteriores hayan tenido algún éxito o venga abalada por alguna persona que sí lo ha tenido. Es un mundo muy complejo pero no imposible.

A pesar de lo que se cree habitualmente, estigmatizando muchas veces a las nuevas editoriales, nosotros no nos consideramos lobos ni tratamos a nuestros autores como ovejas. Tal es así que todos nuestros beneficios los reinvertimos en la creación de una Escuela de Dones y Talentos (www.proyectocouso.org ) gracias a la fundación que hemos ayudado a crear para ello (www.dharana.org) donde intentamos que los autores noveles puedan estar el tiempo que necesiten disfrutando de un lugar privilegiado con todos los gastos pagados para escribir su obra, para sacar su propio talento y convertirse en cocreadores verdaderos. Queremos decir con esto que no todas las editoriales son iguales y que siempre hay una marcada diferencia en el compromiso que unas ponen con respecto al autor y la propia cultura, más allá del beneficio comercial o empresarial.

Nosotros tenemos tres sellos editoriales que trabajan de forma tradicional y cada día resulta más complejo poder editar un libro, por eso pensamos que la opción de crear un sello que ayude al autor a hacer sus sueños realidad es para nosotros y el autor una buena opción. Por eso nace Editorial Phylira, para dar respuesta a los nuevos tiempos. Y ojalá fueran muchos los autores que quieran editar buenos libros. Esperamos que desde nuestro sello editorial podamos ayudaros a todos.

Prueba una experiencia diferente con nosotros:

http://phylira.com/

No es Trump, somos nosotros


 

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Lo que ha ocurrido recientemente en Estados Unidos con la victoria indiscutible de Donald Trump no es algo aislado. Está pasando en el resto del mundo. No es un fenómeno nuevo, pero sí, recabando la memoria histórica de nuestra sufriente humanidad, un fenómeno peligroso y oscuro de impredecibles consecuencias.

Trump no es un simpático personaje de un capítulo de los Simpson escrito hace quince años. Es el resultado de un nuevo tiempo, de una nueva era de penumbra y ofuscación. Es el hijo póstumo de ese nuevo espectro que nace para imponer su ley del miedo, la ignorancia y el rencor. El espectro del nacionalismo.

Lo hemos visto con el fenómeno racista y xenófobo del Brexit. Lo estamos viendo en los nacionalismos, también racistas y xenófobos de regiones que reclaman la pureza de un estado propio para terminar con las desgracias del pueblo elegido. Lo vemos en una rancia ofuscación europea que se apodera no tan solo de las instituciones, sino de las buenas voluntades de sus pueblos que, arrinconados por una realidad que se impone, se desgarra en la desesperación de “soluciones finales”.

No, no es Trump, es también el Frente Nacional en Francia, el Amanecer Dorado en Grecia, la Alternativa para Alemania en el país germano, el UKIP en el Reino Unido, Ley y Justicia en Polonia, el Partido de la Libertad en Austria, y un largo recuento de dragones que están de nuevo despertando porque nosotros, cansados, queremos vivir en paz con nuestras miserias, con nuestros hipócritas logros y con nuestra desnudez vital, tan frágil y falta de luz.

Es el nuevo fantasma que azota ahora al mundo, sin saber, en un tiempo delicado, hacia donde llegará esta deriva. Y ocurre porque le damos la espalda al mundo, a la historia más reciente, a la conquista de valores que se olvidan ante la necesidad de proteger nuestra vida de cervezas y televisión.

De nuevo, siguiendo con la historia, debemos repetir eso de que “toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas”. Estamos dejando atrás la era de las luchas de clase para convertirla en la lucha de las razas, de las naciones puras, del blanco occidental que desea proteger a toda costa su modo de vida a cambio de perder cualquier valor o dignidad. El otro, sea español (véase el odio visceral de algunos nacionalistas ibéricos), sea moro, sea latino, sea chino o lo que sea nos da miedo, nos asusta.

El pueblo americano no ha votado a Trump, ha votado para proteger la posibilidad de poder seguir bebiendo su cerveza los fines de semana frente al televisor, de poder seguir consumiendo calurosamente los tres primeros días de mes para luego vivir tres semanas de angustia hasta la próxima paga, han votado el poder seguir fingiendo ese bienestar caduco y falso a cambio del hambre y la injusticia sobre el otro.

De verdad, no es Trump, somos nosotros, cargados de odio, hambre y miedo.

 

 

Viajes de ida y vuelta


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Mientras viajamos por todo el país en búsqueda de respuestas inexorables al momento en el que vivimos, notamos cierta tensión y agravio por lo que pueda ocurrir en el país americano ante un día tan crucial como el de hoy. No nos gusta ninguno de los candidatos, pero seguro que uno será menos malo que el otro para Estados Unidos y también para todo el conjunto de la humanidad.

En el mundo siguen ocurriendo cosas que se escapan a nuestra esfera de influencia. El norte de España se está despoblando. Nos dimos cuenta cuando estos días vagamos por tierras de meigas y cruzamos algunos pueblos abandonados que reclamaban de nuevo vida. Casas enteras, en perfecto estado, de piedra noble y de talla monumental, esperando un nuevo habitante, un nuevo guardián que las dote de vida y calor. Sentimos cierta pena por ver a pueblos enteros deshabitados mientras en algunas otras partes del mundo hay personas que no tienen dónde ir. Refugiados que son dinamitados en alta mar para que no sean una excesiva molestia para los que dedicamos nuestro tiempo a ver la tele y gastar nuestro dinero en compras.

Viajamos hacia el sur y allí nos esperaban con el calor de siempre, abrigando nuestro peregrinar con una buena tortilla de patatas y un lugar donde alojarnos. Ese calor humano que se transmite con la compañía y con un plato de comida es muy significante. A veces solo debemos empeñarnos en ayudar al otro para encontrar sentido a nuestras vidas. No es cuestión de bucear en el vacío interior, sino de llenarlo de buenas acciones, de buenos actos. Sentimos que la propia generosidad, en sí misma, ya es motivo suficiente para seguir adelante. Sólo debemos esforzarnos para hacerla extensible, para ser diferentes y no avergonzarnos ni pedir perdón por el simple hecho de mostrar generosidad. Es algo muy simple y muy necesario en un mundo que, paradójicamente, presume de ser el mundo más conectado al mismo tiempo que la soledad golpea con fuerza todos los corazones. ¿Para qué estar conectados exteriormente si por dentro nos sentimos huecos y vacíos? ¿Qué hay de la conexión interior, de la espiritualidad -no de la famélica y superficial sino de la silenciosa y acallada- y la vida interior?

Por la mañana tuvimos un encuentro profesional, necesario para gestionar la trayectoria de un proyecto que ya lleva diez años combatiendo la crisis de los tiempos. En las antiguas centurias, los libros, el conocimiento, ardía en llamas en inmensas bibliotecas que eran desahuciadas por la ignorancia y el terror. Pequeños artesanos de la palabra se empeñaban en rescatar el anima mundi para que todo el espíritu de los tiempos sobreviviera y siguiera enriqueciendo nuestro mundo. Ese esfuerzo, esa labor, aún no ha desaparecido, y no resulta difícil reconocer, con un poco de atención, los guardianes del conocimiento. Hemos tenido la suerte de tratar con ellos y tenemos la suerte de seguir aprendiendo de sus conjuros ante el maleficio de la ignorancia y la ceguera.

Seguimos nuestra ruta y terminamos en las costas azules, en el camarote de un barco anclado en un horizonte infinito y cautivador. Nos deleitamos de la belleza del lugar y pudimos conectar con la África profunda y olvidada. Gracias a las tecnologías, la patrona del barco pudo contactar con su empresa en el sur de África y pudimos en viva voz comprobar la situación de guerra que se vive en esos países. Fue una sensación extraña y una experiencia antropológica sin desperdicio. Nos hablaron de las “granjas del frío”, una red de contrabando de niños que sirve para traficar con sus órganos y sus vidas. Nos contaron cosas terribles de un mundo igual de terrible que guarda tras sus secretos macabras prácticas. Realidades que desconocemos, que preferimos obviar mientras vivimos en nuestra burbuja de aparente pero frágil paz.

De nuevo seguimos nuestro camino, todo rápido porque el tiempo apremia. Recoger algunos bártulos para el nuevo hogar perdidos en lejanas montañas, retomar la ruta y dormir en cualquier cuneta prosiguiendo con la ronda de encuentros con desayunos, comidas y cenas. Así con tal de salvar el espíritu, el renacimiento que se teje en las columnas de la fe y la esperanza. Unas tierras aún frágiles pero imprescindibles para dotar al mundo de esa alegría necesaria.

 

Primera noche en la cabaña


 

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Hoy es un día épico, para recordar toda la vida. Tras un año de esfuerzos y trabajo, de aprendizajes y dedicación, por fin voy a dormir en la prometida cabaña. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero tras colocar el suelo y la cúpula trasparente en el tejado, sentí que hoy podía ser un gran día. Así que cogí una cama prestada de la casa de acogida, metí una mesa y una silla y trasladé mis libros de la caravana a la cabaña.

Es una sensación bien extraña. Por un lado siento una gran liberación y por otro un gran agradecimiento. Tras más de dos años de penurias en una maltrecha caravana por fin voy a disponer de un poco de espacio, de una mesa de trabajo, de una cama confortable, de ventanas, de suelo, de paredes. Estoy inmensamente agradecido a las tres caravanas que en estos años me han dado cobijo e inspiración. Y estoy profundamente en deuda con todas esas manos y corazones que han hecho posible que hoy la cabaña empiece a tener vida propia. Sois muchos los que habéis dejado en estas paredes de madera un trozo de vosotros, así que esta también es vuestra casa.

Desde ella quiero hacer muchas cosas, pero sobre todo, quiero entrar en esa quietud, en esa madurez tranquila donde todo se percibe desde la generosidad y el agradecimiento. Deseo compartir mi experiencia de haberlo perdido todo y haber, al mismo tiempo, conquistado grados de libertad donde lo importante no es tener cosas, sino disfrutar de momentos únicos e irrepetibles. La experiencia de haber construido tu propia casa sin tener absolutamente ningún tipo de conocimiento ha sido algo extraordinario. Es algo que deseo relatar con calma quizás en un nuevo libro.

Todo esto coincide con un día plagado de emociones donde en el proyecto hemos tomado importantes decisiones que permitirán que otros puedan venir a compartir con nosotros esta aventura desde la máxima libertad y respeto. Han sido días duros, de mucho pensar y cederlo todo a cambio de que los otros puedan encajar sus visiones dentro de la inspiradora visión de este hermoso proyecto. Así que ahora la apertura es total, sin añadidos, sin contraprestaciones, sin paternidad, en total libertad y respeto hacia el otro. Ojalá sean muchos los que pronto quieran edificar con sus manos su propia cabaña y quieran compartir este espacio de libertad, de cariño y de aprendizaje. Esta será mi primera noche en la cabaña, pero también será mi primer día en el nuevo proyecto O Couso.

Siento una gran alegría y una gran paz de haber culminado esta parte del proceso lleno de gracia y quietud. La vida te da siempre azotes pero también pequeñas alegrías como esta. Vivir en una pequeña cabaña octogonal, protegida por tres ventanas, unidos el cielo y la tierra gracias a la cúpula del tejado y al cristal del suelo, el cual permite ver la piedra angular con la que consagramos el lugar, es una experiencia totalmente mágica. Y lo más absolutamente maravilloso es que está dentro de un pequeño bosque donde los animalillos vendrán sigilosos por la noche para despertar en mí la inquietud del nuevo día.

Espero que este lugar, cargado de emoción e inspiración se convierta en un centro de quietud, de paz, de protección y de proyección hacia el mundo. Un pequeño puntito de luz que pueda dar aliento y serenidad a quien lo necesite. Un lugar donde el espíritu de los tiempos pueda verse reflejado en cada uno de sus pequeños rincones.

Vosotros, que tenéis una casa y un hogar, sed conscientes de la importancia del calor, del refugio, de la acogida. Abrid vuestros corazones y vuestros lugares de reposo para que el peregrino sediento, para que el sin hogar, pueda descansar una noche. En ese descanso barajará el sueño del reposo, del momento donde toda alma requiere atención, cuidado y cariño. Buscad a aquellos que reclaman un trozo de calma, y allanad su camino.

 

Pd. No es casual que mientras escribo esto esté sonando la banda sonora de «Juan Salvador Gaviota». No es casual que quien me ha ayudado a hacer la pequeña mudanza a la cabaña el lunes entre en prisión. Este instante le ha dado una fuerza para poder pasar esta dura prueba. Un día de total libertad para mí, un día de total revelación para él. Y no es casualidad que hoy se hayan tomado decisiones de total libertad en O Couso. Un día para no olvidar, un día de gran emancipación personal y colectivo.

Apología a la economía sumergida


 

20161031_110704En nuestro país siempre se preguntan porqué existe tanta economía sumergida. Estos días hemos podido experimentar lo que significa trabajar a destajo en el campo y hemos tenido una experiencia antropológica, pero sobre todo humana, aunque diríamos mejor, y para ser correctos con la experiencia, que sobre todo inhumana.

El experimento consistía en aprovechar la caída otoñal de las castañas que empezaban a inundar toda la finca y ver en qué consistía eso de lo que aquí llaman “apañar castañas”, que es algo así como volver a nuestros ancestros recolectores de las regalías del bosque y ver los resultados.

Durante tres días hemos estado con suma paciencia recogiendo una a una las castañas del suelo. El trabajo es farragoso y pesado. Tienes que agacharte, llenarte las manos de pinchazos por los erizos de las castañas a pesar de la debida protección, recolectarlas una a una, meterlas en cubos y luego en sacos, aprovechar para limpiar las zonas de los erizos y así limpiar el bosque. Como somos personas de ciudad no conocíamos muy bien la dureza del trabajo del campo y la verdad es que durante tres días, además de algún castañazo que nos ha caído en la cabeza, hemos terminado baldados.

Tras tres días y tres personas cogiendo castañas hemos recolectado tres sacos de casi treinta kilos cada uno. En total, para ser exactos, ochenta y seis kilos. Alegres y satisfechos hemos ido a la cooperativa de la localidad y hemos vendido nuestros tres sacos por un total de 68,80 euros. Nuestra sorpresa ha sido al comprobar que el kilo de castañas te las pagan a 0,80 euros el kilo cuando en Madrid o Barcelona o cualquier otro lugar las están vendiendo a cinco o seis euros el kilo. En total, 23 euros por cabeza por tres mañanas trabajadas. A algo más de siete euros por mañana y a menos de dos euros la hora.

Esto ha sido un capricho pasajero, pero ahora imaginemos que tuviéramos que pagar el autónomo, tuviéramos que alimentar a una familia media, pagar hipoteca, la luz, el agua, los impuestos, la seguridad social, las multas, los seguros y todo aquello que se supone que las familias normales que viven del campo tienen que pagar. ¿Cómo se supone que lo hacen o lo deberían hacer cuando por el camino entre la recolección y la venta hay alguien que se está llevando cinco o seis veces el precio del producto que con tanto esfuerzo y sudor los agricultores trabajan? Y estamos hablando de un producto como la castaña que dicen los de la tierra que está “bien pagado” si lo comparamos con otros productos como la leche u otro tipo de agricultura que requiere cuidados durante todo el año e inversiones imposibles de sostener.

Si tuviera hijos y tuviera que explicarles que mi dignidad humana cuesta 0,80 céntimos o lo que es lo mismo, dos euros la hora de trabajo, ¿qué clase de padre sería? ¿Cómo explicarle a un hijo que hay que hacer las cosas bien, pero que en este mundo injusto a veces hay que cometer injusticias para seguir adelante? Es imposible que personas que tienen chófer y vivan a cuerpo de rey entiendan de dónde nace la economía sumergida. Es imposible que esos señores feudales llamados diputados que se llenan la boca sobre los efectos negativos de la economía sumergida puedan entender nada de lo que dicen. Lo más sorprendente de todo es que ellos, que nos roban a diestro y siniestro con sus privilegios feudales y las regalías que todos pagamos ejerzan de legisladores y ejecutores de realidades que desconocen completamente. Que nos metan en embolados como el rescate financiero mientras tienen cuentas en Suiza y siguen trapicheando con sus amigos con o sin bigotes. Lo siento, esto no es demagogia. Esto es vergüenza y tristeza, y también un profundo agradecimiento a los pequeños agricultores que hacen lo que pueden y sobreviven a pesar de todo en este mundo tan duro e injusto.

Pd.- ¡Malditos, agradeced de corazón cada alimento que entre en vuestras bocas, pues ha llegado hasta la mesa gracias al impagado esfuerzo de muchas familias que malviven del campo!

UNA FAMILIA, UNA VIDA, UNA HUMANIDAD


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“Un nuevo siglo se aproxima, y con él el prospecto de una nueva civilización. ¿No podríamos empezar a sentar las bases para esa nueva comunidad con relaciones razonables entre todas las gentes y naciones y construir un mundo en el que el compartir, la justicia, la libertad y la paz prevalecieran?”  Willy Brandt, Common Crísis, La Comisión Brandt 1983

Escribo desde Ginebra, desde las oficinas de Buena Voluntad Mundial, un lugar donde se esfuerzan día a día en inspirar nuevos valores para una nueva humanidad. Es una tarea ardua y difícil en un tiempo que a veces se nos antoja caprichoso. Pero es necesario seguir trabajando día a día para aportar un poco de luz y consciencia, de alegría y amor.

Vivimos en un mundo complejo donde en los últimos siglos se han desarrollado dinámicas de injusticia social y precariedad que han sido difíciles de resolver. Es evidente que han existido muchos avances a todos los niveles, tanto materiales como políticos, económicos, culturales o filosóficos.

Hay vicios y errores de la personalidad que se han visto extrapoladas a la convivencia social y grupal. Existe una necesidad vital de responder a esos problemas individuales que de alguna forma se han colectivizado. Empezando por cambiar el objeto y la visión de la vida, pasando de una situación exclusivamente egoísta e individualista a una percepción de la vida más generosa, donde se tenga en cuenta la necesidad de compartir unos valores más armoniosos con el entorno y con la vida una.

Para ello es de vital importancia comprender en profundidad la necesidad de fomentar y proteger los principios de cooperación, de responsabilidad y de compartir, donde cada individuo sea capaz, en su medio de influencia, llevar a cabo la labor de transformación interior en cuanto a propósitos y valores líderes en ese empeño por un mundo mejor.

La buena voluntad junto con una mente abierta y dispuesta a aceptar los cambios que vienen será imprescindible para poder afrontar los retos del presente y del futuro. Debemos aceptar que el ser humano en su conjunto está definido más allá de los límites de las razas, las naciones, los estados, las creencias y cualquier otra cosa que desee separarnos como una sola familia, una sola humanidad y una sola vida en su conjunto. Es de vital importancia profundizar en esta idea para poder abordar desde la generosidad de todos la resolución de conflictos, de visiones antagónicas y de reparar en una justica universal donde el ser humano se sienta atendido, protegido y cuidado.

Estamos en un momento de cambio y necesitamos enfrentarnos a los mismos desde una positiva visión que nazca de nuevas formas de pensamiento, de nuevas ideas e inquietudes que pretendan facilitar una vida mejor, no solo para los individuos, sino para todo el conjunto de la humanidad. Cuando alcemos la mirada y veamos la necesidad de pensar en el grupo, y no tan solo en nosotros mismos, se estará gestando un cambio de paradigma, un cambio necesario de visión. Los problemas de la humanidad serán pensados y aclamados por todos y cada uno de nosotros, dejando de relegar a los demás dichos conflictos. Seremos en conjunto la solución a cada una de las problemáticas. Empezaremos entonces a sentir y comportarnos como una unidad, no uniforme, sino diversificada en las diferencias y en los retos particulares.

La codicia, la ignorancia y el egoísmo individuales son condicionantes que impiden que los conflictos mundiales se resuelvan de forma generosa para todos. Solo un cambio de valores podrá revertir todos los acontecimientos. Nuestro destino común está determinado por los valores que gobiernan nuestras vidas, nuestras decisiones, todo el conjunto de cosas que realizamos en nuestro mundo ordinario.

La piedra angular de toda vida debería basarse en esa energía y fuerza que es el amor en acción, en valores que pretendan junto a ella reforzar el amor a la verdad, el sentido de justicia, el espíritu de cooperación, el sentido de la responsabilidad individual y la búsqueda del bien común. Estos son valores universales que inspiran y elevan nuestra consciencia hacia un rumbo nuevo en nuestras vidas.

Además de estos valores imprescindibles existen unos principios universales que deben tenerse en cuenta. Tienen que ver con el ejercicio de unas correctas relaciones enfocadas en el principio de la buena voluntad, ser acertados con el propósito grupal mediante el principio de unanimidad y comprender la importancia de la interiorización como una aproximación a lo esencial del ser humano.

Ante todo esto, siempre surge una inevitable pregunta: ¿qué puedo hacer para ayudar? La respuesta podría ser algo simple: la verdadera ayuda nace de un flujo espontáneo entre un corazón amoroso y una mente inteligente. Con alegría, con amor, con cariño, un mundo nuevo es posible.

El flujo de la vida


 

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«Cada hombre nace en el mundo que él mismo se ha construido», Satapatha Brahmana   «Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado», Dhammapada

 Desde el centro más profundo se expande y se precipita todo el hilo de vida. Ese hilo, llamado en algunas tradiciones como sutratma, se arroja desde adentro hacia fuera, llegando a todo el universo manifestado. En nuestro pequeño universo local, el halo de vida se manifiesta desde mil formas diferentes. Una de ellas, la humana, es de las más complejas. El ser humano alberga dentro de sí la consciencia física y material de las cosas, pero también es capaz de discernir sobre el halo de vida, las emociones, la propia mente y desde allí, tejer un puente hacia planos de existencia más abstractos y complejos.

Podríamos pensar que a lo largo de los tiempos el ser humano ha desarrollado una sensibilidad especial. Ya no tan sólo se preocupa de las cosas básicamente materiales, sino que además procura dedicar tiempo a cuidar la vida, a protegerla, a buscar el entendimiento sobre ese complejo proceso que llamamos emociones y de paso, mediante el inteligente uso de la mente, bucear en los misterios de la existencia con todo el peso del devenir.

Hay un camino más arduo, más difícil de explicar y entender. Se le llama el Sendero de la Consciencia, y es un punto de inflexión entre la parte más profunda del pensamiento humano y aquello que lo sobrepasa. A este punto se llega más por la intuición que por el mero pensamiento, entendiendo la intuición como esa herramienta que supera en complejidad al propio pensamiento.

El universo circundante sigue siendo el mismo, pero ahora se contempla desde otro punto de vista. La visión ha agudizado su percepción y la vida se manifiesta más amplia, más compleja y más sorprendente.

En el curso de las edades han existido instructores que de alguna forma han intentado, mediante alguna peculiar pedagogía, advertirnos de esa visión amplia. La enseñanza, el mostrar esa luz para que otros vean supone un reto admirable, complejo y necesario. No es una pedantería iluminada, es la propia luz del sol que sale cada mañana para mostrarnos el mundo alejado de la oscuridad y las tinieblas. Cuando ese milagro ocurre todos los días, vivimos en otra visión, en otra percepción distinta. A niveles filosóficos o existenciales, esa visión también puede variar si conseguimos entender el flujo de la vida como ese hilo que se apodera de todo y nos guía hacia otras realidades aún más bellas y asombrosas.

Existen importantes enseñanzas y existirá nuevas ciencias que nos ayudarán a comprender la vida como una compleja red de manifestación. Estas ciencias o enseñanzas nos llevarán de la mano hacia esa nueva visión emancipadora. Producirá un mayor grado de sensibilidad a las impresiones del mundo que ahora desconocemos por nuestra propia ignorancia y ceguera. Nos ayudará a construir en nosotros los hilos sutiles que harán que esa visión se fortalezca y eleve. Y quizás, lo más importante de todo, producirá la visión sobre la continuidad de la consciencia como un todo universal y unitario. La vida, siendo una, se respetará aún de forma más convincente y verdadera.

La puerta


 

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“Sólo hay una receta: preocuparse muchísimo por la cocina”. Henry James

Si comparamos las pinturas de un desconocido como John Ruskin o un célebre Tintoretto quizás podamos ver en sus trazos y sombras similitudes asombrosas. Descubrimos que cuando el observador agudiza el talento sobre lo que ve, la realidad de alguna forma se transforma, se perfila de forma diferente, se construye de otra manera. La termodinámica nos sorprendió con sus principios imposibles y ahora la física cuántica redescubre las intuiciones de místicos reconciliados con el misterio. La realidad puede ser una ficción y viceversa. Lo único que hará realidad una visión será nuestra forma de mirar, de acercarnos al mundo a través de nuestros ojos.

Mientras alguien ponía las ventanas en la cabaña nosotros nos empeñábamos en hacer la puerta. Había que coger medidas, pensar que no quedara ni muy estrecha ni muy ancha, que fuera algo equilibrado al mismo tiempo que los marcos y columnas debían quedar todos a nivel. La ciencia de la construcción tiene sus propios secretos, sus tecnicismos, su tecnología. La cabaña, sin embargo, deseaba seguir empeñada en ese estilo orgánico donde las líneas rectas no existen y donde todo, aunque parece torcido y caótico, guarda cierta sintonía. Como no podía ser de otra manera, la puerta también quiso retorcer la realidad a una ficción insondable y bombear fantasía a los que, a partir de ahora, la atraviesen.

Hay un mundo de normas, de medida, de precisión, y luego hay un mundo de caos, de transgresión. Esta cabaña, y su puerta, pertenecen a este segundo mundo. Sin embargo, es posible conciliar ambas posturas si alzamos la mirada y volvemos a Ruskin y Tintoretto con sus pinturas. En el fondo de sus trazos y sombras, la cabaña, lo transgresor, advierte un orden superior, una destreza que emana un propósito que desea la excelencia. La puerta y la cabaña en su conjunto solo desean una cosa: albergar vida, crear un hogar, proteger el calor que derrama el ser. En ese sentido, su diseño caótico podrá parecer más o menos seguro, más o menos armonioso, más o menos dentro de una estética asumible. Pero la función última será plasmada en el regocijo de aquel que albergue sus ocho paredes.

Hay un mensaje subterráneo en toda creación. Los detalles pueden ser importantes, es cierto que deberíamos dedicar más tiempo a los mismos. Tan cierto como el sentido que pueda contener la construcción de cualquier cosa. Al menos el sentido último. Mimar los detalles sin caer en la tentación de perfeccionar los mismos al mismo tiempo que abrazamos la voluntad que mueve la empresa. Ocurre en las relaciones, en cualquier relación que se aprecie. A veces puedes tener un malentendido con un amigo, un enfado, una queja. Es un detalle a tener en cuenta. Pero cuando el detalle es más importante que el objeto final de la relación, la propia amistad, hay algo en la visión que está fallando.

Es posible que la puerta esté torcida, que una viga sea más o menos bonita. Pero la visión del conjunto siempre deberá ser mayor que la queja de esa aparente imperfección. No es una puerta, ni una cabaña, sino el símbolo emancipatorio y transgresor que supone, dentro de un proyecto pedagógico mayor, el haber podido ser creada.

Hay un código en todas las cosas. Lo importante, por lo tanto, es saber interpretarlo, acercarnos a esos trazos de verdad objetiva que siempre se entremezcla con nuestra visión subjetiva. Y más allá de ambas, el logos, la puerta de todo misterio. De ahí que esta pequeña y retorcida puerta esté llena de carga simbólica. No es una puerta, sino el alma que es capaz de atravesarla y llenarla, en el vacío que alberga, de vida y calor. Sí, abriendo puertas para que entren almas. No es solo un trozo de madera. Es todo aquello que el símbolo arrastra ante la visión profunda.

Sentir el palpitar


 

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El olor a chimenea es reconciliador. Las hojas otoñales forman un manto precioso que deja escapar las entrañas de la tierra en forma de setas que nacen con las primeras lluvias. El paisaje no puede ser más impresionante. Aquí no llegan las noticias de ningún tipo, excepto las de naturaleza ciega. Algo desea emerger hacia una marcha progresiva e incesante de vida superior. Algo sencillo, manifiestamente dirigido por ese orden natural que revela una interminable progresión hacia los designios inmutables.

Somos seres débiles y endebles. Nuestra fragilidad puede medirse a cada paso. Un mal tropiezo puede ser devastador. Una indigestión puede terminar fulminante con nuestro halo de vida. No somos conscientes del todo de esa intermitente casualidad que nos mantiene aparentemente fuertes ante las adversidades. Ese agregado de fuerzas perennes se agolpan en la mirada acompasada por la visión. Ocurren adaptaciones que parecen salvajes ante nuestra más insólita ignorancia, aquella incapaz de juzgar y entender los hechos objetivos de la vida sin añadirles cierto misterio y magia. Para el observador avispado, parece como si de entre la niebla surgieran a veces luminiscencias, seres semi-inteligentes que bucean en la realidad Una para intentar ser guiados por altos espíritus, por ese verbo manifestado proveniente de ese logos inmanifestado, esa mente universal e inmutable que establece los códigos misteriosos de todo cuanto existe.

El bosque parece transformado. Llamamos ciclos naturales a ese latir de un corazón que progresa hacia el anillo que todo lo anima. La vida es un aliento que palpita delante de nosotros, dentro de nosotros, fuera de nosotros, intrínsecamente en todas las cosas. En el silencio podemos sentir ese pálpito. Es como un tambor de aquellas tribus primitivas que conectaban con la esencia del espíritu de los tiempos. Una geometría sagrada que se revela como una mariposa arrastrada por la brisa. Un amanecer que bombea luz a todos los rincones. Un suspiro a media tarde capaz de atravesar con su emoción todo el remolino de aconteceres unidos por el sonido de la música.

Sentir ese pálpito es salpicar cada acontecimiento de expresión, de vocablo imperceptible, de vacuidad al mismo tiempo que lo sempiterno explota. Nuestros errores desaparecen. También lo hacen nuestras flaquezas. Los ciclos continúan. La vida continua. El misterio se desvela en esa llama, en ese tronco que transmite su calor a sus congéneres. El tambor no puede dejar de sonar en esos corazones, en ese barro que constituye nuestra vida. La tierra ahora está húmeda y caliente. Es otoño. La chimenea calienta las estancias, el corazón late a otro ritmo. Las aves rastrean en el suelo y los mundos se unen en su color añejo. El corazón se escucha más cercano. La vida, en su letargo, nos protege. Serena, la vida continua.

La idea que nos mueve


 

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Este silencio responde a una necesidad. Nadie posee la fórmula para satisfacer todo deseo, todo anhelo, todo aquello que a veces la vida demanda con insistencia. Un puente aparentemente indestructible puede quebrarse por un pequeño olvido, por descuido a la hora de colocar bajo el pilar una base consistente. A veces simplemente es como si no tuvieras ganas de batallar día tras día contra tanta ignorancia o dolor. Como si las fuerzas externas, aquellas que deberían estar ahí para hacernos fuertes, se volvieran contra el mundo entero, arrastrando de paso la frágil tarea de la vida.

Vemos las grises nubes sobre el horizonte y nos preguntamos con insistencia sobre el sentido de muchas cosas. Intentamos arrebatar al tiempo algún minuto de más ahora que la consciencia de lo limitado nos arrastra de nuevo hacia esa tragedia del sabernos finitos, restringidos a un tiempo que será siempre poco en comparación a todas esas cosas que habría que hacer en un mundo tan amplio como el nuestro.

Cada segundo golpea fuerte el tímpano temporal de la existencia. Algunos desean morir porque ya no ven más esperanza ahí fuera, y otros, aferrados a la urgencia vital, solo desean que los minutos se alarguen como esos atardeceres que se acompañan en el ritual del amor escondido. Hay un grito de dolor entre unos y otros. Unos piden vida, más vida, otros muerte.

El mundo sigue mostrando su complejidad. Es algo misterioso, enigmático, un secreto aún por desvelar. La vida se puede ver desde miles de perspectivas. Se podría elaborar un catálogo infinito de posibilidades. La sensación de finitud es a veces desesperante, otras irremediable y otras, las más pocas, tranquilizadora. Si nuestra consciencia es finita significa que una gran parte de nosotros desaparecerá. Pero otra muy sutil, casi imperceptible, carente de yo, y por lo tanto, de ego, permanecerá en el logos inmutable. Es a esa parte a la que los místicos de todos los tiempos se aferran para dotar de esperanza y alivio a lo trágico de la existencia.

Es especialmente importante la anotación que nos habla sobre la construcción del puente por medio del cual un centro seductor nace en nosotros, un foco que instruye los lazos que nacen de las relaciones impersonales entre la consciencia individual y la Consciencia Universal. Esto nos hace comprender que la relación especial entre los seres debería estrecharse, comprendiendo que todo lo que hacemos debe estar presente en esas cosas que nos permiten trabajar juntos para un mismo propósito. El propósito, llámese vida o causa humana, debería dotarnos al menos de una cómplice paz interior, de un sosiego, de una fortaleza inmanente. Algunos se esfuerzan día y noche por construir silenciosamente esos vínculos invisibles. A pesar del cansancio, del tedio, de los malos momentos, algunos trabajan entregados a la causa humana.

Lo hemos podido ver con nuestros propios ojos. Incluso a aquellos que desesperados lloraban por no saber qué más hacer, qué otra cosa poner sobre la vida para dignificar al otro. Hemos visto el esfuerzo continuo de aquellos cuya tarea inmediata es movilizar todas esas fuerzas y energías que han de proporcionar los cables e hilos destinados a identificar, sólidamente, el Puente entre los mundos de nuestra existencia cotidiana y ese reino invisible dueño de nuestras vidas. Es de esa idea desde donde podremos extraer fuerza y sostén para seguir adelante. Es esa esperanza que nos dota de inquietud para seguir adelante.

 

 

Gracias Antonio


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Antonio se marchó como siempre había querido. Con las botas puestas, trabajando hasta el último suspiro, sin parar de buscar y bucear en las letras de otros para editar aquello que veía como posibilidad futura. Llevaba muchos años en la cuerda floja, con esa enfermedad que tenía su cuerpo mancillado pero que no le impedía, a su pesar, seguir adelante. Cada cierto tiempo me llamaba para decir que le quedaban unos meses de vida. Me explicaba algunas anécdotas con risas y me pedía si, una vez el estuviera en el otro lado, podía ayudar a Pilar con la editorial o con lo que fuera. Me sentía halagado por tan inmensa petición y le decía que esperara, que haría cualquier conjuro curativo con tal de que aguantara todos los años que hicieran falta. Que no había prisa por irse, que tal y como estaba el patio, hacían falta muchas manos en este tajo.

Desde pequeñito leía los libros que él, junto a su infatigable compañera Pilar, editaban en Sirio. Nunca sabía quién estaba detrás de la Editorial Sirio, pero siempre me sentía agradecido por esos libros que pocos se atreven a editar y que sirvieron como guía en esa curiosidad adolescente por lo trascendental, por el misterio, por lo oculto de la vida.

Lo conocí hace casi diez años, junto a su infatigable esposa Pilar, cuando por una tímida casualidad me hice editor. Vi por primera vez a Pilar en una reunión de editores y me pareció un alma grande y benévola, hermosa y carismática. Sentí una atracción irracional por su presencia y ya no me despegué de ella. Él ya estaba enfermo pero desde el primer momento ofreció su ayuda incondicional a este joven editor que hacía sus pinitos. Sentí como esos padres que te adoptan cuando vienes desahuciado de una guerra. Primero con la distribución de nuestros libros, luego, también siendo mi primer editor. Tuve el honor y la suerte de que me editara dos libros de mi autoría. “No son muy buenos, pero sé que algún día llegarás lejos”. Esas palabras me llenaron de emoción pero también de responsabilidad. Tenía que estar a la altura de sus perspectivas. Antonio siempre era claro y sincero, y eso tiene un valor profundo en un mundo tan mentiroso como el nuestro. Siempre pensaba y me reprochaba que tenía un talento desperdiciado. Que estaba agotando mi vida en caprichos que no valían la pena. Me costaba decirle eso de que simplemente estaba sembrando, pero me gustaba escucharle porque siempre dotaba el alma de cualquiera de esa fuerza suficiente para seguir adelante.

El trato profesional pasó la frontera de la amistad y empezamos a frecuentarnos en su despacho, contándonos anécdotas mientras desayunábamos leche de almendra con galletas, sufriendo la crisis del sector e imaginando como sería el mundo de los libros en el futuro. Me sentía arropado, protegido a su lado, como ese mentor que todo pequeño empresario necesita para impulsar sus proyectos. Siempre me echaba la bronca cariñosamente por mis torpezas editoriales pero siempre estaba ahí el primero para echar una mano en lo que fuera. Lo hizo cuando estuve a punto de deshacerme de los sellos editoriales y él me animó y me ayudo para no hacerlo. Estuvo ahí cuando quebraron nuestras distribuidoras dejándonos pufos de más de cien mil euros y él decidió distribuir todos nuestros libros. Estuvo ahí siempre, hasta el último día.

Una semana antes de marcharse, tras una visita a Málaga para ver como estaban, decía que quería volver a venir a O Couso. “Lo haré en unos días”. No lo hizo, se fue al otro lado quizás porque allí haga ahora más falta. Quizás para inspirarnos y ayudarnos en este trabajo de seguir llevando las letras de nuestro tiempo a los rincones más insospechados. Querido Antonio, gracias de corazón por todo lo que has hecho en nosotros. Gracias de corazón por estar ahí. Sigamos adelante querido.

Pd.- Este año se han marchado dos buenos amigos de Málaga. Pepe primero y ahora Antonio. Como diría nuestra querida Dolores, estarán ahora tocando el arpa en alguna nube mientras con cierta broma socarrona ríen a costa de nuestras pequeñeces. Pasadlo bien bandidos y disfrutad del otro lado.

 

El bello júbilo floreciente


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«Realmente me darás una de las más jóvenes Cárites».Discurso de Hipnos

En un mundo acostumbrado a la palabra burda y mentirosa resulta difícil reencontrarnos con los principios mistéricos de las tres gracias. Solo cuando deámbulas solitario por un páramo cargado de naturaleza se puede admirar con detalle la belleza exuberante, la alegría en el trinar de los pájaros. El encanto, la elegancia, la creatividad, la fertilidad, el júbilo floreciente de un mundo que sigue encerrando en sí mismo todos los misterios.

En la ciudad ya no queda resquicio del piramús, esa torta de miel que se comía en la “charistía”. Se ha perdido el contacto con la gracia, con el honor, con la dulzura. Se ha perdido el contacto con el silencio, con la profunda conexión que resulta del abrazo inevitable entre la belleza, el amor y la sabiduría. La voluntad del encanto, la presencia casi divina de todo aquello que nos hace únicos desaparece a cambio de griterío, cosas, putrefacción, esclavitud.

No nos damos cuenta pero hemos convertido nuestras vidas en una estrecha y delicada mentira que no queremos ver, que no queremos comprender, que no queremos analizar. Esa mentira se alimenta de la ilusión de creernos felices, se empodera a golpe de crédito que se valoriza en cosas inútiles que tan solo satisfacen nuestro egóico deseo de posesión.

Poseemos orgullo, vanidad, egoísmo e individualismo a golpe de esclavizar nuestras vidas a un contrato que nos sujeta a un tiempo jornalero. Dedicamos nuestro mayor bien en una copla sin sentido que nos embelesa y nos promete la última novedad de la última cosa inútil de turno. Todo a cambio de mayor velocidad, de una mayor experiencia en la ficción alarmante de lo nefasto y tosco.

La moneda de cambio es costosa. Nuestra jaula de grillos nos ha alejado de la esencia, de lo útil de la vida que no es más que el amor y el compartir con diligencia y sosiego. Lo burdo se apodera de las parcelas y la vida se corrompe de un vacío esperpéntico.

El purismo renace como una opción extremista. Un purismo hipócrita que se azota los costados mientras enarbola al dios mentiroso. Nos vendemos al mejor postor y ahí se terminan los principios, los valores, el honor de ser fieles a nosotros mismos. La fiesta ya no es muda, ahora se celebra despiadada. 

Hoy la música nos recordaba que la belleza debe gobernar de nuevo nuestras vidas. Nos urgía a resucitar el arte, la cultura, las tres gracias. El profundo halo de libertad que se escucha en la cima de un monte encumbrado nos eleva a ese resplandor profundo de magia necesaria. Recobrar la naturaleza, reencontrarnos con ella, elevarnos en su fragancia perfumada por avisos del cielo. Ese azul, ese verde profundo de montañas arrojadas a la suerte humana. Ese aire que aún brota desde los confines oceánicos. Ese volcán que explota dentro de nosotros mismos como un aviso urgente. Ese baile necesario, desnudo, secreto.

Aglaya, Eufrósine, Talia. El bello júbilo floreciente. Las tres diosas que deberán ser resucitadas en esta mundo de guerra y frío, de soledad y espanto, de desgarre apocalíptico. Los poetas y los románticos siempre se enzarzaban en ese caprichoso delirio llamado esperanza. La esperanza siempre de un mundo nuevo, calmado, amoroso. Muchos terminaban, ante el fracaso, en suicidio. Otros, empeñados en cambiar al menos un ápice nuestra naturaleza humana, encerraban su codicia y despertaban de nuevo el anhelo del trabajo silencioso, respetuoso y cargado de esfuerzo en el compartir. La realeza de sus acciones, y no de sus palabras, es lo que sigue inspirando a la nueva ola de servidores del mundo. La Belleza, el Júbilo y la Floreciente vida nos espera.

Editorial Séneca, diez años apostando por la cultura


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Un 21 de septiembre de 2006, hace hoy diez años, nació Editorial Séneca. La primera Editorial Séneca fue fundada en México por emigrantes y exiliados españoles que en 1939 huían de la Guerra Civil. Fueron los intelectuales José Bergamín y más tarde Emilio Prados los que dieron forma al proyecto editorial que pretendía rescatar la cultura e identidad del pueblo español intentando difundir la literatura y los conocimientos científicos de la época. La última publicación del exilio mexicano data de 1949. Desarrolló un papel importante en la vida intelectual de los exiliados durante la década de los 40.

En septiembre de 2006 retomamos el pulso a la historia rescatando del anonimato y el olvido el nombre de aquella primera editorial de exiliados tras la Guerra Civil, intentando dar continuidad a la labor de aquellos primeros editores. Fue así como recién llegados a este convulso mundo de la cultura en nuestro particular exilio intelectual y político, imprimimos el mismo carácter urgente en la tarea de rescatar esa cultura nuestra. A esta ingente labor se suman socios y amigos que junto a ellos proyectan y dan forma al espíritu senequista. En la primavera de 2008, y siguiendo con la filosofía de rescatar y conservar el espíritu de nuestro tiempo, nace un segundo sello: Editorial Nous y años más tarde, en 2012, la Editorial Dharana. Por el camino quedaron otros proyectos como la fallida Editorial Welton y la primera Phylira.

Este año, para conmemorar el décimo aniversario nos hemos actualizado a los tiempos y hemos creado un cuarto sello editorial: Editorial Phylira. Desde que empezamos nuestra labor cultural e intelectual siempre nos ha llamado la idea de dar voz a los que, por ser noveles desconocidos, no tenían acceso al mundo editorial. En esta labor nos hemos dejado la piel, especialmente por la triple crisis que vive actualmente un sector que parece estar sellando su propia extinción. De ahí que Phylira, sin olvidar nuestros orígenes y sin dar la espalda a la edición tradicional, pretende impulsar lo que algún día dimos por llamar “la escritura del no”, es decir, potenciar de nuevo a aquellos que quieran ver su libro impreso. Una plataforma fácil para hacer realidad los sueños de todos, y de paso, seguir buscando nuevos autores que algún día sean la seña e identidad de nuestra cultura, de nuestro tiempo, de nuestra identidad y espíritu.

Editorial Séneca siempre se ha caracterizado por su extensa generosidad a la hora de editar a autores noveles, arriesgando con ello año tras año y sobreviviendo, a pesar de nuestro carácter alejado de lo comercial, a todos los envites imaginables. También se ha caracterizado por dar voz a los sin voz, en una inaudita labor antropológica y etnográfica, dando la palabra a los pueblos y sus gentes, a las historias de vida que de no ser por este medio editorial, nunca hubieran visto la luz. También hemos apostado por la poesía, por el ensayo, por la narrativa, por la ciencia y la filosofía, por la política y la economía.

El talento de la escritura, el don que todos llevamos dentro, siempre ha sido una obsesión para los componentes de la editorial. Es por eso que desde la misma estamos impulsando la creación de la futura Escuela de Dones y Talentos que se está fraguando en una nueva montaña de los ángeles gracias a la generosidad de todos los que apoyan a la Fundación Dharana y su Proyecto O Couso.

Nuestro afán por avivar la llama de la paz, de la cultura y del amor universal nos lleva a celebrar doblemente este aniversario. Celebrarlo con vosotros, en comunión, en silencio, trabajando, en un gozo indescriptible.

Ahora se presentan nuevos retos, por eso Séneca, baluarte y estandarte de todo lo que ha surgido en esta década compleja, seguirá siendo el buque insignia de todo cuanto hagamos.

Un agradecimiento especial a todos los que confiaron en nosotros. Una especial mención y felicitación a todos los autores que se dejaron la piel y la escritura en esta hazaña. Gracias de corazón, y sigamos cocreando la cultura de la paz.

Una gratitud sin precio para Oscar, Sara, Carlos, Mario, Luis, César, Laura, Fran, Xio, Julia, Noe y tantos otros que han hecho posible con su esfuerzo este proyecto.

In memorian para todos los autores que nos han dejado en el camino.

 

El silencio reina en ambas columnas


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«Me doy cuenta que si fuera estable, prudente y estático; viviría en la muerte. Por consiguiente, acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, por que ése es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante.» Carl Rogers

Se acaban de marchar los últimos peregrinos del alma y tras un verano intenso donde las luminarias no han parado de venir a este pequeño paraíso terrenal el silencio reina en ambas columnas. La soledad, el preludio del otoño con estas primeras lluvias tras dos meses de sequía, las hojas que cubren el manto amarillento y el verde que empieza a florecer por todas partes son ya señales de que un nuevo ciclo se acerca. Recogimiento, introspección, silencio.

Han sido unos meses de mucho estrés, de mucho movimiento interior y exterior, de muchas experiencias duras y profundas, algunas secretas, indescriptibles, fuertes. Ahí están para alumbrar la sabiduría, para fortalecer la voluntad y para protegernos de la ignorancia bajo el humilde manto del amor y la compasión. Hemos pagado el precio de una vida fluida, perpleja y excitante. Hemos también reclamado el salario en la columna del estudio, la introspección y el servicio.

Las columnas de todo templo que se precie están decoradas con granadas. Para los iniciados en las artes del símbolo esto denota la abundancia que es fruto de una utilización sabia de los dones que recibimos. Explorar esos dones solo es posible si somos capaces de ofrecer tiempo y espacio a esa mirada que tiene como premisa el progreso de la humanidad, intentando elevar el nivel de nuestra vida moral y social, y de paso, la de quienes nos rodean. Esos dones se manifiestan en el silencio, en el tiempo otoñal de nuestras vidas, en aquello que abarca la plenitud de lo que anhelamos.

En la quietud silenciosa damos más espacios al espíritu y dejamos que el alma, puente imprescindible hacia la vida trascendental, sucumba en sus anhelos. Es algo que está ahí, a veces de forma imperceptible. Podemos apreciarlo o no, podemos verlo o no, podemos utilizarlo o no. Eso dependerá de nuestra capacidad de vivir una vida lúcida y despierta o, por el contrario, sucumbir a una vida plácida pero estable, prudente y estática.

La Voz del Silencio siempre es buena compañera. El silencio es el antakarana, el puente, hacia lo trascendental. Dharana significa “concentración”. Es lo que precede en la meditación raja yoga a Dyana y Samadi. La iluminación, nos dicen, solo es posible desde el silencio. También la paz, el amor y eso que llaman la vida eterna. No hay mayor iluminación que la cotidiana, esa que nos lleva por las veredas de la verdad silenciosa, del susurro melódico del devenir que experimentamos a cada instante. Si nos fijamos con detalle en la vida observamos con asombro y sorpresa que todo cuanto ocurre ha sido tejido minuciosamente por una dimensión arquetípica inabarcable. No podemos entenderla al igual que el ave no intenta comprender el misterioso regalo del viento. Pero podemos observarla, navegarla, experimentarla.

Lejos del ruido y la indiscreción profana los estudiantes se reúnen para recibir su salario. Son los dones, puestos al servicio de lo trascendente, la paga ansiada. Desde una de las columnas que decoran el templo se avista claramente la cámara interior. Un secreto encierra. El secreto de la quietud, del silencio, del anhelo. Una esperanza alberga: el poder compartirlo, entregarlo, donarlo. El don nace para ser dado. Donar, dar, como lo hace el sol o la naturaleza es el mayor de los secretos aún por descubrir.

Instante frágil


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Queridos, perdonar mi silencio pero ayer tuve que ir al hospital de urgencia por un fuerte dolor en el pecho y hoy he pasado el día de reposo.

Por suerte se descartó un fallo cardiaco y todo se redujo a un exceso de estrés. Hoy ya estoy mejor y de nuevo dándolo todo.

Sobre la política de este país pues creo sinceramente que si viviéramos sin gobierno los próximos diez años nadie lo notaría. 

Por desgracia aún no somos un país moderno, ni siquiera posmoderno. Vivimos aún anclados en los reinos de taifas, algunos ya más avanzados han descubierto la pandereta y el botijo y otros siguen con sus moriscas manías de ser los mejores o los más altos y rubios. 

Creo que la mejor política es la que hacemos desde nuestras pequeñas decisiones diarias. 

El qué comemos, el qué vestimos, en qué trabajamos, a qué dedicamos nuestras horas de ocio, donde guardamos nuestro dinero o en qué lo empleamos. 

La mejor política es aquella que hace de la convivencia humana algo mágico y maravilloso. Algo así como un abrazo matutino después de una meditación silenciosa en grupo o una comida en familia, aunque la familia no sea sanguínea sino que en ella te acompañe tu perro o tu vecino o un peregrino desconocido. 

Hay mucho ruido y pocas nueces en esa otra política barrio bajera donde unos y otros se acuchillan para no se sabe muy bien qué. 

Es ese teatro humano, tan necesario para ombliguear, para persuadir, para seducir, olvidando los valores universales y necesarios de la buena conducta, la buena voluntad y el bien común como premisa necesaria en la convivencia humana, solo hay espacio para el tedio. 

Bueno, perdonad el rollo. Es que ayer pensé que me moría y al resucitar recordé por un instante la urgencia del vivir, y sobre todo, la urgencia de hacer el bien. 

No solo para uno mismo, sino también para el resto de los que en este mismo instante, comparten vida. 

Somos pasajeros afortunados, pero este viaje dura un instante muy corto de tiempo. 

Vivamos en lo imprescindible. 

Un amoroso abrazo,

J. 

Pd.- Si estás leyendo estas letras es porque estás vivo. A veces olvidamos que la vida es fugaz. Te puedes caer y romper la cabeza como le pasó el otro día a alguien que andaba de excursión por Islandia. Puedes coger el tren y perder la vida mientras chateabas con alguien como pasó hace unos días en Galicia. No sabemos nuestra hora, pero ahí está, aguardando pacientemente. Nos falta, lo queramos o no, ese punto de alerta, de lucidez, de consciencia despierta que nos haga entender que todo es fugaz. En esa fragilidad, en este instante donde aparentemente estamos vivos, deberías reconsiderar todos y cada uno de nuestros días. Deberíamos pensar si cada instante que pasamos en esta nave tierra ha sido único e irrepetible. Deberíamos analizar si mañana cuando vayamos a trabajar lo haremos con una actitud positiva y cargada de cariño hacia todos. Deberíamos pensar antes de hablar, antes de emitir un juicio, antes de intentar convencer al otro sobre una u otra cuestión, antes de salir a la calle para hacer ruido, antes de hablar de fútbol o toros o política o cualquier cosa. Deberíamos sentir en nuestros adentros si todo eso que hacemos a cada instante, inclusive el comer y el dormir, lo hacemos desde un inspirado y urgente amor o desde una desesperada contradicción continua. Dichosos seríamos si tuviéramos ese instante de paz, de lucidez, de destello, como el que se siente cuando crees que la vida y la muerte pende de un frágil hilo. Ayer lo experimenté, y pensé que revivía, es decir, que aplazaba la hora trágica para abrazar el instante único del ahora. En paz, vulnerable, pero con fuerza suficiente para seguir. Es hora de gobernar nuestras vidas, de emanciparnos de todo aquello que nos frustra o anquilosa. Es hora de despertar del sueño y vivir cada instante.

Imagina un mundo nuevo


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Todo empieza en la mente. Cualquier acto, cualquier cosa que realizamos de forma individual o colectiva surge de un pensamiento. La mente es la masa de arquitectura y el corazón es la fuerza que empuja la creación hacia cualquier cometido. Estamos aprendiendo a pensar, a razonar por nosotros mismos y a ser creadores de cosas, de momentos, de experiencias, de relaciones, de sueños. Estamos empoderando nuestras vidas más allá de las estructuras que nos han ido inculcando y podemos empezar a diseñar nuestras vidas de forma diferente, emancipados del miedo y la ignorancia.

El deseo nos llena de magia la existencia. El instinto lo empuja. La intuición la eleva. Porque es cierto, y esto también forma parte de ese descubrimiento, que podemos elevar nuestras vidas hacia dimensiones aún más amplias y extensas. Estamos empezando a desvelar ese nuevo mundo que necesitamos. Esto resulta ser una revelación porque podemos guiar nuestras vidas hacia un sentido nuevo.

En las antiguas órdenes religiosas, algunos hermanos se reunían en secreto para relacionar los asuntos de su causa mayor. “Gentiles señores hermanos, levantaos y rogad a Nuestro Señor que su santa gracia descienda sobre nosotros”. Esa visión divina de la vida les dotaba de una fuerza y un propósito mayor a sus propias vidas. Cuando los caballeros se reunían para glorificar a su santo Arquitecto estaban delegando sus vidas a un propósito mayor. De alguna forma estaban imaginando un mundo nuevo, ese mundo descrito por aquel al que ellos llamaban respetuosamente Señor o Maestro.

El reino de Dios era para ellos el reino del amor, el reino del respeto, la tolerancia y la justicia, la libertad y la fraternidad entre los hombres y mujeres de buena voluntad. Ese reino imaginado en los corazones ingenuos de aquellas gentes era algo realmente poderoso. Les dotaba del coraje necesario para crear y disciplinar un plano, el de la mente, aún embrionario.

La adoración y la disciplina hicieron que la vida fluyera hacia los mundos abstractos de la creación. El ser humano pasó de creer en Dios a endiosarse con su aparente infinito poder creador. Al mismo tiempo que esto ocurría la creencia, que antes era institucional y compartida, se volvía cada vez más privada y silenciosa. De alguna forma el Señor, el Maestro del que hablamos predijo lo que pasaría en un futuro: “pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. Aquel que se desvanecía en el desierto para orar en secreto, aquel que se despedía de la multitud y subía al monte a solas para orar; y al anochecer, estaba allí solo, no era más que un profeta del futuro, un ser que entendió la evolución humana, su papel en la creación y el desarrollo que la mente tendría en un futuro. El Señor, el Maestro, era un instructor del futuro, un pedagogo de todos los tiempos.

Los adeptos más destacados siguieron sus pasos. Sabían que el corazón del místico solo podría expandir toda su gloria bajo el tupido manto del conocimiento, del esotérico y del exotérico. Corazón y mente unidos para escalar a las montañas del silencio y la plenitud y descubrir el verdadero sentido de toda la existencia. Adeptos que superaron el estadio místico y esotérico y se entregaron en vida a una causa desconocida, pero necesaria para crear ese mundo nuevo. Entregados e integrando el amor y la sabiduría mediante la voluntad al bien, hacen progresar en silencio al conjunto de la humanidad. Su inspiración y su proclama bandera de la paz seguirán instruyendo siempre nuestro futuro, nuestro particular nuevo mundo. Sus plegarias, sus oraciones silenciosas allá en el desierto construyen la realidad futura. Contribuyamos con ellos imaginándola.

La cabaña: un refugio para los sueños


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“Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida; ¡es tan hermoso el vivir!; tampoco quise practicar la resignación, a no ser que fuera absolutamente necesaria. Quise vivir profundamente y extraer toda la médula de la vida, vivir en forma tan dura y espartana como para derrotar todo lo que no fuera vida”. Thoreau

Todo bohemio que se precie sueña con su propia cabaña. El ideal de vida en el bosque ha sido siempre un motivo para crear y sumergirse en la profundidad metafísica de la vida. Algunos consideran el romanticismo de la vida en los bosques como el privilegiado retiro de soñadores. Sería algo así como el heimat alemán, la vida en el hogar que nace alrededor del fuego, insertado en un paraje privilegiado donde poder contar las horas de forma desahogada y plácida. La cabaña y los bosques sirven como profunda confrontación entre el artista filósofo y la propia existencia. Un reconocimiento del espacio y el tiempo medido emocionalmente y alejado del mecanicismo de la ciudad. Ve en la naturaleza esa entidad superior que acoge la gnosis oculta de la vida. Necesita ese retiro privilegiado para poder inspirar sus obras.

Filósofos como Wittgenstein y Heidegger, compositores como Mahler y Edvard Grieg, el poeta Dylan Thomas, el dramaturgo August Strindberg o los escritores Knut Hamsun, Bernard Shaw y Virginia Woolf son algunos autores que se inspiraron bajo el abrigo de un reducido espacio.

En la naturaleza encontraron esa paz que gotea lentamente. Como decía el poeta irlandés William Butler refiriéndose a su propia cabaña: “desde los velos de la aurora hacia donde el grillo canta; allí la medianoche es toda un tenue brillo, y el mediodía es de un fulgor púrpura, y el atardecer se llena de las alas del tordo”.

Grandes escritores y poetas soñaron y vivieron en su propia cabaña. La cabaña de Heidegger en Rötebuckweg sirvió para inspirar sus grandes obras. Allí, en la profundidad de la Selva Negra alemana, en su particular die Hütte (la cabaña), pasó más de cinco décadas escribiendo, reflexionando y dando a la luz obras como “Ser y tiempo”. Reclamar la intimidad y la soledad necesarias para escribir grandes obras solo es posible en entornos privilegiados como el suyo.

En el abrigo de una cabaña el espíritu encuentra su refugio para poder inspirar a otros, para ser foco y luz en la oscura noche del alma, para proclamar con urgencia que otro mundo es posible. Thoreau inspiró con su Walden, mi vida en los bosques, mis primeros días en esta pequeña caravana desde donde ahora escribo. Pude leer en aquella primera primavera su obra al son de la lluvia, la soledad y la sorpresa. Thoreau construyó con sus propias manos su pequeño refugio junto al lago a las afueras de Concord, Massachusetts, y desde que leí su proeza pensé que algún día yo mismo podría hacer algo parecido.

Esta mañana rematábamos una de las paredes de la cabaña. No podía creer que alguien venido de la ciudad y que nunca había clavado un clavo pudiera levantar una cabaña. Si todo va bien pronto ese lugar servirá de inspiración para seguir creando. Ya no se trata de vivir soñando, sino de vivir dentro del sueño, ampliar las miras y ayudar a otros a seguir su senda, el camino que se expande inevitablemente en la mente abstracta. Ese puente tejido de corazón podrá ahora desarrollarse aún más profundamente.

Toca buscar medios para terminar de comprar los cristales y hacer un pequeño lavabo en esta hermosa cabaña octogonal. Pronto su pequeño tamaño se convertirá en mi propio palacio junto al bosque. Pronto también será vuestra casa, como siempre.

Tres veranos en comunidad


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El tiempo pasa excesivamente rápido cuando te empeñas en vivir la vida hasta el fondo, estrujando la madeja invisible de todo cuanto ocurre. Hemos empeñado parte de nuestra vida en este loco proyecto comunitario, hipotecando quizás unos años futuros con tal de que merezca la pena el realizar un sueño colectivo. O Couso se ha convertido en una pequeña luciérnaga que ilumina en una eterna noche oscura. Atrae hasta sus mieles pequeñas luminarias que se decantan por unos días de descanso, de retiro o simplemente de compartir. Cuando ves todo lo que aquí se genera de forma humilde e invisible dan ganas de compartirlo de alguna manera.

Es evidente que esto no es ninguna panacea, ni la utopías completa ni un mundo maravilloso, pero también es evidente que nos resultaría muy difícil vivir en otro tipo de lugar. La apuesta, la entrega, el relato de una vida que se experimenta segundo tras segundo es algo que no tiene precio. Contemplarla como un observador silencioso, dejando que las cosas fluyan a su ritmo, aprendiendo de la fortaleza de los robles y buceando en la flexibilidad del agua que recorre toda la tierra húmeda es algo que ennoblece el alma y ocupa la atención del espíritu que todo lo mueve.

Son tres los veranos que hemos pasado aquí. Hemos aprendido mucho, hemos acelerado nuestros procesos cognitivos y estamos aprendiendo a inclinar con humildad todo nuestro bagaje pasado. Aquí nos damos cuenta de la minúscula atención que el universo entero muestra sobre nuestras pequeñas vidas. Nos ilumina la inmensidad a cada instante, por lo tanto, tomamos consciencia de nuestra pequeña trascendencia. Aún así, nos sentimos afortunados por ser partícipes vivos de este hermoso elemento, de esta hermosa tierra que nos acoge y dulcifica con su belleza nuestras penurias y desalientos.

Hemos aprendido a soportar los ciclos y hemos sabido adaptar al milímetro nuestras vidas a los elementos. Nos hemos llenado de coraje y valor y hemos comprendido la importancia de estar aquí, de ser guardianes de ese pequeño destello que debe sumarse a la estrellada noche del alma. Nuestro papel es bien fácil. Debemos alimentar al peregrino. Primero con un poco de cobijo y comida y luego, alentar con nuestra presencia y nuestros silencios la curiosidad del alma. Una vez abierta la brecha interna, la luz avivada, nuestro papel se limita a dar de beber al sediento con un trozo de pergamino antiguo, con un poco de esa perenne esencia.

Nos alegra poder servir para eso. Hacer unas alubias por la mañana y ofrecer un poco de aliento por la tarde. Y como mínimo, sembrar siempre esa semilla de amor y esperanza para que en un futuro, quien sabe si en esta o en otras vidas, esa semilla crezca y prevalezca como propósito vital. La luz del alma solo puede alimentarse desde el alma. Por eso, aunque aparentemente no ocurra nada ahí fuera, realmente se está librando una gran batalla aquí dentro. En los planos invisibles, un ejército de luminarias nos asisten. Por fuera, seguirá siendo todo igual de sencillo, enigmático, amable, amoroso. Por dentro nos enriquecemos a cada instante, a cada segundo. Somos privilegiados testigos de cada una de esas experiencias.

 

Sobre la naturaleza del alma


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“El Ser Supremo tiene dos naturalezas, superior y inferior, tierra, aire, fuego, agua, éter, mente, entendimiento y sentido del yo es la óctuple división de mi naturaleza, pero esta es mi naturaleza inferior, mi otra naturaleza, la superior, por la cual el mundo asciende, es el alma, la consciencia”. Bhagavad Gita

Es cierto que entregar unos años de tu vida a un propósito invisible para los ojos que se fijan en las cosas de la tierra puede resultar una pérdida de tiempo. Puedes ver a un leñador atizar el fuego de una chimenea en otoño y olvidar que durante el verano estuvo trabajando duro en la espesura del bosque. Puedes ver caer las semillas en la tierra húmeda y obviar los procesos invisibles que se desarrollarán en toda su explosión de vida futura. El agua que circula rauda en primavera se cuela por los acertijos del valle para penetrar en las profundidades calizas y albergar en oscuras cuencas el líquido de vida que muchos beberán. El aire circula afanoso transportando ideas mientras el fuego, avivado por la lucha de las estaciones, expande su calor en las estancias invernales.

Más allá del mundo de la forma, de la estrecha mirada fenomenológica que todo lo entiende porque muestra tan solo las partes finitas de los hechos, existe un mundo aún más rico y extenso donde las causas no tienen fin y la naturaleza se expresa de forma ascendente. Es allí donde moran, en posadas trasparentes cargadas de luz y brillantes paredes  aquello que llamamos el alma y la consciencia. Es allí donde los propósitos se apoderan de nuestras vidas y nos conducen a realizar cosas que son incomprensibles para la mirada corta.

En esas moradas viven aquellos que vigilan e inspiran nuestros actos. Aquellos que esperan ansiosos el que fijemos la mirada no en la parte carnal de las cosas, sino en los rostros invisibles de las mismas. Aquellos que implantan con paciencia la esperanza en nuestros corazones, esperando cautos que nuestra obra se fije con las columnas de la virtud, la razón y la verdad.

Hay una promesa en el aire que inspira constantemente pensamientos simientes, consciencias altamente cualificadas para regenerar la vida que está más allá de lo aparente. Hay muchos servidores cuya misión consiste en anclar en lugares fijos luminarias que atraigan a los buscadores ansiosos por elevar la mirada hacia ese cielo trasparente. La ciudad resplandeciente espera los latidos de nuestros corazones, esos que son como los tambores que dan la bienvenida a los héroes. A veces ocurre que nuestros latidos se pierden en la espesura de la afanosa vida y olvidamos el llamado que nos conmovió hacia la urgencia de actuar. La llama resplandeciente que algún día iluminó nuestro centro termina apagada por falta de ese combustible que regenera constantemente nuestra existencia.

Estamos, todos, llamados a una naturaleza superior, a un camino que tiene que ver más con la amplitud de la vida que con la estrecha rigidez de nuestra naturaleza pequeña. Hay algo que nos conmueve para seguir avanzando y creciendo hacia el mundo del espíritu. Hay algo que nos empuja más allá de los causas y los arquetipos que hace ascender al mundo. Ese algo debe latir fuerte en nosotros. Ese algo nos debe convertir todos los días en brillantes estrellas en la oscura noche.

Las Etapas de la Meditación


2.- Postura (Asana)
3.- Respiración (Pranayama)
4.- Alineamiento
5.- Fijación en un punto (Pratyahara)
6.- Concentración (Dharana)
7.- Meditación (Dhyana)
8.- Contemplación (Samadhi)
9.- Iluminación

1.- Correcta Conducta.- Es la disciplina del triple hombre inferior, la lucha con los elementales físico, astral y mental. Es abstenerse de los siguientes actos erróneos:
a) Ofensividad
b) Falsedad
c) Robo
d) Descontrol a nivel instintivo (gula, sexo, pereza)
e) Avaricia y codicia

Cultivar, en cambio, las virtudes opuestas:
a) Inofensividad
b) Veracidad
c) No codiciar bienes ajenos
d) Autocontrol de los instintos
e) Contentarse con lo que se tiene

Esto se entiende que abarca los tres planos: físico, astral y mental. Además, debe cultivarse:
1.- Ardiente inspiración
2.- Lecturas espirituales
3.- Devoción al Ser

2.- Postura.- La postura adoptada debe ser estable y cómoda. Para el occidental, no tiene sentido atormentar el cuerpo tratando de dominar alguna de las posturas del Hatha Yoga, que son tan cómodas para los orientales. Basta con sentarse en una silla confortable, de preferencia baja, con la columna recta, los pies naturalmente cruzados, izquierdo sobre derecho, la mano izquierda sobre la derecha, palmas hacia arriba, apoyadas en el regazo, los ojos cerrados y la barbilla retraída.

3.- Respiración.- Es la regulación de las fuerzas sutiles del cuerpo. Prana no es el aliento, sino la energía vital que circula por el cuerpo etérico. Lo que importa es establecer un ritmo entre la inhalación y la exhalación. Puede hacerse al estilo yoga o al estilo budista (concentrándose en el Hara).

La respiración tiene que ser inaudible y, cuando el ritmo está bien establecido, el meditante tiene la sensación de no estar respirando. Es que el acto de respirar se ha profundizado y está funcionando a nivel etérico. Esto significa que hay una sincronización perfectamente balanceada.

La punta de la lengua va apoyada detrás de los incisivos superiores para conectar los dos canales principales del cuerpo (nadis) y permitir que la saliva fluya naturalmente hacia la faringe, de modo que su abundancia no sea motivo de distracción.

4.- Alineamiento.- En el alineamiento de los tres vehículos o cuerpos: físico, astral, mental, y su estabilización mediante un esfuerzo de voluntad, empieza el verdadero trabajo del yo inferior por acercarse a su Yo Superior.

Es el cuerpo mental quien mantiene a los otros dos alineados. Recordemos que el yo permanente, quien representa a la voluntad, habita en las partes intelectuales de los centros. Cuando ambos cuerpos inferiores (físico y astral) están alineados, el cuerpo mental (o mente) puede establecer una comunicación directa con el cerebro físico, libre de obstrucciones e interferencias.

Cuando el alineamiento logra que los tres cuerpos inferiores se encuentren alineados con el cuerpo causal, y mantenidos firmemente en el radio de su influencia, puede verse actuando a los grandes dirigentes, aquellos que arrastran tras de sí a la Humanidad, los que reciben el nombre de “Discípulos Mundiales”.

Al comienzo se procura lograr la coordinación física, luego la estabilidad emocional, hasta que estos dos cuerpos funcionen como uno. Al extender la coordinación al cuerpo mental, el triple hombre inferior consigue desconectarse de la mayor parte de los estímulos de los tres mundos.

En el discípulo a prueba, este alineamiento se puede producir a grandes intervalos, en momentos de intensa aspiración. Antes de que el Ego se aperciba de su sombra (el yo inferior), éste debe de haber alcanzado la capacidad de trascender los tres mundos en mayor o menor medida. Cuando esta condición involucra las emociones, está basada en la mente y hace contacto con el cerebro físico, entonces empieza el alineamiento.

El logro de esta etapa depende de la purificación y disciplina del cuerpo físico y de la subyugación del cuerpo emocional. Esto hace que la materia elemental que los constituye se vaya sutilizando y haciendo más apta para recibir las vibraciones de los niveles abstractos, las que llegan por conducto del cuerpo causal situado en el tercer sub-plano del plano mental.

En cada vida vamos adquiriendo mayor estabilidad, eso es lo que se llama personalidad integrada, pero muy rara vez conseguimos alinear la triple naturaleza inferior con el cuerpo causal. Por lo general, es el cuerpo emocional sacudido por fuertes emociones, inquietudes y desasosiegos, quien se sale de la línea. Cuando llega a estar momentáneamente apaciguado, es el cuerpo mental con su rigidez producida por actitudes, prejuicios, etc., que no deja pasar la comunicación desde el plano superior hasta el cerebro físico. Son necesarias varias vidas de paciente esfuerzo en la práctica de la meditación para llegar a aquietar el cuerpo emocional y conseguir que el cuerpo mental sea permeable. Aún conseguido esto, se necesita gran disciplina para que ambos logros ocurran al mismo tiempo. Luego se debe trabajar en controlar el cerebro físico para que actúe como receptor fidedigno de la comunicación recibida.

Cada encarnación es representada a su término por una figura geométrica parecida a la de un cubo en perspectiva. Las formas de vidas primitivas son intrincadas, burdas y de contornos torpemente definidos, como un dibujo trazado por un niño pequeño. Las formas construidas por el hombre medianamente evolucionado son de contornos bien definidos y precisos, porque los cuerpos han estado mejor coordinados. Pero en el camino hacia el discipulado aceptado, la meta consiste en fusionar todas las líneas en una sola, lo que se realiza gradualmente. Esta única línea es el antahkarana.

Al final del alineamiento, antes de pasar a la etapa siguiente, se pronuncia el OM, haciéndolo resonar en voz alta en el triángulo del pecho y, por último, mentalmente, en el triángulo de la cabeza. La O se pronuncia larga y redonda y la M se hace vibrar. Se repite tres veces en cada triángulo, imaginando el sonido como una fuerza purificadora que limpia el aura de cada uno de los cuerpos, dejándolos libres de acumulaciones obstructivas.

5.- Fijación en un punto.- Es el recogimiento de la consciencia en un punto ubicado en el centro de la cabeza (hipotálamo). La atención debe ser tan intensa que se dejen de percibir los estímulos que afecten a los sentidos. Una vez conseguido esto:

a) enfocar la consciencia en el átomo etérico permanente, una pulgada por encima del cráneo, en el lugar que ocupa el chakra coronario.

b) llevar la consciencia al átomo astral permanente, liberándola del plano físico.

c) subir aún más la consciencia hasta la unidad mental, fuera de las auras etérica y astral. Así la mente podrá actuar con toda libertad. El resultado es una lucidez mental nunca lograda antes, porque la actividad habitual de la mente siempre está asociada a un deseo o impulso y es afectada por él. Entonces recién podrá actuar como el sexto sentido que es, llegando a constituir un receptor sensible a los pensamientos y directivas del Yo Superior al llegar a la séptima etapa, la meditación.

6.- Concentración.- Es la fijación de la mente en un pensamiento determinado (soporte). Puede ser un mantra, un koan, un símbolo, una cualidad (virtud que se desea adquirir) o una imagen sagrada.

La concentración supone mantener la mente firmemente enfocada en el soporte asignado sin desviación ni distracción. Esto, que para el principiante es sumamente difícil, se hace más fácil cuando se ejercita durante el día poniendo cuidadosa atención en todo lo que se haga (samú) y aplicando el discernimiento y la reflexión cada vez que corresponda. La atención dirigida es una actitud mental y debe ser cultivada. Es obvio que a una mente a la que se le ha consentido vagabundear durante las 16 horas de vigilia, no se le puede pedir que esté obedientemente quieta media hora diaria. La práctica constante de la concentración en las actividades cotidianas supera las dificultades de ejercer control sobre la mente y produce los siguientes resultados:

a) Reorganización de la mente
b) Polarización en el vehículo mental en vez del emocional
c) Apartar la atención del plexo solar al recibir las sensaciones aprendiendo a centrarse
en el cerebro. La mayoría de las personas, al igual que los animales, perciben a través
del plexo solar.

La mente debe ser nuestro servidor y no nuestro amo, y pasa a serlo cuando la podemos enfocar sin desviación alguna sobre cualquier pensamiento simiente (soporte) elegido.

7.- Meditación.- La concentración sostenida es meditación. La mente sólo es consciente de sí misma y del soporte que sustenta su concentración. Esto es meditación con simiente. La actitud del meditante llega a ser pura atención dirigida. Desaparecen para él su cuerpo físico, sus emociones, lo que lo rodea, todos los sonidos y percepciones sensoriales que pudieran llegarle de sus cuerpos o de su entorno. Valiéndose de la mente como de un dócil instrumento, el Ser puede influir en el campo de consciencia del meditante, quien puede dejarse dirigir conscientemente por él y esforzarse en alcanzar los resultados que su Ser espera. La mente ha pasado a ser el sexto sentido que realmente es y el cerebro actúa como una placa fotográfica receptora a la impresión interna. En ningún caso esto es un proceso fácil. Se tiene que haber alcanzado cierta etapa en el desarrollo evolutivo y haber cultivado la voluntad en cierta medida para perseverar en el intento a pesar de las dificultades.

8.- Contemplación.- El meditante ya no es consciente ni siquiera de su mente. El soporte se ha esfumado. No obstante, él está intensamente despierto y alerta, centrado en el plano mental abstracto donde no existe nada perceptible a los sentidos. Esto sólo es posible cuando el yo inferior, vibrando al unísono con la consciencia de su Ser (cuerpo causal), consigue formar un canal libre de interferencias aunque sea por un momento. A intervalos muy distantes al comienzo, pero después más frecuentes, empezarán a filtrarse ideas abstractas que irán seguidas, a su debido tiempo, de destellos de verdadera intuición, provenientes de la Tríada Espiritual (Ego o Ser). No existe en esos momentos ni el tiempo ni el espacio. El meditante realiza su unidad con todo lo que es; la expresión “consciencia de grupo” encierra algo de esa vivencia. Esta etapa se llama también: meditación sin simiente.

9.- Iluminación.- La naturaleza del Ser es luz, y gracias al proceso de la meditación su luz empieza a fluir hacia el meditante a través del sutratma. Su cerebro físico toma consciencia del hecho. A medida que esto se vaya haciendo más frecuente y constante, se va produciendo un cambio en el sujeto. Llega a estar más y más sincronizado con su Ser, la luz en la cabeza, entre la hipófisis y la pineal, se intensifica y el chakra ajna se desarrolla y funciona.

El hombre se percibe lúcido y con un intelecto claro. Es consciente de un poder en sí mismo que le permite comprender lo que existe en el plano del Ser, imprimiendo en su cerebro físico aquellos conocimientos sólo accesibles a ese nivel. Su percepción interior le da la capacidad de penetrar los misterios de la materia trascendiendo las formas y llegando a lo que éstas encubren, porque esa Realidad es idéntica a la que representa su Ser.

Este proceso gradual culmina en una luz enceguecedora: aquel fenómeno que todas las religiones dan en llamar “Iluminación”, o Satori en el Budismo Zen, y que sucede en la tercera iniciación, El antahkarana está terminado y allí, con palabras de Ramana Maharshi: “Sólo existe el Ser y nada más que el Ser.”

Alice A. Bailey