Insulina Teknoperra en Wesak


a

Tras salir del hotel Ritz me fui corriendo al centro. A media mañana me había citado con Insulina Teknoperra, una joven adolescente que estaba pasando por un momento de cambio. Le pedí permiso antes de escribir estas palabras porque no quería que su bonito nombre virtual dañara la imagen que me había hecho de ella. ¡¡¡Claro que sí!!! Me dijo encantada y siempre generosa.

Nos tomamos un café en una terraza y nos dimos un paseo por su barrio que está cerca del mío. La imagen era graciosa. Un ya maduro joven recién llegado de los desayunos con la alta alcurnia madrileña vestido con su elegante traje acompañado de una punki veinte años más joven. La gente nos miraba con extrañeza. La invité al café y me comí yo sólo las cuatro galletas de cortesía. Ella no podía. Para compensar me quiso invitar a un refresco cerca de su casa. Se pidió una Zero. “Aquí solo valen cincuenta céntimos”, me dijo encantada.

Paseábamos y paseábamos y no podíamos parar de hablar mientras todos nos miraban. Lo que la gente no sabía es que tras esa imagen distorsionada de la realidad, ella era realmente una princesa y el punki, el vagabundo, como alguien me llamaba cariñosamente en tiempos pasados, era yo. Mientras caminábamos sin rumbo se paraba a hablar con todos los vagabundos, con el negro de la esquina, con el rumano de su barrio, con el gitano, con los últimos de la calle. Todos la conocían y la saludaban con admiración. “A veces les bajo un bocadillo de casa, son muy buena gente”, decía feliz. Me emocionaba el amor que desprendía hacia todos. Un hombre le pidió dos cigarrillos y ella, con una sonrisa imposible, le dio dos. El hombre, extrañado pero feliz, se fue contento. Una mujer anciana preguntó por una calle. Era una escena increíble ver con qué tacto le indicaba la dirección correcta. “Con los niños y los ancianos me llevo muy bien”, repetía. Su amor y su inteligencia, muy por encima de la media, era una mezcla explosiva difícil de controlar. Su lucidez y destello no podía con el sufrimiento y la sinrazón del mundo. «Todo es injusto, todo es una mierda». No todo, pensaba yo. Ella es muestra viva de ello.

Al principio los dos estábamos cortados y tímidos. A mí me atraía su desfase total, sus marcas de esa mala vida, su look puncarra y alternativo. A ella mis explicaciones sobre el sistema, sobre como es posible seguir la utopía sin necesidad de vivir narcotizados por drogas, por televisión o por violencia. Mi particular visión alternativa le seducía de alguna forma. Me pidió educadamente permiso para fumarse un peta. “Ya sé que en O Couso no tomais drogas”. Le pedí que no me pidiera permiso para expresarse libremente. Así que hablamos sin tapujos sobre sexo, sobre drogas, de música punk. Incluso me puso algunas canciones que me recordaban a mi vecino del primero cuando intentaba convencerme de que Extremoduro y Barricada era lo mejor del mundo. Para un amante de Mozart resultaba una música excesivamente ruidosa. Pero con ella la escuché con cariño porque con mi vecino también llegué a apreciar ese mundo subversivo.

Cuanto más hablábamos más emoción sentía. Me pidió consejo sobre algunas cosas y sólo me atreví con rotundidad pedirle que no dejara los estudios. Ella quiere emanciparse y ha elegido un centro okupa lleno de drogas y desfase para hacerlo. Le dije que esa era una buena opción si conseguía que todas aquellas personas dejaban de narcotizarse y empezaban la verdadera revolución interior, única vía posible para trasladar la revolución necesaria al mundo exterior, al sistema, a esta falsa que entre todos hemos construido y que ha creado, a su vez, mundos como el de Insulina Teknoperra, un lugar de escape, de evasión, donde personas excesivamente inteligentes y sensibles arruinan su vida por no encontrar un hilo conductor entre la esperanza y la existencia.

Insulina Teknoperra es una princesa que aún no ha descubierto su alma aristócrata, su poder efervescente como espíritu elevado. La luz que brilla por sus ojos, la fuerza que desprende y que ahora marchita su joven cuerpo aún desea elevarse hasta lograr amar como aman los ángeles, mirando al corazón del vagabundo y abrazando a los últimos de la tierra. Así es ella, un ángel atrapado en este mundo diminuto y ridículo que por no comprender se abalanza sobre su vida.

Querida amiga, gracias por el paseo y por enseñarme hoy tantas cosas sobre el ser humano. Quizás, si no te hubiera conocido, hubiera olvidado la grandeza que reside siempre dentro de nosotros a pesar de lo más terrible. Nos vemos pronto, ya sea en la cueva o alzando la voz hacia la cima de la montaña, que no es otra que esa que hoy tú me has mostrado.

Mientras esta noche paseaba junto a la luna de Wesak recordaba cuanto queda por hacer en este mundo. Nos faltarán días para convencer a todas las Insulinas Teknoperras que la urgencia de actuar requiere una saludable respuesta revolucionaria. Y que el primer grito, el primer golpe de efecto siempre empieza en nosotros.

No te abstengas, vota a otros


a

En estos últimos años hemos sido testigos, quizás como sociedad madura y despierta, del engaño y manipulación constante que los partidos anclados en el poder nos han sometido constantemente. No hace falta dar muchos detalles sobre estas afirmaciones, pero sí hace falta recordarlo para futuros.

Tras más de casi veinte años de militancia constante en unos y otros, abandoné todos mis compromisos políticos y mi militancia activa. Tras meses de descanso y siempre con ese deseo de ser partícipe de los cambios que el sistema mal llamado democrático necesita, consentí aparecer en la lista para las elecciones europeas en un nuevo partido político, pequeño, sin representación, a modo de ejemplo simbólico y activista, sin más pretensión que la testimonial.

La decisión fue porque somos partícipes de este sistema. Somos nosotros los que diariamente lo consentimos, lo construimos, lo votamos, lo encubrimos y lo ensalzamos. Por eso somos nosotros, uno a uno, los que tenemos que alzar la vista y la consciencia hacia las próximas generaciones para que el legado sea lo más digno posible. Es por ello que me atrevo a seguir hablando de política, pero entendedme, no de esa política verdulera que nos venden en la televisión, sino política de la otra, de esa que se compromete por el bien común, por solucionar los conflictos y la precariedad de nuestro sistema, de esa que nace desde la intención sincera y honesta.

En estos siglos hemos conseguido muchos avances en todos los campos de la salud, de la educación, de la seguridad y el bienestar. Vivir en un país donde puedes pasear tranquilo por la calle y donde puedes viajar de un lado para otro sin que nada ni nadie intente abortar ese trayecto es todo un lujo. Pero debemos aspirar a más, y para ello, debemos comprometernos con el cambio necesario, atajar la corruptela, terminar con esa transición inacabada y buscar un lugar donde todos nos sintamos cómodos.

Creo un deber el ir a votar en estas elecciones, pero mayor deber es el dejar de votar a los de siempre, a los que anclados en el poder, olvidaron los principios por los que fueron clamados. Por eso votemos a otros, a esos partidos nacientes, pequeños, sin poder alguno, sin experiencia alguna, para que con su nueva gente y su nuevo talante den un giro importante a la deriva constitucional en la que estamos. Votemos a esos minúsculos partidos, no importa si eres verde, rojo o azul, de izquierdas, de centro o de derechas. Busca una alternativa que pueda acabar con el bipartidismo oligárquico en el que vivimos. Merecerá la pena el intento. Merecerá la pena terminar con la deriva.

Del deber de la desobediencia civil, de Thoreau


PORTADA DESOBEDIENCIA CIVILweb

Del deber de la desobediencia civil es el título de una conferencia escrita por Thoreau y publicada en 1848. En este escrito Thoreau explica los principios básicos de la desobediencia civil que él mismo puso en práctica: en el verano de 1846 se negó a pagar sus impuestos por lo que fue detenido y encerrado en la prisión. Él se justificó explicando que se negaba a colaborar con un Estado injusto que mantenía el régimen de esclavitud y emprendía guerras injustificadas.

Sin duda la obra y la vida de Thoreau ha sido siempre ejemplar y excitante. Su discurso es necesario en nuestros días y está de actualidad en nuestros momentos presentes. La dureza de la corrupción a todos los niveles, perfeccionada y sofisticada, acompañada de la crisis de valores que soporta nuestra sociedad requiere de herramientas filosóficas e intelectuales para poder entender formas diferentes de convivencia y comportamiento.

Pienso personalmente que estas herramientas son imprescindibles, y que debemos razonar la fórmula más eficaz para ponerlas en práctica. Thoreau se marchó a vivir a los bosques para demostrar que otra forma de vida y relación era posible. También nos obsequió en vida con textos y testimonios que requieren revisión para dotarnos de luz en estos momentos de oscuridad social. Desde nuestros sellos editoriales estamos haciendo un gran esfuerzo para renovar ese compromiso intelectual y retomar la necesaria reflexión para poder actuar en consecuencia. Espero que pronto podáis disfrutar de este librito ameno que pretende abrirnos hacia la luz de lo injusto y hacia el camino de las buenas prácticas civiles y sociales.

El libro ya se puede adquirir con gastos de envío gratuitos y al precio de ocho euros en el siguiente enlace:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/del-deber-de-la-desobediencia-civil?sello=dharana

Gracias por reflexionar juntos sobre un mundo mejor, más justo, más libre, más amoroso.

 

 

 LLAMAMIENTO A LOS HOGARES, CENTROS Y COMUNIDADES INTEGRALES


b

Con este llamamiento se busca la conexión entre los centros del mundo para que la solidaridad, el apoyo mutuo y la cooperación se extiendan hasta su último rincón. Desde hace ya tiempo se están construyendo centros y comunidades por todo el mundo. Hay muchas personas que sienten la necesidad de crear espacios con vocación social, donde lo colectivo encuentre el modo de desarrollarse, a ser posible, junto a la Naturaleza. El impulso a fundar estos lugares es muy fuerte y viene cargado de mucho idealismo e ilusión por parte de los implicados, y no es de extrañar, pues de alguna forma están creando la base sobre la que se asentará la nueva sociedad futura.

Fundar un Hogar

Pretender fundar un Hogar común, un Centro o Comunidad hoy día no es fácil. Son muchos los obstáculos que hay que superar, de hecho hasta ahora ha sido más realista que individuos aislados lleven a cabo estas fundaciones, que asambleas más amplias promuevan la creación de estos espacios, que sería lo deseable. Pero aun hay mucho que aprender. La cuestión es que las personas llamadas a construir estos centros se den cuenta y favorezcan el paso de ofrecer su proyecto a lo social y servir como guardianes de los ideales que representan.

Es importante mantener la pureza del intento y no convertir estos espacios en puros negocios, ni en lugares de entretenimiento para pasar el rato, ni en sitios donde ganar adeptos, ni dogmatizar. Los Hogares sirven al despertar de la conciencia, y aunque la desesperación por el dinero sea grande, podemos aprender a compartir. Por eso debemos apoyar a estas personas. Para que su intención no se desvíe y pueda salir a la luz la forma propicia de lo que quiere materializarse.

El dinero es una simple herramienta, útil cuando se sabe qué hacer con él, y llega cuando tiene que llegar. No podemos colocarlo en el punto de mira porque allí están los ideales y es imposible pretender caminar a la vez hacia dos direcciones contrarias.

Necesitamos estos espacios activos, las experiencias que se dan en ellos son fundamentales para nuestro crecimiento personal y grupal. Confiemos en que la vida nos hará llegar lo necesario para cumplir esta tarea.

Conectar la red

Este llamamiento va dirigido a los responsables de estos centros y a las personas que quieren colaborar en ellos, para recordar la importancia de conectarnos en red, comenzando en lo local para llegar a lo mundial, de generar nuevas relaciones  basadas en la generosidad que planteen nuevas formas de relación e intercambio entre todos, y lleguemos a formar una extensa red solidaria que sea capaz de acoger al desconocido a cambio de su colaboración.

Se acercan tiempos nuevos y el apoyo mutuo será el eje del cambio. Necesitamos recuperar las habilidades sociales que un día tuvimos para saber, por ejemplo, tomar decisiones colectivas o resolver nuestros propios conflictos, y de este modo poder superar los retos que ya se nos están presentando.

La hermandad de centros

La hermandad que se pretende tiene un planteamiento sencillo y a la vez esencial. Propone pocas cosas pero muy claras y pretende llegar al mayor número de personas posible.

¿Qué es un Hogar, Centro o Comunidad Integral?

Básicamente, es un lugar donde aprender a compartir.

¿Cómo aprender a compartir?

Abriendo las puertas del lugar, acogiendo al desconocido a cambio de su colaboración.

¿Cómo fiarnos unos de otros?

Necesitamos reconocernos, confirmar que tenemos el mismo objetivo y para ello recordarnos que el Compromiso que nos mueve es con el Misterio de este Universo.

El día que todos convirtamos nuestra casa en un Centro, y nos demos cuenta que todos somos peregrinos en la Tierra, se habrá conseguido el objetivo final.

Centros integrales

Son espacios al servicio desinteresado de la Totalidad, lugares en los que prima el nivel de compromiso adquirido libremente por cada uno consigo mismo, con el colectivo, con la humanidad y con la vida.

Un Centro Integral reúne diversos centros especializados en los que cualquiera puede encontrar su sitio y cuyos miembros tratan de aliviar las necesidades colectivas.

La toma de decisiones se produce en base al tipo de compromiso personal expresado, siendo los de mayor compromiso quienes aprueban o no el proyecto a los diferentes grupos de trabajo, que son libres para gestionar su labor.

Centros especializados

Un centro integral es a la vez un refugio en el que se aporta pan y abrigo al necesitado, un centro de estudios en el que hallar soluciones claras y reales, es una escuela en la que poner luz en la oscuridad de la ignorancia, un sanatorio para que aquel que lo necesite restablezca su orden natural, un centro de arte donde estimular la inspiración creadora, una oficina de gestión en la que organizar la generosidad, un templo para conectar con el Misterio.

El plan general

No es casual que se estén abriendo tantos centros en el mundo. Obedece a un planteamiento que tiene un origen profundo y por tanto desconocido. Nuestra misión es tratar de comprender sus pasos para materializar en esta tierra el equilibrio con el Universo y alcanzar los ideales de la humanidad.

La convivencia en paz, el Amor universal y la Libertad son posibles.

(Texto: fuente desconocida)

 

Desnuda y sola, dueña de tu existencia sublime


Desnuda

Querida G.,

la suerte de tener mala memoria, como la mía, es que siempre estoy viviendo en el eterno presente, instalado en él, me pregunto de qué manera puedo ser más libre y de qué manera puedo ayudar a liberar almas atrapadas, almas que desean dar un grito fuerte a la vida. Carezco también de memoria futura, así que en esa ceguera mía, me dejo llevar por la profunda intuición del momento, por el desplome energético de eso que vagamente llaman alma, consciencia, o lo que sea. Me imagino así también en anciana edad, pidiendo a gritos tener fuerzas para seguir adelante, buscando entre luminarias momentos de lucidez para albergar la esperanza de que algo bueno habrá que dejar aquí, en este planeta, antes de la renuncia final.

Esa desmemoria tiene sus ventajas. Ya no hay tiempo para el lamento, para la pena, para el sufrimiento. Incluso en los peores momentos me pregunto qué es lo mejor para ese instante y de qué manera puedo influir positivamente ante la gravedad del asunto. De ahí que nunca me preocupe si tengo o no recursos, si tengo o no para comer hoy, si tengo o no amor, comprensión, dinero, ambición. Quizás a veces pienso que de tener alguna obsesión, sería la de mantener mi cuerpo físico en perfectas condiciones de salud para poder seguir viviendo de forma libre y desapegada, sin necesitar nada, sin requerir nada excepto fuerzas suficientes para ayudar al prójimo en su periplo cósmico. De pedir algo a la vida sería precisamente eso, más vida para poder llenar de alegría y humor esos espacios donde a veces la trémula noche esparce sus alaridos oscuros.

Por eso aprovecho para animarte, que viene de ánima, y para llenarte de luz, de lucidez, que es algo más que la ausencia de oscuridad interior, que es aquello que nos impregna de una visión diferente, que nos acerca a esas dimensiones ocultas y esotéricas que están más allá de lo ordinario. No temas levantar la mirada a los requisitos del alma. Ella baila igual que nosotros y canta y se esmera por impulsarnos hacia otras esferas más luminosas. Pero cuando pasamos la mayor parte de nuestra vida entre lamentos, empobreciendo nuestra actitud con heridas de guerra incurables, entonces el alma se retira creando una amnesia total y una vida pobre, al menos interiormente pobre. Pero cuando le damos alegría, aceptación, cuando nos arrodillamos una y o otra vez en perfecta sintonía humilde ante los acontecimientos de nuestra vida, cuando aceptamos lo que somos con sumisa consciencia y vemos nuestros límites y nuestros defectos y entonamos nuestra resurrección psicológica como un nuevo nacimiento hacia la esperanza, entonces el alma vuelve y baila con nosotros y nos da fuerzas para seguir adelante. Nos anima.

Mira a tu alrededor. La vida nos ofrece diariamente motivos suficientes para estar agradecidos. Un trozo de pan, un poco de agua, un día luminoso, un paseo, una lluvia, el abrazo inesperado de un amigo, el canto de un ruiseñor o el vuelo de un águila, el lamido de un perro o la mirada de ese desconocido atrevido que fija su punto de quietud en nuestro espíritu alado. Hay tantos motivos para despertar felices, para entonar un canto a la alegría, al despertar, al avanzado momento del agradecer…

Te mando un abrazo inquieto y poderoso, llénate de alas y disfruta de la vida, en este presente, desnuda y sola, dueña de tu existencia sublime…

Transparencia y compromiso


DSC01929

A veces se acercan personas con dudas e incluso cierta desconfianza con respecto a proyectos que surgen de forma peculiar como el que estamos realizando en O Couso. La desconfianza y el temor son emociones normales en un mundo como el nuestro, el cual nos ha educado a pensar mal del otro y competir constantemente para ser mejores que el resto.

Para aclarar estas dudas hemos contestado a algunos interrogantes desde la fundación que ahora queremos compartir con todos vosotros, con el ánimo de que si verdaderamente pensáis que hay algo bueno en todo esto, no dudéis en decirlo en voz alta, en compartirlo sinceramente y en ayudarnos a hacer de este proyecto de transformación también un referente en vuestras vidas.

Es por ello que hemos abierto un apartado llamado “Transparencia y compromiso” donde hablamos del compromiso responsable, el cual consiste para nosotros en informar antes de realizar cualquier tipo de ayuda, ofrecimiento o donación y posteriormente para comprobar nuestro trabajo y el impacto de esa ayuda, sea del tipo que sea. Todas las ayudas que recibimos en la fundación es bajo el principio “deja lo que puedas y coge lo que necesites”. Y eso vale para todo, inclusive la donación monetaria.

El tema del dinero siempre ha sido algo peliagudo, es por ello que siempre invitamos a la transparencia y cualquiera que lo desee puede venir a O Couso a comprobar lo que estamos haciendo y como lo estamos haciendo.

A la hora de donar surgen muchas preguntas que es bueno mantener claras desde un principio. Informarse para donar no es fácil, sin embargo, desde la Fundación Dharana queremos ofrecer información de todos nuestros movimientos para mantener el valor del compromiso, la transparencia y la lealtad a nuestros principios.

¿Qué hacemos con el dinero recibido? Todo el dinero donado es para cumplir con el proyecto de construcción de la Casa de Acogida, de la Escuela de Dones y Talentos y de la Comunidad Integral, así como para su correcto mantenimiento y funcionamiento futuro.

¿Las donaciones son utilizadas para gastos del voluntariado o patronos? Los voluntarios y patronos de la fundación no reciben ningún tipo de estímulo económico. Los viajes, las dietas, las comidas y cualquier otro gasto que suponga su actividad y compromiso con la fundación sale de nuestros bolsillos personales.

¿Hay sueldos y salarios en la fundación? La fundación se sostiene bajo la responsabilidad y el compromiso de los amigos de la fundación. Por lo tanto, no existe ningún tipo de salario o remuneración monetaria a ninguno de sus miembros, ni tampoco pagos en especias o prebendas de ningún tipo.

¿Se construirán viviendas particulares para patronos, amigos o voluntarios? En la fundación no existe ni existirá, como principio básico de la misma, la propiedad privada, por lo tanto, cualquier casa que se construya en el proyecto de la comunidad será para acogida y uso de la misma, no para apropiación o especulación. La fundación no promueve un lugar de vacaciones o retiro, sino un lugar de transformación y trabajo con diferentes grados de compromiso.

¿Cómo se mantiene la infraestructura del Centro Dharana en Madrid? Tanto el alquiler como los gastos de mantenimiento es pagado por la empresa Dharana Press, la cual a cambio hace uso de parte de su espacio. Todos los beneficios de la venta de libros, talleres y donativos va íntegramente a la cuenta de la Fundación Dharana.

De los donativos recibidos, ¿qué otros gastos soporta la Fundación? Ninguno. Todo lo recibido es invertido en la construcción del Proyecto Dharana.

La construcción de este proyecto es algo para todos aquellos que sientan algún tipo de afinidad con los principios de la generosidad, del apoyo mutuo, de la cooperación y la cocreación de la Naturaleza desde un punto de vista transformador, ya sea interior o exteriormente. Y creemos en esa posibilidad de cambio y apostamos con todas nuestras fuerzas y energías para poder compartirlo con todos aquellos que nos acompañen en este hermoso proceso.

Algunos de nosotros trabajamos veinticuatro horas para la causa sin pedir nada a cambio y sin exigir nada a cambio. La vida de entrega, de renuncia personal por un alto ideal es motivación suficiente para seguir adelante. Y no lo vemos como una carga ni como una hipoteca solidaria. Lo hacemos libremente, por gusto y con gusto, a sabiendas de que pueda ser útil para pocos o para muchos. Por eso aceptamos gustosamente cualquier granito de arena que pueda ayudarnos en este trabajo. Nosotros no somos el proyecto, solo meros voluntarios con un grado de compromiso y entrega. Nada más. Nada menos.

 

(Foto: presentando el proyecto O Couso a nuestros primeros visitantes).

Gracias querida Laura


cc

Hoy hace justamente un año éramos águilas en un horizonte infinito. Nada ni nadie nos había advertido de todo cuanto sucedería a partir de ese día. El Camino se prolongó hasta el día de hoy, al punto de que terminamos allí anclando nuestra espada de conquistadores para convertirla en una cruz, en un lugar de encuentro y reconciliación, un lugar sagrado de luz y esperanza. Un año a su lado ha sido no sólo un premio y regalo por tanta búsqueda incansable, también un mensaje de paz y esperanza, sosiego y tranquilidad.

Amor es relación, ella me lo ha demostrado con su infinita paciencia, con su exquisita generosidad, con su radiante luz y amor incondicional. Éramos conscientes del pacto, del trabajo arduo que nos esperaba por delante, y no paramos ni un momento. Teníamos claro que más allá de las relaciones tópicas debíamos trabajar para eso a lo que habíamos venido. Infatigable, fuerte, amable, dulce y libre, muy libre, ha sabido obsequiarme con su destreza y su habilidad para proteger lo que es verdadero de lo ilusorio. Ha sabido desempeñar su rol de amiga y compañera sin exigencias, sin arrebatos, sin irracionales suplicios. Ha sabido sacrificar lo innecesario desde el equilibrio más puro para elevar al punto más alto lo imprescindible. Ha sabido demostrar que la constancia es la madre de todas las realidades y que los sueños, si se sienten desde dentro, son siempre alcanzables.

Un año juntos no es mucho tiempo, pero en nuestro caso ha sido de vértigo. Tantas y tantas experiencias juntas, y tantas y tantas aún por vivir. Hace un año decía algo así: “… podíamos escuchar los latidos enmarañados de nuestros corazones. Cómo si una música invisible pudiera detonar al ritmo de cada pulsación, de cada palpitar. Como un reloj cuántico que despeja la duda de la incertidumbre. Que nos aleja del tiempo pasado y del futuro y nos ancla en el instante impermanente. No encontramos mesura ni tiempo en esos instantes de reposo. Sólo la obligación de seguir caminando nos alejaba del borde del camino, un lugar donde la magia singular del devenir nos empujaba a sentir la sempiterna existencia. Un día feliz, un día más en el Camino”.

Ese es el secreto, empujarnos juntos para elevar los corazones y así poder sentir con más fuerza la sempiterna existencia. Gracias querida Laura por este trozo compartido. Gracias por tu fuerza, tu constancia, tu paciencia, tu esfuerzo, tu amor, tu calidez, tu honra, tu flexible paso, tu siempre generosidad, tu buen humor, tu confianza, tu plenitud compartida, tu magia y tu sonrisa. Ambos sabemos que el amor se diluye en los poros de la existencia y nos penetra en cada instante y ambos sabemos que se escurre entre la maleza de todo cuanto existe. Lo hemos vivido así, desde la libertad más absoluta y la comprensión más certera. Y así seguirá siendo en este Camino que nos hemos marcado… Gracias, gracias, gracias…

La revolución alimenticia


Green_Planet

A lo largo de la historia hemos sido partícipes de diferentes tipos de revoluciones. Existió una revolución en el paleolítico y el neolítico, existieron revoluciones sociales e industriales en la edad moderna y revoluciones tecnológicas en la edad contemporánea. Las sociedades van evolucionando y van cambiando sus valores y sus formas de aproximación y relación con el medio y la vida. En estos próximos años vamos a sufrir una nueva revolución: la revolución alimenticia, una revolución de valores que cambiará extraordinariamente la evolución humana.

Los seres humanos, con un sistema nervioso cada vez más sensible y una capacidad de reacción al sufrimiento y al dolor cada vez más desarrollado, aplicaran esa sensibilidad a la mesa. Dejarán poco a poco de comer carne y harán de su diera algo equilibrado entre la moral y la ética de la noviolencia y el gusto por una sana cocina. Habrá una liberación animal y también una liberación de consciencia.

Las sociedades más avanzadas y modernas están poniendo ya en práctica este tipo de soluciones alimenticias, poniéndose cada día más de moda las dietas vegetarianas y veganas, donde la ausencia de productos animales es cada vez mayor. Esto es una revolución porque al cambiar la dieta, como ya pasara en épocas anteriores, también cambiará nuestra consciencia y nuestra forma de relacionarnos con el medio. Bajará la contaminación ambiental, habrá un mayor equilibrio en la ecología agrícola y se dará un salto cualitativo en la salud humana.

Estamos ya entrando en esta nueva revolución alimenticia donde la violencia desaparecerá de nuestra cocina y nuestros platos… Y quien sabe, a lo mejor en un mundo con menos sangre animal y más savia vegetal las cosas cambien… así que… ¡¡¡a las barricadas!!!

 

 

Semana de Experiencia en O Couso


a

 

Queremos ofrecer desde la ilusión y la alegría la fórmula apropiada para poder compartir la experiencia de vivir unos días en comunidad. Por ello, y dado el éxito de las últimas convivencias en O Couso, queremos invitaros a visitar, vivir y explorar una intensa semana a nuestro lado. Estas semanas quieren ser el marco de referencia de nuestra búsqueda individual y colectiva y también una aproximación para consagrar toda la vida cotidiana desde el respeto, la cocreación y el compartir.

Ya tenemos tres fechas diferentes para nuestras primeras semanas de experiencia en verano. Son las siguientes:

 

1ª semana: del 7 al 13 de julio

2ª semana: del 21 al 27 de julio

3ª semana: del 18 al 24 de agosto

 

¿Qué haremos? Tras levantarnos acogidos por la naturaleza, realizaremos una pequeña meditación y paseo silencioso por el bosque, desayunaremos, haremos el círculo de consciencia para dividir las tareas y trabajos de la mañana y durante tres o cuatro horas bucearemos en las actividades asignadas: coger leña, trabajar en la huerta, cuidar el jardín… Luego comida comunitaria y tarde de actividades y tiempo libre. Iremos a las fuentes a por agua, daremos paseos por los bosques y visitaremos los castros y tumbas celtas que tenemos alrededor.

¿Qué necesitas para venir? Si puedes traer una tienda de campaña, caravana o similar será de agradecer ya que tenemos plazas limitadas en nuestras caravanas y tiendas. También muchas ganas de pasarlo bien y compartir. No ponemos ninguna tarifa, excepto nuestra filosofía: “deja lo que puedas y coge lo que necesites”.

Con vuestra presencia nos ayudaréis a profundizar en el lugar y en las relaciones que se han de tejer en el mismo, y además de pasar unos días diferentes y bonitos, seréis partícipes de todo este proceso de reconstrucción y construcción de la casa de acogida, de la escuela de dones y talentos y de la comunidad.

¡¡¡¡Os esperamos!!!!

 

Para participar en una de las semanas de experiencia podéis hacerlo escribiendo un mail a nuestra dirección e indicando cuantas personas sois.

info@dharana.org

Si no podéis venir y queréis apoyarnos desde cualquier parte vuestra ayuda siempre será agradecida.

Responsables de avivar la llama


a

Hace tiempo que no me pongo corbata. El traje aún me lo tengo que enfundar de vez en cuando para algún acto social o presentación o lo que requiera. Hace unos días que olía a leña y fuego, a vaca y prado y hoy tocaba algún chorrito de nenuco, que junto a mis galletas con leche, es de lo poco que aún me queda de pequeño. Y nos fuimos a Guadalajara con Vicenta y Gopala y María José y Laura y presentamos su necesario libro «Abogados Auto-responsables» y hablamos de responsabilidad y de autoresponsabilidad con nosotros y con el resto como si esas cosas tan importantes fueran las grandes ausentes de nuestras vidas.

Y de alguna forma así es. Olvidamos el significado profundo de esa palabra, que no es otro que el de responder a lo que interiormente debemos o prometemos. Responder con responsabilidad, con compromiso a la vida, sabiéndonos esferas que flotan en la atmósfera vital de la existencia que nos susurra constantemente: «cumple tu parte».

¿Nos sentimos responsables en lo que hacemos? ¿Cuál es nuestro grado de compromiso sobre las cosas, las personas y las acciones que desarrollamos entre unas y otras? ¿Cumplimos nuestra parte en el ciclo cósmico? La forma de vivir que elegimos, la forma de relacionarnos con nuestro entorno más inmediato, con nuestro prójimo y nuestra prójima, con todo aquello que está ahí, palpitando en cada instante y en cada rincón de existencia. ¡Es todo tan frágil ante la mirada atenta del infinito! Y nosotros tan pequeñitos, enfundados en nuestros roles y papeles e interpretando muchas veces aquello que nos mantiene erguidos en la mentira y alejados de nuestra verdadera responsabilidad.

Cuando Vicenta hablaba de su libro observaba todo cuanto en la sala había. El dulce aura de María José y el amor que desprende con su sola presencia. La sabiduría de Gopala y su caluroso cariño ante sus palabras. La sonrisa traviesa y cómplice de Laura que miraba la transformación del menda que hasta hace sólo unos días andaba asalvajado en mitad del bosque, las personas que habían decidido dedicar parte de su trozo de vida para compartir con nosotros ese momento único e irrepetible. Había un movimiento vidrioso, delicado, elegante que desprendía una luz invisible. Era un acto de responsabilidad estar allí, porque de alguna forma tenemos, desde la consciencia plena, el deber de avivar el fuego que nace en los otros, la llama que respira hondo en el torbellino fugaz de la vida.

Me di cuenta enseguida del grado que supone albergar ese sentimiento de responsabilidad y compromiso. No importa si somos tres o diez o cien o un millón los allí presentes. Hay un deber que cumplir y debemos responder a los designios de los tiempos. Por eso me voy a la cama feliz, a sabiendas que desde el silencio o desde la presencia hemos obrado responsablemente para sembrar y avivar el sueño del compartir. No importa si para eso hay que ponerse la corbata y el traje o ensuciarse y empantanarse de barro y caca de vaca. Lo importante es estar ahí, avivando fuegos y resplandores en honor a la vida y su relación con nosotros. Cumplamos nuestra parte por el bien de la Obra.

El tesoro escondido


IMG-20140506-WA0002

“Es también semejante el Reino de los Cielos a un tesoro escondido en el campo que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo” (Mateo 13,44)

 

Interiormente sentimos que eso es lo que ha pasado. Especialmente hoy cuando tras la meditación que hacemos todos los martes, los tres amigos que nos han acompañado en estos días de experiencia en O Couso parecían transformados, como flotando en una nube de hermosa ternura y amor. Ana, Rosana y Sergio parecían haber encontrado un tesoro en la tierra común. En el ágape que hacemos tras las meditaciones compartían con brillo y emoción su experiencia en O Couso. Daba gusto escucharles, verles el viso de luz que salía de sus miradas, el entusiasmo con el que contaban cada anécdota, cada paseo, cada abrazo a esos árboles que ya añoramos. Y el entusiasmo es compartido y contagioso y ya somos casi quince los que nos vamos de nuevo a trabajar en la finca construyendo letrinas secas y empezando la rehabilitación de la pequeña ermita en la próxima semana. Es hermoso como se está precipitando todo, como sentimos la llamada de ese tesoro que estamos descubriendo en ese campo cargado de robles y castaños y cerezos y abedules y amor, mucho amor.

Son tantas las ganas que tenemos de poder compartir ese tesoro. Son tantas las ganas que tenemos de que la casa de acogida esté lista para que todos puedan ir a desenterrar la fortuna que ese trozo de campo y bosque esconde. Hoy además nos ha visitado gente bonita, personas que desean compartir en comunidad, en armonía, en paz, todo aquello que pueda ser compartido. Había una especie de baile interior hermoso. La meditación de hoy, como todas, ha sido diferente y especial e invitaba a esa fraternidad ardiente que nace desde el lazo místico. Aún me sigue sorprendiendo que martes tras martes podamos mantener el lazo que nos une y que nazca y se avive la llama del compartir, del expresar, del querer formar parte de este proyecto de personas para personas, de peregrinos del alma que entienden y comprenden, claro que sí, que otro mundo es posible.

Estamos felices y contentos y estamos deseosos de poder abrir aún más nuestras manos y nuestros corazones para poder compartir todo aquello que podamos. “Deja lo que puedas y coge lo que necesites”. Sin duda hay una gran fuerza en ese mantra poderoso. El verde intenso de las colinas, el baile de los árboles, el bosque, los animalillos, hoy todo estaba muy presente, incluso la hoguera añorada. Era como si pudiéramos sentir aún su calor. Pronto volvemos para reconstruir el espíritu de los tiempos, para ser partícipes de este proyecto común. Gracias de corazón a todos aquellos que nos apoyáis de mil formas, y gracias por ser partícipes y actores principales en esta hermosa obra.

(Foto: Preparando la comida en O Couso con Pelu, la mascota de la comunidad).

Los sueños que nacen de la tierra


a

No penséis que está agotado el tesoro. La luz brilla con esa intensidad infinita, y cuando termina su ciclo renace en el reflejo de otros que la admiran desde la distancia perenne. Hay sensaciones múltiples que despejan la mente y se entrelaza con el Misterio. Si la vida fluye dentro de uno no importa la circunstancia. La felicidad no es remota, se alcanza en el mismo instante en el que uno renace al flujo vital. Cuando respiras y sientes la oxigenación, cuando vuelves la cabeza alta a su lecho humilde, cuando pueblas de mares los océanos de existencia.

Tras la soledad de siete días llegamos a ser siete luminarias que compartieron en la intensidad del momento lugares para meditar, para trabajar, para compartir, para crear. Los paseos por las mañanas en silencio alrededor del bosque y por los prados se alternaban con la recogida de leña, con la limpieza de los lugares con la plantación de algún ciprés. El crujir del fuego nocturno que calentaba patatas asadas y tostaba panes de la tierra era precedido al canto y la alegría. Las bromas y el correr tras las vacas por la pradera, los aldeanos contándonos historias del lugar y las vicisitudes propias de los sitios donde no hay tiempo más que ese eterno ahora de posibilidades se entremezclaban con las mil tareas por hacer.

Ha sido una convivencia hermosa donde el trabajo se alternaba con la facilidad de obrar improvisación. Todos aprendíamos de todos y todo se hacía más fácil cuando la armonía era tejida desde la sabiduría de la propia tierra. Cuando hacía frío, nos abrigábamos. Cuando teníamos hambre, comíamos. La vida en comunidad es hermosa si sabemos olvidarnos del frío individual y aprendemos a compartir la manta. Si sabemos que sumando tres y tres patatas tenemos una buena cena donde comer todos y si aceptamos que si uno tiene sueño puede dormir cuanto le plazca con tal de que recupere así su ánimo y salud. Nada nos impedía ser flexibles como aquellos abedules que se mecían con nosotros. Nada nos evocaba mayor fortaleza que aquellos robles que dotaban de buena sombra el manto salvaje.

Estar allí compartiendo era como estar en una especie de comunidad terapéutica donde nos formábamos para la vida, donde la mente plena esparcía sus secretos tejiendo el necesario antakarana, produciendo una vida en forma creativa. Cuando el grupo se junta se crea algo nuevo, una especie de sutratma que nos conecta con algo superior a nosotros, con algo capaz de crear.

A veces nos gustaba sentarnos en silencio junto a la entrada de la pequeña ermita o bajo la sombra de algún castaño. Mirábamos la casa en ruinas pero veíamos un palacio, un albergue de peregrinos del alma ya hecho y construido. Realmente estábamos creando con substancia mental aquello que se ha de precipitar en un futuro que ya es presente. Los sueños primero nacen de la tierra, luego se esparcen por el aire hasta alcanzar los cielos. Y allí retornan, se precipitan en la próxima estación en forma de lluvia y deseo. El deseo empuja y sopla y aviva el fuego del alma y de esas brasas nace la realidad que llamamos materia. La mayor garantía de éxito, de que eso ocurrirá tal y como lo hemos sentido es saber que ese palpitar es verdadero y que ese sueño nace de nuestro sendero iluminado y de nuestra negativa a aceptar cualquier derrota o tentación de ser desviados del mismo. Este es nuestro mayor estímulo y esta es nuestra garantía de éxito. Por eso sabemos que esas ruinas algún día cobrarán vida propia y se trasformarán inevitablemente en una fonda para almas libres, en un alcázar para caballeros del templo interior, en una comunidad de acogida en medio del esplendoroso Camino de la vida.

 Soy un millar de vientos que soplan


DSC_0574

Ayer fue mi último día de retiro solar. Cumplir años y celebrarlos como un salvaje rodeado de bosques y montañas ha sido un buen regalo. Hoy se restaura la normalidad de la vida común. Haremos círculos, oraciones, meditaciones, algún canto, paseos para ver los atardeceres y para explorar castros y tumbas celtas, comeremos juntos y nos replegaremos en las tres caravanas que a modo de lejano Oeste tenemos cerca de la casa. En este encuentro prepararemos las experiencias de verano para que todos los amigos que queráis podáis visitar este hermoso lugar. También buscaremos la fórmula para recabar fondos y así poder, cuanto antes, restaurar la casa del siglo XVI para que la acogida sea lo más cómoda posible. Es una tarea ingente, pero estos días de observación me han demostrado que cualquier tarea es posible si no soslayamos nuestras perspectivas a ningún cronómetro temporal. No sabemos aún de donde llegarán los recursos, además de nuestros bolsillos y las ayudas voluntarias de amigos y conocidos. Pero estamos convencidos de que llegarán, tarde o temprano, ya que sabemos y sentimos que este proyecto merece la pena. No hay agobios ni desazón. Solo esperanza, fe y humildad.

Aunque hoy era el día del trabajador, me lo he tomado como el día de los dones y talentos, pasando la mañana limpiando las caravanas y amasando matojos en el que será uno de esos lugares donde poder hacer compost. El sol ha sido un regalo después de siete días de ausencia. El cielo despejado, un manto de florecillas azules, rojas, blancas, amarillas y violetas en todos los prados, los pájaros y esos grandes lagartos verdes disfrutando del sol… Los estímulos son tantos que cuando pasa una de esas mariposillas amarillas lo veo como algo natural, excepto cuando me detengo en esa visión pasajera y veo lo increíble y extraordinario de la vida.

Me llegaban noticias de la empresa sobre lo flojas que han sido las ventas en las ferias del libro y en este primer cuatrimestre en general. Las leía y no me inmutaba ya que todo es pasajero y cíclico, como las mariposas. Si estos meses no se ha vendido nada y las deudas se van acumulando habrá meses mejores. Es como las mareas emocionales, no siempre podemos estar con una sonrisa. A veces un poco de tristeza y melancolía son necesarias, como lo son las lluvias en los días grises y el oleaje en la mar. Sí es cierto que si alguien quisiera mañana comprar la empresa no le diría que no si con la venta pudiera liquidar aquellas deudas e invertir alguna ganancia en este lugar. Si interiormente siento que se puede vivir como he vivido estos últimos días, ¿para qué dedicar más tiempo al ruidoso discurrir por los balances y la contabilidad, por las facturas y los albaranes, por mantener una agitada agenda para provocar alguna venta aquí o allá? Trabajar cultivando patatas es volver a lo sencillo, es decir, trabajar para producir calor. Todo lo demás forma parte de esa alineación extraña y vorágine en la que vivimos. También me gustaría seguir editando libros y escribiendo, pero como un don, como un talento a desarrollar, sin el agobio y la necesidad de ir contra corriente para pagar unas y otras facturas que no son sino símbolos de aquello que nos mantiene atados a la ilusión del mundo desarrollado.

Si algún día tuviera hijos los educaría aquí en el bosque. Los dejaría contemplar el crecimiento de la flor y luego les preguntaría sobre lo observado. Seguro que su sabiduría superaría con creces a la de los viejos sabios. Les hablaría de Homero mientras paseamos por los prados y de Ovidio mientras buscamos leña. Recitaríamos versos al atardecer y buscaríamos entre los árboles los símbolos ocultos del mundo arquetípico. Ellos serían fuertes y sanos como los robles que nos circundan y de mayores podrían elegir el vivir la vida desde cualquier perspectiva que quisieran. Pero no sin antes interrogarse por el crecimiento de la flor.

Cuando muera quiero sentirme satisfecho habiendo vivido una vida sencilla y humilde, compartiendo las virtudes con el resto de mis congéneres y puliendo entre todos aquellas zonas oscuras que a veces amenazan el ciclo armónico. Me gustaría que la generosidad fuera mi bandera al igual que lo es la de la Naturaleza. Y antes de exhalar, quiero cantar ese hermoso y profundo poema Cherokee que el amigo Ramiro compartió en memoria de su hermano ya fallecido: “No te pares al lado de mi tumba y solloces. No estoy ahí, no duermo. Soy un millar de vientos que soplan y sostienen las alas de los pájaros. Soy el destello del diamante sobre la nieve. Soy el reflejo de la luz sobre el grano maduro, soy la semilla y la lluvia benévola del otoño. Cuando despiertas en la quietud de la mañana, soy la suave brisa repentina que juega con tu pelo. Soy las estrellas que brillan en la noche. No te pares al lado de mi tumba y solloces. No estoy ahí, no he muerto”.

Día 7. La gnosis oculta


DSC_0559

Es delicioso el día cuando el cuerpo se transforma todo él en un solo sentido, en una antena que absorbe todos los estímulos que la naturaleza ofrece en primavera. Cuando a veces me tumbo en la hierba me quedo absorto observando ese otro mundo que yace ahí abajo. Cientos y cientos de animalillos recorren bajo nuestros pies construyendo sus vidas y sus quehaceres ignorando nuestra presencia. Hoy observaba a una pareja de impresionantes grillos como se cortejaban mientras comían y vigilaban la entrada de sus grutas. Sin duda eran macho y hembra, pero debían ser pareja de hecho porque a pesar de que vivían cerca, cada cual mantenía su propia madriguera. Voy y vengo de un lado a otro intentando asimilar tanta belleza, con esa extraña sensación de libertad que la vida en las montañas y los bosques ofrece. Miro las nubes pasar aceleradas. A veces descargan algunas gotas y siguen su camino. Luego intentando limpiar cada árbol, mimarlos como si fueran mis amantes. Cuando me acerco a los bosques colindantes y veo que algún vecino ha talado alguno se me rompe el alma. Admito que mi pasión por los árboles sólo es superado por el amor que siento hacia el ser humano. Por eso sufro cuando un árbol centenario queda postrado en la tierra, cortado en mil pedazos que serán absorbidos en menos de un par de días por alguna estufa de leña.

Hoy es mi último día de ermitaño. Mañana viene el resto de la comunidad precursora. No temo a la compañía al igual que no temo a la soledad. La soledad también puede ser una llama, una caricia capaz de engullir el tiempo ondulante que atraviesa las aguas de la vida. Sí temo volver al mundo que llaman civilizado. Si no fuera por algunas responsabilidades que aún debo atender, haría de esta caravana mi casa perpetua. Necesito poco y de lo poco que necesito, necesito poco, decía el de Asís. Ahora lo comprendo. Creo que sería un bonito y agradable ejercicio que todos pudieran, al menos una vez en la vida, vivir siete días en los bosques, a solas con la naturaleza creadora, engullidos por el espeso manto del mundo que se teje a expensas de la “civilización”. Cambiaría mucho el concepto de la existencia. La tersa superficie de nuestro sentir se volvería amplia como los prados y sublime como el amanecer. No habría astillas del pasado ni preocupaciones sobre el futuro. Uno podría pasarse todo el día contando los cerezos, los abedules, los robles y los castaños. Podría amontonar ramitas y luego colocarlas al antojo del momento y seguidamente podría ir a por agua al arroyuelo y fingir que los cántaros de plástico son como los del aguador de acuario, plenos de sabiduría y consciencia, colmados de transformadora lucidez.

Hay una gnosis oculta en toda la malla que se teje con el canto del ave y las madreselvas que todo lo cubren. El verdor intenso, el silencio melancólico, el abejorro dorado que va y viene buscando manjares para cubrir la jornada. Todo parece armónico, sencillo, amoroso, poesía. Es imposible sentirse solo ante este desglose de olores. El viento te traslada por toda la Vía Láctea, por nuestro minúsculo e insignificante mundo a la vez que te hace regresar a la majestuosidad de cada partícula, de cada átomo que reina en la etérea indura. Hay un verso poderoso en toda esta lucidez vasta y profunda. Aquí los dilatados poderes del cielo y de la tierra alcanzan su plenitud. Aquí es fácil sentirse heroico y fuerte ante la abundante vida. Espero que esta tierra generosa pueda seguir soportando las manos enterradas en su heredad húmeda y cálida. Espero que seamos capaces de hacer llegar a muchos este mensaje de fortaleza, de esperanza, de amor.

Día 6. Los fundamentos de la vida sencilla


DSC_0547

Las noches cada vez son más placenteras. Es normal cierto nerviosismo al verte sólo ante la oscuridad. Cuando se va la luz del sol y puedes comprobar como las tinieblas se esparcen por toda la faz de la tierra visible, cierto temor ancestral se cierne entre los huesos. Al principio era casi de pesadilla, pero a medida que pasan los días te acostumbras a la soledad de la noche. Como me gusta dormir mirando las estrellas cuando el tiempo del norte lo permite, no hay cortinas ni artilugios en todo el recinto que amague la trémula negrura. Cuando escuchas algún sonido el corazón se encoje y la imaginación se dispara y empiezas a imaginar escenas propias de un thriller de terror. Supongo que es normal. Son nuestros demonios interiores que nos avisan de nuestra fragilidad ante la intemperie y ante los peligros que antaño nos sujetaban a la manada protectora.

Ahora que las noches son más livianas y casi duermo de un tirón, no despertándome más de dos o tres veces, me levanto al alba, hago alguna pequeña meditación y me pongo a la tarea de trabajar en pro de la comunidad. Limpiar de matojos y zarzas el campo, los prados y los bosques es lo que más tiempo me resta. También adecuar y limpiar las caravanas, así como mantener el que las goteras no vayan a más. El pacto que hemos prescrito en los principios internos de la comunidad es dedicar un tiempo a la meditación, unas cuatro horas al trabajo comunitario, otras cuatro horas a nuestro trabajo personal y un tiempo prudencial al estudio. En esa matriz de meditación, estudio y servicio se encierra toda la base de lo que aquí pretendemos.

La disciplina es importante en esta soledad circunstancial. Hay que atender a la higiene personal aunque no sean muchos los que vayan a disfrutarla exceptuándome a mí mismo y los animalillos del bosque. También la alimentación y lo básico para tener el cuerpo físico activo y con fuerza para arrastrar matojos de un lado para otro. Esta mañana desayuné plátanos y zanahorias. La meditación es prioritaria para fortalecer el espíritu, el ánimo y el alma que transita entre un lado y el otro de la realidad. Buscar un lugar adecuado para alcanzar el necesario punto de quietud y convertirnos con ello en cocreadores y arquitectos es imprescindible para mantener un proyecto de tal envergadura.  Y el estudio es una práctica imprescindible que alimenta el alma. Como dijo el poeta Uddin Mast, hay que estar sentados para recorrer las regiones del mundo espiritual y los libros nos conceden esa ventaja. Sin duda, los libros nos acercan a las doctrinas secretas, estimulan nuestra parte creativa y nos acercan a los secretos del universo y de los dioses. El leer bien, el saber aferrarse a los clásicos de la sabiduría y a esos filósofos de la antigüedad que sentaron las bases de nuestra cultura y mentalidad supone un notable ejercicio para mantener en forma nuestra curiosidad por la vida y nuestro espíritu aventurero. Ni siquiera los oráculos de Delfos o Dodona podrían competir con la sabia lectura de los clásicos.

Ayer mi buen vecino Marcos me hablaba de lo fácil que es vivir aquí. Siembras algunas patatas que duran todo el año, algunas lechugas y alguna otra verdura, mantienes bien alimentado el ganado y las gallinas y nunca te falta de nada. Hay leña para calentar el fuego y agua suficiente para mantener el flujo de la vida. Si a eso le añadimos libros, muchos libros, y alguna forma de poder compartir todas estas experiencias con el mundo, sin duda habremos hallado un trozo de paraíso.

Día 5. Revolución solar en el bosque


DSC_0527

Justo hoy hace un año celebraba mi cuarenta aniversario caminando durante cuarenta días como un peregrino más en el Camino de Santiago. Pasé la noche de mi cumpleaños tumbado en el suelo de la iglesia de Grañón, en un lugar especialmente hermoso y lleno de esa magia que uno desea encontrarse en el verdadero caminar. Ese día ni siquiera podía imaginar que un año más tarde se iba a cumplir uno de mis más anhelados sueños. Para celebrar la transición solar adecué un lugar especial en el bosquecillo más cercano, creando un círculo alrededor de un gran abedul de nueve largos troncos que albergaba en su seno un pequeño nido. Me pareció hermoso y simbólico, así que despejé la zona creando un gran círculo alrededor. Lo decoré con abundante cuarzo blanco que en esta zona abunda he hice un improvisado asiento con una piedra de pizarra. Dos mañanas me llevó adecuar el lugar y traer los cuarzos y la pizarra. Pero el resultado mereció la pena.

Ahora este bosquecillo que tengo justo en frente de las caravanas tiene un punto consagrado al hogar, al nido, a la morada que dará refugio y calor al resto de peregrinos. Tras hacer un pequeño ritual pasé un día agradable y tranquilo, saboreando mi nueva edad y el nuevo reto que se presenta por delante. Dos años consecutivos he pasado mi noche de cumpleaños en el Camino. Todo apunta a que serán muchas más si todo va bien y la constancia lo permite. Todo anota a que el reto de construir un punto de luz en la mente del Arquitecto será la misión de aquellos que albergan la esperanza de diseñar y edificar las bases del nuevo mundo. Construir ese nuevo mundo es servir al alto ideal de la nueva ética, de la nueva moral que debemos levantar entre todos. Es tomar responsabilidad y parte del reto que nos viene encima como individuos y humanidad.

A partir de ahora nace una nueva coordenada experiencial diferente, responsable e inquieta. Aquí hay una especie de punto de quietud desde donde se puede observar la impermanencia. Mientras veía atardecer tras las montañas que rodean este lugar también montañoso, observaba como el viejo roble mecía sus hojas ya verdes, como los pájaros danzaban de una rama a otra alegres, despidiendo el viejo día, como las nubes surcaban de un lado para otro viajando quién sabe hacia donde y quién sabe porqué. Los rayos se colaban entre los surcos de la verde hierba y cristalizaban en el agua del arroyo. Veía la perfección en todas esas cosas y sentía el deseo interno de pertenecer a la misma. La creación misma no merece más que abracemos sus regazos y nos fundamos con sus partituras.

Dice el vecino que por aquí hay ardillas, jabalíes, ciervos, lobos, zorros… Podía ver las vacas y alguna yegua pero sin rastro del resto, quizás porque prefieran vivir lejos de nosotros o porque nos observan también desde lejos. Me gustaba mirar mientras se iba el sol, a dos luces, en la frondosidad de los bosques cercanos por si podía ver el rastro de alguno de esos animales. Quizás por las noches alguno se acerque curioso y visite las caravanas. Quizás también lo hagan duendes, gnomos, hadas y elfos. Quizás como son seres que trabajan en otra dimensión les ocurra como al lobo y la cierva, deambulan en lugares alejados de los humanos continuando en silencio su magna tarea. Me gustaría ser uno con ellos y formar parte de ese baile salvaje hacia la creación.

Día 4. Alimento, Ropa y Refugio


DSC_0515

Observando la vida en el bosque veo que hay tres elementos que son necesarios para nuestra supervivencia más básica: alimento, ropa y refugio. Ya lo había indicado Thoreau siglos antes, y resumía todo a la necesidad de calor. Leyendo sus palabras y viendo mi propio discurrir diario entiendo que realmente todo se resume a eso, a la producción de calor. El alimento es como el combustible que almacenamos en nuestros cuerpos y que lo dotan de cierta temperatura, a la vez que la ropa y el refugio, la casa, son meros protectores de ese calor. Reduciendo la vida a esa mínima expresión, me pregunto porqué hemos liado tantas cosas para llegar a esa conclusión. Me refiero, por ejemplo, a la necesidad de hacer de la ropa, mero instrumento para proteger nuestros cuerpos, una locura de modas y complementos que, como en la época medieval, pretende distinguir y diferenciar a unos de otros. Lo mismo ocurre con el cobijo, con la casa, cuya función sería preservar al ser humano del frío y la intemperie. Sin embargo, en nuestros días, esta preservación puede costarnos media vida de trabajo para poder alcanzar a pagar hipotecas interminables. Esto nos hace pensar que algo está mal o que algo debería cambiarse, perfeccionarse, mejorarse. Sólo un dato: Thoreau consiguió hacerse una casa en tres meses y por menos de treinta dólares de la época, o lo que es lo mismo, el equivalente a doce meses de alquiler de una habitación de estudiante según sus propias palabras.

No sé cuantos metros debe tener esta caravana. No más de diez metros cuadrados. Y la experiencia de estos días me demuestra que son suficientes, que en verdad el ser humano puede vivir perfectamente en un lugar así. No me siento hacinado. Al salir de este minúsculo pero suficiente espacio tengo todo el bosque, todos los prados que desee para ensanchar mi alma y enarbolar mi espíritu a cuotas suficientes de libertad. Aquí tengo mi cama y mi mesa donde dormir y trabajar, es decir, aquí tengo mi trono y mi reino. Quizás en el futuro el ser humano pueda vivir en pequeñas casas redondas con todas las comodidades que el progreso nos ha legado y sin necesidad de ostentación ninguna. Realmente nos pasamos media vida intentando postergar esa pompa social donde el lujo y el alarde conforman nuestras vidas cuando realmente todo resulta más fácil. Desdeñamos las riquezas espirituales en pro de las materiales. Vendemos nuestra parcela de cielo por un trozo de tierra ostentosa.

Mientras pensaba en estas cosas ayer corría divertido detrás de una joven ternera del vecino que se había perdido por prados y bosques. Se coló en nuestra finca y la encontré tumbada debajo de unos árboles. Le hablé con dulzura mientras le miraba a los ojos y contemplaba su vida pasar. Intenté convencerla de que era mejor volver con el rebaño, pero sentía cierta contradicción en mis palabras a sabiendas de su pronto destino final. Pero había en toda esta cuestión un sentido de libertad al ver que cualquier animal podía vagar libremente de una finca a otra, sin alambres o altos muros que protejan o dividan el campo. Hoy a primera hora trabajaba en una zona del bosque, limpiándola y preparándola para hacer mañana un pequeño ritual de revolución solar. Mientras lo hacía contemplaba las zonas donde deseamos poner las doce casas de la comunidad. Y recordaba de nuevo las palabras de Thoreau sobre la necesidad de calor como último recurso. De calor corporal, pero también de calor humano y espiritual. Tres llamas que habrá que alimentar cuando la gente empiece a llegar.

Día 3. Bautismo salvaje


DSC_0517

Una nueva noche de gran tormenta, lluvia y mucho viento. Por suerte no ha hecho nada de frío, quizás porque ingenié un sistema térmico natural que consiste en quitarme los calcetines dentro del saco y taparme con el mismo la cabeza. Con ello se consigue que el calor no escape por la cabeza, sino por los pies, y genere una especie de cámara de aire caliente dentro del saco.

Cuando desperté veía que no paraba de llover así que tras pensarlo un rato me desnudé y salí al prado para ducharme aprovechando la lluvia. La sensación fue salvaje y venía acompañada de cierto grado de entusiasmo y locura. Saltaba y me frotaba fuerte para vencer al frío mientras me acordaba de mi vida en la granja alemana donde todo el día estaba lloviendo o nevando y tras la jornada entre animales y pajares nos íbamos a una sauna al aire libre donde te bañabas en agua helada. Lo de esta mañana ha sido una sensación parecida. Una sauna natural donde poder bañarte desnudo, inocente, atrevido, libre.

Al rato de la gesta se despejó el día y aproveché para ir a por agua al arroyo para hacer la primera colada, dar un pequeño paseo por los alrededores y seguir podando el gran muro de piedra que rodea la casa del siglo XVI. No hago más que mirarla desde la ventana de la caravana, con muchas ganas de empezar a trabajar en ella para que luzca de nuevo su esplendor y se convierta en una casa de acogida que permita que mucha más gente pueda disfrutar de este bosque. La belleza de este lugar no puede ser consumida sólo por unos cuantos privilegiados. Nuestra intención es poder compartir todo esto, crear aquí una antorcha de esperanza donde se reconcilie el espíritu humano con el espíritu de la Naturaleza.

Cuando esta mañana me ponía las botas de agua y jugaba como un niño chico con todos los charcos y arroyuelos que me encontraba entre árboles y sendas, sentía esa necesidad explosiva de poder hacer de este lugar un sitio de encuentro y compartir. La vida en los bosques no es tan dura, sólo debemos adaptarnos a él, dejarnos sumergir por su baile, por los elementos que la dominan y ser uno más entre sus ramas, entre sus alaridos salvajes, entre su belleza primordial. En este silencio, alejado del ruido de la ciudad, de la televisión, de los centros comerciales, de los estímulos pasajeros, de las adormideras del espíritu y de lo superfluo uno se siente más cerca de la creación, más cerca de lo esencial de la existencia.

Hoy he sufrido un bautismo salvaje, una especie de reconciliación natural con la naturaleza. He tocado el barro con mis manos y he sumergido toda mi alma en el agua de lluvia. Me he dado cuenta que para vivir no hacen falta muchas cosas. Quizás un poco de voluntad e imaginación, algo que la humanidad siempre ha tenido a raudales. Tal vez eso haga falta para que el mundo pueda remontar esa reconciliación necesaria con la naturaleza. Acaso los avances tecnológicos ayuden a volver a ser uno con la lluvia y con el canto del pájaro, a volvernos a retorcer de amor y libertad en los prados verdes y los bosques salvajes. Algo dentro de nosotros resuma esa necesidad de volver a lo irracional, de retornar nuestras vidas a los senderos de la magia, del bautismo, de las cuestiones primordiales. De aparecer desnudos ante el bosque y dejar que lluvia lave nuestras almas.

Día 2. La danza del bosque.


DSC_0505

Es hermoso observar el balanceo de los árboles que tengo justo en frente. Es como una especie de danza donde las ramas se rozan unas a otras, donde el palpitar de sus hojas crean esa especie de concierto en La mayor. Ese balanceo me recuerda la sutilidad de todo, y la necesidad de ser flexibles ante la vida, de adaptarnos a aquello cuanto nos imponga, sea bueno o sea necesario para esas cuestiones que nunca entenderemos. Flexibilidad significa también rozarnos y apoyarnos en los otros. Quizás de ahí que los árboles deseen nacer en un bosque donde poder protegerse unos a otros y donde poder apoyar sus ramas como si estuvieran danzando juntos cuando el viento sopla excesivamente fuerte. Es como si todo el bosque se moviera balanceándose abrazado en el espesor de la vida.

Esta noche no pasé miedo. La intensa lluvia no me dejaba escuchar los pasos de los animales nocturnos ni los gemidos de las bestias que renacen en la oscuridad. Hacía frío a pesar del aluvión de mantas, sacos y ropa que llevaba encima. Quizás sea porque el rapado de pelo que me he hecho hace que el calor se escape por arriba. Buscaré un gorro para las noches. Eso me hará bien.

A las siete ya estaba despierto. El día amaneció nublado pero sin lluvia. Hice algunos estiramientos y una pequeña meditación. Desayuné leche en polvo con ricas galletas. Luego cogí algunas herramientas e intenté abrir dos caminos por el bosque y el prado. Uno que facilite el acceso al riachuelo para coger agua y el otro hasta el que será mi nuevo retrete, una pequeña explanada cubierta por árboles y grandes matorrales. Aunque esta observación es curiosa. ¿Para qué quiero este tipo de intimidad en un lugar donde no hay nadie? No necesito ni los altos matorrales ni los árboles para que cuiden mi pudor. Aquí sólo habita mi alma y pocos podrán sorprenderme en mi intimidad.

Pocos excepto Marcos, el vecino de la aldea cercana. Esta mañana vino para saludarme porque debió ver movimientos en la finca. Aprovechamos la visita para acercarnos a su casa, subir al gran tractor que posee y remolcar con el mismo la tercera caravana que se había quedado encallada en mitad del camino. La pudimos subir y descubrí que había goteras. Me pasé media tarde intentando taparlas para que no inundara el recinto interior. Seguidamente fui a por agua a la fuente y comí una de esas alubias rojas con arroz enlatadas que me supo a gloria. Realmente tenía mucha hambre, quizás por el frío o por no parar en todo el día.

Me puse de nuevo a trabajar en la empresa y cuando vi que la batería del ordenador se iba agotando irremediablemente intenté buscar alguna solución. Y la encontré en la civilización. A mi pesar tuve que viajar hasta Lugo para comprar una especie de máquina que se enchufa al coche y hace como de transformador para dispositivos móviles. Sin duda todo un invento que me permitirá poder seguir trabajando todos estos días.

La verdad es que la vida en los bosques no tiene desperdicio. Hay tanto trabajo por hacer aquí con nuestras propias manos que uno siente el espectro de la existencia desde otra perspectiva diferente. Me siento feliz. La soledad no me abruma. Los inconvenientes son retos. La danza del bosque anima el alma y la engrandece.

Mi vida en los bosques. Día 1.


DSC_0493

Thoreau era, como diría Lawrence, un aristócrata del espíritu, es decir, lo más raro de encontrar sobre la faz de la Tierra. Retirarse a los bosques es una especie de examen de consciencia. Venimos a este mundo y nunca somos capaces de sentarnos a solas con nosotros mismos. Nos resulta extraño estar en mitad de la nada, bajo el manto de una lluvia helada escuchando los ruidos y alaridos de la noche, perdidos, miedosos, asustados. Comulgar con las bestias, con las plantas y los árboles, con las estrellas y el sigiloso rumor es algo que nos acerca a la llama de lo vital, algo que nos aleja de la futilidad y la absurdidad de la vida y nos aproxima al encuentro mágico y sagrado con la Naturaleza, que es de donde venimos. Pero también es algo que nos aterra y nos incomoda. ¿Se puede vivir sin tanto ruido? ¿Se puede vivir tranquilo y en paz gracias al fruto de nuestras manos?

Decía Henry Miller con acierto que la verdadera jungla no estaba en los bosques, sino en la ciudad. Tenemos que abrirnos camino con el hacha, nos decía, para poder salir de este lugar que nos oprime, nos limita, nos estorba y termina inhibiendo a los espíritus libres. Los sabios, decía, siempre vuelven a la tierra, a la naturaleza, como una necesidad inherente a su creatividad y su necesidad de emancipación.

Cuando esta mañana me disponía a marcharme y compraba algunas cosas para poder sobrevivir los primeros siete días en el bosque no pensaba en estas cosas. Tras viajar durante más de cinco horas por el placer de perderme entre bosques y caminos poco transitados, terminé en O Couso. Aquí llovía, e incluso cuando estaba subiendo la montaña cayó algo de granizo. Al llegar se abrió un hermoso círculo en el cielo que me permitió meter las cosas en la caravana, la que será mi nuevo hogar durante un tiempo prudencial e indeterminado. Pude dar un paseo para saludar a vacas y caballos, a pájaros y árboles. A diferencia de la última vez, hoy es un día de frío, muy frío.

Siempre había soñado experimentar esta soledad en el bosque, cumplir con la promesa de hollar la senda de Thoreau y comprobar si la utopía es posible alejados de la maraña metropolitana. Hoy es el primer tímido paso hacia esa promesa. Enfrentarme a la noche, al frío, al silencio asfixiante, a los ruidos nocturnos, al bosque. Habrá muchas incomodidades que sortear, pero habrá mucho tiempo para desgarrar al ser interno y dejarlo fluir hasta donde pueda. Aquí no hay agua ni luz ni ningún tipo de comodidad. Si tengo ganas de ir al lavabo tendré que abrirme paso en la maleza. Si deseo ducharme tendré que buscar el arroyo. Comer será un ritual al que habrá que dedicar tiempo. Podré escribir mientras me quede batería y tendré algo de luz por las noches si consigo que las pilas de la lamparita aguanten suficiente. Lo demás es incertidumbre, arrojo, osadía.

Como todos los años en estas fechas, llega el momento de explorar al ser. El año pasado fue el Camino. Este año será el Bosque.

La vida, este regalo único e imprevisible


a

Hoy era el día del libro. Lo he celebrado por la mañana trabajando en un nuevo libro y por la tarde compartiendo momentos con las personas que entraban en la librería. Por la noche, después de algunos años sin hacerlo, he cogido la máquina y me he cortado la barba y el pelo al cero. Parecía un niño recién nacido. De eso se trataba. Cuando llega el tiempo de mi propia revolución solar suelo desaparecer unos días en algún monasterio o algún monte lejano para preparar esa especie de muerte y resurrección anual. Y como mañana me marcho a ese monte quería hacerlo sosegado y liviano. Mañana empezará mi primer encuentro con “mi vida en los bosques”. Será en un lugar apartado, sin luz y sin agua donde deberé apañarme desde la soledad para sobrevivir a los tiempos modernos.

Mientras pensaba en estas cosas hace un rato escribía esto a una amiga que está atravesando un momento difícil: “Es fuerte lo que me cuentas. Cuando hacíamos de payasos en los hospitales de niños con enfermedades terminales se nos hacía un nudo en la garganta. Muchos de ellos esa sería su última sonrisa. Imagínate la dureza del momento. Cuando alguien me habla de que está pasando por un momento así me miro al espejo y soy consciente de que la enfermedad es una ruleta rusa y que mañana podría ser yo mismo. Por eso, cuando cumplí cuarenta años me dije a mí mismo: “ya estoy muerto, ahora cualquier día es un regalo añadido”. Quizás el Camino de Santiago me ayudó a entender esa gran verdad. Estamos muertos, no hay escapatoria, ahora sólo nos queda vivir con la máxima intensidad cada instante. Respiremos profundamente con delicadeza, ternura, templanza y paciencia. Quizás ese decálogo sirva para todo”.

Hoy es el día del libro y la vida es realmente un libro abierto que a veces se cierra y se apaga. No sabemos de cuantos instantes podremos disfrutar. Quizás de unas horas más, de unos días, de algunas semanas. Los más optimistas piensan que vivirán cien años y eso queda muy lejos aún. Creen que tienen margen para ser mejores personas o para poseer más riquezas. Pero realmente no hay margen para nada. Lo único que podemos hacer bien es instalarnos en cada instante desde ese punto de quietud que nos da la vida. Sabernos con fuerza que estamos vivos y agradecer cada segundo y suspiro de existencia. Agradecer y liberarnos de la pesadez de lo finito. Agradecer y amar este regalo único e imprevisible.

Meditación: un tiempo para volver a recordarnos


a

Todos los martes a las ocho de la tarde vamos a compartir en el Centro Dharana algún tipo de meditación que cambiará según quien la imparta. Para nosotros meditación es tan solo un tiempo para volver a recordarnos, es decir, un lugar desde donde podamos reencontrarnos con nuestra esencia. Nuestra pretensión es provocar en grupo ese espacio y tiempo para que podamos perpetuar juntos esa esencia y poder compartirla con el resto.

Pero la meditación no es un camino corto, no es sentarse cinco minutos frente a una vela o un objeto o un tipo de consciencia y permanecer callado. Requiere cierta disciplina y rigor en todas nuestras conductas internas y externas que deben venir acompañadas de cierto sentido común.

En la antigüedad, el indio Patanjali destacó las principales etapas de la meditación como vehículo de ascensión a las alturas espirituales, a la Conciencia Primordial, al recuerdo profundo de nosotros mismos. Lo hizo en sus aforismos sobre el yoga, una de las seis escuelas doctrinales de la tradición hindú. En sus textos distinguió ocho pasos principales de esta ascensión que eran necesarios cumplir para poder llegar a la meta: yama, niyama, asana, pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhi. Aquí compartimos un breve resumen para tenerlas presentes.

Yama: se refiere a las cinco abstenciones y al cómo deberíamos relacionarnos con el mundo exterior:

Ahimsa: no violencia, causando ninguna lesión o daño a los demás o incluso a uno mismo, que va tan lejos como la no violencia en pensamiento, palabra y obra no sólo con nuestros congéneres si no también con el resto de los reinos.

Satya: no a la ilusión y la mentira; verdad en palabra y pensamiento.

Asteya: no codiciar, en la medida en que no se debe ni siquiera desear algo que le es propio; no robar.

Brahmacharya: la abstinencia, en particular en el caso de la actividad sexual. La práctica de Brahmacharya significa que utilizamos nuestra energía sexual para regenerar nuestra conexión con nuestro ser espiritual.

Aparigraha : no posesividad; no acaparamiento.

Niyama: se refiere a los cinco observancias: cómo deberíamos relacionarnos con nosotros mismos, el mundo interior.

Shaucha : limpieza de cuerpo y mente.

Santosha : La satisfacción; estar satisfechos con lo que uno tiene.

Tapas : austeridad y observancias correspondientes para la disciplina del cuerpo y el control de ese modo mental.

Svādhyāya : estudio de las escrituras sagradas.

Ishvarapranidhana : rendirse a (o adoración) al Absoluto.

Asana : La disciplina del cuerpo: normas y posturas para mantenerlo libre de la enfermedad y para la conservación de la energía vital. Posturas correctas son una ayuda física a la meditación, porque ellos controlan las extremidades y el sistema nervioso y evita que se produzcan perturbaciones.

Pranayama : el control de las energías de fuerza vital. Beneficioso para la salud, estabiliza el cuerpo y es muy propicio para la concentración de la mente.

Pratyahara : la retirada de los sentidos de sus objetos externos.

Dharana : concentración plena en un objeto físico, como la llama de una lámpara, el punto medio de las cejas o la imagen de una deidad.

Dhyana : meditación en firme. Flujo sin perturbaciones del pensamiento en torno al objeto de la meditación. El acto de la meditación y el objeto de la meditación siguen siendo distintos y separados.

Samadhi : la unidad con el objeto de meditación. No hay distinción entre el acto de la meditación y el objeto de la meditación.

 

Estos son algunos de los principales pasos para entender en profundidad algo más la meditación y de su origen oriental adaptado según las corrientes que durante siglos han pretendido alcanzar cierta recononexión con el ser más íntimo. Esa reconexión, como decíamos al principio, debe servirnos para recordarnos y para recordar nuestro propósito vital, el cual nos debe, a su vez, llevar al cultivo del amor puro.

Para el día del libro, creadores de utopías


libros

Unos días más y llegará el esperado día del libro. Para nosotros es un motivo de fiesta porque los libros, además de compañeros y amigos, son nuestros maestros, nuestro motivo de vida, nuestro motor. Nunca sacamos ninguna novedad especial en estos días porque para nosotros todos los libros son especiales. Desde el que ha sido escrito por la inocencia de ese joven novel y atrevido hasta aquel que promete despertar consciencias.

Como este año hemos empezado a crear la utopía, y no sólo a redactarla, os animo a que nos ayudéis para seguir construyendo grano a grano, paso a paso, el camino trazado y por descubrir. Ya sabéis que cualquier libro que compartimos es una muestra de alegría, pero ahora que los beneficios recaerán todos en la construcción del Proyecto Dharana, será para nosotros un doble gozo el poder disfrutar de este compartir necesario.

Como sobre la utopía hemos editado algunos libros, os recomendaré algunas lecturas por si queréis regalar esperanza y luz para el cambio y de paso ayudarnos con vuestra aportación a todo lo que venga. Aquí van sólo algunos ejemplos:

 

Camino se hace al andar

Del individuo Moderno a la Comunidad Sostenible. Manual para transicioneros

José Luis Escorihuela «Ulises»

Este libro es un manual de apoyo para todas aquellas personas que, huyendo de un modelo de vida agotador, individualista e insostenible, quieren iniciar un nuevo camino en sus vidas hacia una forma de vida más simple y sostenible, aumentar su calidad de vida y contribuir con su ejemplo a la creación de un mundo mejor para todos. 

El Apoyo Mutuo

Un factor de la Evolución

Piotr Kropotkin

El apoyo mutuo es quizás uno de los pensamientos más potentes que puede resurgir en nuestros días. Las crisis financieras y económicas que asolan a media humanidad podrían provocar una reacción masiva de resistencia y estrecha colaboración humana. Por ello, este pensamiento tan actual en nuestros días necesita ser compartido y actualizado. 

Kropotkin demuestra que la cooperación y la ayuda recíproca son prácticas comunes y esenciales en la naturaleza humana. De ahí la importancia y el vigor de estas ideas.

 

De la dictadura a la democracia

Un sistema conceptual para la liberación

Gene Sharp

El apoyo mutuo y la cooperación ya fueron reivindicados por Kropotkin. La desobediencia civil como protesta hacia un estado de cosas injusto fue promovido por Henry David Thoreau en el siglo XIX. Grandes ejemplos de la noviolencia los tenemos en los ideales y experiencias vitales de personas como León Tolstoi , Mahatma Gandhi y Martin Luther King, los cuales fueron a su vez influenciados por Thoreau. Y Gene Sharp, gran estudioso y gran activista, pone de manifiesto la necesidad de seguir rebelarnos ante las injusticias desde un punto de vista pacífico. Ese es el camino, y esa es la línea que desea marcar este libro.

 

Creando Utopías

El papel de la rebeldía ante el Nuevo Orden Mundial

Javier León Gómez

Creando Utopías fue escrito en las Highlands escocesas, en la hermosa bahía de Findhorn. El autor trabajaba en su tesis doctoral sobre las comunidades utópicas. Las tardes de ese frío invierno de 2007 las dedicaba a redactar las líneas que enmarcan este libro. La estructura social y sus sistemas de «esclavitud» es el tema principal, así como las formas de rebeldía físicas y metafísicas para luchar contra ellos.

 

Por aquí es el Camino

Díselo a cuantos ames

César González Hidalgo

Nuestra especie zoológica, los humanos, racionalmente o no, voluntariamente o no, ha decidido encriptar la vida, tornarla incomprensible e irresoluble. La acumulación de actos desviados a lo largo de la historia de nuestra extraña especie, nos ha traído hasta este punto, un punto en el que hemos creado una realidad algebraica, preñada de verdades aparentes, de falacias camaleónicamente cubiertas por velos de percepción real, de valores estériles, de objetivos torticeros, de relaciones ortopédicas, profilácticas o estéticas. Dentro de esta realidad lacerante habita hoy el ser humano. Nosotros, en masa y como especie, somos los exclusivos responsables del actual estado de cosas.

 

Apoyo Mutuo y Cooperación en las Comunidades Utópicas

Javier León Gómez

Este trabajo antropológico versa sobre la idea de esa neocomunidad que nace de la asociación libre y voluntaria fundamentada en una intención específica cuyo fin suele ser el bien común y la convivencia armónica. 

 

 

 

 

Recuperando el timón del destino humano


a

 

El tiempo es nuestro mayor bien. Es algo que no tiene precio, sin embargo, en nuestros sistemas ordinarios hemos dotado de valor a nuestro tiempo. Ahora una hora de nuestro tiempo puede costar diez o treinta euros. Nos vendemos por ese dinero cuando sabemos que ni con todo el oro del mundo podríamos comprar un segundo de nuestra vida. Aún no somos conscientes de ello, pero aquello que la naturaleza nos dio gratis y de forma ilimitada ahora tiene un precio. El agua, la comida, la tierra, el aire. Todo tiene que ser regulado por un trozo de papel al que llamamos dinero.

Esto implica que debamos vender nuestro tiempo a terceros. Que pongamos precio a nuestra libertad y dignidad humana durante tres cuartas partes de nuestra vida para una vez terminado nuestro ciclo vital ser aparcados en alguna residencia de mayores donde esperar impasibles la muerte. Hemos organizado todo este sistema basados en el miedo. Hemos creado religiones, patrias y naciones, dinero y trabajo para poder seguir esclavizados a esos miedos. Los miedos nos atan a las cosas y las cosas nos esclavizan, nos subyugan, nos someten, nos oprimen. Es la nueva esclavitud humana dotada de narcotizantes propios de esta era que nos mantienen distraídos mientras producimos cosas.

Al estar sometidos estamos apagados, tristes, melancólicos por no encontrar en nosotros mismos el principio de la vida. Basamos nuestro éxito en poder sostener nuestros miedos, apartándonos de la creatividad, de la vital importancia de descubrir quienes somos y para qué hemos venido.

Las fórmulas para adormecer nuestro ser son infinitas. Las fórmulas para despertar a esa libertad alejados del narcotizante medio en el que vivimos son escasas, paupérrimas. Pero existen. Están ahí, tan cerca de nosotros que casi no podemos verlas por su grandeza y esplendor.

La clave sigue siendo el tiempo. En qué queremos emplear el resto de nuestras vidas. A qué dedicar cada segundo de nuestra limitada existencia. Podemos seguir vendiéndonos por un trozo de hipoteca o prostituir nuestra vida por un trozo de pan. O podemos adueñarnos de todas las tierras y labrar nuestro propio pan, podemos edificar en nuestras vidas una nueva forma de relacionarnos los unos con los otros. Podemos crear surcos donde sembrar un nuevo futuro alejados de esta sinrazón esclava.

No se trata de no trabajar. Se trata de trabajar más pero para provecho del mundo. Se trata de romper con la rueda que nos está llevando directamente hacia el desastre global. Se trata de que recobremos nuestra dignidad humana y la pongamos en el pedestal que merece. Se trata de que nos levantemos y tengamos nuestras manos bien altas, donde otros puedan verlas y donde otros las tomen como reflejo de esa libertad. Se trata de volver a empezar, como tantas veces hemos hecho, para así poder recuperar el timón de nuestro destino humano. Se trata de poder abrazar de nuevo al bosque y tratar de hermanos al ciervo y al lobo, a la paloma y al águila. Se trata de recuperar nuestra memoria dormida y recordar quienes somos y para qué hemos venido.

(Foto: © Phong Tran )

 

Día de paso, día del Amado


a

Pascua significa paso o salto, según la tradición. Forma parte de uno de los arquetipos utilizados por la Gran Obra de los Sabios, aquella que permanece oculta para la vida profana pero que se desliza suave y traviesa en las madreselvas de lo simbólico. Tres días debieron pasar para que ocurriera el milagro de la resurrección en la tradición cristiana. Realmente es todo un maremágnum de símbolos y arquetipos que llegan hasta nuestros días y que siempre han bebido de diferentes tradiciones.

Resurrección es renacer, dar nueva vida, dar un salto hacia otro estadio del ser. Como símbolo de la trascendencia implica una creencia en otro tipo de dimensión vital. Como patrimonio intangible de la primera humanidad, se refiere al milagro de la vida que nace de nuevo en la primavera. Por eso muchos mitos de resurrección coinciden con el equinoccio como fórmula evolutiva de ritos paganos y antiguos. De alguna forma, la naturaleza da un salto, da un paso hacia delante desde el frío y muerto invierno hacia el renacer primaveral.

Los hijos de la viuda de Sarepta vieron resucitar a uno de sus hijos mediante la intermediación de Elías. Este acontecimiento se recrea en algunos ritos secretos que pretenden responder a la respuesta sobre el final de la muerte cíclica. La resurrección ocurre en el tercer grado, en la maestría. Tres días tuvo que esperar el Mesías. La vida nos muestra esta incesante y periódica vuelta al renacer. El invierno, la muerte, sólo es un modo latente donde la naturaleza descansa para que más tarde vuelva con toda su fuerza y vigor.

Las tradiciones ambientan este clímax también en la vida humana bajo la creencia de la inmortalidad de la vida que subyace en nosotros como ánima o espíritu latente. También la provocación de esa segunda muerte desea recrear la segunda venida o segunda vida, donde el ser humano despierto renace dos veces en una misma vida, la primera de forma material y la segunda de forma espiritual. Ese renacer provoca la visión del otro lado, la experiencia de la compasión hacia todo ser existente y el amor infinito hacia toda la existencia. Se convierte en Amado y por lo tanto es liberado del yugo de la ilusión, del maya. A partir de ese momento, en ese profundo grado de iniciación personal, se abren las vías de la progresión o la renuncia. Se empieza a respetar la vida animal como símbolo de la realización de las pasiones y se fija la atención no ya en la división de la vida sino en su unidad. Si elige la segunda, ocurre lo que simbólicamente es llamado la crucifixión: la muerte de la personalidad o ego para dar expresión al alma viva. Siendo así, el drama de la crucifixión la viven miles y miles de personas secretamente.

Son aquellos que dan su vida por los otros, por un ideal, por amor a todo cuanto existe. Es un drama que se repite todos los días en aquellos que dan su vida por ese enfermo de Alzheimer, por aquellos que buscan pozos de agua en campos de minas o aquellos otros que cuidan a sus abuelos día y noche. Jesús el Cristo sólo quería ejemplarizar públicamente aquello que muchos ya hacían, hacen y harán. Es un drama cósmico, cíclico que pertenece a la naturaleza y que vemos expuestos en sus estaciones, en sus dualidades, en sus misterios. Pero también en el día a día de la vida ordinaria. En las pequeñas cosas y en los pequeños gestos. Por eso hoy, día de Pascua, día de paso, es un buen momento para recordar la oportunidad que todos tenemos de darnos al otro, o incluso de darnos a nosotros mismos, de amarnos, de querernos y dejar que la vida se exprese de nuevo en la primavera de nuestros días. Dar el salto al otro lado sólo es cuestión de ciclo natural.

Ten fe


a

Tras pasar todo el día en el monte entramos en la casa que se erguía en plena estación de tren. Hablamos de los nagual, de lo intangible. Es hermoso poder reflexionar sobre los misterios de la vida. En la entrada de la casa había un letrero que se repetía en varias estancias: “Ten fe”. La fe es necesaria para la supervivencia. La física y la espiritual. Nuestra anfitriona había estado en lugares remotos donde se había ejercido de forma violenta y cruel el genocidio sobre pueblos indefensos. Sus palabras y sus relatos resonaban como ecos de un tiempo que, visto desde la comodidad de nuestra civilización, parecían de otro siglo. Pero era real, palpable, tangible. Estas cosas están pasando aquí y ahora, en la atrocidad de nuestra corrupción humana.

Sin duda sentí la necesidad de empoderar el sentido de lo compasivo. Creo en el reto del desarrollo interior humano, creo en la esperanza de reconducir nuestros valores y nuestra ética y elevarla al lugar que le corresponde. Lo creo por acto de fe, porque en algún recodo de nuestra incredulidad aparece la magia de creer en el cálido éter del lirio, en las fuerzas astrales que ayudan a restablecer la actividad de las esferas celestes, en la intuición del alma consciente que acrecienta su vida a base de experiencias.

Creo sin duda que reflexionar sobre estas cosas está bien porque de alguna manera nos ayuda a reconducir nuestros pensamientos. Está bien hablar sobre el sexo de los ángeles o sobre las bonitas palabras de unos y de otros. Pero creo que todo esto sería inútil y estéril si no viniera acompañado de una sensata acción, de una voluntad tangible hacia la transformación radical de nuestras estructuras.

Ya sabemos que la Tierra está enferma. Tiene fiebre y lo llamamos calentamiento global, cambio climático. Pronto empezará a estornudar porque de alguna forma nos hemos convertido en un tumor para ella. Luego no sabremos cómo se traducirán sus sacudidas. Pero sí que sabemos como podemos ayudarla a sanar, como podemos ayudarnos a sobrevivir como especie.

Sé que es una locura el pensar que debemos desmantelar todo lo que hemos creado. Sé que es una locura el sentir desde lo más profundo que debemos retroceder cien años en nuestra locura colectiva. Volver a la vida sencilla, a la vida en comunidad cooperativa, abandonar poco a poco lo superficial para centrarnos en lo esencial, en los valores, en la nueva cultura ética, en recuperar aquello que nos une como seres humanos hijos de una misma familia. Sé que es una locura pensar ni tan siquiera que estamos en peligro. Es algo natural en nosotros. Cuando algo extraordinario está a punto de pasar es imposible preverlo, imaginarlo. Quizás no toque a nuestra generación. Quizás tenga que pasar una o dos o tres para que el colapso sea inminente. Pero en algún recodo de nuestro interior sabemos que hay algo que no va bien, hay algo que de forma individual y colectiva no estamos haciendo bien. Lo intuimos, lo sabemos ciertamente. Y tenemos la responsabilidad moral de hacer algo por muy pequeño que sea.

Sí, tengo fe en que así será. Y tengo fe en que cada uno hará su parte y convencerá al otro de la necesidad de cambio, de valores, de nueva cultura ética.

Crucificando al Amor


a

Lo leía en un poema de mi querida Isabella. Allí en su playa y en su isla la inspiración aflora y luce, y provoca y atrae a aquellos que remotos perecen en la subida al monte. Y subía a ese monte balbuceante, salivando hambriento, observando qué sigue pasando en el mundo que aún hay rostros tristes y máscaras que esconden talantes dormidos. Isabella lo describía clara y sin tapujos. Seguimos, dos mil años después, crucificando al Amor.

No es que nos gusten los maderos. Ni los clavos que atraviesan sangrantes las muñecas que sanan. Sólo ocurre que igual que entonces seguimos amando al tirano, o al ladrón Barrabás, y preferimos salvar esa parte nuestra, oscura, doliente, antes que sacrificar un ápice nuestros miedos e ignorancia para empoderar el amor.

El arquetípico crístico sigue rezumando en nuestros días porque seguimos abrazando la oscuridad, la caverna, la sombra de lo ilusorio, y siempre necesitamos ese rostro sangrante que nos exculpe de nuestros pecados. Incluso los templos que se levantaron en su honor siguen adorando al madero, en esas frías y oscuras estancias donde la luz no penetra excepto por la ilusoria apertura de sus vidrieras.

En algunos lugares estos días celebramos la muerte, la crucifixión del amor. Lo hacemos por las pasiones que levantan, por lo bonito del manto o la elegancia de los pasos. Miramos el rostro de dolor de una virgen y lloramos y nos emocionamos porque ese dolor de alguna forma está dentro de nosotros. Pero en unos días olvidaremos el arquetipo y seguiremos abrazando a Barrabás y salvando el lado oscuro entre el ruido de la ciudad y la soledad de la multitud. Olvidamos que el amor se teje en el grupo, en los pescadores que dejaron sus redes y siguieron el camino, la luz y la vida de aquel que inspiró una nueva forma de relacionarnos. Seguiremos en el circo de nuestras vidas interpretando el papel que nos ha tocado o que nos hemos creído olvidando que tras la máscara está el ser que nos anima y que aspira, deseoso, penetrar en el misterio de aquellos locos pescadores.

Mañana seguiremos gritando “Barrabás, Barrabás”. Pero algo dentro de nuestra inocencia se abrirá paso en algún madero olvidado.

La última y mejor esperanza sobre la faz de la Tierra


a

La frase es de Abraham Lincoln, uno de los defensores del conocido “Destino manifiesto”, esa especie de misión nacional que pretendía expandir territorialmente las virtudes del pueblo americano. En la Alemania nazi se llamó a ese deseo “lebensraum”, pero más que virtudes era una necesidad biológica de crecimiento y expansión. Una necesidad vital del pueblo alemán para adecuar su espacio vital a sus necesidades de crecimiento.

El “Destino Manifiesto” americano se llevó por delante a millones de indios norteamericanos y el rapto y sometimiento de esclavos negros secuestrados en África para poder sostener la compleja “misión” americana. En Europa, el “lebensraum” se llevó a más de cincuenta millones de seres humanos por delante.

Esta reflexión viene dada por lo que aún sigue ocurriendo en el mundo. En Ucrania, sin ir más lejos, o con los sentimientos nacionalistas o patrióticos de uno u otro lado que no pueden más que acarrear más problemas en la débil organización geopolítica actual.

Cuando el otro día paseaba por las tierras que desde la fundación pudimos comprar, sentía cierto alivio interior al identificar las mismas con un principio poderoso: la no propiedad privada de esos bosques, de esos prados, de esa casa de piedra del siglo XVI. Era una sensación nueva y extraña. El poder transitar por un lugar que no era de nadie, que había sido liberado del yugo del egoísmo visceral del ser humano. Una tierra de uso y disfrute de todos, pero no de apropiación, no de uso mercantilista.

Y de alguna forma sentí también la necesidad de un destino manifiesto, de un lebensraum interior crecedero hacia la expansión de ese ideal para seguir liberando tierras y territorios del yugo carcelero, esclavizante y tirano al que estamos sometidos. Sentí la necesidad de arrebatar de esa tierra banderas, naciones, patrias e instituciones que quisieran abducir su verde esplendor o su tierna coraza de alamedas y bosques. De alguna forma sentí que la última y mejor esperanza sobre la faz de la Tierra era seguir liberando todos los bosques y los ríos y las montañas que fueran posible. Porque de alguna forma, la nueva virtud, el nuevo anhelo de libertad debe pasar inevitablemente por la emancipación de ese alto ideal. Una tierra sin banderas, sin propietarios, sin esclavos del trabajo o la hipoteca o la nación o el estado. Una tierra adulta y libre capaz de ser compartida desde la fraternidad y la asunción de un nuevo mundo. Esa es mi mejor esperanza, y sobre ella versaré el resto de mis días.

(Foto: Tierras libres de O Couso).

 

Deslizándonos por las brasas


O Couso

Esta mañana estábamos recogiendo las últimas brasas del campamento improvisado en O Couso. A pesar de la chispeante lluvia matutina, las llamas aún ardían tras toda una noche en ascuas y unos días espléndidos de luz y vida. La luna roja, llena, nos acogió con su fuerza. Esta misma noche, aún recién llegados de Galicia, lo celebrábamos en el Centro Dharana con la que ha sido nuestra primera meditación conjunta y abierta. Así será todos los martes a partir de las ocho. Una meditación sencilla acompañada de un compartir sincero y un alegre ágape donde expresar lo que nos venga en gana.

Lo cierto es que las emociones se han ido acumulando estos días. No digamos las experiencias. Tras la maravillosa inauguración del Centro Dharana en la calle Minas no hemos tenido tiempo de digerir todo lo ocurrido. Gente bonita, amigos, personas que pasaban por allí, todos participaron desde la emoción contenida en el círculo, en el lazo místico, en la respiración conjunta, en el canto, en la ceremonia de consagración, en la meditación, en el compartir, en los abrazos, en la intensidad, en el amor de cada instante. Nadie quería marcharse y allí estuvimos hasta más tarde de la media noche.

Tras este acontecimiento nos fuimos a vivir nuestros primeros “tres días de experiencia” en O Couso. A la aventura se nos sumó Carmencita y luego nos acompañó Chari, la cual nos trajo un montón de herramientas para que estos días no estuviéramos parados. Tuvimos tiempo de trabajar en el jardín y en los muros de piedra y tuvimos tiempo de recibir a Sergio, nuestro primer peregrino que tuvo la osadía de caminar desde O Cebreiro hasta O Couso sin parar y compartir con nosotros una noche en las caravanas. Para nosotros fue como una especie de confirmación, de regalo, de ánimo interior. Nuestra primera asentada en las caravanas y nos llegan estas muestras de cariño y confianza. Ver a Sergio junto al fuego nocturno, allí con nosotros, con su mochila cargada de esperanza y vida ha sido todo un presente del universo.

Por eso cuando esta mañana nos despedíamos del lugar, sentíamos una sensación de fortaleza y ánimo, de fuerzas para seguir adelante y cumplir con nuestra parte a sabiendas de que todo esto no es más que una muestra, un grano de arena en la gran tarea. Y también nos sentimos afortunados y agradecidos cuando hoy, de nuevo, tras el viaje desde Galicia y tras la meditación de luna llena en el Centro Dharana fuimos arropados de nuevo por gente bonita con la que hemos compartido una tarde intensa.

Toda esta magia nos hace pensar que existe un mundo nuevo y diferente más allá de nuestras propias preocupaciones diarias. Y que ese mundo ya se está materializando, aquí y ahora, en cientos de lugares que vibran con esa necesidad de cambio. Así que Gracias a todos aquellos que de alguna forma estáis siendo partícipes de esa transformación. Nos vemos en la próxima cita. Nos abrazamos de nuevo de forma sentida y amable.

(Foto: ayer paseando por los increíbles alrededores de O Couso).

Primera acogida en Centro Dharana



Muchos de vosotros nos habéis escrito para decir que no podíais estar hoy con nosotros. Pero realmente sí que estáis, de alguna forma, en nuestros corazones, esperanzas y proyectos que son tanto vuestros como nuestros.

Justamente a estas horas, a las siete y media de la tarde más o menos, estaremos recibiendo a los primeros peregrinos del alma que desean acompañarnos en este acto simbólico de apertura del Centro Dharana. Un lugar que también será de acogida y que pretenderá dar apoyo a todo lo que hagamos en O Couso. Rehabilitar la finca será una primera parte del mismo. Pero habrá un trabajo ingente en el que esperamos poder contar contigo.

Como no queríamos que os perdierais lo que hoy vamos a hacer, os contaremos lo que ahora, justamente ahora, está ocurriendo.

Entra la gente bonita al centro, nos saluda, nos abraza. Mira, curiosea, se sirve un te o un refresco, empiezan a reencontrarse viejas almas. Javier da las gracias a todos cuanto están y da paso a María, quién hará de maestra de ceremonias. Pedirá que guardamos unos minutos de silencio para de alguna forma consagrar el lugar desde el lazo místico y luego Laura presentará el video que os acompañamos.

Ya lo veis, habéis estado aquí y ahora con nosotros. Ya sea en la emoción del video, del silencio o de la acogida.

Sí, claro que estáis, profundamente cercanos.

Gracias de corazón por vuestro latido. Gracias de corazón por vuestra acogida.