Estrechamente cercanos


a

Recién llegado de la India y aún retengo en la pupila imágenes, miradas impactantes, momentos únicos, como el encuentro con esta niña de mirada impresionante y aspecto indescriptible. Tristeza, alegría, añoranza de un mundo extraño. Hoy paseábamos por un palacete en el levante, cerca de Valencia. Miraba por todas partes buscando esos rostros. Sentía la necesidad de abrazar a uno sólo de ellos. Me preguntaba sobre nuestras metas humanas y sobre la mezcolanza de crear algo bello, algo que pudiera llegarles aunque fuera en forma de sueño. Algo que pudiera ser devuelto a ese rostro perdido en las montañas del Rajastán.

Realmente sus rostros no están lejos. La meta más alta es aquella que nos ennoblece y nos hace más humanos. Por lo tanto, su cima está aquí dentro, estrechamente cercana a nosotros, cercana a sus miradas. Los niños aún encarnan algo del mundo angélico. Su inocencia, su prontitud a la hora de compartir una sonrisa, un halago silencioso, son señales inequívocas. Es tan fácil comunicarse con ellos. Es tan fácil recuperar la esperanza sobre cualquier cosa.

A veces necesito sentarme en silencio, mirar cualquier horizonte y pensar sobre el sentido de las cosas. Cuando penetras en tu finitud, en nuestros límites más nos damos cuenta de la paradoja de estar al mismo tiempo al borde de algo maravilloso. Es cierto que la muerte acecha y nos asusta, pero realmente es algo liberador. No es la muerte realmente lo que nos da miedo, más bien la mortandad en vida, no saber apreciar cada instante, no saber aprovechar cada segundo como si de un universo entero se tratara. Por eso cuando miro las fotos de esos niños que dejamos atrás siento esa necesidad casi mortuoria de no haber aprovechado aún más el tiempo con ellos, de no haber apretado sus luminarias para dejar impregnada sus vidas con una huella necesaria. Allí quedaron, impasibles ante un destino incierto. Pero también aquí, estrechamente cercanos  a nosotros, esperando la rebeldía, el salto cuántico hacia la vida real.

(Foto: Niña en Mount Abu, Rajastán, India, febrero de 2014)

No todo está bien


 DSC01450

a

“¡Amor hermanos, Amor! Ni guerra ni violencia. La plegaria misma no basta, hermano Bernardo, se  necesitan acciones. Sin duda es dura y peligrosa la tarea de vivir entre los hombres, pero es necesaria. Es más fácil retirarse al desierto para rezar en él. Allí donde existan seres humanos medran el dolor, la enfermedad y el pecado. Y nuestro lugar está entre ellos, hermanos, junto a los leprosos, los pecadores, los famélicos… Me prosterno ante el poder infinito del Amor. ¡Ven, abraza a nuestros hermanos, ven y cumple tu milagro!” (El pobre de Asis).

En el mundo espiritual corre una frase muy manida que intenta justificar todo cuanto ocurre. Cuando llegamos a la India e intentábamos comprender tantas y tantas contradicciones siempre era fácil escuchar esa frase: “todo está bien”. Es evidente que cuando entras en un asrham donde todo es armonía, delicado olor a incienso y limpieza esa frase puede ser aplicada a la perfección. En la paz de esos momentos no hay otra cosa que quietud y decoro, bienestar y plenitud.

Pero más allá de las puertas del templo hay un mundo ciego e inexplorado al que no nos atrevemos a acercar la mirada. A veces por miedo, otras por desconfianza y la mayoría por ceguera. Cuando conseguíamos vencer esos pesos inanimados de nuestro ser y atravesábamos la lujosa quietud nos encontrábamos con el otro mundo. Niños semidesnudos o ataviados con sucias telas, sin posibilidad alguna de ir a la escuela, trabajando de muy jóvenes ya fuera rompiendo piedras con una dura maza o cargándolas sobre la cabeza de un lado a otro para construir muros elocuentes. Mujeres inclinadas trabajando aún como lo hacen los animales, en forma horizontal, agazapadas a la tierra para ignorar el horizonte del mundo. Hombres que han perdido toda su dignidad y pasan horas y horas intentando acumular réditos en la inconsistencia de la vida. Sin duda no hace falta ir a la India para ver estas cosas. Pero allí todo es mucho más elocuente y el impacto en nuestras consciencias siempre es mayor.

Por eso a veces resulta insoportable esa mística, esa pseudo-espiritualidad que justifica todo y se lava las manos ante injusticias y atrocidades. No soporto verme meditando por la mañana por la paz del mundo mientras por la tarde ignoro la guerra que se teje en los slums, en las barricadas de la pobreza, en la mediocre condición humana. No puedo esculpir una oración en el plano de la belleza sin antes recoger toda esa suciedad que se arrincona a nuestro alrededor sin muchas veces darnos cuenta. Se nos rompía el alma cuando nos acercábamos, tras la meditación matutina, a ese mundo al que sólo podías acceder con la mirada de un payaso, con una sonrisa y una nariz roja capaz de atravesar los aledaños de ese más allá que aún pervive en nuestra tierra.

No, no todo está bien. El universo espera de nosotros que nos levantemos unidos en dignidad, que trabajemos por un mundo mejor para todos y que juntos realicemos la paz mundial. No todo está bien queridos, hay mucho por hacer, empezando por nosotros mismos y siguiendo por la pobreza de alma que nos rodea. Mucho por hacer en nuestros cuerpos, mucho por hacer con nuestras familias y amigos, mucho por hacer en nuestras calles y barrios. Mucho, y algo urgente por hacer, en el mundo en que vivimos.

(Fotos: Ese muro separaba un gran asrham de meditación de una realidad totalmente ignorada. Justo detrás de esos muros había un mundo extremo de pobreza, ignorada por todos los que allí estábamos recitando el mantra de «todo está bien». A pocos kilómetros, unas niñas acarreaban en su cabeza pesadas piedras para construir un muro).

Día 6. Alegría para el alma


c a b

Ayer la mitad del grupo se marchó y Koldo y yo nos hemos quedado un par de días más para tomar imágenes de los exteriores y de paso profundizar un poco más en este increíble país. La India y sus misterios, y sus maravillas, y sus contradicciones. En cuanto se marcharon los compañeros de aventuras, nos fuimos corriendo hacia la habitación para ponernos nuestro particular disfraz de payaso. Koldo tuvo la excelente idea de coger algo de material por si tuviéramos tiempo de poder, nariz roja por delante, ponernos al servicio de la alegría. Así que surcamos caminos y aldeas y nos adentramos en lo más profundo del ser humano: su alma. Esta mañana hicimos lo mismo pero esta vez con unas bicicletas que nos llevaron muy lejos.

Meditar está bien, visitar proyectos y ayudar en todo lo que podamos es excelente, pero cuando surcamos los caminos y nos encontramos con los primeros niños algo de nosotros cambió. Los niños no entienden de idiomas, ni de pobres o ricos. Son capaces de coger de la mano a dos tipos raros pintados de rojo y empezar a jugar sin más. Sin pedir nada a cambio, sin esperar nada a cambio. Cada sonrisa robada es como un néctar de los dioses entregado en el ara de la felicidad interior.

La nariz roja también es un pasaporte para entrar a lugares donde de otra forma sería difícil de acceder. Es así como de repente nos encontramos de bruces con la otra India, la que se esconde tras las carreteras y el turismo, la que encierra la mayor de las pobrezas, la que descubre la elegancia y la dignidad del ser humano a pesar de las terribles circunstancias, la de esos niños que no sabrán jamás lo que es un bolígrafo excepto por el regalo que hoy le hemos hecho, la de esas niñas que saben que ese momento de felicidad instantánea es perecedero, y que luego habrá que ir buscar leña para el fuego o dátiles para la cena.

Entre aldea y aldea siempre te encuentras con niños que van para aquí y para allá jugando con cualquier cosa o ayudando en los trabajos más duros. Niñas que cogían piedras, o hacían mezcla de tierra y cemento para levantar un muro. Niños picando piedra al borde del camino para luego transportarla como mulas hacia cualquier lugar. Hemos visto y observado de todo tipo de durezas, y sin embargo, ahí estaban, dispuestos a ofrecernos cinco minutos de su vida para compartir una sonrisa. Todo un regalo, todo un despropósito de la vida y sus complejas contradicciones.

Somos privilegiados los que ahora podemos teclear esto o leerlo. Somos tan privilegiados que nunca somos conscientes de ello.

Día 5. El mérito de la entrega


a

Por la mañana visitamos el segundo hospital de la región viendo como las urgencias y los tratamientos paliativos es algo necesario en un lugar donde reciben doscientos pacientes diarios por picaduras de serpiente, ataques de oso o infinidad de accidentes de tráfico y de todo tipo. También tuvimos ocasión de visitar la escuela de enfermería, construida en su mayoría por la generosidad de movimientos, instituciones y donativos extranjeros. Por la tarde tuvimos la oportunidad de visitar la sede mundial de uno de los movimientos espirituales más extendido por todo el mundo, con más de un millón de alumnos de raja yoga que todos los días, desde las cuatro de la madrugada, llevan una vida dedicada a la meditación, el estudio y el servicio.

La organización de una institución de este tamaño es asombrosa. La cocina de la comunidad principal ocupaba todo un edificio entero. Pudimos bucear por sus secretos y ver que por ejemplo, en una planta había toda una fábrica de pan, o de chapati o de quesos o de arroz… Hay días que hay que dar de desayunar, comer y cenar a más de cuatro mil comensales, y en los días de más bullicio, a más de veintemil. Organizar tamaño menú es una tarea asombrosa. Realmente la cocina es una fábrica entera. Si bien siempre me han asustado las organizaciones donde hubiera más de cincuenta personas, debo reconocer que esta en concreto está organizada de tal forma que parece casi un milagro. ¿Cómo es posible mantener un movimiento de estas características a base de donativos y trabajo voluntario y de entrega? Sin duda todo un mérito ante el que me quito el sombrero.

Tras las visitas pudimos ir a meditar a un bonito lugar llamado Baba Rock y ver desde lo alto de la montaña un increíble atardecer. El silencio, el desierto en frente de nosotros allá a lo lejos junto al paraíso y los lagos de nuestras montañas dotaban de una espectacular imagen todo el paisaje. Estamos agradecidos por este privilegio y damos gracias todos los días por este hermoso regalo y por supuesto, gracias sentidas a las personas que lo han podido hacer realidad. Para ellos, en silencio, todo nuestro mayor agradecimiento.

Día 4. El néctar del alba


b a

Toda alba tiene su propio néctar. Todo renacer parte de un ciclo con su principio y con su fin. Hace cinco años que estuve en este mismo lugar y siento interiormente que he venido a cerrar simbólicamente algunos importantes episodios personales. No podría explicar qué sentido tiene todo esto, pero venir aquí unas semanas antes de dar comienzo un paso vital en mi vida seguro que guarda algún tipo de significado, especialmente porque aquí se gestó de igual forma una apasionante historia interior.

Reflexionaba sobre esto mientras visitábamos el hospital de la zona y valorábamos una posible colaboración desde España con el mismo. Era interesante ver como aquí en la India resulta fácil encontrar en los hospitales todo tipo de medicinas alternativas como la ayurvédica, la homeopatía o la sanación magnética integradas con la medicina oficial. Los doctores explicaban con total normalidad los beneficios de esta medicina integral.

Veíamos a los pacientes felices por los tratamientos y veíamos como era posible otra forma de entender la salud y la falta de la misma. En los dos hospitales que visitamos, además, había salas de meditación donde tanto los pacientes como los trabajadores podían practicar un poco de yoga mental. La influencia que la fundación nacida de una escuela de raja yoga tiene sobre el gobierno del hospital es bien clara en todos los detalles. Este hospital es una muestra palpable de que lo privado no está reñido con lo público, y que iniciativas como estas pueden sostenerse de forma diferente y con buena voluntad.

Día 3. La gran tarea


 a

Tras atravesar toda Europa desde Madrid y Munich y media Asia hasta llegar de madrugada a Bombay, pudimos descansar unas horas en el Lotus House de Ahmadabad. Desayunamos algo e hicimos casi cinco horas de trayecto en coche hasta nuestro destino en Mount Abu, en el Rajastán indio, en las montañas sagradas. Pocas cosas han cambiado en estos años excepto esa necesidad casi humana de crecer y crecer y crecer. El aeropuerto ha crecido, la ciudad ha crecido hacia lo ancho y lo alto. Más edificios, más asfalto, más caos. Aquí en la India se aprecia bien la plaga en la que nos hemos convertido. Los bosques y los caminos están sucios, llenos de plásticos y envases de todo tipo. Las calles de las ciudades son un auténtico vertedero más propio de la edad media. Mientras viajábamos por las excitantes carreteras de coches locos me preguntaba qué sentido tiene este tipo de vida basada en la aspiración material sobrellevada con ciertas dosis epidérmicas de espíritu cuando procede. Aún a pesar de todo este caos, la vida parece tan increíble y maravillosa.

No sentía una enorme necesidad de crítica hacia lo otro o lo sustancialmente diferente. Simplemente me preguntaba porqué somos así en nuestra condición humana en general, tan perdidos y tan predispuestos al caos sin sentido. Tras atravesar medio estado llegamos hasta las montañas sagradas de Mount Abu. Aquí había manadas de monos que contemplaban a sus primos los humanos con cierto escepticismo. El lugar de acogida es un gran centro de meditación que tiene ocho mil sedes a nivel mundial con más de un millón de miembros. Una gran urbe para meditadores silenciosos, escondidos entre la maleza de los jardines y los santuarios de oración y meditación. Un lugar plácido y agradable sostenido por la buena voluntad de cientos de seres. Un lugar de descanso y peregrinación para el alma.

El ego que se siente superior tiende a dividir y juzgar. Es difícil mantenerse silencioso y humilde ante los hechos que nos rodean. A veces la pasividad también puede ser motivo de arrogancia. Sea como sea, siento necesidad de observarnos para comprendernos y mejorarnos, sin acritud, sin acidez, solo mirarnos, revisarnos, contemplar nuestros actos y conductas no importa donde hayamos nacido o donde residamos o en qué familia hemos tenido la suerte de madurar. Pienso que hay algo en nuestro desarrollo humano que es maravilloso, y al mismo tiempo, terrible. Quizás ese sea el motivo por el que cuando hoy paseaba por los caminos aledaños al centro de meditación y me cruzaba con animales de toda índole me preguntara sobre las mismas cuestiones: qué podríamos hacer para mejorar esto. Sea lo que sea, en nuestros espacios individuales, en nuestras vidas personales, hagamos el esfuerzo de ser mejores, de hacer bien las cosas, sin miedo a equivocarnos pero con la voluntad de mejora.

No tirad los papeles al suelo, recoged los de vuestros vecinos para que estos se sonrojen la próxima vez. Cuidamos nuestros cuerpos y dañemos en lo más mínimo al reino animal y vegetal. Seamos tolerantes con el otro pero también impasibles ante las injusticias. No abdiquemos de ser ejemplos y luces vivas con deseos de hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Seamos amorosos y dejemos un mundo limpio y bello, transformado a mejor con nuestra leve visita. La India me demuestra todo lo urgente del vivir, toda la tarea que como humanidad tenemos por delante.

Día 2 en India. Antakarana


 a

Estamos sobrevolando Turquía tras dejar atrás occidente y acercarnos, en este antakarana o puente, hacia la inmortalidad de Oriente. Desde aquí ya se puede respirar los vestigios del Creador. Ya podemos asomar la tenue luz del alma hacia el nacimiento en la cueva, hacia las plenitudes de la existencia. Noto como el templo del espíritu se asoma tímido a este renacer, a esta oportunidad para divisar desde lo alto la verdad trascendente.

Existe una jerarquía natural en la naturaleza. Están las aves de corral, aquellas que pasamos nuestras vidas mirando a la tierra buscando lombrices y cavando surcos. Luego están las aves del cielo, esas que sobrevuelan majestuosas los cielos inamovibles. Visitar las orbes de lo alto te hace sentir ave del cielo con el único propósito de volver a los valles y ser la última entre los últimos, empujando a los rezagados con el aliento vital de la esperanza y debatiendo en firme determinación el crepúsculo de la existencia.

El camino de retorno nos lleva inevitablemente a trascender nuestras limitaciones. No podemos perder la oportunidad de vencer nuestras propias barreras y sentirnos catapultados hacia esferas más allá de nosotros mismos. La plenitud de nuestras posibilidades es tan amplia que lo único que puede atarnos a la ceguera es la falta de fe en aquello inmutable pero vivo.

Aquí, en este matrimonio entre oriente y occidente, noto que nada está dividido excepto para las mentes que aún viven instaladas en la avidya, la ignorancia, y maya, la ilusión, utilizando términos hindúes. Hemos venido para impulsar la materia hacia lo alto. Sin duda este tipo de viajes resultan iniciáticos en cuanto a esa necesidad de impulso, de búsqueda de perfección y amplitud, de esa necesidad de impregnar la materia con el halo espiritual de nuestros ancestros originales. En estas alturas podemos notar que somos mediadores de las fuerzas cósmicas, una chispa cósmica que tambalea entre dos mundos que son uno. Una inmutable realidad que debe despertar hacia el camino estrecho. Pronto llegaremos a la India y pronto la luz de Oriente vendrá para iluminar el receptáculo de la llama. Estaremos atentos. Estaremos observantes. Seremos diligentes con todo aquello que nos llene y despierte en esta procesión del Ser.

Viaje a India. Día 1.


a

Siempre que toca hacer viajes largos da cierto rubor, una especie de pánico o nerviosismo que como un goteo se instala en el inconsciente. Dormir cuatro horas, levantarte temprano y salir dirección al aeropuerto puede ser el primer calmante. A las  cinco de la madrugada ya estábamos en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, dirección Munich, Alemania, mi querida y añorada Alemania. Allí cogeremos otro vuelo dirección Bombay y de allí nos espera un vuelo local hacia Ahmadabad, en el Rajastán de la India profunda.

Hace algo más de cinco años que estuve en ese lugar. Fuimos al que quizás sea uno de los centros de meditación más grandes de la India. Cientos de personas se agolpaban para interiorizar en un paisaje idílico esa sensación de flotamiento más allá de la materia. La India siempre tiene ese encanto entre mítico y bucólico, aunque admito que cuando te sales de los paisajes puramente turísticos, este inmenso país-continente ofrece un aspecto mucho más duro y miserable.

El motivo de este viaje es el de completar una serie de reportajes para un programa de colaboración con un hospital de la zona. Un trabajo amable que haré con gusto y alegría. Como antropólogo, disfrutaré doblemente de la experiencia.

Este tercer viaje a la India lo afronto con esa madurez que la edad y la serenidad te aportan. A pesar del nerviosismo inicial, estoy feliz por poder ver de nuevo la evolución de una de las comunidades que tuve la oportunidad de describir en mi tesis doctoral, y de paso, comprobar los cambios que en estos cinco años ha sufrido.

También este viaje es una especie de cierre de ciclo y comienzo de otro importante. A la vuelta del mismo nos espera afrontar quizás el que hasta ahora sea el reto más difícil y apasionante de todos los que llevamos cumplidos. Un reto vital que esperemos culmine en la aventura del vivir, del compartir y del realizar nuestra parte debidamente. Seguiremos en la India, si allí encontramos conexión.

La banalización de lo sagrado en la nueva era


a

“Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”. Isaías; 56, 7

“Pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones”. Jeremías; 7, 11

“¿No está escrito: ‘Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones’? Pero ustedes la han hecho cueva de ladrones.” Marcos 11:15-18

Los que han experimentado unas formas y disciplinas en templos escondidos y secretos sienten cierta aberración por el hecho mercantilista que se ha apoderado del sentido de lo sagrado. Hace dos mil años, látigo en mano, Jesús dio buena muestra de este enfado. Muchos, de forma inocente o inconsciente no se dan cuenta de cómo han banalizado y comercializado con las cosas del espíritu.

Cursos para el despertar a treinta euros la hora, convivencias para interiorizar a trescientos euros el fin de semana. Está muy bien que nos ganemos la vida de mil formas posibles, pero hay que tener en cuenta con qué tipo de cosas nos la ganamos. Tan peligroso es traficar con armas como traficar con las cosas del espíritu. No se puede uno adjudicar la potestad de empeñarnos en traer lo divino a lo humano a base de talón. Así no funcionan las fuerzas del universo, de ahí que la casa de acogida, la casa de interiorización y de retiro fuera llamada casa de oración para todas las naciones. “Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis”, señalaba Jesús. “¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas”.

La vida de Jesús es la de un revolucionario, un buscador de la utopía que pretendía traer a la tierra el cielo en el que creía, el lugar sagrado que sentía en lo más profundo de su corazón. No era una cuestión de bonita semántica, era una cuestión de pura provocación. Hasta el punto en el que la misma ha llegado intacta dos mil años después, olvidada por muchos estudiantes del misterio pero rejuvenecida por esos sencillos que reclaman su legado desde el silencio y el trabajo arduo.

Independientemente de las creencias de unos y de otros, el mensaje de Jesús es radical y cuestiona todas estas cosas hasta el punto de llevarlo al extremo. Dad gratis los dones de Dios no sólo es una ley universal. También significa un camino irrenunciable para el avance interior hacia la conquista de la cima del espíritu. Sólo libres y despojados de los pesados metales de la materia, se puede ascender hacia las colinas azules. Es difícil comprender esta ley. Tan difícil como el hecho de poder renunciar a la vida donde la polilla corroe nuestros tesoros materiales para albergar la esperanza en los tesoros de la vida del espíritu.

“No os angustiéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se angustie, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os angustiáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? No os angustiéis, pues, diciendo: “¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?”, porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación. Basta a cada día su propio mal». (Mt 6, 25-34)

Ese planeta llamado Guerra, perdón, quise decir la Tierra


 a 

Hoy veíamos en el cine una película ambientada en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial. Siempre que repasamos la historia de Europa, de la Europa de no hace mucho, cierto escalofrío recorre el alma.

Pero si miramos con atención el mundo en el que vivimos, realmente el escalofrío es agobiante. Tras la película veía una atroz imagen de un nuevo bombardeo en la ciudad siria de Alepo.

No podía entender como nuestra civilización aún era capaz de mantener este tipo de comportamientos. Me venía a la imagen esa fotografía de nuestro Aznar sentado orgulloso junto a Bush y Blair y recordaba lo cerca que Alepo y la Segunda Guerra Mundial está de nosotros. Veía las imágenes de la muerte de esos pobres seres que intentaban llegar a nado hacia nuestras costas en Ceuta, los muertos de Xinjiang o la atroz limpieza étnica de Centroáfrica. Y todo eso pasando ahora mismo, en nuestro querido planeta Tierra. Tierra de dolor para muchos, de hambre, de pena, de miseria y de muerte. Tierra donde como ya pasó en Etiopía hace unos años podré pasearme fotografiando como un espectador más la miseria de muchas familias en India.

Sí, me llevaré la cámara para no olvidar que la Segunda Guerra Mundial está aún pasando aquí y ahora. Para no olvidar lo privilegiados que aún somos a pesar de todos aquellos que podemos pulsar el botón de nuestra cámara réflex y luego volver para contarlo. Me llevo la cámara para recordar la urgencia de actuar. La necesidad vital de responder a los problemas de la humanidad con tajante decisión personal. Todos y cada uno de nosotros podemos alejar de nuestras vidas las guerras, todas las guerras, todas las miserias. Sobre todos y cada uno de nosotros recae la posibilidad de un mundo nuevo. Todo lo que necesitamos es amor…

El encuentro de los pájaros


 a

Hoy ha sido un día cargado de señales. Durante todo el trayecto a Huelva íbamos hablando de la bandada de pájaros. Cuando hemos llegado, había justo detrás de la mesa donde nos han colocado once pájaros, la bandada, precedida de una abubilla. Para nosotros ha sido impresionante y también la confirmación de que a veces vivimos en una especie de relato mítico-fantástico difícil de descifrar. El caso es que cuando íbamos para el sur y hablábamos de la bandada, con la abubilla al frente, se nos presentó un majestuoso arco iris que confirmaba que hoy sería un día especial. Nunca pudimos imaginar que esa abubilla y sus pájaros restantes estarían esperando a cual misteriosa sincronía.

Lo cierto es que para algunos el día de San Valentín es el día de los enamorados porque su fiesta coincide con el momento del año en que los pájaros empiezan a emparejarse. Y sin duda hoy los pájaros, la bandada, parecía querer emparejarse en un acto de amor conciliable con el misterio y la vida, con los símbolos y las sincronías milagrosas. El pájaro, el ave, que siempre ha representado el alma humana en plena libertad, hoy se manifestaba rotundo, como una señal fija que nos mostraba el Camino a seguir.

Es difícil comprender que en todo viaje hay siete peligrosos valles. Los observadores atentos los identifican como las moradas del amor, de la gnosis, del desapego, de la Unicidad, de la perplejidad, de la pobreza espiritual y del anonadamiento. A veces, cuando emprendemos el viaje tendemos a endiosarnos, perdiendo enseguida la perspectiva de la humildad, la visión del arrodillarnos ante la inmensidad, creyéndonos nosotros mismos como parientes cercanos de la altitud. Olvidamos que toda búsqueda empieza desde la ceguera, más tarde desde la inclinación, arrodillándonos humildemente ante la enseñanza del camino, y luego, inevitablemente, llegan el resto de las pruebas. Todas las tradiciones coinciden en que el viaje nos transforma y es cuando terminamos el mismo cuando se revelan los secretos y los tesoros que siempre estuvieron ahí, bajo nuestros pies, enterrados en nuestros propios corazones. Mientras, sus trampas nos esperan y nos aguardan pacientes. Las trampas de la ilusión, de la ceguera, del endiosamiento falso, de la mentirosa y engañosa falsa humildad, del creernos en posesión de algún tipo de verdad, de las complejas contradicciones a las que nos enfrentamos, vendiendo nuestra alma al mejor postor o a la más cómoda situación. Son tantas las pruebas a las que nos enfrentamos cuando decidimos emprender el viaje, el mágico vuelo del alma, y tan fácil resulta caer en ellas.

El lunes me marcho de viaje a la India. Me voy emocionado tras este viaje de ida y vuelta a Huelva con todos sus hermosos mensajes desvelados. A la vuelta de la India habrá muchas sorpresas, la materialización de muchos sueños y la osadía de volar junto a la abubilla hasta los límites del reino de Saba, lugar donde podremos dialogar abiertamente con los secretos del rey Salomón. Nos espera a la vuelta un lugar crecedero para las aspiraciones del alma y las guías del espíritu. Un lugar verde cargado de fuerza y bosques, con ese río subterráneo y esa tierra caliente y húmeda. Un lugar en la montaña, cerca de los cielos y las cumbres, pero también cerca de los valles, para no olvidar que la ilusión, que el engaño, que las pruebas siempre estarán ahí y nos conducirán pacientes hasta el reguero donde las aguas son mansas y el fuego albino arde en su llama esmeralda.

(Foto: Hermoso arco iris que se mostraba hoy en el viaje hacia Huelva).

Cuidemos nuestros vehículos


a

Esta mañana cuando hemos ido a por el coche para hacer unas compras tenía el retrovisor roto. El repararlo cuesta casi trescientos euros. Desde que vivo en el centro de Madrid, es raro el día en el que el coche no sufra algún tipo de accidente. Es casi imposible tener el coche en las céntricas calles sin que sufra de golpes, rasguños y porrazos varios.

Desde hace unos días voy a nadar a la piscina municipal que está a dos calles de aquí. La vida sedentaria que he llevado estos últimos meses me han pasado factura y me ha salido una pequeña hernia que entorpece de alguna forma con ese dolor o molestia lumbar que viene y se va a su antojo.

Cuando observaba el coche esta mañana sentía cierto cabreo inevitable. Sobre todo por el incivismo de cometer una tropelía y no dar señales de vida para indicar lo sucedido. Te rompen el retrovisor, te dan golpes continuos y nadie responde. Como si no pasara nada.

Al reflexionar todo esto en la meditación de plenilunio de hoy me daba cuenta de que ocurre lo mismo con nuestros cuerpos físicos. Nos pasamos toda la vida dándoles golpes, olvidando sus cuidados mínimos, y cuando se estropean, nos quejamos y nos cabreamos porque ya no son útiles o porque han perdido destreza.

Sin duda las dolencias de estos días me ayudan a comprender lo sagrado que resulta cuidar nuestros cuerpos, todos nuestros cuerpos. El físico por supuesto, pero también el energético, el emocional, el mental y el espiritual, para los que lo tengan, lo sientan o lo necesiten.

Cuidar el templo, el receptáculo de la vida, el cuerpo físico es una tarea compleja pero a la vez sencilla. Buenos alimentos, algo de ejercicio, abundante agua e higiene, luz solar… Un año de sedentarismo como el que llevo aquí dentro del zulito puede provocar lesiones estúpidas que a la larga pueden traer consecuencias. Así que tomo estas señales como aviso para navegantes. Cuidémonos para que podamos servir mejor a la vida y su propósito.

Del reino de la vida al reino de la luz


a

Como no tiene nombre, se le llama hylé, materia, caos, posibilidad o susceptibilidad de ser, o lo que sirve de fundamento de algo, u otras muchas cosas…” Nicolás de Cusa.

Estaba leyendo un interesante artículo sobre los tipos de luz. Entiéndase luz como metáfora de aquello intangible como la intuición, el intelecto, el instinto o incluso eso que llamamos vagamente el alma. La física cuántica empieza a reconocer ciertos tipos de luz, revelaciones que nos conducen a una mayor expansión de consciencia. La expresión “arrojar luz” sobre un problema nos puede ayudar a entender a qué nos referimos. Joaquín de Fiore profetizó el advenimiento del tertius status, momento en el que la letra de los textos sería sustituida por una comprensión visionaria. Esa comprensión visionaria va más allá de lo puramente intelectual y tiene que ver con esa intuición que de alguna forma nos revela una parte mayor del mundo.

Este cambio en la percepción, en la luz, en la visión, lo hemos podido observar en la evolución de nuestra propia especie. En tiempos de Platón pasamos del mundo de las formas, de lo meramente material, al mundo de las ideas. Dimos un salto cuántico en cuanto a la percepción de la existencia, fijando más adelante nuestra atención en cosas que superan lo meramente intelectual como el arte, la escritura, la poesía, la música y la ciencia. Hoy día ya nadie cuestiona estos saltos cuánticos en la percepción humana aunque durante mucho tiempo fuese algo perseguido. ¿Cuál será el siguiente salto cuántico en nuestra propia evolución grupal?

La gran incógnita filosófica sigue siendo la vida acompañada de inteligencia y autoconsciencia nacida en la raza humana hasta donde sabemos. La filosofía abraza a la mística a la hora de dar respuestas sistemáticas a esa otra realidad cuyas respuestas no alcanzamos a entender. Nuestra humanidad ha ajustado su sentido de proporción a la revelación de que es algo más que materia y pensamiento y vida. En esa ascensión hacia el Monte de la Visión ha entendido, y de alguna forma sabe interiormente, que la vida es mucho más de cuanto hasta ahora habíamos conocido.

Es difícil abarcar individualmente todos los aspectos de la realidad, por ello las revelaciones y los progresos intelectuales no sirven de nada si no pueden ser compartidos con la experiencia grupal. De ahí la importancia de compartir nuestra luz interior con el reino de la vida y su manifestación. Cuantas más luminarias enciendan su llama interior, mayor será el fuego que caliente la acción grupal y su progreso hacia el bien común y mayor será la visión conjunta. Entender esto es entender que de alguna forma somos células de un ente vivo mayor. Partículas necesarias que se agrupan unas a otras para componer un cuerpo amplio que sirve de fundamento de algo que nos guía hacia la génesis de todo este misterio que llamamos vida.

(Foto: © Samantha Tran)

Llueve y hace buen día


 

a 

Nada es perfecto, sin embargo, todo es perfecto. La perfección no puede medirse por nuestros antojos o nuestras manías o nuestros hábitos o nuestras pequeñas desgracias particulares. Si estamos en invierno y nieva y llueve eso forma parte del orden natural. No podemos salir a la calle y quejarnos porque hace frío o porque llueve. Todo lo contrario, deberíamos sentir gozo y extrema alegría porque esto ocurre. La lluvia riega los campos y llena los pantanos subterráneos, creando ríos invisibles cuyo iceberg oculto disfrutaremos durante el resto del año. Cada vez que llueve deberíamos hacer una fiesta de ello, alegrarnos profundamente por esas benditas aguas que cooperan con la vida, regalando desde el milagro natural la sustentabilidad posible.

Luego llegará la primavera y podremos disfrutar de la siembra del invierno. Cuanto más llueva ahora, cuanta más nieve acumulemos en las cimas de la montaña, más poderoso y radiante será el florecimiento primaveral y más grande será la cosecha del verano que nos permitirá sobrevivir con alegría en la próxima otoñada.

Ocurre lo mismo en el invierno de nuestras vidas. Cuantas más duras sean las pruebas del camino, cuanto más creemos ahogarnos en la incertidumbre del dolor, más facilidad tendremos en nuestra propia primavera de florecer radiantes y poderosos. Sólo debemos observar con diligencia como las enseñanzas vitales se acumulan para fortalecernos interiormente.

El otro día le comentaba a una amiga: “abraza el dolor que ahora sientes, no lo rechaces, no lo esquives, abrázalo, ámalo, disfruta de su enseñanza”. Estoy convencido de que cuando eso ocurre, cuando gozamos de la lluvia torrencial de la vida, nos espera una esplendorosa primavera. No podría ser de otra manera. Sólo debemos esperar pacientes los ciclos de la vida. Todo tiene un porqué y un para qué que se va descifrando día a día. Estemos atentos y bailemos bajo la lluvia, disfrutemos de su agua de vida.

Siguiendo la pequeña luz


la foto

Cuando veas una pequeña luz brillar, ¡síguela! Si te dirige al pantano, pues ya saldrás de él. Pero si no la sigues, toda tu vida vivirás arrepentido al no saber si ésa era tu estrella”. Séneca

Soy la piedra y el río, la prueba del laberinto y la espiral inmanente. Soy la puerta y el valle, la cumbre y la apariencia, el halo y la magia. Soy lo patente y lo invisible, el murmuro y el anhelo, aliento y susurro, sombra y recipiente.

Tú eres la roca firme y el mar, el centro y el universo, la ventana y el bosque, la cueva y la verdad, el reto y la fragancia. Eres lo visible, el canto y la esperanza, el corazón que palpita, el retorno y el espejo. Eres todo aquello que complementa los sueños y transgrede la lógica. Eres todo aquello que nace para dar soporte al sueño.

Juntos somos la luz y la sabiduría que guía la construcción del templo, el amor y la belleza que lo adorna y lo adereza , la fuerza y la voluntad que lo sostiene y lo nutre. Somos sus pilares, somos sus columnas salomónicas, somos la piedra pulida que construye la pared recta. También somos la inteligencia que guía el cincel y la fuerza que golpea desde el mazo y la belleza resultante de ambos.

Solos no somos más que gotas perdidas y errantes, juntos somos el océano entero. Y cuando juntos vimos la luz brillar, quisimos alcanzarla con la certeza que nace de lo irracional. No nos importa si esa luz nos guía hacia el pantano angosto o hacia la cima de la montaña. Sabemos que la llamada que nace ante su júbilo nos convierte en invencibles luminarias que siguen adelante. Ya nada nos aleja de la certeza. Ya nada nace de lo conveniente. Sólo nos queda caminar hacia adelante, juntos.

Hacia la vida grupal


a

«Poned a prueba los espíritus para ver si son de Dios». San Juan

Cuando vivíamos en la inconsciencia humana lo hacíamos de forma grupal. Las aldeas se construían en círculo, las casas eran redondas, el concepto de unidad se establecía en bailes y rituales de paso que veían en la esfera el símbolo de la solidez y la unión.

Pasaron miles de años y la consciencia grupal primitiva dio paso a la consciencia individual. La estructura circular, símbolo de la emoción y de la unidad primigenia dio paso al cuadrado, a la razón, al individuo. Hubo una desconexión entre la armonía con el entorno y el ser humano y se perdió el lazo que unía nuestro ser con la emanación de vida.

Ahora vivimos unos tiempos radicalmente distintos. El individuo emancipado y libre retorna al círculo, al aro sagrado, a la comunión grupal. Anhela, esta vez desde la razón acompañada de la lucidez y la consciencia, la vuelta al lazo místico. Sacrifica su individualidad, su egoísmo remoto, su necesidad de liderar el ansiado poder para dar paso a la decisión grupal.

Resulta difícil entender este proceso de sacrificio del yo en pro a lo común. Pero en los próximos siglos se avanzará sin duda en el camino del eterno retorno a la sabiduría del círculo sagrado. Esta nueva energía nos pondrá a prueba, veremos si lo que nos retumba en el interior es un afán de protagonismo individual o un verdadero y puro sentimiento de entrega a lo grupal.

Las señales aparecerán constantemente, nos guiarán hacia esa vida común. Las señales no son más que la voz de lo intangible que pone a prueba nuestros espíritus y valoran nuestra verdadera entrega amorosa. Vamos sin duda hacia una vida grupal donde nos volveremos irremediablemente co-creadores con lo inmanente. Ese será nuestro próximo reto.

La certeza de abrir el corazón


 a

“Habiendo conocido el Amor, dejaré que todo siga su curso, seré dúctil como el viento, y aceptaré todo lo que la vida me depare, con entereza… La vida nunca se equivoca… Mi corazón está tan abierto como el cielo…” [K. S.]

Una de las cosas más difíciles de la vida es aceptar que todo está bien, que nada escapa al azar, que las cosas más absurdas obedecen a algún tipo de propósito. Esto no es una visión determinista. Nace de la observación constante sobre causas y efectos, sobre leyes naturales, sobre mecanismos que parecen concretar algún tipo de factores universales de alcance omnipresente.

Cuando abres el corazón a la vida la sorpresa es constante. Es como si te tiraras a un río de aguas rápidas que te llevaran de una a otra orilla de forma acelerada. No hay tregua para nada, no hay descanso posible porque todo fluye hacia algún tipo de respuesta.

El viernes estábamos en Castellón, el fin de semana en Alicante, ayer en Galicia y hoy en Cádiz. En todos esos lugares han pasado experiencias únicas y hermosas que han ensanchado nuestro interior, emotivas, todas cargadas de señales, de indicadores y resortes que sólo un observador atento podría cazar al vuelo. Todas esas marcas en el camino de la vida me hacían recordar a esas otras marcas que aparecían una y otra vez en el Camino de Santiago. Podía ver en el ritual de todos esos movimientos un denominador común: la flecha amarilla, el poderoso símbolo que te guía y acompaña a todo momento. ¿Y qué se hace cuando puedes ver las señales, las marcas? Seguirlas. No dudar. Caminar siguiendo su estela.

Cuando volvíamos de Galicia nacieron ante nosotros la maravillosa escena de dos arcoíris que surcaban todo el cielo. La escena se repitió un par de veces como símbolo de la alianza nueva y eterna. Realmente veníamos de sellar, bajo el manto mágico del ritual sagrado, una hermosa alianza. Es la misma que nos sigue estos días en nuestro interior y a la que no deseamos renunciar. El corazón está abierto como el cielo y palpita acelerado por la emoción. Ahora sabemos que todo sigue su curso.

Más allá del no-tiempo y el no-espacio


a

Este año se presenta apasionante. Os invito a que disfrutéis del álamo que alguien plantó cerca de vuestras casas, del atardecer, cualquiera de ellos, que podréis compartir con vuestro amante, del susurro del aire cuando golpea en invierno las ventanas o la trémula campanilla que suena cuando entras a una tienda de libros.

Si podéis, vivid en el no-espacio y en el no-tiempo. Es decir, sed capaces de transmitir vida sin importar donde estáis ni qué hora es. Cualquier tiempo y cualquier lugar será perfecto para desarrollar vuestra capacidad humana.

Y la noche tiene sus sueños, navegad en ellos a mundos fantásticos, lugares acordes con la promesa de esa emoción navegante. Pero, ¿qué me dices del día? ¿Acaso no es aún mucho más misterioso e increíble que los sueños de la noche? El día es un lugar cargado de capas de cebolla que nos permite descubrir en el ensueño, desde la emoción, el pensamiento y el alma todo un mundo de oportunidades. Sed capaces de vencer el reflejo y superad con fuerza la matriz existente. A cada instante ocurre el milagro, a cada momento algo está destinado a suceder.

¿Qué es meditar?


 a

La meditación es diaria, continua y no utiliza ningún artilugio. Se sirve de los pájaros, nace con el agua que surge del grifo, con la tormenta o el atardecer o la oscuridad de la noche… No tiene posturas ni rituales, cada momento es una postura y un ritual… cada instante es un regalo del universo para penetrar sus secretos… Esa es la meditación constante, la que nace en ese segundo de atención y en ese minuto de plenitud… Es el latido de la unión con el alma, es la fragancia de las antípodas celestes, es la brevedad del insomnio y la planicie angélica.

Meditar es abrirse al campo de las maravillas, dejarse preñar por la magia que hay más allá del velo de la mente, por sus semillas y raíces. Es penetrar lo irracional desde esa atalaya que se levanta en los campos y bosques de la tierra hueca. Es la acaricia vespertina y el susurro nocturno. Es la tremenda ola que nace en nuestra primavera y se fusiona en la arena en nuestro atardecer. Meditar no es analizar, es dejar que la matemática exacta e incomprensible del universo entero ordene el caos de nuestra ignorancia. Es ver como las señales nacen al ojo despierto, ver como el temple de quietud sorprende al ávido.

Meditar es unir el cielo en la tierra, el alma con su cuerpo, el espíritu con su mónada, el sol con su universo, la luz con su sombra, la flor con su perfume. Meditar es penetrar y compenetrar el misterio en esa respiración profunda y consciente que nos lleva hasta el supremo orden. Respirar, inspirar y fusionar. El latido es triple, el anhelo múltiple, la paz eterna y sublime.

¿Por qué me detuve ante ti?


 a

Sencillamente porque apareciste milagrosamente, ataviada con tu manto de cielo, con tus rojizas llamas que penetraban en cada átomo celeste. Porque condujiste mi mirada hacia tu rostro infinito, hacia ese anhelo que consuma todo cuanto inspiras. Forzaste un encuentro en tu bóveda, una añoranza, un recuerdo. Fijaste en el átomo simiente esa promesa que nunca olvidemos en la sombra de lo que somos.

El atardecer no es tan sólo un momento mágico. Es inspirador su aliento, es apabullante su hermosura, su tapiz de colores imposibles y formas amarillentas que pululan entre nubes que se desplazan apacibles y vivas. Derrama un canto de esperanza semejante a la visión de todo lo omisible, de aquello que penetra el aleteo del rumor flamante. La centelleante chispa del anhelo remueve la incesante búsqueda. La curiosidad de un niño hace que nos detengamos siempre ante su presencia. El sol derrama en su extrema generosidad todo cuanto posee. Se consume para dotarnos de vida, se postra ante el universo entero para llover ante nosotros su calor y luz.

Y cuando somos capaces de sorprendernos maravillados ante su majestuosa realeza, nos arrodillamos, nos inclinamos, nos soslayamos presintiendo esa felicidad que nos conecta con el hilo conductor de la vida, con la cadena aurea serpenteante, con la llama de aquellos dioses que nos crearon. No podemos evitarlo, somos seres poderosos que nos postramos ante las maravillas de la vida. Y ese atardecer es una de ellas.

(Gracias a M., K., y J., por este fin de semana tan especial y hermoso).

SAMSARA


image

 

Todas las mañanas transitamos hacia la muerte. Nos preguntamos e interrogamos con curiosidad si hoy será el último día. Cuando llega la noche y la hora del descanso damos gracias por esta nueva oportunidad, por haber sobrevivido un día más en esta inmensidad de vida.
Cuando esta mañana observábamos atónitos el amanecer desde el acantilado, en la espesa hermosura de la costa de la Luz, los ojos lloraban ante el misterio, ante la infinidad y la fortuna de la contemplación consciente.
El acantilado se ha convertido en estos días en un reguero de vida. Seres que vienen y van con su nueva buena, el sonido del mar meciendo nuestras consciencias dormidas, la calma del cielo descubierto y amplio… Todo parece un espejo donde el Rostro se refleja en el Rostro, donde la unión total se contempla al otro lado, como si todo fuera un secreto rito de iniciación donde la Flor de Oro y la Palabra Perdida se dan la mano y caminan juntas. Hay un triple logos que nos observa expectante, dispuesto a conducirnos al misterio oculto, a esa dimensión donde ya no habita el miedo, a ese hogar donde la sonrisa del niño es capaz de «volvernos a nosotros mismos», como decía Goethe.
Sí vamos a morir y eso es cierto que ocurrirá hoy o mañana o en poco tiempo, porque cuan limitado es el tiempo cuando se tiene la consciencia de muerte, ¿cómo podemos tender nuestra plenitud y compartir nuestra alegría con el mundo? Los radios de una rueda conducen al centro común, esa cadena áurea que en la poesía homérica religa dioses, daimones y humanos. ¿Qué cantidad de ser somos capaces de contener en esa cadena? Si no aspiramos a ser dioses ni daimones y y abrazamos la humanidad que nos queda en este instante desde esa consciencia plena que nos aproxima hacia lo inmediato, provisional y efímero de todo, ¿a qué clase de vida podremos aspirar a partir de este momento de pura lucidez?
El sol del bien en la caverna platónica nos muestra otro mundo alejado de las sombras de la materia, y allí ya no nos interrogamos sobre lo que somos o deberíamos hacer. En ese instante fugaz no hay planteamientos ni dudas, tan sólo un amoroso abrazo a la eternidad donde el mar, la ola y su espuma se fusionan con el acantilado y conmigo, el observante que modifica la realidad sin lamentación, sin acritud. Y desde allí contemplo la muerte que es vida e instante, entera espera manifestada, gemido presente que anhela el rescate del Amado.
Hoy me dejo mecer con las olas, hoy toca el Clarín poético del alma, hoy me dejo conducir ante la la puerta del misterio, retiro lo racional e inteligente y dejo que el océano de plenitud ve embargue. Hoy no hay respuestas, sólo gratitud y transgresión.

Creando comunidad


A

Cuando hablamos de comunidad abierta tenemos que tener cuidado con nuestras propias creencias, nuestros “maestros”, “guías” o “dioses”. Si ponemos citas de unos y de otros excluimos a unos y otros, si nos inclinamos por aquel o el de más allá, de alguna forma estamos despreciando, por omisión, al resto.

Hay muchas formas de hablar de lo transcendente sin mencionar lo transcendente. En el noble silencio a veces se escuchan mejor los sonidos del alma.

Debemos cuidar esos detalles para que todo sea lo más abierto posible. Si una persona es masón, cristiano o judío, ¿debemos dotar de símbolos masónicos, cristianos o judíos la comunidad? Si alguien cree en los maestros ascendidos, ¿debemos mencionar a unos y otros en nuestros escritos? ¿O acaso es más abierto el integrar los “valores” de esos maestros y de esas nobles instituciones que tanto nos han inspirado a lo largo de la historia sin necesidad de referencia a unos u otros?

Otra cosa es el espíritu que mueva la comunidad, con una definición concreta, pero cada uno debe hacer uso de las creencias particulares de forma silenciosa y respetuosa con el resto.

Con respecto a esto, en la web de la fundación Dharana hicimos una base de principios comunes abiertos, sin mención a creencia alguna, inspirados en parte en el modelo de Findhorn y de comunidades que tienen unos principios de acogida parecidos (los adjunto al final de este escrito para la reflexión).

Con respecto a la acogida, hemos reflexionado profundamente sobre los varios modelos económicos a seguir. Aún así, supongo que esto serán temas a debatir en comunidad. En una sociedad responsable y madura el precio o el valor de las cosas deberán ser tratados de forma diferente. ¿Qué modelo de comunidad queremos seguir en este aspecto, aquellas que cobran la voluntad o un modelo donde se cobren cuotas por todo cuanto hagamos o un modelo de bancos del tiempo, etc…? En un sentido profundo, no queremos renunciar a nuestro principal lema: “deja lo que puedas y coge lo que necesites”, implicando con ello a la responsabilidad de cada individuo particular según su conciencia e implicación en su vida.

Una comunidad no se gesta en un edificio o en una casa o en un lugar. Esto ya lo hemos dicho en muchas ocasiones. Juntar voluntades es mirar juntos a un horizonte y luego, con unas bases sólidas, buscar el sitio ideal para consolidarlas. El lugar tan sólo es un marco de referencia. Hay que tener esto muy en cuenta a la hora de crear comunidad. No es el edificio o el reparto de las habitaciones lo que creará un sentido comunitario. Pero sí es importante discutir en comunidad el modelo que sería ideal como marco de referencia. ¿Hay que comprar un chollo inmobiliario, una ruina, un suelo, una aldea abandonada? Son aspectos que requieren una importante reflexión. Otra cosa es que se quieran liderar proyectos individuales acogiéndose al modelo de comunidad. En ese sentido la figura del líder es importante, pero hablamos de un tipo de comunidad basada en el poder carismático de una o dos personas. Lo importante en las comunidades futuras será el grupo, y no el líder, y es el grupo en su conjunto y madurez el que debe tomar en su conjunto las decisiones más importantes. De no ser así caemos en el peligro de crear modelos autoritarios, basados en el poder carismático o en sectarismos propios de épocas pasadas.

PRINCIPIOS DE LA COMUNIDAD DHARANA

(Si la palabra “comprometo” es demasiado fuerte para ti, usa la palabra “aspiro”)

Meditación: Me comprometo a mantener activa mi práctica interior y alienarme con el espíritu de nuestro tiempo para trabajar por el mayor bien común. Me comprometo a mantener un estado meditativo que ayude a analizar y mejorar situaciones y experiencias.

Estudio: Me comprometo a la expansión de la conciencia humana, incluyendo la mía propia y a reconocer y cambiar otra actitud personal o patrón de conducta que no sirva a este propósito. Tomo toda la responsabilidad sobre las consecuencias de todas mis actividades personales, medioambientales y humanas, estudiando siempre la mejor forma de hacer mejor las cosas.

Servicio: Me comprometo al servicio a los demás y a nuestro planeta reconociendo que para practicar esto de forma efectiva debo también practicar el servicio a mí mismo.

Integridad personal y respeto a los demás: Me comprometo a mantener un nivel alto de integridad personal, siendo congruente en pensamiento, palabra y acción. Me comprometo con todo mi corazón a respetar a los demás (sus diferencias, sus puntos de vista, sus orígenes, su pasado, sus asuntos), las propiedades de los demás y de la comunidad y todas las formas de vida, considerando todo ello como algo sagrado.

Comunicación directa: Me comprometo a comunicarme de forma clara y honesta, abiert@ a la escucha, con respuestas sentidas desde el corazón, con amorosa aceptación y con delicadeza. En público y en privado no hablaré de otros con malicia ni en modo degradante. Hablaré con las personas en lugar de hablar sobre ellas. Puedo buscar consejo y ayuda pero no haré pacto alguno  para perjudicar a terceras personas.

Reflejo: Reconozco que cualquier cosa que yo vea fuera de mí mism@ (críticas, irritaciones o juicios) puede también ser reflejo de lo que está dentro de mí. Me comprometo a analizarlos en mí mism@ antes de reflejarlos a los demás.

Responsabilidad: Asumo la responsabilidad de mis actos y la de mis acciones. Deseo escuchar críticas constructivas y ofrecer feed-back constructivo a los demás de modo adecuado y amoroso para retar y apoyar a cada uno a crecer.

No violencia: Estoy de acuerdo en no imponer mis actitudes y deseos (incluidos los sexuales) a otros. Estoy de acuerdo en intervenir y parar, o al menos decir que me gustaría parar, acciones (incluyendo manipulación o intimidación) que sienta que pueden ser abusivas para mí mism@, para otr@s en la comunidad o para los seres sintientes en general.

Perspectiva: Asumo la responsabilidad de trabajar sin prejuicios y dejar al margen mis opiniones y puntos de vista por el beneficio de toda la comunidad. Resolveré los conflictos personales y profesionales tan pronto como sea posible. Reconozco que puede haber perspectivas más amplias que las mías propias y asuntos más profundos que aquellos que puedan concernirme de inmediato.

Apoyo Mutuo y Cooperación: Reconozco que vivo en una comunidad y que funciona solo en base a mi cooperación y mi buena comunicación. Estoy de acuerdo en comunicar claramente mis decisiones. Estoy de acuerdo en comunicarme con aquellos que pueden verse afectados por mis acciones y decisiones y considerar sus puntos de vista cuidadosa y respetuosamente. Reconozco que otros pueden tomar decisiones que me afectan y estoy de acuerdo en respetar el cuidado, integridad y sabiduría que ellos han puesto en su proceso de toma de decisiones.

Resolución: Me comprometo a esforzarme en resolver las disputas. En cualquier momento de una disputa puedo llamar a un abogado, amigo, observador independiente o mediador para que esté presente. En el caso de que una disputa continúe sin resolver, tendré acceso a un Procedimiento de Agravio (decidido por la Comunidad) que me comprometo a seguir.

Acuerdos y compromiso:    me comprometo a respetar todos los acuerdos en que yo participe y no romper o tratar de evadir ley, regla o instrucción alguna; tener tratos honestos con todos los seres y pagar todas mis cargas y deudas. Me comprometo a ejercitar el espíritu de estos Principios en todos mis tratos.

Medio pan y un libro. Luz para que el alma no muera


 a

Nos contaba Lorca que Dostoyevsky pedía en la cárcel libros y más libros: “¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!”, gritaba desconsolado. Era un grito que pretendía avivar la luz que emana de la cultura, del saber, del poder de sentirnos hambrientos y la necesidad de saciar nuestra hambre con albor. Lorca sentía la misma necesidad. Prefería medio pan y un libro para que su alma también pudiera alimentarse.

Es difícil comprender esto. ¿Cómo alimentar al alma? ¿Cómo avivarla dentro de nosotros para que se apodere de la vida? Podemos caminar, podemos resurgir, podemos avanzar hasta las más altas cumbres de nuestras vidas, ¿pero qué sentido tiene todo si vamos huérfanos de nosotros mismos? ¿Y qué es el alma? ¿Cómo reconocerla? Sin duda es aquello que nos impulsa a ver la vida de forma diferente, a expresar la vida desde lo más profundo de nosotros, como ese círculo amplio como la luz del día y el resplandor de las estrellas del que nos hablaba el sioux Alce Negro.

¿Podemos vivir entonces sin nuestra alma? Lamentablemente no. El alma requiere alimento, amor, compasión, fervor, paz, sosiego para que nos preñe y nos proteja de la circunstancia. El alma es aquello que nos conmueve y nos mueve más allá de nosotros mismos, más allá de las esferas dolientes de nuestros avatares pasajeros y finitos. Hay seres que tienen sed de alma, hambre de alma. Para ellos, como dijo Goethe en su lecho de muerte, ¡luz, más luz!

Hemos reflexionado mucho, ahora lo urgente es empezar


a

“Atrévete a dar tu vida por los demás, ahí encontrarás un sentido a tu existencia”. H. Roger.

No podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de los otros. Hoy en una comida hablábamos de lo complejo que resulta la creación de modelos alternativos de convivencia que de alguna forma desean paliar ese sufrimiento. Todos pensamos alguna vez en la posibilidad de un mundo ideal, utópico, donde vivir bien y felices. Según la mira de cada uno, ese mundo ideal puede ser un yate anclado frente a una gran mansión o en una comunidad idílica donde se experimente con el progreso del ser humano y el perfeccionamiento de su condición homoanimal. Ambos ideales son legítimos y respetuosos y ninguno de ellos perjudica al otro. Ambos modelos han sufrido el ensayo de la historia y ambos modelos han sobrevivido a lo largo de todos los tiempos. Los ideólogos y filósofos han dibujado los perfiles de la arquitectura de cada modelo, pero ninguno de ellos, quizás por la complejidad humana, ha calado profundamente en ninguna sociedad.

El ideal de perfección, individual y colectiva, ha sido experimentado en todas las tierras conocidas, ya que ese impulso vital de mejoramiento es uno de los principios de la creación natural. El avaro desea todo lo mejor para sí mismo. El avaro ignorante muere en la pobreza y el avaro astuto acumula todo lo que puede, muriendo en grandes palacios que luego no puede cargar en su lecho de muerte. El sufrimiento es igual para uno y para el otro, sólo que el avaro astuto podrá elegir mejor dónde sufrir.

También sufre el generoso ante la ceguera de su propia vida. Si es ignorante porque no es capaz de ofrecer ayuda a sí mismo y a los demás tanto como quisiera. Si es astuto porque nunca será suficiente todo cuanto haga para mejorar el mundo ilimitado.

Pero hay una felicidad en el don de sí mismo. Decía el hermano Roger que lo que vuelve alegre una existencia es avanzar hacia la sencillez: la de nuestro corazón y la de nuestra vida. Cuando todo está asociado a la bondad del corazón, el ser humano puede crear un campo de esperanza en torno a él. Entender el alma humana como una palpitación discreta y silenciosa de la felicidad nos acerca a ese secreto que consuma el verdadero bienestar. Por lo tanto, no importa si habitas en un yate o en una comunidad, en la miseria o en la riqueza si dentro de nosotros cohabitamos con la sencillez y la discreción de un alma noble. Y la nobleza empieza por esa necesidad intrínseca en nosotros de profundizar desde la sencillez en el bien, en la buena voluntad y en la inteligente aceptación de que el uno no es posible sin el todo.

Nuestro corazón vibra, nos habla, se comunica constantemente con nosotros, en lugares, en situaciones, en pensamientos, con sincronías y sucesos. Sólo debemos ser decididos y seguir su camino. Aunque en algún momento nos parezca angosto, siempre es sabio. La confianza límpida hacia sus señales siempre es amor de todo amor. Hemos reflexionado mucho, ahora lo urgentes es empezar. No importa si empezamos por nosotros mismos o por la familia o por nuestro entorno más inmediato. Debemos empezar a construir un mundo mejor.

La reconciliación con la naturaleza, del ser alineado al ser libre


a

“Habitar es también el rasgo fundamental de la condición humana”. Heidegger

Owen, Fourier, Richardson, Cabet o Proudhon tenían una concepción del ser humano y de la razón crítica con el individuo alineado al artificio, aglomerado en las grandes ciudades que surgieron en la revolución industrial y que en nuestros tiempos siguen la impronta del mecanicismo y cierto totalitarismo alejado del pensamiento y la diatriba. Aún así eran optimistas y en cierta forma progresistas en sus planteamientos con respecto al futuro humano. Para ellos, el símbolo de progreso era la higiene y la belleza, el volver a la reconciliación con la naturaleza. El mismo Proudhon lo expresó de forma hermosa: “tenemos que convertir nuestra tierra en un vasto jardín salpicado de bosques”.

Esta lógica y esta crítica debe ir inevitablemente de la mano de la armonía. No podemos concebir un mundo racional alejado de la estética más sublime, de la hermosura de esas formas naturales que describen los paraísos perdidos. Proudhon, también Owen y Richardson, estaban preocupados por llevar ese tipo de belleza armónica a los edificios y viviendas. Es imprescindible, en la creación de esa nueva comunidad, de ese nuevo modelo de vivencia y convivencia, respetar los armónicos naturales. La tarea de los arquitectos del futuro, nos recordaba Considérant, “debe ser construir el palacio donde el ser humano habitará”. Willians Morris iba más allá: debemos crear verdaderas reservas de paisajes.

La belleza no debe estar subordinara, es la expresión de la energía vital de todo cuanto coexiste en la naturaleza, incluidos nosotros y nuestras habitaciones estanco donde habitamos. Lo horrendo de la construcción de nuestros modelos de convivencia es precisamente ese rechazo a la belleza, al jardín, al bosque.

Los tiempos utópicos están por venir. La construcción de la nueva sociedad desde la base misma, desde la reconciliación con el medio, con la naturaleza, sin dañar ni un ápice lo atmosférico, lo visual, el deleite de lo armónico y lo bello es tarea pendiente. El humano nuevo requiere un hábitat nuevo. ¿Vale cualquier cosa? ¿Se puede avanzar en la construcción de una nueva sociedad olvidando el palacio donde debe habitar su morador? La más grosera ignorancia debe ser desterrada en los nuevos proyectos. El espíritu humano debe iluminarse para desaparecer de la esfera de las tinieblas y el egoísmo que se granula en el sistema salvaje donde habitamos. La armonía universal que predijo Fourier sólo es posible desde la base misma del ser humano, su hogar, su nuevo hogar en una nueva tierra y en un nuevo suelo donde hacer crecer el espíritu libre. Y ese hogar sólo puede nacer alejado del alineado y artificioso asfalto, dando paso a bosques inmensos, prados imposibles y bellos e inabarcables campos cargados de animalillos y flores. Esa visión, ese sueño sólo es posible arriesgando un poco de nosotros para aproximar al mundo real el más bello proyecto.

La vida en términos de realización


 a

Dicen los que entienden de estas cosas que todo lo que existe en el plano subjetivo es un eterno ES, así como todo lo que existe en el plano objetivo es un llegar a ser, porque resulta transitorio. Los filósofos y místicos de todos los tiempos han perseguido siempre ese esmerado siendo sacrificando en su búsqueda todo aquello que pudiera perjudicar su criterio. Transfigurar la vida en términos de realización es provocar el emergente sentido de todo cuanto ocurre, sin interrumpir los acontecimientos de la vida ordinaria en ese imprevisto llegar a ser. Muchas personas nos perdemos en los problemas de la personalidad, en las quejas continuas sobre aquello que debería ser según nuestra experiencia y aquello otro que ES en el plano de la existencia real.

El eterno ES retrocede a la esencia de los simple. Es capaz de regodearse ante cualquier experiencia y disfrutar infinitamente de ella desde la quietud y el ser amable, desde la paz interior de poseer esa serenidad indispensable para el crecimiento y la transformación.

Las crisis no son calamitosas, los impactos que se revelan en la consciencia producen una inevitable elección de dirección y exigen una acción como respuesta. Podemos enfrentarnos a retos importantes y conscientes de forma diaria si estamos enfocados en aquello que sentimos profundamente como verdadero, entendiendo “verdadero” como esa realidad que nos impulsa inevitablemente hacia esa experiencia que necesitamos o requerimos para el aprendizaje continuo.

Realmente nada es cierto y todo es transitorio. La vida no es más que un preludio hacia la muerte y ésta no es más que el reciclado continuo de la vida. En la existencia todo se metamorfosea, todo muta, todo se transforma. Si observamos que nuestras vidas sufren algún tipo de parálisis es que estamos viviendo en un ciclo antinatural. Si vemos que nuestra rutina no nos aporta los suficientes alimentos para respirar profundidad en alegría es que algo se está muriendo dentro de nosotros. Debemos cambiar, permutar y canjear todo cuanto somos para renacer constantemente. Sólo si somos capaces de sustituirnos a nosotros mismos en cada instante presente seremos capaces de rozar la verdadera esencia primordial.

 

Halo fraterno


IMG-20140126-WA0005

Lo imprescindible de la vida son las relaciones. Podemos ir a un bosque y pasear por sus avenidas de árboles y sus rincones de magia, pero si no somos capaces de relacionarnos con sus animalillos, con el canto de su tono o el susurro de sus hojas de nada nos sirve el paseo. Podemos ir a la montaña a estirar las piernas, pero nada ocurre si no abrazamos sus cumbres o compartimos la subida con el cielo o el amigo. A esa conclusión llegamos con Ramiro cuando escribimos conjuntamente un libro que pronto saldrá llamado “Amor es relación”. El universo es amor, se relaciona desde lo más ínfimo hasta lo más extremo, y siempre lo hace mediante la balanza y el equilibrio de la correspondencia.

Somos concordancia, correspondencia y proporción. Ramiro, un ser curioso y apasionado de la vida, cariñoso y estrechamente amigo, paseaba hoy por Malasaña con su querida Luisa para conocer de primera mano la librería que pronto vamos a abrir en pleno centro de Madrid. Esos pequeños gestos de amistad, de apoyo ante el reto que supone tamaña locura es lo que hace grande a los grandes. Veía la librería y esbozaba posibilidades, optimismos, afluentes de cosas que pueden pasar entre tanto libro. El entusiasmo es contagioso así que, tras visitar el zulito, fuimos a celebrarlo al café de la Luz, lugar hermoso que ya se ha convertido casi en una segunda casa.

Me gustan las personas que no tienen miedo al tiempo. Que deleitan la charla y el paseo hasta el infinito. Te das cuenta de que son esos momentos los que pertenecen al universo. No hay prisas, hay compartir, existe generosidad y gravedad de unos sobre otros. Ese tipo de atracción que todo lo relaciona. Así que después del café nos dimos un largo paseo por las calles de Madrid, de un barrio a otro, de una calle a otra, de un instante a otro hasta perdernos en el tiempo. Sentíamos el privilegio de pasear ante dos sabios, dos seres luminosos cargados de paz y serenidad contagiosa, alegres por el momento de vivir, traviesos, juguetones. Sentíamos el privilegio de amarnos en relación, sin prisas, coquetos ante la vida y su majestuosa presencia.

La amistad es un deleite, un privilegio que hay que compartir. No dejéis de quedar con vuestros amigos, de llamarlos para interesaros por sus vidas, de pasear con ellos, de abrazarlos, de besarlos. Algún día no estarán o nosotros no estaremos y un trozo de universo se habrá partido. No dudéis en consumar las relaciones. No dudéis en ser soles amantes de vuestros planetas y satélites. No dudéis en inclinaros ante los soles que os rodean y abrazarlos con humilde pasión.

Gracias Luisa y Ramiro por el paseo. Mañana más…

El Dios Salvaje. Hacia la parte irracional del Ser


 a

Es complejo instalarnos en el yo transpersonal. Requiere arrebato, quietud, furor y coraje, lucidez y cierto grado de sensibilidad hacia todo aquello que nace de lo irracional. Lo irracional, lo que no entendemos ni somos capaces de valorar es un camino incierto, sin mapas, sin coordenadas, cargado de dudas y miedos, esos temores ancestrales que nos acompañan desde que en el origen de los tiempos nos adentrábamos en espesos bosques esquivando a gigantes y salvajes criaturas.

Esos oscuros bosques, con sus alaridos, con sus sombras fantasmales, con sus caminos convulsos aún existen en la profundidad de nuestra psique. El ser perfecto se diluye ante la visión. Lo personal, nuestro ancestral subconsciente, es tan poderoso que la perfección merece el calificativo de mito. Oramos al Demiurgo para postergar el alma universal, consagramos al misionero humillándonos ante la grandeza de lo sagrado, purificamos el aposento para dotar al ritual de sublime posibilidad, pero aún así, no somos capaces de avanzar ni un solo ápice hacia el secreto de los dioses.

Cuando humillamos nuestro yo personal y penetramos en la transcendencia se posibilita la comunión, ese tímido contacto con el cosmos absoluto y con todo lo que alberga en su seno. Pero esto ocurre rara vez porque el camaleónico absurdo se apodera de nosotros y el ridículo nace como un poderoso sostén a nuestras dudas.

En un sentido superlativo, allá donde la tesis y la antítesis conducen a la unión de ambas, a la síntesis de todo cuanto existe, hay aún un halo de posibilidad. Avanzar y retroceder, bañarnos con la luz del sol o sumergirnos en las sombras de la luna, bostezar un reguero de posibilidades o anidar en la simiente futura. El verso no es baladí cuando se acerca la oquedad de lo posible. En lo irracional, en lo disparatado, hay una aureola de contingencia. Hay un Dios salvaje ahí fuera y aquí dentro que nos espera impaciente. Hay una puerta estrecha que nos conduce hacia el Ser en ese horizonte apacible y lúcido, tierno y amoroso.

Y el Ser, que somos nosotros alejados de nuestros miedos, nos espera para abrazarnos, para poseernos, para dirigir nuestros tímidos pasos por la senda del alma. El Ser, que somos nosotros en nuestro estado perfecto nos susurra todas las noches en el pálpito del corazón para que sigamos el camino interior, la senda estrecha del espíritu libre. La parte irracional nos guía y nos tolera, nos soporta y nos cautiva en su canción de cuna. El Ser amable que somos nos reclama y el bosque se torna tierno y dócil.

(Foto: © Katerina Plotnikova)

Asexualidad. ¿Se puede vivir sin sexo?


PORTADA-ASEXUALIDAD-web

Por fin hemos editado el libro sobre la asexualidad. Ha sido polémico pero sincero, descreído pero natural.  He mezclado lo personal con lo ensayístico y ha salido un experimento que espero que os guste y os cause curiosidad y reflexión. Hablar de sexo desde la asexualidad ha sido un hermoso trabajo cargado de humor y libertad absoluta, sin tapujos, sin miedos, con amor. Si os gusta su lectura no olvidéis recomendarlo. Espero que lo disfrutéis.

Asexualidad

¿Se puede vivir sin sexo?

Javier León Gómez

Ser asexual es sólo una condición más, no tiene ningún mérito ni posee ningún atributo o valor especial. Es sólo una opción que debe llevarse sanamente, lúcidamente, naturalmente. 

El autor de este libro, en un arrebato de valentía y sinceridad, a veces incluso con buenas dosis de humor para quitar hierro a algunos temas peliagudos, nos acerca a una nueva forma de ver y entender el sexo hasta ahora ignorada o apartada de las relaciones sociales y humanas. La asexualidad no es tan solo una tendencia, también se convierte en una apuesta por ver y entender el sexo de forma diferente.

El libro ya se puede comprar en formato digital y en formato físico.

http://www.editorialdharana.com/catalogo/asexualidad?sello=nous

VIVIR SIN SEXO. LA MAYOR INSUBORDINACIÓN DE NUESTRO TIEMPO