Ceguera, revelación e iluminación


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Existe una tendencia a la ceguera. Suele formar parte de nuestro proceso evolutivo. Durante edades hemos caminado en la oscuridad, en la ignorancia más absoluta. La ceguera a veces incluso nos protege de un exceso de luz, de un exceso de patrimonio luminoso. El propósito de la ceguera, sin embargo, es la de ser erradicada. Normalmente ocurre cuando en alguna etapa de nuestro progreso percibimos algún atisbo de realidad diferente, un tipo de consciencia que nos abre un vértice, un alivio soberano de emancipación y libertad. La hondura, la profundidad del aprendizaje huye de lo apresurado, de la ligereza, por eso, a aquel que va en exceso rápidamente hacia un supuesto conocimiento o progreso, se le es velado por los procesos de ceguera oculta. La ceguera, por lo tanto, para muchos, es el aula de aprendizaje, esos primeros balbuceos que tenemos cuando empezamos a conocernos a nosotros mismos. Para otros, puede llegar a ser una protección propia antes de entrar en el aula de la experiencia lumínica.

Cuando nos alejamos de la ignorancia y la ceguera, todo lo que está manifestado, eso que siempre ha estado ahí pero ha permanecido oculto por nuestras limitaciones o nuestra ofuscación, de repente empieza a revelarse. Realmente, nada nuevo hay bajo el sol, todo siempre ha estado ahí, siempre hemos tenido acceso a la realidad envolvente. Somos nosotros los que ocultamos con nuestros velos interiores las verdades reveladas. La vida es un proceso constante de creciente revelación. A medida que progresamos interiormente, nuevas verdades, más amplias y extensas, se revelan ante nosotros. Podemos, en alguna etapa del camino, observar la interrelación de todas las cosas, esos lazos ocultos que unen hechos con consecuencias, causas con efectos. Lazos invisibles que unen almas, familias, peregrinos, situaciones y experiencias. Una de las mayores revelaciones es la de poder comprender el propósito interior de cada ser, y sobre todo, el propósito superior de la existencia. Esa revelación nos conduce hacia una nueva identidad de percepción, y sobre todo, hacia una nueva forma de relacionarnos con las experiencias y con la vida.

Sobre la iluminación se han escrito muchas cosas. Algunos aún seguimos pensando que la luz verdadera es la que nace de nuestro interior, pero realmente eso es ilusorio. La ceguera del mundo no se difumina por algún tipo de luz que nazca del interior de la tierra, sino de ese sol que de alguna forma todo lo ilumina en el horizonte lejano, mostrándonos el camino. Realmente la luz interior es aquella que desde una mente entrenada puede reflejar dentro de nosotros esa luz que viene del alma, no de nuestra personalidad. La mente es un reflector de la luz del alma, y no viceversa, lo cual produce una disipación del espejismo que nace en nuestro interior. Esto es complejo cuando vivimos tan cercanos al sufrimiento y al mundo doliente. Requiere experiencia y capacidad el poder elevar nuestras aspiraciones de forma silenciosa y paciente al atanor del alma, esperando pacientes los acontecimientos que han de revelar la luminosidad que viene de los amaneceres de lo alto.

Nuestra luz interior son como los faros de un apagado automóvil. Sirven para identificar las nieblas y la oscuridad, pero no para penetrarlas y menos aún para disiparlas. Sólo la luz del alma es capaz de disipar toda esa espesa bruma. Sólo la luz del alma es capaz de revelar y disipar la ceguera. De ahí la relación necesaria entre ceguera, revelación e iluminación. Diferenciarlas, analizarlas, nos ayudan a comprender los mecanismos de la luminiscencia, que no es otra cosa que la aplicación del poder de la transformación, el desenvolvimiento como seres libres y generosos en el arte de relacionarnos desde el amor con el amor.

(Foto: © Suloara Allokendek)

Deja que el amor se haga en nosotros


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Hoy ha sido un día extremadamente maravilloso. Cuando tienes que tomar decisiones arriesgadas y difíciles nunca sabes qué va a mover o qué va a ocurrir. En nuestro caso, el tomar la decisión franca, la que creíamos como correcta y nacida del corazón nos ha hecho vivir momentos muy especiales.

Con la edad uno se da cuenta de que los ritmos del universo son diferentes a los nuestros. Escuchamos la intención, intentamos darle forma desde nuestras propias limitaciones y luego el universo entero conspira para que así sea, eso sí, siempre a un ritmo diferente al nuestro. Por eso a veces hay proyectos que tardan más en llegar, pero llegan si son hechos desde lo más profundo.

Mientras viajábamos esta mañana hacia San Sebastián para asistir a la presentación de un libro Laura me iba leyendo, mientras que conducía atento y meditativo, algunos escritos de apoyo incondicional que íbamos recibiendo tras nuestra carta de ayer. Hay uno que nos ha llamado poderosamente la atención y que resume el sentir de muchos:

Es lo que tiene la Utopía que no entiende de plazos, ni se somete a normas, ni sigue reglas establecidas, hay que dejarla libre, que evolucione a su manera, que se desarrolle a su inteligente voluntad. No sabes lo que me cuesta daros mi número de cuenta, algo dentro de mi se resiste, prefiero que guardes tú el dinero, que lo utilices en cualquier momento, que lo muevas, que fluya que al fin y al cabo es su fin. Considérame una socia de la Utopía”.

Realmente hemos recibido muchos mails con este sentir, lo que sube aún más la presión y la responsabilidad de llevar a buen puerto la irrenunciable utopía. Porque utopía es seguir avanzando hacia ese lugar, y al hacerlo, nos acercamos cada vez más al propósito de todo: dejar que el amor se haga en nosotros.

Tal y como lo expresa la bella Carta a los Colosenses en su profunda exhortación al amor: “revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sobre todo, revístanse de amor, que es el vínculo de la perfección”.

Esto, y no otra cosa, es lo que deseamos con nuestra particular utopía, revestirnos de amor y compartirlo con dulzura, paciencia, humildad y benevolencia. Lo haremos en todos nuestros actos, acompañados de nuestras imperfecciones y errores, pero con la sabiduría que el tiempo nos hará de otorgar. Y la experiencia de estos días nos está ayudando a fortalecer nuestra fe en ese propósito. Así que gracias de corazón por todo lo que estamos recibiendo y gracias por seguir creyendo en este vuestro también sueño. Estoy convencido de que pronto habrá noticias muy positivas al respecto. Seguimos caminando dulcemente…

(Foto: © Олег и Алексей Ловцовы)

Final campaña Crowdfunding Proyecto O Couso


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Estimados amigos,

Hoy hace justamente tres meses desde que empezamos el para nosotros novedoso crowdfunding. Lo cierto es que la experiencia ha sido maravillosa, especialmente por ver todos los apoyos que hemos recibido en estas intensas semanas. Muestras de generosidad extrema que nos han llegado a conmover gracias a las más de doscientas personas que han donado o participado en el mismo.

La formulación del crowdfunding permite obtener durante un tiempo determinado un dinero a modo de préstamo para realizar un proyecto. Nosotros nos habíamos puesto como fecha límite tres meses, consiguiendo más de ochenta mil euros en estos días pero no lo suficiente para poder alcanzar nuestro objetivo.

Por este motivo, vamos a pasar a devolver todo el dinero prestado o donado para ser justos y honestos y buscar otras fórmulas para poder adquirir O Couso. Como esto no cambia nada, excepto la fórmula de financiación, el proyecto sigue adelante, pero esta vez desde el trabajo silencioso, que será más lento, pero igual de necesario.

Gracias de corazón por vuestro apoyo y por vuestro esfuerzo y consideración.

Por favor, envíanos vuestro número de cuenta para que podamos hacer el ingreso y retorno del dinero prestado o donado.

A partir de ahora os iremos informando de los avances para que sigáis participando en este hermoso sueño común. Seguimos contando con vuestro apoyo incondicional y una vez conseguido el lugar os esperamos para su reconstrucción y vuestra compañía. Gracias de corazón.

Con el amor de siempre,

Laura y Javier

Pd.- El dinero que por cualquier motivo no pueda ser devuelto será ingresado en la cuenta de la Fundación Ananta.

¿Qué alborea ante la vista cuando permaneces en el Camino?


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Estamos ciertamente algo experimentados en los caminos de la tierra. Hemos conocido la unicidad de la presencia, las zonas del amor, el viviente sabio, la valiente prudencia y el arriesgado esfuerzo. Durante eones algo de nosotros que no somos nosotros ha sobrevivido vida tras vida. No sabemos aún si es el recuerdo ancestral que a modo de ADN psíquico pervive en la memoria genética. Algunos más atrevidos hablan de almas y espíritus, otros de consciencias y dimensiones, de estados del ser. No tenemos certeza de lo que realmente sobrevive, pero sí estamos aprendiendo a diferenciarnos de aquello que somos y de aquello otro que no somos.

Ya sabemos que no somos nuestros pensamientos, que no somos nuestras emociones, y menos aún nuestro cuerpo. También sabemos que cuando entramos en la quietud del silencio una voz extraña y ajena se manifiesta, con fuerza y virulencia, añadiendo misterio al interlocutor y abismo al observante.

Sabemos, o intuimos, que existe un camino pequeño, menguante y silente que nos lleva por la vida en pañales, sin grandes esfuerzos más que para comprender la necesaria equidad entre la supervivencia y el devenir. También sabemos, cosa que a veces nos cuesta reconocer por miedo a enfrentarlo, que existe un Camino mayor, una especie de propuesta, de lanzadera hacia aventuras y experiencias totalmente ajenas a la vida común. Un camino extraordinario que rechaza cualquier tipo de comodidad o complacencia y que olvida por completo la pura supervivencia para adentrarse en la onda de vida que yergue a raudales.

¿Y qué es aquello que alborea ante la vista cuando permaneces en el Camino? Hay una luz pura, radiante que clama su trono, un silencio profundo en la quietud del sendero, una paz irrenunciable y un amor infinito hacia todo. Esa luz no está fuera ni dentro, simplemente se manifiesta en todo cuanto es capaz de abrazar y cuando lo hace, la visión que produce sobre todas las cosas se vuelve revelación de propósito. La misión de todo ser humano es buscar esa luz, abrazarla y comprenderla sabiamente. Eso despertará la búsqueda hacia, primero, el propósito interior y luego, una vez perfeccionada la marcha sobre el Camino, renacerá en él la inquietud por servir al Propósito mayor, ese propósito que algunos conocen y sirven silenciosamente, calladamente, tácitamente.

(Foto: © Nageki)

Filipinas


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Siento gran tristeza por los miles de muertos que ha arrasado el tifón Haiyan. Miles de muertos que según algunos expertos están relacionados con el uso masivo e incontrolado de aerosoles, especialmente en el sur de China. La ONU por fin se pronuncia claramente sobre los efectos del cambio climático en las catástrofes cada vez más agresivas y continuadas a las que estamos expuestos.

Y cuando hablamos de estas cosas nos llaman alarmistas o apocalípticos sectarios. Sin embargo los hechos están ahí, y cada vez con más virulencia. Sigamos pues en nuestra miopía. Sigamos en nuestra ceguera insulsa. Sigamos anclados en la ignorancia del que no quiere ver, del que pasa por la vida como si la vida no fuera con él.

Perdonad el tono de estos días, pero es que parece como si realmente estuviéramos viviendo en un mundo cada día más alocado y ciego.

Ahora toca un rato de silencio, al menos hasta que podamos contar uno a uno todos los que en estos días han perdido la vida de forma atroz. Que sus almas ahora sean libres y que renazcan en el flujo de la vida invisible.

¿Sobrevivirá el enfermo?


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Hoy hemos pasado una bonita velada en casa de unos amigos en un pequeño pueblo fronterizo con Guadalajara. Hemos admirado los hermosos halcones que nuestro anfitrión disponía para su oficio de cetrería y quizás por no estar acostumbrados a ese tipo de imágenes, nos ha sorprendido ver como los halcones comían pollitos congelados que troceaban pacientemente con el pico, arrancando de cuajo cualquier parte del mismo, empezando por la cabeza y siguiendo con el resto.

Como suele ocurrir a veces en este tipo de encuentros, alguien nos preguntó ante las once personas que componíamos la mesa el por qué somos vegetarianos. Realmente nunca sabes qué contestar para no herir sensibilidades y prefieres desviar la pregunta porque incluso a nosotros nos resulta violenta la respuesta.

Cuando un doctor en medicina detecta un mal, un virus o un cáncer y pone todo su esfuerzo en erradicar ese mal y lo consigue se le aplaude y se le estima. No curre del mismo modo con los doctores sociales, esos que de forma igualmente científica son capaces, con un previo análisis crítico, detectar los males y tumores de nuestra sociedad y buscar, además, recetas para su cura.

En antropología siempre enseñamos eso de la distancia antropológica, de la necesaria obligatoriedad de buscar en los hechos y fenómenos que observamos cierta disciplina objetiva. Sin duda resulta algo extremadamente difícil, pero al igual que cuando encontramos un bulto en la cabeza y el doctor diagnostica que es un tumor y hace todo lo posible por extirparlo, los agentes sociales son capaces, de igual forma, de detectar un tumor social y buscar recetas para erradicarlos. Al menos eso debería ser lo normal cuando existen conflictos sociales, es decir, debería ser normal consultar a los científicos sociales sobre diagnósticos y soluciones.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la pregunta de si somos o no vegetarianos? Sin querer entrar en cuestiones morales, que siempre son subjetivas y afectan a la sensibilidad de los tiempos y las diferentes culturas, sí me atrevo a decir que mucho. Mucho en cuanto como científico social me atrevo a diagnosticar que vivimos en una sociedad enferma, narcotizada, sin valores y desfasada en cuanto a la gestión de la violencia, la ignorancia y el miedo. Me atrevo a pensar, y esto es ya más una opinión que un análisis riguroso,  que la violencia está estrechamente relacionada con lo que comemos y consumimos en la mesa diariamente. Que la ignorancia tiene mucho que ver con esos pequeños actos de consumo diario y de que el miedo asume su papel de responsabilidad a la hora de agotar todas las posibilidades antes de actuar o cambiar nuestros hábitos.

Ser o no ser vegetariano no es tan sólo una cuestión de higiene personal, sino también una cuestión de salubridad social. Lo achaco más a una cuestión de consciencia. No es lo mismo tener una consciencia de halcón, el cual, por su propia naturaleza se ve obligado a descuartizar un trozo de pollito congelado para sobrevivir, como en el ejemplo de más arriba, o una consciencia angélica, que de existir, se alimentaría, suponemos, posiblemente directamente de los rayos del sol sin necesidad de tener que elaborar esa síntesis energética por complejos mecanismos de digestión y asimilación de alimentos. En el fondo todo está bien siempre que exista un poderoso equilibrio. Está bien que el halcón cace ratones y está bien que el león coma cebras y que el ser humano coma según su grado de consciencia o sensibilidad un tipo de alimento u otro. Lo que no está bien es cuando ese ser humano, o cualquier otro tipo de vida, enferma como ecosistema y reproduce un tumor.

En nuestro caso, el tumor es evidente. Asfalto, edificios, violencia, egoísmos, superpoblación, consumo, capitalismo salvaje, guerras, hambrunas, contaminación… La lista sería casi interminable. Insisto: sólo debemos contemplar como cuidamos de nuestro cuerpo y nuestro entorno. Pero el doctor social, por pura supervivencia en este mismo sistema, o por miedo, prefiere callar el diagnóstico y evitar la cura. ¿Para qué herir sensibilidades ante un sistema agotado y en fase terminal? En cuestión de cien o doscientos años el edificio que hemos construido se derrumbará por propio agotamiento. Y las consecuencias serán nefastas ante la magnitud de lo que hemos creado. ¿Sobrevivirá el enfermo? Sólo me atrevo a decir algunas cosas: haga usted dieta, física y social. Recicle. Cambie el egoísmo por la generosidad hacia uno mismo y hacia el entorno. Sea saludable y equilibrado con uno mismo y con los demás. No consuma cosas, consuma experiencias. Disminuya su dieta a base de carnes y venza el miedo y las resistencias a base de cultura y conocimiento. Reconozcamos ante nosotros mismos y los demás que hemos creado una sociedad enferma y busquemos alianzas y conductas que nos ayuden a rectificar. Seamos felices y equilibrados, y en definitiva, lo demás vendrá por añadidura.

(Foto: © Misha Gordin)

 

Alejados de nosotros mismos


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Hoy tocaba alejarse de Madrid y regalar algo de tiempo al ego complaciente y al alma libre. Nos fuimos hasta la Sierra de Ayllón para disfrutar de unos de los hayedos más meridionales de Europa. Disfrutar de una reserva de la biosfera en plena otoñada es algo más que un deleite. Paseamos por laderas que atravesaban escarpados lugares, acompañados siempre del río Jarama que surcábamos de un lado a otro metiendo el pie resbaladizo en la fría agua y en las prohibidas tierras del hayedo. Tomábamos algún dulce en sus pueblos perdidos, paseando por La Hiruela, Horcajuelo de la Sierra, Montejo de la Sierra, Prádena del Rincón, incluso nos dio tiempo de visitar la bella Buitrago del Lozoya, con su impresionante muralla medieval.

Los roquedos abruptos y las tranquilas riberas nos llevaron hasta el espectacular hayedo que en esta época del año se teñía de tonos ocre y oro brillante. Era necesario reservar para poder acceder al mismo, pero nosotros, almas salvajes que no entienden muy bien eso de ponerle puertas al campo surcamos por los límites de lo prohibido y disfrutamos igualmente de la prodigiosa belleza, siempre de forma discreta y silenciosa, teñidos camaleónicamente de bosque y naturaleza mientras surcábamos por las peligrosas sendas sin camino.

Veíamos el contraste con la sucia Madrid y nos preguntábamos qué cosa había hecho mal el ser humano para haberse alejado tanto de la Naturaleza, de su armonía, de su belleza, de su esplendor. Tendría que existir en nuestras sociedades una norma común que se llamara algo así como ley del decoro, donde en todo momento no pudiéramos saltarnos las reglas básicas de la belleza, la armonía y el equilibrio. Edificios decorosos, carreteras decorosas, lugares todos bellos y cargados de esplendor. La vida sería un constante deleite, como el de hoy al sentirnos tan próximos a esa belleza natural que surge a raudales de cualquier rincón. Si eso fuera así no habría necesidad de poner puertas y prohibiciones al bosque porque no tendríamos necesidad de abandonar lo bello para reencontrarnos con lo bello.

¿Por qué nos hemos alejado tanto de las leyes naturales? ¿Por qué preferimos lo gris, lo contaminado, lo sucio, a la pulcritud natural de un paisaje, de un bosque o de un prado? Por más que pienso en ello sigo sin entender por qué vivimos tan alejados de la Naturaleza, que es como decir tan alejados de nosotros mismos. Tanto es así que defendemos los rincones bellos de nosotros mismos. Así somos, seres que desconfían de sí mismos, depredadores capaces de destruir todo lo que a su paso se encuentre.

Madrid: le merde


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Hoy los habitantes de Madrid hemos amanecido enterrados en mierda. Cuando cruzaba las dos calles que me separan del local no podía dar crédito a lo que veía. Basura por todas partes, cientos de bolsas tiradas por todos los rincones. Llegué a la puerta del local y casi no podía entrar. Lo primero que hice, después de suspirar paciente, fue buscar el recogedor y la escoba, una gran bolsa de basura industrial que luego se convirtió en dos y empezar a barrer la calle.

Me sorprendieron varias cosas. La primera, viéndola y recogiéndola con mis propias manos, es la cantidad de residuos que tiramos a la basura todos los días del año de todos los años de nuestra existencia. Más de tres millones de habitantes tirando todos los días basura y más basura no sólo por los cubos, también por los desagües. Millones de personas tirando y tirando cosas a veces inútiles, porque de todo me he encontrado esta mañana, y la mayoría de las veces, innecesarias. Luego me preguntaba dónde iba toda esa mierda, toda esa basura, toda esa inmundicia sin nombre. No quiero ni pensarlo, porque como digo, es la mugre de más de tres millones de habitantes.

La otra cosa que me sorprendió es la actitud de la gente ante lo que estaba ocurriendo. Una huelga del servicio de limpieza se había dedicado toda la noche a esparcir nuestros desperdicios por todas las calles a modo de protesta. Sobre esto no opinaré porque podría extenderme, pero sí aluciné con la actitud pasiva, pasota y despreocupada de todo el mundo. Los abuelos se quejaban, los adultos miraban insultantes al verme recoger la basura y el resto pasaba de largo como si eso no fuera con ellos. El incivismo o la falta de consciencia de lo grupal, de lo común, me sorprendió. Encima, a los pocos que nos atrevíamos a recoger algo nos miraban con extrañeza, como si fuéramos extraterrestres o algo parecido.

Cuando vi la actitud de la gente amplié el marco de limpieza y empecé a recoger también los portales de al lado, los del frente, los de la calle anexa. Más de una hora limpiando hasta que al menos media calle quedó decente. Pero todo parecía inútil ante la pasividad del mundo entero.

Madrid lleva ya meses extremadamente sucia. Pero lo de estos días debería hacernos recapacitar sobre como somos, como actuamos y como dirigimos los asuntos que afectan a toda la comunidad, incluidos nosotros mismos. El incivismo y la falta de consciencia hacia tantas cosas a veces me sobrepasan. De otra forma, ¿qué se puede esperar de una sociedad narcotizada y sucia por dentro? ¿Qué podemos esperar de una sociedad que contamina sus pulmones con alquitrán, las venas con alcohol y los estómagos con cadáveres? ¿Qué esperar de una sociedad de viles pasiones, deseos oscuros y egoístas y pensamientos que sólo juzgan o critican en vez de construir un mundo mejor y más sano? Un mismo patrón en más de tres millones de actitudes parecidas sólo puede crear un cáncer social, o lo que es peor, plantar las semillas de su propia autodestrucción. Así que sigamos así, en este viva la Pepa, hasta que terminemos por cargarnos todo. Absolutamente todo.

Sonrisas y lágrimas


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Estaba repasando las fotos que el amigo Koldo me enviaba para recopilar en un librito las hazañas de Kili-Kili y Kolo-Kolo por el mundo. Había algunas que me han conmovido viéndolas desde la distancia. Aquellas especialmente en las que teníamos que hacer reír a niños a los que les rondaba la muerte en lugares muchas veces inimaginables a nuestras cómodas mentalidades occidentales.

Las veía y recordaba todo ese dolor que existe más allá de nuestras cuatro paredes de seguridad. Todo el sufrimiento acumulado en tierras indómitas, donde una sequía o una epidemia puede arrasar a todo un pueblo. Aún a pesar de la pobreza extrema, a veces rozando la miseria y lo indignante, siempre podíamos sacar alguna sonrisa y siempre aquellos adorables y dulces niños eran capaces de estremecer nuestros corazones.

Hay escenas grabadas con firmeza pues me recuerdan lo afortunado que somos por hechos tan simples como el poder darnos una ducha, el poder abrir un grifo y que salga raudales de agua o el darle a un interruptor y disfrutar de la luz. Ni que hablar de la comida abundante, del vestido, del calzado y del techo. Sí, del techo, eso que nos parece tan normal y asumido y que muchos, muchos más de los que nos imaginamos, no pueden disfrutar.

Seguimos viviendo en un mundo miserable porque desde la egoísta prepotencia ignoramos todo lo que ocurre más allá de nuestro marco de seguridad. No somos capaces de ver desde la consciencia más delicada todo eso que aún está por hacer. La impotencia nos recorre inevitablemente, pero la dicha de poder ser un faro de luz aunque sea tan sólo por un mínimo instante nos da esperanza y nos alivia la carga del dolor que sentimos cuando vemos y tocamos plenamente toda esa intemperie de angustias.

Me sumiré en el silencio de la noche para recordar a esos niños, muchos de los cuales ya están en ese lugar que llaman cielo, esperando o trabajando para que desde aquí despertemos a la nueva consciencia. Los recuerdo y los abrazo como ellos hacían de forma tan intensa y alegre. Les susurraré en el idioma angélico palabras perdidas para que vuelvan a sonreír estén donde estén, hagan lo que hagan, y dejaré que ellos me susurran y me inspiren la urgencia de actuar.

 

Un hombre rebelde es un hombre que dice no


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 ¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento. (…) El rebelde (es decir, el que se vuelve o revuelve contra algo) da media vuelta. Marchaba bajo el látigo del amo y he aquí que hace frente. Opone lo que es preferible a lo que no lo es. (Albert Camus)

Lo decía Camus desde su expresividad máxima. Una especie de levantamiento vital hacia todo aquello que, desde el primer momento, fuera motivo de rebeldía. Mañana hará cien años que nació y aún recuerdo cuando entre las aulas universitarias lo leía a hurtadillas, intentado imitar ese papel rebelde que nace de las entrañas de la moral, el valor y el absoluto.

Prevenirnos de la tiranía, especialmente de la tiranía de nosotros mismos, es un motivo de dificultad existencial. El reencuentro con la libertad individual y colectiva sólo puede nacer desde la descomposición histórica, metafísica y artística del ser humano contra lo anquilosado, lo caduco y lo efímero. Si levantamos el horizonte de nuestra mirada miope y limitada comprendemos que la visión de lo que se alza más allá de nosotros mismos nos exige, si acaso estamos vivos, la voluntad necesaria para avanzar hacia la infinitud que se presenta de frente. Ahí es donde nace la rebeldía. Ahí surge como una chispa ardiente la necesaria voluntad de avanzar más allá de los garrotes de nuestras circunstancias pasajeras y más allá de nuestros miedos y vicisitudes.

No hay necesariamente un escenario, ni un camino, ni un razonamiento. Lo normal debería ser el poseer la capacidad para soñar mil escenarios, deambular por mil caminos insurgentes y sugerir extrañas explicaciones para comprender y ordenar un mundo aparentemente caótico y sin sentido. Nuestros sentidos deberían estar orientados a revolucionar constantemente nuestras vidas desde la sosegada implicación con el mundo.

Camus decía que negar no es renunciar. Más bien negar es plantar cara a situaciones injustas, a inmorales posicionamientos o sistemáticas violaciones de la libertad individual y colectiva. Existe en ese sentido una responsabilidad emancipatoria, y tiene que ver con la ética de la acción. ¿Cómo quedar inmóviles al borde del camino si vemos que nuestra participación activa puede transformar el mundo? Cada pensamiento, cada sentimiento y cada acción repercute en la suma de consecuencias que diariamente ocurren. ¿Cómo no ser conscientes de ello? ¿Cómo no estar despiertos a la suprema realidad de que cada ápice de cosa que nos atraviesa, de alguna forma juega un papel importante en los acontecimientos de nuestro planeta? La suma de acciones diarias, de cientos de millones de almas actuando en un mismo tiempo pueden, deben, transformar el mundo que habitamos.

De ahí la ética de la acción, hacer que los medios sean los mejores para alcanzar fines mejores. Y de ahí nuestra responsabilidad a la hora de asumir nuestros mejores pensamientos, nuestros mejores deseos y nuestros pequeños actos cotidianos. Seamos rebeldes y levantémonos contra nosotros mismos si es necesario. Esa será la única prueba palpable de que realmente estamos vivos.

Camus cumple cien años y nosotros, ahora, en este tiempo, empezamos a comprender la necesidad de la rebeldía ante el orden establecido. Nos sumamos a Camus, como siempre hicimos desde que la humanidad despertó del feudalismo, y nos alzamos ante el látigo de la injusticia, plantando cara, sin miedo, a nuestros propios desórdenes interiores. Asumimos nuestra imperfección y nos rebelamos ante ella. Eso nos hace humanos. Eso nos hace sabios. Tenemos una importante responsabilidad individual con el universo entero, con la existencia omniabarcante. Seamos consecuentes. Seamos rebeldes.

Vida


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La vida tiene sentido sólo si somos capaces de valorar la vida de una piedra, de una flor, de un bosque, de un animal. La vida no nos pertenece, nos posee, nos sobreviene, nos permite reconducir la consciencia, el alma, en el mundo tangible. La vida, lo vital, es un préstamo de la existencia, un vehículo que nos permite conducir por este vasto océano de experiencia.

La vida nos recorre, pero no nos pertenece, no la poseemos. Llega un momento en que nos deja, pero no es un abandono, es tan sólo un pacto. Por eso debemos pensar que la vida es un flujo, un combustible que nos permite este viaje y que cuando se consume, el viaje termina. Siendo así, ¿en qué malgastamos ese combustible? ¿Hemos pensado alguna vez como gestionamos nuestra energía vital, nuestro instante de vida?

Si observamos cada uno de nuestros días, si cogemos el hábito de meditar al menos quince minutos por jornada y por la noche realizamos una sencilla recapitulación vespertina sobre las cosas que nos han sucedido, ¿qué conclusiones sacamos? A veces todo resulta tan agotador. Olvidamos respirar y olvidamos que la respiración es nuestro puente, nuestro lazo con la vida. Nadie nos educa en la respiración, nadie nos educa en la vida. No tenemos consciencia de que respirar pausadamente provoca una vida pausada. Respirar agitada e inconscientemente provoca una vida agitada e inconsciente. Olvidamos vivir porque olvidamos lo esencial de la vida.

No hay misterios infranqueables. La inquietud nos puede llevar a modificar radicalmente nuestra existencia. La búsqueda provoca encuentro. El encuentro reflexión. La reflexión provoca cambio y el cambio provoca más vida. Realmente así es como la vida se relaciona con nosotros, con las piedras de un río, con las plantas de una selva o con los animalillos de un bosque. La vida es el rumor que atraviesa todo cuanto tenga capacidad de cambio. Si somos conscientes a diario de ello, viviremos gozosamente cada uno de nuestros segundos de existencia. No habrá tiempo para la tristeza, ni para el fracaso, ni para la pérdida. Sólo habrá tiempo para el deleite y la alegría. Seamos vida observante, seamos vida vivida.

La difícil tarea de crear sueños


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Es evidente que todo tiene un precio y el viejo proverbio castellano de que lo barato sale caro es bien cierto. Al menos eso es lo que siento cuando, brocha en mano y escalera en pie, me subo a pintar y pintar paredes sucias, de un rojo desgastado por los vicios que antaño albergaba el lugar, y siento como la espalda se queja, mitad de agotamiento y mitad de esa genética que a veces no ayuda. Pero soy tozudo, a veces insensatamente tozudo, y no me gusta dejar las cosas a medias, no importa la hora que sea o la intensidad del dolor o la complejidad del sueño.

En el fondo, a pesar del agotamiento y el cansancio hay cierto ánimo de satisfacción. Hace años aprendí que muchos empresarios hacían su milla de oro de mil maneras. Recuerdo que alguien me decía que cuando hacía un negocio iba al banco o buscaba inversores, pedía el dinero necesario con un margen razonable para poder subsistir uno o dos años y luego, si el negocio iba bien o mal ya eran cosas del azar. Si iba bien siempre podía venderlo y sacar su plusvalía y si iba mal, los que perdían eran en todo caso los inversores o el banco.

Si fuera uno de esos empresarios a la antigua usanza seguramente antes de emprender la tarea de abrir una nueva línea de negocio, por ejemplo la nueva librería Dharana o el sello de “coedición” Phylira en el que ya llevamos unos meses trabajando y que estará muy pronto en funcionamiento, seguramente hubiera realizado un hermoso business plan cargado de optimismo y números mareantes y hubiera buscado inversores a quién venderles la idea para que ayudaran en el mismo. Haciendo cuentas, quizás hubiera necesitado para ambos proyectos algo más de sesenta mil euros sin contar sueldos y salarios para los próximos uno o dos años. Pero las experiencias pasadas y los tiempos que corren me hacen pensar y actuar de forma diferente.

Sólo de pensar en esta idea se me revuelve algo por dentro. Quizás sea porque hace ya algunos años intenté inculcar en mi vida las virtudes que Benjamin Franklin nos dejó, especialmente la quinta que habla sobre la austeridad: «sólo gasta en aquello que te beneficie a ti o a otros. No malgastes el dinero». De ahí que en aquella revelación de aquel tiempo decidía quitarme todas las tarjetas de crédito, todos los préstamos y todas las deudas contraídas en los tiempos de bonanza y practicar en medida a veces extrema la austeridad, al menos hasta poder estar limpio de deudas. Si me permitís el autopiropo, quizás pueda presumir de ser un empresario atípico que viaja sin tarjeta de crédito, que duerme en el coche en vez de en lujosos hoteles a cargo de la empresa y que emprende nuevas aventuras empresariales sin créditos, sólo con las plusvalías que el propio negocio reporta.

Por eso estos días he preferido contar con la inestimable ayuda del gitano Jesús para que me ayudara a limpiar el local o la del simpático y trabajador rumano Illie para que me ayudara con la fontanería. Lo demás, brocha en mano, sin business plan, con terrible dolor de espalda pero con optimismo y alegría interior a prueba de bombas, lo hacemos nosotros, dándolo todo hasta que veamos el fruto del trabajo duro.

Cuento esto porque el otro día alguien se quejaba de que tenía cincuenta años, de que no encontraba trabajo y de que le resultaba difícil pensar en qué hacer. Quizás si pensamos con la mentalidad de antaño, de buscar una línea de negocio basado en un business plan meticuloso inflado hasta la médula para salvar una situación cualquiera a base de crédito la cosa no funcione. Algo que antiguamente pudiera costar sesenta mil euros quizás con un poco de imaginación, coraje y brocha en mano no llegue a los dos mil euros (670 euros es lo que llevamos gastados en la reforma del local y ya lo tenemos casi listo a la espera de los últimos remates y la compra de estanterías ikeanianas). Lo demás, ya lo sabemos por experiencia, hay que echarle mucha imaginación, mucha paciencia y sobre todo dejar que el tiempo juegue su papel preciso para que podamos cosechar en la correcta estación los frutos de lo ahora sembrado. Crear sueños es una difícil tarea, pero está dentro de los mundos posibles. Y lo que apasiona de este pequeño sueño es que forma parte de uno mayor que, además, pretende beneficiar a todos.

Pd.- Os dejo las trece virtudes practicadas por Benjamín Franklin por si os sirve de inspiración:

1. Templanza. «No comas hasta el hastío, no bebas hasta emborracharte».

2. Silencio. «No hables si lo que dices no beneficia a otros o a ti mismo. Evita conversaciones triviales».

3. Orden. «Permite que cada cosa tenga el lugar que le corresponde y que cada asunto cumpla su momento».

4. Determinación. «Decídete a realizar lo que deberías hacer y realiza sin fallas aquello que decidiste».

5. Austeridad. «Sólo gasta en aquello que te beneficie a ti o a otros. No malgastes el dinero».

6. Diligencia. «No pierdas el tiempo, úsalo siempre en algo útil. Evita toda acción innecesaria».

7. Sinceridad. «No recurras a engaños lastimosos. Piensa justa e inocentemente, si hablas, hazlo acordemente».

8. Justicia. «No injuries a otros, no omitas los beneficios que resulten de ejercer tu deber».

9. Moderación. «Evita los extremos, no permitas que las injurias te produzcan más resentimiento del que merecen».

10. Limpieza. «No toleres suciedad en tu cuerpo, ropa o habitación».

11. Tranquilidad. «No te molestes por nimiedades, o por accidentes comunes o inevitables».

12. Castidad. «Utiliza el sexo por salud o procreación, nunca hasta el hastío, por debilidad, o hasta injuriar tu paz y la de otros, o bien tu reputación o la ajena».

13. Humildad. «Imita a Jesús y a Sócrates».

Emprendimiento: una carrera de peligros y obstáculos


a

La distancia en tiempo de Madrid a Asturias es muy relativa. Si vas por autopista de peaje puedes rascar algunos minutos ya que evitas los puertos de Pajares y Navacerrada. Ayer, como llegaba muy justo a la presentación que teníamos en Gijón pagué los peajes que sumando los dos llegaban a veinticinco euros por trayecto. Si haces un viaje de ida y vuelta, como fue el caso, suman más de cincuenta euros sólo en peajes, o lo que es lo mismo, los asturianos están separados y aislados de Madrid de forma encubierta e injusta, a no ser que decidan pagar el sobrecoste de trasladarse a Madrid o bucear por las entrañas de los terribles y peligrosos puertos de montaña.

Al llegar a Gijón saqué un par de cajas de libros en el Ateneo y los expuse, como de costumbre, para su venta. A los diez minutos, el amable conserje me pidió que no lo hiciera ya que en los lugares públicos no se permitía la venta de libros. Me quedé un poco estupefacto. “Si quieres puedes venderlos en la calle, pero no dentro del recinto. Comprende que si te dejo hacerlo me juego mi puesto de trabajo”. Fuera en la calle hubiera sido un buen lugar de venta a no ser porque estaba lloviendo a mares. Así que cogí de nuevo las cajas, las llevé al coche y me volví a Madrid.

Cinco horas de ida y otras cinco de vuelta para diez minutos que sólo sirvieron para reforzar mi temple y mi paciencia, además de para reflexionar sobre cómo está montado nuestro sistema público. En eso pensaba a la vuelta, donde evité los peajes y me adentré, con lluvia y espesa niebla, por sendos peligrosos puertos de montaña.

La reflexión era sencilla. Nos pasamos toda la vida pagando impuestos. Impuestos en la comida, impuestos en la vivienda, impuestos en la gasolina, en lo que vestimos, en el trabajo donde nos quitan una buena cantidad de nuestro sueldo entre IRPF y Seguridad Social. Impuestos, impuestos y más impuestos que luego administran cuatro familias a su antojo y que se reparten en favores a compañías eléctricas donde luego trabajarán ellos o los suyos, en bancos y en concesionarias de autopistas donde vuelan los maletines y los favores y donde, véase lo ocurrido en Madrid, si no son rentables son rescatadas con nuestros impuestos, como ha ocurrido con los bancos y ocurre con las eléctricas.

Y el ciudadano de a pie, el que desea labrarse un futuro digno aunque a veces sea a base de miserables condiciones, se le trata de forma déspota: “venda los libros en la calle”, porque lo público, aunque lo hayamos pagado todos, sólo lo pueden usar unos pocos.

¿Cómo se va a reactivar una economía donde para ser emprendedor, autónomo o empresario todo son trabas, obstáculos, peligros, impuestos y dificultades de todo tipo? ¿Cómo un joven de unos veinte años va a emprender un negocio si para hacerlo tiene que hacer primero un master en Hacienda Pública y un postgrado en impuestos? O eso, o pagar un gestor para que le tramite los cientos de documentos necesarios mensualmente para poder llevar a cabo cualquier tipo de actividad económica y a un notario para que de fe de que todo es legal y…

Y luego las regiones que quedan aisladas del resto de España por esos abusivos peajes. Mucha gente preferirá comprar una segunda residencia en el sur, donde no hay peajes que en el norte, donde sí los hay. O preferirá pasar el fin de semana en un lugar donde no tenga que pagar el doble por utilizar una carretera. ¿Y qué ocurre con los profesionales del transporte, que por ahorrarse algún dinero arriesgan sus vidas en peligrosos puertos de montaña? En fin, un desastre que intenté suplir a base de música de Enya y de reflexiones sobre aquellas soluciones que podrían mejorar nuestra sociedad en su conjunto.

(Foto: © José Fangueiro)

A los que mueren


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Hace un año a mi padre le diagnosticaron alzhéimer. Desde entonces la degeneración ha sido imparable hasta el punto de que la última vez que estuvimos juntos, durante un lapsos de tiempo, no me reconocía. El problema, terrible además, de este tipo de enfermedades, es sobre todo a las personas y familiares que lo padecen de forma paralela. El sufrimiento, el dolor, el cansancio de tener que soportar episodios duros, muy duros, se va acumulando, enterrando en vida a todos los que le rodean.

Cuando los amigos me preguntan de donde saco tanta capacidad de trabajo para hacer tantas cosas a la vez y que todo salga adelante contesto con silencio. De alguna forma soy consciente, día a día, de que algo está muriendo en nosotros. De que estamos en una inevitable cuenta atrás que se despierta en cuestión de tiempo. Realmente los que estamos vivos, de alguna forma, estamos avanzando imparables hacia eso que llamamos muerte. Ese pensamiento da vértigo, de ahí la ansiedad existencial por aprovechar hasta el último minuto de vida realizando todo aquello con lo que alguna vez siempre había soñado.

La cuenta atrás de mi padre es palpable. Según los médicos más optimistas será cuestión de años, quizás unos seis o siete según avance la enfermedad incurable. Pero la nuestra, la de cada uno de nosotros es así de igual forma. ¿Qué tiempo real nos queda? ¿Cincuenta años, diez años, un año, un mes, un día, un solo segundo más? Realmente no lo sabemos.

Mientras ayer pintaba el local e intentaba al mismo tiempo atender las obligaciones editoriales miraba por la calle a los niños disfrazados de muerte en la fiesta de Todos los Santos. Realmente, a pesar de que exista un día dedicado a la muerte, no le damos el tributo y la necesaria importancia. La disfrazamos de simpáticas calabazas y hacemos de este día un día festivo. Esa es la sensación de la mayoría de seres. Que viven en una especie de fiesta interminable que no tendrá nunca fin. Pura supervivencia psicológica. Sin embargo, los que miramos la muerte de frente día a día, segundo a segundo, sabemos que la fiesta se acaba y que ese ocaso podría llegar mañana mismo, en diez segundos, quien sabe.

De ahí la insistencia en cuidar en todo lo que podamos nuestros cuerpos, que vivamos una vida sana para tener unas herramientas útiles y atentas. Cualquier descuido puede ser fatal a medio o largo plazo. Inclusive cualquier descuido milimétrico puede segar nuestras vidas. Son tantos y tantos los accidentes mortales que ocurren por simple descuido. Estemos atentos, seamos conscientes de que morimos día a día, y de que, al mismo tiempo, estamos llenos de vida.

Creando Comunidad


¿Cómo es vivir en una comunidad intencional con más de 30 años de antigüedad?
El caso de Auroville en India, presentado por dos españoles, que llevan viviendo en Auroville más de 20 años: Joseba y Anandi y de Los Portales en Sevilla, presentado por Rosalie Poskin y Kevin Lluch
Una charla debate que tuvo lugar en Espacio Ronda, el 25 de octubre de 2013, organizada por http://laagroteca.com y http://dharana.org
Presentación : Julia Ramos, consultora de sostenibilidad, de LaAgroteca.com y Javier Léon, antropólogo y editor

http://vimeo.com/78082983

http://vimeo.com/78090078

http://vimeo.com/78193697

Creando un punto de luz


a

Estimados P. y A.,

la falta de espacio en el zulito de S. D. nos hizo pensar en la posibilidad de buscar un lugar más amplio. La semana pasada lo encontramos.

Se trata de un local de unos 120 metros cuadrados a dos calles de donde vivimos, en pleno centro de Madrid, en el barrio de Malasaña, por un precio irrisorio de seiscientos euros al mes. Toda una suerte, creemos, para los tiempos que corren.

Como el lugar es amplio hemos pensado aprovechar el espacio no sólo como sede de Séneca, si no también como librería y lugar multiuso donde hacer terapias, masajes y todo lo que surja, y así crear un canal de venta más tanto para vosotros como editores como para nosotros, lo cual de paso serviría para potenciar el Proyecto O Couso con los nuevos ingresos. Se trataría de una librería sobre los temas que nos gusta con espacios para la meditación, cursos o pequeñas conferencias. Un lugar bonito donde además poder tomar un té en buena compañía.

Ya sé que suena a locura, pero nos parecía una oportunidad y la aprovechamos. Una vez monté una editorial en plena crisis del sector y la constancia y el hacer bien las cosas nos está aportando hermosos resultados. Creemos que crear una librería en plena crisis de libreros no es una osadía, sólo la manifestación de hacer posible lo imposible, y de paso, precipitar un viejo sueño que me rondaba en la cabeza desde hacía muchos años. Sí, de nuevo un romántico. Como las cosas van bien en la editorial, sólo queríamos compartir con más gente nuestro proyecto y de paso tener una ventana al exterior donde poner caras y rostros a nuestros clientes.

Estamos terminando de pintar el local (nosotros mismos, con nuestras manos) y la semana que viene iremos a comprar estanterías. Estamos convencidos de que con cierto amor y magia este humilde lugar pronto se convertirá en un pequeño punto de luz.

Por supuesto, os cedemos el espacio que necesitéis por si queréis hacer uso estratégico en Madrid del mismo, ya sea como pequeño almacén o como centro logístico o lo que creáis oportuno. Esperamos poder inaugurarlo en pocas semanas.

En fin, esta es la noticia. Ya veis que mi amor al libro no tiene límites. Como no tengo experiencia en el mundo librero, espero vuestros siempre sabios consejos.

 

Un abrazo sentido y que vaya todo bien.

 

J.

 

 

El mejor chatarrero del mundo


a

Jesús pasaba por la puerta y me preguntó si tenía algo de chatarra. Le dije que sí, que hoy era su día de suerte. Aparcó la furgoneta en mitad de la calle y Marisol, su mujer embarazada de cinco meses entró en el local con su hijo Alex de dos años. Llevaba toda la tarde pintando, abatido y cansado y estaba recogiendo para marcharme a casa. Pero Jesús y su familia seguían trabajando a esas horas y pensé que hoy podrían hacer un buen negocio.

Durante dos horas me ayudaron, o yo les ayudé, a desmontar medio local cargado de chatarra y cosas invisibles que para nosotros no significaban nada y para ellos eran, al parecer, una mina de oro. Me preguntaban muy amablemente, despacio, con atención y cariño si esto u aquello me serviría. Yo a todo le decía que no. Cuando Marisol me decía si ese calefactor que aún funcionaba me haría falta, la miraba compasiva y le decía que no. Ella decía: «no sabes la falta que nos hace, gracias señor». Luego eran unas y otras cosas que pasan desapercibidas pero que allí están, que el ojo atento de Jesús y Marisol y el pequeño Alex percibían para mi propio asombro.

Lo que más costó fue la cocina industrial que para ellos parecía ser una especie de mina. Como no podía salir por la estrecha puerta, Jesús, hacha en mano durante más de una hora, la desarmó tanto como pudo hasta que por fin salió. Sudaba cansado pero aún tenía tiempo de hacerle alguna broma a su Alex y de ordenar con sutileza y amabilidad a su esposa que le ayudaba en lo que podía.

Me pareció un buen hombre y muy trabajador viendo como en dos horas había desbalijado todo el local en cuanto a chatarra de todo tipo se refería, de forma siempre amable y educada, con buen humor y una larga sonrisa compasiva en su rostro. Pregunté cual era su oficio por si podía ayudarle en el futuro con alguna otra cosa. Me dijo que él sólo era un simple chatarrero. Le pregunté cuanto me cobraría por derribar una vieja barra de bar que ya no sería servible para el uso que le vamos a dar a ese recinto. Me pidió que pusiera yo el precio pero no me atrevía por no ofenderle si lo que le decía era demasiado poco. Me puso una cantidad razonable y acepté.

Me despedí de Jesús y su familia feliz por ver como de forma extraña se había dado un caso de apoyo mutuo y cooperación de la forma más simple e inesperada. Llevaba horas pensando en como deshacerme de todo aquello que no me haría falta y apareció Jesús y toda su familia de repente, sin avisar, con su cara de buen hombre, gitano de raza pero el mejor gitano chatarrero que he conocido nunca. Trabajador, amoroso, atento, educado y feliz por su trabajo. Mañana lo volveré a ver, y en todo lo que pueda, le seguiré dando trabajo. Gracias Jesús, gracias Marisol, gracias Alex por esta maravillosa tarde juntos. Vuestro ejemplo y vuestro amor me ha llenado de gracia.

La ética común, una cuestión de tiempo


a

Ya sabemos que no puede existir cambio exterior si antes, la humanidad en su conjunto, ha experimentado interiormente un impulso motivador y reflexivo hacia aquello que es mejor para todos. Y para que eso ocurra debe existir ese mismo impulso motivador en los individuos, en cada uno de nosotros, sin excepción.

Estos días presentábamos en Madrid con una tímida asistencia el libro que habla sobre la ética de algunos negocios. En este caso, de forma militante y con algo de coraje y valentía exponíamos la falta de ética de la banca tradicional al financiar a la industria armamentística.

A pesar de que durante un mes hemos enviado más de dos mil invitaciones para que entidades y personas de todos los colores participaran en este debate, la respuesta ha sido escasa. Es como si toda la comunidad estuviera más interesada en ver el partido de fútbol de los domingos a pensar que su banco, su banco de toda la vida, anda haciendo negocio con minas antipersonales, tanques de guerra o cohetes tomahawk.

Realmente a los militantes de toda la vida ha dejado de molestarles esta actitud pasiva de la sociedad en general. Será cuestión de tiempo que esa revolución interior que todos necesitamos para crear ese ansiado cambio exterior detone en algún momento. Mientras tanto, nosotros seguimos con nuestra particular lluvia fina. Esa que cae y parece que no moja pero que termina calando en las consciencias de aquellos que día a día nos escuchan.

Ayer fue bautizado Banca Armada vs Banca Ética aquí en Madrid. Empieza su andadura que será lenta pero que, inevitablemente, crecerá entre la masa cada día más crítica. Hoy en la charla salían datos escalofriantes sobre la banca tradicional y se pronosticaba que en menos de dos años estaríamos de nuevo al borde de un nuevo precipicio financiero de este modelo capitalista en su vertiente neoliberal.

Veremos que ocurre. Mientras, sigamos aplicando alternativas al modelo caduco, como la banca ética. Es cuestión de coherencia interior, y por lo tanto, de coherencia social.

(Foto: Presentación ayer de Banca Armada vs Banca Ética en Madrid).

La ciencia de impresión


a

¿De donde recibe el árbol todo su potencial? ¿Qué es aquello que le impresiona para hacerlo como es? Parece sorprendente pensar que una semilla, a veces mucho más pequeña que un grano de mostaza, pueda desarrollar algo tan fuerte y poderoso como un árbol.

En nuestro mundo humano ocurre algo parecido. ¿De dónde recibe el ser humano todo su potencial? Físicamente parece estar claro. La suma de dos pequeños elementos cuya composición crea una multiplicación casi infinita que le da forma y vida. Hay algo que escapa aparentemente a esa matemática. En cuanto profundizamos en la psicología de la mente, nos sorprende reflexionar sobre el potencial mecanismo de la inteligencia, la percepción y la consciencia.

El cerebro parece actuar como un receptor de radio cuyas frecuencias, el pensamiento, cambia según vamos cambiando. ¿Quién es el emisor? El Kybalion lo llama Mente. Todo es mente, se atreve a decir. Siendo así, de ser así, hay algo que nos hace pensar unas u otras cosas, o, si vamos más allá, somos capaces de explorar en frecuencias desconocidas, en consciencias diferentes, en racionamientos que nos llevan a lógicas apasionantes capaces de crear música, arte, ciencia, belleza…

A veces tenemos la sensación de que cierta sensibilidad nos aproxima a impresiones que vienen más allá de nosotros mismos. Impresiones que reconocemos como ajenas a nuestras lógicas y razonamientos. Es como si el universo entero tuviera una nota que vibra desde lo más profundo de las galaxias y nosotros, en excepcionales momentos de lucidez, somos capaces de captar y de dejarnos impresionar por su belleza y profundidad. Otra cosa es saber interpretar esa nota cósmica. ¿Qué desea comunicarnos? ¿Qué es eso que pretende con su impresión en nuestras almas?

Quizás una mente entrenada podría llegar alguna vez a interpretar el mundo desde una perspectiva amplia y desapegada. Es cierto que nuestro propio cristal interior, a veces distorsionado o turbio, provoca desproporción en todo lo que vemos. Por eso quizás algún día exista una ciencia capaz de resolver la lejana perspectiva entre lo que Es y lo que creemos o percibimos. La ciencia de impresión, capaz de aproximarnos cada vez más a aquello que nace desde lo más infinito y lo más misterioso.

(Foto: © Andy Prokh)

Instrumentos de la vida


a

No tenemos tiempo de digerir tantas experiencias, tantas caras bonitas, tantos abrazos sentidos. Hace dos días comíamos con D. y P. en un hermoso  encuentro de almas que se quieren, se respetan y sienten cariño. Esa otra familia extensa que está ahí, que se preocupa por nuestras cosas, que apoyan la amistad desde los pequeños gestos, esos que siempre nos hacen grandes. D. y P. estaban felices, se les notaba, tras tantas y tantas décadas juntos, enamorados y felices a pesar de las dificultades y las cosas del camino. Felices paseando cogidos de la mano y mirando el futuro con optimismo y esperanza. Para nosotros, por motivos que ellos conocen perfectamente, son todo un ejemplo de superación y coraje. Nuestra admiración por su sencillez y generosidad infinita siempre nos acompaña. Además, cosas de la vida, sin querer queriendo, nos pusieron en la pista de una cosa bonita que forma parte de un viejo sueño que intenté alcanzar hace ahora justo un año.

Y ese sueño se materializó de forma mágica hoy sábado, acompañándonos en el acto ritual de toma de posesión los entrañables amigos I. y M. No podíamos creer que los sueños se materializaran justamente cuando dejas de buscar, cuando dejas de hacer, cuando dejas de preocuparte. Es como si de alguna forma eso facilitara el que todo se precipitara. Sabemos e intuimos con mucha claridad el camino a seguir. Es como si tuviéramos la certeza interior desde hace mucho tiempo de hacia donde vamos y tras mucho esfuerzo hubiéramos dedicado gran parte de este largo periodo a estudiar e investigar el camino. Hoy se acrecentaba esa idea. Era como una confirmación de que todo aquello que habíamos proyectado tarde o temprano, inevitablemente, tendría que suceder. Y todo nos lleva al mismo punto, a la misma conclusión.

Hoy le decíamos a I. y M. que todos los seres vivimos una especie de vida extraordinaria, de alguna forma privilegiada. Es cierto que siempre hay momentos difíciles, muy difíciles, que esta crisis nos está enseñando a todos muchas cosas, pero también estamos aprendiendo a no perder la dignidad, a seguir luchando contra la adversidad y la pérdida, a valorar la importancia de las pequeñas cosas. Somos personas que estamos aprendiendo que la austeridad no es tan mala. Que no tenemos necesidad de gastar en excesos ni de gastar energía en cosas que no tengan un beneficio para el bien común. Empezamos como humanidad a cuidarnos más para ser buenos instrumentos de aquello que consideramos bueno para todos. No hay engaño posible, ni máscara, ni mentira en un mundo cada día más traslucido y transparente. Sólo ganas de seguir avanzando por la senda misteriosa de la vida, hasta que la vida quiera. ¿Nos damos cuenta de este pequeño detalle? Cada día más, porque cada día estamos más vivos y conscientes.

(Foto: © Angéla Vicedomini)

La apasionante aventura de vivir en comunidad


auroville

La verdad es que ha sido una tarde francamente emocionante. Las dos horas del encuentro han sabido a poco. Ni siquiera nos dio tiempo a proyectar el video que los amigos de Auroville nos traían preparados. Había demasiadas preguntas, demasiadas cuestiones que tratar en tan poco espacio y tiempo. Atención absoluta y expectación, pero sobre todo generosidad, como no podía ser de otra manera.

Admirable la generosidad de las amigas que han venido desde Zaragoza, en viaje de ida y vuelta para asistir a la charla. Sonia, Carmen, Teresa, Anita y Ángel, todos gentes bonitas, de bella alma y trasparente luz. O los amigos que han venido desde Huelva y Sevilla, tan bellos y comprometidos, demostrando con su presencia que las distancias no existen cuando se trata de compartir ilusión, compromiso y entrega por un ideal que necesita praxis, proyección, ánimo. No sabéis lo significativo que resulta que estuvierais entre nosotros en un día tan especial.

Y qué decir de la entrega de los amigos Joseba y Anandi, los cuales nos han explicado su experiencia de vida de más de veinte años en una de las comunidades más grandes del planeta: Auroville, en India. O Kevin y Rosalie, con su larga trayectoria en la comunidad de Los Portales, en Sevilla.

Y Julia Ramos, que dinamizó todo el evento de forma excelente, también generosa y comprometida en compartir este tipo de experiencias, de valores, de nuevas formas de vida y de entender el compartir.

¿Qué más se puede decir? A pesar de la lluvia y de ser un viernes, la sala se nos quedó pequeñísima. Buscábamos sillas en las otras salas y aún así hubo personas que se quedaron de pie, atentos y expectantes durante las dos horas. Creamos un pequeño punto de luz, un reguero más de esperanza, una pequeña comunidad que se reunía para soñar. Valga las sincronías con el nuevo libro que vamos a editar este mes, como decía Rosalie en su bella intervención, amor es relación, y eso es lo que hemos hecho hoy. Relacionarnos. Amarnos. Así que gracias a todos por vuestro amor y cariño y gracias de corazón por llenarnos de entusiasmo. Seguimos adelante.

Hoy en Madrid: VIVIR EN COMUNIDAD: «LOS PORTALES» Y «AUROVILLE»


AUROVILLEFINAL

Estimados todos,

os invito a que vengáis a la conferencia que daremos sobre comunidades con la intervención y presentación de dos conocidas experiencias: Los Portales, en Sevilla, y Auroville, en la India. Será un encuentro hermoso que demostrará que otra forma de vivir es posible. No os perdáis este momento. La entrada es gratuita hasta completar el aforo.

Aprovecharemos para hablar sobre el Proyecto O Couso y del deseo de estar ya pronto en tierras gallegas para emprender esta nueva aventura comunitaria.

Ayúdanos a compartir esta información.

Un abrazo sentido,

A esa alma valiente


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Hoy no podíamos estar en todos los frentes. A veces, cuando miro el catálogo de la editorial, y veo que mañana vamos a dar una charla sobre ecoaldeas, el domingo presentamos en Madrid el libro de Banca Armada vs Banca Ética y hoy pasábamos una excelente tarde con Grela Bravo y su emotivo “Voces Prestadas”, un libro que describe con realismo y esperanza al mismo tiempo experiencias en primera persona relacionadas con la violencia de género, me pregunto por qué aún son necesarios tantos y tantos frentes.

Cuando miraba a Grela pensaba en lo evidente, eso que dicen que los rebeldes no tienen causa, que están en todas las causas porque no creen en la revolución, si no en lo revolucionario de rebelarse contras las injusticias y la ignorancia. No es una perturbación del ego, más bien es una avalancha inevitable que se precipita desde la corriente sanguínea del alma peregrina.

Uno puede quedarse sentado toda la vida esperando, meciendo la cuna de la ceguera y buceando sobre lo congénito de la pasividad. Podríamos mirarnos, como puros supervivientes de este aparente caos en el que vivimos y tenemos nuestro Ser, y dejarnos llevar por la corriente, fuera cual fuera, desapegados de un istmo o cualquier isla paradisiaca. Pero no sería justo que si por avatares de la vida, hubieras bebido del pozo profundo y hubieras descubierto la ternura del átomo invisible y los lazos de todo cuanto existe desearas mostrarte oscuro y silente, alejado de esa posición privilegiada que supone anclar los pies en el barro y construir con manos manchadas de experiencia la casa, el hogar.

Reflexionaba sobre estas cosas cuando veía el coraje de una persona como Grela. Me preguntaba por qué ella, con esa fuerza poderosa, es capaz de mostrar su abanico de generosidad y vaciar su alma para compartir este tipo de frentes. Su empoderamiento, su fortaleza, su amor hacia lo que hace le dotan de ese privilegio que sólo unos pocos pueden llegar a sufrir. Dar tanto para recibir tan poco, que es como decir darlo todo para recibirlo todo.

Hoy en la cena explicaba una bonita anécdota sobre cuando su hijo le preguntaba qué es el alma. Ella decía con esa ternura que le caracteriza que el alma es aquello que permanece cuando tu cuerpo tiene cara de niño, y luego de adulto y luego de abuelo. El alma es eso que nos hace únicos e irrepetibles, y que nos hace ser como somos aunque lo externo, lo volátil, cambie. Su explicación nos ha conmocionado a todos y me hacía pensar que sólo un alma grande como la suya podía decir algo tan complejo de la forma más sencilla. Sólo un alma que ha sobrevivido a los avatares del infinito puede llegar, subirse a un escenario y clamar eso de que otro mundo es posible. El resto, los que miramos desde el espectro esa luz, aún no hemos llegado a comprender qué es eso del alma. Somos meros escenarios, pantallas convertidas en más pantalla. Aún no entendemos qué significa sobrevivir a la vida y qué significa dar vida, esperanza y amor. Grela, en cada presentación, en cada esfuerzo, entiende un poco más el significado profundo de amar. Así que de nuevo gracias por tu coraje, por tu ejemplo y por tu dedicación como madre, como mujer y como alma valiente.

Voces Prestadas con Grela Bravo y Joana Bonet en Madrid


grela

Tenemos una presentación estelar en Madrid del libro «Voces Prestadas» de la amiga y autora Grela Bravo, una generosa y luchadora mujer que está demostrando con sus gestos que se pueden hacer las cosas de forma diferente, con amor, con cariño y con mágica presencia. Nuestra admiración desde Séneca va creciendo día a día por todas las sorpresas que nos va regalando en estos meses. Ahora toca en Madrid, donde nos acompañará la periodista y escritora Joana Bonet, una persona de lujo, igual de generosa y apasionada de las letras, para una presentación de lujo. Os esperamos a todos para estrechar el lazo que nos une y para celebrar que otro mundo es posible. Gracias Grela, gracias de corazón y gracias querida Joana por acompañarnos. Gracias también a las amigas del Consejo de las Mujeres, a Consuelo Sánchez de la Asociación Mum y a nuestra Laura Bermejo por ayudarnos con la organización.

A esa corriente de vida


a

No podemos esperar a que todo cambie. De alguna u otra forma tenemos la obligación moral de actuar. No importa como. En lo pequeño o en lo grande, en lo visible o en lo invisible. Debemos convertirnos en amor, debemos abrazar la corriente de amor y vida que todo lo recorre y abraza. ¿Qué es amor? ¿Qué es vida? Amor es fluir con la vida en el instante presente, es respetar y comprender la diferencia, abrazar la unidad de todas las cosas y estrechar el cerco entre lo que nos separa y nos une. Amor es vida fluyendo desde el misterio, tomando forma en la forma de un río, de un águila imperial, de una amapola. Desde la frágil caída de una gota al torrente imparable de un aluvión. La vida es tormenta pero también calma.

Sea como sea, nos debemos a esa urgencia tranquila, a ese despertar luminiscente, a esa lucidez que nos transporta a una visión diferente, posible, amable. El sufrimiento nace de nuestra perspectiva sesgada. Lo que nos limita nos aprisiona y así hasta la saciedad. ¿Por qué conformarnos? Decididamente algo habrá que hacer, aunque sea no hacer nada desde ese centro del huracán donde todo parece un punto de quietud, una ola tranquila de cualquier tarde veraniega.

Lo apacible, lo ígneo nos golpea en la frente y atraviesa la glándula de la observación, de la intuición inquietante. A veces sólo debemos parar nuestras vidas para comprender la conexión con todo y nuestra parte en este incesante ruido exterior. La paz nos calma, la voz interior maneja el sentido de las palabras perdidas, del ocaso de las sensaciones. Podemos vociferar más alto pero no más claro que el verbo que todo lo emana. Hay un cierto sosiego cuando comprendes que nuestra impermanencia tiene fecha de caducidad. Lo comprendí ayer mismo cuando por un segundo, quizás por algo menos, estuve a punto de ser atropellado por un gran autobús. A veces la vida es así, un segundo de instante puede cambiar nuestras vidas, o extinguirlas. Ese segundo me dotó de lucidez, de comprender que la vida es sagrada, que hay que cuidarla, mimarla a cada momento estando atentos y completamente despiertos. Ayer faltó un segundo de descuido para acabar con todo lo existente. Mañana habrán miles de segundos más en los que profundizar desde la atención profunda. Exactamente 86.400 segundos de instante. Estemos atentos, vivamos serenamente, pero con urgencia y atención. La corriente de amor nos espera. La corriente de vida que no cesa a pesar de nosotros. No caigamos en la tentación de dejarnos arrastrar por el descuido. Más líbranos, oh incesante Universo, de toda oscuridad y mal.

 

 

 

Presentación en Madrid del libro Banca Armada vs Banca Ética


presen BANCA ETICA VS BANCA ARMADA 27 OCT

presen BANCA ETICA VS BANCA ARMADA 28 OCT

 

Jordi Calvo, economista e investigador sobre movimientos sociales, presenta en Madrid su libro “Banca armada vs. banca ética”, un alegato en favor de la paz y una dura crítica contra los bancos que realizan actividades para financiar empresas armamentísticas.

El autor visita la capital española para presentar su libro en sendos encuentros en los que explicará qué le ha motivado a escribir esta controvertida obra. En ella demuestra que 60 entidades financieras y, sobre todo, los grandes bancos, han invertido al menos 45.000 millones de euros en armas en la última década.

La primera de las presentaciones tendrá lugar el próximo 27 de octubre en el Espacio Ronda. Estarán con el autor Xiomara Ridaura, editora de Editorial Dharana y Alfredo Embid, coordinador de AMC y del boletín Armas contra las guerras y uno de los principales promotores de la cultura de la paz a nivel nacional. Al día siguiente Jordi Calvo estará presentando el libro en la sede de SETEM acompañado del economista Carlos Sánchez Mato, miembro de ATTAC y de la Plataforma por una Banca Pública.

Banca armada es el término que tras seis años de campaña del Centro de Estudios por la Paz JM Delàs (Justícia i Pau), Setem y el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) denunciando las inversiones de las entidades financieras en la industria armamentística, se utiliza para referirse a los bancos y cajas que invierten en armamento. Hay muchas formas de ayudar financieramente a las industrias militares a fabricar y comercializar armas. Las principales analizadas en este libro son: la participación accionarial, los fondos de inversión, los créditos y préstamos, la emisión de bonos, pagarés y acciones y la financiación de exportaciones de armamento.

Recta final: solo faltan 20 mil euros


a

«Deja de buscar y comienza a servir. Deja de pedir y comienza a dar. Deja de reclamar y comienza a agradecer. Entonces dejaras de sufrir y comenzaras a ser feliz» (Sebastián Wernicke).

 

Pronto vamos a empezar a dar, pronto vamos a empezar a servir. Ya llevamos tiempo agradeciendo todo lo que estamos recibiendo día a día para poner en marcha el Proyecto O Couso. Lo increíble es que parece que estamos ya en la recta final. Sólo nos falta ese último esfuerzo, ese último apoyo, esos últimos cinco euros que andan perdidos en algún bolsillo. Nosotros luego tendremos que esforzarnos para que esos cinco euros se multipliquen en tu vida. Y nuestra misión consistirá en hacer las cosas bien, en trabajar duramente para que cuando llegues a tu casa, a la que siempre será tu casa, tengas no sólo un lugar acogedor donde descansar, también el calor de los que te acogerán. ¿Acaso no eres un peregrino?

En la recta final ya tan sólo nos quedan veinte mil euros para empezar a caminar en la utopía. Estamos demostrando con esta proeza que se pueden hacer las cosas de forma diferente y que podemos hacer las cosas de forma diferente. Que juntos, entre todos, podemos dar voz a una nueva forma de entender la vida. Esto es sólo el principio. Es solo un trozo de entusiasmo, una gotita más en el océano de acciones que debemos emprender.

Busca y rebusca en tu monedero. Gotita a gotita hemos construido un pequeño sueño que ahora es grupal, que ahora es de todos. Sé protagonista del cambio. Ya sólo nos queda dar el salto final. Apóyanos, participa, y seamos partícipes del cambio inevitable. No importa si son cinco o diez euros. Nos importa el gesto, tú gesto. Gracias de corazón, gracias desde lo más puro.

Aquí os dejamos la cuenta del proyecto por si deseáis impulsar el último tramo. Pronto os esperamos para quitar hierbas en la mágica Galicia…

Triodos Bank: 1491 0001 22 1034701613

Necesito poco, y lo poco que necesito lo necesito poco


FLAYER O COUSO

Lo dijo San Francisco y algo así sentimos muchos que estamos pasando por un proceso de desapego y desprendimiento de lo superfluo para adentrarnos en las cosas significativas de la vida. ¿Qué cosas son esas? Es una pregunta compleja debido a la complejidad de nuestra organización. Ya sabemos que no queremos llenar nuestro tiempo de cosas. A cierta edad, comprobamos que todo es limitado. Los recursos, la fuerza, la salud y los lazos de amistad. En esas limitaciones nos desenvolvemos con la complejidad de todo aquello que nos oprime. Resulta difícil en estas condiciones y con estos condicionamientos bucear en la esencia de las cosas.

Desde hacía años llevaba tiempo reflexionando sobre esto y buscaba la fórmula ideal para comprometerme con el mensaje profundo de San Francisco. Reconstruir aquello que se había deteriorado, como la vieja iglesia de Porciúncula. Ya no se trataba de profundizar en los aspectos materiales, en la pureza de un cuerpo sano y ágil, cuidado para las labores esenciales de la vida. Eso es importante, sin duda, para que ese otro algo que florece en los corazones se manifieste en la vida tangible de forma clara y contundente. Pero no es suficiente. Un cuerpo físico sano debe ir acompañado de unas emociones templadas, de una mente clara y silenciosa y de un conjunto de acciones encaminadas a la perfección de todo lo creado.

Pero cuando has profundizado en las verdades sobre esas cosas, te das cuenta de que el edificio está incompleto si no se sube un escalón más, un grado más en la escala introspectiva, en la espiral ascendente. Ese otro escalón es la acción grupal, el encontrarte de repente ante la realidad de que todo el trabajo realizado en el plano individual no tiene sentido si esa piedra pulida no encaja perfectamente en el edificio grupal. De ahí que esté naciendo Dharana y de ahí que queramos construir un proyecto grupal en O Couso que se sume a la reconstrucción de la que hablaba San Francisco. Allí, como ya ocurre ahora, necesitaremos poco, y lo poco que necesitemos lo necesitaremos poco. Labraremos la huerta, atenderemos al peregrino y cuidaremos de la naturaleza. Crearemos rectas relaciones humanas y cocrearemos desde nuestro don aquello que la esencia del espíritu que nos mueve nos impulse. ¡Te esperamos! Participa en este sueño grupal. Con tus manos podemos.

Configurando el lazo místico


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Estamos en Valencia en el encuentro de la Red Sostenible y Creativa donde Emilio Carrillo da una conferencia sobre la economía del don y los talentos. Aquí nos hemos encontrado de nuevo con amigos, con gente bonita que nos sigue virtualmente y que de forma invisible, sin que nosotros lo sepamos, nos ayudan de una u otra forma con el proyecto O Couso. Obdulia, Carmen, Juan Antonio, Teresa… Hoy  muchos más… Cada día muchas más manos con ganas de construir, de ver crecer esta nueva consciencia que entre todos estamos realizando.

Nos ha conmovido especialmente el “reencuentro” (de almas) con Teresa. Ella nos conoció por los relatos de este blog cuando estábamos haciendo el Camino de Santiago. Desde entonces nos seguía y leía nuestras palabras, nuestros dolores, nuestros sentires de peregrinos. Se ha acercado emocionada y nos hemos dado un sentido abrazo, de esos difíciles de olvidar, llorando por lo hermoso del momento y de la magia. Hemos hablado del nuevo paradigma, de la necesidad de reencontrarnos con nuestro grupo, con nuestro lazo místico con el que intentar, al menos, trabajar con nuestras manos en la construcción del nuevo mundo.

Nos damos cuenta de que cada día hay más personas que se quitan el velo, que entierran el miedo y se lanzan a la búsqueda y la construcción del nuevo don. El don personal entrelazado entre todos los que están dispuestos a fortalecer esta nueva red, este nuevo sentir, esta nueva visión desde la unidad y el amor y lejos de la separatividad del ego.

La emoción nos recorre en cada viaje. Emilio, siempre generoso, aprovecha para dedicar unos minutos a explicar el proyecto O Couso y eso nos conmueve. Vemos que hay mucho trabajo por hacer pero también muchas personas con ganas de hacer, de construir, que cada vez más se acerca y nos preguntan y nos dicen que desean colaborar. Teresa nos decía que si esto seguía así quizás las casi cuatro hectáreas se nos van a quedar pequeñas. Respiramos profundamente y confiamos en que todo está bien. En este aquí y ahora, emocionante, lleno de retos, cargado de emociones de ver como en todas partes mucha gente se está movilizando de forma silenciosa, sin hacer ruidos, sin agitar, sin estar en contra de nadie ni ser anti nada. No hay quejas, no hay pesar, sólo entusiasmo y ganas de hacer, ganas de construir un mundo nuevo. Sigamos, sigamos, sigamos… De alguna forma algo bonito se está configurando en silencio. Una suma de revoluciones conscienciales están creando hermosos puntos de luz alrededor de todo el mundo. Algo bueno y esperanzador nos espera. Algo cargado de lucidez, de fuerza y belleza. Lancemos los miedos y construyamos ese nuevo mundo. No tengamos miedo.

( Aprovecho para decir que Teresa vendrá al encuentro que haremos el próximo viernes donde hablaremos sobre las comunidades de Auroville y Los Portales y presentaremos el Proyecto O Couso. Ella, que saldrá desde Zaragoza a Madrid esa misma tarde, pone a la disposición de quien desee viajar a este encuentro tres plazas de coche. Podéis contactarla en tm.nochesolar@gmail.com )

(Foto: Con Teresa, Emilio, Carmen y Laura esta tarde en Valencia).

 

 

El desafío


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El desafío del próximo milenio será invitar a todos los pensadores del mundo a abandonar sus sectarismos, nacionalismos y partidismos para abrazar la unidad que nos hermana. Esa sensación de unidad y hermandad es palpable en cada viaje que hacemos con Emilio Carrillo donde ofrece charlas a diversidad de grupos pero todos con un principio interior común: el mejoramiento del planeta.

En todas las conferencias encontramos a personas que nos conocen ya sea por el blog o por el proyecto O Couso que se nos acercan para darnos ánimos y con ganas de colaborar de alguna forma. Ayer fue Javier y hoy Carmen, la cual está deseando que estemos en Galicia para “quitar hierbas” o lo que haga falta. Esta actitud nos emociona porque de alguna forma todos tenemos ganas de colaborar con el nuevo paradigma, con una nueva forma de hacer las cosas. En esos pequeños gestos podemos ver la unidad que existe y se entreteje entre seres que no se conocen pero que de alguna forma, trabajan por un bien común.

Hay una buena noticia y es que el proyecto ha recibido un gran impulso por la unión de dos fuerzas que van a aportar no sólo un considerable esfuerzo material sino que además, desde el minuto cero, estarán “quitando hierbas” y poniendo piedra sobre piedra en el propio terreno. Dicho así, esto significa que ya somos, otra vez, dos familias las que vamos a emprender la tremenda labor de reconstruir  el lugar. En pocos días iremos al terreno para valorar algunas cuestiones importantes y buscar los recursos que falten para emprender la aventura.

Os invitamos a que nos ayudéis en esta ya cada vez más cerca recta final para alcanzar el primer propósito. Si todo va bien, en pocas semanas podréis acompañarnos todo el tiempo que queráis a “quitar hierbas”, plantar árboles, cuidar la huerta o alicatar cuartos de baño. Cualquier ayuda del tipo que sea será bienvenida y por supuesto, lo que estamos creando, nunca lo olvidéis, es desde ya vuestra casa.

Lo único que esperamos es que emanen de forma espontanea corazones amorosos y mentes inteligentes capaces, con su ejemplo y dedicación, de vibrar un nuevo tipo de energía, un nuevo tipo de oscilamiento. Vivir, servir, trabajar y ejercer influencia sin pedir nada para el yo separado. Bucear en la unidad de todas las cosas y responsabilizarnos de nuestro paso por este hermoso planeta. El reto es grande, el desafío oportuno.

(Foto: © José Fangueiro)