De Aire a Aire: poema de los átomos


«Poema de los átomos» Rumi

Oh día, despierta!
Los átomos bailan.
Todo el universo baila gracias a ellos.
Las almas bailan poseídas por el éxtasis.
Te susurraré al oído
adonde les arrastra esta danza.
Todos los átomos en el aire y en el desierto,
parecen poseídos.
Cada átomo, feliz o triste
está encantado por el sol.
No hay nada más que decir.
Nada más.

“Mujeres que corren con lobos”


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Hay hombres hermosos, delicados, complacientes, sinceros. Hombres buenos y honestos, fuertes y amables, preñados de entusiasmo y alegría. Y también hay mujeres cariñosas, increíbles, dadas a hacer de la magia un lugar cargado de vida. Esta semana me he rodeado de ellas y ha sido increíblemente bello.

Ayer, por ejemplo, pude pasar una divertidísima tarde con una gran mujer de tan solo once añitos. Su madre, una mujer igual de increíble, me pidió que cuidara esa tarde de ella y pasamos cuatro horas irrepetibles, cargadas de locura y emoción. Ella me enseñó a patinar con uno de esos locos monopatines de dos ruedas y lo pasé en grande. Para compensar, yo le enseñé a conducir el coche híbrido, y me dio un paseo por la urbanización de lo más emocionante. Luego fuimos a dar un paseo y compramos barro y pasamos media tarde con las manos enfangadas realizando lúcidas figuras. Dice la madre que “tío Xavi” desmadró un poco a la criatura. Pero mereció un poco la pena. Así que gracias a las dos por esa hermosa oportunidad.

A su vez, estos días estoy conociendo la magia de lo real que es irreal y también viceversa. Hasta el punto de que cada palabra es capaz de convertirse en verso o mutarse hasta llegar a ser un beso brancusiano, como el que aparece en la figura. En nuestras charlas apasionadas, me hablaba hoy de este libro (“Mujeres que corren con lobos”), de lo bien que explica la importancia de comprender y gestionar los ciclos de las personas y de las parejas y del mundo en general. Existen los ciclos de él, el de ella y un tercero, el mutuo, me decía. ¿Cómo conocerlos y comprenderlos? ¿Cómo respetarlos y abrazarlos sin dolor, sin sufrimiento, sin amargura? ¿Qué parejas son esas que resisten esos ciclos o que desean resistirlos? En un mundo de usar y tirar, no existe el verdadero compromiso, no existe la necesaria responsabilidad para acercarnos al otro con el debido respeto, conocerlo con toda la calma del mundo y ver si, siendo ideal para nosotros, seremos capaces de ese “sí quiero” de compromiso y apoyo mutuo, de amor incondicional y compartir. Es por ello que las actuales parejas no son capaces de resistir ni el primero, ni el segundo, ni el tercero de los ciclos mencionados, me decía. Ciclos necesarios, de altos vuelos y bajos planeos, de subidas y de bajadas, de aceptación de la imperfección que corresponde a nosotros mismos, pero también al otro. ¿Cómo amar al ser imperfecto que somos? ¿Y como amar al ser imperfecto que tenemos en frente nuestra?

Resulta difícil poder expresarlo de otra manera. Poder abrazar de otra manera estas palabras que resuenan a veces desde la desesperación de no poder comprender porqué nos da tanto miedo amar. Quizás porque amar necesita irremediablemente vaciarnos de ego. ¿Cómo sino el amor nos puede preñar? ¿Y quién está dispuesto hoy día a vaciarse de sí mismo? ¿Cómo ser felices, en definitiva? Como dice Joseph Campbell, abriéndonos al designio del Universo que se expresa a través de nuestro destino. Esta frase la compartía hoy mismo otra hermosa mujer. Lo expresaba de forma tan hermosa que no puedo más que caer en la tentación de compartir sus palabras:

Querido Javier:
Muchísimas gracias por llegar tarde. Pocas cosas son tan peligrosas en este mundo como las «personas perfectas». En nombre de la perfección, la intolerancia, el juicio, el rechazo. En nombre de la pureza, la degradación de la materia que también somos, el perdernos contemplar la maravilla de lo que está siendo delante de mí, detrás de mí, a mi lado, en mi interior, en aras a una ilusión óptica infantiloide y huidiza. La imperfección es nuestra gran aliada, nos permite reconocernos, hermanarnos en lo chico, en lo frágil, en lo débil, la imperfección nos humaniza, nos ablanda, nos acerca, nos permite mirarnos a los ojos. Lo contrario inflama nuestro ego, perdemos nuestro norte, dejamos de mirarnos a los ojos para mirar por encima del hombro, nos aísla en supuestas alturas, nos pierde. Amo lo imperfecto porque quiero creer que soy espíritu, psique, alma, y también materia, cuerpo, límites, consistencias e inconsistencias. Si el gran Hacedor lo hubiera querido de otro modo, de otro modo habría sido. Mi vida no la entrego, no la dedico a perseguir un Amor que en realidad no ama, que sólo exige, que pide que sea otra que no soy. Y además, así puedo yo llegar tarde a nuestro próximo te de canela que espero sea pronto, porque te aviso, ni yo ni mi vida somos relojes suizos, por fortuna, y la marea no llega siempre en el mismo minuto ni hasta la misma roca de la playa que la espera. Si no lo hace la marea que es sabia ¿por qué habría de hacerlo yo? Nos pasan tantas cosas en la vida (si decidimos vivir), que es tan poco lo que podemos controlar, si todavía soñamos que controlamos algo…

Así que sirva de homenaje estas letras a esas mujeres que corren con lobos, mujeres grandes, verdaderas, necesarias, increíbles, heroicas, capaces de transformarnos y contagiarnos de su magia. Y también a los hombres que las aprecian y las conquistan y las conservan. Aquellos mansos lobos capaces de correr a su lado, libres y poderosos, cargados de vida y universos.

(Imagen de Brancusi, regalo que hoy he recibido de la hermosa M.)

Neofeudalismo, a propósito de Cataluña


neofeudalismo

Dice la historia que los romanos tuvieron a los plebeyos, la Edad Media a los pequeños comerciantes y el mundo moderno al proletariado para cambiar sus respectivos mundos y sus anquilosadas estructuras. En estos tiempos que corren de derrumbamiento o transformación de un viejo y anacrónico sistema, los intelectuales, escondidos o manipulados, siguen sin acertar sobre qué fuerzas serán las que cimienten el rumbo de esta nueva era social. ¿Serán los indignados, los sin papeles, los anonymus de turno, los quinceme o los deshauciados? Si tuviera que apostar, como en épocas pasadas, apostaría por estos. ¿Qué confianza o credibilidad tendrían si los que quieren cambiar el sistema son los que viven de sus privilegios? No fueron los patricios, ni la nobleza ni la burguesía los que cambiaron sus privilegios.

Por ello todo lo que está ocurriendo en Cataluña me crea sospecha. No puedo estar en contra del fondo, pero sí de las formas. Independencia, soberanía, democracia, son palabras que empiezan a mostrar un ápice más de la decadencia de nuestra sociedad. Por eso digo que no estoy en contra del fondo. Cuando una sociedad –o cualquier cosa- está podrida, lo mejor es que sigamos picando en sus cimientos para derrumbarla. Y que esto no suene como algo catastrofista. Derrumbar un edificio antiguo de forma controlada para que no perjudique aún más al resto es algo positivo. Lo derrumbamos, quitamos los escombros y construimos algo nuevo tras limpiar el solar. Pero no es precisamente lo que pretenden en Cataluña. Los políticos oportunistas y manipuladores de emociones aprovechan el momento para separar su edificio del resto y apuntalar, como sea, la posibilidad de mayores beneficios para ellos y los suyos. De ahí mi desconfianza. No es un proyecto de unidad para el bien común, es una manipulación emocional y política con oscuros propósitos.

El problema surge cuando queremos construir algo nuevo reutilizando la podredumbre, el fango sobrante, las paredes carcomidas y las estructuras roídas del viejo edificio. Eso es lo que pretenden en Cataluña. Construir un estado nuevo con las bases de un estado viejo. Y dicho así, todo suena a neofeudalismo, a una democracia ornamental donde lo importante es que la nueva casta de poderosos protejan lo que por “conquista” han conseguido. Los nuevos patricios, los nuevos señores feudales, la nueva aristocracia parlamentaria y “democrática” no pueden hacer otra cosa que la de proteger sus privilegios. Siempre lo han hecho, y es comprensible. La mayoría, una vez descontados místicos y ascetas, pagaríamos por estar ahí, en el privilegio.

La historia de nuestras sociedades y nuestras culturas es bien compleja. Demuestran que en muchos aspectos no hemos avanzado nada como humanidad. Tenemos grandes valores y exquisitos pensamientos ilustres desde la más remota edad antigua, pero ninguno de ellos ha podido añadir ni un ápice de cordura en la conducta humana. Es cierto que en algunos países y en algunas partes del mundo las cosas han cambiado algo. La educación, la sanidad, la tecnología, las formas de organizar nuestros cometidos vitales. Es cierto que tenemos motivos para estar felices y contentos, pero si nos fijamos atentamente en la historia humana, vemos como volvemos una y otra vez en ese desesperante círculo del eterno retorno.

El sistema feudal se basaba en la debilidad de un poder central que pudiera poner orden entre las ansias de poder de unos y otros. La pirámide feudal favorecía las ambiciones de los pequeños aristócratas con ansias de poder y dominio. En aquella época tenía quizás su propio sentido, ya que era la única forma de poder defenderse de unos y de otros ante la imparable invasión de pueblos contra pueblos.

La reflexión profunda viene cuando en pleno siglo XXI pretendemos formalizar un régimen feudal en un mundo tecnológicamente sin fronteras, en una dimensión socialmente libre donde la invasión y la conquista no proviene de un pueblo enemigo sino de la incapacidad de adaptación a los nuevos tiempos, o de la más supina de las ignorancias. Cualquier estadista mínimamente formado, sería capaz de ver la incongruencia entre ese movimiento neofeudal y las necesidades de la sociedad actual, una sociedad cada vez más libre y emancipada de los poderes y sus arquetípicas instituciones.

La soberanía de un pueblo o de una persona es un derecho inalienable. Por eso decía que estaba de acuerdo en el fondo de la cuestión. Pero las formas, medievales y sin mayor fundamento que la búsqueda de un enemigo inexistente –España-, carecen de credibilidad. No se puede arrastrar a un pueblo a ninguna deriva solo porque en un momento de extrema crisis –ya con seis millones de parados- surja un sentimiento de rabia y frustración hacia todo. Aprovechar esa debilidad psíquica, dirigir esa frustración y reconducirla hacia un fin político es obrar de muy mala fe. Por eso no puedo estar a favor de las formas y de ahí la reflexión. Cataluña no necesita un estado libre, necesita ciudadanos libres y emancipados de estados, territorios, banderas y privilegiados.

Vivir flotando


elefante

Ayer más de mil kilómetros de viaje submarino. Ida y vuelta desde las entrañas del Centro a las profundidades del Mediodía, desde el Sistema Central al Sistema Bético. Me desplacé ligero y volví ligero, cargado de paz, cargado de optimismo. Tanta era la energía que apenas dormí cinco o seis horas. A las siete estaba dando los buenos días al mundo taciturno, inclusive a ese otro mundo que discurre en la otra orilla.

Tras contestar unos precipitados mensajes, salí a la grisácea ciudad, tan cargada de frío, con sus calles rebosantes de sal por las heladas. Nada más salir estaba la secretaría de la autoescuela de la esquina intentando colocar un letrero. Le ayudé y le sonreí agradecido por la oportunidad de poder ayudarla. Fue un buen empezar.

Me dejé llevar por la Gran Vía que algún día algún sabio gobernante hará peatonal dejando el imperio del coche soterrado en las profundidades y resaltando así el sublime paseo por su ancha avenida tan cargada de mito y guardianes. Llegué hasta el ayuntamiento para hacer unas gestiones y de allí al final de la calle Mayor, disfrutando de esa otra Madrid alejada de los ruidos y el deambular.

Sin saber porqué, flotaba a dos palmos del suelo mientras de nuevo me dirigía desde la calle Mayor hasta la calle Alcalá. Allí me crucé con Lucía Etxebarria y haciéndome el loco la molesté preguntándole por donde quedaba la Plaza del Sol. Se la veía aún dormida pero me contestó con amabilidad, extrañada por no haberle preguntado la que supongo frase lapidaria: “¿tú no eres Lucia?”. No quise molestarla con esa torpeza y la dejé marchar en su anonimato invisible agradeciéndole su explicación.

Por la tarde había quedado a las cinco en el café Ruiz, en Malasaña, con una persona que había leído mi libro sobre las comunidades utópicas y quería comentarlo. Llegué, creo que por primera vez en mi vida, veinte minutos tarde a la cita. Lo hice volando, pero taciturno. De seguir así, pensaba, alguien me tendrá que amarrar al suelo. El encuentro fue radiante y hermoso. Da gusto conocer a gente bonita, a gente que derrama luz allá donde va, personas especiales y encantadoras a las que da gusto conocer y poder compartir un trozo de vida, aunque sea un trueque mínimo. Me sentí agradecido. Al menos ese librito había servido para crear sinergias y encuentros con seres finos y luminosos. No podía verlo de otra forma. No puedo ver más que la belleza en el otro, la pureza, el resplandor de sus vidas y la grandeza de su existencia. Y ella, pionera en muchas cosas, merecía ser abrazada desde el más absoluto agradecimiento.

Al salir del café, tras el té de canela y la paz de sentirme liviano, seguí caminando como lo hacía María Luisa en el poema de Oliverio Girondo: «¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres… ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores!”

Sí volaba, y volando le escribía a una vieja amiga: “no te juzgues por tus fallos… abrázalos con el mismo amor que haces con tus éxitos… al fin y al cabo, de eso nos componemos, de luz y oscuridad… Pero más allá de eso estamos nosotros brillando en nuestra quietud y nuestro propósito interior… Cuando buscamos esa llama, esa luz… perdemos por el camino muchas, muchas, muchas cosas… pero ganamos una cosa irrenunciable, nos ganamos a nosotros mismos, nuestra libertad y nuestra vida… Eso no tiene precio… Todos tenemos días malos, meses malos, años peores… No importa, lo importante es nuestra actitud ante esos retos… y la transformación inevitable ante los mismos”…

Así pasé el día, volando, como si la ingravidez me llevara de un lado a otro y el mundo se hubiera vuelto un trozo de mantequilla por el que flotaba y resbalaba sin caerme, como me ocurrió en la calle Alcalá y en la calle Mayor, que por dos veces, a pesar de la sal, creí caer al suelo, pero una mano invisible me elevó aún dos palmos más lejos. Y la culpa de todo un susurro, o quizás la invisible presencia del halo mágico. Ya nada importa, más que vivir flotando.

Desde la otra selva


mariposas

Estimada A.

qué bonitos regalos te llevaste al bosque… Espero que lo disfrutes en esas tus horas africanas que imagino mágicas y cargadas de vida.

No sabes la emoción que siento tan solo con imaginarte, a cual arquetipo o amazona allá perdida en selvas y sabanas, en bosques encantados, a cual guardiana del silencio y el susurro.

Es una sensación hermosa y emocionante, como si la aventura, o la llamada inevitable atravesara mis poros de explorador errante.

Estoy pasando unos días tranquilos, cargado de paz y armonía, a sabiendas de que todo está bien y de que poco o nada podemos hacer para cambiar el concierto y el orden universal, excepto esa premisa que nos llama para «hacer nuestra parte»…  Tú como guardiana de bosques y yo como arquitecto de palabras, constructor de puentes hacia el alma y hacia lo que haga falta con tal de unir mundos.

Hay cierta magia en estos días difícil de describir. Es como si los sueños, o los anhelos, se entremezclaran con la realidad. Esta mañana daba un paseo por Madrid, en un día maravillosamente gris y cargado de cristalina y fina lluvia y me sentía como flotando en otra realidad, en ese destino incierto que se experimenta cuando te sientes vivo.

Por suerte los apegos del pasado se van desinflando, dejando con ello paso a la oportunidad del eterno ahora, del instante presente, dando oportunidad para que lo nuevo se manifieste. Ya no tengo prisa por nada, ni sensación de tristeza ni sensación de abandono ni de pesadez… Es como si realmente el mundo hubiera terminado tal y como predijeron los mayas y ahora viviera en una realidad mágica y diferente, donde el tiempo ya no es tiempo y donde los continentes se estiran hasta el infinito posible.

Aquí no hay escorpiones ni serpientes como en tu selva… Intentamos no tropezar con otro tipo de alimañas, pero sin miedo, simplemente con esa preocupación sensata que nos dice que mejor solos que mal acompañados, o que nos hace selectivos a la hora de buscar compañía. Porque para qué sufrir más sin necesidad. Ya solo nos queda, si es que aún nos queda algo, la posibilidad de amar y ser amados. O la posibilidad, ante el sunami de los acontecimientos, de agarrarnos con fuerza a alguna noble tabla de náufrago. En esas andamos, y la mía, te aseguro que es bella, muy bella. De ancho mar y amplios horizontes. Sin ninguna pretensión más que la de dejarme llevar por su deriva. Una deriva hermosa, y hasta diría, necesaria.

un abrazo sentido desde la otra selva…

Pd.- Por cierto, excelente el trabajo de J… impresionante profesional de los pies a la cabeza… A ver si tenemos suerte y los astros nos sonríen a los tres…

Nos equivocamos


De pequeños siempre nos frenaban si íbamos demasiado rápido o nos empujaban si éramos lentos. Luego en el colegio nos llamaban vagos si sacábamos un cero o insuficientes si no llegábamos al tres. En el instituto, tenias que sacar un cinco o te convertías en el estigmatizado repetidor. En la universidad solo eras algo si llegabas al notable y luego te pedían la excelencia en el master o el cum lauden en la tesis doctoral.
Luego en la vida social sólo gozabas de éxito si tenias un buen puesto de trabajo que te permitiera conquistar a la mejor pareja, comprar la mejor casa y tener el mejor coche.
Y luego no eras nada si no comprabas una segunda residencia y tu hijo estudiaba un año académico en Londres o Canada.
Ahora, pasado nuestro tiempo nos damos cuenta de que algo hicimos mal. De que se equivocaron con nosotros al no respetar nuestros ritmos de niños y nuestros anhelos de jóvenes y de que nosotros caímos en la misma trampa.
Despreciamos la palabra libertad podando nuestra vida con las tijeras del qué dirán y amputando nuestros deseos profundos con la esencia de la normalidad.
Nos inyectaron la norma y la competitividad y nos convirtieron en egoístas marionetas de un perverso y oscuro sistema.
Pero llega el tiempo del optimismo, del cambio de paradigma y del aniquilamiento de las viejas y caducas estructuras. Llega el momento de la rebelión metafísica, de la conspiración silenciosa y de la autoconfirmación de nuestros anhelos. Ya nada ni nadie podrá domarnos. Nada ni nadie podrá guiar nuestro destino. Llegó el momento. Llegó nuestro momento.

Surcos en el mar


Los habitantes del agua crean surcos en las olas del mar. Navegan labrando sus profundidades y espaciando semillas de almas brillantes con deseos de crecer hacia todas las orillas. Crean proezas y esperanza.
Estas letras son sonetos que intentan colarse entre las noticias de guerra en Mali, la podredumbre de una generación corrupta no solo política, también social, de los egoísmos periféricos… Violencia por todas partes, y ante ella, sonetos, poesía y surcos en la mar…

Lo que nos transforma


A las siete sonaba el despertador y pocos minutos después andaba de nuevo en la carretera donde hoy al mediodía haré entrega en Granada de un lote de libros.
Mientras veo amanecer entre molinos y campos de Castilla La Mancha me viene a la memoria la hermosa charla de Agustin y Ramiro. Especialmente cuando Ramiro insistía, y quizás por eso también lo haga yo, que en la vida solo es valido aquello que nos transforma.
Los sinceros buscadores muchas veces se pierden en conjeturas y dilaciones sin penetrar la verdadera transformación. Y esta enseñanza del conocernos a nosotros mismos para así conocer a Dios solo puede ser valida cuando somos capaces de aplicarla en la vida diaria. En lo sublime de la vida diaria, en los pequeños gestos de lo cotidiano.
Lo que verdaderamente nos engrandece y transforma como seres humanos es nuestra capacidad para ser amables con nuestro entorno, para llevar a cada rincón un trozo de luz y alegría allí donde mas falta haga.
Esa debería ser nuestra mayor expectativa vital. El ofrecer lo mejor de nosotros mismos en el trabajo, en la familia, en la comunidad, con el prójimo y la prójima. Compartir y ayudar de forma inteligente a aquellos que lo necesiten. Y quiero subrayar la palabra «inteligente» para que la ayuda no se convierta en un obstáculo para nosotros y para quien la recibe.
Estas cosas me vienen a la cabeza y al corazón mientras viajo al sur, al antiguo y deseado reino de Granada.

La derrota frente a lo sublime


isla

«Es solo mío el país de mi alma, entro en él sin pasaporte«. Marc Chagall

Hoy le pedía a alguien que me llevara a su isla desierta, que me atrapara en lo sublime de su alma, en la grandeza de su invisibilidad, qué me llevara a un lugar fantástico donde el amor creciera sin restricciones. Y me quedaba absorto porque podía ver la isla allá lejos y podía saber que ella me comprendía a pesar de lo imposible, a pesar de la magia inalcanzable, como esa agua que se escurre cuando intentas atraparla entre las manos.

Quizás algún día eso ocurra en la vida real. Alguien capaz de llevarnos de la mano a esa isla enseñándonos el poder y la fuerza de la vida, como aquel lugar del que alguna vez hablé y llamé la tierra pura. Quizás no sea tan difícil y solo tengamos que cerrar los ojos y respirar. Respirar hacia dentro pero también hacia fuera. Respirar al amigo lejano, volar hacia la amiga lejana y respirarla profundamente hasta que se materialice.

Había algo hermoso en ese sueño, compartiendo abrazaditos en la distancia, con las sábanas recién puestas, el olor a apio venezolano que llegaba hasta aquí y la magia de lo real atravesando cada poro de nuestras almas… Sólo era un sueño pero reconfortaba en la soledad, me hacía libre y feliz, me conmovía en la dicha de pensar que lo sublime podía ser maravillosamente real si lo sentíamos, si nos transformaba.

Debo admitir, aunque ahora solo pueda hablar en susurro, que en lo sublime hay cierta derrota. Cuando alguien nos parece sublime y extraordinario nos entregamos, nos derrotamos ante él. Y en estos días me siento entregado a esa magia, sin juzgarla, sin llevarla a la silla de los acusados, sin encansillarla ni amañarla ni maniatarla. Dejando que se manifieste de forma libre y que nos lleve hasta donde tenga que llevarnos.

El amigo MJ, hablando con cariño y admiración de una buena amiga, me decía que ella siempre se despedía de sus hijos por las noches diciéndoles: recordad que sois buenos, importantes y valiosos. La magia con la que contaba esa entrañable anécdota y la fuerza de esas palabras dulces a unos seres queridos me hacía soñar con esa isla. Una isla sublime donde poder entregar el alma y la vida entera.

Una sonrisa en el ojo de la mente


IMAG1357Otro día diferente y extraño. Diferente porque vino MJ a pasar unos días en el zulito. Comimos unos espagueti y nos fuimos a la charla que Ramiro Calle y Agustín Paniker dieron en Ecocentro sobre Sadhana: la vida como aprendizaje y autodesarrollo. Lo cierto es que cuando escuchas a personas tan sabias y correctas como Agustín y Ramiro se te queda una cara entre asombro y cosa difícil de explicar. No podía parar de atender y ver cuanto amor, cuanta dulzura y cuanto genio salía de las mentes y los corazones de ambos. Era como escuchar una melodía dulce y hermosa, un canto de sirenas o una especie de conjuro estelar que emanaba de sus almas. Gente bonita, gente especial, gente que merece la pena conocer y escuchar.

Como hoy decía una querida amiga citando a Lawrence Durrell, ya no se trata de convencer a nadie sobre nada. Simplemente nos debemos limitar a ofrecer al otro «una sonrisa en el ojo de la mente».  Ese tipo de sonrisas son las que desarrollan nuestra verdadera compasión hacia todo y hacia todos. Sin juzgar a nadie, sin emitir juicios sobre nada. Respetando la vida de cada uno y abrazando la diferencia con amor y comprensión. Por eso resulta fácil ser amigos de unos y de otros, de poder salir de copas con un empresario ganadero aunque él se tome un rioja y yo un colacao y él pida un trozo de carne y yo practique el ahimsa. Somos todos tan diferentes que lo mejor que podemos hacer es precisamente eso, respetarnos y amarnos los unos a los otros, buscando siempre en nuestras miradas cierta complicidad y apoyo.

Decía que había sido un día diferente y extraño. Lo de extraño es porque echaba de menos algunas cosas. No sabría explicarlo sin un exceso de enredos y vocablos. Digamos que echaba de menos algo invisible, indescriptible, cómplice, cuasi virtual sino fuera por un resquicio de poder oculto ensamblado entre una profunda respiración y una experiencia místico-esotérica entrañable y cuasi real. Y digo cuasi virtual y cuasi real porque hay una franja de vida que nunca sabes delimitar del todo sino fuera porque a veces nos pellizcamos y creemos que lo que sentimos es real mientras que otras sentimos cosas de forma extraordinaria sin saber delimitar de donde surge esa emoción, ese encantamiento, ese poder de transformación. En el fondo todo tiene que ver con esa «sonrisa en el ojo de la mente», una especie de mundo mágico donde todo es posible.

Ramiro lo explicaba muy bien. No importan nuestras creencias, nuestras experiencias o nuestros métodos. Lo que importa es que esas creencias, experiencias o métodos sean capaces de transformarnos. Eso precisamente ha conseguido esa sensación extraña de añoranza: ha sido capaz de transformarme, así que no solo la admito como válida y real, sino que la abrazo con cariño y confianza, esa confianza que a veces nos lleva por caminos inescrutables.

(Foto: Esta noche en Malasaña. Mientras MJ intentaba ligar con unas hermosas argentinas yo miraba fijamente mi colacao sintiendo una extraña añoranza).

Portada Segunda Edición de Creando Utopías


Creando Utopías

¿Qué os parece esta portada? Si pincháis en ella se podrá ver más grande… 🙂 Se agradecen comentarios y sugerencias… Gracias de corazón…

 

Entre lo ordinario y lo extraordinario


ZulitoHe salido al chino a comprar un poco de leche de soja y galletas, ya que mañana tengo invitado y no quiero que se vaya de aquí sin al menos haber degustado uno de mis platos favoritos. Había un ambiente increíble en la calle. La gente paseando, los novios enamorados mirándose coquetos a los ojos, los amigos de risas, las amigas perfilándose para estar guapas… Hasta la china que me ha vendido las galletas lucía una increíble y entrañable sonrisa.

A mí me tocaba trabajar un poco más porque si bien los meses de enero suelen ser bastante tranquilos, no sé que ha pasado este año que lo hemos empezado con mucho, mucho, mucho trabajo. Es bueno porque nos permitirá ingresar algo de dinero extra que no teníamos previsto, así que bienvenido sea el trabajo. Además tengo que hacer triple jornada pues en el mes de marzo, parece que está confirmado el viaje de Kili-Kili & Kolo-Kolo a El Salvador y a la vuelta estaré diez días de retiro vipassana en un asrham de Ávila. Supongo que esas serán mis vacaciones de este año, que como siempre intentamos que sean solidarias. Así que se presenta un mes de marzo muy agitado, pero seguro que tiene algún porqué. La primavera estará cerca, habrán pasado ya los seis meses de abstinencia obligada desde la última ruptura emocional y empezarán las puertas a abrirse a lo grande. Al menos por mi parte estaré receptivo y estimulado para lo que tenga que venir, si es que tiene que llegar algo. Antes no, pero ahora sí que estoy convencido de que es mejor poder compartir vida con una pareja y a poder ser con una familia. En el plano profesional y existencial ya me siento plenamente satisfecho y autorrealizado. No sin embargo en ese otro plano el cual no termino de encajar.

Sea como sea, esta soledad eremítica de retiro en el zulito me está sentando muy bien. Aquí hay mucho silencio, no hay un exceso de estímulos exteriores cosa que permite cierta concentración en la vida ordinaria y cierto orden en la vida extraordinaria. El aire de este lugar ya se está contagiando de cierta atmósfera agradable y eso posibilita que todos los centros se activen de forma hermosa y armónica.

Hoy ha sido una tarde bonita de trabajo. Digo bonita porque he podido compartir con una amiga la creación de la portada de la segunda edición de “Creando Utopías”. Ella me ha facilitado una fotografía de su cosecha extraordinaria y juntos hemos organizado la información de la portada hasta lograr un resultado exquisito. Todo eso con el atlántico de por medio y más de siete mil kilómetros de distancia. La magia de internet. En la foto que acompaño se puede apreciar algo de la portada. Estoy convencido de que os gustará el resultado. Así que sigo trabajando hasta bien entrada la medianoche… Mientras, vosotros, mirad a vuestras parejas coquetos y enamorados, ir a dar un paseo al cine y quedad con los amigos para dar un alegre paseo. Es viernes y ahí fuera hay mucha vida. La interior, siempre podrá esperar.

La intención: nuestra melodía interior


la intención

Esta mañana me ponía el suéter rojo que compré hace dos veranos en Helsinki. Por la noche, siguiendo los consejos de una buena alma, me di una ducha de agua hirviendo pues con la carga de cajas y la lluvia había cogido algo de temperatura, que sumada a los mareos continuos que tengo desde que ando en el zulito, daban un paisaje algo desolador. Pero amanecí bien y pude llegar a primera hora hasta Arganda del Rey y descargar allí cuatrocientos libros que no sé si alguna vez cobraremos.

A las diez habíamos quedado en el hotel Princesa de Éboli para asistir a una muy buena charla de Jesús, un amigo de la Fundación Ananta. Poco a poco y durante cuatro horas iba desgajando de forma suave cosas hermosas que servían para la reflexión.

Hablaba de la importancia de conectar con las cosas, con todas las cosas, hasta que saliera de nosotros una leve sonrisa. Ese gesto era la señal inequívoca de que habíamos conectado con la emoción correcta. Las cosas que nos enfadan, las personas que nos sacan de quicio, solo son pruebas en el camino para ver si realmente hemos conectado con nosotros mismos, con nuestro centro. Y nuestra mente pone atención en todas esas cosas, pero es nuestro corazón el que pone la intención, el deseo verdadero de acercarnos al mundo con algún sentido.

A todos nos gustó la explicación sobre las conclusiones que Patrick Drout y Annie Marquier habían llegado sobre el corazón, un músculo que aparentemente bombea sangre por todo nuestro cuerpo pero que, además, posee ciertas neuronas que dotan al ser humano de una capacidad intencional e intuitiva.

La intención es la melodía interior, y el corazón es el órgano que la produce. De pequeños nos educaron a perfeccionar nuestra mente, a desarrollarla y aplicar técnicas para poder ejercitar su potencial. Pero nadie nos explicó como hacer lo mismo con el corazón, con la intuición, como desarrollar ese mundo que deseamos para nosotros y los nuestros. ¿Qué mundo queremos crear? ¿Qué mundo sentimos en nuestro interior y cual de ellos es el que visualizamos? ¿Somos impecables en nuestra conducta, en nuestras palabras, en nuestra intención? ¿Somos capaces de tomar consciencia de nuestra intención, que no es más que aquello que realmente reflejamos y compartimos con el mundo?

Puso un ejemplo claro diferenciando entre ética absoluta y ética relativa. Todo el mundo tiene claro que está mal que existan niños que se mueran todos los días de hambre. Eso es ética absoluta. Pero, ¿cuántos de nuestros recursos movilizamos para que no ocurra? ¿Cuánto estaríamos dispuestos a dar para evitar una hambruna? ¿Cuánto damos realmente todos los meses para que eso no ocurra? Eso lo llamaba ética relativa.

Luego en la comida surgieron muchas más reflexiones en torno a lo ético, y en torno a nuestro papel individual y colectivo con respecto a lo que debemos y no debemos hacer en todo esto que está pasando. Desde un punto de vista absoluto, lo tenemos claro. Pero luego la relatividad se impone, y cada cual hace lo que le viene en gana. La prueba está en que partidos corruptos y caducos siguen ganando sistemáticamente las elecciones sin alternativa posible, por poner uno de los ejemplos expuestos en la mesa. ¿Qué debemos hacer? ¿Cuál es nuestra verdadera intención interior, nuestro propósito, nuestra misión como ciudadanos libres? Bonita mañana de compartir y de aprendizaje y de recordar muchas cosas… Y cómo Jesús lo hace de forma altruista para ayudar a la fundación, pues aquí traigo, también de forma gratuita, algunas de sus palabras. Pues como decía él mismo, la mejor forma de ser feliz es ayudando a los demás, compartiendo con los demás. Eso te hace ver lo generosa que luego es la gente. Totalmente de acuerdo, así que gracias por vuestra generosidad por haber llegado a la lectura total de este trozo de vida.

Cuando los ángeles suspiran


image«E que a minha loucura seja perdoada. Porque metade de mim é amor. E a outra metade também». Metade (fragmento)
Oswaldo Montenegro 

 

Hoy ha sido un día agotador. De llevar cajas para un lado y para otro, de sentir la lluvia golpear el cabello y la piel, de visitar y comer con gente bonita, de acariciar con la mirada el rostro de un hombre que pedía unas monedas, de correr pensando que el mundo iba a terminar hoy, precisamente hoy que todo parecía empezar de nuevo.

Y entre todo ese ajetreo, el recuerdo de la noche en que podía arropar la luz, y recordar el destello de la conspiración sentida, del respirar juntos, de poder casi tocar cada uno de sus poros y sus grietas. Fue todo tan extraño y tan real, tan luminoso y tan increíblemente bello. Alguien decía que hay cosas más allá del amor que no se pueden explicar con meras palabras. Hay que sentirlas, experimentarlas de forma abierta, sin temor, sin presión, pero con esa pasión que nos aproxima a los extremos sublimes de la vorágine expansiva.

Y la soledad es propensa para conspirar en silencio. Para cerrar los ojos y viajar hasta esa persona amable que espera en alguna parte. Sentarse a su frente y observar como respira hasta que su respiración se hace una con la nuestra. Y en ese susurro rítmico, las almas se van uniendo más y más hasta que llega un momento que no son dos, sino una. Y entonces el cuerpo explota en mil cristales de sensaciones y la luz más profunda atraviesa cada aledaño de instante. Y el corazón se acelera y el pulso tiembla y el mundo se desmaya junto al abrazo interminable.

¿Cómo describir la unión de dos almas, de dos seres que no se han visto más que en esa dimensión divina?

Los ángeles nos sueñan en sus susurros. Y entonces somos capaces de volar apretando las luminarias en nuestros pechos. La candidez de sus suspiros nos llevan hasta remotas alturas, donde el “yo” desaparece, donde todo parece fruto de un sueño imposible. Cuando los ángeles suspiran nosotros conspiramos. Y conspirar es respirar juntos, como ayer hicimos, hasta alcanzar el cielo.

(Fotografía de MB, que supo conspirar al otro lado del mar en un bonito reencuentro de almas encendidas).

Un antropólogo en la Corte del Rey


Javier León Congreso de los Diputados
Javier León Congreso de los Diputados

“Quiero arrancar la máscara de los astros y el tiempo, desentrañar el fuego de la común hoguera de la vida y la muerte, y poseer la esencia, lo absoluto, lo eterno”. Clara Janés

Ayer pasé toda la noche leyendo un estupendo guión de una amiga atlante, una historia increíble sobre las vidas que pasan entre pateras buscando la promesa de un nuevo mundo, un guión que me llevó por las américas, por África y el sur de Europa. En todo el relato aparecía la música de Miriam Makeba, así que esta mañana bien temprano me desperté bailando con los ritmos del Pata-Pata. La música africana era apropiada para un día como hoy.

Decía José Bergamín, el fundador de la primera Editorial Séneca, que la vejez es como una máscara, si te la quitas, descubres el rostro infantil del alma. Una amiga opinaba insistentemente, a veces hasta con rabia, que andaba viviendo la vida de un personaje y que había construido toda mi experiencia vital alrededor del mismo. Esa observación me sorprendía porque si bien estoy acostumbrado a tratar con todo tipo de personajes, siempre me interesó mucho más la increíble vida interior de las personas que todos los demás sonetos y artilugios de su vida exterior. Realmente el personaje que construimos alrededor de nuestra esencia no es más que el caparazón que nos protege de nuestras debilidades y de los patógenos externos. Y la única forma de descubrir lo humano que hay dentro de nosotros es con tiempo y rigor, con paciencia, muchas dosis de cariño y amor hasta llegar a eso que vagamente llamamos alma. Cosas que escasean hoy en día y por lo tanto, para muchos, resulta más interesante o cómodo quedarse con el personaje, y no con la persona. Hay personas que nunca pasan la “prueba del personaje”, o lo que es lo mismo, a los guardianes del umbral, y se pierde por ello en las lagunas de la superficialidad y el maya.

Como antropólogo, pero sobre todo, como persona, nunca he podido rechazar a unos o a otros por sus creencias o mitos personales ni por sus máscaras o personajes, sino más bien, he visto en la diversidad de este inmenso carnaval una fuente profunda de experiencias y conocimiento. Hablar con ángeles o con el mismísimo demonio si hace falta no sólo te hace ver la vida desde una óptica más amplia, sino que te enriquece en todos los sentidos. Y eso a veces requiere ponerse el mono de trabajo y tener paciencia, mucha paciencia, y amor disciplinado.

La antropología sabe algo de eso pues ya los primeros etnógrafos que exploraron  África y Oceanía tuvieron que hacer grandes esfuerzos para desenmascarase a sí mismos y desenmascarar a las culturas que investigaban. El estudio de la diversidad cultural de nuestro planeta pasa por eso mismo: desenmascarar nuestros arquetipos y nuestros velos culturales y sociales con el rigor de la experiencia de campo. Años y años de investigación tenaz te aproximan inexorablemente a lugares y personas increíbles.

Y hoy era un día perfecto para la prospección antropológica. A las doce en punto me quité los tejanos que utilizo para camuflarme en Malasaña y me puse los pantalones de pinzas y la camisa planchada (el resto está aún arrugada), es decir, la ropa de trabajo, para ir al tajo. La americana marrón de bohemio escritor intentaba disimular el brillo de los zapatos de charol que frecuentaba en la jungla del barrio de Salamanca. Debajo de la camisa llevaba una de esas camisetas a cinco euros que estiraba con disimulo hacia abajo para que sobresalieran los pelillos del pecho y disimulara los descosidos de la misma. Qué le vamos a hacer, la dura vida de antropólogo que necesita de este tipo de utillajes de faena imprescindibles para poder hablar con unos y con otros, para poder entrar a palacios o cloacas si es necesario y sin sacar conclusiones o prejuicios precipitados.

Joan Tardà es un viejo amigo que tuvo que soportar a este adolescente insolente durante los años de instituto. Vecino y profesor, los años han hecho que el cariño de aquellos días haya estado por encima de nuestras diferencias ideológicas. Un día me regaló entre bastidores el libro de Orwell, 1984, y desde entonces nació cierta complicidad. Así que cuando hoy nos hemos visto en el Congreso de los Diputados, lo primero que ha brotado de nuestro interior ha sido un sentido abrazo. Como siempre he sido un provocador, le he hecho entrega de un jugoso regalo que ha pasado con cierto disimulo los estrictos controles del Parlamento: libros del anarquista Kropotkin, del 15M, el de la tesis sobre apoyo mutuo y cooperación y otro de Gene Sharp editados por nosotros. Simbólicamente era como meter en el parlamento al 15M, al socialismo utópico y al anarquismo más puro en las entrañas de Leviatán,  haciéndole entrega de ese ideario a un diputado del mismo. Sentía cierta emoción tras haber estado recibiendo durante largas madrugadas palos por todas partes en las anteriores protestas frente al Parlamento. Así que por cada palo, un libro. Buen trueque.

Tras la visita obligada por las estancias del Parlamento, la foto de rigor en el púlpito y en la silla del presidente, disfrutando de la increíble biblioteca, de los túneles que unen unos edificios con otros y de las estancias que siempre vemos exageradamente grandes en la tele pero que luego, en la realidad, resultan más pequeñitas (la grandeza de la virtualidad en contraste con lo llano de la realidad) hemos pasado dos horas de intensa comida y sobremesa, recordando a la “gent del barri” y anécdotas de nuestras vidas pasadas. Era divertido tener una larga conversación en catalán en lo más castizo de Madrid mientras en las diferentes estancias y subterráneos de ese lugar cargado de historia y de historias nos cruzábamos con unos y otros personajes de la vida política. Surrealista que dos republicanos convencidos pasearan por la corte del Rey. Interiormente daba un «nosequé» por dentro, hasta el punto de que al regresar al zulito me he pasado más de media hora en el lavabo.

Por supuesto no hemos tenido que representar ningún personaje porque ambos nos conocemos de sobra desde hace muchos años, así que cuando he llegado de nuevo al zulito, me he quitado el mono de trabajo, me he puesto los pantalones de franela que mi ex se dejó olvidados en mi último armario y he vuelto a escuchar el Pata-Pata de Miriam Makeba.  Mientras lo hago, recuerdo con cariño a la persona, que más allá del personaje, es un hombre bueno y mejor humano. Así que gracias Joan por el paseo, el rato agradable y la experiencia etnográfica. Habrá más abrazos sentidos…

Las trampas del Ego


Estimado K,

Es cierto lo que dices… Es cierto al menos en la travesía del Desierto de la que ya hemos hablado, o de la «noche oscura del alma», de la que también hablamos.
Hay que tener cuidado con las trampas del ego. Por ejemplo, cuando se afirma: «llega un momento que no hay maestro»…
¿Cómo no va a ver maestro si hasta los soles aprenden de las estrellas? ¿Y acaso no nos enseña nada el viento y su susurro? ¿Y qué me dices de la cascada y su río?
¿Y no habrá personas que habrán avanzado algo más en el camino tendrán algo que mostrarnos? ¿Y no será acaso nuestra obligación arrojar algo de luz sobre aquellos que aún caminan en la más absoluta ceguera? ¿No seremos nosotros, pasados los eones, maestros de cucarachas y pequeños saltamontes?
El mejor arquetipo de esto lo tenemos en la danza sufí, con una mano mirando al cielo para recibir y otra hacia la tierra para dar…
No debemos esperar ningún maestro cargado de sabiduría esperando sentado en algún lejano asrham. Ahí tenemos a nuestros padres y a nuestros hijos y a nuestros hermanos que podrán enseñarnos en el sendero de la prudencia, de la verdad, de la justicia, de la virtud, de la paciencia, del desapego… Y ahí tenemos a la vida que nos enseña humilde y nostálgica al vernos crecer. Todos somos maestros de algo, y aprendices de casi todo…

un abrazo hermanito…

Pd. Al inmenso Océano le importa un pimiento si nos emborrachamos o no, si fumamos o no…
Es a nosotros a quien nos debe importar, porque formamos parte indivisible del mismo.
Y es a nuestra consciencia a quién debe importarle el mantener el Océano en su más profundo Propósito.
La luz que entra dentro de nosotros será equivalente a la pureza de nuestro cristal interior.
Cuanto más puros seamos, más luz… Y ya sabes lo que reclamamos siempre: ¡luz, más luz!

Palabras-caricia


caricias

Estimada L.,

qué hermoso escrito y qué hermosas palabras-caricia.
Cómo bien dices, el afecto sigue intacto, sin saber a ciencia cierta de donde salió ni porqué, pero es cierto que por algún motivo desconocido, hay personas que siempre permanecen dentro, aunque tan sólo las hayas visto una vez en la vida. Hay personas que marcan incluso tanto que nunca sabes si tú eres completamente tú o la suma de de ambos. Y eso tiene su belleza, pues con el tiempo descubres que realmente nuestro pequeño «yo» no es más que la suma de todas esas personas que alguna vez han estado o están en nuestras vidas. Ese pensamiento es maravilloso, porque no podemos entender el «yo» sin el «nosotros», y más allá de eso, no podemos entender el «yo» y el «nosotros» sin la ausencia de ambos. Es decir, en el fondo, somos parte de algo mucho mayor al que retornamos como gotas de rocío en una primavera silvestre. Somos susurros que brotan de la tierra y se esparcen por el aire hasta alcanzar el cielo, como decía aquel poeta.

La página la gestiono yo mismo. No tiene un exceso de trabajo porque ya sabes que me apasiona escribir, y lo que más me apasiona, pues lo comparto. En el fondo eso es la vida, un continuo compartir, y cuanto antes lo entendamos, antes fluiremos con su río incesante. Por cierto, me honra saber que en tus clases dejabas caer algún pensamiento de este menda. Eso me recuerda aquella charla que tuvimos hace tantos años, cuando yo apenas era un inocente adolescente cargado de curiosidad y me enseñaste la hermosura y la profundidad de la termodinámica. Lo que más me llamó la atención fue la forma tan entusiasta de describir el como habías llegado a Dios, al Universo, bajo la sombra de ese camino que llamamos ciencia. Ese entusiasmo tuyo fue mi mejor ejemplo para no desechar nada, porque todo tiene cabida en este universo y todo tiene algún tipo de significado para nosotros. Y el tercer principio de la termodinámica, como tú bien decías, sigue siendo un misterio para científicos y curiosos como yo. Al menos en lo que respecta al orden universal y macrocósmico, ese extraño orden que se manifiesta dentro de la aparente entropía. Un tema sin duda apasionante.

Lo de ser más o menos espiritual no tiene ningún mérito. Todos somos seres espirituales en nuestros diferentes grados y condiciones. Todos tenemos algo hermoso que aportar al mundo y eso es lo que hace que poco a poco el mundo se vaya espiritualizando. No se trata de grandes acordes, de sublimes y beatas reminiscencias, solo baste que cada uno de nosotros hagamos nuestra parte, ya sea cuidar un jardín o construir una casa o cuidar a un anciano. Todo aquello que hagamos con amor y paciencia, sea lo que sea, es espiritual. El hablarlo o expresarlo solo ayuda a tomar un poquito más de consciencia, pero nada más. Lo importante es que amemos lo que hacemos, y yo amo con cierto grado de locura todo lo que hago, hasta el punto que me cuesta desapegarme de las cosas que he amado con un grado mayor de intensidad.

Por ejemplo, las hermosas y excelentes y maravillosas mujeres que durante algún tiempo me acompañaron en el camino. Las amo tan profundamente que me cuesta horrores olvidarlas, y siempre, todos los días, reclamo para ellas un pensamiento hermoso y el mayor de los deseos. Supongo que eso será «amar en silencio», como una vez me dijo una amiga. Todas fueron maravillosas a pesar de que en algún momento del camino dejamos de entendernos. Todas enriquecieron mi vida y a todas les agradezco que ahora, como decía al principio, formen parte de este puzzle en el que me he convertido. Perdona la divagación, pero el invierno invita a cierto grado de añoranza y melancolía que se acrecienta en la noche oscura, propicia para la ternura del desnudo y el corazón abierto.

Entiendo todo lo que dices de la casa y los cambios. ¡Todo es tan provisional! Creemos tener una vida segura, un mundo totalmente amarrado, y de repente, un día, sin avisar, todo se derrumba. Y lo peor de todo es descubrir que nadie nos preparó para esas cosas. Que estás solo, absolutamente solo ante todo lo que se viene encima. Y cuando crees que todo ha pasado realmente, que lo peor ya pasó, que ya no hay más fondo ahí abajo, viene de nuevo la tempestad que termina de derrumbar los pocos cimientos que nos quedaban. Hay algo de tremendo en todo eso. Al menos hasta que viajas por el mundo y te das cuenta de tantas y tantas cosas…

Pero tener una casa es importante, al igual que lo es tener el abrazo diario de alguien que te quiere, de alguien que ha estado ahí siempre, en lo bueno y en lo malo, de esa familia tuya que yo tanto admiro y que ha sobrevivido a casi todo. Tú ejemplo me vale y me fortalece, y sobre todo, me llena de confianza y esperanza. Porque a pesar de todo, aún sueño con esa melancólica sensación de levantarte un día y poder abrazar a los tuyos. Eso, querida mía, lo vale todo. Los sueños, sueños son. Están bien para ir tirando, para hacer la vida más increíble y necesaria. Pero nada vale más que el pequeño e increíble gesto de un abrazo sentido.

El mismo que te mando desde aquí, con amor y cariño, y con el recuerdo de los años que pasan juntos, a pesar de la distancia… Aquí, en mi pequeño zulito, también tienes casa y amigo…
Un abrazo sentido…

Resplandece


Qué hermoso resplandor… así la melancolía se asemeja a esa tierra húmeda y cálida de un invierno cualquiera, la cual abraza y protege a las semillas que deberán nacer en primavera… creo que ahora me siento así… como una semilla arropada… añorando ya la primavera… Gracias Prójimapróxima7001,153

I’m a spirit trying to be human
I’m just a spirit trying to be human

Dios está entre ollas


mujer meciendo

«Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único«. Agatha Christie

Esta mañana he viajado a cercanos kilómetros de aquí para ver una casita con jardín que alquilaba una bellísima mujer. Como he llegado una hora antes, he paseado por los bosques de El Pardo y luego me he deslizado por Fuencarral hasta llegar a la carretera que conducía a la casita. Hacía mucho frío. Se podía ver la Sierra de Madrid toda nevada y con amenazantes nubes en sus puntas mientras que el sol daba de frente en los prados donde me encontraba. La casita estaba bien, pero no me imaginaba viviendo puerta con puerta con tan bella mujer. Conozco mis límites y sé que no sería capaz de concentrarme ni un solo minuto con tanta belleza entre prados, montañas y casera. Así que a mi vuelta, he visto este zulo oscuro y oculto con esas virtudes que solo son capaces de verse cuando se proyecta su imagen opuesta. Soy consciente de que este es un lugar de paso, así que solo habrá que esperar a encontrar “el lugar” adecuado. Y quizás, lo adecuado, para este tiempo, sea estar aquí. Mucha luz es igual que mucha oscuridad.

Le pregunté a Satyananda quién era una persona sabia y repuso: «El que sabe navegar en el océano de interior y en el exterior». Esto me decía R. nada más llegar de mi paseo, hablando sobre los peligros que nacen de todos aquellos que se aproximan inocentemente al mundo del espíritu, sin saber realmente el significado de esa dimensión que cuando es abandonada de la luz es, entre las sombras, la más oscura de ellas. En la conversación insistía en la necesidad de tener los pies en la tierra, sabiendo comprender en la unidad de todas las cosas que lo exterior es tan importante como lo interior y también viceversa.

Curiosamente este verano tenía una conversación muy parecida con la maga, en la que hablábamos sobre la necesidad de salir al mundo, porque si bien el mundo interior es necesario, hay que tener mucho cuidado con sus laberintos y sus sombras. R. lo decía aún de forma más categórica: Dios está entre las ollas. Me ha gustado mucho esa sentencia.

Hace unos días hablaba sobre la necesidad de cierta disciplina, pero si no comprendemos que Dios está verdaderamente entre las ollas, no comprenderemos nada. Y entre las ollas significa en todas partes, y en todos los gestos. Inclusive en los gestos de aquellos que se aproximan a nosotros por cualquier motivo. ¿Qué mensaje trae para mí? ¿Qué desea el Universo comunicarme con esta carta, con esta frase, con esta llamada, con este amigo? El exterior nos habla de forma idéntica al interior, solo debemos aprender a escuchar sus mensajes, sus textos entrelineados y sus paisajes simbólicos.

Seres tóxicos


toxicos

«Anteponemos el miedo para no dejar pasar nuestro futuro» (R. Steiner)

Realmente nadie quiere estar al lado de personas ruines y egoístas. Ni con personas mediocres que solo saben pensar en sí mismas, en sus sombras y en sus cavernas interiores. Nadie quiere estar con personas que faltan al respeto o nos gritan o nos hablan con violencia. Sin embargo, nos empeñamos sistemáticamente en acercarnos a personas ingratas, a personas que desprenden mal rollo, antipatía o malas vibraciones.

Personas que hablan mal de unos y de otros, que ven en la crítica destructiva y falaz su disfraz acomplejado. Seres con personalidades tóxicas, que temen el cambio porque son poseedores de la absoluta verdad, que siempre pasa por sí mismos y sus filtros. Creen saberlo todo mientras culpan al resto de sus fracasos y se esconden bajo la sombra del gran sombrero de su ego. Seres que emanan cabreo y enojo y que escupen sables y serpientes por la boca.

En una especie de masoquismo interior, nos encanta ser amigos de embusteros o parejas de imbéciles. Podríamos siempre pensar eso tan costumbrista de que nosotros no somos mucho mejores que ellos y de que, tal y como está el patio de la calidad humana, eso es lo que hay.

Y lo que hay es terrible, porque hay personas que faltan al mínimo, que ensucian las calles y sus cuerpos contaminando todo lo que tocan, tufando a podrido todo lo que engullen por sus viciosas canillas, que escupen en el prado y al vecino, que hacen de la mala educación la bandera de sus virtudes o que matan o asesinan no solo con pistolas, sino también con miradas anquilosadas.

O esos que viven en sus mundos, en sus películas, en esas tabernas donde van a embriagarse de lo que sea con tal de no asumir lo que se siente, lo que se imprime en la realidad envolvente. Personas que se ocultan y se esconden a la verdadera transformación porque es más cómodo aferrarnos a lo patéticamente conseguido.

Yo mismo, al decir todas estas cosas, soy como ellos. Porque nadie escapa al virus de la propia ignorancia y a la pesadez de nuestras propias miserias. Pero mejor saberlas, para combatirlas, para estirar con fuerza de esta piel de miserables serpientes y que surja el ave que nos ha de llevar lejos, mucho más lejos de lo que ahora somos. Estiremos, y estirémonos unos a otros. Un poquito de aquí y un poquito de allá hasta que aprendamos a volar como auténticas aves libres por encima de nosotros mismos y nuestras circunstancias.

En el vuelo saldrán alas


loco

«La vida no vivida es una enfermedad de la que puedes morir» Jung.

La vida no deja de ser un resplandor, un puro viaje hacia lo indescifrable. Podríamos recurrir a mil fórmulas para comprobar si estamos realmente vivos, o simplemente sucumbimos al mecanismo incierto del hacer, o del ir haciendo. Podríamos medir la intensidad de un momento, la brevedad de un día, el consuelo de una noche de verano, la paz de una meditación interior o la terquedad en las respuestas vitales.

Es un buen ejercicio mirarnos al espejo y preguntarnos todos los días eso de qué estamos haciendo con nuestras vidas, y eso otro de qué me gustaría realmente estar haciendo. A veces, las respuestas a ambas preguntas son inconexas y dispares, y casi siempre, sus susurros a media noche nos dan miedo. La fijación más normal es el aburrirnos en el devenir diario, en las diez mil cosas y en la certidumbre normalizada de la rutina. Ahí no hay cuestiones que valgan, ni sacrificios espurios en pro de una búsqueda que creemos interior pero resultante de un arbitrio incierto.

¿Búsqueda interior? Nadie sabe lo que es eso. Algunos se van a meditar a altas horas, a realizar retiros de diez días en puro silencio, a maquillar con antorchas celestiales las bóvedas de algún tipo de certeza. O a rezarle a cualquier Dios con tal de encontrar cierto bálsamo tranquilizador. Realmente todo eso son píldoras que nos calman, chutes de paz que nos dejan tranquilos y en cierta armonía. Al menos durante lo que dura el ejercicio, porque al salir del mismo, volvemos a la carga, a la rutina, al disfraz  a la máscara. Realmente solo buscamos eso: tranquilidad, analgésicos para el alma, creencias que doten de sentido el sinsentido.

Pero el camino de la búsqueda nunca es un camino tranquilo, con banda sonora de música celestial, ni retiros esplendorosos a una pradera verde cargada de paz y armonía. La búsqueda requiere prepararse para lo peor, lanzarse al vacío y decir eso de “en el vuelo saldrán alas”. Perderlo todo, ganarlo todo para volverlo a perder, atravesar ríos, montañas, desiertos y un millón de pruebas que nos harán fuertes, guerreros cicatrizados por las penurias del camino. ¿O acaso el orgullo, la vanidad, el egoísmo y la ignorancia se vencen sentados en un verde páramo rezando a cualquier Dios? ¿Acaso el hambre y la sed se sacian recitando un mantra? Rotundamente no. Todas esas técnicas son sólo un aperitivo, un contacto inicial con el mundo ilusorio, con la mentira que nos alejará de la prueba. Nadie nos va a librar del cáliz de la cruz, de la vejación del prójimo, de la envidia y de nuestros propios demonios interiores. Nadie hará por nosotros el trabajo ni el camino, ni debemos pedirlo ni exigirlo ni demandarlo ni aceptarlo.

Sí, vayamos mañana a escuchar los cánticos de Taizé, vayamos a meditar sobre las aguas de cualquier Ganges y silbemos las danzas de Shiva en los templos del Rajastán. Podemos hacer todo eso y más, pero nada nos librará, si queremos realmente avanzar y transformarnos, del dolor de la danza invisible. Allí descubrirás secretos y misterios, pero sobre todo, descubrirás la belleza del dolor transformador.

De estas y otras cosas hablaba esta tarde con Ramiro Calle, así que agradezco su inspiración a ese ser amable y despierto.

(Ilustración: El Camino del Loco)

Bridge Over Troubled Water


Letra:

Cuando estés abrumado
y te sientas pequeño
Cuando haya lágrimas en tus ojos,
yo las secaré todas
Estoy a tu lado.
Cuando las circunstancias sean adversas

Y simplemente no encuentres amigos
Como un puente sobre aguas turbulentas
Yo me desplegaré
como un puente sobre aguas turbulentas
Yo me desplegaré

Cuando te sientas deprimido y extraño
cuando te encuentres perdido
cuando la noche caiga sin piedad
Yo te consolaré
Yo estaré a tu lado

Cuando llegue la oscuridad
y te envuelvan las penas
como un puente sobre aguas turbulentas
Yo me desplegaré
como un puente sobre aguas turbulentas
Yo me desplegaré

Navega, chica plateada
Navega
Ha comenzado a brillar tu estrella
todos tus sueños se verán colmados

Mira cómo resplandecen
Si necesitas un amigo,
Yo navego tras de ti
Como un puente sobre aguas turbulentas
Aliviaré tu mente
Como un puente sobre aguas turbulentas
Aliviaré tu mente.

La luz de Ramiro Calle


la foto

«Todas las posibilidades del universo esperan en el hombre, como el árbol que espera en la semilla«. (Aurobindo)

Cuando he llegado a casa, algún vecino o vecina estaba escuchando el disco que tanto me gusta de Sigur Rós, Ágætis byrjun (Un buen comienzo), el cual me traslada a tiempos hermosos y sueños imposibles. En mis bolsillos aún quedaban algunas castañas asadas que un momento antes había comprado en la Gran Vía.

Venía feliz paseando con una temperatura agradable intentando recordar palabra por palabra, gesto por gesto, todo lo que Ramiro Calle había susurrado con ese cariño y esa luz suya momentos antes.

A Ramiro lo conocí por sus libros, cuando de adolescente los compraba en la librería Síntesis de Barcelona. Es conocido como el apóstol del yoga y la meditación en España y algunas personalidades como la propia reina Sofia o Rodrigo Rato han sido sus discípulos. Sincronías de la vida, el 17 de enero de 2008 asistí a una presentación de un libro suyo que editaba Planeta y a la que me invitó el siempre generoso J., el que años más tarde me presentó a Ramiro y provocó este encuentro. Ese mismo día conocí al que luego sería socio y amigo LVT. Venía entusiasmado para que le firmara un ejemplar de ese extraño libro, Creando Utopías, que un amigo común, MC, le había regalado. Presidiendo la mesa estaban Rodrigo Rato y la editora de MR, Carmen Fernandez, con la que luego, sincronías de la vida, coeditaríamos un libro conjuntamente entre Séneca y Planeta.

Habíamos quedado para firmar algunos contratos –este año le vamos a editar tres libros que se sumarán a los más de doscientos que ya tiene editados- y cosas de la vida, terminamos en su centro de yoga de la calle Ayala. Nos dimos un abrazo sentido, de esos que duran más de seis segundos y que nacen de aquellos que se reconocen más allá de las formas.

Ecuánime y de corazón compasivo, Ramiro es un ser extraordinario, desprende cariño y amor por los cuatro costados, y cuando habla, no sólo es ternura, sino sabiduría a raudales. Se nota en cada palabra, en cada explicación, el largo recorrido, la simiente crecida, las ganas de compartir todo lo recolectado.

Me ha gustado como hilvana todo su cúmulo de saberes. Como habla de la sombra y de la quietud, de la necesidad de meditar para resetear nuestro disco duro, para limpiar los residuos de nuestra bilis mental. De la necesidad de alimentar con la meditación los otros cuerpos sutiles al igual que hacemos con los físicos. De la necesidad de crear ese hábito para poseer una vida más sana y menos sufriente. Del poder de traspasar nuestro fango, como decía Aurobindo, para poder limpiar nuestras aguas profundas. Y así, ser seres cristalinos, puros, limpios, que podamos mostrar en nuestros gestos y nuestra mirada ese amor y esa paz que Ramiro transmite.
El encuentro de hoy no ha sido suficiente, así que mañana volvemos a quedar para seguir charlando y compartiendo esos viajes más allá de la Quietud.

(Foto: salimos separados porque debajo tenemos un Buda que al final no ha salido, así que somos tres, como en el santo Misterio).

Prescribir consciencia


la que sabe volar

Estimado M.,

La verdad es que el mundo de la pareja está destruido hasta que inventemos alguna fórmula para reconstruirlo con cierta seriedad… De seguir así, vamos a extinguir la raza en poco tiempo, a no ser que los católicos y los musulmanes consigan algún tipo de alianza y vengan a parir como sea…

Miro a mi alrededor, y a parte de zulo veo soledad. Es una sensación extraña que no debería suponer ningún trastorno para una persona adulta y emancipada. Pero no se trata de eso. He llegado a esa edad donde la hora que apunta hacia el sol más alto requiere cierta descendencia, la del sol, la de la luz, y eso equivale a compartir, y eso es relación. Y la soledad me molesta aunque me guste, porque siempre es más divertido discutir sobre las trivialidades de este mundo que poner la radio como acabo de hacer ahora después de años sin escucharla con tal de que la música sirva de sustitutivo artificial a la compañía y el abrazo de cualquier ser humano. Sí, hay un doble fracaso en todo esto. No por la parte que implica el abrirnos a ese ropero de soledad, sino también la dificultad de entrañar una relación duradera, de compromiso y cierto sacrificio de egoísmos y recelos a cambio de confianza y cariño.

Los arquetipos son importantes en este tipo de reflexiones. Los cuentos siempre han encerrado algún tipo de mensaje y es bueno contemplar la vida, pero también pringarnos de ella. El problema es que tenemos miedo a casi todo, y pocos son los que, pierdan lo pierdan por el camino, se animen a lanzarse a la piscina de la incertidumbre. Y como lo digo, cuando lo hacemos, no siempre sabemos querer, y menos aún amar, porque olvidamos las enseñanzas, despreciamos los arquetipos y sus mensajes. Preferimos danzar al son de cualquier fundamentalismo propio, esos que no nos dejan revisar ciertas creencias o ciertas actitudes y que, de paso, nos alejan de los nuevos caminos. Somos fundamentalistas hasta para amar. Siempre pensando que nuestras pobres estructuras mentales son la única y exclusiva verdad. Así nos va.

Es curioso lo que dices: «escribirte me ayuda a focalizarme en mí, en lo que verdaderamente me importa». Gracias por la parte que me corresponde. Últimamente me importa bien poco lo que verdaderamente me importa. Por eso es curioso, porque me pasa desde hace un tiempo todo lo contrario: ya casi no me importa nada que tenga que ver conmigo. Tras tantos y tantos años de autoconocimiento, de autoayudas del tres al cuarto, de profundización en lo que llamamos vagamente «nuestro interior», estoy saturado de mí, quizás por el extravagante descubrimiento de que el «mi» y el «yo» no existen. De ahí la poca pasión que le pongo últimamente a todo lo que tenga que ver con «mi» vida y mi «yo». Tampoco creas con esto que soy un apasionado del nosotros. Porque el «nosotros» también es una entelequia inexistente. Llego a pensar últimamente, y quizás por eso mi dejadez hacia lo interior, que hay algo más grande que todo lo que existe, y que, de alguna forma, ese «algo» maneja nuestros hilos a su antojo. Es una idea escurridiza, pero que tiene su miga. Y no contemplo esto como un desánimo, sino como una fuerte apuesta por algo diferente que ando explorando y descubriendo. Algo mucho más motivante que la vida de uno, que puede ser graciosa y divertida o incluso, si me estiras, apasionante. Pero cuando descubres con cierta ansiedad lo aburridos que somos con nuestras complicadas y pueriles vidas y decides embarcarte en ese grado mayor de espectativa, dejas de causarte dolor por deleites espurios y atraviesas la mónada que va más allá de nosotros mismos. Y cuando eso ocurre te vuelves una especie de doctor, como decía el Buda. ¿Doctor de qué, qué medicina aplicas? Le preguntaban una y otra vez sus discípulos, a lo que él contestaba con calma: «mi medicina es solamente una: ser consciente. Prescribo consciencia». Pues espero algún día ser un buen doctor, y al igual que tu carta te ha servido ciertamente de terapia, a mí me ha servido para seguir prescribiendo…

Gracias de corazón por tus letras, y ahí va un abrazo…

Cuando lo oculto es revelado


luz

«Lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua«.
Antoine de Saint-Exupery (1900-1944)

Todos los árboles son capaces de dar su propio fruto. No importa si somos árboles gigantes que soportan en mitad de una sabana una torrencial lluvia de relámpagos, o somos un minúsculo ciprés perdido en algún campo santo, esperando el día de poder evangelizar con su esbelta figura la sombra de los que riegan con su exhalación la tierra cálida y húmeda.

Las semillas, aunque pequeñas, contienen mucho. No todas llegan a crecer, no todas germinan como es debido, a veces por falta de agua, de calor o de luz. La tierra siempre las acoge porque ellas tienen un poderoso propósito, una misión que cumplir.

Ayer hacía frío y hoy hacía melancolía. El frío fue soportado en una cafetería primero con C. Tomamos un chocolate caliente en una acalorada charla. Me hizo un regalo bonito, una de esas carpetas donde la gente importante guardar documentos importantes. No soy importante y el único documento importante que tengo es una carta de reyes que recibí hace unos días. Alguien buscaba trabajo y nos envió una original carta de reyes. Amo la originalidad, y por eso me parece importante ese trozo  de papel.

También un termómetro eléctrico. Cuando abrí la cajita esperando la típica pluma y vi el termómetro me llené de sorpresa. ¿Será que estoy muy frío o muy caliente y debo controlar mi temperatura interior? Lo pensé durante largo rato, porque la vida siempre nos revela cosas extrañas para que pensemos en ellas, como si fueran señales o indicadores. Un termómetro debía ser alguna señal de algo. O en todo caso, C. es original siempre, y por eso resulta un amigo importante.

Hubo más calor por la noche en un lujoso apartamento sito en la calle San Bernardo. No es que le de importancia a las cosas lujosas, pero ese apartamento me gustó especialmente, quizás por su luz o por sus techos altos, ambas cosas que ahora no tengo y en cierta forma echo en falta. A. me invitó a cenar un jugoso plato gallego que ella misma preparó. Me regaló en la cena un imponente rubí africano, aún en bruto, pero, según me contaba, con mucho valor. Así que doble sorpresa, porque nunca me habían regalado un termómetro ni un rubí africano. La charla con A. fue amena, cálida e increíble. Su vida y experiencia vital es para escribir el guión de una buena película. A media noche en punto me marché corriendo, antes de que la carroza se convirtiera en calabaza y volví a tiempo para dar un divertido paseo por las estrellas. Dos horas de intensa risa en el mundo mágico. Es cierto que sin techos altos ni luz, pero sí con un rubí africano, un termómetro y unas grandes risas. De lujo.

Dormí seis horas y temprano estábamos desayunando en el barrio Salamanca. Me puse la ropa adecuada para entrar al lugar adecuado donde había personalidades conocidas como el expresidente Zaplana, muy bien trajeado, y periodistas de renombre. Buscamos un rincón tranquilo para tratar un tema serio, de esos a los que hay que tratar con pantalones de pinza y cierto refinamiento. Mañana intensa, muy intensa, y con muy buena y exquisita compañía. Al terminar la reunión nos fuimos corriendo a comer una riquísima pizza de bolets en la Mucca donde A. seguía explicándome con emoción su vida en la África Austral. La escuchaba con atención y cierta admiración, hasta que llegó la hora y me marché otra vez corriendo porque un rato más tarde teníamos una mini presentación de un libro.

Llegué puntual, a las ocho en punto, de nuevo al barrio de Salamanca. Allí participé en una divertida sesión de Toastmasters International, una organización mundial de comunicación y liderazgo donde he conocido a gente interesante que se esfuerza de forma altruista para mejorar la oratoria y las técnicas de comunicación. Me han dejado decir algunas palabras: “comunicar es compartir”. No quería decir más, no podía añadir más.

Comunicar es compartir resume todo lo que hacemos durante nuestra vida, cada uno de nuestros días, como la semilla de un árbol que crece y se hace majestuosa, como el pajarillo que se posa en sus ramas para comer de sus frutos, como el viento que mece el alarido esparciendo el polen que entrega a la vida, y esta a la tierra, y esta al agua y esta a la luz y esta al hombre que alza su mano para empezar un nuevo ciclo.

Ayer hacía frío y hoy hacía melancolía. No cuando corría de un lado para otro recogiendo frutos para luego compartirlos, sino cuando he parado un momento y he visto mis manos llenas y el corazón abierto y la vida revelando en lo oculto cada uno de sus secretos y la soledad del santuario que acoge el sacrificio. Pero el frío se llenó de calor y la soledad de vida y todo volvió al cauce la vida, que no se detiene. Y todo el desierto estaba embellecido porque en todas partes hay pozos de agua. Si miramos con atención, la vida nos llena de abundancias.