La naturaleza del alacrán


maestro

Un maestro oriental vio como un alacrán se estaba ahogando, y decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo el alacrán lo picó. Por la reacción del dolor, el maestro lo soltó y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose. El maestro intentó sacarlo otra vez y otra vez el alacrán lo picó.

Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:
“Perdone maestro, ¡¡¡pero es usted terco!!!.. ¿no entiende que cada vez que intente sacarlo del agua, el alacrán lo picará..?”

El maestro respondió:

“La naturaleza del alacrán es picar, el no va a cambiar su naturaleza y eso no va a hacer cambiar la mía, que es ayudar y servir”.

Y entonces ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.
No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño, solo toma precauciones…

No permitas que la conducta de otras personas condicionen la tuya…
¡Nuestra Naturaleza es SERVIR!

Entre bandas sonoras


la foto

«El hombre loco busca la felicidad en la distancia, el sabio la halla bajo sus pies» James Oppenheim

«Podemos ir danzando según pasan los momentos… con o sin reflexión, el momento Es… así que la música será como un gerundio imprescindible… y si no llega…siempre nos quedará Stay Still… la que ahora escucho mientras me visto para salir a una reunión de trabajo»…

Acabo de llegar a casa mientras recordaba las últimas frases antes de marcharme. Lo primero que he hecho ha sido quemar una barrita de incienso y poner la música que resultó ser la banda sonora del vuelo mágico. Anna Scott y su chelo me han adumbrado y mecido toda la tarde, quizás porque cuando la escucho me transporta a lugares lejanos y a momentos aún no escritos, pero ya registrados en alguna memoria.

Así que con el susurro de ese viento misterioso, de esa letanía de lo cercano, marché andando hasta la Glorieta de Bilbao. Allí había quedado con Vicenta, excelente persona y escritora del libro “Abogados autoresponsables”. Abogada de larga experiencia, y atípica soñadora que durante más de dos horas me ha mostrado su mundo de esperanza, utopía y caminos. Da gusto editar a gente bonita, gente generosa, apartadas de la necesidad imperiosa de vanidades, recompensas y éxitos. La escasez de ego y la grandeza de esa necesidad por compartir iluminan a seres como Vicenta. Y cada vez siento más la necesidad de acercarme a este tipo de personas que se esfuerzan por aportar alegría y luz al mundo. Últimamente disfruto más con aquellos que son capaces de ver en la pobreza una oportunidad y en la riqueza un camino para compartir. Personas que lo han tenido todo o lo han perdido todo, qué más da, porque por dentro, su integridad y sus valores siguen intactos.

Me hablaba Vicenta de lo hermoso que es aprender en pareja. De la majestuosidad de ver en el otro tu propio espejo donde poder ver todo tu lado oscuro y sanarlo. Apreciaba, por su oficio de abogada, esas inevitables rupturas que durante años no hacían más que condenar al otro, criticarlo y amordazarlo en sus errores, sin ver en todo ello una oportunidad, una prueba que la vida nos pone de frente sobre todo aquello que no nos gusta de nosotros mismos.

Da gusto conocer a gente bonita. Da gusto poder ver que ahí fuera hay un mundo por explorar y conocer, y una oportunidad increíble para hacernos más humanos. Me he despedido de Vicenta alegre y feliz, deseándole el mayor de los éxitos literarios, pero sobre todo, deseándole el mayor de los éxitos humanos. El segundo ya lo consiguió. El primero será cuestión de tiempo. Todo se andará… Mientras… seguiré escuchando la música de las estrellas, hasta la saciedad…

Pd.- «Estoy convencido de ello… los sonidos son como mantrans, como poderosas armas invisibles capaces de derrumbar Jericó entera… primero fue el verbo… la palabra perdida de los ritos iniciáticos… el sonido es mágico, la palabra es poderosa… y siempre nos transforma, creando nuevas redes o desarmando lo caduco… ¿qué muro derrumbaremos hoy? ¿qué cielo conquistaremos? nada nos turba si conspiramos…»

Lo cotidiano profundo: hacia las puertas de la belleza


vuelo

Que alguien te haga sentir cosas sin ponerte un dedo encima, eso es admirable”. Mario Benedetti.

Ayer una hermosa dama me abrió las puertas de su alma. Surgió de repente una hermosa conversación. Empezamos a respirar y de repente andábamos conspirando, que es la acción de respirar juntos. Realmente fue emocionante, porque cuando menos te lo esperas encuentras a alguien que habla un mismo idioma, o si me permiten la licencia, vibra en una misma onda. Es una onda invisible y transparente, silenciosa, que se respira, y según estés conectado, la captas y la absorbes. Y entonces se crea una especie de comunión, de diálogo entre esferas que palpitan al mismo tiempo, de almas peregrinas que se reencuentran en el no tiempo y en el no espacio. Y ocurre que se puede sentir la sangre del otro recorrer cada ápice de piel, y el aliento vital que transporta la memoria de los tiempos, y el rugido silencioso de la vida que le atraviesa.

Ya no recuerdo su nombre, ni su país lejano, pero su vibración aún pestañea y aletea en la música de este espejismo, de esta ficción. Y ella me habló de la belleza que hay en lo cotidiano profundo, y entonces hablamos de uvas, y de espirales, y de libros de agua, donde podían leerse las promesas de la vida eterna. Y allí aparecieron de repente los Misterios menores, y sus hermanos mayores buceando entre mares y mamparas de algodón.  Y la memoria suspirante, la akásica, sentida y escrita con el fuego vital, el aire de los reinos azules y las fuentes de la vida, que al fin y al cabo, es lo que nos recuerda todo. Dicen que eso es la vida, recordar… recordar lo que somos, de donde venimos, y adonde vamos… mares de misterios… mares de memoria.

Y fue ahí, en ese instante, que aparecieron las espirales, y la red de agua, y esa memoria que está en el aire. Y respiramos, esta vez juntos, sin miedo a lo desconocido, y al hacerlo con profundidad y sentido recordamos todo lo que somos, porque todo el universo, a cual holograma, entra dentro de nosotros, nos posee y sentimos toda la vida que nos recorre. Esa red de luz y aire que entra en nosotros y que nos rodea silenciosa e invisible.

Qué hermoso fue conspirar con esa desconocida anónima, sentados en un banco galáctico, compartiendo un momento mágico entre las estrellas de oriente y las profundidades oceánicas de los mundos angélicos. Platicando sobre la mística cotidiana, de lo simple, condensada en galaxias que se comparten sin mayor recompensa que la de sentir la vida y experimentarla desde el latido acelerado. Así que gracias por el vuelo mágico, que diría Eliade. Me quedo sentado en la plaza, esperando, hasta el próximo encuentro, que será bello, cotidiano y profundo.

Pd.- La espera en la plaza tuvo recompensa, y las llamas del abismo se llenaron de música celeste: https://soundcloud.com/annascottcello-1/anna-stay-still

¿Miedo o amor?


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Cuando trabajaba en mi árbol genealógico, entendí la extraña comunión del destino que me une a mis antepasados. Tuve el fuerte presentimiento de que estaba bajo la influencia de actos y problemas que quedaron incompletos, no resueltos por mis padres, mis abuelos, y mis otros antepasados. Tuve la impresión de que a menudo en la familia hay un Karma impersonal transmitido de padres a hijos. Siempre pensé que tenía que responder preguntas ya hechas a mis antepasados o que tenía que concluir, o continuar los problemas no resueltos previamente” C. G. Jung

Jung tenía razón, tenemos deudas pendientes con nuestro árbol genealógico. Deudas que de alguna forma nos corresponde pagar, ya sea a modo de karma filial o compromiso con aquellos que permitieron que hoy estuviéramos aquí. Es una cuestión difícil porque nunca sabemos como afrontar algo que no nos pertenece excepto a oscuros apartados de nuestra consciencia. Creo, como Jung, que no solo heredamos genes físicos, rasgos de caracteres indefinidos, sino, además, algo de alma familiar.

Esa es sin duda nuestra lucha, porque si observamos bien nuestras vidas, un noventa por ciento de nuestras decisiones no son realmente nuestras, sino que están impuestas desde algún “yo” antepasado. ¿Cuántas cosas decidimos realmente por nosotros mismos?

Eso se ve claramente en las relaciones de pareja. El noventa por ciento de las cosas que hacemos y decimos cuando estamos ante nuestra pareja no corresponde con lo que verdaderamente sentimos por ella, sino por lo que nuestro subconsciente e inconsciente perciben de la amenazante realidad. Y normalmente esa percepción está basada en un solo requisito: el miedo. Miedo al compromiso, miedo al qué dirán, miedo al error, miedo a la entrega, miedo, en definitiva, al amor. Y cuando el miedo vence, buscamos quejas, cosas que nos separan, excusas, diferencias, pretextos, exigencias y un largo etcétera de exquisitas bombas de nitrógeno capaces de dinamitar cualquier tipo de relación. En cambio el amor, el verdadero amor, solo alza puentes indestructibles, alianzas y arco iris multicolor allí donde antes había tormenta y rencor.

Por eso es necesario resolver esa extraña comunión de la que nos habla Jung, y solo se me ocurre hacerlo de una forma: amando. Entregarte al otro sin esperar nada a cambio, dar todo lo que puedas, hasta que duela, con tal de crear espacios comunes y relación. Porque amor es relación, no es miedo, ni evolución, ni reflexión, ni autismo, ni soledad. Así que vamos todos al fango, relacionémonos los unos a los otros, sin miedo, con amor, entregándolo todo, dándolo todo, y disfrutando con todo… Lo demás, si tiene que venir, ya vendrá por añadidura.

Reiniciando el Sistema: contágiame.


hombre

«La persona que no esté en paz consigo misma, estará en guerra con el mundo entero«. (Gandhi)

Acabo de ver un video publicitario de un nuevo partido, el Partido X. No está mal. Su mensaje es claro: hay que reiniciar el sistema. Tampoco está mal. Lo que está mal, y esto es evidente, es el propio sistema. No vamos a dar datos sobre lo que ocurre porque lo vemos todos los días. Nos hemos vuelto expertos en girar la cabeza hacia otra parte sin hacer ni decir absolutamente nada ante lo que ocurre. Me asombraba hoy el pasear tranquilamente por Madrid y no escuchar ni un solo comentario sobre el hombre que se ha quemado a lo bonzo en Málaga. A nadie le interesa, había que ir a comprar regalos porque llegan los reyes magos. Ese es el Sistema, nosotros somos el Sistema, y somos nosotros los que debemos reiniciarnos.

¿Cómo hacerlo? Es una cuestión difícil, muy difícil. Vivimos en un mundo excesivamente cómodo a pesar de sus aparentes contradicciones. Y nadie quiere renunciar a esas comodidades. Quizás el mensaje esté mal explicado, porque realmente no se trata de volver a las cavernas, ni de renunciar a las cosas buenas que hemos creado entre todos, sino más bien, de mejorarlas y eliminar de cuajo aquellas que no funcionan. La partidocracia, la contaminación, el ruido, el hambre, los desahucios, las guerras… ¿Por donde empezar? Por nosotros mismos, por cada uno de nosotros mismos, sin excepción. Y debe ser como una especie de mecha comunicante, contagiosa. Yo te toco, te transmito valores y actitudes diferentes con mi ejemplo, con mi trabajo, y tú te transformas. Tú me tocas, me transmites valores diferentes con tu ejemplo y tu trabajo y yo me transformo. Así funciona el cambio, por contagio.

Así que tenemos mucho trabajo por delante para contagiar a toda la humanidad sobre la posibilidad de un mundo nuevo, mejor, más positivo, más en calma, más en paz, más saludable. No se trata de inculcar creencias ni dispositivos de alarma en la psique humana. Tan solo se trata de contagiar entusiasmo, amor, vida. Con esos tres ingredientes será suficiente para que todo cambie y se transforme en pocas décadas. No tengamos prisa, pero trabajemos afanosamente en esa meta. En los pequeños gestos diarios, como cuando vas caminando y ves que alguien tira una lata a la calle y tu te acercas a la lata y la recoges. Seguro que alguien te ha visto y seguro que al día siguiente ese gesto se repite. Pequeñas cosas, grandes cambios. Contagiémonos.

Tener algo que decir y decirlo, únicas reglas para escribir


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«Siempre demos ,sin esperar nada a cambio, el gozo de saber que hicimos lo debido será nuestra mayor recompensa«. Kalil Gibran

Decía Oscar Wilde que solo existen dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Realmente ese es mi único afán cuando escribo. No busco honores ni palmaditas en la espalda ni ningún otro tipo de recompensa anímica. Escribo desde que tengo uso de razón y me enseñaron a hacerlo. Y desde entonces no he podido parar. Cuando mis parejas se enfadaban porque me pasaba mucho tiempo escribiendo, me costaba hacerles entender que mi pasión siempre había sido esa, y que no podía renunciar a la misma. Además, la escritura es terapéutica y ayuda a clarificar mucha sintomatología emocional y espiritual. Es el mejor vaso conductor de ideas y emociones, de experiencias y arquetipos, y su poder es tal que puede transformar naciones enteras. Sin embargo, mi modesta aportación al mundo literario no pretende nada en especial, ni cambiar nada ni a nadie, excepto eso, el compartir, el dar…

Antes escribía cientos de epístolas al mes. No paraba de escribir cartas a unos y a otros todas a manos y redecoradas con algún artilugio o dibujo. También artículos de opinión que me publicaban en diarios y periódicos provinciales. Aún recuerdo la emoción de mi primer artículo publicado. Lo titulé “La Nausea”. Recuerdo que paseaba por todas los quioscos y librerías de la ciudad para ojear la página número cinco donde estaba en primera plana y a toda página mi primer artículo con foto incluida. Sentí una emoción extraña. La misma que sentí cuando terminé mi primer libro y la misma que ahora siento cada vez que me pongo frente al ordenador y me dejo llevar, como hipnotizado, por el arte de la escritura.

Las tecnologías han creado cierta magia. Ahora no hace falta editar artículos encorsetados en periódicos o revistas, intentando ajustar tu pluma y estilo al formato de turno. Ahora puedes hablar de lo que quieras sin miedo al tabú o al qué dirán. Sin importarte si agradarás a unos u otros o si te publicarán o no ese dichoso artículo. La libertad es máxima y solo la esclavitud de nuestros complejos nos impiden, pocas veces, a hablar con cierto pudor.

Dice un viejo adagio que la misma mente que te ata es la que puede ayudarte a liberarte. Estos días de encierro en el zulito sentía cierta sensación extraña. No hago más que mirar este lugar e interrogarme sobre muchas cosas. Siguiendo el viejo adagio, tras zamparme un bocadillo de tortilla de patatas (las patatas eran de bolsa, chips al punto de sal) he cogido mis mallas de invierno, he marcado el paquete oportuno (mejor dicho, le paquete o el paquetillo, tan atrofiado el pobre de no darle uso), he alzado mis pantorrillas sobre el caballo-bici y me he dado una vuelta por el parque del Retiro. Necesitaba un chute de luz, y allí había mucha a media tarde. También recuerdos, muchos recuerdos, de cuando iba con el niño a jugar a la pelota y hablábamos de cómo ayudar a los pobres de África. ¡Qué gran hombrecillo ese generoso y despierto ser!

Al enfundarme en las mallas de invierno he notado que mi cuerpo se ha atrofiado algo porque enseguida mi curvada espalda ha empezado a quejarse y mi abultada barriga (ay mis galletas) ha empezado a crujir extraña y perezosa. Cuando descuidas al cuerpo un tiempo se vuelve atrozmente amorfo y requiere de disciplina para volverlo a su posición normal. Pero lo importante era salir a la luz, y hacerlo en Madrid siempre es un lujo.

El amigo J. me preguntaba esta mañana porqué he elegido venir a Madrid en estas condiciones de “oscuridad”. Mi respuesta ha sido la siguiente: “venir a este zulo era el umbral necesario para volver a Madrid. Soy consciente de que es un lugar de paso, sólo tengo que disciplinar mi realidad y afrontarla con fortaleza. Eso no quita la marea emocional (agua, río es un río, fluir con el instante… hay un doble juego de palabras y mucho símbolo en todo lo que escribo), la cual tengo que ir manejando con la soltura que reclama el momento. Es cierto que esto es como encerrar una flor en una caja de zapatos. Solo puede marchitarse… o buscar una raja por donde pueda rebrotar hacia la luz. En esas estamos, sólo necesito algo de paciencia y todo llegará, estoy convencido. La caverna es donde nace la luz en la primera iniciación. Y en el plano de la manifestación tocaba caverna, cueva, y ahora, por un tiempo, el umbral para afrontar la segunda, el bautismo”…

Sin duda, hay una escritura dentro de cada escritura. Cuando hablaba el otro día sobre el río quería decir muchas más cosas. El lenguaje es capaz de obedecer a códigos ocultos, a mensajes que nos pueden revelar mucha más vida de la que en apariencia brota negro sobre blanco. Hay señales, guiños y cierto hermetismo simbólico en cada palabra y en cada gesto. Los arquetipos siempre son aliados que nos ayudan a entablar un doble diálogo entre lo aparente y lo profundo. Las parábolas siempre han encerrado un gran conocimiento arcano sobre hechos que a simple vista puedan resultar sencillos. Por eso un río siempre es un río… Palabra perdida, verbo creador, o la palabra no es la cosa, del querido Krishnamurti.

Pero escribir es ante todo un acto de generosidad, porque en el fondo, dedicar un tiempo a la escritura no solo sirve para practicar apasionadamente lo que más me gusta, sino, además, el poder hacerlo en un formato que permita que todos cuantos quieran puedan leer estas vomiteras y si es su deseo, de forma libre, comentarlas. No hay más pretensión que esa. Siempre dar sin esperar ninguna recompensa. Y que cada uno de lo que más le apasiona y gusta. Bueno, pues sirva este como mi regalo de Reyes… Un poco de incienso, un poco de mirra y el oro de estas letras.

Segundos vivos


vacio

«Las mentes son como un paracaídas. Solo funcionan cuando están abiertas«. JAMES DEWAR.

Han pasado algo más de diez días desde que llegué de nuevo a la capital. No me puedo quejar del ritmo de los acontecimientos. Suelo ordenarlos según van llegando. Les hago pasar sin que tengan que esperar en exceso. Llaman al teléfono y lo contesto con calma. Alguien me visita y lo recibo con amor y cariño. También cuando se van. Sin reproches hacia nada y hacia nadie. Sólo con atenta admiración por cada instante, por cada segundo que pasa.

En la soledad es más fácil y frecuente poder contar los segundos. No hacia atrás, sino hacia delante. No los que ya han pasado, sino los pocos que quedan por pasar. ¿Cuántos segundos nos quedan de vida? ¿Alguien alguna vez se paró a contarlos? En la soledad puedes verlo todo claro: estamos inmersos en una angustiosa cuenta atrás. El final de esa cuenta es la extinción, o lo que un viejo amigo llamó la inevitable tragedia.

Quizás no sea tan trágico. Morir y dejar paso a otros, en el fondo, es un acto de extrema generosidad. Nadie sabe que pasará después, si es que ocurre realmente algo. Lo maravilloso de ese último suspiro es precisamente eso: su extrema y urgente generosidad. Un acto de abundancia, de esplendidez de la naturaleza que oxigena con ello cada una de sus células muertas. Algo se va y algo viene. Es perfecto, porque así el conjunto se regenera y vive.

Por eso cada segundo es importante. Por eso tener consciencia de cada instante nos crea una especie de sensación urgente, donde está todo por hacer. Me desespera pasear por el viejo atlas y ver todos los países y ciudades que jamás visitaré. Y aún me desespera el mirar en cualquier perdida biblioteca todos aquellos libros que nunca podré leer. ¿Y a cuantas personas dejaré de abrazar? ¿Y cuantas vidas animales salvaré por el simple acto de no comer carne? Nunca he tenido tiempo de contar todos los pollos, corderos, terneras, vacas y conejos a los que de forma indirecta he salvado la vida. Realmente, ahora que vivo en una especie de panóptico, entiendo aún más la necesidad de querer salvarlos de esa clase de “vida” en la que caminan antes de llegar a nuestra mesa. Nacen esclavos, viven en lugares oscuros donde son hacinados y engordados hasta que, a corta edad, les siegan la vida de cuajo.

Y la vida es un instante que merece ser vivida con cierta dignidad. No importa si eres humano, cabra o perro. Hay que vivirla y dejar vivirla. Amarla y amar. A cada segundo, a cada recoveco de eternidad. Hay tanto por vivir… y tan poco tiempo para hacerlo…

Cartas desde el umbral…


cielo

«Todo lo que vivamente imaginamos, ardientemente deseamos, sinceramente creemos, y emprendemos con entusiasmo, inevitablemente sucederá«. Paul J. Meyer

Estimada T.,

pues aquí ando más aburrido que una ostra… Me había acostumbrado, y me estoy dando cuenta ahora, a tener pareja, y ahora que no la tengo, y a pesar de ser un terrible lobo estepario, le había cogido yo gustito a eso de abrazar a alguien, y ahora, como decía, se me hace extraño no poder hacerlo… Descubro a mi edad que me gusta más la soledad en compañía que la compañía en soledad. Así que aquí estoy, ciertamente algo más rellenito a pesar de que me intento cuidar porque soy consciente de que cuando estoy a mi bola me vuelvo más indisciplinado con la comida. Me gustaría hacer deporte o salir más a la calle pero es que con el frío que hace ya en Madrid lo único que apetece es estar liado a una manta y…

Y poco más, porque la verdad es que hoy ha sido mi primer día de trabajo. He desplegado las infinitas tareas pendientes que la editorial siempre acumula y he empezado a trabajar en una buena novela que vamos a editar en los próximos meses de una profesora de antropología. Leer y corregir me mantienen algo distraído, pero tengo ganas de primavera en un invierno que ya se me hace demasiado largo.

El lugar donde he ido a parar no ayuda mucho a levantar el poco ánimo que se suele tener por estas fechas. Un lugar cerrado, oscuro, claustrofóbico, que no invita a nada excepto a buscar en la imaginación algún reguero de luz. Y además aún no he conseguido dormir bien en estos días que llevo aquí. Esta noche he debido tener algún tipo de batalla astral porque me levanté con las mantas en el suelo y todas las sábanas revueltas. Supongo que necesitaré dosis de santa paciencia hasta que mis cuerpos, mis siete cuerpos ordenados de mi a fa, se adapten a esta peculiar caverna.

Hoy una amiga me invitaba a ver un piso en el barrio de las Letras, aún más cerca del puro centro. Mañana iré a verlo pero sin nada de ilusión. La pereza tras haber estado más de una semana limpiando y pintando este zulo me deprime y anega. Las cosas compartidas suelen hacerse con otro tipo de energía. Estas cosas que no estaban previstas ni han sido buscadas, sino más bien forzadas por las circunstancias me inundan de cierto pesimismo que aún controlo mientras recobro las fuerzas. No es que haya empezado el año mal, es que he empezado el año con cosas que no esperaba, en lugares que no imaginaba ni en mis tiempos de estudiante donde vivía casi mejor que ahora, al menos en lo que a luz y espacio se refiere. Además, la crisis parece cada vez más aguda, y ayuda a empujar aún más a los derroteros de la desesperación cualquier iniciativa. En mi caso me lo tomo con modesta inercia. Intento lanzarme al río de las circunstancias y dejarme llevar por la corriente, a ver si al final resulta que hay un plácido mar y sólo había que esperar la desembocadura inevitable. Por algún motivo que aún ignoro, no tengo fuerzas para mucho más.

Aún es pronto para todo y por lo tanto es normal cierta añoranza de muchas cosas. Recuerdo que en mi anterior casa había a la salida del número siete, justo bajo la sombra de lo que parecía un árbol de acacia, un banco blanco que siempre invitaba a sentarse con un buen libro bajo el sol… Estaba esperando a que llegara la primavera para hacerlo, abrazado o tumbado sobre el cuerpo de mi compañera, guiñándole el ojo mientras pasaba páginas o acariciando su melena entre capítulo y capítulo. O dejándome llevar por su apretón de orejas con sus finas yemas, que en algún plano simbólico era como decir un «te quiero» a base de apretón. Creo que aún me quedé atascado en ese reguero de recuerdos futuros que nunca se consolidaron, en esa extraña maleza de cosas que deberían haber pasado y que nunca sucedieron. Y aún sigo anclado a los inevitables «por qués» que nunca terminan de encontrar respuesta. Conozco el proceso, y de lo inevitable pasaré a la certeza y de la certeza a la resurección. Ese es el camino. Y en invierno es mejor caminarlo despacio, fraguando en el interior melancolías y tristezas que ayudarán a sulfear por la planicie de la soledad y el frío helado de la escarcha emocional.

¿Feliz e ilusionante 2013? Estoy convencido de que sí. Soy optimista por naturaleza y siempre salgo invicto de las peores batallas. Es como si algún ángel invisible (quizás mi alma gemela que me guarda y protege desde el otro mundo) procurara que nunca me falte de nada, ni siquiera de esas galletas que tanto me gustan, ni de esa buena compañía que tarde o temprano siempre llega. Por eso estoy convencido de que este tiempo es tan solo un impás, como cuando atraviesas una cornisa o el umbral de una puerta y te hayas inmerso entre dos mundos. Ese es mi limbo actual, una cornisa oscura y sedienta, que clama al cielo y a la tierra una nueva realidad. Pero no me quejo, solo describo. Y así, a modo de desahogo, todo parece que circule más rápido y más seguido. Hoy es un día más, y el río sigue siendo río…

Pd.- Esto no te lo había escrito antes, pero lo hago ahora. Lo hermoso del amor es que te permite permanecer firme y atento incluso en los momentos más bajos. Porque el amor es universal, y está en todas partes. Sólo debes dejarte llevar por su atracción infinita. Cerrar los ojos y respirarlo en esa hermosa hembra que viste pasar, en una maceta colgada sobre un avispero o en un rancio tocadiscos del que salen notas imposibles. Incluso cuando se está triste, si se respira con la potencia desmedida, puedes llegar a oler su gratuita fragancia… Incluso en esta soledad cuya banda sonora es el cansino ruido del viejo frigorífico que tengo a tan solo dos palmos de mi cabeza puede ser un buen momento para respirar amor.

Un río siempre es un río


agua

«Madurez es lo que alcanzo cuando ya no tengo la necesidad de culpar a nada ni a nadie de lo que me sucede» Anthony de Mello

El agua fluye. La puedes atrapar y se puede convertir en un vaso, en una jarra, en una botella. No la culpas por adoptar mil y una formas. No la juzgas por su recorrido inevitable. Ella siempre escapa y se perfila por los adentros de cualquier ser hasta que vuelve de nuevo a la tierra, al cauce. Allí, húmeda, sedienta, retorna por los recovecos de lo invencible hasta llegar al río… donde fluye y retorna…

¿Y quién no ha sido alguna vez como el curso de un río, o como el agua que transporta? Suspirando, atravesando barreras con esa fortaleza que sume todo a la nada. Ser un río es como ser un sueño al que se le pide que se quede. Es algo plástico, flexible, mágico. Es algo que hay que ser alguna vez en la vida para sabernos grandes en nuestra pequeñez.

Siempre soñamos con ser un río en la esperanza de otra vida, en las olas de una piel viva. Allí, donde un nuevo amanecer renace en nuestro ser, sellando en nuestras carnes nuevos días de anhelo, de brazos extendidos a otoños y primaveras, imaginando que algún día alguien vendrá a nuestro lado para compartir toda una vida.

Como esas estrellas que no brillan en esa otra existencia diferente y distinta. Esa vida de río, de agua, de sueños. Ese lugar donde sale el sol, en ese destino escrito para nosotros. La vida sin ese amor es como la muerte que separa y diluye, sin beso y sin dolor. Otro día que se va. ¿Dónde nos veremos otra vez? Ese día llegará…

Mañana es hoy cuando sale el sol y el agua fluye entre árboles, nubes, montañas y mares. Y somos río, siempre río en las noches de invierno y en las praderas de cualquier verano. Es así como se derrama el agua que bautiza, que apaga fuegos, que nos purifica. Es así que fluimos cuando somos río. Es así que nos sentimos vivos cuando dejamos de juzgar y nos sentimos arrastrados por lo inevitable.

Ocúpate de los demás


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«No existe entusiasmo sin sabiduría, ni sabiduría sin generosidad«. Paul Éluard

Esta mañana me he despertado temprano en mi particular sopa de letras. Para celebrar el año nuevo, he dedicado dos horas del amanecer a leer el libro, muy bien prologado y regalado en Navidad por Joaquin Tamames, “Ocúpate de los demás”, del increíble sacerdote francés Guy Gilbert. Ha sido hermoso empezar el año con palabras de generosidad. Porque la vida al fin y al cabo consiste en eso, en ser generosos, con nosotros mismos y sobre todo, con los demás.

Los demás son los que dan sentido a nuestra existencia. Ellos son nuestros referentes, nuestros maestros, nuestra oportunidad para avanzar y expandir todo nuestro ser. Por eso, siguiendo las palabras de san Pablo: hay más felicidad en dar que en recibir, y ese es el síntoma inevitable de que estamos empezando a nacer a la vida nueva, esa vida que nos hace grandes y por lo tanto, humanos.

Así que ocúpate de los demás como de ti mismo, sin pensarlo, sin analizarlo en exceso. Simplemente sentir como algo vital y necesario esa solidaridad que sin duda nos repercutirá con el mayor de los regalos.

Un buen libro editado por el amigo Jordi Nadal en Plataforma Editorial y que os recomiendo para empezar con buen pie el nuevo año. Un año que será solidario o no será.

Gracias 2012


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«El amor no puede ser pensado, el amor no puede ser cultivado, el amor no puede ser practicado. La práctica del amor, la práctica de la fraternidad, sigue estando dentro del campo de la mente, por lo que no es amor. Cuando todo esto haya terminado, entonces el amor surge, entonces usted sabrá lo que es amar. Entonces el amor no es cuantitativo sino cualitativo. Usted no dice: «Yo amo a todo el mundo», pero cuando sabe cómo amar a uno, ya sabe cómo amar a la totalidad. Puesto que no sabemos cómo amar a uno, nuestro amor a la humanidad es ficticio. Cuando se ama, no hay ni uno ni muchos: hay sólo amor. Es sólo cuando hay amor que todos nuestros problemas se pueden resolver y entonces conoceremos su gozo y felicidad«. (J. Krishnamurti).

Si este año ha traído alguna experiencia es precisamente esta: la dificultad que entraña el amor. Hemos practicado el desapego, hemos viajado a los confines de la tierra para dar y recibir alegría y hemos hundido las manos en el barro en días de lluvia. En el final del tiempo, he terminado en un sitio tan pequeño y oscuro que he preferido calcular sus medidas como lo hacemos en la “Logia de San Juan”: como una caverna, es decir, como una figura simbólica del cosmos. Así, sus dimensiones son extremadamente claras: su longitud es “de oriente a occidente”; su anchura, “de mediodía a septentrión”; su altura, “de la tierra al cielo”; y su profundidad, “de la superficie al centro de la tierra”. Así, este lugar físicamente oscuro, puede llenarse de luz irradiando en él toda la cobertura celeste hasta el séptimo cielo, elevando en sus entrañas templos a la virtud y encerrando en sus mazmorras la podredumbre y la ignorancia. Desde un mismo eje que va del cenit al nadir podré dibujar la geometría necesaria para la supervivencia, porque aún no sabemos a ciencia cierta que nos deparará el nuevo viaje.

Esta ha sido la culminación de cinco mudanzas consecutivas en doce meses de vértigo. Tras perder la casa, el hogar y la fábrica de sueños, es decir, la sede senequista hasta ese momento, me marché al refugio familiar y de ahí a las altas praderas de Alcobendas, en la misma calle donde, paradojas de la vida, vive mi primera novia. Allí estuve unos meses de idas y venidas hasta que nos trasladamos a la Sacedilla. Algo más de medio año estuvimos allí, disfrutando de un lugar privilegiado, hasta que la sinrazón me empujó de nuevo al refugio familiar. Y de allí al “zulito”, a la caverna, al cosmos salomónico donde me encuentro ahora, en pleno centro de Madrid. Muchos cambios…

Y el mundo también gira rápido. Veo a mi familia, y a mis amigos, y al lazo místico, y al país donde me nacieron, y a Europa, y a esa bolita minúscula que flota en el infinito cosmos y que llamamos (madre) Tierra… Y busco en las estrellas algún punto de referencia que pueda llamar (padre)… Porque la vida es cósmica, y la inteligencia extraterrestre, y por eso el Misterio se nos antoja universalmente omnipresente, y cada latido es una señal en morse para que nos sientan, para que el universo entero se repliegue a nuestra llamada y escuche nuestra voz. Y en esa voz dan igual los cambios, y da igual los zulitos o los palacios, y tanto monta si somos altos o bajos, ricos o pobres, porque todos latimos igual, y todos, absolutamente todos, respiramos igual. Y cuando lo hacemos conspiramos y alzamos algo grande hacia el mundo. Una especie de pulsión, de grito silencioso, de llamada de auxilio, o de, quizás, llamada de amor. Un amor que aún no entendemos, un amor que aún no conocemos, pero que intuimos y que deseamos abrazar en esa añoranza intangible.

Ha sido un año de mucha vida. Podemos decir aliviados que hemos vivido, que hemos respirado, que hemos conspirado, que hemos sentido, que hemos gritado, llorado, reído. Hemos hecho el amor con nuestro prójimo y con nuestra prójima, nos hemos abrazado y nos hemos mirado con esa profundidad que requiere la comunicación de alma a alma. Sí, ha sido un tiempo maravilloso y por eso damos gracias, alzando nuestras manos abiertas para que de nuevo, en esta nueva oportunidad, se vuelvan a llenar de vida. Seguiremos esforzándonos por ser generosos, por construir esos templos virtuosos elevándolos todo lo alto que podamos. Seguiremos creyendo en un mundo mejor y verdadero, cueste lo que cueste. Aprenderemos de los errores para así, cuando volvamos a errar, podamos hacerlo al menos con cierta sonrisa. Y perdonaremos a nuestros deudores, porque seguro que también lo estarán pasando mal. En fin… sigamos, que hay mucho vida por delante…

Gracias amigos… feliz 2013…


xavi navidad

Gracias amigos por seguir aquí un año más (y ya van para cinco años juntos)… Cerca de cien mil personas nos visitaron este año de más de ochenta y ocho países diferentes. Estos fueron los cinco amigos que más comentaron el blog en 2012… Gracias de corazón por vuestras letras y por vuestros comentarios… Ya sabéis todos que a mí también me gusta leeros… y que disfruto con vuestras palabras… Así que quedo totalmente agradecido por todo lo que me aportáis día a día… Internet, para mi asombro, es capaz de crear una especie de lazo místico entre personas que no nos conocemos, y eso ha hecho que podamos compartir algo más que unas letras. Así que gracias de corazón y feliz nuevo año 2013 a todos…

un abrazo sentido a todos…

Estas fueron los 5 amigos que más comentaron:

  •  mapef 160 COMENTARIOS
  •  Luna 133 COMENTARIOS
  •  Manuel J. Nilosé 112 COMENTARIOS
  •  Joaquin Tamames 90 COMENTARIOS
  •  elcamaleón 79 COMENTARIOS

Los números de 2012


Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

19,000 people fit into the new Barclays Center to see Jay-Z perform. This blog was viewed about 93.000 times in 2012. If it were a concert at the Barclays Center, it would take about 5 sold-out performances for that many people to see it.

Haz click para ver el reporte completo.

La primera cena


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En la primera cena en el “zulito” éramos tres, Carlitos, Le Petit Editor y un servidor. De menú, unos modestos espaguetis con cebolla, champiñones, algo de pimienta, sal, orégano y crema de nata. Mientras cenábamos veíamos la película “24 Hour Party People”. Disfrutábamos con los paralelismos de la película con nuestra loca historia personal, cambiando la discográfica Factory Records por la editora senequista que tantas historias y anécdotas nos ha ofrecido en estos locos años.

La mañana sirvió para hacer esas cosas de la efímera existencia como colocar los últimos libros en las estanterías y limpiar lo que queda aún por ordenar. Dimos un paseo por la castiza Madrid y terminamos en una gran librería comprando libros. Ese ha sido mi regalo de Navidad,  dos libros de Umberto Eco, “El péndulo de Foucault” y “El nombre de la rosa”, libros que tengo enterrados en algún lugar de mi perdida biblioteca y que he querido recuperar para releer en estos días de fiesta.

Tras la cena, hemos dado un paseo por Malasaña, hemos entrado en un bar de copas y nos hemos pedido un colacao caliente, por eso de dar espectáculo. Hablábamos de cómo se ve la vida a nuestros cuarenta años. Y es complicado hacer ningún balance, ya no sobre el pasado o el presente, sino ante el reto de afrontar el futuro incierto. No tenemos miedo, claro que no, sí inquietud. Así que nos lanzamos al vacío de la inquietud y la incertidumbre a la espera de ver qué nos depara el destino. Algo es evidente: debemos afrontar nuestra parte en el trabajo colectivo y fomentar la noble promesa de la generosidad.

Fluir con lo que Es


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Las calles de Madrid estaban repletas de vida. No cabía un solo alfiler de apatía, de malestar, de angustia. Sólo se podía fluir con esa corriente infinita, dejarse preñar por tanto entusiasmo, besar con la mirada cada rostro, acariciar con un guiño cada labio, cada gesto, querer ser uno con toda esa corriente de seres sintientes, alegres, frágiles. Podías cerrar los ojos y respirar el mismo aire que los cientos de pulmones que mecían con su aliento ese instante. Podías sentir los miles de corazones que retumbaban al unísono en esa música humana, invisible, pero real. Podías elevar la mirada por encima de todos esos rostros y de repente verte flotando, engullendo cada pensamientos, cada sentir, cada preocupación y despreocupación, cada apretón de mano, cada lágrima contenida. Podías volar por encima de sus emociones y sentirlas todas una a una.

Había una música que salía de toda esa amalgama de vida, una belleza indescriptible, un susurro quebrantable solo por el vuelo mágico. Era tiempo de vivir, era tiempo de sentir, era tiempo de recorrer cada átomo porque sólo había ese tiempo, ese instante. Sólo tenemos este instante y sólo podemos fluir libremente en sus entrañas para disfrutar del mismo. Fluir con lo que Es. Porque no hay más que esto que ahora ves, sientes, piensas, haces. No hay más que este espacio que te arropa y este tiempo que te mece impasible. Mirar alrededor y ser como esa calle de Madrid. Un reguero de Vida. Un reguero de instante. Una corriente infinita de amor, que es la fuerza que todo lo atrae y todo lo expande.

Le Petit Editor


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Estos viajes de ida y vuelta me relajan y me alejan de las cosas, tomando distancia y viendo la vida con cierta objetividad. Palabra extraña esa de la que desconfío desde que me hicieron científico social. Así que ayer llegué, cogí algunas cosas, entre ellas los libros de la tesis y la bicicleta y cargué el coche. Si entraron los libros para la tesis y la bici significa que este sería el último viaje de mudanza. Los demás serán por placer o por huida, porque huir, correr hasta no poder más, de vez en cuando viene bien. Los amantes de la newage dicen que no hay que huir, que hay que afrontar las cosas. Es cierto, no lo niego, pero donde haya una buena huida a tiempo… Y como digo, a mí me sirve de terapia, puedo coger distancia de las cosas, verlas de forma diferente, refrescar mi mente y mis emociones, relajar mi espíritu y su ansiedad por experimentar aún más vida de la que puede abarcar… Ama tanto el infinito…

Esta mañana temprano, cuando ya estaba casi saliendo, apareció “Le Petit Editor” con su mochila cargada de cds de Joy Division y los Arctic Monkeys, apuntándose a la aventura de pasar unos días en el “zulito”. Así que se va Alma y entra Franc. Y ahora esperamos la llegada de Carlitos para “salir” por el barrio y así echar unas risas de nuestra suerte. Con Franc, Le Petit Editor, como le conocen en el mundo senequista, lo pasamos bien en La Montaña. Vivía por el día en mi casa y dormía, a veces, en la suya. Él me mostró su mundo de adolescente efervescente, inquieto, inteligente, despierto y reflexivo a cambio de compartir la vida loca de «le grand editor», como él me llamaba. Incluso se atrevió a escribir un libro no terminado con ese nombre, relatando las peripecias de este servidor. Ahora hace arte dramático, cosa que le viene al dedillo porque el niño nació para el arte. Ahora solo le queda transformar su existencialismo angustioso, desesperado, autodestructivo casi, en ese vitalismo necesario e imprescindible para comprender que la vida no solo es un regalo, sino que es un regalo que hay que exprimir al máximo…

Está bien esta dinámica de entradas y salidas, me recuerda un poco a cuando vivía en la Montaña, donde mi casa se había convertido en una especie de asrham de retiro donde no paraban de entrar y salir gente. Ahora el asrham es más modesto, pero pronto se convertirá en un imán, en un catalizador, en un transformador o en su defecto, en un revolucionario sistema de amplificación interior… Sea como sea, aquí estamos de nuevo, dándolo todo…

Abrazando el vacío


La frase no es mía. Una amiga la inspiraba esta mañana mientras hablábamos de las cosas de la vida. Su descripción poética y profunda con respecto al sentimiento de la soledad me ha sorprendido y hermanado. Estar solo es como abrazar al vacío, especialmente cuando lo que deseas es abrazar al infinito entero. ¿Y cómo hacerlo sino es a través del lazo místico?
Me he pasado toda la mañana pensando en ello hasta que la asfixia se ha hecho insoportable y he tenido que salir a dar un paseo. Claro que mis paseos siempre son singulares. Primero he ido a la famosa cafetería Palentino, sita en la calle El Pez. Cosas de la vida, fue lo primero que conocí de Malasaña cuando hace unos años dormía muy bien acompañado en estas mismas calles. Aquella vez entramos al lugar por ser cita obligada y una hermosa joven empezó a charlar conmigo. Su cara me era familiar pero no la reconocí hasta que mi compañera de entonces me dijo: «¿Qué hacías ligando con la actriz Enma Suarez?» Ahora el Palentino está a pocos metros de mi casa, así que como el paseo me ha parecido en exceso corto a pesar de los buenos recuerdos que me acompañaban y amortiguaban la angustia del abrazar el vacío, a las siete de la tarde cogí el coche hasta que me planté en Cordoba. Necesitaba salir del angustioso «zulito», como ahora llamo a mis cuarenta metros de intraterrena vida. Y aquí estoy, cargando de nuevo el coche de libros para mañana regresar al mundo vacío a la espera de lo milagroso. Y lo milagroso se presentará inevitablemente, por eso de que lo que deseas ardientemente, inevitablemente sucederá. Agradezco, porque es de buen nacidos el ser agradecidos, a la bella dama, audaz melancolía que inspiró estas letras y suspiros…

Un día más…


elefante

«Conozca todas las teorías, domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana, sea apenas otra alma humana» C. Jung.

Un día más… Otro día sin su aliento… Otro día buscando en la promesa, en la ilusión vaga, en aquella luz de estrellas que contemplan la esfera celeste desde su quietud impermeable. Alguna de ellas deberá caer algún día para suspirar en el regazo, para permutar un simple aliento de vida por un trozo de abrazo. Un punto pequeño en un mar de olas, o un trozo de tiempo en una playa de arena. No es la inmensidad la que nos abruma. Es su susurro, ese que escuchamos en la soledad, en el silencio absoluto, en el bullicio áspero de la oscuridad. Se oyen pasos a lo lejos, pero uno desespera porque el tiempo pasa y no perdona las asperezas, y la necesidad de vida compartida revolotea febril entre los codos de lo pasajero. Hay algo de tristeza en todo invierno, en sus calles mojadas o heladas por la escarcha de la noche. También algún canto tímido, ahogado por la escasez de todo.

En la trastienda siempre aparecen rotos cristales y espejos. Los unos hacen traspasar la luz, los otros, la retienen y reflejan. Toda alma tiene un cálido aliento cuando posee el escaparate de la belleza, cuando se arroja a la plenitud de la vida. El alma obedece los mandatos de eso que llamamos espíritu, y se abre a la experiencia irremediable, a la cárcel pero también a la oportunidad de libertad.

Hay un reguero de cosas que pasan y se amontonan en el pensamiento. Es invierno. Fuera hace frío, y dentro, es todo oscuro. Por eso arderá la llama inevitable y buscaré en el firmamento la estrella que ha de caer. La atraparé en un trozo de abrazo hasta que su aliento sea también el mío.

Es el Destino el que decidirá


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«Y recuerda aquéllo que está escrito
Amar al semejante es mirar de frente a Dios» (Los Miserables).

Por la mañana habíamos quedado en la M50, en alguna salida de Majadahonda. Iban a un retiro Vipassana en la provincia de Toledo. Vipassana es una de las técnicas de meditación más antiguas de la India. Significa textualmente ver las cosas tal y como son en realidad. Una tarea difícil a la que se enfrentarán durante diez días de absoluto silencio. En el coche venía Alma, su hermosa hija de dieciséis años, futura promesa de las letras si le pone voluntad al arte que ya lleva impreso. Se quedaría tres días en casa para hablar de libros y literatura y guiarla en la senda de lo posible en el difícil mundo de la escritura. Me acompañó, aprovechando el viaje, a comprar una estantería y algunos enseres para la cocina en el Ikea de Alcorcón. A la vuelta fuimos a comer pizza a la plaza de San Idelfonso esquina con Don Felipe, donde hace años la bella Belén me desveló “La Vita E Bella”, uno de los mejores lugares de Madrid donde se puede degustar a bajo precio una excelente pizza.

Luego trabajamos un poco en su libro, tomando notas de aquí para allá, leyendo y releyendo, buscando ideas y promesas futuras. La escritura hay que trabajarla aunque se tenga arte. Hay que leer mucho y escuchar mucho, estar atento a todo lo que pasa a nuestro alrededor, que junto a nuestra fantasía, siempre serán fuentes de inspiración. Por eso hay que enfrentarse a la escritura con voluntad, con humildad, respeto y atención, mucha atención. He conocido a grandes escritores que por carecer de voluntad han fracasado en el intento de llegar a alguna parte. Escribí mucho sobre ellos en una serie que llamé “la escritura del No”, título inspirado a su vez por estudiosos del “síndrome de Bartleby”, como lo llamó el autor catalán Vila Matas. Incluso en Séneca teníamos una sección con este título del que más tarde editamos un pequeño libro con relatos de personas que luchaban contra este síndrome.

A Alma le entusiasmaba la idea de conocer a Suzanne Powell, así que le propusimos  ir al cine junto a su hija Joanna y fuimos los cuatro a ver la hermosa película de los Miserables. La obra de Víctor Hugo y su musical siguen haciéndome llorar. Los que lleváis algún tiempo leyendo por este lugar algo sabéis de ello porque en alguna ocasión escribí sobre mi especial relación con dicha obra. Así que pasamos una tarde agradable de nuevo en Majadahonda, cerrando un círculo, otro más de los tantos que se abren diariamente. Como decía una de las canciones de los Miserables, un día más, es el destino el que decidirá. Si no habéis visto el músical, os recomiendo que veáis la película, siempre y cuando tengáis ganas de expandir cierta sensibilidad hacia la poesía, la escritura y la increíble obra de Victor Hugo… Sin desperdicio…

Mithra


mitra

Mithra, el dios solar Pérsico, nació, en una cueva, el 25 de diciembre. Sus primeros adoradores fueron pastores que le trajeron regalos, y fue acompañado en su vida por doce discípulos a los que reunió en una última cena, entre otras espectaculares coincidencias con el cristianismo.

Los paralelismos entre Mithra y el cristianismo son como poco, sorprendentes, y las conclusiones al respecto no pueden sacarse de manera simple y precipitada.

Mithra ya había sido adorado por los iraníes durante siglos cuando Zarathustra fundó la primera religión revelada. Zarathustra anunció la primacía de Ahura Mazda, el Señor Sabio declarando que Mithra fue a quien Ahura Mazda nominó «como digno del culto hacia mí.» Cuando las tribus arias emigraron de las estepas rusas se llevaron tambien a sus dioses con ellos diseminando asi su tradición por el mundo. Así en el Imperio romano, esta misma deidad se llamó Mithras, y era la figura central de una religión de misterios que durante casi quinientos años rivalizó con la Cristiandad.

(Fuente: Sophia Perennis)

Navidad


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«A veces las cosas no son como quisiéramos, pero siempre son como deben de ser» (Siria Grandet).

Hay resortes interiores de pura supervivencia que se reactivan en momentos difíciles o especialmente duros. Esta mañana, mientras pintaba a toda prisa la casa, hubo un momento que paré y miré a mi alrededor. Cuando tienes la mente distraída y no piensas en exceso sino que te dejas llevar por la actividad y la acción muchas veces no ves las cosas. Y en ese momento paré y vi lo que me rodeaba y hubo un instante de auténtica tristeza y desconsuelo. Miré de donde venía en estos últimos años y vi donde había parado y fue un momento duro, muy duro. Pero de repente se reactivaron los resortes interiores, los pilares que llevamos dentro y que nos empujan a seguir en los momentos difíciles, y agarré con fuerza el mango del rodillo de pintura y no paré hasta quedarme sin una gota en el cubo.

Justo en ese instante Carlos llamó por teléfono para invitarme a pasar la tarde junto a su familia, que también es la mía y que habían venido a pasar unos días desde Barcelona a Madrid. Bonita tabla de náufrago.

Eso me alegró porque en cierta forma iba a pasar parte del día de Navidad en familia. Me llené de cierta paz que aproveché para atreverme a abrir una de las cajas donde aún guardo algunos recuerdos y empezar así a decorar tímidamente este lugar. Lo primero que salió de la caja fue esa cuerda con trozos de madera que la buena de Olga nos regaló para decorar la casa de La Sacedilla. Ahí el tiempo se detuvo de nuevo. Suspiré, y rocé los trozos de recuerdos ordenándolos por tacto, por olores, por colores que me devolvían a la paz reconfortable del pasado. Soporté el peso durante unos minutos, mirando de nuevo a mi alrededor, en esa tarea difícil de tener que crear un “hogar” sin “chimenea”, sin calor humano, sin compañía a la que abrazar y compartir esos instantes. Por suerte hay huecos en el corazón que te hacen comprender que la vida a veces tiene estas cosas, y que por más que nos empeñemos, resulta necesario vivir estas experiencias para aprovechar luego los momentos buenos con mayor intensidad.

Hoy comí por primera vez en casa. Unas alubias precocinadas. Sólo había que meterlas en el microondas dos minutos y ya está. Todo un regalo. Tras el banquete, y aún desaliñado por la pintura, he salido al bazar del chino, del cual ya me he hecho amigo. He sentido cierta libertad al salir en chanclas, con la cara llena de manchas blancas y el pelo multicolor, brillante, radiante y vaciado de complejos ante la lluvia que caía. El chino está contento porque en estos días ha hecho mucha más caja gracias a mis necesidades eremíticas. Hoy solo he comprado una fregona para empezar a limpiar este gallinero. Luego me he levado un poco y he ido a visitar cerca de la plaza Legazpi a mi otra familia. Ha sido hermoso ese calor, y creo que hasta necesario. Tras una tarde agradable recordando viejos tiempos, sobre todo viejos tiempos mejores, he vuelto desde Legazpi por el Paseo de las Delicias y luego el barrio de las letras hasta casa. Ese aire me ha sentado bien. Pero al llegar, de nuevo me han inundado los recuerdos y he vuelto a tocar la madera de Olga y con ello el inevitable asomo al pasado. Nuevos suspiros, nueva carga de interioridad y nuevos resortes de ánimos que me indican que mañana será otro día.

Hoy es Navidad. Paz y Amor para los hombres y mujeres de buena voluntad… Y también para los otros.

Misa del Gallo


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Sorpresa ante el lleno total, aunque la mitad del personal parroquiano fueran filipinos y la otra mitad de casi todas partes. Es lo bonito de las ciudades grandes, puedes encontrar a discípulos y aldeanos de cualquier parte del mundo. Así que el incienso y el sabor a comunidad ha quedado patentado en los labios de los que allí estaban. Eché a faltar el convite final que hacíamos en la parroquia de mi barrio, donde después de misa era tradicional que los parroquianos nos reuniéramos alrededor de una mesa para compartir algunos parabienes. También la música alegre y festiva que en aquella parroquia de barrio alegraba los corazones. Pero no todas las parroquias son iguales, aunque el ritual católico, excesivamente triste en algunos lugares para mi gusto, siga sobreviviendo dos mil años después. En fin, el niño Dios ya ha nacido y ahora hay que descansar. Mañana, los pastorcillos deberán seguir con sus labores, y el nuevo día traerá nuevas y profundas oportunidades…

Cena de Navidad


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He aquí que viene tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un asno. Él suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén, será suprimido el arco del combate y él proclamará la paz a las naciones” (Zacarías, 9,9).

Nadie podría imaginar que en un perdido establo cerca de Belén naciera la luz del mundo. La humildad elegida no entraña misterio, sino que nos abre las puertas al verdadero Misterio. La Luz del Mundo, nacida entre humildad y pobreza, el alma que busca manifestarse en las pequeñas cosas, en lo rudimentario, en la más absoluta discreción, en silencio, sin nada más que llevar al mundo excepto esa enseñanza humilde. Esa fue la gran enseñanza: “aprendan de mí a ser mansos y humildes de corazón” (Mt 11, 25-30). Dijo Jesús: “Yo te bendigo, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los sencillos y a los pequeños”.

No podría ser de otra forma que honrar el advenimiento de ese entrañable espíritu con humildad, siguiendo su ejemplo, en silencio, aprovechando la rebeldía cósmica para instaurar ese nuevo orden que reclama volver a las esencias del mensaje primigenio, alejándonos del ruido y penetrando en la belleza de este acontecimiento. Ya sea desde el culto pagano, desde la sencillez del rito cristiano o desde el recogimiento interior, estos días nace la Luz del Mundo, y honrarla forma parte de nuestra propia honra y dignidad. Aprovechad y amémosnos los unos a los otros como él nos amó, y haced de esta fiesta un profundo homenaje a la Vida que nos recorre. Feliz nacimiento de la Luz en vuestra cueva interior.

(Foto: Cuando era adolescente solía rebelarme ante la hipocresía y la perturbación de un momento especial y cuyo sentido se ha pervertido y desvirtualizado. Y solía hacerlo alejado del mundo, con un plátano como manjar a modo de protesta en la cena de Navidad. Ha querido la vida que me haya encontrado de nuevo aislado, con ese plátano como cena navideña, recordándome una y otra vez la grandeza de las pequeñas cosas, de los pequeños gestos, la lucidez del rito y el ritual consagrado a la vida y sus misterios. Este es mi humilde testimonio: no es desdeñable esa luz encendida junto a un humilde plátano, incienso y la Palabra Perdida presidiendo la mesa. Y la Luz, que no conoce de caminos, busca en la oscuridad cualquier oportunidad para manifestarse. Que así sea, por siempre.)

Blanca Navidad…


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Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento”. Evangelio de Lucas 2:1-7

Hoy estaba especialmente contento pues he recibido noticias de una amiga del alma que hacía años que no sabía nada de ella. Nos conocimos en la universidad, y ella me llevó de la mano hacia poetas desconocidos y diálogos infinitos que nos dejaban exhaustos hasta altas horas de la madrugada. Sentíamos verdadera pasión por aquellos encuentros, hasta el punto de que estuvimos a punto de venir a terminar la carrera aquí a Madrid. No pudo ser, por eso, cosas de la vida, me hace especialmente gracia que hoy que emprendía mis primeros días de vida en Madrid, solitario, con la cara llena de pintura blanca y las paredes que van tomando tono poco a poco, haya retomado el contacto.
Así que hoy será una Navidad diferente. Estaré preparado, a cual pastorcillo, para recibir al niño Jesús en esta mi propia cueva, antaño jungla amarillo-verdosa y ahora de luciente e inmaculado blanco. En este pequeño vientre edificado en 1852 en pleno centro de Madrid, oscuro, pero necesario para emprender esta nueva etapa. Como casi todas las Navidades, buscaré alguna iglesia cercana para celebrar la misa del Gallo y así seguir con la tradición cristiana de recibir al niño Dios en comunidad.
Estaré pintando hasta media noche para que la cueva pueda recibir al niño al menos con cierto decoro y decencia. Luego me ducharé, encenderé alguna vela, símbolo de luz que nace en la oscuridad, tomaré algún plátano de cena de noche buena, como hacía antaño, dando gracias humildemente por seguir vivos una vez más, y me marcharé feliz a la misa.
Por eso mi Navidad será blanca, no de nieve, pero sí de pintura, que para los tiempos que corren, es casi lo mismo. Suspiro a veces porque no es como lo había imaginado, al menos no es como había imaginado hace unos meses estas Navidades, pero los suspiros vienen acompañados de fe y esperanza, que junto a la caridad hacia el mundo y hacia uno mismo, es la triada perfecta para estos días, no solo por ser las tres virtudes teologales o sobrenaturales, sino porque además, son las tres columnas que sujetan muchos templos interiores. El mío, que no es excepción, resistirá los terremotos de la incertidumbre.
Así que feliz Noche Buena a todos aquellos que en familia, en solitario o en comunión mística celebran este peculiar y hermoso día de amor ya sea desde la tradición, desde el festejo o desde el más puro sentido espiritual. Os abrazo a todos desde el lazo místico.

Día uno en Malasaña


Me he despertado antes que el sol en un día gris, el primero de invierno, pero de agradable temperatura. Un domingo por la mañana la ciudad está dormida excepto para borrachos vomitando en las aceras, algunas prostitutas que apuran las primeras horas del alba y el regimiento de barrenderos que limpian a toda prisa los restos de la movida madrileña. Malasaña, a estas horas, es un lugar tranquilo.
Como la casa aun está inhabitable, he paseado hasta la calle San Marcos esquina con Hortaleza donde hacen unos riquísimos desayunos por tan solo dos euros. Y ahora ando en la Gran Vía buscando entre los grandes almacenes algún lugar donde vendan pintura y mil enseres necesarios para la pronta supervivencia. Empieza de nuevo, y otra vez, la lucha.

De nuevo en Madrid


Después de la merecida siesta fui a recoger al incondicional Carlos al Paseo de la Castellana para que me ayudara con la mudanza. Cuando llegamos a Malasaña, J., el antiguo inquilino, aun le quedaban algunos viajes para recoger sus cosas. Le ayudamos entre viaje y viaje a cargar la furgoneta mientras colocábamos mis pocas cosas en la «habitación». Nuestra primera cena ha sido magdalenas con chocolate. Carlos se fue satisfecho por haber podido ayudarme y ser testigo del tránsito y yo me quedaba solo y algo estupefacto por las terribles condiciones del lugar, especialmente por la suciedad y el caos «estético». Me puse a limpiar y tirar cosas como cadáveres de animales diversos troceados y almacenados en la muy sucia nevera. La «cocina» he preferido dejarla para mañana, no sin antes ir al bazar chino de la calle el Pez para comprar dos vasos, algún cubierto y muchas cosas para limpiar. Aunque no debería ser mi obligación, mañana compraré botes de pintura y pintaré todas las paredes. Prefiero hacer esta pequeña inversión en tiempo y dinero con tal de que este lugar sea lo más parecido a un sitio habitable. Para disimular un cierto aire hogareño he puesto sabanas limpias de franela, he sacado algún libro del maestro Tibetano y he colgado en una de las sucias paredes el cuadro sobre el árbol de la vida que amorosamente me regalaron las amigas de BK. En fin, estoy convencido de que en un par de semanas de duro esfuerzo el dueño no va a reconocer este lugar y yo me voy a sentir como en casa.
A pesar de todo, me siento feliz y a la espera de lo milagroso… Aunque estos tres últimos días no han tenido desperdicio. Ahora toca volver a empezar con prudencia y humildad, con trasparencia, constancia y alegría. Y lo demás, cuando tenga que llegar, inevitablemente llegará…