Música para el alma…


Escuchando esta música me traslado a momentos necesarios, a pausas entre el alma y el vivir, a ese espíritu que todo lo penetra. Sencillo resulta dejarse arrastrar por las melodías que nacen de un venero de agua pura. Podría pasarme días enteros navegando en sus naves plagadas de sintonías imprescindibles, de calma, de silencios. En estos momentos de incertidumbre, la música de las estrellas inundan los momentos que requieren fortaleza y decisión. Momentos amables, momentos cálidos donde la voz interior reclama atención para dirigir los pasos con honradez y exactitud. Sin prisas, pero seguros de que todo cuanto llega es por alguna necesaria razón. Adelante pues con el corazón abierto, la voz abrasada por el silbido alentador y el alma sedienta, apretada a las luminarias que contemplan alegres la Obra. Cierra los ojos y déjate guiar…

Sinfonía número 9, movimiento 3 de Beethoven

Adelante…


Misión cumplida en Suiza y de nuevo en Madrid tras más de cuatro mil necesarios kilómetros de viaje submarino. Y digo necesarios porque a veces uno entra en trance meditativo cuando circunda el mundo de un lado para otro, buceando en los pareceres de la vida cósmica, esa que se manifiesta en todas las cosas, en todo lo que ocurre.

La vuelta ha sido dura porque ahora sí, y definitivamente, la incertidumbre se abre de nuevo. El reto es volver a caminar en la soledad, buscar un nuevo hogar y hacer una nueva mudanza. Y todo eso en doce días de vértigo… A pesar de la tristeza del momento, llevo ya tiempo mirando al cielo y suplicando ese “hágase tú voluntad, y no la mía”, así que pongo en las manos del destino este nuevo cruce de estrecho.

Atrás queda un año increíble, cargado de enseñanzas, de abrazos sentidos con una mujer excepcional, un año que me ha hecho crecer y vivir con intensidad la relación con la vida. Un año que termina, necesariamente, para que nazca algo nuevo, diferente, cargado también de enseñanzas que nos harán más sabios.

Ahora toca profundizar, sin apegos, en la tristeza necesaria. Toca revivir uno a uno todos los recuerdos para poder liberarnos de ellos. Toca el necesario duelo ante la realidad que se impone. Una vez quemadas todas las naves, ya solo queda seguir navegando, aunque sea con la tabla de náufrago.

¿Dónde ir? De momento empezaré la búsqueda en el centro de Madrid. Paradójicamente, me apetece estar rodeado de gente y de ruido. Vivir la experiencia, después de muchos años de aislamiento, de estar en una gran ciudad. En este atardecer, me apetece bucear en nuevas consignas. No sé… todo vuelve a arrastrarnos a la incertidumbre… Estoy convencido de que eso nos hará más sabios.

Pd.- Si alguien sabe o conoce de algún piso o apartamento en Madrid que no dude en decirlo…

Las cosas de ese absurdo ego


Disfraces, caparazones, hechizos, distancias, miedos, mentiras, ilusiones, espejismos todos. Estamos acostumbrados a excitar nuestros egos desde esa ilusión que fabricamos de nosotros mismos, ignorando de paso la percepción que el mundo tiene de nosotros. Estamos a merced de nuestras propias mentiras, regocijandonos sistemáticamente de lo maravillosos que somos. A veces somos absurdos al ignorar que todo, absolutamente todo es un juego, una obra de teatro donde representamos un papel incierto.
Pero a veces notamos que más allá de este aparente absurdo hay algo más profundo y misterioso. Lo notamos en pequeños destellos de lucidez, en breviarios de conexión con esa parte íntima del universo que nos corresponde. Esa es la mejor pista para seguir comprendiendo que la magia de estas pruebas del laberinto pueden ser comprendidas y aceptadas como un nuevo reto para hacernos mejores y virtuosos. Sentir la vida que nos recorre en el silencioso viaje hacia los abismales secretos de nosotros mismos es ya de por si una increíble pista. Y podemos darnos cuenta de la grandeza de esta oportunidad única. La oportunidad de estar vivos y sentir desde la intensidad mas absoluta el maravilloso milagro de la Vida que nos recorre. Que gran lucidez poder sentir la Vida y abrazarla con fuerza.

Miedo e incertidumbre


En el lago de Zurich desemboca el río Linth, que proviene de los glaciares del macizo del Tödi en Glaris. En sus orillas, en el apacible poblado de Küsnacht, Carl Jung poseía su casa, donde intentaba desentrañar los secretos de nuestra naturaleza psíquica y de los arquetipos que definían nuestra aproximación a la realidad. Allí mismo, paseábamos recordando la importancia del genio y también la importancia de enfrentarnos a nuestro propio destino desde la eterna incertidumbre. Pero, ¿qué es la incertidumbre? Nos preguntábamos en las orillas del lago. Incertidumbre es sabiduría, decían los sabios. Estamos en este mundo porque tenemos miedo. Siempre afrontamos la vida con cobardía, sin saber a ciencia cierta qué será de nosotros. Por eso un maestro oriental decía que necesitamos incertidumbre en nuestras vidas que nos aleje del miedo. El verdadero sabio siempre se enfrenta, sin miedo, a cualquier incertidumbre, decía.

Pensábamos en nuestro viaje cargado de incertidumbre. Sin saber donde íbamos a estar en unas horas y dejándonos fluir por todo cuanto ocurría en la carretera y en la conversación. ¿Hacia donde ir? ¿Qué comeremos? ¿Qué compañías encontraremos en el viaje? Recorrimos más de cuatro mil kilómetros cargados de incertidumbre. Pero eso nos hacía fuertes, porque nos alejaba del miedo.

Nos educan para huir de la incertidumbre, y para alejarnos de las personas que viven en una constante incertidumbre, porque eso nos crea conflicto y temor. ¿Cómo vivir con alguien que no se preocupa de lo que comerá mañana o de qué vivirá en el futuro? Nos alejamos de esas personas sin reconocer en ellos un halo de cierta sabiduría, porque viven en la creencia y en la completa entrega hacia el propósito, hacia lo que cada día aporta en sí mismo. ¿Acaso cada día no tiene su propia preocupación?

Estamos en tiempos de intensa incertidumbre, pero dicha incertidumbre es un regalo para ponernos a prueba, para hacernos más sabios. Todo viaje, toda compañía, toda prueba en el camino nos hace más fuertes, más despiertos. Y debemos, constantemente, dar gracias, con humildad y reverencia, aunque todo nos parezca desconcertante. Demos gracias por todos aquellos que la vida nos acerca para que aprendamos y nos hagamos más sabios. Por todas esas experiencias que despiertan en nosotros esa necesidad de seguir progresando. La incertidumbre sigue, el viaje sigue. Mañana más aventuras. Mañana más incertidumbre. Mañana seremos más sabios.

(Foto: Ayer paseando en el lago de Zurich y jugando con este hermoso cisne).

Las cuatro virtudes de Lao Tsé


Quienes quieran conocer la verdad del universo, deben practicar las cuatro virtudes cardinales:

La primera es la reverencia por toda vida; ésta se manifiesta como amor incondicional y respeto por uno mismo y por todos los demás seres.

La segunda es la sinceridad natural; ésta se manifiesta como honradez, simplicidad y lealtad.

La tercera es la mansedumbre; ésta se manifiesta como bondad, consideración por los demás y sensibilidad hacia la verdad espiritual.

La cuarta es actitud de ayuda, ésta se manifiesta como servicio a los demás sin expectativa de recompensa.

Las cuatro virtudes no constituyen un dogma externo, sino que forman parte de tu naturaleza original. Cuando se practican, originan la sabiduría y evocan las cinco bendiciones: salud, riqueza, felicidad, longevidad y paz.

Desde Stuttgart


Tras recorrer toda Suiza y algo de Austria, nos encontramos en el sur de Alemania con un capuchino pelados de frío. Será una noche larga… Muy larga…

Desde Ginebra


Día intenso. A las tres de la tarde ya estábamos en la sedes de la fundación en la rue de Varembe de Ginebra descargando los doscientos libros que como cada año donamos desde Nous a alguna institución con el propósito de practicar desde la consciencia el apoyo mutuo y la cooperación. La vida, que es justa y compasiva, ha querido regalar a estos peregrinos una noche de hotel que disfrutaremos con sumo agradecimiento. Es lo bueno de sumar fuerzas. El modesto bote de Carlos sumado a la fortuna de haber podido vender estos días algunos libros han podido obrar el milagro de este viaje. Y sumados ambos «troncos de la viuda» nos permiten hacer este tipo de cosas. A algunos les cuesta entender esta forma de viajar basada en comidas a base de frutos secos y hoteles ambulantes con vistas a las estrellas. A veces parece un poco duro, pero con el tiempo, las cosas las recordamos con cariño y diciendo siempre esa frase tan antropológica de «yo estuve allí y vi esas cosas». Es cierto que no todo el mundo es capaz de hacer estas extrañas cosas. Pero si queréis verdadera aventura, no dejéis de viajar por falta de recursos. Juntaros dos o tres amigos y veréis cuan milagrosos resultan los viajes. En todo caso, tras tres horas de intensa conversación con los responsables de la fundación y bonito paseo por Ginebra podemos decir eso de misión cumplida. Mañana, ya sin las comodidades presentes, viaje a Zurich, a la casa de Carl Jung.

Primera parada en Barcelona


El viejo amigo Carlos me acompañó en el viaje por las Tierras Altas de Escocia, donde pensaba toparme con mi primera experiencia etnográfica. Miles de kilómetros en coche, en invierno y durmiendo en el hotel Prius. Él se quedó un año en Edimburgo y yo unos meses en la preciosa bahía de Findhorn para luego dar el salto a la Baja Sajonia, en Alemania. En este viaje también ha querido acompañarme. La primera anécdota ha sido quedarnos sin aceite llegando a Barcelona. Así que hoy pasamos aquí la noche con la familia y el Rasta, que está precioso y buen cuidado y mañana a las seis de la mañana nos marchamos dirección Ginebra. Y a partir de mañana, aventura. Dejaremos la donación de libros, motivo del viaje, y aprovecharemos para dar una vuelta por Suiza, ya que Carlos no la conoce. Ya hemos preparado unas buenas mantas porque el Hotel Prius promete… La crisis, ya saben…

¿Se elevará algún día el Amor?


«De esta fiesta mundial de la muerte, de este temible ardor febril que incendia el cielo lluvioso del crepúsculo, ¿se elevará algún día el Amor?» T. Mann, palabras finales de La Montaña Mágica

Mañana seguiré el curso de la transpiración de las flores o la emigración de las aves. Como las modulaciones de la música, me dejaré preñar por los acontecimientos, moldeando el viaje hacia ninguna parte mientras el péndulo se retuerza en la incertidumbre.

La excusa será entregar doscientos libros a una fundación suiza, en la para mí preciada Rue de Varembè, en el centro neurálgico del Parque de las Naciones y justo en frente del increíble y espectacular lago Lemán. Después de llegar sano a Ginebra, la aventura y su llamada correrá seguro por mis venas hasta donde llegue la gasolina y el presupuesto pactado.

¿Qué flores y plantas perfuman mejor el aire? ¿Podemos elegir en todo momento aquello que hará que nuestras vidas sean más placenteras? Estos serán algunos de los interrogantes que acompañarán al viaje. Porque la vuelta demandará una respuesta contundente para seguir creciendo, sin dejar de menguar y sin dejar que nada ni nadie te arrastre hacia ninguna ceguera o apatía. ¿Para qué empeñarnos en nada? Qué sea lo que inevitablemente tenga que ser, y que suceda lo que inevitablemente tenga que suceder. Lo importante de toda esta aventura será caminar firme por el cielo lluvioso del crepúsculo hacia ese lugar donde se eleva el Amor.

Los pilares para una buena relación de pareja


  1. Atracción. Para que una buena relación funcione tiene que existir algún tipo de atracción, tanto física, como emocional, intelectual y espiritual. Es la base principal de cualquier tipo de relación, y no se puede edificar ningún buen edificio sin esta base.
  2. Respeto mutuo. No se puede basar ninguna relación si hay falta de respeto. Cada uno puede atravesar cualquier tipo de situación, algunas muy duras, y no podremos estar con esa persona si no respetamos dónde se encuentra y cómo está buscando salida a dicha situación. Además, cualquier persona tiene sus propias creencias, sus formas de relacionarse con el mundo, sus amigos, su familia, sus manías, sus hábitos, sus innumerables pensamientos con respecto a la existencia. Es necesario profundizar en ellos para conocer al otro y poder así entablar una sana relación respetuosa.
  3. Confianza. El respeto debe venir acompañado inevitablemente de la confianza. Si no podemos confiar en el otro la relación nunca llegará a buen puerto. La confianza también hay que lucharla y ganarla. Si nos equivocamos mil veces en la misma piedra, podemos crear una potencial imagen de desconfianza. Pero podemos pulirla reconociendo nuestros fallos y remediándolos en el futuro.
  4. Comunicación. No se puede entender una relación sin comunicación, aunque el ideal último sería una relación que no necesitara comunicarse, por poseer un entendimiento absoluto de ambos. Comunicación no significa grandes monólogos donde cada uno expresa lo que le parece. Significa atención, escucha activa y connivencia emocional, aunque se piense diferente o se tengan puntos de vista antagónicos sobre cualquier tema. Ahí precisamente estriba la riqueza del diálogo, en la aceptación de nuestras diferencias para engrandecer nuestras perspectivas.
  5. Empatía. Para desarrollar una buena empatía se ha de conocer al otro, cuales son sus virtudes y cuales son sus carencias, sus puntos flojos, para así intentar entender porqué reacciona de una u otra forma ante problemas y conflictos. Además, nos facilita poder aportar visiones diferentes ante conflictos o problemas que el otro quizás no pueda ver.
  6. Actualización. Las relaciones se tienen que actualizar constantemente. Sentarse a hablar de cómo uno se siente, de qué cosas habría que mejorar, o cambiar, o modificar para que todo fluyera de forma más armónica. Es algo que no se tiene en cuenta, pero toda relación necesita conocerse y actualizarse siempre.
  7. Compromiso. No podemos mirar a ninguna parte sino es bajo el prisma del compromiso. Y compromiso significa apostar por algo o por alguien en cualquier tipo de reto que la vida nos ponga. Compromiso significa estar ahí, presente y firme ante los obstáculos, pero también ante las grandezas y maravillas de la vida. Compromiso no significa caminar atados, sino libres por una misma senda.
  8. ¿En lo bueno y en lo malo? Sólo una pareja que ha establecido como bases sólidas el afecto, la atracción física, intelectual y emocional, la afectividad, el compromiso, el respeto y la confianza podrá prever y atravesar situaciones difíciles sin que con esto se rompa el lazo común. No sirve tener una pareja solo para lo bueno, o los buenos ratos. Ahí nos estamos engañando. Debemos aprender a caminar firmes y seguros en cualquier situación, y ayudar al otro cuanto más lo necesite. Si no hay apoyo mutuo ni cooperación, al final todo se quebrará.
  9. Generosidad. La vida es relación, y relacionarnos implicar dar y recibir. Este es el principio por antonomasia de la vida, de la existencia. Un constante flujo de dar y recibir, recibir y dar. Por eso la base fundamental de cualquier tipo de relación siempre será la generosidad, tanto para poder dar como para poder recibir.

Las relaciones de pareja en la «Generación X»


“La madurez es aquella edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo” Ralph Waldo Emerson

Ayer paseaba con un amigo por el centro de Madrid. Hablamos de nuestra generación, y de lo difícil que resulta para la que fue conocida como Generación X (aquellos que nacimos en los años setenta), el establecer rectas y correctas relaciones de pareja, entre otras cosas. ¿Por qué? No llegamos a conclusiones claras. Quizás por miedo al compromiso, quizás por miedo a la responsabilidad, quizás por miedo atroz a todo aquello que tenga que ver con establecer algo que se asienta en las bases de la tradición –por ejemplo, la familia- o quizás simplemente por vivir una situación dramática totalmente desestructurada en los aspectos materiales y emocionales.

A esta desastrosa y desgarrada generación también se la conoció como la «Generación de la Apatía» o la «Generación Perdida». Se caracterizaba por el rechazo sistemático a casi todo, por una rebeldía constante, rechazando cualquier tipo de autoridad que viniera de la religión, de las tradiciones generacionales, patriotismos o instituciones como la de la familia. Con ese bagaje cultural y generacional, no es de extrañar que ahora las cosas, en el plano afectivo nos vaya como nos va. Es decir, totalmente ausentes, apáticos y perdidos.

Una generación que se topa, tras las dificultades propias de la transición, con una edad madura complicada, en la que llegamos a los cuarenta años en plena crisis económica, perdiéndolo todo y sin mucha expectativa de futuro. Lo curioso y patente es que nadie se fía de nadie. Si un hombre conoce a una mujer desestructurada huye como la peste, y si es al revés, es la mujer la que conoce a un hombre desestructurado, ni le mira.

Reflexionábamos que quizás esta generación empezaría, algunos, a establecer ciertas relaciones serias a partir de los cincuenta, no ya para crear una familia o algo que se le parezca, sino para intentar, como mínimo, estar en agradable compañía. Un triste futuro, visto así. Lo que nos quedaba claro es que éramos la generación trampolín o puente entre la vieja tradición familiar y el nuevo concepto de relaciones de pareja, que aún no se ha definido del todo, pero que en todo caso, a día de hoy, no son duraderas, están faltas de compromiso y confianza y nunca superan las primeras crisis importantes.

Sea como sea, estamos atravesando un momento muy duro, y es una pena que no seamos capaces de razonar tranquilamente sobre estas cosas, de asentar bases sólidas de confianza, de cooperación, de apoyo mutuo, de empatía y de solidaridad emocional y material. Es una pena que sea la cobardía y el rechazo, la falta de respeto y la desconfianza la que domine el plano de las relaciones de esta generación. Es una pena, como digo, preferir la soledad tan desolada al abrigo del abrazo y la confianza, el respeto y el amor.

Pd.

Primero debemos saber de dónde venimos: Nacimos en plena transición política, de una generación acostumbrada al garrote vil, la dictadura y la mano dura. Eso nos afectó considerablemente, relacionando el aspecto “familia” con la dureza de una dictadura, distorsionando con ello todo el panorama afectivo-emocional, rechazando, por lo tanto, cualquier tipo de autoridad y cualquier tipo de compromiso, responsabilidad o estatus que tuviera que ver con la tradición.

En esta primera definición, ya sabemos que tenemos unas carencias, unos conflictos y unas distorsiones con respecto al mundo de la pareja (intentaré evitar el concepto “familia”, el cual trasciende lo que aquí queremos detallar).

Nuestra generación nació de la escasez de la transición pero entró de lleno en la abundancia material de los años ochenta y los noventa. Aquí hubo una nueva distorsión, porque creíamos a pies juntillas que la fiesta consumista y materialista en la que ahora navegábamos duraría de por vida. De ahí la decepción ante la gran crisis financiera de principios de siglo y la falta de perspectivas futuras.

¿Dónde estamos? Nos encontramos en una situación incómoda y complicada, nada halagüeña. Muchas parejas se están rompiendo debido a la dificultad material en la que nos encontramos. Al menos aquellas parejas que no nacieron bajo un espectro sólido y que ahora, a la mínima de cambio, terminan por explotar. Otras ven con dificultad el empezar una relación seria ante todo tipo de inestabilidades, ya sean financieras, materiales o afectivas. ¿Desde qué punto de vista revisar todos estos parámetros y distorsiones que nos afectan en el plano personal y afectivo?

El origen del drama


¿Cuales son los orígenes de cualquier drama? Leía hoy en alguna parte un dato interesante: en la crisis del 29 en EEUU se suicidaban los banqueros. En España en 2012, los desahuciados. Se puede decir que los tiempos han cambiado, pero en el fondo, estamos hablando de lo mismo, del fracaso de un sistema, de una forma –aún muy animal- de organizarnos y de cómo el apoyo mutuo, a la larga, será el ideal en contra de la competitividad y la lucha.

Se me entrecoge, como a cualquier ciudadano de bien, el corazón cuando vemos como personas normales deciden terminar con todo ante un desahucio. Lo recordaba esta mañana en un paseo por el monte con un buen amigo con mi propia historia y con la de cientos de personas que, viviendo una vida normal, pueden terminar en la calle en el mejor de los casos. Mi caso podría servir de ejemplo, pero también el caso de miles de personas que no se suicidan y que deciden seguir luchando mientras tengan salud y cierta fuerza interior.
Más de diez años trabajando día y noche, incluso durante mucho tiempo los fines de semana con tal de hacer realidad el sueño de cualquier joven recién licenciado: normalizar una vida, tener una casa, una familia, una vida común. De repente, una serie de acontecimientos desencadenan el desastre.
Y es cierto, debo admitirlo no sin cierto sentimiento de vergüenza, que cuando lo pierdes todo, no solo en el plano material, sino también en el plano afectivo, todo se te derrumba y siempre, en algún momento, la idea del suicidio parece ser la única gran renuncia a la que se podría dar paso. Para muchos es tan solo un sentimiento de desesperación, para otros, la salida a una oscura realidad que se antoja sin futuro alguno.
El tener un soporte interior, a veces ayuda a desalojar de uno mismo estos sentimientos de autodestrucción. El tener una familia o unos excelentes amigos también pueden ser tablas de náufrago a las que agarrarse. Siempre hay algo o alguien que te recuerda la urgencia del vivir, ya sea con pequeños actos de generosidad –una sonrisa, un almuerzo, un abrazo, un paseo- o con esos guiños que la vida a veces te ofrece en momentos difíciles.
Por eso, cuando alguien lo está pasando mal, intento estar alerta –aunque a veces no siempre a la altura- para que ese mal trago pase sin mayores consecuencias. Y creo que los tiempos reclaman que estemos alerta, porque hay personas que están atravesando oscuros puentes de no retorno y oscuras pesadillas con final terrible.
El suicidio de un solo ser por este tipo de cosas es la constatación del fracaso de una sociedad, y de ese fracaso, somos todos responsables.

El Rei Artur, el messies d’un poble


 

Parece un anuncio de mal gusto, pero la cosa es muy seria. Sólo se puede convencer a un pueblo sobre su destino desde la emoción mesiánica y no desde la razón, porque la razón, que dejó de ser algo zoológica, explica las cosas desde la inteligencia, y no desde la oscuridad del paleolítico, y descubre que el humano (ya lo descubrió la biología hace algunos años) es idéntico en cultura, en identidad y en especie (por suerte se dejó de creer en razas). Por lo tanto, somos Una Humanidad, un Pueblo y una Cultura, la humana, con sus adaptaciones al medio, y por lo tanto, con sus peculiaridades, pero nadie es diferente a otro ante el marco de la inteligencia (en la política se le llama democracia), y nadie tiene un destino como pueblo, sino como ciudadano. Por lo tanto, no existe la voluntad de un pueblo como raza diferenciada, como etnia o cultura separada del resto, sino la voluntad de la ciudadanía libre.

Los mesiánicos lo saben bien. Tenemos el triste ejemplo de un Bush en USA, de un Gadafi o de un Hitler. ¿Cómo un pueblo culto como Alemania, por ir al ejemplo más extremo, iba a llevar a su país hasta la destrucción total? Pues lo hizo, y de forma democrática, votando libremente a su nuevo mesias. Y las circunstancias de aquel pueblo eran muy parecidas a las nuestras, con un caldo de cultivo perfecto para buscar cualquier chivo expiatorio y llevarlo al abismo. Tengo la convicción de que no llegaremos a tales extremos. Que la sensatez será más poderosa que la irracionalidad y que seremos capaces de entender que el espíritu de los tiempos es común a todos los pueblos y a todas las culturas, porque como especie, somos un pueblo y somos una cultura.

DE CAUDILLOS Y SECTARISMOS PATRIOTAS Y NACIONALISTAS


«No paremos en las sendas antiguas, miremos nuestro entorno y descubramos cual es el camino derecho y andemos por él«… (Anónimo)

Los caudillos de España, amparados por la endogamia política, cierran los ojos y se tapan los oídos ante las exigencias y las demandas de una parte, y subrayo lo de una parte, del pueblo catalán. En esto les tengo que dar la razón a esa parte que desea la independencia: por supuesto, tienen derecho, el conjunto de los catalanes, y no una parte, en decidir sobre su futuro. Pero eso no se puede inducir desde el sectarismo reinante en Cataluña, donde una parte, y subrayo lo de una parte, impone un ideal, el soberanista, que subvenciona a base de talonario en prensa, radio, televisión e instituciones afines al régimen. En un momento de crisis, donde el gobierno catalán no tiene dinero para pagar a sus funcionarios, no se pueden gastar los recursos de un pueblo en subvencionar una idea sistemáticamente o aprovechar la coyuntura y el desconcierto para imponer una idea, a no ser que se haga de forma maléfica como cortina de humo ante la agravante crisis o los escándalos de corrupción sistemáticos. Por eso, el derecho a decidir se ve mancillado por esa constante canción de cuna que mece las pobres mentes hambrientas en su propia jaula de hierro. ¿Cómo ser libre ante esta condición? ¿Y como reclamar la libertad de un pueblo ante la esclavitud de un pensamiento único? Cataluña –también España, porque no se puede entender el todo sin la suma de sus partes- está enferma. Enferma a la hora de proclamar con certezas –incluso fuera de eso que los político llaman marco legal- presupuestos que no han ocurrido.

La herencia medieval, convertida en reinos de taifas, en tribus y en pequeños feudos gobernados por pequeños caudillos que reclaman su parte como si realmente les perteneciera, están removiendo los cimientos de la sinrazón, glorificada por un sentimiento de complejo (qué sino puede ser la patria o la nación sino aquello que no somos capaces de crear o creer de nosotros mismos) o de ceguera. Complejo nacional y ceguera patriótica, centralista y estatal. Y es que al Leviatán le salen cabezas que desea cortar, mientras que las cabezas desean imitar el complejo totalitario que desea destruir. Esto siempre me ha parecido una paradoja. Quiero destruir un Estado para construir un Estado. ¿Por qué y para qué esta cuestión en el siglo XXI? Supongo que para seguir esta máxima, que para mí también es errónea en los tiempos que corren: para crecer. Porque no se entiende la necesidad de crear un nuevo Estado si no es para seguir los mandatos neoliberales del crecimiento. Sin duda, pura biología, pura animalidad, puro sentimiento alejado de la razón y del ser (entiéndase “ser” como aquella entidad que no necesita crecer, ni tener, ni poseer, sino que se expresa libremente con o sin estado, con o sin nación, con o sin razón).

Los complejos del nacionalismo étnico


«El nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando«. Pío Baroja

Un hombre fuerte y libre no necesita agarrarse a la fortaleza y la libertad de una entidad mayor. No requiere de la amalgama sustancial de un estado, de una patria o de una nación. Aquellos que se proclaman así mismos como nacionalistas o patriotas, no reflejan más que la debilidad de un pueblo atormentando por ridículos y tribales persecuciones. Necesitan de un enemigo para combatir sus propias desgracias, y necesitan, sobre todo, de una identidad para parchear su debilitada aproximación al mundo. Las patrias, los estados, las naciones, las banderas, no son más que anexos que se catapultan ante la insolente mirada de un ser frágil y de inteligencia moldeable. ¿Para qué un ser verdaderamente libre necesitaría agarrarse desesperado a la tabla de náufrago de cualquier sentimiento patriótico o nacionalista? ¿Qué clase de complejos encierra ese sentimiento desacerbado e intoxicante que pretende marcar diferencias entre unos y otros seres humanos? ¿Quién desea, sino una mente endeble y acomplejada, alzar banderas, crear fronteras y escupir culpas a un enemigo invisible e inexistente en plena era del conocimiento y de derrumbe de aquello que nos separa? ¿Qué clase de enajenación colectiva puede conducir a todo un pueblo aborregado hacia el precipicio de la sinrazón? ¿Qué pueblo culto podría volver a cometer la estupidez insensata de proclamar abismos en vez de puentes? ¿Qué clase de ideas absolutas y totalitarias, rozando en proa al fascismo y en popa al nacionalsocialismo, desean guiar la nave nacional? ¿Qué persona que se considere realmente un espíritu libre podría abanderar dichas ideas? ¿Qué clase de ideología es esa que desde cualquier punto de vista es frágil y débil, rudimentaria y propia de la era de las cavernas? ¿Qué clase de tendencia patológica desearía de nuevo balcanizar el planeta y conducirlo a la era del más fuerte? ¿Dónde quedó la naturaleza del Espíritu Libre, esa que errante nos conducía hacia cuotas cada vez más humanas? En plena era del Facebook y de Google, ¿quién desea perder un ápice de su tiempo en bucear en aquellas cosas que nos separan? Por más vueltas que le doy, desde la emoción y desde la razón, solo se me ocurre la tormentosa idea de que estamos siendo de nuevo contaminados por la sinrazón, la estupidez y la ignorancia supina.

Indomables excepcionales


«La virtud es como una piedra preciosa, mejor cuanto más sencilla sea la montura; y seguro que la virtud está mejor en un cuerpo hermoso, aunque no de facciones delicadas, y que tenga más bien dignidad de presencia que belleza aparente«. Francis Bacon

Hay seres irreductibles, indomables, que no están en venta. Son seres libres, amantes de sí mismos, sin rival, como dijo Cicerón a Pompeyo (sui amantis, sine rivale). Hoy he pasado una agradable tarde otoñal en la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid con A., una hermosa mujer de intensos ojos azules, guardiana de un bosque africano y propietaria de una empresa que regenta el cuidado de más de setenta mil hectáreas de arboleda, ríos y montañas cerca de las costas del Índico, en algún lugar entre Zimbabue y Tanzania. Lleva casi veinte años viviendo en la África profunda, rodeada entre bosques, playas y libros. Su empresa da de comer a cientos de familias y su espíritu libre hace de su vida un singular paisaje digno de describir y contar.

Hemos hecho un trueque mínimo. Le he llevado algunos libros senequistas y ella me ha regalado una bonita edición del libro de Francis Bacon “De la sabiduría egoísta” acompañado de un bonito collar africano que según me contaba, era utilizado antiguamente para comprar o liberar esclavos. Este, en concreto, había sido rescatado de un buque hundido en el Índico, así que feliz por el regalo y su simbolismo, me he sentido ciertamente agraciado.

Mujer inteligente además de bella, de conversación profunda, aguda, sensible y penetrante. Capaz de envolverte en una atmósfera mágica con historias de hace mucho tiempo, leyendas e ideas propias de un lobo estepario de vida solitaria, errante y única. Me ha sorprendido su experiencia vital, propia de aquellos exploradores y aventureros de siglos pasados. Hemos hablado de Livingston, supongo, de las leyendas de las minas del Rey Salomón, de puertas dimensionales, de finales de los tiempos, de poetas y escritores, de libros y bosques, de negocios, de empresa, de pasiones y desvelos, de vida, de mucha vida. También de nuestra querida «Lámpara Maravillosa» que ella me desveló hace unos años en un regalo hermoso que conservo con aprecio y gratitud.

Me sorprende comprobar como ahí fuera sigue existiendo personas excepcionales, con historias increíbles y cargadas de tanta y tanta experiencia. Ella, que tiene ganas de retirarse a un lugar tranquilo, ha venido a España para vender sus empresas africanas y retirarse en alguna parte del sur español. Allí seguirá leyendo a Valle-Inclán, con cuya familia tiene alguna relación, y seguirá buceando en los misterios del Espíritu Libre. Recuerdo que hace unos años estuve a punto de viajar a África para organizar una expedición a tierras perdidas. Ella me ha vuelto a retar para compartir ese viaje. Y un antropólogo nunca puede rechazar ese tipo de aventuras, al menos cuando descubre, como decía Lao Tse, que de maravilla en maravilla, la vida se abre…

Algunas cosas que hay que hacer cuando la vida se derrumba


«La sociedad siempre perdona a un delincuente, pero jamás a un soñador«. Oscar Wilde

Lo primero es no perder la dignidad. Si perdemos la dignidad lo perdemos todo, salud, trabajo, amigos, familia. Así que siempre, en lo bueno y en lo malo, hay que seguir caminando de pie, erguido, sintiendo el peso de la vida en los hombros, pero fuertes para no doblegar nuestra alma al infortunio. Si somos capaces de mantener esa postura recta, desplegada desde nuestro centro interior, cualquier derrumbe será llevadero.

Lo segundo es no venderse por nada ni a nadie. No es cuestión de orgullo, sino de solidez. Si a la primera de cambio cambiamos nuestros sueños, nuestros anhelos, nuestras formas y nuestro sentido por complacer a alguien o por comer un plato caliente durante unos pocos días, perdemos el sentido de todas las cosas.

Tercero. Sigue siempre tus sueños. A veces, cuando todo parece caótico e inconexo resulta difícil seguir empeñado en poner a prueba nuestros anhelos más profundos. No pasa nada si descansamos de la idea mientras hay una gran tempestad. En las mayores tormentas, así como en los mayores silencios, siempre surge algo nuevo.

Cuarto. Enfréntate al derrumbe con valentía, pero no rehúyas del miedo, que a veces es protector y nos guía hacia la prudencia.

Quinto. No temas a la soledad. Normalmente, cuando todo se derrumba a tu alrededor, muchos de aquellos que considerabas amigos o aliados tienden a desaparecer o huir. Afróntalo con calma. Eso hará una buena purga con respecto a quién está ahí cuando más se lo necesita y quién prefirió desaparecer.  Los que aguanten el derrumbe a tu lado, esos estarán toda la vida.

Sexto. No temas las pérdidas, ellas te harán vivir en la sencillez. Ese es el milagro de todo derrumbe. Cae un inmenso edificio y te percatas de lo hermoso que es vivir al raso, sin nada.

Séptimo. Tengamos esperanza. Es algo común en el ser humano y aunque no siempre funciona porque a veces el derrumbe es solo el preludio de algo peor, la esperanza nos mantiene alertas y despiertos para intentar hacer de lo malo, una oportunidad.

Octavo. Sé siempre generoso, y si sales erguido y fuerte de esta prueba, compártela sin tapujos. Tus palabras de ánimo y aliento servirán siempre de apoyo a todo aquel que lo esté perdiendo todo.

Noveno. ¿Quedó algo del derrumbe? Pues simplemente, compártelo. Eso te hará más grande ante la adversidad y más poderoso ante el infortunio.

Décimo: Sonríe, porque al final de todo túnel, la vida es bella y generosa y colma nuestras vidas con exquisita sencillez, que es lo mismo que decir con grandeza.

El hombre andaluz visto por el nacionalismo


Este video es muy bueno… y lo es porque Jordi Pujol ha sido valiente y ha dicho lo que mucha gente, especialmente los nacionalistas (hay mucho catalán que no es nazi-onalista y no piensa ni siente así), piensan pero no dicen… En fin… hace dos noches vi un programa sobre el como Hitler llegó al poder y la verdad es que se me puso la carne de gallina… esperemos que las aguas político-totalitarias se calmen o se puede liar una buena… Lo que está claro es que en algo tienen razón los nacionalistas: el derecho a decidir. Pero las fuentes podridas de donde nace ese derecho les quita toda razón.

Me conformo con ser


¿De qué se queja el ámbar cuando atrapa? ¿O el alba cuando nace? ¿O la flor, cuando recibe agua, viento y sol según las inclemencias? ¿Y de qué se queja la grulla cuando alza el vuelo o el canto del ruiseñor? Nunca he visto un río quejarse, ni una montaña abrumada por su grandeza, ni un arpa que silenciara su tristeza. Jamás pude ver un sol apagarse ni una estrella escondida, ni siquiera un mortal alarido preñado de nada.
Pero ahí fuera hay tanta rabia. Rabia impuesta, ciega, insultante, despechada. ¿De qué oscuro pozo nace esa agua? ¡Ya lo sé! Nace de su propio reflejo… Mejor aún, nace de todo aquello que somos capaces de reflejar en él. Por eso ahí fuera no hay rabia, ni queja, ni murmullo. El Universo yace silencioso. Las estrellas apenas susurran un leve quejido. Somos nosotros los que, ensalzados en una terrible batalla interior, perturbamos la paz del mundo, la paz de lo omnipresente. Lo peor de todo es que nos creemos el centro de todo universo sin darnos cuenta aún de que el Universo nos ignora por completo. No somos ni tan siquiera para él un baladí suspiro anclado en el grano de arena de una perdida playa. Ni siquiera el átomo de uno de sus sollozos. Pero nos sentimos tan grandes e importantes que pensamos que el universo entero conspira en nuestra contra cuando las cosas van mal o a nuestro favor cuando ilusoriamente todo va bien. Esa es nuestra propia ceguera, por eso nos quejamos o nos alegramos según las circunstancias, olvidando la máxima del misterioso camino de la vida: uno debe Ser, independientemente de si recibe agua, viento o sol, independientemente de las inclemencias o los vuelos de la grulla interior o el canto del ruiseñor de nuestros sueños e ilusiones. Uno debe ser incluso cuando es atrapado por el ámbar de las circunstancias, incluso cuando el alba nace en nuestros corazones o la flor interior se marchita por no ser cuidada. Debemos ser almas libres dentro del gran cauce de la vida, como el río que brota de las abrumadas montañas o el sonido del arpa. Ser mortales y estrellas escondidas, ser alaridos preñados de nada, y al mismo tiempo, un Universo Silencioso. Hoy, si me lo permiten, me conformo con ser… que no es poco.

Cumplamos nuestra parte


«Dirige tus pasos allá donde el camino es más duro; toma sobre ti lo que el mundo rechaza; haz lo que el mundo no hace. Marcha contrariamente al mundo en todas las cosas. Así llegarás por el camino más corto hasta Dios. O ¿es que os creéis que es pecado preguntar por el camino?» Jacob Böhme

Hoy hemos dirigido nuestros pasos hacia un lugar de paz. Allí había ángeles que nos hablaban de Dios, de luz, de amor, de compasión, de transparencia, de belleza. A veces es hermoso poder disfrutar de este privilegio. De la posibilidad de sumergirte en otra dimensión, en otro mundo, en ese reino de los cielos que se atreve a manifestarse de vez en cuando aquí en la tierra. ¿Y por qué no abrazarlo y disfrutarlo cuando eso ocurre?

Luego salimos a la calle. Hacía frío lejos de ese estado angélico. Nos paramos justamente en lo que parecía un hotel callejero, ambulante. Allí dormían abrigados entre mantas media docena de criaturas. Me hubiera gustado acercarme con cautela, como hacía hace años cuando intentaba llenar de cierta esperanza a esas gentes de la calle. Recuerdo que ayudamos a montar un albergue y conseguimos abrigar con cama y comida a una veintena. Eran otros tiempos…

Así que me quedé con ese sentimiento de esperanza que de alguna forma nos ayuda a transformar un trozo de este mundo. Pensé, como decían los ángeles, que si cada uno de nosotros transformamos nuestra parcela en un remanso de paz y luz, quizás eso contagie al resto. Ojalá cumpla mi parte, aunque sea con estas letras, con estos momentos, con estos breves abrazos en lo intangible.

Mujer de canela


El amigo Gaizka acaba de publicar en la Editorial Bubok su primera novela, «Mujer de Canela» y ese es siempre motivo de felicidad. Gaizka es una persona generosa, cargado de valores y lleno de ganas de comunicar y abrirse un hueco en el difícil mundo de la literatura. Esperemos que este sea el principio de una larga trayectoria y sepa aguantar bien los envites de un oficio difícil pero muy gratificador. Aprovechó hace unos días para entrevistar a este humilde editor y os paso la entrevista por si queréis echarle un vistazo. Animaros también con el libro…

Felicidades Gaizka…

Conversaciones literarias con Javier León, de Gaizka Zubizarreta

Libros para un mundo mejor


 

Desde nuestros sellos editoriales intentamos esforzarnos para aportar aquellas herramientas que nos pueden guiar y dar ideas sobre como hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Ese es nuestro compromiso y este es nuestra trabajo. Gracias de corazón a todos aquellos que nos ayudáis a compartir este alto ideal…

Sueños, los alaridos del alma


Estimado E.,

Ayer te escribí una carta a mano que te llegará en unos días, Dios mediante, como diría un amigo. Me hizo mucha ilusión recibir la tuya en julio (parece que fue ayer) y me pareció hermoso, a pesar de que aún tengo clavado el genocidio epistolar al que abocaste todas aquellas cartas…

¿Sabes? Estos días he reflexionado (otra vez) sobre nuestra infancia, que fue cuando tú y yo nos conocimos, y sobre todo lo que las carencias infantiles pueden influenciar en nuestras vidas. Es decir, todos esos traumas que aún no hemos superado y que a veces, si estás en baja forma emocional, pueden llegar a pervertir nuestro presente y nuestro futuro. Pensaba en aquellos que capan su vida para no tener hijos mientras que, por otro lado, deciden «salvar» a una familia entera que no es la suya y deciden alimentarla y criarla apuntalando con ello su propia vida. Y pensaba en aquellos otros, en como sus relaciones se muestran siempre desastrosas porque de pequeños nadie les enseñó a amar, ni a abrazar, ni a respetar, ni a nada que tenga que ver con el afecto o el cariño. La ausencia del mismo durante todo el proceso de crecimiento crea en nosotros una serie de barreras que afectan de forma increíble en nuestras relaciones adultas. Lo terrible de todo eso es que casi nunca somos conscientes, y de que, cuando alguna vez llegamos a descubrir todas esos miedos, y esas frustraciones y esos sabotajes, a veces puede llegar a ser demasiado tarde. Esa inteligencia emocional que nunca hemos podido desarrollar debido a nuestras carencias infantiles resultan desastrosas para nuestra plenitud adulta.

Y entonces es cuando surge el interrogante de qué debemos hacer, cual es el camino correcto para poder separar la artificialidad de nuestros actos nacidos de nuestras carencias del verdadero sentido de nuestras vidas. Y por eso cuando me hablas de sueños, me vienen a la cabeza aquellos que aun no hemos podido cumplir, y que se van acumulando en la cuenta de resultados de una vida que no puede más que caer en picado hacia el abismo inexorable de la nada.

Pero soy optimista y creo que aun tenemos margen de maniobra para intentar cambiar algo y no seguir dejándonos arrastrar por nuestras carencias afectivas, por nuestros asuntos aún no resueltos… ¿Cómo hacerlo? Creo que tú das algunas pistas… Mirarnos interiormente y empezar a reconducir nuestros sueños, es decir, nuestra vida, porque los sueños son aquellas cosas que nos indican, que nos dan pistas sobre aquello a lo que hemos venido a hacer, y nos guían siempre por las sendas de la autorealización. No puede ser de otra manera, ellos son los alaridos del alma que imploran desde lo más profundo de nuestros adentros que sigamos nuestro real y verdadero camino. Por eso estamos condenados a seguirlos, cueste lo que cueste. Esas inseguridades de las que hablas, esos miedos, son los obstáculos del camino… Pero ahí está la certeza de que debemos continuar a pesar de ellos… No nos queda otra querido amigo… Así que sigamos aprendiendo, sigamos en el camino, y no apáticos en su borde. Hay que darle importancia a los sueños porque los sueños son nuestra guía… Y es, al fin de todo, nuestra mágica aportación al mundo.

Un abrazo sentido,

Pd.. Esta mañana me he levantado con un sueño. Poder comer un plato de castañas asadas. Ese era mi sueño para hoy. El cual se ha cumplido a media tarde, después de un ligero paseo por los humedales del bosque recién bañado por la lluvia, a dos luces, desplegando su increíble belleza verde otoñal y su frescor nocturno.

La aventura de no hacer nada


Hoy ha sido un día de lo más tranquilo haciendo promesa aquella intención de intentar no trabajar en fin de semanas, ni festivos, ni más de ocho horas al día. La experiencia ha demostrado que no por más trabajar se vendían más libros, así que he decido relajar mi mente y dedicar algo de tiempo a la creación, es decir, a pensar de forma imaginativa de qué forma lo que se ha convertido en un trabajo vocacional, sea, además, una forma de vida digna.

Pues para promover esa capacidad creadora, hemos puesto las manos en la masa y ha salido un casero, muy casero bizcocho que hemos acompañado con una infusión llegada directamente desde Alemania, con sus hojas secas y cogidas del campo o algún jardín amigo. Hacía muchos años que no me dedicaba a no hacer absolutamente nada, es decir, nada que tuviera que ver con trabajo. Y la verdad es que la sensación ha sido placentera. Tener el ordenador apagado todo el día, no mirar las ventas, ni las facturas pendientes, ni los royalties, ni las maquetas, ni las ilustraciones, ni erratas ni inéditos ni nada de nada. La verdad es que cuando estás acostumbrado a no parar, el no hacer nada te da una perspectiva de la vida diferente.

Tiempos difíciles


Uno de los placeres mundanos de los que más disfruto en otoño es el de perderme por las calles de cualquier gran ciudad y atiborrarme de castañas asadas compradas en esos puestos ambulantes que aún perviven al paso de los tiempos. Eso fue lo que hice ayer con C. en una sesión misógina donde nuestras conversaciones giraron en torno a cuatro grandes temas: la existencia, las mujeres, la política y el trabajo.

  1. La existencia. Nos miramos la edad y pensamos con cierta pesadez que estamos ya en la génesis de la decadencia y de que todo cuanto hagamos a partir de ahora será para apoyar la teoría apocalíptica de que las cosas solo pueden ir a peor. A las últimas estadísticas nos remitíamos: calvicie pronunciada, poca o nula actividad sexual, falta de recursos, ningún tipo de propiedad, un futuro oscuro como el tizón, pertenecientes a una generación perdida y sin esperanza sobre absolutamente nada, tomando un café y recordando los viejos tiempos en los que aún teníamos dinero para ir a chinos baratos, descuajados en lo emocional y aturdidos en lo espiritual… En fin, la lista era deplorable y penosa.
  2. Mujeres. Dado que esta era una conversación aún más penosa que la anterior, mejor la dejamos para tiempos mejores.
  3. Política. Aquí ardimos en pasión y cambiamos el mundo en dos minutos. Recordamos con ello que en los casinos, los abuelos hacen lo mismo mientras juegan al dominó o al mus, así que nada nuevo bajo el sol.
  4. Trabajo. Él se quejaba de que en pleno siglo XXI aún habían sectores que te hacían trabajar entre doce y dieciséis horas diarias, como en su sector. Y que además es legal y está regulado. Yo me quejaba de que como empresario o emprendedor (en este punto hubo discusión), aunque trabaje doce o dieciséis horas no gano ni la mitad de lo que él gana, y eso que él gana una miseria. Es decir, el trabajo empresarial hoy día es lo comido por lo servido, si es que no entras en un desequilibrio contable por una mala previsión o el pinchazo de algún cliente y todo se va al garete en cuestión de segundos. En resumen, un desastre sin apoyos  y sin ánimos circundantes.

Así que viendo el panorama, terminamos comiendo castañas y viendo el espectáculo de un graciosísimo payaso que había en la calle y que nos sacó alguna carcajada. Nos faltó ir a alguna concurrida plaza para darle de comer a las palomas, pero ni para eso teníamos. Tiempos difíciles la de nuestra generación, tiempos difíciles. Por cierto, aprovechando el tedio y el frío de la tarde entrevistamos a dos personas de diferentes sectores. El primero fue un hindú que regentaba un pequeño local de alimentación y donde compramos una pasta de chocolate buenísima por un euro. Se quejaba de que todo iba a peor y de que no sabía como mantener el negocio en los tiempos que corren.  Que la gente hacía mucho menos fiestas y por lo tanto ya no compraba tanto alcohol. Luego visitamos a un librero en el barrio de Chueca donde nos dio una gran lección de ilusión. “No gano nada con los libros desde que puse la librería, pero estoy haciendo lo que más quiero y eso me hace feliz”. Su felicidad fue tan contagiosa que la tarde terminó con final feliz. El remate del payaso en frente de la Almudena fue la guinda.

El sendero de la Luz


«Primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan, entonces ganas». (Mahatma Gandhi)

¿Cómo se precipitan las formas mentales en el plano físico? ¿Cómo se materializa una idea, una emoción, un pensamiento labrado en ese mundo intangible donde no existen formas ni rígidas leyes? ¿Qué clase de poder, de luz o vitalidad hace que las cosas se manifiesten?

Las vidas se vuelven ajetreadas cuando trabajas en los planos sutiles y conectas con una idea que sientes como tuya y concentras toda tu vida en la realización de la misma. Desdeñas todo tipo de cuestiones triviales para profundizar en la vitalización de aquello que hará derrumbar las viejas formas, acelerará el proceso kármico y de deudas pendientes y perfilará el primer horizonte como un auténtico campo de batalla donde habrá que ir derrumbando uno a uno todos los personajes, todo lo ilusorio y todo cuanto nos aleja de lo real. Lo paradójico de esta cuestión es que lo que para muchos es  la pura realidad, es decir, el mundo tangible, para otros, más bien unos pocos, es tan solo, y siguiendo la alegoría de la cueva de Platón, un mundo ilusorio, de sombras que se proyectan en una pared y a la cual nosotros, desde nuestra ignorancia, nos debemos como única realidad. ¿Cómo discernir un mundo de otro? Realmente, cuando vemos una película, el hecho de que existan unos personajes que interpretan un papel es real. La película es real y los personajes lo son. Pero por encima de esa realidad, hay otra mayor, representada a su vez por una interpretación mayor de las cosas. Lo mismo ocurre con las cosas manifestadas. Son ciertas, y tangibles, pero se deben a un mundo de fuerzas y energías que se desarrollan desde la sutileza de las esferas subatómicas, lugares aún incomprensibles para nuestro limitado conocimiento.

El empleo de estas energías sutiles provoca inevitablemente crisis profundas, tanto a nivel personal como a cualquier otro nivel, y pérdida de todo aquello que resulta caduco o un obstáculo para el avance, provocando a veces situaciones dramáticas que fortalecen aún más las decisiones y las precipitaciones de esas formas mentales que se regulan desde los otros planos.

En el fondo todo son indicios de que algo se mueve: las crisis, las pérdidas, personas que se alejan, los juicios, las críticas, los obstáculos. Los guardianes del umbral siempre estarán ahí para recordarte lo mal que haces las cosas, lo inútil de tus empresas y lo desgraciado de tu realidad. Pero su función no pretende más que fortalecer nuestras decisiones y convicciones profundas o alejarnos de las mismas si no somos lo suficientemente fuertes como para poder afrontarlas sin ningún tipo de temor. La valentía real consiste en fortalecer la decisión, aún en las situaciones más difíciles y seguir precipitando en el mundo “real” todo aquello en lo que creemos, cueste lo que cueste.