¿Qué sucede al meditar?


Si queréis practicarla, hoy habrá una meditación de plenilunio de cáncer promovida por Fundación Ananta:

El lugar de la meditación es: Laboratorios Taxon, Aniceto Marinas 14, 28008 Madrid. Esta calle está justo detrás del Hotel Nueva Florida, enfrente de la estación de Príncipe Pío, a dos minutos andando del metro y de Renfe Cercanías. Es la calle pegada al río Manzanares. El programa los tres días es:
19:00 horas, recogimiento; 19:30 horas, palabras introductorias, cantos y cuencos; 19,45 horas, meditación; 20:15 horas, despedida en silencio.

 

Obesidad cultural


«Se cuenta que Diógenes, quien se atrevía a vivir de acuerdo a sus ideales, en una ocasión, con un pequeño plato para tomar agua vio a un niño tomar agua con sus manos de una fuente y gritó: ¡Aquí está una cosa más que no necesito! Y acto seguido rompió el traste que le servía para tomar agua».

Querido Javier,

Hace días que no sé nada de ti. Espero que te encuentres bien.

Te escribo interesadamente. Tengo mi hijo que está haciendo el «treball de recerca» de bachillerato. Ha escogido el tema de la obesidad infantil y le comentan que debería entrevistar un medico, un nutricionista, … y un antropólogo. La verdad es que la antropología es una ciencia bastante desconocida para mi, tengo una noción de lo que estudiáis pero no se me ocurre que le puede preguntar mi hijo a un antropólogo sobre la obesidad infantil. ¿Puedes darme alguna pista?

S.

Estimado S.

La obesidad, y no había pensado en ello hasta ahora, es un interesante tema para la antropología, la cual estudia a las culturas sin hacer un exceso de juicios de valor, sino simplemente describiendo sus cosas, mejores o peores según quién las perciba. Resulta que la obesidad podría ser, desde un punto de vista más personal que antropológico, un síntoma o indicador de cierta decadencia cultural. ¿Por qué? Evidentemente por los hábitos de consumo, por la obscenidad de comer más y más aunque no lo necesitemos, porque además, vivimos en un mundo donde las máquinas (internete, redes, móviles, ordenatas, etc.) hace que nuestros polluelos permanezcan sentados frente a la telepantalla orwelliana en vez de salir a la calle a patear un balón como hacían los de nuestra generación. Sin duda, es una clara señal de que algo estamos haciendo mal, y no estaría de más que se hiciera una poderosa investigación que sacara los colores a esta decadente cultura del tener, puro reflejo de lo que tenemos dentro, despreciando constantemente lo hermoso y lo bello que atesoramos.

Espero haberte ayudado…

Un sentido abrazo…

Semos campeones, la mejor versión de nosotros mismos


En Tailandia se acaba de descubrir la mosca más pequeña del mundo con apenas 0,4 mm de longitud. Pertenece a la familia de las Phoridae, las cuales se caracterizan por poner sus huevos en los cuerpos de las hormigas, haciendo que sus larvas se alimenten de sus cabezas causando finalmente la decapitación.

Ayer veía entusiasmado el fútbol. Me sentía grande y dichoso, feliz por la victoria y orgulloso por pertenecer a algo tan grande. España, ese país de conquistadores (aunque fuera a base de botijos y burros como despectivamente afirmaban nuestros eternos enemigos los ingleses), por fin había recuperado su confianza.

Pero mientras veía el futbol me rascaba nervioso la cabeza. No hacía más que acordarme de esas increíbles moscas que se alimentan de las cabezas de las hormigas hasta decapitarlas y por un momento sentía como si cientos de ellas estuvieran arrancando de cuajo un trozo de mi cuero cabelludo.

Luego veía al príncipe y al presidente del gobierno como se estrujaban en el palco presidencial de alegría y dicha cada vez que uno de los nuestros metía un gol entre maderámenes. Estaban radiantes por la hazaña roja, recordando los gloriosos tiempos en los que celebrábamos eventos de mayor envergadura.

Y a cada gol, más me picaba la cabeza sin entender qué me estaba sucediendo. Pero imaginaba cientos de moscas parásitas degollando mis neuronas, arrebatándome ese tiempo preciado, inyectando larvas sanguijuelas que provocarían en un futuro próximo mi propia decapitación. Me imaginaba, a cual horrible obra kafkiana, a esas moscas con cabezas de príncipes, de diputados, de gobernadores, de presidentes, de generales, de embaucadores financieros que pretendían chuparme hasta el último átomo de mi sangre. Sentía como si ese espectáculo formara parte de alguna macabra obra que aún no hemos llegado a entender.

Cuando terminó el partido sentí cierta angustia. Escuché en otro canal los lamentos de las personas que habían perdido su casa con el fuego abrasador valenciano. Sentía pena por los presos de consciencia y por sus familias, por los sirios y su terror, por el África que se muere y sentí pena y cierta aberración por el espectáculo de ver a millones de personas saltando en la fiesta del espectáculo rojo mientras todo eso pasaba.

Y sentí angustia y dolor, incluso me dieron pena las moscas, las reales y las arquetípicas, las obreras y las esclavas. Sentí ganas de morir al mundo mentiroso y buscar, aunque fuera lo último que hiciera, un trozo de luz, de verdad, de lucidez que apartara de mí la imagen viva de la escena.

Pero luego vi la belleza de la marea roja, sus mujeres saltando, los héroes abrazando a niños y mayores, la noche radiante por la victoria pagana, y me dije consolado: la sarna con gusto pica menos.

La Senda según de Guindos


De Guindos, muy en su papel de máquina de dar cifras y datos como si se tratara de una caja registradora, ha hecho un interloquio en el campus de verano de las Faes ofreciendo algunas ideas básicas sobre su ideario. De nuevo, un discurso oficial basado en los paradigmas del pasado que han demostrado que no funcionan y que nada tienen que ver con el futuro esperanzador. Aquí detallo algunas de sus premisas tras escuchar atento su discurso:

  1. Una idea clara sobre la necesidad de dar confianza para obtener más financiación. Es decir, de nuevo la necesidad de crédito para impulsar el crecimiento y la economía.
  2. Crear un modelo productivo basado en la competitividad (y no en la cooperación, por ejemplo).
  3. De nuevo la errónea percepción de asociar crecimiento con bienestar social y desarrollo.

Detrás de todas estas ideas existe una clara aberración ideológica basada en tres premisas elementales:

1. Existe un marketing, una moda imperante, una idea totalitarista que impregna a todas las capas sociales que aceptan pasivamente la necesidad de crecimiento. Gracias a esta idea base, compramos aquello que no necesitamos y necesitamos aquello que nos dicen que nos hará ser mejores, tener más, destacar entre todos, ser más felices. A veces incluso compramos o adquirimos bienes y servicios que nos repugnan solo porque manda la moda, o ese principio oculto que nos inculcan para satisfacer a nuestros ancestros.

2. El crédito nos permite obtener todo aquello que ya necesitamos. Esta es una de las mayores mentiras de todas, pues gracias a esta idea, hemos hipotecado nuestra existencia de por vida. A mayor crédito, mayor poder y mayor necesidad de cosas. Hay pensadores y personas que predican sobre la necesidad de crédito a las empresas. Lo que no explican es que esas empresas viven constantemente del crédito ficticio, sin producir ningún tipo de beneficio excepto el de poder vivir ellos mismos del crédito obtenido en nombre de la empresa, la cual, en muchos casos, no produce beneficio. El crédito nos permite obtener recursos para aquello que no necesitamos, es decir, produce apariencia e ilusión porque todo lo que construimos está basado en la mentira crediticia.

3. La caducidad de las cosas producida por el marketing y la publicidad de la moda provoca la necesidad de actualizar constantemente nuestras necesidades. Compramos coches para que duren poco, compramos ordenadores para que duren poco y tengamos necesidad de actualizarlos constantemente con nuevas herramientas y necesidades que no necesitamos. Esta tendencia nos esclaviza y provoca una necesidad imperante, por lo que volvemos al círculo vicioso de la moda y el crédito para seguir “creciendo”. Además, siempre necesitamos más cosas y más grandes. Si tenemos una casa de cien metros cuadrados, desearemos una de doscientos. Si tenemos un coche de cincuenta caballos, desearemos uno de cien, y así hasta el infinito.

¿Es esta la senda que dibuja el señor Guindos para nuestro futuro? ¿Seguir hipotecando por generaciones nuestro futuro? Los buenos estadistas aprovechan los malos tiempos para provocar el cambio que los nuevos paradigmas requieren. Ese tiempo ha llegado, está aquí, ahora solo falta encontrar a esos estadistas que puedan ver más allá de las modas y las necesidades a corto plazo. Si lo mediocre gobierna nuestras vidas, tendremos gobernantes mediocres. Y un futuro, además, mediocre.

La paz imperfecta


Hoy viviremos un día de paz imperfecta. El ritual pagano por antonomasia, el fútbol, centrará la vida de miles de personas en una fiesta solar donde el balón, representante inequívoco del astro rey, se fundirá con la tierra para fertilizar sus entrañas. Los mediadores versarán el poder de tal acontecimiento no en interpretaciones astrológicas ni arquetipos simbólicos, sino en mera exposición y reconducción de las fuerzas nacidas de la rabia y la frustración. El espectáculo, al menos por hoy, estará servido y los representantes astrales intentarán de nuevo agradar las divinas proporciones de los dioses.

Pero como decíamos, será un día de paz imperfecta. Durante un tiempo, las energías de frustración serán canalizadas, pero luego llegará de nuevo el despertar iniciático a la realidad vital.

Y en esa imperfección pacífica derivada de lo común y lo aceptable nace la llama del conformismo. Hasta tal punto que nuestra condición de plaga para el sustento del ecosistema Tierra queda plasmada en los mensajes que vienen de las cúpulas de cualquier poder. “Hay que crecer”.

Ese “hay que crecer” es la fuerza del patógeno en el que nos hemos convertido. El crecer hasta la infinitud significa terminar con la vida en el planeta. La extinción de nuestro huésped o la imprescindible búsqueda de un equilibrio derivado de alguna especie de patogénesis que provoque una vuelta a la mesura y la armonía.

Es evidente que como individuos aislados no tenemos capacidad suficiente para asimilar esta realidad. No podemos hacerlo mientras que los rituales paganos inyecten en nuestras vidas la suficiente dosis de adrenalina para olvidarnos de lo que a nivel global y planetario está ocurriendo. Por eso los mensajes del miedo calan bien en nuestra psique y por eso, los llamados “poderosos” no son más que títeres de una de las fuerzas más destructiva de esta nuestra humanidad: la ignorancia.

No existe un poder real al que podamos culpar de nuestras desgracias. Los llamados mercados no son más que un grupo de enfermos ludópatas cuyo interés se resume en conseguir más dinero y más poder. Eso es ignorancia, pero sobre todo, enfermedad. Una enfermedad que infecta a todo el común, ya que la necesidad de “crecer” en términos de poder y dinero se estimula constantemente en los mensajes de la moda y en el ideal de lo que debe ser socialmente correcto. «La vanguardia» no es más que la mentira hecha carne, o mejor dicho, el cinismo de no comprender la deriva en la que nos encontramos.

Por eso a nadie extraña que los mensajes de los altos cargos políticos sean consensuados sin discusión posible, y que ninguna otra alternativa sea imaginada por el colectivo común. ¿Cómo poder hablar de decrecimiento, por ejemplo, o incluso de regulación del poder y el dinero?

El economista y filósofo francés Serge Latouche afirma que “el decrecimiento implica desaprender, desprenderse de un modo de vida equivocado e incompatible con el planeta”. Esta frase resume perfectamente nuestra ceguera y nuestra ignorancia en cuanto a lo que está pasando y la necesidad de abandonar los ritos paganos que nos alejan de la realidad y emprender el retorno hacia lo sagrado de nuestra relación con la naturaleza y el mundo que nos ha tocado en suerte. El opio que a diario nos inyectamos para poder soportar las fuerzas centrífugas de lo inaceptable debería contrarrestrarse con vacunas apropiadas para terminar con el germen de la plaga. ¿Y cual es el antídoto? Sin duda el sentido común, el conocimiento y la sabiduría de nuestros ancestros. ¿Y como contagiar esa llama de luz? Con la denuncia activa de nuestra ignorancia. Que crezca el rumor y que el rumor se torne realidad. Así que escuchemos claramente: «estamos equivocados, debemos dejar de crecer y empezar un nuevo rumbo de vida».

Foto: (Junio de 2012 en el parque natural de Cabo de Gata, frente al esperpento del hotel Algarrobico, un símbolo inequívoco de nuestra sociedad decadente).

Volver a nacer


Hace justamente un mes pasaron unos episodios algo desagradables que me impulsaron a estar un tiempo aislado, en silencio. Necesitaba recapacitar no tan solo sobre el primer balance de estos seis meses de continuos cambios, sino, además, de estos últimos siete años de vertiginosa aventura vital. Así que me deshice del teléfono, cerré las cuentas de las redes sociales y dejé de escribir.

Era un silencio doloroso pero obligado. Aún no daba crédito a todo lo que estaba ocurriendo y estaba siendo espectador de un episodio que tendré que madurar con calma y que merece, como mínimo, un libro de relatos, aventuras y desventuras. Algún día, quizás ante la calma y la serenidad del tiempo, pueda escribirlo aunque sea de forma anecdótica.

Ayer llegamos de tres días de auténtica desconexión, perdidos en un clima desértico junto al mar y a calas solitarias donde las cristalinas aguas nos recordaban la necesidad y la urgencia de vivir. La incomodidad del desierto tiene su recompensa interior, y esos parajes imposibles me han insuflado ánimos para seguir adelante.

He intentado reinventarme en todo este proceso. He intentado crear otro blog, otro lugar, otro espacio limpio y nuevo pero me ha sido difícil hallar la fórmula exacta. Una amiga me dijo que era difícil que pudiera reinventarme porque yo mismo era un reinvento constante. Eso me animó a pensar que quizás tenía razón, y que la mejor forma de seguir escribiendo era como lo hacía hasta ahora, de forma limpia, a pecho descubierto, sin tapujos, sin miedo, siendo uno mismo sin necesidad de demostrar nada ni aparentar nada.

Pero en estos treinta días han cambiado muchas cosas, tanto en el plano personal como en el profesional que iré relatando con calma, mucha calma y desapego. En estos tiempos convulsos de miedo se necesita más que nunca espacios de libertad y valentía. Y creo que cada día más, con más convicción y coraje, es necesario seguir valorando la posibilidad de que un mundo mejor es posible.

Acariciando el Sinsentido


A veces cuesta identificar aquellas cosas que son importantes en la vida. Otras veces resulta imposible, con el ruido, el hacerlo. Sé que a veces el silencio, o mejor aún, la Voz del Silencio, debe imponerse para clarificar el camino, el sentido de la vida. Y desde hace tiempo siento la necesidad de entrar en ese silencio interior para clarificar el ciclo que termina y el ciclo que comienza.

La pérdida de la casa, la pérdida de amigos, la pérdida de confianza, la pérdida de tantas cosas en este tiempo solo son señales, sólo son símbolos y arquetipos que se manifiestan gracias a la energía que las impulsa, a la fuerza que las conmueve.

Por esa necesidad de silencio he dado de baja el móvil, he cerrado mis cuentas de facebook y twitter y en unas horas cerraré también este blog. No quiero sentir ningún tipo de apego hacia nada ni hacia nadie, y sí disfrutar de esta nueva etapa y de esta nueva vida iniciática (de inicio, de empezar algo nuevo) en silencio, armonía y plena tranquilidad.

Necesito reponerme del pasado para empezar un futuro nuevo y prometedor, con otro tipo de energía y con otros tipos de vínculos subjetivos. Lo viejo debe morir para que renazca lo nuevo. Y eso nuevo, en unos meses, se verá plasmado en nuevos escritos y seguramente en un nuevo blog que algún día, quizás, podáis de nuevo descubrir si ese lazo místico que nos une sigue vigente.

En este nuevo camino también he decidido terminar con el proyecto de Editorial Séneca. Una editorial de la que escribiré larga y tendidamente en otro momento, pero la cual necesita morir para que surja algo nuevo y profundo. Seguiré con Nous porque no sólo de pan vive el hombre, y viceversa en cuando al espíritu. Pero Séneca debe terminar su andadura de seis años para que nazca otra cosa.

Así, a partir de este momento, quedará como vía de comunicación mi mail personal y privado legosum@gmail.com, pero no puedo prometer una rápida respuesta porque ahora toca trabajar, trabajar, trabajar…

Muera el ego, renazca el alma…

En fin… nos veremos pronto, en algún otro lugar… Gracias de corazón por todo…

Con Florencio Serrano en Madrid


Ayer fue una tarde muy especial. De esas que son difíciles de olvidar por el impacto que recibes en la profundidad de lo incognoscible y que tiene mucho que ver con el Arte que algunas personas más próximas al estado angélico que al humano, provocan en el oyente atento. Ese fue el caso de la exposición de Florencio Serrano, masón y budista, gran orador y excelente persona que dejó a la parroquia boquiabierta en un acto único e irrepetible. Todos los allí presentes disfrutamos de una magistral e increíble profundidad no muy habitual en según qué contextos.

Me gustó mucho el concepto de meditación en movimiento, muy parecido al concepto que manejamos sobre el agni yoga, el yoga del fuego o del alma, el cual consiste en mantener un constante sentido meditativo en todo cuanto hacemos, pero no desde una posición sobre la voluntad de la acción diaria, sino desde una perspectiva del alma, cumpliendo cada parte con su propósito en eso que algunos dan por llamar el «Plan». Disfrutamos mucho de esa especial nota de atención a los masones que se marean dando vueltas por el taller sin comprender el significado profundo de esa abstracción espacio-temporal que nos conecta directamente con Nous, nuestra parte más divina.

Sus casos prácticos para la vida cotidiana sorprendieron a todos. Su forma de mezclar conceptos de la tradición Oriental y Occidental en cuanto a la Gestión del Misterio fue extraordinaria. Su libro, el cual recomiendo encarecidamente es solo un matiz de un ser sin duda increíble que dará mucho que hablar.

El próximo miércoles podremos disfrutar de nuevo de él en Barcelona. No os lo perdáis.

Lo imposible solo tarda un poco más


Dicen que lo imposible solo tarda un poco más. Estamos ante un momento histórico apasionante donde todo padece una increíble transformación. No somos conscientes pero tenemos una gran responsabilidad histórica para que las futuras generaciones puedan comprender que los sacrificios pasados fueron necesarios para acercar una nueva forma de entender la existencia. No estamos ante un proceso de una época cambiante, sino ante una época que cambia, donde los viejos valores y paradigmas se derrumban uno a uno como en una baraja de naipes.

Aún nos cuesta entender que debemos perfilar no tan sólo un cambio radical en nuestras consciencias, sino, además, un cambio radical en nuestra forma de convivencia, en nuestro modelo de consumo, en nuestra necesidad de crecer como individuos y como colectivo. Debemos tener una mirada ambiciosa que llegue no tan sólo ante los retos de nuestra generación, sino ante los retos de las próximas generaciones. En ese sentido, debemos cultivar un profundo sentido de la responsabilidad y la generosidad intergeneracional y realizar previsiones al largo plazo, y me refiero con ello a doscientos y trescientos años. Debemos empezar a sembrar las semillas del mañana, semillas puras y limpias, cargadas de valores de fraternidad, de libertad, de justicia pacífica y armónica. Debemos empezar a pensar no solo como individuos, sino como raza, como humanidad Una. Este es el reto de nuestro siglo.

Lo català en lo Ritz


Asisto hoy a los desayunos de Nueva Economía Forum y toca escuchar a Durán i Lleida. Me ha gustado su mensaje final con respecto a la crisis de valores.

La diferencia entre vender hielo y vender frío


Tellier y su invento, la nevera, es la paradoja de la confusión de una época de cambios y nuevos paradigmas. A finales del siglo XIX, este inventor e ingeniero ideó lo que ahora conocemos como nevera o refrigerador. Fue un pionero y a principios del siglo XX su invento hacía furor en los hogares de medio mundo. En esa época, había un incipiente negocio de venta de hielo. Cuando los empresarios vieron amenazado su negocio por este invento, pensaron que para superar la crisis habría que hacer más hielo y contratar a más arrieros y caballos para su transporte. Algo parecido está ocurriendo con nuestra crisis. Pensamos salir de ella contratando a más burros y escuchando a más necios.

En esa época no entendieron que lo que la gente compraba no era hielo, sino frío, y que por eso, la realidad terminó imponiéndose, haciendo desaparecer el lucroso negocio de la venta de hielo.

Algo parecido me contaba el nieto de un pequeño empresario de diligencias que jamás se adaptaría al hecho de la desaparición de un sector entero gracias al nacimiento de la locomotora. Por cierto, el nieto del pequeño empresario en cuestión, que por avatares de la vida terminó siendo un conocido empresario de éxitos y fracasos, no entendió décadas más tarde que lo que la gente reclama no es hielo, sino frío, es decir, la gente no reclama ideas y pensamientos sobre las cosas buenas y las cosas malas del Sistema, sino que reclama ejemplos vivos, acciones vivas y poderes reales capaces de transformar lo que está añejo por lo bueno, por lo nuevo. Por eso el fracaso, como el de los vendedores de hielo y sus antepasados de la diligencia, está garantizado. No se puede hablar de honestidad cuando no se es honesto. No se puede hablar de manos limpias cuando se muestran unas manos totalmente manchadas. La dignidad o se tiene o se pierde, decía ayer mismo. Pues eso… que no se puede cambiar esta crisis a base de vender hielos a la gente…

No nos vendáis más hielo, nosotros necesitamos frío, ejemplos vivos de que las cosas se pueden hacer de otra forma.

El poder de los tiranos


El poder tiene sus peligros. Cuando lo alcanzas pierdes cierta noción de la realidad. Hasta el punto de que se pierde la noción entre lo que está bien y lo que está mal. Uno se endiosa o cree saberse poseído por algún tipo de asignación divina que le da derecho a aplastar a cualquier gusano, si fuera menester del gusano el pasar por el camino del endiosado.

Los gusanos, por utilizar el mismo símil, no pueden más que dejar caer el peso del endiosado sobre su débil cuerpo que, sumiso y apacible recibe la cantidad suficiente de fuerza como para desaparecer del mapa en una espesa diarrea verde.

Eso ha ocurrido históricamente en el tiempo y en cualquier espacio. Cuando uno pierde la noción de ese contacto con la realidad, termina por convertirse en tirano. Lo vimos en Libia, lo vemos en Siria, lo vemos en Bankia últimamente y lo vemos en aquellos ejemplos de nuestra historia reciente y de nuestros personajes de la actualidad que, creyéndose endiosados, obran con unos y con otros de forma tiránica.

Lo he vivido en mis propias carnes en estos tiempos difíciles, donde personas próximas de repente se han endiosado y se han creído con el beneplácito de coger lo que no es suyo, o de dar y quitar prebendas a su antojo. Hoy te doy esto porque me conviene y mañana te lo quito porque ya no me haces falta. El gusano que experimenta eso puede llegar a sentirse algo peor que una espesa diarrea verde perdida en cualquier cuneta.

Pero también hay gentes y pueblos que reaccionan con fuerza ante la tiranía. Primero no dejándose manipular por sus pasos decididos. Luego denunciando el abuso de su poder o endiosamiento y por último, a cual David que vence a su propio Goliat, lanzando con fuerza su onda de indignación ante lo injusto y lo macabro, ante lo tiránico y lo despótico, opresivo, arbitrario y totalitario.

Por eso debemos pensar y creer con fuerza que está en la naturaleza de todo hombre libre el rechazar y denunciar y luchar contra la tiranía opresora, en cualquiera de sus manifestaciones. No debemos seguir, en nombre del cómplice silencio, aguantando el peso aplastante de aquellos que alguna vez perdieron la noción de realidad, pensando que nada ni nadie podría vencerlos.

Presentación mañana en Madrid de «Tecnología Masónica», de Florencio Serrano


El polifacético empresario y presidente de la federación de comunidades Budistas de España, Florencio Serrano, uno de los más destacados altos cargos de la masonería española, presentará mañana junto a Editorial Nous su último libro «La Tecnología Masónica». Todos aquellos que sintáis curiosidad por esta Orden Iniciática de Occidente mañana tenéis una oportunidad única de conocerla de cerca. Seguro que la tarde, en el templo masónica de la Gran Logia de España, no tendrá desperdicio. Quedáis todos invitados.

Preparando la presentación de mañana


La vida de un «petit editor» encierra pequeños momentos. Tiene su propia magia este pequeño karma-yoga, especialmente a la hora de cultivar con paciencia los actos de humildad.

En las jornadas de Industrias Culturales y Creativas


Estoy escuchando en este momento con gran interés la intervención de Antón Reixa, presidente de SGAE.
Habla claramente de la economía sumergida en la crisis de los ochenta como contención ante una revuelta social. También dice claramente que estamos ante un país de chorizos, pero esa cultura del cara dura se puede reorientar.
Muy interesante su discurso cuando critica la política del mecenazgo y del todo-gratis.

Soy un ciego que ve las cosas claras


Lo decía Max en las Luces de Bohemia  del genio Valle-Inclán. Quizás porque los ciegos pueden ver aquello que escapa a la ilusión de la luz. Cierto sentido se agudiza cuando caminamos en la oscuridad de nuestras vidas. Podemos alzar cierto olfato y descubrir las maravillas de esas parcelas que nos son vedadas cuando nos creemos sabedores de todo. Es como si del loto de la cabeza brotara una flor de bienaventuranzas, como si de ahí surgiera su forma primitiva, que sigue siendo la alegría. O como si del loto del corazón surgiera la flor del amor, siendo su primer indicio la más plena sabiduría. O como si del loto de la laringe naciera la flor de las formas vivientes y a raíz de ese resurgir, tuviéramos cierto contacto y comprensión de ese Plan nacido del sustentador del Universo. De ese de quién todas las cosas proceden, a quién todas las cosas retornan. De ese al que pedimos que nos revele el rostro del verdadero Sol Espiritual, oculto por un disco de luz dorada. Como nos recuerda hermosamente el profundo Gayatri, para que conozcamos la verdad y cumplamos con todo nuestro deber mientras nos encaminamos hacia Sus pies sagrados.

Desde Ginebra


Tras un día intenso el de ayer, hoy a las cinco de la madrugada ya estaba de pie y al orden. A las seis ya estaba embarcando en el aeropuerto y a las siete volaba rumbo los cantones suizos. A las nueve estaba retirando el ticket gratuito que la ciudad ofrece al recién llegado para que viaje en su transporte público durante ochenta minutos. Así que cogí el tren que lleva a la ciudad y luego el autobús hasta el parque de las Naciones y la Rue de Varembé.

Para algunos expertos, Ginebra, junto a Zúrich, es la ciudad de mejor calidad de vida del mundo. Aquí nacieron el padre de la Cruz Roja, Henri Dunant , el padre de la lingüística, Ferdinand de Saussure,  y Jean-Jacques Rousseau, que fue padre de cinco criaturas que abandonó en un hospicio y además un importante ilustrado.

Pasé toda la mañana y parte de la tarde meditando con los tejedores de la luz. Luego estuve durante horas paseando por la ilustre ciudad, escuchando sus sonidos, pero también sus silencios. En la cuesta que baja de la catedral un matrimonio alemán se paró a descansar. Mientras hacía una foto, el hombre se me acercó y amablemente empezó a describirme las suyas. Estuvimos un rato disfrutando de ese encuentro, de ese hablar sin hablar, como cuando tocas una piedra, especialmente si forma parte de un edificio antiguo o emblemática, cierras los ojos e intentas imaginar las peripecias de su historia, sentir los golpes de la edad, las heridas de su existencia. La primera vez que lo hice fue en la majestuosa catedral de Colonia, en Alemania. Y desde aquella experiencia, no paro de tocar iglesias y catedrales con las manos, en un gesto que roza esa locura de pensar que hasta lo inerte está plagado de vida. De vida y de sueños, porque las piedras, en sus silencios, también hablan. Así que un día lleno de paseos y silencios, acompañado con el libro de Whitman “Hojas de hierba”, con el cual intento mantener un diálogo de ensoñación y agradecimiento por ser parte de este increíble vergel de vida.

Mañana seguiré con los tejedores un rato más, y de vuelta a casa. Más piedras esperarán gritar sus graznidos de vida. Más viajes, más vida.

Siete ideas sobre el pensamiento



1- Sujeta la mente cuando vagabundee sin propósito. Trata de pensar en una sola cosa. No permitas que los pensamientos casuales o divagantes sobre otros temas dispersen tu atención.
2- Cuando un deseo surja en tu mente no trates de satisfacerlo inmediatamente. Obsérvalo, introduce el ejercicio del discernimiento en tu actividad mental.
3- Has de liberarte de los inconvenientes de una mente dispersa. Las exigencias de las energías mentales han de ser controladas hasta convertirlas en canales para la transmisión de la verdad.
4- Vigila todo impulso mental. Un mal pensamiento es un ladrón peligroso. Te roba la serenidad y el equilibrio mental.
5- Las impresiones, tendencias, deseos y pasiones sutiles, que yacen en las profundidades del subconsciente, tienen un efecto tremendo en tu vida consciente.
6- Los yoguis dicen que a través de la práctica de la meditación se puede modificar, controlar e influir en las profundidades subconscientes de la mente.
7- El pensamiento puede llegar a ser un buen instrumento si se utiliza adecuadamente. El primer requisito para la felicidad es el control sobre los pensamientos.

(Fuente: Yoga Sivananda)

Viaje a Ginebra


De nuevo en ruta. De nuevo en los aires. Desde las alturas se ve todo distinto. Es bueno tomar distancia para ver el camino recorrido y para divisar los nuevos horizontes. Que el viaje sea agradable y las experiencias únicas.

El río de la vida y los falsos profetas


«Muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos» (Mateo 24:11)

A pesar de que ganó merecidamente el premio Nobel, a Hermann Hesse siempre se le consideró un escritor de adolescencia. Quizás por ello es en ese momento de nuestras vidas cuando todos disfrutamos con sus obras y nos sumergimos en sus sueños y avatares. Cuando eres adolescente buscas referentes, guías, maestros que nos aporten conocimiento y sabiduría, luz para reconstruir nuestro propio yo individual. Pero hay maestros buenos, que te enseñan valores como la honestidad, la sinceridad, la justicia, la equidad, y otros, que con una exquisita sangre fría, te enseñan las artimañas del engaño y la mentira. Hace unos meses, bajo el abrasador calor caribeño, le decía a un amigo: “debemos beber de las cosas buenas de nuestros maestros, no de las malas”. La virtud siempre debe despejar el camino de la duda.

Hesse era un buen maestro. En 1925 escribió un pequeño libro que tituló “El Balneario”. Era una historia autobiográfica donde describía su propia experiencia en el balneario de Baden, junto a Zúrich y el lago Constanza, en Suiza. He viajado muchas veces a ese pequeño y peculiar país, y cada vez que lo hago, algo extraño resuena dentro de mí, algo que me identifica con él. Quizás porque me parezca un país virtuoso, y quizás porque eso es lo que cualquier hombre bueno desea para su vida.  O quizás sea porque mañana estaré paseando por las calles de Ginebra, introduciendo mi propia sombra en la luz de la logia alpina, a la espera de las singularidades del momento. Llevo muchos años apuntando en sobres de mil tamaños y colores la dirección de la Rue de Varembé. Allí enviaba puntualmente todos mis informes desde la más remota adolescencia, dando explicación detallada de todo cuanto ocurría en el mundo de los arquetipos. Y siempre que lo hacía recordaba a Hesse, y su peculiar balneario, y su particular bondad a la hora de describir hechos cotidianos cargados de valores increíbles. El hotel que me hospeda está frente el lago Lemán, uno de los más grandes de Europa, así que me sentaré allí a contemplar el río de la vida fluir hacia lo verdadero y lo honesto.

Y eso requiere desprenderse del mundo mentiroso, el cual hoy ha dado un nuevo giro con más mentiras y engaños. Uno siempre cree estar curado de cierto espanto, pero la vida a veces supera los límites soportables de la realidad.  Tras la noticia de hoy, el susto asciende a casi veinte mil euros de robo a mano armada, eso sí, con mucho guante blanco y finura, porque hay muchas formas de robar y engañar. Qué le vamos a hacer. Con los tiempos que corren, uno podría cabrearse por estos asuntos. Pero ya no merece la pena. Es mejor entrar al río de la vida con alegría y humor, y no con torbellinos de dolencias astrales. Mejor saborear el paso a la libertad y desprenderse del maya, la ilusión y la mentira de ese mundo falso que hemos inventado. Así que el viaje a Suiza será como un réquiem donde cantaremos juntos alabanzas hacia lo alto, dejando que los gusanos de la tierra busquen su propia rama para convertirse, algún día, en bellas crisálidas.

Sí, podría por muchos motivos estar enfadado, pero me siento sanamente curado, y por lo tanto, aliviado tras ver las cosas claras. Así que deseo más que nunca alejarme del mundo plano y materializado y de los encargados de vender las oscuras artimañas que les mantienen en la mentira, esos personajes rústicos e inocuos que Hesse describía en sus novelas con cierta crítica y severidad. Deseo alejarme de los falsos maestros y seguir el camino de la vida, y su río.

Luz, más luz, gritaremos mañana al amanecer.

Joint venture pasadas y futuras


A las siete sonaba el despertador. Los pájaros que madrugan más que el hambre sacudían el plumaje en los árboles de la habitación. Miré en los grandes armarios y a ciegas encontré el traje azul. Con tanto cambio y mudanza hacía tiempo que no me ponía el traje, así que tardé un rato en encontrar alguna camisa que hiciera juego y el cinturón y los zapatos de charol. No encontré las corbatas.

En el escritorio tenía la propuesta de un contrato para quedarme con el cien por cien de Séneca. Lo estudié por la noche pero tenía claras algunas cosas. Séneca fue un proyecto romántico y no una prostituta que podía alquilarse o venderse al mejor postor. Ni tampoco fue una idea equivocada, tan solo una inocente apuesta por la cultura. Así que mi decisión era la del “sí quiero” definitivo para empezar de nuevo desde una nueva perspectiva y una corriente de energía basada en los sueños que hacen realidad fantasías imposibles. Creo ciegamente en la magia de la vida y deseaba con ese contrato arriesgar y apostar por ella. Así que si todo va bien en unos días cederé mis derechos sobre coediciones pasadas con Planeta a cambio de las participaciones de Séneca de los antiguos socios. Dinero a cambio de sueños. No está mal. Hablaré con calma de este asunto porque me resulta una historia increíble.

Paradójicamente, mientras revisaba el contrato que me desvinculaba de Planeta y de mis antiguos socios, en Madrid era invitado a un desayuno con el presidente del grupo Planeta, José Manuel Lara y el presidente y CEO del grupo Bertelsmann, el doctor Thomas Rabe. Tengo amigos que trabajan para el grupo planeta y familiares que lo hacen en el grupo alemán Bertelsmann, así que me sentía como en casa.

El desayuno estaba organizado por Nueva Economía Fórum en el hotel Ritz de Madrid. Hacía meses que no asistía a ninguno y hacía años que no veía físicamente a Lara. Cuando estábamos en la sala cargando el café con leche, echando el azúcar con decoro y recordando una y otra vez eso de que es de malos modales dejar la cucharilla dentro de la taza con el café, miraba y observaba la pesadez del mastodonte Lara. Contrastaba con la agilidad del joven CEO alemán, de tan solo 46 años y dirigiendo uno de los grupos editoriales más importantes de Europa y del mundo. La energía del alemán contrastaba con la pesadez del español. Los mensajes también. Uno hablaba de pesadez en los trámites burocráticos con Antena 3 y la Sexta. El otro hablaba de expansión, de optimismo. Uno hablaba del pasado, el otro del futuro. Un reflejo vivo, observaba, de cómo nos sentimos los españoles ante esta crisis y de cómo se sienten los alemanes ante la misma. Sin embargo ahí estaba ese peculiar “joint venture” entre unos y otros, en esas sinergias que la vida nos ofrece de vez en cuando. Ahí estaba la magia y los mensajes ocultos tras los símbolos de ese café con leche, los pájaros, el traje, la cucharilla, el contrato, Séneca, Planeta, Bertelsmann. Lo pequeño y lo grande juntos en un día donde las sincronías no pasaban desapercibidas. Por eso, al salir del lujoso hotel, me encontraba con la frase de Quijote que me impresionó sobradamente:  “Porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres”. De eso precisamente se trata, de ser más libres, de que las antiguas aventuras terminen para que unas nuevas puedan comenzar desde otros valores y principios sujetos más al sueño vivo y la magia de la vida que al interés y el mundo mentiroso.

Es duro hacer esclavos a los seres libres


Captado el mensaje paseando por Madrid en una hermosa mañana en un momento existencial de plena liberación.

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Nacionalismos alemán / antialemán


Los nacionalismos son los que provocaron y determinaron la I y la II Guerra Mundial. En ambas, el protagonista fue Alemania. La construcción de la Unión Europea pretendía evitar una III Guerra Mundial y aunar esfuerzos en perpetuar el ideal de una humanidad unida, en plena cooperación y crecimiento armónico.

Sin embargo, la crisis que estamos viviendo y que está siendo articulada desde las políticas neoliberales esgrimidas desde Berlín, están de nuevo trayendo a la palestra un nuevo sentimiento nacionalista que pone como objetivo único la destrucción del euro y su alter ego: la Unión Europea.

Ya están surgiendo voces que culpan a Alemania y su interesada intervención en las políticas de austeridad de la no salida de la crisis, y por lo tanto, un nuevo chivo expiatorio que la historia se encarga de repetir por tercera vez.

De nuevo tenemos la historia para ir con cuidado y para no equivocarnos de enemigos. Y los enemigos no son el Euro y la Unión Europea, sino la ignorancia de apoyarse en ideales populistas y fáciles de vender en un momento delicado para todos.