Sueños cumplidos


Me he pasado todo el día repasando las fotografías que desde enero de 2007 tenía sobre las Comunidades Utópicas visitadas en estos años. Las quiero incluir en el libro ya terminado sobre la tesis doctoral. Y la nostalgia y el recuerdo han perseguido las horas de este final de agosto. Un agosto extraño, diferente, lleno de descanso, muy tranquilo aquí en esta casa que cada vez aprecio más por su luz, por sus espacios, por su silencio y calma.

Me daba cuenta que había conseguido por fin aquello a lo que años atrás siempre había aspirado. Una casa luminosa y tranquila para dedicar mis horas a escribir. Precisamente es eso lo que he hecho en este peculiar agosto: escribir. ¿Y no era eso lo que siempre había querido hacer?

Pero a pesar de eso aún me persigue esa terrible aptitud para sufrir, quizás derivada de esa necesidad tan humana de amar y ser amado. Son aullidos que me acompañan por la noche, una especie de purgatorio que comprende esos deseos enormes de abrazar y ser abrazado. El otro día lo decía una amiga con cierto tono amargo: estoy cansada de mi soledad, estoy cansada de no poder abrazar. Es el vacío desgarrador que se abre en el tragaluz de nuestros días. Todos tenemos nuestro carácter y todos padecemos de nuestros errores, pero luego, cuando lo tienes todo excepto el amor, te das cuenta de que ese murmullo sordo y continuo no puede abandonarnos.

Cuando hoy repasaba las fotografías para el libro, tenía la lacerante impresión de no haber comprendido a los seres con quienes me he cruzado, personas hermosas y profundas que me amaron y que ya no veré nunca más. Ha sido una sensación terrible porque de repente quería abrazarlos a todos. Intentaba inútilmente aferrarme a los recuerdos, a las fotografías. Recordaba todos los momentos como en una rápida película cuya heroica exposición quedaba agazapada en la inquietud que provocaba.

Me acordaba de esas parejas longevas que felices paseaban por las calles y me sentía feliz por ellas. Mis tíos me visitaban hoy después de décadas juntos y él, de forma muy espontánea y natural me decía: “la única verdad es el matrimonio”. Lo ha dicho de corazón, mirando a su compañera de toda la vida ya en su cenit existencial. Sus palabras sinceras me han conmovido. Los miraba y veía lo perdida que nuestra generación se encuentra.

Sí… he conseguido aquellos viejos sueños. Un agosto preñado de aquella substancia que provocó esta realidad. Escritor en una luminosa y gran casa. Pero faltaba algo… Faltaba ese crujir que se siente cuando alguien se abalanza hacia ti con urgencia, abrazándote como si el mundo terminara en ese instante, como si el amor cósmico pudiera derramarse en ese segundo de ternura. Sí, este mes ha sido heroico. He terminado dos libros y he sobrevivido a muchas cosas. Pero faltó la grandeza del amor, los hoyuelos de esa caricia capaz de tranquilizar el alma inquieta que me posee… Hoy hacía treinta grados en La Montaña. Había mucha luz aquí en el sur… y quería escribir…

 

( Foto: mi madre, mi tío y mi padre al fondo en el momento en que hablaban sobre el mundo de las parejas… hace unas horas…)

Caer está permitido, levantarse es obligatorio


Esta frase me llega de una amiga que sabe el significado profundo de caer y levantarse una y otra vez. Me llega en un momento oportuno, de reflexión profunda sobre los errores que sistemáticamente vamos cometiendo en la vida y que, de alguna u otra forma componen nuestra personalidad y moldean nuestra existencia hacia uno u otros derroteros. Miraba las cosas que he perdido en este tiempo. Algunas ya irrecuperables y otras pendientes de ese fino hilo llamado esperanza que dado su fragilidad roza casi lo milagroso. Solo apreciamos las cosas en su justa medida cuando las perdemos, y sobre todo, cuando ya son irrecuperables. He conocido a personas, y quizás yo pueda incluirme entre ellas, que nos pasamos una vida entera conquistando un sueño, una promesa, una ilusión. Y cuando lo conseguimos, cuando lo tenemos justamente ahí delante, perdemos la noción del esfuerzo que supuso conquistarlo, dejándolo escurrir por entre los poros invisibles del olvido. Y un día lo perdemos, y cuando lo perdemos, empezamos a llorarlo con rabia, con amargura, por no haber sabido cuidar con delicadeza ese sueño por el que habíamos luchado tanto. Por eso ahora intento estar más atento sobre las cosas que la vida me regala cada día. Como el mensaje inesperado de M. pidiéndome si su madre podría venir a ayudarme los fines de semana aLa Montañaa cambio de un rincón tranquilo donde curar sus heridas de guerra. Me ha parecido un trueque hermoso, así que bienvenida sea. Nos dejaremos caer en las manos del destino con la promesa obligada de volver a levantarnos. Cuantas veces haga falta siempre que exista ese uno por ciento de esperanza, ese hilo conductor que aligere el peso de nuestras vidas…

 

Foto: La virgen del Carmen de Málaga, donde pudimos parar un rato y ver la gran devoción que tiene. Al parecer, según contaba la anfitriona del paseo, es bastante milagrosa, quizás porque la combinación de mar y montaña hacen de ese lugar un punto de fuerza telúrico importante. Por si acaso, pedí mis propios deseos…

Cuando se ha visto una feria con tantas luces


Sentir más es vivir más… Eso pensaba mientras comíamos plácidamente en las playas de Málaga… Los anfitriones, una excelente pareja que con sus cuarenta años de feliz matrimonio me llenaron de energía y vitalidad en esa mañana inolvidable. D. y P., un ejemplo de optimismo y entrega que me contagiaron de vida en esta mi primera incursión al mundo real. La primera vez que vi a D. fue en Madrid hace cosa de un año, en un congreso dela FundaciónAnanta.Ella me reconoció por mi foto del blog y vino y nos dimos un abrazo sentido. Desde entonces siempre ha estado ahí, cuidando de que este niño estuviera bien. Y ayer, tanto ella como su entrañable marido demostraron que la generosidad y el cariño son las fuentes que llenan la vida de sentido. Así que agradezco su calor humano y su angelical visión ante la vida. Sus consejos y apoyo con respecto a las cuestiones del corazón me los traigo para sembrarlos en una fértil maceta. Me encantó el piropo tan andaluz que me dispensaron: “cuando se ha visto una feria con tantas luces”. También me encantó la sincronía que ese día se repetiría en dos conversaciones diferentes, con personas diferentes y sobre un mismo tema: las regresiones y Brian Weiss

La tarde-noche también estuvo llena de sorpresas. Habíamos quedado en el parador de Málaga. Hacía años había escrito a la editorial buscando trabajo y aunque no lo encontró, se ganó a un amigo que durante este tiempo ha mantenido el contacto de alguna u otra forma. Ella siempre escribía para ver como iba la editorial y su loco editor, y sobre todo, siempre buscaba fórmulas para poder ayudar de alguna u otra forma. Siempre admiré esa generosidad en gente que no conoces hasta que un día te das cuenta de que realmente sí la conoces, y como ella dijo esta mañana en un mail: “me encantó re-conocerte”. Y allí estaba, la bella y dulce M., treinta y dos años cargados de experiencia, madurez y consciencia, una combinación vertiginosa que le había llevado en estos tiempos a ser profesora de universidad en Hungría. Con un currículo increíble en lo profesional y en lo humano, destripamos hasta bien entrada la noche cientos de historias que surgían sin parar en una conversación infinita. Por la mañana, en casa de D. y P. había visto un libro sobre la mesa de Brian Weiss y hablamos un rato sobre el tema de las regresiones. Me pareció increíble que sin yo decir nada, M. empezara a hablar de las regresiones y de Brian Weiss. Estas sincronías me encantaron. También me llenó la mochila de consejos útiles sobre el amor. Se dio cuenta de mi poca experiencia y me dio fórmulas para tratar asuntos que en estos momentos son importantes en mi vida. Los agradezco de corazón y me llevo a casa toda su sabiduría y consciencia.

Así que ha sido un fin de semana increíble y sin desperdicio, cargado de amor y de encuentros con personas excelentes, de una calidad humana sin igual. Gracias D, P. y M. por vuestro amor y cariño.

Ángeles en la Montaña


Comimos un buen plato de lentejas junto a mis padres, que estaban ayudándome a limpiar y pintar la casa, preparándola para el retiro de este fin de semana. Estuvimos hablando de mil cosas, repasando un poco estos últimos cinco años de decisiones y desvaríos que han hecho que mi vida fuera así y no de otra manera. Dimos un paseo por el pueblo, contemplando como a la gente les cuesta salir a la calle en verano según a qué horas. Bromeamos sobre la intención de vender un millón de libros de “Ama hasta que te duela”. Todo empezó como una broma pero ya se convirtió en un reto. Se fue al final de la tarde no sin antes darnos un sentido abrazo, recordando que hace algo más de un año paseábamos con C. por las calles de Sevilla. Recordando, valgan las sincronías-coincidencias que C. estuvo también aquí hace un par de días. J. es un ángel de esos que aparecen en tu vida sin saber muy bien cómo ni porqué pero que siempre están ahí, protegiéndote, queriéndote y ayudándote en los malos momentos. Así que le mando de nuevo un fuerte abrazo desde aquí y le agradezco su visita llena de radiante luz. Gracias querido J. por ser como eres… Hoy más milagros… mañana más…

 

Foto: Mis padres han estado en agosto en La Montaña ayudándome con el jardín y la casa… Aquí mi padre quitando «jaramagos»…

Bienvenido al mundo real


Ayer terminé por fin el libro sobre el amor. Ayer por primera vez en casi un mes no me senté a esperar al lado del árbol que sobrevivió a la obra, junto al fósil. Ayer por primera vez sentía que los corazones habían hablado y había que seguir sus designios. Ayer me dejé fluir y de nuevo entró la actividad en mi vida. No caí en la cuenta pero la visita de veinte personas de repente en mi casa me recordó que antes mi vida era así, un reguero de visitas continuas, de gente extraordinaria y maravillosa que venía hasta la Montaña para ver a su loco, a su raro. Y cuando caí en esa cuenta, de repente el teléfono empezó a sonar y los mails empezaron a diluviar. Había terminado el encierro, había terminado el duelo, había terminado el dolor.

Y hoy vendrá desde Sevilla ese gran hombre, J., a pasar un buen rato de compartir. Y mañana vendrán de retiro unas treinta personas a mi casa para espiritualizar aún más este lugar. Meditarán y hablarán de pureza y paz, y eso será bueno para limpiar estas energías y purificar el ambiente. Y el sábado ya he quedado con la hermosa M. en Málaga para que me cuente sus andanzas por Hungría, y con la buena de D. y con Y. a falta de que me confirme por donde andará. De nuevo salgo de la cueva y de nuevo los milagros, como la llamada de C. de esta mañana ofreciéndome energía y valor para seguir luchando. Gracias C… la criatura, tú criatura ya está en camino…

El libro-terapia me ha salvado una vez más del abismo, y ahora toca disfrutar de nuevo del camino… Por eso, ayer, cuando lo subí a la imprenta, fue como cerrar una gran puerta y ver como se abrían cientos, miles de ventanas… Ya no hay pasado, ya no hay futuro, solo presente, solo ese eterno ahora, ese increíble gerundio… Y aquí estaré, de nuevo con ganas de abrazar a la vida…

Erase una vez un hombre raro



Esta mañana ha venido a casa una bella adolescente acompañada de unas veinte personas de su misma edad. Tímidamente, me han pedido agua. Les he dado agua y magdalenas. Ella, con sus profundos ojos verdes, me ha preguntado: «¿Esto qué es?» Le he contestado: “una casa”. Ella ha dicho: “Pero es muy rara”. Y sonriendo, le he dicho: “Es que yo soy muy raro”. Se ha sonrojado quizás porque no esperaba esa respuesta. Tampoco yo esperaba esas preguntas. Me hubiera gustado invitarlos a todos a una charla divertida, como en los viejos tiempos, pero me he dado cuenta de que aún sigo enclaustrado en mí mismo, sin pocas ganas de salir al exterior. Momentos antes había estado R. un rato junto a A. Hacía cinco minutos que había terminado por fin el libro “Ama hasta que te duela” y cinco minutos que ya estaba en la imprenta. Realmente un título raro para un libro raro de una persona rara. Rara, raro, raro, como dijo MC en una presentación de un libro delante de un amable y paciente público. Sí, el niño nos ha salido rarito, decían mis padres. Sí, rarito cuando en vez de ir a las discotecas me encerraba en bibliotecas buscando en los libros esa sabiduría que el conocimiento nunca nos da. Me perdí la experiencia de estar ahí fuera, en la discoteca, leyendo del libro de la vida, creciendo en sabiduría vital. A cambio, un cúmulo de teorías sobre la vida y la muerte que nunca me sirvieron excepto para eso, para ser raro, como mi casa, como mi vida, como ese coche que no hace ruido y ese jardín plagado de duendes que esperan el regreso del niño que los creó. Sí, es que soy muy raro… Y ella bella, muy bella, con sus profundos ojos verdes.

¿Merecemos otra oportunidad?



Intentaba tocar con la guitarra esa maravillosa canción de Pink Floyd titulada “Mother” y me preguntaba sobre las difusas fronteras entre lo que somos y lo que deberíamos ser, entre lo que expresamos y sentimos y lo que deberíamos expresar y sentir. Quería en cierta forma revelarme al son de la música sobre nuestras miserias y errores, pedir perdón ante el mundo y la guitarra sobre aquello que hicimos mal. Ya no sólo como individuo, sino como humanidad. ¿Merecemos otra oportunidad? El humano es el único ser capaz de retroceder, de perdonar, de saberse consciente de sus errores y buscar un punto de retorno para remediar el mal realizado. Es el único que mira sus acciones con cierto juicio moral y es el único capaz de volver a empezar desde cero con tal de limpiar su consciencia y vivificar su alma. Miraba hacia lo alto y observaba todos los errores que como humanidad habíamos cometido y me preguntaba, con dolor, si merecemos otra oportunidad antes de que todo sea demasiado tarde. Venían a mi mente, a mi pecho palabras como compasión, perdón, sacrificio. Pensaba que la única forma de salvarnos era santificando todo cuanto hacemos, todo cuanto pensamos, todo cuanto sentimos. Santificar nuestros actos, y a los seres que nos rodean, a nuestra especie, a nuestro entorno. ¿Merecemos otra oportunidad? Creo que sí… porque erramos, nos equivocamos, pero somos capaces de cambio, de oportunidad, de trascendencia…

Gracias


Llegó desde lejos y estuvo una noche. Fui capaz de abrir la puerta después de casi un mes de silencio, de encierro voluntario, de nulo contacto humano. Vino a cerrar puertas después de un año desde que estuvo aquí por última vez. Fue muy hermoso el reencuentro por su valentía y sinceridad. Ella llenó la noche de sonrisas y lágrimas, de recuerdos, de anhelos. Me habló del amor silencioso, de un amor que había durado ya un año y que requería cerrar para volver a empezar. A penas dormimos dos o tres horas antes de que se marchara hoy temprano. Me sentí muy agradecido porque había conseguido sacarme alguna sonrisa y porque me había dado fuerzas para comprender lo hermoso de ver quemar hasta el último de los barcos en la batalla del amor. Me vi reafirmado en lo que sentía a pesar de esta deriva, y pude expresarlo en voz alta. No puedo negar lo que siento ni puedo luchar contra ello. Entonces… ¿qué se puede hacer? Seguir quemando naves… quemándolas todas hasta que ya no quede ninguna, o hasta que, una vez el naufragio sea inevitable, venga esa mano que sujeta fuerte a rescatarte del mismo. No puedo verlo de otra manera, no puedo expresarlo de forma distinta. Por eso su visita me hizo mucho bien. Pude comprender hasta donde estaba dispuesto a sentir…

Descanso existencial


Llueve en La Montañay eso me hace feliz. El día gris, ese fresquito que con gusto repele el calor de estos días… Llueve, me revuelvo entre las gotas que caen partidas por el diccionario de la naturaleza. Ese olor a tierra mojada que entra por el ventanal abierto… Esas nubes preñadas de agua…

Y me recuerda la parodia de la vida, donde se abre el telón, se nos arroja a la escena de la vida y tenemos que actuar, que ser sin un guión previo. De repente descubrimos en la seriedad del drama que todo es ficción. Entonces viene la diversión y nos tomamos un descanso existencial, un descanso de nosotros mismos, de la seriedad de la vida, de su dureza y tensión. Eso ocurría hoy mientras la Tormenta volvía, mientras leía entre sus mensajes un aliento fuerte de esperanza…

Esta mañana tenía preparada la mochila cargada de buenos deseos para estar dos semanas merodeando por el Camino… Pero cuando me levanté me di cuenta de que ese viaje iba a ser una huida hacia delante, y que todo lo que soy y siento me iban a acompañar. Así que desistí, con el deseo de terminar pronto los libros que estoy preparando.  Y ahora sigue la parodia, con deseo bello y sublime, a la espera, de nuevo, a que la vida se llene de milagros… Como la lluvia de hoy en La Montaña, como la Tormenta que arrecia todo cuanto soy…

Foto: gotas de lluvia hoy en La Montaña…

Escuchando al río


 

C. me envía esta increíble foto que tanto me inspira cuando la veo. Con su permiso la comparto porque el arquetipo que representa lo conozco muy bien. Fue a principios de los años noventa cuando hice mi primer Camino de Santiago, y fue allí donde un hombre suizo de grandes ojos azules me regaló dos libros: Siddharta y Juan Salvador Gaviota. Hoy hablaba con T. de ese deseo interno de terminar mis días como un barquero, como hizo Siddharta, escuchando la voz del río, sentado junto a la cabaña, en la eterna búsqueda del ser. Y el segundo libro me ha acompañado durante años, siempre viviendo esa vida austera, sin importar si en la cartera tenía millones o calderilla, olvidando las cuentas con tal de sentirme liviano y ajeno a todo. Esa obsesión de Juan Salvador por buscar la perfección del vuelo me ha seguido en exceso, porque no hay mayor verdad que la de intentar abarcar la sabiduría desde la libertad del aire. El caso es que mientras recordaba aquellos momentos y el que hace ahora veinte años que hice por primera vez el Camino de Santiago, me han dado ganas de coger la bici y volver al Camino… Quién sabe… a lo mejor mañana amanezco en Roncesvalles, dispuesto a otra nueva aventura…

Un nuevo bardo


Ayer recibía los recortes de algunos escritos que había plasmado hacía unos años para utilizar en algún libro. Me conmovía releer una y otra vez experiencias pasadas, aventuras pasadas. En cierta forma era como si el tiempo no hubiera pasado, o como si hubiera pasado una eternidad. La selección de los mismos tenía su propia magia. Había un hilo conductor que la amiga que los había seleccionado pudo captar enseguida.

Ahora me quedo inmóvil, quieto, nublado. Porque los escritos explican una historia que se repite una y otra vez. Era como penetrar en el eterno retorno. Y ahora me veía como en el final de aquella historia, de aquellos recuerdos. De nuevo solo, sin muchas ganas de “volver a empezar” ninguna otra historia, ningún otro proyecto, sino con ganas de terminar realmente con este círculo vicioso. Pero, ¿cómo salir de esta rueda de reencarnaciones vitales?  Realmente me siento como si estuviera en un “bardo” budista, en un estado intermedio o de transición hacia no se sabe donde. Pero esta vez sin fuerzas, medio agotado, anhelando los fríos del invierno. Recordando como verdean en mi alma los suspiros por aquellas primaveras cargadas de flores y árboles teñidos de frutos. En mi mejor tierra escarbo entre aquellas islas afortunadas que me tocó vivir. Y suspiro. Con ese aliento listo para ser cosechado. Con esa carga de volver a aprender sobre la soledad, sobre la tenacidad, sobre la prudencia.

Quizás sea el calor del verano, quizás el que haya pasado aún poco tiempo desde que ocurrió el gran mediodía. Ni siquiera hay sufrimiento o dolor. Sólo cansancio, un cansancio metafísico casi insoportable. Pero pronto llegará el otoño y su frío invierno. Pronto rebrotarán los halos del espíritu que nacen de los vuelos sobre cielos apacibles, con alas propias, rodeado de inmensidad y el placer que hincha las velas en busca de lo desconocido. Sí, esa pasión del navegante pronto volverá… Ya centellean allá a lo lejos los anillos de la aventura…

Cartas


 

La Montaña, a 19 de agosto de 2011.

Estimados amigos,

Recibo “cartas” -aún me gusta llamarlas así- desde México, desde Alemania, desde Inglaterra, desde Francia, desde Perú, desde Estados Unidos, desde Argentina, desde Brasil, desde Israel, desde la India, desde Dinamarca, Pakistán y Etiopía… Incluso el otro día me escribieron desde una isla recóndita de un mar perdido que aparece tímidamente en los mapas y de la que nunca había escuchado hablar. Y sobre todo, muchos escritos desde nuestra piel de toro. En agosto, cuando el tiempo parece dilatarse, siempre robo alguna hora a la escritura epistolar. En ella derramo sueños, tristezas, alegrías, promesas, ilusiones, proezas y cosas del día a día. A pesar de que estos días el ánimo acontece como una noria desbocada, siempre hay tiempo para refugiarse en letras sentidas.

Antes de que existieran estas máquinas que ahora parece que nos facilitan la comunicación, las cartas eran manuscritas, cargadas de dibujos que hacías a los bordes. A veces una plantita o una flor acompañaba estrujada entre sus hojas. Siempre las empezaba con una localización espacial y temporal. Era hermoso ver llegar al cartero con cientos de cartas, cada una con su peso, con su olor específico, con su tamaño, con sus adornos y con regalos que acompañaban a las mismas. Recortes de algún periódico, fotos, la copia de algún texto interesante, un trozo de tela…Ahora todo es diferente, pero sigo sintiendo ese gusanillo cada vez que recibo un mensaje cargado de emoción y sentido.

Cualquier otra persona podría haber renunciado a este tipo de escritura. Especialmente ahora en la que los mensajes suelen ser cortos, superficiales, casi rozando lo antinatural en las relaciones que pretenden ser profundas. Alguna vez ya hablé de la enfermedad de lo breve, de crear relaciones superficiales de hola y adiós. Por eso la relación epistolar siempre ha estado muy presente en mi vida, por esa necesidad de hacer de las relaciones algo intenso. Admito que en la sociedad en la que vivimos es arduo y difícil. Las relaciones, sean del tipo que sean, suelen ser cada vez más complejas y superficiales. Estrechar los vínculos del compromiso, la seriedad y la responsabilidad son valores que se están perdiendo. Ahora se embriagan de funcionalidad, interés, merchandising, apariencia y todo eso que tiene que ver con lo epidérmico y superficial.

Bueno, sirva esta como una carta, porque, visto lo visto, no había caído en la cuenta de que cuando escribo en este espacio que nos hemos regalado, es como si escribiera auténticas cartas para auténticos amigos. Cartas que leen a diario entre trescientas y quinientas personas diarias según las estadísticas. Cartas que llegan a muchos países, porque todos los que estáis ahí detrás llegáis de los lugares más insólitos. A veces me gusta mirar el mapa, lo admito, y ver de cuantos países vienen. Y es sorprendente cuanto pueden llegar a viajar estas “cartas” lanzadas al viento. Me alegra saberlo, me alegra saber que estáis ahí, y me alegra compartir un trozo de esta loca vida con vosotros.

Un abrazo sentido a todos…

 

Foto: Desde el lugar donde escribo ahora… Mi nuevo rincón, mi nueva perspectiva para seguir soñando…

Duele, claro que duele…


Hoy, obediente, despierto, vivo, creciendo en el dolor me he encerrado en mi palacio. He cogido primero el texto de Alexandra y he profundizado en los misterios de esa historia más allá de la historia. He sufrido viendo sufrir a Alexandra, he revivido en mis carnes ese rayo mortal que casi la mata en esa travesía por el desierto junto a su amor, Atis. Luego, obediente, despierto, vivo, creciendo en el dolor he continuado repasando las notas que ella había escrito en la corrección de mi texto ya casi terminado. “Ama hasta que te duela” es el título de este segundo libro. Qué paradójico. Porque obediente, despierto, vivo, creciendo con el dolor puedo amar, aún cuando todo aquello en lo que había creído ya no exista. Así es la esperanza humana, así es su dolor, así es la forma en la que crecemos. Cuando algo está vivo crece, y todo lo que crece duele, porque se mueve, porque se expande, porque roba espacio al universo para preñarse de más vida. Por eso el amor es obediente a ese dolor, y vive creciendo constantemente… Duele, claro que duele, ya lo dijo el poeta, mejor vivo y dolido que dormido como hasta ahora… Ahora sigo escribiendo, corrigiendo, bajo la atenta mirada de Virgilio, de Dante, de Homero, de Nietzsche, que son los que me acompañan estos días, buscando en sus relatos inspiración para los míos… ¡ay el viejo viaje a Itaca!

La postura perfecta


Ayer fue una noche dura. Una noche de aceptar lo que no se puede cambiar. Una noche de dolor porque a veces hay cosas que no comprendes hasta que caes en la cuenta de que lo que ocurre siempre es lo mejor. Todas las cosas que suceden, que ya están sucediendo, no puede ser más que dirigidas desde algún perfecto orden que no comprendemos. He recibido un bonito texto que decía algo así: relájate y acepta lo que ocurre. Todo es perfecto, todo está en su mejor momento. Esa es la mejor postura, la postura perfecta, la vibración perfecta. Aceptar lo que la vida nos da, sea bueno o malo, porque siempre ocurre para mejor, para hacernos más humanos, para hacernos más generosos y sensibles con el universo.

 

Foto: ayer sentí ganas de coger la bicicleta y marcharme a un lugar solitario para meditar. Sentía que debía prepararme para estar fuerte, sentía que esa noche iba a ser eterna…

Cambia de lugar y cambiarás de suerte


Tras casi una hora hablando con L. de los acontecimientos de nuestras vidas, me ha gustado la conclusión a la que hemos llegado: cambiemos de lugar y cambiará nuestra suerte. Al principio nos referíamos a un lugar físico, pero luego me he dado cuenta que también puede ser un lugar psicológico, una actitud, una forma de ver, entender o interpretar la vida. Si cambiamos la perspectiva de las cosas, seguramente moveremos un séquito de energías nuevas que removerán toda ese encapsulado y corrupto andamiaje que nos tenía anquilosados, atrapados y aturdidos. Solo basta un pequeño y leve movimiento para que todo empiece a cambiar en nuestro alrededor. Así que manos a la obra. Cambio de paradigma, cambio de mensaje, cambio de actitud. Fin del drama, empieza el viaje iniciático, la travesía hacia el otro lado. Comienza la aventura de cambiar de lugar para que cambie nuestra suerte. Porque siempre, más allá de las tierras del norte…

Luna, estrellas, vida…


Tras unas horas dedicadas al jardín, he subido a una de las terrazas para contemplar de frente la luna llena y la lluvia de estrellas. Tras una pequeña meditación y algunos ejercicios de respiración, me he quedado inmóvil contemplando el increíble paisaje… Ahora estoy escribiendo, medio anestesiado, desde este lugar privilegiado… Es increíble lo que cambia la perspectiva de las cosas cuando, acostumbrados a la visión miope de la vida, de repente tenemos ante nosotros un vasto dominio de paisajes, naturaleza y vida en su máximo esplendor… La luna, pronto las estrellas, los bosques, los ríos, la campiña, las montañas al fondo, los cortijos andaluces blancos y opulentos, los tejados de las casas, la torre de la iglesia albergando las puertas sagradas al universo, el castillo con su historia olvidada… el silencio… Puedo ver con cierto orgullo como el árbol que sobrevivió a la obra ha sobrepasado ya las vistas de la primera terraza, apareciendo, algo tímidas, las primeras ramas sobre el tejado. Y siguiendo la vista hacia el sur puedo imaginar detrás de las montañas el inmenso mar, apenas a doscientos kilómetros de donde me encuentro… Hay tanta vida ahí fuera…

Amor Incondicional


Hoy he recibido una triste pero maravillosa historia de amor. Se trata de la historia de Katie Kirkpatrick y su novio Nick. Katie tenía un cáncer terminal de pulmón. Ambos deciden casarse y cinco días después, ella muere.

En un mundo donde el amor ha quedado en un segundo plano, reducido a algo anecdótico, donde lo importante es la seguridad, el dinero y los valores que acompañan al materialismo en el que vivimos constantemente, esta historia me ha conmovido profundamente.

Al mismo tiempo, una amiga me escribía estas hermosas palabras de amor esta misma mañana:

Aprendí hace unos años una gran lección sobre el amor incondicional….Pude amar a un hombre que era absolutamente todo lo contrario a lo que yo hubiera pedido jamás (muy feo, barbudo, 60 años, impotente, muy pobre de bolsillo, pero muy rico en el amor). Duró 4 meses, él murió, pero me enseñó tanto sobre la incondicionalidad del amor…


He conocido el amor verdadero en dos personas (ambos maravillosos y tan diferentes/tan opuestos) y he aprendido que nunca hay que juzgar a nadie, y menos aún por las apariencias…. un amor puede ser una persona disfrazada de vagabundo que está en tu camino para enseñarte la verdad…

Para los románticos que aún creen en este tipo de cosas, estas historias llenan la vida de esperanza e ilusión…

Ángeles


Están ahí. Me abrazan, me susurran, me miran y me guiñan el ojo. Sujetan mi mano, no la dejan caer. Se retiran en silencio. Suspiran conmigo. Atienden mis súplicas. Vacían su amor en el pecho que sujeta el cuenco del alma. Pintan lienzos hermosos. Me acompañan en los viajes. Elijen colores, perfumes, sabores para adornar el pasar de las horas. Me abrigan cuando hace frío y rozan el cabello cuando siento que algo va mal aquí dentro.

Están ahí. Me aprietan, me musitan hermosas canciones. Cierran los ojos cuando pervierto las emociones. Aprietan sus dedos contra los míos, fuerte, muy fuerte, para que pueda sentir su calor. Acuden a mi llamada. Anhelan. Compartimos. Y su sabiduría me llena de calma. Esparcen su imaginación para que siga soñando. Entonces me llevan a volar hasta lo más alto y danzamos en estrellas y soles, en mundos del hiperespacio, en dimensiones desconocidas.

Están ahí. Su aliento inconfundible resopla detrás de mis orejas. Sin dañar, suaves, me asisten cuando me convierto en larva. Y entonces se reúnen ante mi cuerpo inerte y lo elevan, lo reviven hasta convertirlo en mariposa azul. Y nunca piden nada a cambio, excepto alguna gota de optimismo, alguna sonrisa por mi parte, o simplemente, el que siga respirando, sintiendo la vida en su más extensa profundidad.

Están ahí y me dan las buenas noches cuando en la horizontal del día el sol se arruga para dar paso a la noche. Y están ahí, puntuales, cuando regresando del otro mundo, el cuerpo obedece a la verticalidad de nuestras vidas y se levanta perezoso para saborear lo maravilloso del nuevo renacer. Están ahí y me ayudan con suaves promesas, con leves gemidos de alegría y paz. Están ahí… mis amigos… los ángeles…

 

Pd. Gracias a todos los amigos que estáis ahí susurrando cosas hermosas…

El problema: cuento Zen


Cierto día, en un monasterio Zen, se encontraron con la muerte de uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un substituto. El Gran Maestro convocó a todos los discípulos para determinar quien sería el nuevo centinela.

El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, dijo:

“Asumirá el puesto el primer monje que resuelva el problema que voy a presentar.”

Entonces colocó una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un jarrón de porcelana muy caro, con una rosa amarilla de extraordinaria belleza en él y dijo así:

“¡Aquí está el problema!”

Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarro de extremo valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. ¿Qué representaría?, ¿Qué hacer?, ¿Cuál es el enigma?

En ese instante, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y  ¡Zas! … destruyó todo de un solo golpe.

Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo:

“Usted será el nuevo Guardián del Castillo”.

 

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Moraleja dela Historia:

No importa cual sea el problema. Ni que sea algo lindísimo. Si ves un Problema, precisa ser eliminado.

Un problema es un problema. No importa que se trate de una mujer sensacional, o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se acabó.

Por más lindo que sea o haya sido, si no existiera mas sentido para él en tu vida, tiene que ser suprimido. Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en el pasado, y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus corazones y mentes.

Espacio que es indispensable para recrear la vida. Existe un proverbio Chino que dice:

“Para tú poder beber vino en una copa que se encuentra llena de té, es necesario primero tirar el té, y entonces poder servir y beber el vino”.

Limpia tu vida, comienza por las gavetas, armarios, hasta llegar a las personas del pasado que no tienen más sentido y que están ocupando espacio en tu corazón.

El pasado sirve como lección, como experiencia, como referencia. Sirve para ser recordado, no revivido. Usa las experiencias del pasado en el presente, para construir.

La rabia europea


Hace un tiempo una amiga me decía que tenía rabia. Al principio pensé que no, que no podía ser porque llevaba ya casi dos semanas tranquilo, relajado, destensionado, intentando llevar una vida calma. Pero a medida que avanzábamos en la conversación, veía que sus ataques hacia mi persona iban creciendo. Al final de la conversación, resulta que había crecido mi grado de rabia y que me había dejado llevar por las palabras de mi amiga. Es como si estuvieras nueve meses de parto soportando ataques continuos, desprecios, comportamientos déspotas, egoísmos, indiferencias, y luego, un día, saltaras por los aires y alguien te dijera escrupulosamente: “lo ves, tenías rabia”… Pues claro que tenía rabia, cuando tocas la dignidad humana, sea en el grado que sea, como mínimo surge cierta rabia… Recuerdo un día que alguien se pasó hora a hora humillándome desde el amanecer hasta el anochecer… Cuanto más me gritaba, más intentaba estar en silencio, soportando el dolor de la humillación. Así durante un día entero hasta que, llegada la noche y ya sin fuerzas para seguir aguantando más ofensas, cogí mis cosas y me marché. “Lo ves, tenías rabia”… Claro que tenía rabia…

Algo así ocurre en Europa estos días, especialmente en Inglaterra, donde la rabia acumulada ha saltado por los aires. Hace algunos años lo advertí. Cuando las cosas vayan a peor, saltará todo por los aires porque la rabia se acumula en una atmósfera invisible pero real. Por eso no me extraña nada que la revolución árabe saltara por los aires, y que lo mismo ocurra, y con más crudeza, en los países Occidentales si las cosas siguen a peor. Lo de Inglaterra solo es un aviso para navegantes. El otro día, Javier Pove, un futbolista profesional indignado que colgaba las botas por coherencia existencial decía textualmente: «En vez de tanto 15-M y tanta hostia, lo que hay que hacer es ir a los bancos y quemarlos, cortar cabezas. La suerte de esta parte del mundo es la desgracia del resto».

Los gobiernos, en vez de buscar las causas originales de tanta rabia e ira, se limitan, en una posición déspota y desmedida a decir eso de: “lo ves, tenías rabia”…
Siguiendo la hipocresía de los titulares de prensa, hoy me ha llamado la atención uno que decía así: “la bolsa rebota con fuerza y corta su peor racha”… La noticia, interpretada con cierta malicia venía a decir algo así: “lo veis, ya ha pasado lo peor, estemos tranquilos y sigamos con nuestras vidas que la bolsa ha subido tres puntos…” La verdad es que a veces da rabia ver como nos engañan… o mejor dicho, como nos toman el pelo… Pues sigamos así de inconscientes… Sigamos acumulando rabia… Y al final, alguien dirá: “lo veis, tenían rabia”…

La locura del otro lado


Recordaréis algunos que el año pasado, por estas fechas, sufrí la agresión física de J., un paisano de este pueblo al que le entró un ataque psicótico que desahogó conmigo en la oficina de correos en una aparente plácida mañana. Por suerte no ocurrió nada más allá del susto. La combinación constante de drogas y esoterismo le habían jugado una mala pasada. Y a veces hay que tener mucho cuidado con las puertas que se abren, porque de no conocerlas o de jugar en exceso con las mismas pueden provocar situaciones de auténtica locura. J. siempre había resaltado por sus excentricidades y sin conocerlo apenas, me gustaba hablar con él de temas no muy comunes como el sexo de los ángeles o la ley del karma o la reencarnación o esas cosas que sirven para potenciar nuestra imaginación y proclamar la venida de un mundo nuevo.

Ayer, en una larga conversación telefónica ya casi a media noche, la amiga E. me sorprendió con una pregunta: ¿crees en la reencarnación? Sentí de repente un silencio interior helado, porque ella sabía a fondo, muy a fondo, de mis pasadas creencias filosóficas que estaban plagadas de excéntricas teorías sobre el desarrollo del cosmos y su continuidad en nuestro planeta, en la vida, en la inteligencia y en la consciencia. Pero me di cuenta en ese mismo instante que ya no me interesaba si había vida o no después de la muerte, ni saber el sexo de los ángeles, ni nada que tuviera que ver con complicados sistemas filosóficos.

Lo que realmente me interesa es saber y comprender la vida que hay antes de la muerte, es decir, lo que está ocurriendo aquí y ahora en este preciso instante. La sencillez de las cosas, comprender eso es lo verdaderamente apasionante y complicado. Aprender a escuchar a un amigo, abrazar a un ser querido, amar con respeto y libertad, apoyando siempre a los que quieres. Eso es lo que realmente me interesa explorar y comprender. En las cosas sencillas es donde están todas las respuestas filosóficas a nuestros interrogantes e inquietudes vitales. Todo lo demás, sino se acerca uno con calma y desapego, puede acabar en pura locura…

Karma yoga


Cuarenta grados a la sombra pero de vez en cuando una agradable brisa acompañan los movimientos de mi mano derecha en el vasto campo de la actividad. En la India lo llaman el karma-kshetra, al cual se llega mediante el kshetra-gñá, es decir, el conocedor del campo, el alma espiritual.

Arriba, abajo, arriba, abajo. Mientras todos duermen su tradicional y necesaria siesta, mi mano prefiere pintar la casa, arreglar grietas, cuidar el jardín. Practicar sin descanso el karma yoga… Resulta ser una buena terapia. Compensa un poco el exceso de actividad mental con el ejercicio físico. Es una forma de que toda esa energía acumulada en la cabeza baje un poco al cuerpo y así se armonicen todos los centros.

Arriba, abajo, arriba, abajo. Hoy habré quitado unas cuantas grietas y habré pintado unas pocas paredes. Así la casa parece más joven. Rejuvenece al mismo tiempo que mi alma también lo hace. Pinto sonrisas en las paredes con la brocha mientras que en el lienzo del alma aparecen sin cesar. Ahora está todo más ordenado, más limpio, más hermoso. Como en las tres columnas de la tradición: Sabiduría, Fuerza y Belleza, las columnas Jónica, Dórica y Corintia.

Antes de empezar me he cortado el pelo casi al cero. Así el sudor del trabajo no se acumula en el cuero cabelludo y chorrea libre de entre los poros. Qué sensación más liberadora. Unión a través de la acción, o como dice el Bhagavad Gita: «Renuncia en Mí todas tus acciones y empeña la batalla libre de esperanza y egoísmo, posada la mente en el Supremo Ser»…

Pues eso… arriba, abajo, arriba, abajo… Mientras pinto, de reojo, con cierta desconfianza, miro lo que ocurre en Inglaterra, y en el mundo y reflexiono sobre ello. Porque como es arriba, es abajo, al igual que cuando la brocha sube y baja en un incesante bailoteo profundo y consciente…

¿Somos seres de luz?


Acaba de marcharse R. tras una hermosa charla aquí en La Montaña… Hoy el día amaneció hermoso, lleno de luz, con música sacra de Mozart que me acompañó de buena mañana. A las siete estaba ya meditando sobre la grandeza del mundo, sobre lo maravilloso de la vida. Hoy tenía ganas de terminar con el auto sabotaje y deseaba volcar mi parte positiva en todo cuanto pasara. Nada más bajar de la tercera planta, ahí donde he instalado el nido para dormir, bajé alegre porque había recibido un mensaje de T. Me sentí tranquilo. Sabía, intuía, que hoy iba a ser un buen día. Los pensamientos negativos hacía días que empezaban a desaparecer. También la rabia acumulada por no entender los procesos de la vida. Hoy me sentía limpio, diferente, me sentía más cerca de mí mismo, más reconciliado conmigo mismo. Más tarde, una bellísima persona me invitaba a viajar por medio mundo con ella. México, Honduras, la India… Me parecía increíble… tentador… especialmente para un antropólogo con ganas de seguir explorando mundos…

R. decía en su conversación que somos seres de luz… Nos alimentamos de plantas que además se alimentan de la luz del sol… ¿Acaso no nos damos cuenta de que hay vida antes de la muerte? Me gustó su racionamiento, tranquilo, maduro, sereno… Venía muy apropiado al estado de ánimo con el que me levanté. Quizás todo tenía que ver con el dulce sueño que tuve esta noche con T. Y luego, cosas de la vida, con su mensaje mañanero. El dolor había hecho su efecto y sabía que era cuestión de tiempo el volver de nuevo al ser, al sentir, al estar preparado para seguir disfrutando de la vida con corazón abierto, con coraje y valentía, con propósito, con generosidad. Me siento fuerte, dispuesto a retomar el trabajo de la vida, su gozo, su alegría…  Tengo ganas de seguir compartiendo todo cuanto tengo, todo cuanto soy… Esa es la mejor forma de sentirnos humanos… Ese será siempre nuestro mayor aprendizaje…

Dolor


Ya no tengo rabia, he depurado la misma con el dolor, con el dolor intenso que todo lo purifica, que todo lo limpia volviendo las cosas a su lugar ,a su justo equilibrio. A muchos les cuesta entender lo maravilloso del dolor, lo balsámico del sufrimiento. Son agentes limpiadores. Te limpian por dentro, restituyen el equilibrio y amansa para siempre todo lo malo que hemos acumulado durante mucho tiempo. Por eso, cuando siento dolor, sé que es algo bueno. Sé que es necesario para elevar el alma y nuestra inteligencia a lugares más elevados. Por eso es bueno tomar consciencia del dolor y dejarlo trabajar. Sólo está haciendo su trabajo. Sólo nos está fortificando, haciendo más duros, más humanos, más fuertes. Cuando el dolor se marche, habrá depurado todo nuestro ser y veremos la vida con mayor resolución, con mayor amplitud. Por eso ya no hay rabia, ni rencor, ni cólera, ni furia, ni ira. El dolor me devolvió a la vida y despojó de mi ser todo aquello irracional que me ofuscaba. Ahora toca volver a empezar desde la enseñanza y el aprendizaje. Toca compartir lo maravilloso que llevamos dentro. Toca abrazar con amor y sabiduría todo cuanto el universo nos regale…