Cuento de la mariposa


Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a la mariposa cuando saliera del capullo. Un día vió que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir de capullo.

El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Pareció que se había atascado.

Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo mas grande y así fue que por fin la mariposa pudo salir.

Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba.
Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas… Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.

La libertad y el volar solamente podían llegar luego de la lucha y al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privada su salud.

Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si nos permitiesen progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiríamos en inválidos.

No podríamos crecer y ser tan fuertes como podríamos haberlo sido.

Inmóvil al borde del camino


Veo en las noticias como el mundo se desploma. Me pregunto si ese mundo de ahí fuera tiene algo que ver con este de aquí dentro, o son casualidades transitorias en un universo imposible. ¿Personas o personajes de una creación? El otro generalizado transita a la búsqueda de sí mismo y a la búsqueda complementaria a través de los demás. Unos son conscientes y aplican el tránsito entre el conócete a ti mismo y el conócete a través de los demás, que son nuestros espejos y resortes. Los otros, los menos conscientes, se miran al retrato de sí mismos, pero no para conocerse, sino para complementar su egoísmo entre lo que ven y lo que creen que ven. En esas ando, en una especie de inconsciencia agradable, desenchufado del mundo, aislado en las cavernas del silencio, sentado, inmóvil, al borde del camino, contemplando como todo se derrumba impasivo.

Paradójicamente esta mañana me llamaban amables y humanos, cariñosos y sensibles los amigos A. y K. para que les acompañara a hacer algún tramo del Camino de Santiago. Seguramente lo más sabio sería fluir, pero no ahora, sino hace ya días cuando empezaron las primeras invitaciones para ir a un sitio y otro. Aunque dejarse fluir también tiene sus riesgos… especialmente cuando lo que menos te apetece es fluir… Podría ser divertido, incluso podría levantarme el ánimo el visitar reinos y palacios… También esas invitaciones han sido tentadoras… Pero ahora toca sentir en silencio y reposo los sonidos universales…

Los Upanishads se empeñan en decir que la vida es dolor: sarvam dunkham, sarvam anityiam, “todo es dolor, todo es pasajero”. La vida es dolor porque es multiforme, dinámica, dramática. No se detiene ante nada, porque está viciada de ignorancia e ilusión. Dicen los sabios textos que la única realidad posible es el Uno igual a sí mismo, inmóvil, autónomo, sin experiencia, sin devenir. El no dejarse fluir por la experiencia nos acerca a la esencia primera, a prakriti, la sustancia primordial. Por eso, a veces, es bueno sentarse inmóvil al borde del camino, sin movimiento, sin experiencia, sin ilusión. Únicamente alcanzando la salvación no a través de la ruptura radical con el mundo, pero sí con la renuncia a los frutos de nuestros actos. No esperar la codiciada cosecha, sino renunciar a la misma, a la espera de los tiempos de nueva siembra.

Me quedo en el mundo, acepto el mundo, pero sin desear ambicionarlo. Por eso, y lo siento por el poeta, me quedo sentado inmóvil, al borde del camino, sin mayor señuelo que el silencio que se apodera de mí. Pronto habrá que preñarse de vida, pero solo cuando la fuerza del fua nos acompañe…

 

Foto:  La piedra fosilizada y el árbol que sobrevivió a la obra me acompañan durante tiempo indefinido tras mis trabajos en el jardín. Todas las tardes me siento en su borde, esperando…

La Tierra Pura


El místico que ha observado la templanza y horadado el sendero que conduce hacia la puerta estrecha tiene capacidad para elevarse hacia la montaña cósmica, hacia las tierras puras que son descritas desde el budismo como ese lugar simbólico donde todo está nivelado, es homogéneo, sagrado, inusual. Es capaz de visualizar las cuatro fuentes de la vida, los árboles floridos del edén, meditar junto al lago azul atravesado por juncos que crecen libres hacia el cielo. A menudo, en las noches calurosas de verano, se acuesta desnudo en ese manto sublime, escuchando el murmullo de las cosas pequeñas, el rumor de cuanto existe, la grandeza de la noche elocuente que clama ante el sueño. Como una planta, sin dolor, sin sueños, sin deseos, elevado a la tierra pura donde el valle reclama rodeado por peñas infranqueables y corazones que laten su pureza. Cubierto por remolinos de flores y hierbas altas, aromáticas, que crecen como manto de vida. Hay en esa tierra abejorros vestidos de terciopelo y mariposas azules. Y bosquecillos plagados de colmenas que tejen la miel del espíritu, compartida con generosidad entre aquellos que atraviesan sublimes los ásperos contornos de la dualidad. El río, siempre fresco, transporta la arena de oro, las esmeraldas que el espíritu recoge para ser compartidas en los palacios de mármol, como esas ricas islas con grandes jardines de laurel que esparcen su riqueza hacia el mundo. El místico que se eleva a esa tierra pura solo desea volver para compartir esas riquezas…

Porque esa tierra pura es como la isla de los Bienaventurados. Los iniciados lo saben, y por eso, cuando son capaces de elevarse hasta sus alturas, anulan la realidad que está debajo de ellos, produciendo un efecto placentero, de vida heterogénea, más allá de lo diverso y lo incompleto. En ese plano paradisíaco son capaces de percibir la superación de la condición humana como requisito imprescindible para comprender la pluralidad dentro de la unidad, la acción dentro de la quietud. La realización lo rescata de la vida, lo mantiene firmemente anclado al propósito de todo cuanto cubre las esencias de las cosas. Intuye el próximo nivel de realidad sin aniquilarla, por eso fluye manso hacia las esferas de la creatividad abstracta. La tierra pura es un lugar hermoso donde se puede reposar tras la batalla del ego, tras las adormideras de la ilusión, tras comprobar que la vida finita donde nos movemos, vivimos y tenemos nuestro ser no deja de ser un espejismo mental que creamos según las derivadas y obstinaciones de nuestra finitud. El iniciado, al igual que el místico, regresa generoso, honrado, útil, y emprende la laboriosa obra de ser silencioso y a la vez grande en el tejido cósmico de la amplitud.

El adepto, más allá del místico y el iniciado, asume la obra y esparce su vida por la tierra pura…

Desde mi ventana


Sigo mirando por la ventana con la esperanza abierta. Estos meses he aprendido la importancia de esa palabra que ya había desterrado hacía tiempo de mi vocabulario. Por eso, por esperanza aprendí a esperar a que las cosas cambiaran, aprendí a soportar los malos momentos con la fe en que el mañana sería distinto. La esperanza me mantenía cerca y unido, a pesar de que las circunstancias no eran precisamente halagüeñas. Y ahora noto que ese aprendizaje sigue vivo, por eso, cada vez que un coche entra en mi jardín y escucho el rumor de su motor se me erizan los cabellos. Salgo corriendo a la ventana y… y sigo soñando de nuevo… Y en ese sueño hay dolor porque a veces nos cuesta aceptar la realidad, nos cuesta comprender que los silencios son señales que nos indican cosas. Pero incluso en el silencio de la noche, al menos en las noches de esta última semana, me despertaba a cada instante pensando, creyendo que todo era ilusorio y que nada había cambiado. Que todo estaba bien, que podría girar mi cuerpo y abrazar su cuerpo, que podría extender mi mano y apretar la suya. Pero resulta que su cuerpo es mi almohada empapada de sudor, de lágrimas, de pena. Resulta que cuando giro mi mano para buscar la suya solo hallo un reguero de vacíos, de amables ausencias que asisten y me asisten. Un silencio inquebrantable, un venero de empeño por creer en esa fuerza superior que mueve todas las cosas, incluidos los corazones humanos… Ayer, tras regar el jardín mientras miraba esa entrada sin puerta, me senté un rato, contemplando el vacío que separa el umbral de la calle y mi mundo. Rozaba con mi dedo un fósil que tenía a mi izquierda bordeando el árbol que sobrevivió a la obra. Mientras lo hacía… recordaba de nuevo las sabias palabras… “Dios me concedió la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar”…

El Señor del Mundo


Hay farsantes que se dedican a eliminar la luz de la vida de los hombres. El reino de la oscuridad, el reino de la ignorancia y la miopía donde todos hemos vivido anclados en estos últimos años parece tener los días contados. Y digo parece porque de nuevo los datos vuelven a ser alarmantes. La sociedad privada sigue asfixiada por las deudas. La sociedad pública también, y las fórmulas magistrales para salir de la crisis siguen siendo las mismas antagónicas de siempre: estimular el consumo privado a costa de la austeridad pública, cosa imposible porque lo segundo va intrínsicamente ligado a lo primero. Si no hay inversión pública no se crean puestos de trabajo y por lo tanto no se estimula el consumo. Y de nuevo la errante y caduca fórmula del crecimiento: hay que crecer a toda costa, olvidando las leyes naturales en las que los organismos no crecen eternamente, sino que, además de menguar su capacidad vital, inevitablemente mueren. ¿Estamos pues ante la muerte inevitable de un sistema, de una organización social que ya no sirve y tiene sus días contados?

El imperio de las ideas parece inservible. La luz de la verdad parece ajena al mundo en el que vivimos. El Señor del Mundo tiembla ante lo que se avecina, asustado y temeroso de perder su reinado. Los mercados están agotados, la sangre-dinero no circula. La asfixia se generaliza y el moribundo reclama un buen entierro. El contrato social se rompe en cuanto los gobiernos amenazan la integridad física de los individuos, como está pasando en los países árabes y quizás pronto en los países Occidentales. Los ciudadanos, sin casa y sin trabajo, se ven obligados a salir a la calle y reclamar un cambio. ¿Pero qué cambio es posible cuando los gobiernos del mundo se ven incapacitados para buscar soluciones? Deuda, tipos de interés, mercado, inflación y oscuridad. ¿Cómo salir de este atolladero?

Sólo sería posible con un reset colectivo. Con un stop global donde pudiera redefinirse un nuevo modelo, una nueva forma de organización. Esto solo sería posible garantizando dos cosas básicas a los individuos: trabajo y vivienda. Pero, ¿cómo es esto posible cuando las viviendas están en manos de los bancos y el trabajo en manos de las empresas que además dependen de los créditos de los bancos para seguir su actividad? Da escalofríos pensar que nuestras vidas están hipotecadas hasta tal punto que lo único que nos queda sea seguir pagando deuda de por vida o renunciar a todo y volver a empezar en otro tipo de organización social. Si el trabajo y la vivienda en último término está en manos de los bancos, el Señor del Mundo tiene un problema grave.

Hay evidencias claras de que el modelo ha fracasado y está agotado. Si Occidente deja de consumir, los países emergentes como India y China dejarán de producir y por lo tanto dejarán de comprar deuda a los países consumidores. Así se cerrará el círculo vicioso y la crisis será global en pocos años. Una nueva catástrofe como la de Japón podría sumir al mundo en al menos dos décadas más de tinieblas. Eso supondría tres generaciones perdidas sin capacidad de reacción ante los retos del futuro. Pero no hay retos del futuro si no hay futuro…

Así que toca vencer al Señor del Mundo, derrotarlo y volver a empezar… Cada uno con su responsabilidad individual y colectiva… Cada uno apostando valientemente por una vida singular, diferente, única y auténtica… Toca mirar de frente al Señor del Mundo para llenarlo de luz… y que la oscuridad de la ignorancia sea arrojada para siempre de este planeta…

Serenidad


“Dios me concedió la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar…
Valor para cambiar las cosas que puedo…
Y sabiduría para saber la diferencia…”

Ese es el sonido que me acompaña estos días… Cada hora reclamando su segundo, cada instante una eternidad de despropósitos… Un anhelo inmemorial, agotado, con su profundo regreso a la oscuridad errante. Ahora entiendo todo lo que se desplegó ante mí… Entiendo como el universo es capaz de ofrecernos los mayores regalos jamás imaginados y como nosotros nos encargamos de mancillarlos, de aborrecerlos, de enterrarlos en nuestros dolores y partos. Sobre lo verdadero y lo falso no sabemos nada. Hoy terminará un nuevo día y no sabremos nada sobre el mundo y sus sueños.

Por suerte la esencia está intacta, por lo que de nuevo se abre el vasto dominio de la experiencia. Por eso no abandono las ansias de que cada día sea extraordinario. La poderosa obra continua. Emitiré los alaridos por el techo de este mundo porque deseo seguir soñando. Alejado de la mediocridad, del ruido infernal del no hacer nada, de no pensar nada, de no sentir nada. La vida por delante grita con su clamor para que estemos alertas, atentos a todos los regalos que han de llegar.

Los náufragos esperan su norte mientras el océano, tan misterioso, los acoge dócilmente. Me he atrevido a abrir la boca aunque el eco solo salpique la inmensidad que mece los tableros o un puñado de arena. Mi yo real está de pie, inmerso en su profunda meditación, contemplando el horizonte a la búsqueda de la sabiduría del mañana. Impasible, ileso, apartado de todo decoro. Plantado en su vertical perfecta, vigilante y expectante ante el imperio de la calma.

Serenidad, valor y sabiduría. La triada perfecta para contemplar el mañana y seguir adelante… ¿Quién anda por ahí anhelante?

Reencuentro onírico


Anoche ocurrió algo milagroso. Parecía irreal, parecía un sueño. Estaba regando el seco jardín cuando de repente vi una silueta que subía por la rampa del coche. Era ella, sonriente, feliz, con los brazos abiertos, cargados de emoción y cierto nerviosismo… Lo había dejado todo y había venido al encuentro, a la reconciliación, al poder de estar por encima de las cosas infusas. Dejé la manguera y salí corriendo a su encuentro. Pude ver como sus hermosos e increíbles ojos azules temblaban de alegría. Nos abrazamos fuerte, muy fuerte, como si hubieran pasado cien años desde la última vez. Se abrazaron nuestros cuerpos, pero también nuestras almas y nuestros espíritus. El amor lo había sanado todo y no hizo falta ninguna otra palabra. Solo nuestras miradas profundas y felices, agradecidas por la experiencia y la enseñanza. Nos dimos la mano, subimos un poco hacia arriba y nos volvimos a abrazar… Sí, habíamos superado todas las pruebas, habíamos conquistado todos los castillos y habíamos expulsado a todos los guardianes del umbral que tanto esfuerzo habían puesto para que ese abrazo nunca se diera… Habíamos vencido todos los obstáculos y ahora, por fin, de nuevo, nos volvíamos a abrazar… Llegamos al lugar donde todo empezó. Pusimos “La Forza del Destino”, de Verdi, y nos sentamos en el mismo sillón donde aquel maravilloso día nuestros labios se sellaron por primera vez… A veces la vida es tan mágica y maravillosa que parece un sueño… a veces todo es tan increíble que parece un auténtico cuento de hadas… Que así sea por siempre…

Carta a un viejo amigo


Estimado E.,

Ahora comprendo porqué son ya casi más de treinta años de amistad. Estuvimos ahí en los buenos momentos, resistimos a las risas, las alegrías y los encuentros. Pero también estuvimos ahí en los malos momentos, cuando empezamos a conocernos y resultaba que no todo era tan bonito. Fue cuando vimos que las diferencias eran mucho más pesadas que las coincidencias. Pero llegó un tiempo en que la conclusión fue extraña y hermosa a la vez: pesó más la amistad y el amor que sentíamos el uno por el otro. En lo bueno y en lo malo, siempre estábamos ahí, apoyándonos, abrazándonos sentidamente.

Y es extraño, digo, porque había momentos de nuestro recorrido vital en el que no nos soportábamos y en que nuestras diferencias vitales podían más que nuestras certezas. Por eso cuando después de tantos años me sigues llamando puntual y expresas ese “mi querido hermano”, me siento tranquilo y compensado con la vida. Hemos reconocido nuestras virtudes al tiempo que reconocíamos aquellas cosas que menos nos gustaban el uno del otro. Me hacía gracia cuando al principio discutíamos constantemente sobre política para luego limar las diferencias en nuestras partidas de tenis de mesa, o en nuestras carreras locas en bicicleta por aquellos bosques que tanto amábamos o volando en parapente por aquel Pirineo que ahora extraño. Treinta años dan para compartir muchas vidas, y nosotros las hemos compartido todas. La muerte de nuestros seres queridos, el nacimiento de nuevos seres, el amor y el desamor… Treinta años son muchos años, y siempre he pensado mucho sobre la longevidad de nuestra amistad, sobre todo cuando siempre hemos sido tan diferentes y, sin embargo, tan amables y generosos… Siempre ayudándonos cuando uno u el otro lo pasaba mal, y siempre estando ahí, de alguna forma, aunque la distancias siempre nos separaban y unían a su antojo. Ahora, que ya nos hacemos viejos y seguimos luchando con la vida, podemos estar agradecidos a este regalo que el universo nos otorgó. Nuestra amistad, verdadera y sincera, convertida en hermandad no de sangre, pero sí de espíritu, que ha sobrevivido a todos los avatares y que, presumiblemente, nos acompañará hasta el final de nuestros días…

Que así sea querido amigo, por siempre…

Tu hermano que te quiere…

Esperanza


Cuando salí por la puerta miré hacia atrás. La esperanza siempre golpea fuerte los corazones. También miraba hacia atrás cuando encendí el coche. Estuve esperando un rato, imaginando su silueta cruzando la calle hasta mí. Nunca apareció. Arranqué y seguía mirando por todas partes. Me imaginaba que en un arrebato de última hora habría cogido su coche y me habría seguido por todas las calles de la gran ciudad. Cuando entré en la autopista las lágrimas ya no me dejaban ver. Pero seguía mirando, por si acaso. Me la imaginaba pitando en mitad de la carretera, haciéndome señales con esa sonrisa suya, con esa mirada suya.

A media noche paré el coche. No podía seguir conduciendo en ese estado. Intenté dormir en algún sitio, intenté conciliar el sueño entre sollozos que no veían su fin. Al despertar pensé que todo había sido una pesadilla. Que la encontraría tumbada a mi lado, como todas las mañanas. Palpé con la mano pero sólo pude tocar las cajas con mis cosas. No había más que ásperas cajas de cartón. Creí morirme en ese instante.

Volví a encender el coche, mirando una y otra vez por todas partes. Sentí que la única terapia era seguir adelante, hasta el final. Llegué por fin al destino. Un destino desierto, abandonado, sin sentido. Las lágrimas seguían empañando todo cuanto tocaba. No deseaba escuchar nada, no deseaba cruzarme con nadie, evitando durante días llamadas y contactos. Solo tuve fuerzas para poner unas fotos suyas en mi nuevo rincón. Me siento acompañado con ellas, como si nada hubiera cambiado, como si todo hubiera sido un mal sueño y solo hubiera que esperar el grito solitario…

A pesar de los ánimos de uno y otro lado, resultaba difícil reponerse. Aún sigo mirando por la ventana… Aún sigo creyendo que aparecerá de un momento a otro… mientras las cosas que toco siguen empañándose… Sigo mirando por mi ventana… creyendo que la esperanza y su mano aún están por llegar…

Mientras espero… el dolor… ese dolor de alma…

A un hombre bueno


Ayer, a dos luces, paseaba con la bicicleta por los montes y los bosques cercanos. Los riachuelos, normalmente secos en estas fechas, portaban abundante agua. A esas horas, un agradable fresquito recorría los caminos. Cuando me dejaba caer por las veredas me sentía libre. Deseaba que las sendas no acabaran nunca y que la caída fuera infinita.

Horas antes había llamado LV y mantuvimos una larga charla donde tratamos temas profundos, trascendentes para nuestro presente y futuro inmediato. También empezamos a hablar de mujeres. Por ser quién es, él ha tenido experiencias y me dijo muy contundente: “las mujeres inteligentes no buscan a un hombre rico, sino a un hombre bueno”. Su afirmación me hizo gracia viniendo de quién venía. Pero lo dijo con mucha seriedad y cierta tristeza en sus palabras. Los hombres buenos son constantes, fieles y firmes. Si además de bueno es rico, entonces el círculo es más perfecto. Pero medir el amor por la pobreza o la riqueza es una entelequia estúpida. O hay amor o no hay, nada más. Todo lo demás es hipocresía e interés. La conversación venía a cuento por alguna experiencia pasada que él mismo había sufrido. Con el tiempo y cierta madurez interior te das cuenta de que lo que vale en el amor son las cosas sencillas. Lo demás es pasajero, provisional. Y nadie ni nada puede sujetarlo. SP, quizás para darme algo de ánimos, me escribía desde las Islas Afortunadas: “eres el hombre perfecto”. Si lo fuera, le contestaba, no habría tenido tantos fracasos con las mujeres. Quizás sea porque soy demasiado exigente, como le decía, y entre otras cosas, no les permito, bajo ningún pretexto, que no sepan volar… Ya lo dijo el poeta… Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo… Sea como sea, haré caso a SP, y voy a estar seis meses de vacaciones emocionales… Estoy cansado, triste y aturdido… Así que me dejaré llevar por el eco dormido, esa recopilación de emociones que se intuyen acurrucadas en un rincón, como esperando una mano que las lleve hacia un mundo inofensivo…

El camello que llora


Fue la primera cena en aquel lugar, pero también la última para mí. Habían sido unos días duros y difíciles, de cansancio y agotamiento. Todo cambio requiere esfuerzo y templanza porque resulta fácil perder los nervios. Podría haber sido simplemente eso, una pérdida de nervios. Pero internamente sabía lo que estaba pasando. Podía ver los gestos y los símbolos expuestos en todas partes y a cada momento. Era evidente, era una evidencia que había intentando negar durante mucho tiempo. Pero ese día se manifestó con cierta crudeza. Realmente no me lo podía creer, pero allí estaban. Los observaba en silencio, sin decir una palabra, contemplando la escena con cierto dolor. En aquella cena, la última cena, hablamos sobre mi viaje a Mongolia. No sé como surgió el tema pero recuerdo que conté con alegría por el recuerdo la vez que toqué a un camello en el Gobi. La bella M. pudo inmortalizar el momento en una antigua cámara de fotos que meses más tarde reveló. Hoy, haciendo limpieza en toda la casa, la he encontrado mientras me regodeo una y otra vez en cada detalle de esa última cena. Supongo que así son los duelos… supongo que así tienen que ser…

 

En alguna parte escribí el relato de aquella experiencia de la siguiente forma:

 

Muy cerca de Eech Hairhan,la Montaña Madre, mientras surcábamos el desierto del Gobi y las entrañas de Altai, el niño santo aprendía a identificarse con los animales. Me seguía cogido de la mano hasta los camellos salvajes. Escurridizos y miedosos, prudentes y asustadizos ante nuestra presencia, dejaban que el niño santo se acercara a ellos guiado por mi mano. “No les hables directamente… susúrrales… sé uno con ellos”… le decía al niño santo… Al final, con paciencia y ternura, el contacto era posible y el milagro se repetía con todos los animales… Tocábamos al camello con suavidad mientras empezaba un espectáculo de llantos… Los camellos salvajes impresionan, pero verlos llorar ante el contacto, quizás único, de los humanos, era estremecedor… Luego pudimos tocar un mirlo que había posado en uno de los templos budistas… ¿como poder tocar a un pájaro libre? El niño santo estaba lleno de emoción… y yo también… Esos encuentros con los animales se repiten en ciertas ocasiones… El último, en la isla de Elephanta, a pocos kilómetros de Bombay… Me alejé de la gente y los turistas adentrándome en la montaña. Me senté en un lugar remoto intentando tomar contacto con una familia de monos que andaba robando botellas de agua a los turistas. El contacto, de nuevo, fue posible. Me rodearon, se acercaban a mí, me miraban y me tocaban con curiosidad… y yo a ellos…

 

Pd.- Esta era la foto… No era un dromedario, sino un camello… 😉 ..

El doble reto


Agosto, aunque sea un mes de descanso para muchos donde los palacios interiores requieren calma y sosiego, es un mes de mucha actividad editorial pues toca preparar la campaña de otoño  para ofrecer a nuestros lectores nuevas obras, nuevas aventuras, nuevos viajes exploratorios por el mundo humano. Así, en las bodegas de este velero que sigue surcando los mares del sur en búsqueda de tesoros literarios, estamos preparando ya las perlas que deberán despertar nuestro interés y admiración. Esperamos acertar con todas ellas para deleite del espíritu, el alma y nuestros cuerpos que ahora reposan en alguna playa perdida o montaña inhóspita.

Escribía esto mientras trabajaba en la actualización de la página web de nuestros sellos editoriales cuando pensaba en la difícil tarea que se presenta este otoño. Una tarea material, porque cualquier actividad requiere de un sustento cuya base, especialmente en las actividades empresariales, siempre son el dinero y el consumo.  Y una tarea espiritual, si bien nuestra filosofía a la hora de crear nuestra actividad siempre partió de un considerable beneficio intelectual y espiritual, sigue siendo un reto el haber sobrevivido a esta doble crisis del sector y económica mundial en un momento donde lo intelectual y lo espiritual no están de moda.

Ayer un amigo, en una larga conversación telefónica me decía con cierta ironía que debíamos estar agradecidos a la “playstation” porque no sabemos a cuanta gente ha sacado de la heroína. Parece cierta esta afirmación donde las drogas son cada vez más sofisticadas, entendiendo drogas como aquella sustancia o cosa que es capaz de eliminar nuestras voluntades, nuestra capacidad de decisión, de crítica, de libertad. Hay muchas formas sutiles de estar anulados, incapacitados para la libre elección. Es más, todo aquello que nos recuerda que somos sumisos a las drogas sociales, a las drogas del comportamiento aceptadas como normales, siempre son causa de molestia y malestar. Aquellos que no sucumben a las mismas son seres molestos e incómodos, y es mejor eliminarlos de nuestro espectro. Me ha ocurrido alguna vez el sentirme un excluido social por no participar en los ritos, a veces hipócritas y farsantes, por los cuales lo aparentemente bueno para el trato social es una cárcel anuladora de voluntades individuales.

Por eso decía que el reto era doblemente difícil, porque sustentar un proyecto intelectual y espiritual en un mundo en decadencia moral resulta una misión casi imposible.  Pero resistiremos, porque es nuestro sino y es nuestro propósito.

La tormenta presente


Estaba paseando por los cuatrocientos metros de casa. Subiendo de una planta a otra. Buscando formas de cambiar muebles y analizando cual sería un buen rincón para resituar mi escritorio y emprender desde ahí nuevos sueños, nuevos futuros. Una casa tan grande y sin encontrar aún el lugar idóneo. Buscaba entre los ventanales para tener al menos hermosas vistas mientras escribía y atendía llamadas. Miraba los planos originales del arquitecto para cerciorarme de los metros exactos. Palmo a palmo intentaba buscar el lugar idóneo mientras revisaba las ampliaciones que la casa había sufrido en estos difíciles años. El Aguililla me informaba que una amiga suya quiere abandonar su casa y que si la podía acoger en la mía. Le dije que sin ningún problema siempre que ayudara en las tareas del jardín… Cuatrocientos metros dan para acoger a mucha gente, pensé. Podría tener un jardín magnífico. La amiga X. vendrá a pasar unos días esta semana y M. me invitaba a ir a Galicia de nuevo. Le dije que estaba chungo pero que iría en un par de semanas, cuando recuperara el ánimo. SP me invita a pasear por las volcánicas playas de las Islas Afortunadas… qué tentador si no fuera porque prefiero seguir sus sabios consejos… Luego toqué algo la guitarra y mientras sonaban algunos acordes de repente el cielo se oscureció y apareció un viento huracanado que daba miedo. Subí a las terrazas de la tercera planta y el espectáculo era apocalíptico. Toda la campiña estaba oscurecida, tapiada por un manto de polvareda provocada por el viento. Hacía fotos mientras me daba la sensación de que las casas se movían. No recordaba algo igual por estos lares. Era como si una auténtica tormenta hubiera penetrado este lugar. Y de repente sonó el pitido del móvil. Era un hermoso mensaje conciliador. Me alegró el corazón y sentí que la tormenta estaba aquí, presente, rozando cada palmo de este mundo. Me sentí tranquilo y en paz mientras miraba por la ventana. La vida sigue, la vida es magia.

Junto a los ríos de Babilonia


Suspiro en las orillas contemplando el aletear del colibrí que cubre el resplandor de su plumaje con la vida que le recorre. Suspiro creyendo que lo de ayer fue un mal sueño, una confusión del cansancio, y que pronto todo volverá a la rutina hermosa, a la complicidad y la creencia. Suspiro junto a la orilla, porque al otro lado espera siempre al barquero. Suspiro mientras miro hacia atrás, creyendo que el roce volverá, que la espaldita requerirá sus caricias y ese beso venerable de buenas noches volverá a su lugar. Suspiro porque el cielo atraviesa todas las orillas de los ríos de Babilonia, aquellas donde nos sentábamos cogidos de la mano, llorando recordando a Sión.  Y cuando lo perverso nos arrastró hacia esta tierra extraña, nos llevó a la cautividad y la separación. Y mientras la noche cae, las meditaciones de nuestro corazón nos abrazan con la fortaleza de ser inseparables a las asperezas de la vida. Oscuras lágrimas caen en las orillas. Todos necesitamos nuestro Dios, por eso ten el poder de seguir mirando hacia delante. Todos necesitamos la complicidad y la creencia de que el cielo nos une junto a los ríos de Babilonia… Thank you for hearing me…

El triple hilo


Pensaba en la vida como en un reguero de ocasiones. Algo intemporal, eterno, que puede tocarse con tan solo cerrar los ojos y ver el paraíso que se haya ante la cúpula del reino interior. Allí todo parece plácido. Un buen refugio para desprendernos de las diez mil cosas que nos atan día y noche a las esencias de la vida. Por toda la calle Serrano se podía escuchar los ruidos de la gran ciudad. Puedes pasear hacia los adentros al mismo tiempo que escuchas los afueras. Resulta un juego divertido. Respiras y todo lo de fuera entra en ti. Inspiras y ocurre a la inversa, todo el universo interior se comparte con el mundo. Había una amiga que lo llamaba conspiración con la respiración. Resulta maravilloso conectar ambos mundos, el finito y el infinito, con tan sólo mostrar atención a la respiración. Y ese tipo de consciencia te lleva más allá, pues ocurre que cuando se tiende el puente del antakarana, ese hilito dorado que transporta todo cuanto ocurre en la memoria de la naturaleza, eres capaz de fusionar cierta consciencia con todo el mundo subatómico que te rodea. Entonces formas parte de lo que en la India llaman el Manas, ese Ser Supremo que a diferencia de Occidente carece de barba blanca y bastón. Lo increíble es que ese Manas forma parte de nosotros, en esa especie de panteísmo donde Dios lo cubre todo, y además, tiene consciencia de cuanto existe. Por eso, en la maravillosa transformación que ocurre cuando conspiramos con la respiración, es posible atravesar en un solo instante la consciencia de todas las cosas que nos rodean, y por lo tanto, del absoluto. Podemos, con el triple hilo del Absoluto, absorber desde el espíritu a través del corazón el hilo de vida. Desde el alma al cerebro el hilo de la consciencia y desde la personalidad hasta la garganta, el hilo de la creatividad. Resulta emocionante pensar en todas estas cosas mientras se pasea por la calle Serrano y se dibuja en sus suelos, ruidos y asfaltos todo un cúmulo de maravillas ocultas…

Quietud ante el movimiento


No te muevas, no hagas nada. Esa parece ser la consigna. El Quietismo venciendo a la Acción, al movimiento. Quizás sea hora de estar quietos… ¿Cómo saberlo? Si lanzas una mirada al mundo quizás el mundo te muerda. Por eso a veces esa necesidad de cerrar los ojos y respirar, respirar profundamente sin pensar en nada, sin provocar nada. Mejor estar quieto, como esa balsa que se deja llevar por el oleaje en un océano de incertidumbre… ¿Para qué moverse? Lo cierto es que hoy ha cambiado todo. El mundo externo, ese que he habitado durante más de nueve meses ya no existe. De repente ha desaparecido envuelto en papel de embalar, valijas y cartones. Todo envuelto y trasladado a otro lugar. Me he quedado inmóvil porque todo estaba cargado de recuerdos y emociones, emociones que empapan tu vida, que llenan tu bagaje vital. Átomos de existencia que han preñado momentos, experiencias, alegrías y lágrimas. El balance, al final, ha sido muy positivo. Todas las enseñanzas son positivas. Y el buen sabor de boca me hace pensar con optimismo en el futuro. Por eso la quietud interna mientras todo se mueve a mi alrededor. Por eso la paz necesaria para afrontar el nuevo reto, sea cual sea. Habrá un nuevo pacto con la vida, un nuevo compromiso. Habrá un conocimiento profundo al que seguir hasta el final. Será emocionante, como todo viaje, pero sobre todo, será hermoso. No habrá dolor porque el sufrimiento ya cesó. Y no habrá rencor hacia las cosas malas porque sólo fueron anécdotas del viaje. Es normal que ante el avance uno siempre se roce con las ramas del camino. Es normal que ante la apuesta de seguir adelante uno experimente cosas, y sienta cosas. Por eso, cuando el cambio es inminente sin saber hacia donde se producirá, mejor estar quieto, para extraer la enseñanza pasada, disfrutar del presente y ensoñar con el futuro y su esperanza… Quiero creer que la esperanza sigue viva… y aún se le puede dar otra oportunidad…

El movimiento de todas las cosas



Ayer tuve un grato encuentro con J. Fui hasta su casa, nos dimos un baño en su piscina seguido de un agradable baño de sol y comimos algo en su hermoso jardín mientras hablábamos de mil y una cosas. Observaba los inmensos árboles que rodeaban su casa y el verde de todo el espesor que allí crecía. Era como estar en uno de esos jardines donde te retiras a contemplar el universo y sus mil maravillas, donde meditas sobre las causas y los arquetipos, donde transitas hacia la infinitud de las cosas. Una especie de pequeño Aleph nacido del universo borgiano, una pequeña Shambhalla llena de espíritu. Algo así como el jardín del Morya. Y esas sendas me son familiares, como el marinero que conduce su nave sin dejar caer el ancla en ningún océano. Simplemente navegar, como hoy he hecho con C. por el barrio de las Letras, fijándonos en los detalles de la incertidumbre que nos ha tocado vivir en este tiempo, aceptándola como un aprendizaje más en nuestro periplo cósmico, quizás comparable a esa generación perdida que se generó en los locos años veinte y la posterior Gran Depresión. Me imaginaba redactando un segundo «Las uvas de la ira» mientras recordábamos cuando viajábamos hacia el norte de todos los nortes y el coche nos llevó hasta las fronteras del fin. Hacía frío, todo era provisional sin saber qué ocurriría al día siguiente, ni dónde estaríamos. Pero merecía la pena la travesía. Algo así pensábamos hoy a pesar de la pérdida de rumbo. Merece la pena seguir en esta incertidumbre hasta que el universo entero señale con fuerza el rostro de la senda. Hay que estar alerta a las señales, a las marcas que se encuentran en todas partes y nos guían hacia nuevos espacios, hacia nuevas dimensiones de vida y esplendor. Hay en cada paso una aproximación a la punta elevada del péndulo. Allí arriba ya no hay perturbación, ni declinación, ni movimiento. Sólo un absoluto control de todas las causas. Por eso C. me hablaba de la necesidad de seguir escalando por el péndulo. Desde arriba ya no hay mareo, todo es paz y armonía, y el movimiento pendular cesa. La ecuación del movimiento, y por tanto del vértigo hacia las cosas incomprensibles, tiene que ver con nuestra posición en la vertical pendular. Cuanto más arriba, más sentido cobra todo, menos es el movimiento y mayor es la capacidad de situarnos en una posición privilegiada con respecto a nuestro propio destino. Esa parece ser la acción trascendente del hombre. La capacidad de ascender a la montaña mística, la capacidad de estar por encima de todas las cosas. Como cuando estaba en el jardín de J. y veía impasivo como una hormiguita subía y bajaba por mi talón… de Aquiles.

La sabiduría del silencio interior


Habla simplemente cuando sea necesario.

Piensa lo que vas a decir, antes de abrir la boca.

Sé breve y preciso, ya que cada vez que dejes salir una palabra, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu energía. De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.

Nunca hagas promesas que no puedas cumplir.

No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas, porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de negativismo.

Si no tienes nada bueno, verdadero y útil que decir, es mejor quedarse callado y no decir nada.

Aprende a ser como un espejo. Escucha y refleja la energía. El Universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado, porque el Universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones, y nos envía de vuelta el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se representan en nuestra vida.

Si te identificas con el éxito tendrás éxito. Si te identificas con el fracaso, tendrás fracaso. Así podemos observar que las circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna.

Aprende a ser como el Universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios, porque siendo como un espejo sin emociones, aprendemos a hablar de otra manera, con el poder mental tranquilo y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permitiendo una comunicación sincera y fluida.

No te des mucha importancia y sé humilde, pues cuanto más te muestres superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones.

Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de las opiniones de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote invisible, misterioso, indefinible, insondable.

No compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre, que nos da lo que necesitamos. El espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente.

Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, a percibir sus virtudes, a brillar. Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.

No te comprometas fácilmente. Si actúas de manera precipitada sin tomar consciencia profunda de la situación, te vas a crear complicaciones. La gente no tiene confianza en aquellos que muy fácilmente dicen (sí), porque saben que ese (sí) no es sólido y le falta valor.

Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tu decisión después. Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría. Si realmente hay algo que no sabes o no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo. El hecho de no saber es muy incómodo para el ego, porque le gusta saber todo, siempre tener razón y siempre dar su opinión muy personal. En realidad el ego no sabe nada, simplemente hace creer que sabe.

Evita el hecho de juzgar y criticar, sé imparcial. Cada vez que juzgas a alguien, lo único que haces es expresar tu opinión muy personal. Juzgar es una manera de esconder las propias debilidades.

El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra. Recuerda que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo lo que todavía no has resuelto en ti mismo. Deja que cada quién resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida.

Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Cuando tratas de defenderte, en realidad estás dándole demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión. Si aceptas el no defenderte estás demostrando que las palabras de los demás no te afectan, que son simplemente opiniones y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz.

Tu silencio interno te vuelve impasible. Practica el arte de no hablar. Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio. El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio. Si tu ego se impone y abusa de este poder, el mismo poder se convertirá en un veneno y todo tu ser se envenenará rápidamente, perdiendo la paz.

Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo.

No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser.

Autor Desconocido

Los hilos hacedores


 


Estimado M.,

 

El rumbo parece marcado aunque nosotros, en nuestra ignorancia, seamos insensatos y no podamos ver como los hilos que se tejen en los astros manejan nuestros destinos a su antojo. Somos marionetas que a veces recluimos nuestra ignorancia en atisbos de lucidez. Y en esa lucidez percibimos algo, un destello, una imagen, un sentido que nos arroja insensatamente hacia el Camino. A veces resulta difícil negar esa evidencia, por eso uno se queda agustito y arropado ante la sentencia que nos dice eso de «lo que inevitablemente tenga que suceder, sucederá». ¿Para qué preocuparse entonces?

 

Una de tus frases preferidas de los últimos tiempos es esa de  “no sé si todo esto tiene sentido”. Realmente nadie lo sabe, ni siquiera el Hacedor, que debe andar protagonizando una discusión profundamente cósmica para poder dotar de sentido a su Obra y de paso a lo que nos ocurre, si es que eso realmente le importa. Quizás para eso nos creó, como alguna vez pronunció algún filósofo, para que nosotros fuéramos los pensadores que dieran algún sentido lógico a todo esto.

Pero el pensamiento requiere de cierta violencia y conflicto. Krishnamurti decía que somos violentos por naturaleza, precisamente porque hay una separación profunda entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Eso crea hipocresía y conflicto. Quizás la gracia sea, como nos decía el sabio, simplemente observar y estar atentos entre las particularidades de nuestras contradicciones. Observar los matices de nuestra conducta diaria, nuestros grados de generosidad y consciencia con el mundo que nos rodea que muchas veces se ciñe a nosotros mismos, o a nosotros y nuestra pareja o nuestra familia o nuestros amigos… En fin… No sé si todo esto tiene sentido, pero alguien se está riendo a gusto viendo como sufrimos y nos desgastamos como especie y como almas…

 

Un abrazo sentido…

No hay tal lugar


 

Ayer hicimos un largo viaje desde Lituania hasta Madrid. Como no hay vuelo directo, hicimos cambio de avión en Helsinki. En la ida había aprovechado una equivocación en el pasaje para estar un día y una noche en la capital finlandesa. La ciudad no me dijo nada especial a pesar de que hacía tiempo que deseaba visitarla. Estuve todo el día paseando por sus calles e incluso pude asistir a un festival de música en la cual un joven grupo de mujeres tocaban, y muy bien, música moderna. Me sorprendió mucho el idioma finlandés o suomi, de origen urálico. Al escucharlo, era como si me transportara a tiempos muy remotos. Algo parecido a lo que ocurre cuando escuchamos el vasco o idiomas poco contaminados por otras culturas o lenguas. Fue una sensación hermosa que me llenó de viajes imaginarios por la cultura de ese país y por sus características como nación.

 

El día anterior al viaje había pasado, antes de la despedida familiar, más de siete horas recorriendo Vilnius con el senelis. Fue un recorrido hermoso por una ciudad que está integrada en un bosque, unos ríos y unos lagos que hacen del paisaje una realidad hermosa. Quizás Vilnius sea el prototipo de ciudad ideal en cuanto a calidad de vida al integrar el paisaje urbanístico en un abanico de verdes bosques y campos extensos. Entrar de un barrio a otro suponía pasar primero por una llanura de bosques espesos. Y los bloques de las afueras estaban bien separados y limitados por verdes fronteras que hacían más bello el lugar. Me sorprendió mucho la humedad. Si bien había una temperatura agradable que rara vez pasaba de los 25 grados, la misma siempre estaba acompañada de lluvia a veces intensa y una humedad más típica de una costa mediterránea que de una ciudad que dista casi trescientos kilómetros del Báltico.

 

Hoy, tras el viaje de ayer, fuimos hasta Cuenca a llevar al pequeño a los campamentos de verano. A la vuelta, pasamos por el centro de Madrid. De repente, fue como entrar en una realidad extraña. Cientos de manifestantes por las calles. De nuevo los indignados clamando un cambio, una revolución del sistema. Hubo un momento en que atravesamos la marcha y observé lo que allí ocurría. Me paré un instante para escuchar los gritos de queja e indignación. Sentí el golpear de los corazones de todas aquellas personas como si dentro de ellos hubiera una fuerza mayor, algo mucho más grande que la suma de sus partes. De repente me fijé en una bella mujer de profundos ojos azules que pasaba cargada de bultos de las rebajas. Llamaba la atención porque portaba una gran bolsa roja con la estampación en bonitas letras doradas de la firma “Carolina Herrera”. Pude parar la imagen en la retina porque mientras pasaba mirando al suelo, absorta de lo que allí ocurría, un indignado portaba una pancarta a su lado con el lema “si compras te vendes”. La imagen me pareció muy anecdótica de lo que estaba ocurriendo. Dos mundos, dos realidades. En ese instante miré al cielo y vi el helicóptero de la policía que patrullaba los cielos quizás contando el número de personas que clamaban por un cambio de consciencia. Ese helicóptero me transportó de repente hasta Oslo y la isla de Utoya. También me transportó en un instante hasta la cabeza de Anders Behring y las sinrazones que le han llevado hasta la locura. Como si de una señal apocalíptica se tratara, salté de repente hasta la hambruna de Somalia y de allí hasta el parche que la economía europea ha puesto sobre Grecia para pasar un agosto semitranquilo antes de que todo quiebre si es que no está quebrado ya. Y de allí, de nuevo hasta la hermosa bolsa roja de Carolina Herrera. Todo me parecía absurdo. Todo me parecía irreal. Como si viviéramos un tiempo sin tiempo, en un lugar sin lugar. Una utopía extraña, porque eso son las utopías: no lugares.

Desde Lituania


Estimado M.,

Hoy amanece un dia tranquilo, el ultimo que consumo en tierras balticas antes de llegar en un dia a Madrid. Una vez aterrice el avion en Barajas, de nuevo la incognita del futuro seguira bombeando fuerte. Nada parece claro, todo parece provisional.

Espero que fuera bien la comida de ayer con J. L. … Tambien espero que fuera bien el encuentro multidisciplinar con las fundaciones. Ya me contaras que perspectivas subyacen para el futuro… Que pena que estuviera por tierras lituanas y no pudiera asistir a ninguno de los encuentros.
Por aqui todo bien. Lituania es un pais que se puede recorrer en pocas horas. Bonito, tranquilo, sin un exceso de problemas aparentes. Me ha hecho reflexionar, y ayer lo hablabamos en voz alta en una agradable cena, sobre la posibilidad de manejar mejor estados-naciones de proporciones reducidas. Lo de paises como el nuestro, tan grandes y tan complejos, quizas se difuminen en el futuro. En estos paises diminutos parece todo mas familiar, aunque entramos de nuevo en el absurdo debate entre territorialismo o cosmopolitismo… La incognita futura sera dificil despejar… Pero el conocer este pais me ha hecho pensar seriamente sobre la necesidad de emancipacion de los llamados nacionalismos actuales. Es cierto que resulta absurdo el que paises como Estonia que no posee mas de un millon de habitantes o el resto de paises balticos que no llegan a los tres millones tengan necesidades extremas como las de poseer un ejercito o un exceso de embajadas por el mundo. Pero es factible, en terminos mas modernos, una nueva configuracion de la idea de estado-nacion diferente a la actual. Nuestro pais tiene en ese sentido un reto importante con respecto a las nacionalidades como Catalunya, Euskadi o Galicia… Un reto que debera determinarse por la libre eleccion de los ciudadanos a pertenecer o no a una realidad administrativa diferente, mas alla de las viejas y anticuadas disputas patrioticas o nacionalistas.
En fin… sigo pensando que hacen falta mas revoluciones cosmopolitas, de ciudadanos libres, por encima de las disputas territoriales del siglo XIX… Pero el debate esta abierto para nuestro presente y proximo futuro… Sin duda, la solucion pasa por pensar otro tipo de modelo, otro tipo de relaciones basadas en el respeto y la generosidad. La independencia o emancipacion territorial es un absurdo si se desarrolla por encima de la independencia o emancipacion del ciudadano, del individuo libre… Sea como sea, estamos asistiendo a una nueva decadencia del modelo pactado, del contrato social y de la justicia elemental. Nuevos tiempos, nuevas formas…
Espero que estes bien…
un abrazo sentido…
(Foto: En Nida, bonita poblacion pesquera en la bella peninsula de Curlandia (Kuršių nerija en lituano), se encuentra esta bella casa del escritor aleman Thomas Mann. Pude visitarla y empaparme de parte de la vida del escritor de La Montaña Magica, sobre todo de sus reflexiones sobre la decadencia de su epoca y del profundo analisis critico que desarrollo en torno al alma europea. Quizas muy apropiado pensar en el cuando Europa sucumbe de nuevo ante la decadencia y el alma europea peligra de nuevo ante la incertidumbre futura).

Desde Vilnius



Antes de marcharme de viaje debi tocar alguna tecla en el blog que durante unos dias me ha impedido escribir nada. En parte mejor porque asi he podido desconectar durante casi diez dias de los ordenadores, los mensajes, la informatica, la red, los contactos… En definitiva, del mundo. Un silencio que me ha venido bien para la reflexion y la interiorizacion de aspectos fundamentales de la vida. De la vida ordinaria, pero tambien de la vida extraordinaria, esa que esta cargada de sorpresas diarias y continuas y que muchas veces resultan indispensables para la continuidad vital.

Me encuentro bien. Tras cinco dias en un paraje paradisiaco en el mar Baltico, en un pueblecito costero llamado Nida, consumo ahora otros cinco dias en la capital de Lituania, una bella ciudad dentro de un bello pais cargado de naturaleza y paisajes hermosos. Sus lagos, sus infinitos bosques, su gente amable… Un pais que merece la pena conocer e invita a la reflexion sobre la importancia o no de que existan estados gigantes como el nuestro. Aqui, donde no hay mas de tres millones de habitantes se vive bien. No se necesitan grandes cosas porque todo es sencillo y todo resulta cercano.

El sabado volvemos a Madrid y de nuevo la incognita sobre el futuro. De nuevo la lucha con lo ordinario, con lo comun, a expensas de que el futuro no este plagado de un exceso de dificultades. Habra menos arrogancia y mas humildad. Al menos, habra menos abundancia, pero mas sencillez. Una sencillez que debera llevarnos hacia la vida buena…

 

 

Colgando en tus manos


Hace unos meses prometí a una persona muy especial que cuando despertáramos del sueño en que vivíamos lo haríamos cogidos de la mano… La preciosa idea fue suya, pero la promesa fue mutua y me entusiasmó por su alto valor cargado de esperanza. El despertar ocurrió pronto, quizás demasiado pronto, porque ambos queríamos toparnos con la realidad, queríamos saborear como éramos realmente, como sentíamos y pensábamos realmente…

Un día ella soltó mi mano… Fue un acto simbólico pero quizás premonitor… La dejó caer primero una vez, y luego algunas más hasta que dejó de cogerla, rehuyendo cada vez que yo intentaba rozar sus dedos, abrazar sus palmas con la esperanza de que recordara la promesa. Un día dejó de mirarme, de abrazarme, de besarme… Un día dejó que mi alma cayera en la profunda convicción de que la esperanza se había marchado para siempre… Un día dejó de llamarme y de escribirme… hasta que el olvido del sueño y las promesas se derramaron por el suelo y fueron pisoteados por el tiempo… La última vez que la vi me dio dos besos en la mejilla, como si fuéramos dos desconocidos. Me dio las gracias por acompañarla… y se marchó…

En las relaciones de cualquier tipo, el desapego forma parte esencial del amor. Siempre pensamos en el otro en términos de propiedad, olvidando que son seres humanos libres y deseosos de experimentar la vida en libertad. Por eso, si alguien te suelta la mano, lo mejor es dejarla ir… sin querer apretarla, sin querer poseerla, sin querer amarrarla… Ese es el mejor acto de amor, y sin duda, es lo mejor que puede ocurrir.

Estos días SP me ayudaba a entender todo esto. Hoy mismo me escribía en los siguientes términos: “ya sabes que cuando se cierra una ventana (estilo windows de microsoft) se abren muchas más y más grandes….la pantalla se ve diferente….clickea en el buscador de tu sistema operativo y mira por dónde quieres navegar y explorar….es fácil…..refresh your browser y busca por dónde puedes brillar más!!!”

Sin duda, así actúa el universo… Basta que cierres una puerta para que se abran mil ventanas… En todo caso, soy un hombre de palabra, y mi mano franca sigue extendida hasta el infinito…

¿Conectados?


 

SC. me escribe desde alguna peluquería catalana alborotada porque ha visto un reportaje en el Hola de nuestro querido L. que le ha parecido vulgar y superficial. Bueno, creo que ese tipo de revistas y ese tipo de reportajes pretenden precisamente eso, sacar de nosotros lo epidérmico de nuestras vidas. El mismo L. me había escrito temprano para invitarme a desayunar en Madrid, sin saber que estaba en tierras del sur por motivos de reset y luz, más luz. Al otro lado, J. me escribe de viaje a Oxford donde se va unos días de retiro místico-espiritual, justo un año después de que yo mismo me deleitara con aquel palacio que tanto disfruté en tierras inglesas. La antropóloga, poeta y artista JC. me escribe desde alguna parte porque está gestionando el ego de cien artistas para publicar próximamente un poemario senequista. Ha batallado bien con una de ellas y me alegra su entrega y dedicación. N. me escribe desde el norte para asegurarme que los libros están bien y a la espera de ser retirados mientras que la bella S. me anima con sus videos y conferencias para que siga con mi particular “reset”. CH. me pregunta si alguno de mis amigos ricos necesita un ingeniero y JA. nota cierta exageración en un escrito que hice hace unos días. Le digo que puede ser porque a veces la vida necesita de ciertas dosis de exageración para que parezca algo real. Porque sin duda, a veces se nos escapa todo de las manos. Tras días, parecían meses, de silencio, recibo un breve saludo desde los países bálticos. Me muestro comprensivo y prefiero no molestar así que me retiro a las barricadas a la espera del juicio final. MC me escribe algunas letras desde Galicia y JD me manda un chiste muy bueno sobre un cura. MF. me envía algo sobre Japón y K. me escribe para decirme que le hará una entrevista a la bella S. E. me da las gracias por un escrito y la dulce N. me pregunta que si me ha gustado su novela. No sé qué contestarle porque la novela no me ha gustado pero ella es muy dulce, y muy guapa. A. se queja que después de un año ha recibido poco apoyo en la promoción de su libro. Realmente tiene razón, y no sé que decirle, excepto que estamos casi quebrados. CA me invita a ver un espectáculo esta noche en Córdoba y D., desde Valladolid me pregunta si estará lo que me pidió el lunes en Madrid. Le digo que sí, a pesar de que el martes me marcho corriendo y breve, desde las barricadas y en posición de retirada a los países bálticos y mañana inauguramos un templo iluminati en Córdoba. Luz, más luz, claro. También me escribe MF para comentar algo sobre política y políticos y I., desde Bilbao, comenta temprano que está de acuerdo con la propuesta de M. X. me escribe, también temprano, desde Castellón para que vaya mañana a Barcelona y pase con ella el fin de semana. Me hubiera encantado porque necesito un poco de Xterapia, de abrazos sentidos y cierta comprensión femenina, pero es imposible por lo de la consagración del templo iluminati y el viaje báltico. E., muy temprano me recuerda algo que ya no recordaba y G. me escribe para colaborar con nosotros y el libro de los cien egos mientras B. me invita desde Canadá para que participe en un encuentro utópico en Toronto y…

 

En fin, esto es sólo un breve resumen, una breve síntesis a las cinco de la tarde de lo que cada día podemos llegar a comunicarnos… Y sólo he incluido una poca de información sobre algunos mails, nada de llamadas, ni redes sociales, ni sms ni visitas a domicilio… Sin duda vivimos un tiempo loco, de conexión total con el otro donde resulta, a mí al menos a veces, imposible contestar el millón de mensajes que recibimos al día. Aunque la educación en algunos casos, la alegría en muchos y el pudor en otros siempre hace que conteste a todo y a todos, aunque a veces tarde. Y en el fondo es bonito… tiene algo de mágico, porque en cierta forma, te sientes menos solo en esta soledad tan concurrida… Y este post lo he escrito porque tiene algo de paradójico, algo que intento comprender y me resulta difícil… Llevo una semana intentando contactar con tres personas que me importan mucho. Tres personas que de alguna forma han trasformado mi vida, o al menos, la han invadido de experiencias. Una de ellas incluso con una gran influencia en mi presente. Pero no hay manera. Se las ha tragado la tierra. Quizás en mi retirada desde las barricadas a los países bálticos consiga desentrañar y comprender la paradoja, y de paso, resetear y formatear el disco duro de viejos patrones caducos e inválidos… Veremos…

Quiénes somos


Estimados socios y amigos…

He incluido en nuestra página web de Séneca este texto. Espero vuestros comentarios y aportaciones y/o rectificaciones o añadidos… Gracias de corazón…

http://www.editorialseneca.es/somos.html


LA HISTORIA. Editorial Séneca, 1939-2011

 

La primera Editorial Séneca fue fundada por emigrantes y exiliados españoles que en 1939 huían de la Guerra Civil. Fueron los intelectuales José Bergamín y más tarde Emilio Prados los que dieron forma al proyecto editorial que pretendía rescatar la cultura e identidad del pueblo español intentando difundir la literatura y los conocimientos científicos de la época. La última publicación del exilio mexicano data de 1949. Desarrolló un papel importante en la vida intelectual de los exiliados durante la década de los 40.

En septiembre de 2006, el antropólogo Javier León retoma el pulso a la historia rescatando del anonimato y el olvido el nombre de aquella primera editorial de exiliados tras la Guerra Civil, intentando dar continuidad a la labor de aquellos primeros editores. Fue así como recién llegado a la sierra de Hornachuelos, en Córdoba, en su particular exilio intelectual y político, imprime el mismo carácter urgente en la tarea de rescatar esa cultura nuestra. A esta ingente labor se suman socios y amigos que junto a ellos proyectan y dan forma al espíritu senequista.

En la primavera de 2008, y siguiendo con la filosofía de rescatar y conservar el espíritu de nuestro tiempo, nace un segundo sello: Editorial Nous.

 

LA MONTAÑA DE LOS ÁNGELES

 

La sede de la editorial se afinca en la ya mítica Montaña de los Ángeles, lugar que inspiró a Verdi su Forza del Destino y a tantos otros autores de libros y leyendas. El espíritu de la Montaña empieza a imprimirse en los textos editados, dotándolos de una gran labor de generosidad a la hora de publicar a autores noveles e historias de profundo calado etnográfico y local. Hasta este lugar empiezan a venir intelectuales y poetas, científicos y místicos de todas partes para compartir su obra con el proyecto editorial. Socios y amigos encuentran en La Montaña una nueva residencia y lugar de descanso, reposo e intelectualidad.

 

NUESTRO PROPÓSITO

Editorial Séneca es un proyecto independiente que nace en septiembre de 2006 con el propósito de ayudar a  editar a la vanguardia narrativa y artística, así como a aquellos autores poco habituales, a veces etiquetados como marginados o forajidos de las letras.

Nuestro deseo es potenciar la cultura y facilitar el encuentro con los escritores que aspiren a reencontrarse con el Arte en la Palabra. Deseamos buscar las nuevas voces con la aspiración ambiciosa de que sean los clásicos del futuro, tanto en narrativa, como ensayo y poesía. Queremos ser la voz de la nueva ciencia, del nuevo arte, de la nueva filosofía, la nueva política, la nueva economía y la nueva educación.

Para ello, la cultura es nuestro pretexto para adentrarnos en lo que los antiguos entendían como Arte a través de la palabra, sumergiéndonos en su significado y dejándonos arrastrar por su pasión. Además, deseamos bucear en la cultura de la paz dando apoyo a todos aquellos que desean de forma libre comprometerse con el difícil propósito del Arte en la Palabra.

Pensamos que el destino del ser humano y de las naciones está determinado por los valores que gobiernan sus decisiones. Pero en ese pensamiento olvidamos la importancia de nuestra responsabilidad individual, de nuestra aproximación y compromiso a los correctos valores que deben gobernarnos día a día. El Arte, es una buena forma de interrogarnos sobre las alternativas esenciales que exige la urgencia de nuestro tiempo.

De todos los beneficios dedicamos un 0’7 por ciento a labores sociales y culturales, con lo que pretendemos revertir todo el capital posible de forma justa y equitativa. Para ello hemos sido creadores de la Fundación Los Ángeles  ( www.fundacionangeles.org ), la cual pretende liderar proyectos culturales en todos los ámbitos. Además, y como lema de nuestra editorial, todos los beneficios repercuten en la creación de nuevas obras.

 

Editorial Séneca cuenta con la colaboración de:

 

Javier León – Dirección
javier.leon@editorialseneca.es

Oscar Morales – Director de Colecciones
oscar.morales@editorialseneca.es

Carlos Oyague – Director Colección de Textos Clásicos
carlos.oyague@editorialseneca.es

José María Palencia – Director Colección de Arte
josemaria.palencia@editorialseneca.es

Julia Carú – Directora Colección de Antropología
julia.caru@editorialseneca.es

Francisco Cantalejo – Director Colección Jóvenes Autores
cantalejo@editorialseneca.es

 

Soñando amores


 

                                                                                                                            Escuchaba conquistado la hermosa letra de la increíble canción de Pablo Milanés mientras pensaba sobre el amor, el amor humano. Ese que necesita expresarse de alguna manera, aunque sea como una declaración de amor romántica que no repara en formalidades. Amar con dolor, con rabia, con orgullo, con miseria, con desprecio… pero también con complicidad, con comedia, con chispa, con gracia, con ternura y roce. ¿Y qué ocurre cuando falta todo eso? ¿Inclusive la soledad acompañada de los malos momentos? Es horrible sentir la necesidad de rozar su mano, su cabello, mirar su rostro y besar su aliento y no poder hacerlo por mil razones. El pecho late deprisa ante la impaciencia, ante la prisa de golpear las derrotas y renunciar a ver el sol cada mañana con tal de estar ahí… presente… doliente… Así es el amor humano, como una cucharada llena de agrio sabor que cae eternamente sobre los posos vacíos del alma… Pero también un beso dulce, de vez en cuando, ante la mirada atenta de cien mil estrellas que derraman su luz ante la impasividad cósmica del infinito… Siempre nos queda la llama. Esa que nace de la esperanza, de la fe en retomar nuestras vidas hacia el sentido sempiterno del amor… Es algo indestructible en nosotros, porque el Creador, el Hacedor de todos los talentos ya nos imprimió en la fábrica humana ese sello inconmovible…Sigamos pues amando a la manera humana, hasta que nos convirtamos en ángeles y podamos preñarnos del sentido profundo del verdadero amor.