Nuestros mejores éxitos siempre son esos demonios que hemos conseguido domar. Y cuando has dominado unos pocos te das cuenta de que lo único que vale en la vida es poner todo el corazón y la consciencia entera en eso que llamamos amor universal. Es cuando ese estado de fe se reconcilia con la razón y surgen cosas maravillosas a cada paso, a cada instante. Maravillosas y milagrosas, porque cada día es un milagro y cada día es una oportunidad única de atravesar con nuestra alma toda esta vida.
Ayer, gracias a la fuerza de una gran amiga, recibimos más de mil trescientas visitas en este humilde blog. No son muchas quizás, pero son mil más de lo habitual, cuando la media roza entre trescientas y cuatrocientas diarias. Así que fue bonito cerrar agosto con ese regalo de amigos venidos de todo el mundo que pasaron por esta humilde casa para dejar su aliento, su poso virtual, su belleza y enigma. Silenciosos y sigilosos.
Y hoy septiembre. Un gran día y un gran mes que determinará las nuevas maravillas para el que se presenta como un año increíble, de crecimiento, de profundas experiencias y vivencias. Un año de seguir compartiendo los misterios de la naturaleza y seguir insistiendo en la urgencia del vivir. Un año para seguir creyendo, con rabia y dolor si hace falta, en el amor incondicional.
Tengo la sensación de estar sumergiéndome en los abismos de este océano, pero ya no como un náufrago, sino como un buceador que explora todo cuanto hay. Septiembre será un mes de grandes prodigios… Y los avatares de la vida estarán ahí para seguir cumpliendo con la promesa de orden dentro del caos. Y en lo invisible, en lo humilde, en lo secreto, seguiremos trabajando por esas pequeñas-grandes cosas que nos hacen humanos. Bienvenidos a septiembre… bienvenidos a un mundo y un tiempo de oportunidad…
























