A la izquierda del roble


Hoy ha sido uno de esos días inútiles, donde todo lo que pasaba era fruto de la desesperación o la desidia. Un pasar las horas anclado en el recuerdo, o más bien en la esperanza. Recordaba, mientras mataba el tiempo en el jardín,  el poema de Benedetti, “A la izquierda del Roble”. Y no sé si les ha pasado alguna vez a ustedes, que se han sentido árbol o prójimo con el único requisito de que la ciudad exista tranquilamente lejos. Decía el poeta, y yo recordaba mientras arrancaba una a una las cepas sobrantes, que los insectos suben por las piernas mientras la melancolía baja por los brazos hasta llegar a las manos, donde, con un suave cierre de puños, la atrapa. Resulta que el secreto es mirar hacia arriba. Como si el amor fuera un brevísimo túnel y ellos, los enamorados, se contemplaran por dentro de ese amor. Y yo quería encerrarme en ese túnel y no salir. Vagaba, sin saberlo, como un muchacho que está diciendo lo que se dice a veces en un jardín cualquiera. Y en el mío no encontré robles, pero sí encinas. Y junto a ellas, desojaba una por una todas las flores que podía encontrar. Incluso había una morada, que a falta de pétalos, le arrebaté la sabia y sus hojas. Había algo de poesía en el gesto, algo de temblor y miedo, algo de rebeldía y rabia. Sentía un cuerpo caminando por el jardín, y un alma, arrebatada, que caminaba por una cocina de olores familiares, de bromas cualquiera, y de ese Ačiū! que recuerdo con la melancolía del momento. Pero dejemos al poeta, que lo expresa mejor:

 

Para mí que el muchacho está diciendo

lo que se dice a veces en el Jardín Botánico.

Ayer llegó el otoño

el sol de otoño

y me sentí feliz

como hace mucho

qué linda estás

te quiero

en mi sueño

de noche

se escuchan las bocinas

el viento sobre el mar

y sin embargo aquello

también es el silencio

mírame así

te quiero

yo trabajo con ganas

hago números

fichas

discuto con cretinos

me distraigo y blasfemo

dame tu mano

ahora

ya lo sabés

te quiero

pienso a veces en Dios

bueno no tantas veces

no me gusta robar

su tiempo

y además está lejos

vos estás a mi lado

ahora mismo estoy triste

estoy triste y te quiero

ya pasarán las horas

la calle como un río

los árboles que ayudan

el cielo

los amigos

y qué suerte

te quiero

hace mucho era niño

hace mucho y qué importa

el azar era simple

como entrar en tus ojos

déjame entrar

te quiero

menos mal que te quiero.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes

pero puede ocurrir que de pronto uno advierta

que en realidad se trata de algo más desolado

uno de esos amores de tántalo y azar

que Dios no admite porque tiene celos.

 

Desde el centro abstracto


Acabo de llegar a casa… Ha estado bien tomar algo de distancia de las cosas. Lo ves todo de forma diferente. Es lo bueno del viaje interior que se plasma en algún recorrido improvisado hacia lo exterior. Desconectar de móvil y de Internet por unos días, dejarte llevar simplemente por el paseo a cualquier hora, sin mayor rumbo que la fuerza de tus pies. Lo más impresionante era verme rodeado de trescientos sesenta grados de oportunidades. Podía ir a cualquier parte, hacer cualquier cosa. El único límite era saber dónde estaba y hacia donde quería ir. Y de repente me vi envuelto en la búsqueda inevitable del centro, de mi centro. Y allí, en su insondable envergadura, en su poderosa esfera tornasolada, podía ver claramente un solo norte. Por eso el navegar se producía pausado. Sin negligencias, sin distracciones, sin desdenes, sin mayores accidentes que los del terreno que pisaba. Nadie reclamaba explicaciones patológicas sobre las crueldades de lo abstracto. Allí estaba, varado en cualquier playa, presagiando el próximo paso, hundido en la arena mientras divisaba el horizonte con cierto temor a un tsunami. En algún momento sentí infinita lástima por el ser humano. De nuevo la fragilidad del mismo. Me senté en un acantilado precavido. Me interrogué sobre la imprudencia de un resbalón, de un despiste. Cualquier fallo mecánico de nuestra máquina y la tragedia nos invade, nos anula, nos aniquila. Por eso hay que estar atentos y precavidos. La vida es un suspiro poroso, olvidadizo. No podemos más que falsear, perdiendo siempre, la trágica erosión de los años.

Pero resulta que al llegar a casa me he encontrado un ramo de orquídeas preciosas. No me ha importado su fragilidad del instante bello que representan. Mañana estarán marchitas, pero hoy, hoy resultan un clamor de vida y esperanza.

Pd.- Después de escribir esto y empezar a leer mails que me han llegado estos días, veo uno muy triste. La trágica muerte, por suicidio, de una buena amiga de un buen amigo… Lo dicho, no somos nadie… tan frágiles y dolientes…

La vida es cíclica y espiral


A veces ser hombre es fácil, pero ser un hombre es difícil. Eso pensaba mientras escuchaba de nuevo el sonido que viene de arriba abajo. Son dos las goteras que caen desde el techo de la cocina. No quedarán reparadas hasta después del retiro, porque hacer obra ahora sería más desastroso que intentar reparar el tejado. Ayer noche de nuevo las duras pruebas del camino. El dolor se acumula y parece como si las válvulas de escape cada vez estuvieran más oprimidas. Intento salir al jardín para distraer mi mente. Hace buen tiempo y se está bien ahí fuera. Esta mañana me corté el pelo casi al cero. Empieza el calor, y como es tradicional en mí, me gusta llegar al verano ligero de equipaje capilar. Ahora me siento cabezudamente más liviano con esta apariencia de monje budista. La última vez que me corté el pelo fue en septiembre y pasaron cosas maravillosas. Pero esto solo es un fetiche. Como decía, a veces es difícil ser un hombre.

Esta mañana vino la policía judicial a Séneca. Estaba desnudo y recién pelado, con toda la cara llena de restos del trabajo y a punto de meterme en la ducha. Me puse algo y fui a buscar a dos jóvenes de semblante amable y discreto. Enseñaron sus placas de policía y una orden judicial para solicitar información no sobre Séneca, pero sí sobre Séneca con respecto a un autor. Estaba tranquilo porque los papeles los tengo todos en orden y no hay nada que ocultar. Estuvieron haciendo preguntas, recogiendo información y recopilando papeles. Más de cuatro horas intensas. Tuve tiempo de bromear sobre mis cuentas en Suiza y en la República Dominicana, sobre los cien millones que tengo repartidos en paraísos fiscales y sobre los negocios e intereses que poseo en América del Sur. Los policías, jóvenes, reían ante mis ocurrencias. Tras el amable registro e interrogatorio, viendo que todo estaba en orden, se marcharon agradeciendo mi atención afable. Les dije, siguiendo con la broma, que a donde debía enviar la factura de las grapas, el papel y la tinta que habían gastado en cuatro horas interminables. Ni siquiera sé de donde sacaba las fuerzas para el humor, porque estas cosas realmente no son para risa y hoy andaba por los suelos con el ánimo.

Volví a la segunda planta y comí un arroz con tofu buenísimo. Me senté en el salón, ya preparado para el retiro que empieza mañana, y empecé a leer hermosas cartas de amor que durante cinco meses intensos he ido recibiendo. Eran cartas divertidas, hermosas, profundas, de lo más románticas, llenas de cariño y ternura. Me han reconfortado y me han hecho sentir bien, afortunado por tanta grandeza y generosidad compartida. Ha sido todo un regalo el poder releerlas. Es tan hermoso e increíble el amor. Es tan poderoso… ¿Y la ausencia de amor? Supongo que su ausencia produce monstruos.

Mañana me marcho unos días a hacer el vagabundo. Pensaba dar un paseo por Europa pero al final daré una vuelta por Andalucía. Iré a sus playas, me pondré algo moreno y visitaré el top manta para dar espectáculo. Dormiré en el coche, como en los viejos tiempos, o perdido en la maleza de algún bosque. Me dejaré llevar por los paseos interminables por la playa e intentaré bucear en el misterioso sonido de las olas… Comeré alguna pizza que tanto me gusta, o algunas patatas chips. Me apetece sentirme un poco abandonado a la deriva de lo espontáneo. Cuando hago este tipo de cosas siempre ocurren cosas maravillosas. A veces hay estados de ánimo que necesitan cierto deambular… cierto movimiento interior. Pronto cambiaré de ciclo solar… ya puedo notar los últimos coletazos de este increíble año pasado… Hasta finales de abrir tocarán muchos cambios y reajustes. Después, volveré a nacer y renacer a un nuevo año de aventuras y nuevas alturas para seguir adelante… La vida es cíclica, decía ayer E. mientras paseábamos entre cabras que nos rodeaban en la ruta del Águila. Cíclica y espiral, dije para acabar de liar la reflexión.

 

Narayanas


Cuatro de la madrugada. Pude escuchar como se dirigían al salón para su meditación vespertina. No tenía fuerzas para acompañarlas, pero sí lo hice en la segunda meditación que hacen a las seis. A las cinco y media ya estaba listo, esperando ante el clamor de la madrugada cualquier atisbo de luz. Meditamos durante una hora y luego leyeron “la murli”, la clase matinal que pretende despertar consciencias. Me gustaron algunas cosas de las que hablamos, sobre todo de la importancia de ser como “narayanas”, hombres y mujeres que buscan la pureza. También se habló de la tolerancia como principio básico para poder superar nuestra condición humana. Y me fijé atentamente el como conjugaban estas palabras en contra de maya y de las necesidades infinitas. Pensé en la gente que teniendo una casa desea una finca, teniendo esa finca, insatisfecha, desea un palacio, y así hasta el infinito. Esa gente que no contenta con tener a un hombre o una mujer perfectas a su lado, los dejan en la cuneta, los echan de casa ante la ilusión de poder encontrar algo mejor. Gente que no es capaz de disfrutar de lo que tiene, sino que vive en la ilusión de aspirar a algo mejor, confundiendo “algo mejor” con aquello que no se posee. Y lo mejor es lo que tenemos, porque es lo que el Universo nos ha regalado. Ahí hay una enseñanza, una comprensión, un conocimiento. Y debemos cuidar todo aquello que el Universo nos ofrece, porque de no hacerlo, nos lo arrebatará a cambio de sufrimiento y dolor… Interesante todo lo que se puede hablar a altas horas de la madrugada… Así que amemos, cuidemos y protejamos lo que tenemos… Que esa sea nuestra más pura y sincera ambición…

 

Ángeles en la Montaña


Llegué cansado, más psíquica que físicamente. Pero llegué. Hoy no tendría que estar aquí. Pero aquí estoy. Y sin saber muy bien hasta cuando, porque el universo nos enseña a desapegarnos por las buenas o por las malas de aquello que queremos y amamos. Pero el viaje mereció la pena porque cuando llegué había dos ángeles en casa que habían transformado radicalmente la decoración de la misma para adecuarla al retiro de yoguis de este fin de semana. El salón de setenta metros cuadrados parecía una sala oriental preparada para recibir a un aluvión de meditadores. Estaba todo limpio, irreconocible, con olor a incienso y luces tenues que, junto a una música agradable, hacían de este hermoso lugar algo irresistible. Los dos ángeles hicieron una meditación a la que me invitaron. Me cambié las ropas y busqué algo blanco. Rescaté mi pantalón de yogui comprado en los años noventa en el templo que los Hare Krishna tienen en Barcelona. También me puse el polo blanco que me los BK me regalaron en India, un polo con la inscripción bordada en hilo dorado “om shanti”, que significa “yo soy un hombre de paz”. La verdad es que esa hora de meditación raja yoga me ha dejado como nuevo. Tras un fin de semana y una noche bastante dura en Madrid, el acogedor recibimiento ha sido como una cura para el alma. Me siento en paz conmigo mismo. Gracias E. y A. por vuestra mágica presencia… Así que ahora a seguir adelante, hasta donde la vida nos lleve…

 

Lánzate al recto cumplimiento de la acción


Esta mañana, mientras entregaba un paquete con el disco duro estropeado en el Parque de las Naciones me ha llamado entusiasmado C. Teóricamente se volvía a Barcelona tras el fracaso de no encontrar trabajo en Madrid. Hablé con él la semana pasada y a mi pregunta de qué iba a hacer, respondió lo más sabio que podía responder ante las circunstancias: dejarme fluir. Y eso hizo. Dejarse fluir, y fue así cuando el universo empezó a conspirar. Y al día siguiente, justo un día antes de marcharse a Barcelona, le llamaron para un trabajo. Empieza esta misma semana a trabajar, así que tenemos a C. en Madrid de nuevo… Y es que a veces, cuando llegamos al límite de una situación, cuando realmente ya no puedes seguir porque te falta aliento, algo ocurre, y a veces, algo milagroso. Eso me pasó el sábado. Estaba totalmente derrotado, abatido, rendido ante las evidencias, cansado. Pensaba abandonar el barco y volver a mi madriguera. No tenía fuerzas para seguir en una batalla que me resultaba excesiva. Pero algo ocurrió esa noche. Pensé que el camino fácil es abandonar incluso en los momentos más difíciles. Dejarlo todo y rendirse, huir a la deriva del infortunio. Pero luego pensé que cuando algo realmente te importa hay que luchar hasta el final. Recordé las palabras de A.: “tienes que ser fuerte”. No había entendido a qué se refería hasta esa misma noche de insomnio. Tres meses diciéndole eso mismo a C., y sólo lo comprendí para mí cuando estaba exhausto, sin fuerzas, derrotado. Así que de nuevo en la lucha, batallando hasta la victoria siempre… Con fuerzas renovadas y aliento retomado. No hay otro camino cuando sientes dentro de ti, en lo más sincero de tu corazón, aquello que deseas. Escribía esto y recordaba el bonito verso que anima a la batalla:

“Así, mata con la espada del conocimiento la duda nacida de la ignorancia y arraigada en tu corazón, y lánzate al recto cumplimiento de la acción. ¡Levántate, invicto guerrero, levántate!” Bhagavad Gita 4:42

 

Zapatero


 

Hablaba la semana pasada sobre la soledad del poder en un entorno de personas que en alguna etapa de su vida han podido ejercer algo de poder. Esa soledad a veces es palpable por la dificultad y la responsabilidad de tomar decisiones difíciles y que, de alguna u otra forma, influyen a personas que dependen directamente de esas decisiones. Zapatero ha debido de pasarlo mal, muy mal. Ha sido en estos años de crisis el muñeco de vudú que ayudaba a la psique social española a desahogar su frustración. Todas las culpas de lo que ha pasado y pasa siempre recaían, en los bares, en las calles, en los taxis, en los metros y en el trabajo al presidente Zapatero. ¿Cómo se soporta ese peso? ¿De qué substancias se crea ese tipo de resistencia? No debe ser fácil soportar ese peso, así que no me parece un cobarde el que haya tomado la decisión de no presentarse a la reelección. Me parece un acto valiente, porque lo hace con la responsabilidad de tener por delante un año muy difícil, en el que, esperemos, no bajará la guardia.

¿Estrategia política de la izquierda? ¿Presidente en funciones, como lo llama la derecha? Bueno, ahora vendrán más linchamientos… Y en eso le doy la razón a Zapatero. La rancia derecha que pretende gobernarnos basa sus programas en la crítica feroz a su contrario. Patético… Espero que la rancia izquierda no caiga ahora en la misma tragedia o tentación. Zapatero es joven. Hoy decía en voz alta que quizás a Zapatero le pase como a Jimmy Carter. No tuvo mucho éxito como presidente de su nación, pero sí como expresidentes y estadista nacional o internacional. Sea como sea, le agradezco su trabajo y le deseo el mejor de los futuros. ¿A quién culparemos ahora de nuestras desgracias?

 

La importancia de un abrazo


Me pregunto como pueden sobrevivir las personas que no tienen la posibilidad de abrazar a otro. El movimiento “single” surgió como moda no hace mucho, pero fue la moda de la generación frustrada, esa que no supo mantener una relación y ante eso de abrazar un muro, pues mejor estar solo. Lo cierto es que solo se está muy bien, uno es independiente, tiene la capacidad de autogestionar su tiempo y su vida sin dar un exceso de explicaciones… Pero creo que la sensación final es de frustración por no poder estar con otro, por no poder abrazar a otro, por no poder amar a otro en ese compromiso de compartir una vida en común. No hay nada más horrible que volver a casa y no tener a quien abrazar, a quien amar, con quien bromear sobre las cosas de la vida. Aunque a veces puedo entender esa frustración, porque lo peor de todo sería volver a casa y que la persona que te espera ni te mira a los ojos, ni te abraza y las únicas palabras que tiene para ti son esas de “tengo muchas cosas que hacer”. Si esa es la sensación, la verdad es que es mejor estar solo que mal acompañado… Aunque lo mejor de todo, es estar con alguien que te quiere, te respeta, te ama y te abraza con intensidad diez cada vez que te ve… No olvidemos hoy abrazar a la persona que tengamos al lado… Y si somos un “single”, pues entonces no olvidemos buscar en la esperanza la posibilidad de ese abrazo…

 

Amanece que no es poco


Seis y media de la mañana. Aún es de noche. Siguen los gestos de generosidad en el mundo. También en mi mundo, por lo que desde aquí os mando un guiño a todos los que empujáis a Séneca. Ayer una hora hablando con C. Se retira de Madrid. Tres meses buscando trabajo y sin encontrar nada. Si en Madrid no hay trabajo es que la cosa está mal, muy mal. Así que nos apretamos aún más lo cinturones por lo que pueda venir y seguimos con la promesa de sobrevivir a la intemperie y el infortunio. Pero sin negatividad, sin rencor… sólo con ánimo de seguir adelante, y de seguir luchando por lo que creemos, por lo que nos importa. Mientras, nuevos conflictos, ahora en Costa de Marfil. Y el gobierno nipón, tras semanas de catástrofe, se plantea nacionalizar la empresa propietaria de la central nuclear. Creo que la decisión llega tarde y mal. Creo que el problema nuclear, porque lo es, no debería estar en manos de empresas privadas. Es algo muy serio y sin control. En fin… espero que disfrutéis de un buen fin de semana… Seguiremos adelante… seguiremos viviendo… Pronto saldrá el sol… Amanece que no es poco…

Magna Mater


Tres de la tarde. Unos 25 grados aquí en el sur, en Sierra Morena cordobesa, Andalucía, España. Los pájaros cantan sin parar y toda clase de animales chocan contra las grandes ventanas de mi salón. Compagino el editar libros con incursiones en las utopías para la tesis. De vez en cuando salgo al jardín y me dejo bañar por estos rayos magníficos de sol primaveral. Esta mañana fui a comprar un nuevo frigorífico. El anterior, que estaba nuevo, reventó como el lagarto de Jaén por culpa de una avería eléctrica. El seguro pagó algo, no mucho. Y aún escucho las goteras que el «Cara Chancho» no ha sabido/podido arreglar. Estuvo una hora trabajando y desapareció. Suele hacerlo, pero a veces vuelve tras tres litros de cerveza. El sonido del goteo es como una comparsa que se entremezcla con el berrido de los pájaros, el croar de las ranas y el frescor del viento que sopla. Más allá de esos sonidos, todo está en calma y silencio. Me siento refugiado, o diría que exiliado en una especie de limbo donde todo lo que ocurre forma parte de un paisaje primaveral ajeno a mí. Resulta difícil reubicarte cuando la carta de navegación parece rota por un costado. El norte, el gran norte, siempre aparece claro bajo las estrellas. Pero las cotas de altitud y profundidad son difíciles de prever si la carta está incompleta…

La semana que viene habrá un retiro en mi casa. Vendrán unas treinta o cuarenta personas a meditar durante tres días, en silencio, en una especie de burbuja que servirá para dotarlos de fuerza y valor. Tendré que limpiar el jardín y hacer algunas camas para acogerlos como es debido. Como no he sido invitado a ninguna de las dos fiestas, ni a la de aquí ni a la de allí, quizás desaparezca por alguna parte, en alguno de esos viajes épicos que tanto me gustan.  ¿A dónde ir? Quién sabe…

Miraba por la ventana como el viento derramaba el polen de los árboles por todo el jardín. Me acordaba de los poemas épicos de Homero, sobre todo de los cantos a la diosa de la madre Tierra, a Cibeles, o Gea o Rea, tanto monta. Lo cierto es que la primavera está cargada de esplendor. Lo pude ver ayer cuando hice un pequeño viaje por la campiña a media tarde. Parece como si este año estuviera rebosante de verde florido, de olores que te transportan a los confines de la imaginación. Todo está fértil, con ganas de co-crear, con ganas de preñar de vida cuanto existe. La Magna Mater quiere abrazar a sus hijos dotándolos de la oportunidad de ser copartícipes con la creación. Quisiera ser ahora Atis, el consorte de la madre Tierra y personaje de la novela Alexandra. Quisiera ser creador, dios, fortaleza viviente y siervo andante de la madre naturaleza. Hoy el cielo celeste aguarda mientras el viento sigue barriendo las semillas del futuro… Pero… ¿qué futuro? Esa es la fuerza del desamparo… El futuro no existe más que en la mente de los hombres… Hoy solo tengo el berrido de los pájaros, el goteo, el olor a azahar que entra por la ventana y el bocadillo de pan con chocolate que merendaré de aquí a un rato si todo va bien… Más tarde quizás vuelva el Cara Chancho… sólo quizás…

 

Cinco meses de Destino…


Una noche como hoy de hace cinco meses la vida cambió radicalmente. Sonaba la Forza del Destino y parecía que esa música estaba obligada a proporcionar las claves de un nuevo forcejeo con la vida. La magia quiso que esa noche de equinoccio llenara cada rincón de pureza y brillantez. La orquesta celestial gemía ante lo que parecía inevitable. En alguna parte debió estar escrito, quizás con tinta dorada, el hilo que conduciría inevitablemente al centro de ese laberinto. Y allí estaba, en su plenitud, aquellos intensos ojos azules que brillaban como dos luceros del alba en plena penumbra. Aún recuerdo aquella mirada interminable, tan llena de magnificencia y fortaleza que comunicaba con su leve silbido melodías profundas. Y han pasado cinco meses de aquel momento, y los cinco meses han sido como cinco colinas inmensas que había que escalar, como cinco estrellas que había que sujetar con manos siderales, como cinco caminos que conducían a los cinco continentes, entre valles y montañas, ríos y océanos. Y de aquel equinoccio hemos sobrevivido al siguiente. Cinco meses han separado uno del otro. Otoño y primavera que se dan la mano en una extraña conjetura. Estoy feliz por el viaje, por las pruebas superadas, por el aleteo que aún recorre las entrañas cuando recuerdo todo el viraje de babor a estribor. Los mares que nos conducen a la plenitud del alma siempre son inescrutables. Nada ansío de nada, sino seguir explorando sus confines… Gracias Tormenta por todo cuanto me has enseñado… Gracias por todo cuanto has compartido… Los cielos se siguen abriendo ante la promesa del mañana… Las grietas de los abismos que hemos sorteado siguen pareciendo solamente lo que son: pruebas del laberinto. Habrá más vuelos… habrá más cielo… habrá más esperanza… Porque la Forza del Destino marca siempre el compás de nuestras vidas… Y así debe ser…

 

Desde La Montaña…


Hoy ha sido uno de esos días en los que mejor no levantarse. Goteras en la casa, accidente de coche, rotura del disco duro donde tenía media vida almacenada… En fin… para qué contar penas si para penas, las del mundo… Así que aquí estoy, más solo que la una, escuchando de fondo, como única compañía y música celestial, el sonido del lavavajillas. Tras un largo paseo por la Montaña intentando organizar el cúmulo de desgracias que pueden producirse en tan sólo un instante, pero intentando pensar que aún podría haber sido peor y que según la ley de Murphy, mejor me quedo quieto porque las cosas aún pueden empeorar. Porque el accidente, al fin y al cabo no ha sido grave excepto rotura de parachoques y otros desaliños. Lo de la pérdida de toda la información de la empresa, de la tesis y todo lo demás que ya ni recuerdo, tampoco es tan grave cuando ya has pasado más de una vez por ese trance y miras con egoísmo las desgracias que ocurren en el mundo donde todo lo pierden…

Recuerdo que a finales de agosto tuve unas semanas parecidas. Algo iba mal en lo interior y se plasmó en lo exterior. Quizás ahora ocurra lo mismo. Pero la experiencia pasada sirve para tomarme las cosas con más calma, y saber que detrás de cada bache siempre viene un cúmulo de situaciones milagrosas. Así que intentaré sortear de la mejor manera estas circunstancias y esperar a que el milagro ocurra. Al menos me quedaré con el consuelo y la compañía de esta bella frase de Beethoven:

“¡Actúa en vez de suplicar! ¡Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino.”

 

La Aristocracia en la Era del Saber


Leía ayer una entrevista al editor francés Antoine Gallimard que cuestionaba el futuro del libro y la optimista visión de un editor de raza que ve en el futuro una sonrisa de esperanza. Reflexionaba mientras leía sus palabras sobre la era en la que nos encontramos, sin duda, la Era del Saber, la era del conocimiento, la era de la luz. Y me acordaba de la gente que antiguamente llamaban “culta”, de esa que siempre ha leído libros por esa insaciable curiosidad por conocer y saber. Pero la lectura nunca ha tenido relación directa con la cultura, o con eso de ser culto. En un mundo como el nuestro, donde los matices de clase apenas se perciben de unos a otros gracias a la gran explosión de esa clase media que todo lo impregna, el ser o no ser culto, el ser o no ser educado en las artes, quizás tenga más que ver con la forma en la que se distribuye el tiempo, los esfuerzos y el talento. Es evidente que todos tenemos talento y es evidente que todos somos dioses en potencia, pero también es evidente, y sin querer entrar en juicios, prejuicios o valoraciones gratuitas, que si en vez de leer las obras de Homero o de Schiller prefieres dedicar tu talento, tu tiempo y tus esfuerzos en jugar a la PSP2, seguramente la clase de motivaciones, relaciones y conversaciones diferirán enormemente. Eso determinará también con quién te relacionas y con quién deseas compartir tus esfuerzos. No es lo mismo hablar con personas expertas en MotoGP para la Play Plus que hablar sobre los dramas de Goethe o la teoría de los colores de Newton. ¿Y por qué digo esto así a la brava? Porque esto nos preocupa seriamente a los editores independientes, empeñados en que la cultura, o el culto al conocimiento y las luces del saber, no se pierdan con la abominable obra posmoderna. Digamos que Sony o la Xbox o la Wii son competidoras duras en esta lucha por captar la atención de las nuevas generaciones. La lucha, casi diría que una lucha conservacionista, conservadora, guardiana, cautelosa, vigilante y estrechamente vinculada al amor a la sabiduría en todos sus aspectos, es una lucha sin cuartel. La era digital tiene sus cosas buenas, como defiende el editor Gallimard, y supongo que, como en todas las eras, siempre habrá aristócratas de la cultura y el saber, cosa que nunca cambiará aunque las formas digitales se empeñen en modificar ciertos hábitos. En un mundo moderno donde la aristocracia tiene más que ver con el poder de los mejores y ya no tanto con su relación monárquica, se erigirán como los nuevos “mejores”, como la nueva aristocracia, aquellos que sobrevivan a la era digital y puedan plasmar en sus escudos nobiliarios futuros ese culto a la sabiduría, ese amor al conocimiento y esa entrega al servicio de la raza humana como mayor seña de sangre real. Así, la vieja aristocracia anquilosada en títulos heredados de, posiblemente, verdaderos superhombres de la antigüedad, será abatida por los nuevos aristócratas, es decir, los que son reconocidos por su talento, su arte o su entrega, y cuyo poder deviene de su interrelación, casi heroica, con el medio donde viven. Bienvenidos, dirán algunos, a la era de los príncipes del saber y la acción, los príncipes de la buena voluntad y del poder ejercido con la gentileza de una sincera y extrema generosidad. La elegancia de los excelentes, los auténticos Aristo-Kratos, harán posible un nuevo mundo de luz, sabiduría y generosidad. De ahí el empeño extremo de rescatar a cuantos más mejor para esa noble batalla. Está en juego nuestra identidad cultural que vemos como se diluye en la efímera era digital. Y necesitamos una nueva aristocracia de superhombres capaces de rescatar nuestro legado humano.

 

La Nueva Cultura Ética


Están ocurriendo cosas increíbles en estos días que nos hacen pensar en que algo está modificando nuestros patrones de conducta, nuestras formas de relacionarnos con el mundo y nuestra riqueza interior a la hora de entender la realidad envolvente.

Este cambio existe y tiene que ver con la teoría del desarrollo humano esbozada en lo que Inglehart llamó en 1977 “la revolución silenciosa”. Una revolución que tiene que ver con la tendencia del cambio de valores que nació en las sociedades occidentales basados principalmente en ideas de autorrealización y participación (posmaterialismo) más allá de las preocupaciones anteriores fundamentadas en la ampliación de la seguridad económica y la seguridad ciudadana (materialismo).

Estos valores posmaterialistas de autorrealización, participación o emancipación se reflejan ampliamente en las revoluciones que están naciendo en estos días. En algún trabajo anterior llamé a estos nuevos valores como Nueva Cultura Ética, ya que son indisolubles a la influencia cultural en la vida social y política de nuestras sociedades y comunidades. Y esta nueva cultura de valores emerge como consecuencia del desarrollo económico influenciado por la herencia cultural de nuestras sociedades adaptadas a las nuevas tendencias y conocimientos, a las nuevas tecnologías y las nuevas formas de relacionarnos con la realidad.

El cambio sociocultural producido no es lineal. La industrialización produjo racionalización, secularización y burocratización, pero el nacimiento de la sociedad que damos por llamar del conocimiento comporta otro conjunto de cambios que se expresan en una nueva dirección, poniendo énfasis en la autonomía individual, la autoexpresión y la libre elección. Además, la secularización va perdiendo terreno, recuperándose un nuevo tipo de espiritualidad alejada de las viejas formas, instituciones y estructuras del pasado pero con un nuevo aire renovado y característico de estos tiempos. Las sociedades desarrolladas, al dar por supuesta la supervivencia, empiezan a cuestionar los riesgos de la tecnología y comienzan a aproximarse a las esencias de la naturaleza, apreciando aquello que tenga que ver con el cuidado y el respeto a la misma. Lo ocurrido en Japón lamentablemente ha puesto en el debate de nuevo el problema nuclear. No en vano, las sociedades maduras desean acercarse de nuevo a los vínculos naturales con la naturaleza, protegiéndola y respetándola en todas sus vertientes.

Ello implica un retorno a las preocupaciones espirituales rechazando la religiosidad dogmática y dando paso a nuevas formas de espiritualidad y preocupaciones no materiales. Podríamos llamarlas, siguiendo las tesis de Inglehart como formas individualizadas de espiritualidad. El ordenador pasa a ser la herramienta principal de la nueva sociedad, y este artilugio moderno raya lo mágico, creando un número ilimitado de realidades virtuales. La creatividad y el estímulo intelectual son la base para que las preocupaciones espirituales vuelvan a estar en boga, lo cual provoca a su vez que el secularismo de la era industrial requiera cada vez más de mayores matizaciones.

Además de cambios en los aspectos religiosos y/o espirituales, se están produciendo cambios en las normas sexuales, sociales, económicas y políticas en las sociedades avanzadas. El énfasis cultural se traslada de la disciplina colectiva a la libertad individual, del conformismo a la diversidad humana y de la autoridad del Estado a la autonomía individual. Estos nuevos valores se reflejan a la perfección en la práctica mayoría de las sociedades avanzadas, donde se experimenta de forma comunitaria y en red con las nuevas tendencias sociales. La autoridad institucional pasa a ser una autoridad de grupo, asamblearia. La educación es horizontal y no vertical, así como las relaciones económicas, basadas principalmente en el apoyo mutuo y la economía del don. La sociedad civil muestra más atención a su poder, por encima del poder vertical de las instituciones jerárquicas. La masa, el pueblo, empieza a retomar su protagonismo esta vez de la mano de las nuevas tecnologías y los nuevos valores.

En todas las dimensiones existen procesos que impulsan el cambio, componentes que lo refuerzan y contribuciones que ayudan a su expansión. Todos estos cambios van dirigidos a la ampliación de la elección humana dentro de una sociedad que se quiere cada vez más humanista, más libre y más fraternal. No hay duda que una gran revolución ha empezado, una revolución que tiene que ver con un profundo cambio en el rumbo que la humanidad desea para sí misma.

 

La hora de los emprendedores


 

Cuando viajaba por Etiopía, me daba cuenta que allí todos sus habitantes son emprendedores por necesidad. De alguna forma, y a base de miseria, todos debían buscarse la vida con pequeñas “empresas” que consistían en vender lo que fuera, donde fuera y a quién fuera. Siempre me he preguntado porqué en nuestra España moderna, esos cuatro millones de parados no pueden ser pequeños emprendedores que también busquen una forma de superación personal a tan patente drama. La respuesta resulta casi evidente. España se ha convertido en el país del subsidio y la burocracia.

Además, para poder pagar esos subsidios, son necesarios altos impuestos que repercuten, paradójicamente, a aquellos que intentan emprender un negocio.

España aún no ha comprendido que la única forma de terminar con su endogámica clase parada es apostando por la creación de empresas, por el apoyo a jóvenes que desean luchar por crear riqueza. Pero no con ayudas ni subsidios, sino con agilidad en los procesos creadores, anulación de la interminable burocracia y baja presencia de presión fiscal, al menos en los comienzos de la actividad. Si no comprendemos esto, estamos a las puertas de un conflicto social porque cada día habrá menos empresas, menos trabajo y menos personas con capacidad de pagar impuestos.

 

La tierra sin mal


Sigo viendo las noticias con atención y me parece increíble todo lo que está pasando. La crisis económica que ya empieza a azotar con fuerza a la Península Ibérica, especialmente a Portugal… Las consecuencias del terremoto en Japón… Las revueltas árabes, con nuevos añadidos de sangrante muerte en Libia, Yemen y Siria… ¿Qué más puede pasar en este contexto apocalíptico? Tantas desgracias seguidas son difíciles de digerir… Y lo preocupante es que los que viven alejados de estas realidades parecen como si todo eso no fuera con ellos, y siguen manteniendo una vida normal, como si nada pasara. La civilización occidental ha creado un complejo sistema que pretende alejarse cada vez más de su estado salvaje, pero parece como si todo se derrumbara a cámara lenta. ¿Acaso estamos quedando atrapados en algo que aún no comprendemos? ¿O será cierta la última profecía que designa como el final de los tiempos la trágica fecha del 2012? ¿Hacia donde estamos naufragando? O quizás todo esto que está pasando pueda provocar una elemental huida hacia la Naturaleza, un retorno hacia lo sagrado y un encuentro permanente hacia la tierra sin mal. Sea como sea, estamos viviendo unos tiempos increíbles donde habrá que estar muy atento, por eso de que al parecer, no hemos hecho más que empezar…

Pd.- Gracias a C. por el paseo de ayer, y por hacerme ver que nuestros pequeños problemas sólo pueden resolverse si tomamos plena consciencia de lo que nos rodea, del mundo sufriente, de todo cuanto pasa.

 

Las penas del joven Werther


«He visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión…He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser…Todos esos momentos se perderán… en el tiempo, como lágrimas…en la lluvia…Es hora, de morir»… Esta es la frase que Roy Batty dice en Blade Runner y que es capaz de inspirar cualquier sueño con tal de sabernos acreedores de la vida. A veces los sueños también pueden ser una llama. Sueños en el tiempo que caen como lágrimas entre la lluvia… como hoy, un día gris en Madrid, con aguacero tenue que se desliza por el cielo como llanto empapado. Un día de pedir socorro y caminar con cautela por las estepas del alma. Motivados por el zumbar del viento, el cual pide tempestuoso abrazos, calidez humana, arrastrado por las nieblas y el estrépito de la soledad más amarga. Hoy es un día que apetece estar con los seres queridos, sintiendo próximo su calor, y el chasquear de sus corazones despertando al torrente de vida. Habrá muchos que no podrán hacerlo, como el joven Werther, incapaz de seguir con vida ante el tormento de no poder abrazar a su amada Carlotte. Un espíritu errante y que vaga en pena con el convencimiento de que el canto de Ossian ha desplazado de su corazón a Homero. El drama de su vida inspiró a muchas generaciones de románticos sensibles que vieron como el amor era simplemente una ficción o anhelo imposible de conseguir. Por lo tanto, lo mejor era la muerte antes que el desvelo por la desesperación. Parece como si nuestro mundo no estuviera construido para mentes y corazones sensibles. Por eso, para muchos que no son capaces de reponerse a tanta maravilla perdida, y en palabras de Batty, es tiempo de morir… Pero ante la inevitable muerte de Werther, me imagino a su Carlotte gritando desesperada: “¡Oh, amigo!, querría sacar la espada, como un noble guerrero, liberar de una vez a mi príncipe del tormento cruel de la vida que se extingue lentamente, y enviar mi alma tras el semidiós liberado”. Quizás esa frase, tan inspirada y cargada de esperanza, sirva a los románticos de nuestro presente para seguir adelante… y morir cuando toque, no antes…

 

 

Vivir sencillamente


Gandhi nos dijo aquella frase suya de “vivir sencillamente para que los demás, sencillamente, puedan vivir”. La frase tiene sus paradojas, filosóficas y económicas, pero encierra dentro de sí una verdad innegable. Hay algo que está mal construido en este mundo y no sabemos como encauzar una solución que nos ayude a superar esta singularidad humana. Lo de Libia sigue siendo una gota más que va colmando el vaso.

Esta mañana temprano teníamos una reunión senequista en la calle Triana. Tanto MC, CM, LV y el que suscribe analizamos la crisis, los conflictos, el mundo en general, y como eso afectaba en su totalidad a la venta de libros de nuestros sellos editoriales. Lo cierto es que cada día se vende menos de casi todo, y los libros no es una excepción en un momento crítico para el sector. Lo fácil hubiera sido renunciar, cerrar el chiringuito y a otra cosa mariposa, pero decidimos, año tras años, seguir adelante, porque el espíritu que envuelve el proyecto es sano, tiene fortaleza y sed de continuidad. Pero en estos próximos años, y siguiendo con Gandhi, tendremos que vivir sencillamente, sin grandes proyectos, sin grandes aventuras empresariales porque los tiempos requieren la necesidad vital de aguantar todo este chaparrón. Y aguantaremos, como sea, reinventándonos si hace falta. De momento ya tenemos nueva página web en Séneca. Espero vuestra opinión porque habrá más…

 

Allende los mares


La mar siempre tiene dos orillas… También lo humano. A un extremo siempre encuentras playas cálidas, desiertas, plagadas de palmeras y vistas a lugares de ensueño. Mar calma y tranquila, lugar de reposo y bienestar. En la otra orilla, siempre hay acantilados agrestes, orillas inexistentes, peligrosas aguas llenas de salientes que pueden quebrar el navegar. Tempestad y peligro, quizás naufragio. A dos mares navega el hombre, o como decían en las antiguas crónicas, allende los mares… Qué frase más épica… Me ha recordado un atardecer en las costas del Big Sur californiano… Había un gran sol que caía despacio por el precipicio celestial, inclinando en el Pacífico una gran belleza y esplendor. Me encontraba apoyado en el acantilado, sujetado con fuerza a una barandilla de madera que me protegía de un abismo hermoso, plagado de verdes bosques que observaba a mis pies. El sonido del mar, de la música que salía de alguna flauta que alguien tocaba en el Instituto Esalen, acompasaban esa tarde de julio con cierta paz y armonía… Recuerdo que se acercó aquella hermosa chica hawaiana que días antes me ayudaba con sus suaves manos en los ejercicios de yoga. Me miraba y sonreía con interés, medio desnuda, inclinando la cabeza para que la acompañara a la sauna natural que había subiendo una pequeña colina. Fue un hermoso canto de sirena que recuerdo de vez en cuando, quizás porque la semilla de Itaca siempre renace dentro de uno… y te empuja, irremediablemente, a la aventura… Cuando navegas a dos aguas… siempre evocas a ambas orillas…

 

Hagamos un trato


La pasada ha sido una semana dura… Quizás por la Luna, tan cerca de la Tierra… he impregnando tan poderosamente en las emociones que fluyen en sus mareas como agua de mar… Culpemos a la Luna de las emociones buenas y de las menos buenas, sobre todo, de las explosiones que ha ocasionado en ese plano astral tan movible y que tan humanos nos hace. Culpémosla a ella y salvemos nuestra alma… A fin de cuentas, la humanidad actual se desliza suavemente entre el arbitrio de la virtud y la emoción, intentando conjugar todo cuanto puede para seguir adelante. Y seguir adelante cada día resulta más difícil porque cada día arrastramos más pasado quedando menos crédito de futuro.

Semana dura en lo interior y en lo exterior, pero eso también nos sirve para tomar consciencia de nuestra fragilidad, especialmente cuando nuestros defectos y debilidades empañan a nuestro prójimo. Por eso esta mañana, entre arrebatos de tristeza pero aún tan lleno de esperanza, he querido regalar un poema de Benedetti, aprovechando que hoy es el día mundial de la poesía. Y la tristeza no ha sido mala, sino un alivio, porque a veces necesitamos el roce suave de algo que nos tranquilice el alma. Y la tristeza es como ese bálsamo penetrante que suaviza el dolor y el sufrimiento mediante el consuelo y el desahogo. A veces va bien estar tristes o melancólicos para soportar el peso leve de nuestra existencia. Y a veces está bien que acompañemos esa tristeza con cierto llanto. Eso no es símbolo de debilidad, como piensan algunos. Todo lo contrario. Sólo los valientes son capaces de hacerlo. El débil prefiere esconderse y disimular todo cuanto siente. Lloremos pues como los valientes, lloremos como lo hizo el Cid, “los ojos de Mío Cid mucho llanto van llorando”, decía su Cantar… Pero mejor os dejo el poema de Benedetti, que está cargado de ternura y esperanza:

 

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

 

La irresponsabilidad Occidental


Lo de Libia me ha dejado de nuevo estupefacto. No sé cuantos conflictos habrá hoy día en el mundo, lo que sí es cierto que dichos conflictos tienen siempre que ver con los recursos naturales que esos países poseen y los intereses de unos y otros por hacerse con los mismos. La geopolítica realmente se puede entender por la administración y control de dichos recursos, atentando contra las soberanías nacionales si dichos recursos caen en manos equivocadas. Libia tiene mucho petróleo, y además, ha sido un gran comprador de armas en todo occidente, también un negocio lucrativo para economías que arrastran crisis y que necesitan vender lo que haga falta. Productores de armas de Francia, Gran Bretaña, Italia y Rusia, con apoyo de sus respectivos gobiernos, han mantenido un intenso intercambio comercial con Libia en los últimos años. Además, existen intereses entre libios e italianos en la fábrica de armamento italiana Finmeccanica. España, el sexto exportador de armamento del mundo (de vergüenza)  vendió armas a Libia por un valor de más de dos mil millones de euros.

¿Y a quién vendiamos armas tan alegremente? Véase la irresponsabilidad Occidental a la hora de jugar a la geopolítica. He aquí un breve curriculum de Gadafi:

 

Durante décadas ha sido acusado de patrocinar el terrorismo y la insurgencia armada en terceros países dando financiamiento a organizaciones terroristas de orientación anticapitalista revolucionaria como las FARC en Colombia, el IRA en Irlanda, y ETA en España, así como dio especial apoyo a las organizaciones terroristas palestinas contra Israel.5 6 Entre los atentados terroristas en los que Gadafi es acusado de estar involucrado se encuentran la Masacre de Múnich en 1972, la bomba en la discoteca berlinesa La Belle en 1986, el derribo del Vuelo 103 de Pan Am en 1988 y del Vuelo 772 de UTA en 1989.5 Su propósito, desestabilizar las naciones y derrocar los gobiernos afines a Occidente.5 6 Así mismo desarrolló dentro de Libia armas de destrucción masiva6 7 como las que tiene Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, China, Israel, Pakistán, India, o como las que durante los años 80 vendió la OTAN a Irak.

 

Los vínculos de Dios


Estoy retirado en un lugar tranquilo, intentando poner cierto orden en la tesis doctoral. Estaba repasando mi diario en la época en la que vivía en Escocia. De allí rescato una frase que me impactó y que leí de la fundadora de la comunidad de Findhorn: “no hay que seguir nuestro camino, sino el camino de Dios”… Esa frase, de golpe, me trasladó a aquel mágico tiempo en el que paseaba por aquellas frías tierras altas. Fue un tiempo de cambios, de siembras, de increíbles aventuras y revoluciones interiores. Conocí a gente que marcó mi vida y que me situó en un lugar poblado de vínculos… Precisamente, en mi diario, tenía una frase que decía algo parecido: “Dios no es una abstracción, sino un vínculo”. En el equinoccio de primavera de aquel año, vivía con intensidad el experimento místico de la unión con el absoluto: “¿Quién, si yo gritara, me escucharía desde los órdenes angélicos? Y suponiendo que un ángel de pronto me tomase contra su corazón, ¿me extinguiría ante su existencia más fuerte?” Paradójicamente, unos días después de escribir estas líneas, el ángel pasó y me rozó con su aliento, y casi me extingue con su haz de luz… Y entre la supervivencia al recuerdo y la inexorable praxis del presente, en aquellos días escribía también cosas para mi tesis. Hablaba en ella sobre la revolución silenciosa, como así la llamó Inglehart en 1977. Una revolución que tiene que ver con la teoría del desarrollo humano, con la tendencia del cambio de valores en las sociedades occidentales basado principalmente en ideas de autorrealización y participación (posmaterialismo) más allá de las preocupaciones anteriores fundamentadas en la ampliación de la seguridad económica y la seguridad ciudadana (materialismo). Cosas así escribo en mi tesis y cosas así me vienen a la cabeza cuando me invento unos días de concentración y aislamiento académico… Qué Dios y sus vínculos se apiaden de mi alma…

 

La ambición de ser un hombre bueno


Siempre he dicho que cierta ambición sana es necesaria. Ambición por vivir mejor, por estar mejor, por desear lo mejor, para perseguir tus sueños y metas, para desarrollarte como ser humano pleno, para tener una pareja amante y comprensiva, para tener dinero suficiente para vivir con libertad suficiente, para mantener una cultura y una educación digna y amplia, para lograr objetivos y metas y superar las expectativas de la vida, para en definitiva, ser mejor persona…

Pero también está la otra ambición, la desmedida, la egoísta, la que no tiene fin ni límites. Esa que hace perder el norte con tal de conseguir un trozo de algo más, aunque eso sea a costa de casi todo. Las personas de ese tipo, normalmente mezquinas y sin escrúpulos, enseguida se cansan de aquello que consiguen. Se cansan de sus casas, de sus coches, de sus amigos, de sus parejas, incluso de sus hijos si estos no son lo suficientemente ambiciosos o necesarios. A veces la ambición desmedida se convierte en delirios de grandeza y eso pervierte y pierde a la persona. Los brindis al sol les dilapidan con tal de ser portada de una nueva conquista. Anulan a cualquiera que les haga sombra, y jamás se relacionan con seres que según su concepción, estén por debajo de su condición. Ambicionan el poder, la fama, el dinero, los honores y el estatus sacrificando con ello cualquier atisbo de humanidad. No la necesitan, no está en sus planes, la humanidad no es necesaria para “estar ahí”. Tampoco el amor o la amistad.  Hay personas tan pésimamente ambiciosas que pasan a la historia como el pastor griego Eróstrato, el cual según nos cuenta Valerio Máximo, «se descubrió que había planeado incendiar el templo de Diana en Éfeso, de tal modo que por la destrucción del más bello de los edificios su nombre sería conocido en el mundo entero». Patético, pero tal es la desmedida ambición.

En el otro extremo están los seres pasivos, sin ambiciones, sin proyectos, nulos ante la parsimonia de la vida. Les importa un bledo hacia donde gira el viento, ya que necesitan de su suave aleteo para dirigir sus pasos. Su única ambición es poder soportar un día más lo mediocre de sus vidas. No aspiran a nada, no quieren nada. No necesitan nada.

¿Quién es entonces el verdadero hombre? ¿Donde está el camino del medio justo y necesario? Creo que Rudyard Kipling lo describe muy bien en su poema If. No necesita más comentarios excepto su atenta lectura. Su fuerza, su frescor, su esencial verdad lo impregna todo:

 

Si puedes mantener en su lugar tu cabeza cuando todos a tu alrededor,

han perdido la suya y te culpan de ello.

Si crees en ti mismo cuando todo el mundo duda de ti,
pero también dejas lugar a sus dudas.

Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no te domina el odio
Y aún así no pareces demasiado bueno o demasiado sabio.

Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu amo;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes conocer al triunfo y la derrota,
y tratar de la misma manera a esos dos impostores.
Si puedes soportar oír toda la verdad que has dicho,
tergiversada por malhechores para engañar a los necios.
O ver cómo se rompe todo lo que has creado en tu vida,
y agacharte para reconstruirlo con herramientas maltrechas.

Si puedes amontonar todo lo que has ganado
y arriesgarlo todo a un sólo lanzamiento;
y perderlo, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón y tus nervios y tus tendones,
para seguir adelante mucho después de haberlos perdido,
y resistir cuando no haya nada en ti
salvo la voluntad que te dice: «¡Resiste!».

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
o caminar junto a reyes, y no distanciarte de los demás.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con sesenta segundos que valieron la pena recorrer…

Todo lo que hay sobre La Tierra será tuyo,

y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.

 

Sobre la importancia de hacer las cosas bien


 

Ayer tuve un bonito encuentro con J. Quedamos para comer en el Ecocentro de Madrid, un lugar agradable donde saborear buenos platos vegetarianos. Tuvimos charla intensa e interesante sobre muchos temas referentes a la amistad, a la lealtad, al sacrificio. Me gustó mucho su afirmación y reafirmación sobre la necesidad de hacer las cosas bien hechas. Es algo que recalcaba con énfasis, en toda su manifestación semántica, porque hacer bien las cosas resulta algo comprometidamente difícil. Siempre nos queda la duda de si hemos obrado justamente o no en tal o cual situación. Recordaba en sus palabras la situación japonesa de estos días. Cuando lo pierdes todo y miras el horizonte, resulta difícil pensar en términos de haber bien o mal las cosas. A veces la realidad se impone con extrema crudeza, y quizás te has tirado toda una vida haciendo bien las cosas. Y ahora, en esas circunstancias, toca realmente mirar de frente y tener una actitud tan valiente y solidaria como la que está tomando el pueblo japonés. No hay pillaje, no hay robos, no hay inseguridad con respecto al prójimo. Solo ganas de ayudar. Pero aquí, en lo cotidiano, hacer las cosas bien en el día a día, en situaciones normales, también resulta difícil. Creo que es una de las pruebas espirituales más extremas: hacer las cosas bien. En todo caso, la claridad mental, la fuerza en la actitud, lo virtuoso de cada uno, merece la pena potenciarlo y revivirlo siempre que el ánimo lo permita. En estos últimos cinco años han ocurrido muchas cosas en mi vida… cosas extremas, de aprendizaje, de decisiones duras. Creo que mucha gente, por la crisis y otros factores se ha visto en situaciones dramáticas y complicadas. Me pregunto cuantas decisiones desacertadas habré asumido por ignorancia o convicción. Sea como sea, el error es un cúmulo de aprendizaje que te dirige irremediable hacia lo que llevas dentro. Si dentro hay bondad, te vuelves más bondadoso, si hay maldad, el abismo te socorre. Gracias J. por tu bondad y por tu enseñanza…

 

El debate sobre las centrales nucleares


La triple catástrofe que está viviendo Japón –terremoto, sunami y peligro nuclear- está desatando el debate sobre la energía atómica. Los avances en energías renovables son cada día más positivos y avanzan, a pesar de las primas, a marchas vertiginosas. Creo que el debate debería centrarse en el largo plazo, a sabiendas que las tecnologías serán cada vez más potentes y desarrolladas, y que la energía nuclear, a pesar de los parabienes que han ofrecido en estas décadas, se quedará obsoleta en un presente no muy lejano. Y no obsoleta por su tecnología, sino por su peligro de nuevo palpable. Los riesgos que asumimos como humanidad deben ser minimizados, y sin duda, otra clase de energía deberá sustituir al carbón, al petróleo y a la nuclear. El viento, el agua, la biomasa, el sol… y quién sabe si la fusión nuclear, nada contaminante y cien veces más potente que la actual. Veremos… Pero la sensatez y el sentido común dicen que las centrales nucleares deben desaparecer a cambio de una energía más limpia, segura y más potente.

 

Sufriendo


Estaba viendo las imágenes de la devastación en Japón y  no podía más que conmocionarme por el horror vivido. Catástrofes, guerras, destrucción. La pérdida de seres queridos, el adiós definitivo, la partida. Me acordaba, no sé porqué, de las imágenes de los soldados que se despedían de sus familias en la Segunda Guerra Mundial, sin saber a qué destino incierto se enfrentaban. Sentía un dolor en el estómago cuando me introducía en sus vidas e imaginaba el horror de dejar parejas, hijos y toda la familia sin saber si regresarían de nuevo a su hogar. Las imágenes aparecían una tras otra, como si los miles de soldados muertos aparecieran de repente en mi alma. Todos llorando, todos con la vida rota. Como ahora en Japón, que sin guerra, de repente todos lo han perdido todo. Inclusive el propio país, que deberá comenzar de nuevo tras un derrame de sufrimiento continuo. Familias rotas, seres destrozados, todo un drama para miles de seres… Inclusive para los que desde lejos sentimos el dolor ajeno como nuestro…

 

 

Paseo por la evolución


Hemos pasado el día en los yacimientos de Atapuerca y el museo de Evolución Humana de Burgos. En los paseos, pensaba en lo increíble que resulta la historia de la humanidad, de la vida, de la consciencia. Veía como el homo sapiens había sobrevivido a tantos y tantos obstáculos y peligros. Casi parece un milagro que ese mismo homo que hasta hace poco debatía su supervivencia entre cavernas, ahora esté escribiendo un texto consciente, con algo de música de fondo, iluminado por la tenue luz de una lámpara, sentado cómodamente en un sillón suspendido en la séptima altura de un edificio de esa colmena humana que hemos dado por llamar ciudad. Cuando en el museo veía la torpeza con la que fabricaban las primeras herramientas en piedras de silex, casi me parecía algo de magia todo lo demás: los ordenadores, los móviles, los coches, las ciudades… ¿Cómo es posible que de tanta incerteza, casualidad, suerte y toda serie de hechos fortuitos se haya creado todo este complejo existencial? Si encendiéramos un ordenador de última generación en mitad de una selva y en él pudiéramos ver y escuchar el Allegro ma non troppo de la novena sinfonía de Beethoven, ¿podríamos pensar con cierta tranquilidad metafísica que todo eso ha podido surgir de ese verde intenso, de esos ríos, de ese bosque, de esa naturaleza? ¿No parecería más bien algo de otro planeta? ¿Y si realmente fuese así? ¿Y si nuestras consciencias fueran algo inyectado desde otro mundo, y de ahí que el virus que se gestó en nuestras primitivas mentes haya podido crecer hasta crear maravillas como La Flauta Mágica de Mozart o la dulce creencia de un Arquitecto del Universo? Lo cierto es que cuando paseábamos por la Sima de los Huesos, o la Gran Dolina, o la Sima del Elefante, no podía más que fascinarme por lo que la naturaleza, en su proceso evolutivo, ha sido capaz de crear… Si el Homo Antecesor levantara la cabeza, seguramente no daría crédito a todo lo que hemos llegado en tan solo un par de millones de años… Simplemente maravilloso, milagroso, increíble… El Homo Sapiens ha superado todas las expectativas de la Gran Creación… ¿hasta donde seremos capaces de llegar?

 

El milenarismo va a llegar


La tierra tiembla… Me ha conmovido terriblemente ver las imágenes devastadoras del terremoto de Japón. Ayer, mientras observaba la conversación de dos personas, meditaba sobre la tranquilidad psicológica en la que vivimos todos los días. Nunca somos conscientes de lo finito que somos y de lo frágiles de nuestra existencia. Ayer seguramente fue un día normal para toda una nación. La gente se levantó para desayunar, se duchó, se fue al trabajo, intercambiaron alguna noticia, algún pensamiento… Y unas horas después, ya no había nada.  Sólo desolación para los que aún tenían vida y se paraban a observarla ante el terror dantesco de la estampa de lo terrible. Y mientras pienso en estas cosas, me agarro con fuerza a la seguridad de este sillón, a la compasión de este aire que ahora respiro, al instante de brevedad que abrazo con fuerza. Miro a los que me rodean y solo tengo ganas de abrazar, de abrazar con fuerza mientras miro a sus ojos, a sus almas. Somos una fuga de vida en una inmensidad que se nos escapa. Somos una mota opaca de sobras efímeras. Hoy, cuando os encontréis con vuestra familia, con vuestros amigos, con vuestros seres cercanos, sed amables, abrazarlos con intensidad máxima. La tierra tiembla bajos nuestros pies y el milenarismo personal nos golpea en cada esquina. Dad gracias a la vida de que estamos vivos y podemos sentir.