
Siendo testigo y partícipe de los acontecimientos políticos ocurridos últimamente en nuestra población y viendo como estos, en verdaderos tiempos de crisis, afectan al conjunto de los ciudadanos de forma negativa, me veo, en mi nombre y en el nombre de muchas personas de buena voluntad que dedican su tiempo y esfuerzo por servir y ayudar en lo posible a la correcta marcha de nuestro municipio, a pedir perdón por todo lo ocurrido en los últimos meses con este decálogo del perdón:
1.- Perdón por evitar que en nuestra población entrara en la modernidad y el desarrollo sostenible impidiendo que en nuestro extenso municipio se implantara una moderna huerta solar, evitando con ello el ingreso en las arcas municipales de un dinero que en tiempos de crisis hubiera ayudado sin duda a muchas familias e impidiendo el desarrollo sostenible de nuestro municipio. Perdón por nuestros vagos y torpes argumentos, esgrimidos bajo una dudosa capacidad de coherencia y visión de futuro.
2. Perdón por fastidiar a compañeros/as y afines con conjuras inútiles y peleas internas todos estos meses en los que el pueblo y sus ciudadanos más nos necesitan. Esa ciega conducta ha minado la paciencia de muchos y permitido la indulgencia de otros. Perdón por la falta de prudencia y el exceso de osadía para las cosas inútiles.
3. Perdón por conjurar con nocturnidad y alevosía, en contra de cualquier principio ético, de forma cobarde y escurridiza, conspirando en bares y asambleas de prohombres para intentar, a golpe de mallete, implantar una moción de censura, siendo la única forma, al parecer, que tenemos de hacer las cosas en este pueblo. Perdón también por obedecer a los de arriba por encima de los de abajo, olvidando que el sustento de cualquier organización son las personas que la integran.
4. Perdón por nuestra nefasta gestión, dedicada a resolver nuestros conflictos egoicos, no haciendo los deberes con los presupuestos municipales y dejando para el último día soluciones improvisadas, impuestas, demagógicas, aleatorias, sin rumbo, sin alternativas discutidas en su momento, bajo la sombra de la encerrona, la humillación pública, la contradicción y el consiguiente «hago lo que me da la gana», es decir, nada.
5. Perdón por el mal ejemplo que damos como espectáculo patético a jóvenes, mayores, mujeres y niños. El sálvese quien pueda ha podido más que el apoyo mutuo y desinteresado. No hemos creído en que hay otras formas de hacer política y otras maneras de atajar problemas.
6. Perdón por nuestro chantaje continuo y nuestras actitudes infantiles, especialmente ante la amenaza galopante de abandonar el barco en tiempos de marejada o lloriquear como niños pequeños en momentos de marejadilla. La incertidumbre creada por el mismo nos ha dejado en muchas ocasiones a la deriva del que más gritaba, no del que más razonaba.
7. Perdón sobre todo por las puñaladas traperas, los insultos, el chismorreo, la comidilla, la cobardía de hablar cuando estamos borrachos y callar cuando realmente hay que hablar. Perdón por los contubernios, las conjuras, los actos cobardes, el digo blanco y hago negro, el buscar enemigos donde no los hay, perdón por los chivatos y los chivatazos, por los que van y vienen y por los que nunca van y nunca vienen.
8. Perdón por la falta de paciencia, de visión, de equidad, de ternura, de valentía, de sencillez, de humildad, de temperamento, de templanza, de empatía, de simpatía, de formalidad, de seriedad, de tantas y tantas virtudes que nos harían nobles y personas de confianza.
9. Perdón por la mezquindad de algunos, el arrebato de otros, el orgullo de los más y la sinrazón, rozando la locura, de otros que ya estamos de vuelta. Perdón sobre todo por poner a parir a cualquiera que, como condición, no estuviera presente, y hacerle la pelota como si nada cuando nos daba la mano.
10. Perdón, sobre todo, por la falta de diálogo, con amigos y enemigos, compañeros y apañeros, vecinos y convecinos, ricos y pobres, ángeles y diablos. Perdón porque olvidamos que hablando se entiende la gente y qué mejor herramienta para el olvido que el insulto fácil, la descalificación o el arrebato esquizoide.
Desde la decencia política, humana y personal, pido y pedimos perdón por todo cuanto hemos hecho mal, con la esperanza de que a partir de ahora, sólo el diálogo, la razón y el servicio sean nuestra guía. Dicho queda entonando el primero el mea culpa.
FIRMADO, públicamente, para que todos lo vean, cara a cara y defendido donde haga falta y con quién haga falta, siempre que el interlocutor esté presente y también de la cara.
Javier León Gómez
Secretario de Cultura, Innovación y Deportes de la Ejecutiva Local PSOE-A de Hornachuelos