Estamos viviendo un momento de transformación social y cultural donde viejos valores y principios se renuevan y empoderan en una nueva mentalidad política, económica, cultural y social, filosófica y espiritual.
La transición del individuo social hacia el individualismo ha provocado una transformación necesaria, donde el ser social e individualista se fusiona para crear una nueva entidad cultural: el individuo integral. Es decir, aquel que es capaz de integrar en solitario y en colectividad una nueva dimensión de relaciones.
Esto se puede ver en la necesidad de una regeneración política y económica donde los desvalores de la competitividad y egoísmo dejen paso a principios y valores de cooperación, de apoyo mutuo y solidaridad.
Todo esto se puede ver en los nuevos grupos políticos que están surgiendo, así como en los movimientos que nacen para dar respuesta a las nuevas necesidades, como las cooperativas de trabajo integral, como las ecoaldeas o comunidades integrales o las ciudades en transición, como el movimiento de decrecimiento, la permacultura o la agroecología.
Realmente estamos siendo testigos de una lenta pero necesaria revolución que guarda distancia con los antiguos paradigmas de revolución social. Ahora la revolución se entiende como un cambio en la psique individual y colectiva, pero un cambio pacífico, silencioso, cargado de acciones individuales y colectivas que pretenden influenciar en el espacio social desde el ejemplo y la acción y no desde la protesta o la violencia verbal.
Existe un trabajo individual irrenunciable de mejora, pero sobre todo, lo que caracteriza a este nuevo paradigma de cambio es el trabajo grupal, la iniciación colectiva hacia una nueva dimensión de cooperación. Estamos siendo testigos de un profundo cambio donde empezamos a valorar la vida desde su sencillez, donde decidimos voluntariamente poner barrera al consumo desbocado material para dar paso al consumo de experiencias, de sentimientos compartidos, de vida alegre y buen vivir.
¿Cómo participar en esta revolución? Buscando, apoyando o creando movimientos alternativos, lugares donde la creatividad y el amor compartido sean la premisa. Organizaciones o movimientos donde no exista el insulto al otro, donde todos puedan participar de forma pacífica y no violenta en la toma de decisiones. Creando, participando o apoyando iniciativas de convivencia, de economía compartida o de sistema de creencias liberados de los antiguos paradigmas. Hay mucho por hacer, y estamos llamados a cumplir con nuestra parte.
(Foto: amigos cooperando en la Comunidad Integral de O Couso. Un lugar de exploración interior y compartida).






































